Un Gobierno que gobierne y no nos mienta

El Valor de la Experiencia

Un Gobierno que gobierne y no nos mienta

Por José María Triper

Dice sabiamente el refranero que la cara es el espejo del alma. Y la cara Pedro Sánchez tras el interminable Consejo de Ministros extraordinario del pasado sábado era un espejo de abatimiento y de impotencia, no sólo ante la grave situación sanitaria que nos afecta, sino también por la realidad de un Gobierno desbordado, desorientado, sin referencia de liderazgo y, lo que es más grave, enfrentado y dividido.

Un presidente del Gobierno consciente de sus errores en el manejo de la crisis, que había comprobado la inconsistencia de la coalición socialpopulista que preside, incapaz de enfrentarse a su vicepresidente –tuvo que ser la ministra de Economía, Nadia Calviño con ayuda de Carmen Calvo quien parara los pies a Pablo Iglesias- y sin agallas para poner firme a un impresentable e insolidario Joaquín Torra que ya le ha dejado claro que en Cataluña manda él y va por libre.

El mismo Pedro Sánchez que, con estos mimbres, pedía, responsabilidad y confianza a unos ciudadanos que habían asistido esa misma jornada al inverosímil espectáculo de un vicepresidente con su pareja infectada de coronavirus, que se saltaba la cuarentena para asistir a la reunión del Gabinete no para aportar soluciones sino para reclamar más poder y protagonismo para él y sus ministros, en la gestión de un estado de alarma que, como el resto de las medidas, llegó tarde. Además de ser el causante de una «bronca monumental», en palabras de un fontanero de Moncloa, en el seno del Ejecutivo que alargó innecesariamente la implantación de las medidas sanitarias, aplazó la adopción de medidas económicas y retraso en casi 24 horas la cumbre por videoconferencia con los presidentes autonómicos.

Ya se pide un Ejecutivo de concentración liderado por un independiente

Y todo esto se produce después de haber comprobado como este Gobierno ha estado mes y medio –desde el 31 de enero en que se declaró el primer caso en España- desaparecido en combate, negando la gravedad de la epidemia y sin actuar. Una ciudadanía a la que el pasado 13 de febrero se le decía que la suspensión del Mobile World en Barcelona no obedecía a razones sanitarias, a la que once días después el Ministerio de Sanidad le transmitía el mensaje de que quienes venían de zonas de riesgo podían hacer su vida normal; a la que el PSOE animaba por twitter el 5 de marzo a llenar las calles el Día de la Mujer, y que veía como el Gobierno permitía las manifestaciones en toda España, con más de 120.000 personas en Madrid, desoyendo la recomendación de impedir actos masivos que seis días antes había hecho el Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades.

El actual presidente empieza a ser consciente de sus errores en el manejo de la actual crisis

Decía hace unos días el presidente de la Sociedad Española de Medicina y Urgencias Médicas, Juan González Armengol, que «ahora es el momento de salvar vidas, no de los reproches». Y es verdad, es la hora de la unidad y de la solidaridad, pero por parte de todos, en especial, de quienes tienen las responsabilidades de Gobierno, y con un liderazgo firme y claro. En este aspecto son ya varias las voces que desde el mundo empresarial, la mayoría todavía en privado, empiezan a pedir «un gobierno de concentración presidido por un independiente». «Merecemos un gobierno que no nos mienta» repetía el lamentablemente desaparecido Alfredo Pérez Rubalcaba cuando los atentados del 11-M en Madrid. Que no nos mienta y que gobierne con sentido de Estado y en beneficio de una sociedad y unos ciudadanos que son quienes realmente están demostrando esa responsabilidad que pide el Presidente. «¡Dios, que buen vasallo, si hubiera buen señor!», que rezaba el Cantar del Mio Cid.

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