Periodismo 5G, o la ensoñación de Sancho en la ínsula Barataria

Proliferan las crónicas que auguran una inminente “revolución” del periodismo gracias a la tecnología 5G. Pero hoy ni es para tanto, ni la tal revolución que los periodistas precisamos es de continente, sino de contenido.

La tecnología 5G es capaz de transmitir datos a una velocidad cien veces más rápida que la tecnología 4G y, merced al IoT (Internet Of Things, el “Internet de las Cosas”) mejorarán las prestaciones de servicios dotados de sensores, las de los vehículos, las de las comunicaciones, las de la domótica, las de la seguridad ciudadana y las de un sinfín de aspectos en la vida cotidiana, que van mucho más allá del uso de ‘smartphones’ de última generación.

Todo esto es cierto y no faltan artículos que, para ilustrar las mejoras, aseguran que con la tecnología 5G podremos descargarnos películas 3D en medio minuto, lo cual es aliciente para la piratería, dicho sea de paso.

La “tierra prometida”

Un informe reciente de NiemanLb asegura que la transmisión 5G de datos permitirá a los medios de comunicación cosas como las siguientes:

  1. trabajar más deprisa con fotos de alta definición, videos y audios
  2. más y mejores experiencias inmersivas de Realidad Aumentada y Realidad Virtual en las crónicas
  3. en consecuencia, que los lectores puedan “explorar nuevos entornos en 3D”
  4. ir un paso más allá en Twitter, con la transmisión en vivo, con videos y Realidad Aumentada
  5. la publicación de contenidos con más segmentación, de alto valor
  6. por último (de momento), la llamada “Redacción de las Cosas”: si un relato concreto sobre una situación de la vida real se convierte en tendencia, será posible que los periodistas monitoricen contenidos y usen herramientas avanzadas de optimización de contenidos para integrar tal o tales relatos-tendencia en sus artículos.

¿Gigantes o molinos de viento?

Este panorama tecnológico tan prometedor es, en realidad, como el paisaje que Don Quijote atisbaba cuando, preso de sus alucinaciones, creía estar viendo treinta o cuarenta gigantes.

Eran molinos de viento:

“Mire vuestra merced”, dijo Sancho a Don Quijote, “que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino”.

Bajemos de la nube (no confundir con el almacenamiento “cloud”), abramos los ojos y veamos la “realidad verdadera”, no la “imaginaria” que, en tanto que “virtual”, aún está por llegar, a pesar de todo lo que nos digan:

  • Para empezar, la implantación 5G está “en pañales”, por mucho que se diga que España está a la cabeza de Europa en esta tecnología, lo cual sólo es cierto si, como se cree que afirmaba Erasmo de Rotterdam en los siglos XV y XVI, “en el país de los ciegos, el tuerto es el rey”.
  • La cobertura 5G es muy baja: sólo existe en 15 de las 52 provincias de España, y sólo en trece de sus capitales y dos de sus ciudades principales:
  • sólo en Barcelona, Bilbao, Gijón (Oviedo no), La Coruña, Logroño, Madrid, Málaga, Pamplona, Santander, San Sebastián, Sevilla, Valencia, Vigo (Pontevedra no), Vitoria y Zaragoza.
  • Sólo la ofrece una compañía telefónica, de las más de treinta que operan en nuestro país:
  • hasta final de año, Vodafone será la única operadora en España que ofrezca 5G. Después se incorporarán Movistar y Masmóvil.
  • Apenas hay en el mercado dispositivos preparados para aprovecharla: seis, y los seis de un precio muy elevado:
  • los dispositivos compatibles son LG V50 ThinQ 5G, Motorola Moto Mod 5G, One Plus 5G, Oppo Find X 5G, Samsung Galaxy S10 5G, Xiaomi Mi Mix 3 5G, la mayoría de gama alta y con precios elevados.
  • Todo ello, sin contar con las tarifas que las compañías telefónicas puedan aplicar al 5G, que serán notablemente más altas que su tarificación habitual:
  • cerca de 90 euros al mes por línea.

La ínsula Barataria del periodismo

La tecnología avanza tan rápido que lo que ayer era ciencia ficción hoy es vida cotidiana y lo que hoy se antoja un sueño mañana puede ser realidad.

Pero vivimos en el “hoy”, no en el “mañana” y corremos el riesgo de que tanto avance tecnológico nos abrume.

En El Quijote, hasta el realista y lleno de sentido común Sancho Panza cree vivir sueños de grandeza y se ve gobernador de la imaginaria ínsula Barataria.

Pues bien, los periodistas corremos el riesgo de pensar que los inminentes progresos tecnológicos (continente) mejorarán nuestra profesión (contenido) cuando no es verdad:

  • Podremos enviar y recibir datos a una velocidad cien veces superior que con la tecnología actual 4G…
  • … Pero, ¿de qué servirá transmitir cien veces más rápido, si lo que transmitimos es falso o carente de calidad..?
  • Podremos potenciar relatos de Realidad Aumentada o Realidad Virtual…
  • … Pero, ¿hasta qué punto la Aumentada y la Virtual no acabarán distorsionando la “Realidad Real”, que es la que importa..?
  • ¿Hasta qué punto se puede aplicar sobre la realidad un “aumento” (Realidad Aumentada) y una “virtualidad” (Realidad Virtual) sin que estas manipulaciones tecnológicas sean herramientas de manipulación ideológica, que es la esencial y determinante de la sociedad?

La tradición dice que los medios de comunicación tienen las funciones de “formar, informar y entretener”. Pero los “árboles” de los avances tecnológicos pueden acaban ocultando “el bosque” de las situaciones sobre las que actúan; que nos quedemos en el “entretenimiento” (“Panem et circenses”, “pan y circo”, decían los romanos), nos veamos abocados a la “des-información” (tergiversación) y a la “mal-formación” (manipulación) de las audiencias.

La verdadera revolución del periodismo radica, en primer lugar, en considerar a la tecnología 5G y venidera como una herramienta sofisticada, pero herramienta, “utensilio”, al fin y al cabo, y no como un fin en sí mismo. Es “continente”, vehículo de contiene la información. No es el contenido (información) en sí mismo.

Sin embargo, ya decía Marshall McLuhan que “el medio es el mensaje”, dado que dicho mensaje está determinado fundamentalmente por el medio por el que se transmite y la forma que adopta queda condicionada con las nuevas tecnologías hasta el extremo de perder su naturaleza original.

La revolución pendiente del periodismo consiste en aprender a aprovechar estas nuevas tecnologías sin distorsionar el mensaje; en enriquecerlo sin anularlo o neutralizarlo; en formar y consolidar a la profesión y a sus profesionales, con conocimientos técnicos, amplitud de miras y una capacidad analítica, crítica y autocrítica, acostumbrada a trabajar con la metodología científica de comprobación de informaciones y datos por diferentes fuentes y medios.

Consiste en “enseñar a pensar”, algo de lo que con frecuencia nos distraen las ilusiones creadas con aplicaciones tecnológicas.

Consiste en la documentación como base esencial para cualquier información de calidad.

Y consiste, sobre todo, en el tratamiento digno del profesional y de los medios, tratamiento en la organización del trabajo y en los honorarios, para que la enorme precariedad que impera actualmente en el sector de los medios de comunicación desaparezca, pues actualmente es el principal factor de distracción para el periodista, preso de sus preocupaciones materiales de subsistencia vital y de su pervivencia laboral, y que un salario y condiciones profesionales dignas le permitan tener la mente ocupada en hacer bien su trabajo.

Pero claro, a lo mejor que la prensa vuelva a ser el Cuarto Poder no le interesa en absoluto a los otros Poderes: el político, el económico, fundamentalmente.

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