Tres cositas les piden y ustedes se ponen a guarachar

El Valor de la Experiencia

Tres cositas les piden y ustedes se ponen a guarachar

Por Juan Berga

«Para vivir en la Habana y guarachar hacen falta tres cositas nada más. Mucha plata, muchos pollos y salud. Tres cositas nada más». Aquí es más sencillo, se nos piden «tres cosas pa gozar»: que se pongan una máscara; que se laven las manos y pongan la distancia adecuada con la gente

Pero ustedes, señores y señoras míos, son muy amantes de la libertad; así que en lugar de hacer lo que nos piden, hacen lo que sale de sus testículos u ovarios. Guarachando, de parranda vamos, día sí y otro también. Fiestecitas de graduación, campamentos, reuniones de profesionales y cosas así.

¡Ah, es que a ustedes la mascarilla les agobia, vaya por dios! ustedes que se ponen cualquier cosita para estar monas y monos, que se meten en la plaza mayor a celebrar festejos, llenan los conciertos, por un poner, cuando no cabe un alfiler, resulta que ahora les agobia el trapito.

El hidrogel, mire usted, les raspa las manitas, vaya, y sobre el agüita para sus deditos que son ustedes alérgicos, no me digan más. No han nacido para ser peces, me dice un artista de esos que caminan por la calle contoneándose y sin máscara.

Y lo de la distancia, vamos a ver estimados y estimadas, ¿Ustedes se miran al espejo? Ya imagino la respuesta: han nacido , no me digan más, para ser relaciones públicas de Pachá y juntarse todas las noches con doscientas, trescientas o mil personas. Sí; es que ustedes son así.

A ver, que no cuela. Que ustedes no tienen tantos amigos, que con cuatro o cinco se apañan. Que se tienen que lavar sus manitas y se tienen que poner máscara. Estamos al límite de tener que dar pasos atrás.

No son brotecitos, pequeños grupitos irresponsables, empezamos a volver a contagios comunitarios, de esos que se nos van de las manos. El retorno a la fase que antecedía a la tercera, pero que no era la intermedia, se ha convertido en una amenaza para buena parte de España.

Resulta que uno de los pactos de la desescalada – igual no recuerdan ustedes aquella hermosa cogobernanza- se ha convertido en un problema: las Comunidades no pueden confinar y el gobierno no quiere. A pesar de los meses transcurridos y de todas las decisiones adoptadas, aún no tenemos un instrumento legal para confinar. Grandes, somos muy grandes.

Los números siguen sin cuadrar, Unos dicen que quinientos contagios en toda España y el otro que solo en Cataluña tiene un millar. O sea, el «desdios» estadístico habitual. No hemos tenido tiempo, tampoco, de ponernos a sumar o pactar criterios.

Sigan saliendo a la calle como si nada, me encanta verles la cara, ustedes son muy bellos y bellas, pero deberían enmascararse, por ustedes no; por los demás. Acaben con la parranda de una puñetera vez.

Habrá que decir que no solo ustedes son responsables. Al Señor Simón ya lo hemos pasado de «prime time» a la hora de los concursos y el ministro de Sanidad ha dado paso a argumentos serios y el gobierno ya no se ocupa de la pandemia, porque falta no hace, naturalmente, sino de salvar algún eurillo europeo. Todo en orden, pues.

Queridos y queridas amantes de la libertad ya verán ustedes cuán libres se sienten como les tengan que atar a un respirador. Ustedes guaracheen, guaracheen, verán como nos reímos todos

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