Presupuestos, el día después

Pedro Sánchez ya tiene los Presupuestos más apoyados de la democracia. Unos cuentos, que no cuentas, del Estado que técnicamente son también los más irrealizables y tramposos de la democracia, que consagran un atraco fiscal a los ciudadanos en contra de lo que hacen el resto de los países de nuestro entorno y de las recomendaciones de la Unión Europea, y cuya previsión de ingresos y gastos no se cree absolutamente nadie con competencias económicas dentro y fuera de España. Ahí están, si no las críticas de la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional o las recientes de la OCDE. Y unos cuentos que, moralmente, no son los presupuestos del Estado sino los de los enemigos del Estado, los de los independentistas, los de los filoterroristas y los de quienes quieren destruir el Estado de Derecho la democracia y las libertades que consagran la Constitución y el sistema del 78.

Presupuestos que garantizan también a Sánchez permanecer en La Moncloa al menos hasta el final de la legislatura, si Bruselas no lo impide con el retraso o las condiciones de los dineros del Fondo de Reconstrucción, y que por ello están siendo utilizados desde la propaganda de La Moncloa para difundir con insistencia en estos días el runrún de que, una vez aprobados van a permitir a Sánchez iniciar un giro al centro, hacia la moderación y hacia el constitucionalismo.

Los presupuestos garantizan a Sánchez permanecer en La Moncloa hasta el final de la lesgislatura

Cierto que, dice el aforismo, el rumor es la antesala de la noticia. Pero en este caso y para esta cuestión, aún dejando un mínimo margen a la duda, ni es probable, ni es creíble. Y lo dicen algunos de quienes conocen bien al personaje.

Los presupuestos más apoyados de la democracia son también técnicamente los más irrealizables y tramposos de la democracia y moralmente las cuentas de los enemigos del Estado y de los independentistas

«A Pedro sólo le interesa mantenerse en el poder a costa de lo que sea, y para ello ha elegido ya quienes son sus compañeros de viaje». «Sánchez nunca ha tenido ideología, está en el PSOE como podía estar en el PP. Sólo le importa su ambición y para conseguir sus fines no tiene reparos en utilizar al partido y a los españoles». «Está vendiendo España a los independentistas y hará en cada momento lo que a él le convenga para su proyecto personal». «Por su origen y su formación es un burgués, hijo de una familia burguesa y está haciendo cosas que son contrarias a sus convicciones».

Son sólo un resumen de las opiniones recogidas a vuelapluma entre algunos de los que han sido sus directos colaboradores e, incluso, sus superiores en el grupo parlamentario del Congreso y en el Ayuntamiento de Madrid. Escépticos ante cualquier cambio de dirección política en el Gobierno y de ruptura con la Frankenstein.

Sánchez es, además, consciente de que vienen tiempos difíciles. Con más de cuatro millones de parados que llegarán a cinco millones en el próximo ejercicio, con muchos trabajadores en ERTE que no van a recuperar su puesto de trabajo, con pérdidas de poder adquisitivo de las familias agobiadas por una política fiscal esquilmatoria, con recortes en los servicios sociales y en el Estado de Bienestar, y con los jueces y la comunidad educativa en pie de guerra ante los ataques perpetrados a su independencia.

Sánchez tiene miedo a la calle y prefiere tener a Iglesias y Podemos dentro del Ejecutivo que fuera revolviendo y alentando la conflictividad callejera y las movilizaciones

Circunstancias todas ellas que suponen un caldo de cultivo idóneo para el estallido social. Tiene miedo a la calle y por eso prefiere tener a Iglesias y Podemos dentro del Ejecutivo que fuera revolviendo y alentando la conflictividad callejera y las movilizaciones.

Esa es la realidad. Aunque como apuntaba uno de esos directos colaboradores antes mencionados, «Sánchez ha demostrado que no tiene escrúpulos ni es de fiar, por ello no es descartable que sea capaz de engañar a sus hoy socios de investidura y presupuestos para evitar pasar a la historia como el hombre que arruinó y desmembró España». Es una posibilidad, sí; pero por lo hasta ahora visto y realizado no parece que la historia y España importen demasiado al Presidente.

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