Madrid, España. Edita: The Experience Club. Producción: Carlos Matías
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Juan Berga

El Valor de la Experiencia

Desempleo, otro aviso pesimista

La creación de empleo se va frenando al igual que se frena la economía. Es el segundo aumento consecutivo del paro tras el del pasado mes de agosto. Cierto que el pasado septiembre hubo 3.224 cotizantes más que en el mes de agosto, pero es el más flojo desde 2013.

En total, la Seguridad Social contaba con 19,32 millones de afiliados con empleo. Hay que decir que solo el 9,5% de esos nuevos contratos son indefinidos. Hay 13.907 nuevos desempleados. Fundamentalmente, mujeres y jóvenes, lo que es un incremento menor pero hay que recordar que como tuvimos la crisis de empleo de agosto, había menos contratos que cancelar.

Así pues, si contabilizamos un año, la creación de empleo ha crecido un 2,44% más que el año anterior, por cierto muy temporal. Este porcentaje es alto, pero es el más bajo de los últimos cinco años. Como es habitual en septiembre, el aumento de afiliación estuvo liderado por la educación -vuelven los despedidos en junio, no son nuevos-.

En el lado contrario está la Hostelería, la rama que registró más bajas en la afiliación, a la que se sumaron como todos los fines de verano el comercio y la sanidad. La escasa cifra de nuevas afiliaciones puede estar indicando que nos aproximamos a la barrera del 2%, cifra por debajo de la cual a la economía española le cuesta crear empleo.

Es cierto que la economía española resiste, debido al bajo carácter exportación quizá, pero se ve arrastrada por los malos datos macroeconómicos globales, que quizá se notan más en la caída de la inversión inmobiliaria extranjera, y también por cierto coste de incertidumbre que afecta a la inversión en bienes de equipo, por ejemplo.

El problema es, como aquí se ha apuntado, que tenemos menos margen de maniobra para los programas de gasto que todas las instituciones europeas recomiendan. La respuesta, señoras y señores tertulianos, se la daré dentro de tres meses, pero ya hay una encima de la mesa. Necesitamos presionar a Alemania, un «Falcon» a Bonn, por favor, para que aligere sus programas de gasto, necesitamos impulsar el gasto de las familias, que es lo que ayuda a las pyme, y también inversiones públicas.

Todas las instituciones europeas e internacionales están alineadas en una dirección similar, incluida la reserva federal. Se enfrentan con algunos países con poco margen, como es nuestro caso, pero también con lo que ahora sabemos son riesgos del populismo.

El empecinamiento de Trump o Boris Johnson, junto a otras formaciones radicales en el este europeo, son un límite para el concertó internacional que esta preparando un bazooka por si acaso.

Pedro Sánchez ha reconocido ayer, finalmente, que crisis puede haberla, ya no es coyuntural, como era hace un mes, ni las previsiones son tan estables como decía el lunes la ministra en funciones. Ya sabemos que la falta de presupuesto, la incertidumbre y las «tontadicas» políticas nos están haciendo daño.

Crónica emitida en Click Radio TV.

Una cierta inquietud

Una «cierta inquietud» atenaza a los socialistas; lo dice el medio que conoce estas cosas y deberíamos creerle. ¿Inquietud por el tiempo que se pierde sin gobierno? ¿Por la rampante desaceleración?¿Por un gasto público sin presupuesto, que está generado un déficit un 17% más que el año pasado?

No; al parecer los barones socialistas están preocupados por las futuras elecciones: no se fían de los cálculos del experto en relato ni del cansancio social. 

Las elecciones, piensan, las carga el diablo. Eso de que se van a abstener dos millones sin que nada cambie ni afecte al PSOE no acaban de verlo claro.

La inquietud, como ustedes saben, es el desasosiego que acompaña a la ansiedad. Y nada produce más ansiedad que el poder que se aleja o la duda que atenaza a los responsables de una organización lanzada, sin resuello, a unas elecciones que Sánchez desea, animado por quien le jalea.

Una ansiedad que, también, produce el temor a una «portuguesa» low cost. Esto es, un ataque de seso de Iglesias que permita el gobierno de Sánchez, sin acuerdo, y con un gobierno en minoría, sometido a derrota tras derrota en el Congreso. Una perspectiva que dejaría la convocatoria electoral en manos de Iglesias y no en manos de los socialistas.

Una «cierta inquietud» produce el temor a que Sánchez se haga un Rajoy, y no acepte la candidatura a ser investido, a que le pida a la derecha que abandone el «no es no» y se abstenga. Cosa que recordarán ustedes era una barbaridad, que solo a unos ensoberbecidos barones, atrapados en sus sillones, se les podía ocurrir, frente a tanto corrupto.

Cosa que al centroderecha no le molesta mucho ya que, también, anda a sus cosas electorales, de la alianza de Casado, que parece tener escaso porvenir, a las maniobras de Rivera y la ausencia de Vox de cualquier cosa que huela a alianza con esos progres de la Cayetana, que en el fondo es una roja, cosa que ustedes y yo ignoramos por que no estamos en el secreto.

Las izquierdas siguen sin entenderse. Nadie ha conseguido que sus lideres acepten que, incluso en el jardín de los egos, discutir quién la tiene más grande (me refiero a la desconfianza, naturalmente) no es lo más moderno.

Los fosos abiertos por los autores de la batalla del relato, se han hecho imposibles de superar y las perlas que se dicen hacen inviables los encuentros y las confianzas personales imprescindibles. Dice Zapatero, y algunos de los barones, que se tomen un tiempo: o sea, una «portuguesa», con entrada en el gobierno a final de legislatura, lo que dicho así le parecerá una broma a Iglesias.

El juego consiste, desde hace días obviamente, en que el coste del no acuerdo lo pague el adversario. El coste de ciudadanía no se incluye en la ecuación ni en el precio.

Uno de los momentos más difíciles de Úrsula (Cien años de Soledad) es cuando cree descubrir que Aureliano Buendía no fue a la guerra por ideales sino por soberbia. Eso nos pasa a la ciudadanía, que más que una «cierta inquietud», lo que tenemos es un monumental cabreo.

Los productores de la peste del relato pretenden sumergirnos en aquella pérdida de memoria colectiva que asoló Macondo, empujada por la peste del insomnio. 

Se equivocan; no solo porque, como los Buendía, quien no tiene memoria se hace una de papel – periódicos, blogs, radios- sino porque, como en Macondo, encontraremos a un «gitano Melquíades» que nos sane, nos devuelva la memoria y con ella la realidad, y lo haremos en vísperas electorales no duden. 

Calvo sugiere algo impúdico

Hemos pasado de algo racional y democrático, la ocupación de cargos de gobierno por partidos políticos y coaliciones, a la ocupación de organismos reguladores o autónomos que, solo al parecer, habíamos convenido que debieran ser un ejercicio independiente y profesional.

La vicepresidenta Calvo, experta en liar lo desliado, ha alejado a Podemos de la televisión (RTVE) y los impuestos (Agencia Tributaria), viniendo en consecuencia a reconocer que estas son cuestiones supeditadas al Gobierno, cosa que, para escándalo de bienpensantes también creían Rajoy o Montoro, por un poner.

Para liar más la cosa, la Vicepresidenta ha sugerido que el Defensor del Pueblo, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) o el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sí son objeto de chalaneo.

Organismos reguladores del mismo nivel son la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) y organismos autónomos del mismo tipo son AENA, los puertos, alguna entidad de gestión energética y cosas parecidas para las que, sin duda, en Podemos encontrarán perfiles de gestión adecuados, como su portavoz adjunta o Irene Montero.

La cosa de la confusión institucional, alentada por la Vicepresidenta, ya la había empezado Sánchez. En la alegría discotequera, donde se presentó el programa máximo que debe valer para seducir a vascos, cántabros y podemitas o para presentarse a unas elecciones, Sánchez propuso una «triple garantía» para superar la desconfianza en la izquierda.

La triple garantía consiste en la inaudita propuesta de cargar al estado con el seguimiento de un acuerdo partidario, creando «una Oficina de Cumplimiento del Acuerdo», dependiente (sic) «de Hacienda», 

También las Cámaras perderían la correspondiente autonomía del legislativo, creando comisiones de seguimiento en su estructura. Por lo demás, una especie de asamblea popular, cargaría con el escrutinio del asunto, cerrando la tripleta de desatinos en plena fiesta electoral y discotequera.

Seamos serios, solo cabe rogar en este «desdios» en el que nos habéis metido, camaradas, que seamos democráticamente serios.

Queridos camaradas: tras dos oportunidades históricas para demostrar que la izquierda puede ser plural, competir y, luego, colaborar, ahora nos vemos en la tesitura de someter a humillación no ya al aliado preferente, menos mal que es preferente, sino al conjunto del aparato democrático del país.

Esta confusión entre partidos e instituciones, más allá del gobierno, para afectar a organismos de gestión que se suponen profesionales, reguladores que se suponen independientes y parlamentos que se suponen autónomos es una de las históricas demandas de regeneración institucional en España. 

Frente a las demandas regeneradoras de todo populismo y propuesta renovadora ante el bipartidismo, incluido Sánchez hasta que se ha puesto a practicar la alquimia del superviviente, se nos propone la más vieja de las prácticas del bipartidismo: el reparto. Si Podemos entra en esa vía, las risas embargaran nuestro ánimo.

De los mismos productores de la enésima batalla por el relato, nos llega ahora la impúdica sugerencia de la almoneda institucional. No hay enmienda, camaradas, no hay enmienda.


Climarianos

La abuela del cronista decía “vete al ultramarinos y sube lo que haya”.

Una vez que intenté algo parecido con mis hijas comimos pizza congelada y helados. En mi caso no había forma:

El tendero tomaba una hoja de periódico sabana atrasado (¡Viva el Heraldo de Aragón!), elaboraba un cono científicamente calibrado y, de una caja mágica, extraía lo que la huerta enviaba, según temporada.

El cronista ha pasado décadas odiando al tendero, pues de aquella caja nunca sacó, sorpréndanse, ni aguacates, ni quinoa, ni queso feta. Creía que pretendía nuestra muerte física y civil, pero resulta que mi abuela, el tendero y el cronista éramos climarianos y no lo sabíamos.

El lío empezó cuando el periódico de referencia de lo políticamente correcto anunció que lo último no es ser vegetariano, plasticariano, ni nada de eso: lo fetén es ser un “climatarian”.

Dos terremotos se desencadenaron, sucesivamente. Por un lado, los guardianes de la lengua afirmaron, con razón, que el anglicismo debía sustituirse por climariano, no en honor al primo de Rajoy, sino porque así funciona nuestra lengua.

Pero lo grave, grave, es que siendo un climariano aquel o aquella que se alimenta según las necesidades del planeta, debe seguir tres criterios: temporada, proximidad y sostenibilidad.

Esto es un mandato terrible, todos los hipster y miliéniales cayeron dramáticamente en la cuenta: no habían calculado la huella de carbono de la quinoa, el aguacate o el queso feta.

Tampoco la huella del llamado comercio justo, que trae café, pecado mortal, en aviones de transporte.

Entenderán, enseguida, lo serio del asunto: resulta que las producciones hispanas de esos productos, y de muchos otros de moda, no cubren nuestro consumo. Como los productos no se teletransportan, resulta que su huella de carbón los hace poco sostenibles.

Terrible: cuántas cartas de restaurantes deberán ser cambiadas por las judías con patatas o la borraja de la tierra.

No cabe duda, y eso es un asunto serio en el que no cabe ironía, que la alimentación es uno de los retos para la sostenibilidad en el sentido más amplio. Tanto por el impacto ambiental de sus producciones industriales como por la necesidad de mantener altos estándares de alimentación que alivien la pobreza.

El problema es que las manías del centro rico del mundo están dopando los mercados, produciendo dos efectos perversos: la sustitución de los proveedores locales (por ejemplo, la quinoa se extiende por el mundo, pero ya no la producen los pequeños productores bolivianos) y, por otro lado, la alta demanda eleva los precios de tal modo que los campesinos pobres que cultivaban la quinoa o el arroz asiático no pueden comprarlos.

Por eso, renunciar, por principio, a avances en tecnología de la alimentación o imaginar consumos de bienes exquisitos, pero escasos, no hace sino dañar lo que se dice proteger.

Greta, la joven noruega que salvará nuestra vida, ha llegado a Nueva York para participar en la cumbre del clima. Eso sí, ha viajado de forma sostenible: en un velero, aplicando dos semanas de tiempo. ¿Será el mundo de quienes tienen veleros y barquitos y los demás no saldremos de nuestra barriada?

La movilidad, constituyó uno de los avances democráticos más relevantes de la historia del ser humano, mejoró su conocimiento y su cultura.

El día que la distancia paso a medirse en tiempo y no en millas náuticas, los menos ricos pudieron conocer el planeta.

Ahora, ante la emergencia climática, corremos el riesgo de empequeñecer nuestros mundos: no viajaremos, no nos cruzaremos, defenderemos solo la producción local y, al defender el terruño, recelaremos de los extraños y emigrantes que quieren expoliar lo nuestro.

Los que niegan el cambio climático, los intereses corporativos que impiden la investigación y nos llenan de contaminantes, los que desconfían de la tecnología producen estos efectos y culturas desmedidas. Seamos, pues, climarianos, al fin y al cabo, hace cien años lo éramos todos, menos los ricos.

Quizá, si fuéramos más equilibrados, aceptando la amenaza del cambio climático en lugar de ridiculizarlo y aceptáramos también soluciones para combatirlo, salvaríamos el planeta y, sobre todo, a la gente.

(Crónica ClickradioTV)

El “Cholismo” abandona al pueblo: del populismo también se sale

«Ya no somos el equipo del pueblo». Se siente, camaradas, se acabó el ensueño. Sabíamos la verdad, pero uno de los «heraldo(s) de la virtud heroica» no ha podido por más tiempo ocultárnosla: era, como temíamos, el mismo mercadeo de los demás.

Ha sido Pablo…Simeone, pero podría haber sido el otro. Queremos un sitio al lado del poder, nos hemos hecho de la pura casta a golpe de milloncejos gastados e ingresados. Ya no podemos aguantar el cuento, ni contar cuentos con cuentas imposibles.

Lo de partido a partido, somos pobres y competimos con la casta, quién gana en la capital y todos los sorpasos anunciados, que los seguidores han repetido cual secta durante años ya son hueros lemas de la historia. En realidad, ahora podremos decir, sin engaño, conocidas las razones, que nunca fue verdad.

Lo de tener un gran estadio y comprar un jugador de 125 millones, que viene a ser como vivir en un casoplón en Galapagar y pedirse un ministerio, es suficiente razón. Ya no somos del pueblo y la sinceridad retumba en los diarios.

Confesión de populismo fenecido que sorprende a propios y extraños. No se cambia la mística, la ética y la estética sin costes: la decepción del fiel seguidor que creyó en la patraña y el retorno de la mayoría a la estética aristocrática.

Así son los populismos de toda clase. Una religión que empodera a los mejor pagados que hacen de la intensidad, la tensión, el frentismo y la energía testicular la filosofía que enfrenta a la razón lógica. Pablo, el Simeone, habla de fútbol o… quizá no.

Todos tienen estilo y convicciones menos quienes les ganan. Si Pablo, el Simeone, es derrotado, lo es por alguien que no tiene estilo definido; si Pablo, el Iglesias, es derrotado, lo es por un «loser» sin estilo. Ah, amigos y amigas, ellos eran del pueblo, pero han decidido que ya no; que quieren ser de la aristocracia.

Ellos que cuando abanderaban al pueblo no pudieron asaltar los cielos, derrotados por una impoluta y blanca lógica en las dos ocasiones que pudieron hacerlo, abandonan el campo de las alternativas, piden una silla entre la aristocracia: unos millones y unos sillones tienen la culpa.

Los populismos construyen su mística apelando a las viejas tradiciones. Sus líderes se hacen portavoces de los viejos valores, hasta que medran y se instalan en el correspondiente establecimiento.

Es justo entonces, cuando el trocito de pueblo que les sigue, siempre menor del ruido que hace, parece a punto de ganar la batalla, cuando el general hace una declaración solemne: «Ya no somos el equipo del pueblo» y las herrumbrosas lanzas desaparecen, mientras el general pide sitio entre la casta.

El «Cholismo» abandona al pueblo: del populismo también se sale. La declaración no pedida de Simeone, en el diario La Nación, es tremenda: una refundación en toda regla del pensamiento épico.

No es negativo, créanme. Cuando el cinismo histórico y la superioridad moral desaparecen, a los equipos del pueblo les va mejor porque el cambio es democrático: se basa en el juego, ustedes me entienden. 


El Cuentista  que imaginó el relato de Sánchez

«No hay nada más poderoso en el mundo que una buena historia», afirma Tyron, el más afamado de los asesores políticos de la última década, al decir de quienes han consumido más televisión que en todos los tiempos.

Ni huestes, ni oro, ni banderas…o sea, sin ideas. Y los más afamados asesores públicos se han aplicado a la tarea. En la época del breve tuit, lo que importa es la historia no el proyecto. El mejor pagado es el cuentista, no el ideólogo. El cuento vence a la razón.

Que Sánchez ha ganado el relato del no gobierno es un consenso general. Redondo ha vencido a Echenique, la sofisticada triquiñuela del mandamás de la oficina de Sánchez a la grosera trampa de Echenique, la ética del resistente a la ética de la soberbia. Sánchez es un estadista, Iglesias racanea cargos…es lo que hay.

Las historias han sido determinantes en nuestra educación durante siglos. «Cuéntame un cuento» es lo primero que aprendemos a pedir de niños: la diferencia es que el cuento nació para educarnos, para moralizarnos, para enseñarnos la historia. Hoy el cuento, el relato, es la trampa que nos oculta los hechos.

La literatura norteamericana de los sesenta, el llamado pensamiento narrativo, presumía de poder crear realidad, a partir de la escritura, y rivalizar con el pensamiento lógico. El relato se ha convertido en un peligroso sustituto de los hechos racionales, el mejor sustento populista, pero también de la razón y la mentira de estado.

Primero fue el marketing el que se contaminó de la idea, para enganchar inmediatamente en la gestión pública. Beneficiados por el más elemental y binario pensamiento, o se ama o se odia, la asesoría política ha creado una época donde las batallas simbólicas sustituyen al relato compartido.

La nación, la religión, el gobierno… se construyen sobre improbables cuentos, donde lo que importa es ganar en la división. El desenfocador es el comunicador del futuro, les dijeron a los más jóvenes y ambiciosos politólogos, devenidos en consultores y asesores que se pusieron a crear su propia realidad: la historia, la realidad, es el enemigo.

Puesto que lo que importa es desenfocar, dará lo mismo ser de izquierdas o derechas, el Cuentista que construyó el relato de Sanchez empezó en la derecha. Lo importante es ser eficaz para que las historias sustituyan a la narración de los hechos.

En estos días, la espantada ciudadanía ha observado la disputada pelea entre el asesor profesional y el asesor de sí mismo, como corresponde a la ética de la soberbia. Una dura batalla entre expertos en enturbiar las aguas para que parezcan más profundas.

El cuento nos ha impedido escuchar el verdadero «estruendo de la batalla»: una división de la izquierda tan eterna como la vieja idea de la justicia.

Una ruptura fundamentada entre, por un lado, programas máximos, rechazo a las mayorías  y desprecio a la política, y, por otro, posibilismo débil, estrategias centristas y alejamiento social.

La síntesis históricamente imposible que, desde el veintiuno del pasado siglo, ha lastrado las posibilidades de cambio, ha vuelto a repetirse en su forma más perversa: la que deja en las manos de la derecha la gestión del proyecto político.

Eso sí; el relato lo ha ganado Redondo. Quizá convenga recordarle al afamado cuentista que las victorias políticas, como han aprendido todos y todas las que alguna vez se han dedicado a la asesoría a líderes áureos, se producen por el error del contrario.

No; el relato del Cuentista de Sánchez no ha vencido por explicar lo lógico, sino porque Iglesias construyó un cuento sobre imposibles cuentas, erró en su estrategia.

Camaradas, la cagasteis de nuevo

Vuestra batalla por el relato se nos da una higa. Y esto es lo más elegante que voy a deciros.

Queridos camaradas: en cuatro años habéis tenido dos oportunidades históricas para demostrar que la izquierda puede ser plural, competir y, luego, colaborar. Cito de memoria, pero creo que fue Clara Campoamor la que dijo: «No cometas errores históricos, no tendrás tiempo de arrepentirte»

Practicáis, con energía, el principio de que el ganador se lo queda todo. Soñáis con sorpasos o con ser Felipe González. Despreciáis, personal y políticamente, a aquellos con los que debéis acordar. Llamáis perdedor a Sánchez o gritáis «con Rivera no», antes de pedirle ayuda.

Vais de vigilantes de la playa o de izquierdas posibles, amparados en factorías que solo muñen triquiñuelas, al modo Redondo, o soberbios desprecios, al modo Echenique.

Se torturan los números, en lugar de asumir con valentía el déficit. Se manipula el lenguaje, para no decirnos que justicia fiscal es subir impuestos.

Camarada Iglesias: no eres el primer «profeta de los bienaventurados» que entierran las arenas del mar, pero sí de los primeros que quiere enterrarnos con él. Camarada Sánchez, gran superviviente, primero en la historia en perder no ya una, sino dos investiduras, siempre más presto a la venganza que a preguntar por nuestros intereses.

Camarada Garzón que, en los momentos en los que la beneficencia parlamentaria le da un hueco, hace de casco azul. Tú, que prometiste ser influyente en una nueva formación, para pasar a ser mudo bien pagado, Ese Rufián devenido en hombre de estado que, en impresentable oximorón, se presenta como izquierda independentista y abertzale, exigiendo a la izquierda española, mientras se arrasa con toda política progresista y de diálogo en Catalunya.

Unos y otros, que todos son hombres por cierto, nos avisasteis de que votábamos un jardín de egos, pero no de vuestra incompatible soberbia. Todos y todas os reclamáis de la izquierda de verdad verdadera, mientras llamáis «caseta del perro» a las políticas públicas o soñáis con darle mochilas a Rivera. No podéis hablar de España o buscáis compartir mesa con imposibles independentistas. Negáis a los sindicatos, mientras aplazáis el cambio

El personal de izquierda lo perdona casi todo. Pelillos a la mar si se aplaza la revolución por falta de trompeteros o si se nos lleva a una alianza militar. Lo que no se perdona es que se haga daño a la gente. Y dejarnos sin gobierno nos hace daño. Y lo pagaréis, camaradas, en forma de abstención o de voto de castigo.

Camaradas que queréis naves que quemen el capitalismo, más allá de Orión naturalmente, que queréis que brille la socialdemocracia en la puerta de Tannhäuser, la cagasteis de nuevo, los dos y medio que sois.

Sabed camaradas, dicho sea en honor al perdido Rutger Hauer, que lo más probable es que os desvanezcáis «como lágrimas en la lluvia». Que el final del afamado monologo se cumpla no sé si será posible.

Sabed camaradas que el firmante es de izquierdas, pero no os votará ni una «puta» vez más. Os avisé: lo elegante estaba en el primer párrafo.

Cosas que no hemos votado

Es probable que mañana a estas horas (18,13) tengamos gobierno; o quizá lo hayan dejado para septiembre. La única diferencia, en todo caso, será nuestro grado de cabreo y la perplejidad que nos invade.

En el momento en el que haya gobierno sabremos que Sánchez abandonó eso de gobernar solo o con amiguetes, tan propio del socialismo hispano, y que Iglesias seguirá siendo «el sol resplandeciente de todas las musas», pero no será ni ministro ni bien de estado, con lo que él ha hecho por este país del que usted me habla.

Ochenta días después, a apenas un día de la segunda votación de investidura, no sabremos si habrá gobierno, pero sí que el futuro está lleno de incógnitas y de cosas para las que no hemos votado, precisamente.

Ustedes, como el que suscribe, habrán votado convenientemente a una u otra candidatura, pero en ningún caso han votado un cambio constitucional.

Que Sánchez diga ahora que hay que constitucionalizar el gobierno de la lista más votada tiene la poca gracia del mal cinismo y apunta a remate del pluralismo. Cambio de régimen es, igualmente, privarle al presidente del Gobierno de su capacidad de decidir quién integra su colegio ministerial y pasarle la decisión a la asamblea popular.

Diga lo que quiera el «segundo sol de la vida de los españoles» la ciudadanía no vota vicepresidentes, ni composiciones proporcionales de gobierno, ni vigilantes de los ministros: vota parlamentos.

La ciudadanía, además, como aquí se ha escrito ,votó una moderación por la que Sánchez no ha trabajado, esperando que el desestimiento de todo el mundo le haga inquilino de la Moncloa.

No hemos votado que Irene Montero sea la mandamás de la cosa «social», una vez que Iglesias se cayera del caballo de lo imposible. No queda estético el modelo Kitchneriano y nos gustarían vicepresidencias con alguna experiencia profesional, pero eso no importa: lo que no hemos votado es que un cargo de nuestro gobierno no pueda decir «España» o que se trocee un presupuesto público en ministerios incompatibles, en un escenario que apunta al retorno a la tutela de Bruselas, si se confirma el programa de gobierno desgranado por Sánchez.

No hemos votado que se exploren caminos fuera del constitucionalismo. Sánchez, que en algún momento de la investidura ha parecido desbordado, se ha vuelto a hacer un lio con los independentistas, agradeciendo abstenciones, que no eran tales, pero ofreciendo por aquí y por allá un confuso diálogo que, al parecer, acaba «en algún tipo de votación» del que siempre se habla, pero que no parece muy legitimado.

Vale, la ciudadanía sabe que el pluralismo es más caro que el bipartidismo. Algo habrá que pagar para contentar a más gente. Pero no hemos votado el clientelismo vasco, incluido su Estatuto; no hemos votado ni coser los rotos de Cantabria ni transiciones energéticas de esas que mantienen el carbón, suponemos que para almacenarlo.

Sabemos, desde luego, que nuestro voto regaba un impresionante jardín de egos y alimentaba soberbias universales. Pero no hemos votado el desprecio y la falta de respeto con la que el personal político se trata porque sabemos que eso es mala indicación para el futuro.

Sabemos que hemos votado a una pandilla de listos y listas; pero no hemos votado sorpasos futuros, ni en la izquierda ni en la derecha, sino compromisos de presente, cosa que los Rivera y compañía olvidan, y al olvidarlo, se embeberán más, pero tendrán menos futuro.

Hay cosas que no hemos votado. La forma es sustancial en democracia, porque representa tanto el respeto a la norma como la ética democrática. No hemos votado su desprecio.

No hemos votado que ambas se cancelen en arteras trampas parlamentarias: no se hacen públicas las negociaciones, no se desprecian las políticas públicas; tampoco se llama negociación a lo que es imposición, ni acuerdo a lo que es clientela: Iglesias, Sánchez, los vascos y un señor de Cantabria andan liados con cosas que no hemos votado.

No; hay que cosas que no hemos votado. Por ejemplo, no habíamos votado el retorno del bipartidismo, pero que sigan así un par de días…

Su ineficiente comportamiento en verano

El Banco de España informó el pasado lunes de que en España las familias deben un 4% menos que el año pasado, tienen medio punto más de caja y son un 3% más ricos. Con dineros y en verano, el cronista se teme lo peor.

Bastantes de ustedes habrán contratado con Airbnb o Boooking, que les cobran un 25% por encima del precio de mercado. Una vez acomodados, ustedes se pondrán a disparar con la tarjeta como si fuera un fusil. Van al primer cajero que encuentran y se gastan en comisiones el equivalente a tres cervezas diarias.

Usted, que solo va al Museo del Prado en invierno y cuando llueve a cántaros, para no hacer cola detrás de los chinos, llega el verano y se las hace todas.

En Port Aventura por su nieto; en la barca de los espetos por su tropa familia, en el chiringuito por su señora o señor de usted. En economía, las colas son sinónimo de escasez y mercado negro. !Hombre o mujer de Dios!, cruce la acera, vaya a su nevera, incluso lea, pero huya de las colas, sinónimo de precio manipulado.

Ya lo sé: practican el turismo de experiencia, Y como usted no es como los demás, ya no le vale con el refrescante vinito blanco de toda la vida. No; ahora, usted caballero, las señoras no suelen hacer estas tonterías, me toma Spritz, un desconocido, hasta ayer, aperitivo de la Italia pija. Aperol vende la botella a once euros y en el chiringuito se lo cobran a precio de coctel de James Bond, cuatro veces más de lo que le costaría a usted en el súper.

Pero no se rían las señoras, que ahora les recuerdo lo de ese pareo en modo manta salmantina, comprado a precio de seda china, a vendedores que utilizan una excelente estrategia de precio: «de cada uno según su capacidad», como si fueran marxistas. No hay dos pareos que cuesten lo mismo.

Mercado de experiencia llaman a esto; ah, ese momento en que la economía se convirtió en sensaciones que vivir e historias que contar… Ese magnífico momento, el mercado lo sabe, en que usted declara, aunque no lo crea, que esta dispuesto a pagar una barbaridad por cualquier cosa.

Como Usted insiste en permanecer siempre joven, como Dylan, contratará usted una nave de remos en un charquito, un velero cuando no hay viento, un curso de windsurfing, a pesar de su artrosis e, incluso, confiésenlo, van a comprar una paella al «take away», o sea el «pa llevar», que le pondrán en un cartoncillo de aluminio, cobrándole, eso sí, a precio de langosta.

Vale, Usted no sabe como cotiza el mercado de la paella, aquí le informamos: por encima de doce euros la ración, abusan; por encima de 18 le roban. Esfuerzo inútil el del cronista, ustedes irán a  pagarla a veinte euros en algún marco incomparable, nunca hollado por huella humana, eso sí, rodeados de doscientos ingleses practicando gastronomía de experiencia.

El cronista no exagera. Ustedes están en contra de toda privatización pero pagan, a precio de monopolista, la privatización de la sombra que perpetra el empresario de las sombrillas. Ustedes protestan por hacienda, pero se pasan el verano pagando impuestos sobre el pecado: el azúcar, la gasolina, la ecotasa, …

Sepa, señor y señora mía, que no: en la playa no hay wifi. Así que las fotos para epatar a su cuñado irán a la factura de datos excesivos, que puntual le remitirá el oligopolio telefónico.

En fin, sé que no me harán caso. Sean, entonces, felices. Buenas vacaciones a quienes les toque. Como el cronista no es envidioso, para nada, solo les deseo que la gota fría anegue sus mañanas y el viento azote sus noches, es para que ahorren, no porque les envidie.

( Crónica en ClickradioTV. Viernes,19 de julio de 2019

El Popular, mutis final

El Popular se merece una última crónica y este cronista quiere dársela. El Popular ha muerto; viva Botín. El Banco Popular ha dejado de existir; el Santander ha comunicado que ya ha sido totalmente absorbido. Más de tres millones y medio de clientes, 1.600 oficinas, más de 15 millones de contratos del banco desaparecido son ya completamente del único banco colorao que queda.

El Santander compró el Popular, el sexto banco del país, por un euro y resultó que no estaba mal de solvencia. El ERE de ambos bancos se financió con recursos del Popular. Y lo que parecía tóxico, una vez vendido, ha generado al Santander una plusvalía milmillonaria. Para los clientes no tan estupendo: en el cambio a la afamada cuenta 1,2,3, les redujeron la rentabilidad .

El Popular ha sido un éxito para el Santander que ha recibido algo de lo que el Popular podía presumir: una cartera de pequeñas y medianas empresas envidiable y una banca de cliente, una cultura bancaria desconocida por el Santander, una típica banca de producto.

Ron y Saracho, los últimos presidentes, lejos de la cultura bancaria de una saga de banqueros bastante notable, tienen mucha responsabilidad en lo ocurrido. Eso sí, no está tan claro que la experiencia piloto que el BCE inició con el Popular haya servido para mucho. Hay un soberano lío jurídico con este asunto, pero esa será otra historia.

En 1926, el ingeniero de minas y político del Partido Conservador Emilio González Llana fundó el Banco Popular de los Previsores del Porvenir, quien dijo que fundar un banco no era un ejercicio de poesía. Aunque no tan brillante como las creaciones de nuestro Jose Maria Triper, el nombrecito tenía su cosa.

La entidad pasó a ser el prosaico Popular Español, desde que en los años cuarenta cayera en manos catalanas, cosas que tiene la historia.

A principio de los años cuarenta un grupo liderado por el industrial catalán Félix Millet tomó el control de la entidad..

Millet, de profundas convicciones religiosas, tuvo como mano derecha al supernumerario del Opus Dei Juan Manuel Fanjul. Este facilitó el acceso a posiciones de poder a miembros de la obra que alcanzaron la cúpula con los Valls Taberner, presidentes del banco desde 1972 a 2006.

A pesar de este origen y de la conservadora cultura bancaria de la entidad, la democracia española tiene una deuda con el Popular. A partir de 1977, prestó a todas las formaciones políticas democráticas, incluido el Partido Comunista de España, que pudieron con ese dinero afrontar las primeras elecciones democráticas.

Una discreta oficina, apenas sin personal, en la madrileña calle del Marques de Casa Riera, a espaldas del Círculo de Bellas Artes, coordinaba la prestación de dineros a las formaciones políticas españolas, sin distinción ideológica.

Las cosas son como son. Por mucho que Sabina busque a su amada en una esquina del Hispano Americano, nadie echa de menos a un banco. Créanme: el día que permitimos que los bancos dejaran de regalarnos ollas para cocinar, nació una irremisible desconfianza.

Noventa y tres años después, el Popular ya no estará en las calles. La desconfianza y un euro tuvieron la culpa; los accionistas del Santander encantados.

Este cronista, ese día, sí tenía un euro, pero nadie quiso venderle el banco: quizá por eso soy feliz; ser banquero se está poniendo insoportable.

(crónica ClickradioTV, Martes 16 de julio de 2019)

La tasa GAFA

Vengo a hablarles de la tasa GAFA. No me refiero a sus anteojos, que por cierto pagan un excesivo 21% de IVA. El GAFA del que les hablo es un acrónimo. GAFA, escríbanlo con mayúsculas siempre, tiene menos de cinco letras, viene de Google, Apple, Facebook y Amazon.

Déjenme decirles que, salvo que ustedes sean de alguna de esas sectas políticas que piensan seguir a su líder a la inmolación o directivos de banco bajo sospecha que alguno hay, lo importante es que hoy es el «Amazon Prime Day». Durante 48 horas, un millón de productos con descuento serán vendidos por el gigante de internet.

Una gran fiesta para la Hacienda de… Luxemburgo, que es donde en Europa pagan impuestos los de Amazón. Cosa que no parece justa, especialmente esta semana donde pymes y autónomos  lo que celebran es el día del IVA.

Los GAFA son noticia porque, para cabreo del presidente Trump y ante la pasividad europea, Francia ha acordado gravar un 3% del negocio de estos grandes imperios digitales. Italia, Reino Unido y España seguirán el camino.

Hay que decir que Trump se ha enojado mucho, anunciado represalias, incluso corren rumores de que ha renunciado a beber el carísimo Saint Emilion en sus comidas.

Eso sí, mientras amenazaba a los europeos, multaba con cinco mil millones de dólares a Facebook, por el uso fraudulento de datos de usuarios. Lo que pasa en el mundo se queda en América, ya se sabe.

Desde hace un par de años, la Unión Europea viene sancionando a los gigantes tecnológicos con cifras récord porque que estas empresas incumplen el pago de sus impuestos en los países donde hacen negocio o, incluso, negociaron reglas especiales (tax rules) con algunos países, como Irlanda y Luxemburgo.

Trump alega que lo de Europa es una respuesta de pura incompetencia ya que nuestra industria tecnológica no ha alcanzado el mismo éxito que sus homólogos estadounidenses. Por cierto, Obama opinaba lo mismo.

Poner impuestos a quienes parecen estar beneficiándose del dumping fiscal y revisar el sistema tributario parece legítimo, aunque también podría tener efectos negativos para la UE: las represalias americanas o, también, retraso en negocios digitales alarmados por los nuevos impuestos.

Se estima que estos GAFA solo pagan el 25% de lo que deberían, Y se sabe que, por ejemplo, el impuesto sobre beneficios que pagan en España, está por debajo del 15% que pagan las pequeñas y medianas empresas, a pesar de sus beneficios gigantescos.

Por cierto, que este impuesto estaba en los presupuestos no nacidos de Pedro Sánchez. Aunque en nuestro caso había algo de postureo. En España, como en todas partes, si no hay Ley y Reglamento, que no lo había, no se puede cobrar impuesto.

Las plataformas digitales han estado aumentando sus ingresos en más de dos dígitos, es decir por encima del 10% ,durante muchos años, pero los ingresos de las haciendas no.

A los muchachos de internet, tan listos, tan blancos y tan de California, se lo tengo escrito, se les ha ido la mano y sus posiciones dominantes han determinado en muchos sectores – comunicación, telefonía, editorial, en primer lugar, pero también en el comercio o la distribución y otros- un deterioro general en el valor económico, inversiones, ingresos y la consiguiente, devaluación salarial, manejando una mercancía que no les pertenece: los datos de los usuarios, convertidos en su verdadero negocio.

En definitiva, algunas razones tenemos los europeos para sospechar que los GAFA nos toman el pelo. Así que hagamos que paguen, que tienen mucha pasta. Y ahora se vayan al ordenador a comprarse algún cachivache de esos que casi regala Amazon hoy y que tanto les gustan.

(Crónica ClickRadioTV en Lunes)

Iglesias prueba el “no es no”: la venganza del “looser”

Iglesias tuvo ese momento en el que uno está fantástico y en el que ya solo se puede empeorar, cosa que no suele advertirse si alguien, en lugar de pelotearte, no te lo cuenta.

Estaba a punto, faltaría más, del sorpaso. El sorpaso es algo que pone mucho al que se lo cree. Era, pues, el momento de pedirse una vicepresidencia, los espías, el ejército, para el que tenía un amiguete preparado, y lo que falta hiciere.

Eran aquellos días en los que Iglesias afirmo que Sánchez estaba «lost (perdido) en Nueva York» y era un «looser (perdedor) en España». Nada parecía muy humilde ni apropiado para asociarse, pero cuando uno está para asaltar los cielos no se para en tonterías.

Luego las cosas se enredaron. Siguió sin haber sorpaso, le lanzó una de cal viva a los socialistas, el «no es no» retiro temporalmente al potencial amiguete y empezaron los líos internos. Lo que empezó en un 20,7% se quedó en el 14,7% en las últimas generales y en sonoras derrotas locales y autonómicas. Del cielo a Galapagar, en un pispás, pero seguimos queriendo ser vicepresidentes. Y si no hablamos de eso, no hablamos de nada.

La negociación de los bloqueos institucionales españoles (algunas autonomías y el estado) no es precisamente ejemplar. Las debilidades orgánicas de los partidos, singularmente Podemos y Vox, obliga, para sobrevivir, a convertir las negociaciones en un propósito de ocupación de cargos. 

Tampoco la agenda que se propone parece ser una prioridad para el personal y, desde luego, el desprecio mutuo que se dedican los potenciales aliados no ayudan nada.

Mientras PP y PSOE observan, Ciudadanos navega en el marasmo ideológico y, se diga lo que se diga, se convierte en puro trilero político y mediático. No obstante, unas elecciones las carga el diablo: aún con previsibles caídas de Vox, Podemos y Ciudadanos – los que demandaron pluralismo son incapaces de acomodarse a la pluralidad-: el castigo de la ciudadanía en forma de abstención no garantiza resultados.

Como se dice ahora, las fuerzas mayoritarias andan construyendo el relato para que la pena caiga sobre los secundarios.

Los de Casado van de cascos azules y Sánchez, autor del enjundioso «no es no», propone ahora un cambio de la Constitución para que gobierne el más votado, que hoy es él, y nos libremos de la compleja pluralidad de la que hasta ayer presumíamos.

El chulito «no es no» ha contaminado el pluralismo de egolatría. El antiguo «looser» se ha sentido en la obligación de comunicar, eso sí por teléfono, a Iglesias, que un hombre de estado no puede ponerse en manos de radicales tamaños, faltaría más.

Felipe González, que desprecia a Sánchez por cierto, le ha concedido, empero, carné de estadista: lo de gobernar solo, con cesiones de estado de las derechas o con algún catalán serio, si es que de eso queda alguno, es lo que siempre le gustó a Felipe y lo que la factoría que rodea a Sánchez parece desear.

O sea, Pablo, sí, tu eres «el faro resplandeciente de las musas», pero parece que de esta tampoco asaltamos los cielos. Los que tenemos esa edad en la que la historia más que estudiarse se recuerda, te recomendaríamos que te dieras una vuelta por el 93.

La pérdida de mayoría absoluta de González, fue desaprovechada por IU a golpe de ventitantas condiciones bastante radicales. Ninguna de ellas incluía, hay que decirlo a favor de Anguita, el gobierno. González se marchó a la derecha, y en las siguientes elecciones Aznar le gano al PSOE. Yo recomendaría, plegarse al «looser», antes de que no quede nada que salvar.

Reconoceré que los comentaristas tenemos la vanidad del consejo. Espero no sobrepasar mi umbral de ineficacia si indico a Iglesias y Montero, a Monasterio y De los Monteros, a Rivera y Arrimadas que se lo miren rápido. Convendría mejor influir en la agenda política que arriesgarse a mayores dosis de irrelevancia, A la ciudadanía nos cabreará votar otra vez, y no saben ustedes cómo somos cuando nos ponemos en modo irritado.

Inés y la insuficiencia ética de Diverbo y las mamis supremacistas

Se llama Inés. Ha tenido que abandonar su campamento. Unas muy solidarias mamis y una modernísima empresa de enseñanza de idiomas lo han querido.

Hablamos de ética, del derecho a la diversidad, De la obligación que tiene todo educador de saber que solo lo diferente es imprescindible. Hablamos del derecho a formarse, a vivir y a disfrutar sin exclusiones.

Es probable que este país tenga muchos problemas, incluida nuestra dificultad con el inglés, pero hay uno que queremos superar, y poco a poco lo logramos, con la excepción de modernísimas empresas, mamis imbéciles y directoras ejecutivas muy emprendedoras: no tolerar al sectarismo casi nazi de quienes rechazan el derecho a crecer de las personas con  discapacidad.

Inés tiene especiales necesidades educativas que no le impiden relacionarse, mejorar, aprender y disfrutar. Necesidades que la empresa, por cierto, se había comprometido a cubrir al aceptar su matrícula. Inés cambió viaje a Londres por un «pueblo inglés» en Salamanca, y así le ha ido.

Dos mamis atentísimas a la educación de sus sanísimas e inteligentísimas hijas no podían permitir que Inés perturbara el descanso de sus ninfas, que siendo hijas de dos mamis tan aplicadas, aprenden ingles durmiendo, si falta hiciere.

La empresa organizadora del feliz e idílico campamento, siempre atenta a los deseos de los más fuertes ofreció a Inés dos alternativas: o dormir con una monitora; es decir, discriminar, o irse del campamento; es decir, discriminar.

Ignoro, y prefiero hacerlo, el nombre de las dos mamis responsables (los papis nunca se ocupan de estas cosas). Aunque me las imagino: tan bellas, tan sanas, tan pijitas, tan poliglotas, tan… supremacistas.

Si conozco el nombre de la empresa: «Diverbo- Iniciativas en idiomas S.L»., heredera de aquel «Pueblo Inglés» que llenaba de propaganda las vacaciones de nuestros hijos e hijas.

Dice su Web, que en un alarde de transparencia y atención a su clientela ha bloqueado los comentarios, en un texto firmado por su directora ejecutiva Sonia Palacios, que Diverbo viene del latín y significa diversidad y diversión. Genial: nada tan propio de la diversidad que una expulsión y nada tan divertido como echar a una niña de un campamento. Es que los mortales que no somos mamis fetén no tenemos sentido de la ironía.

Dice la misma web que ellos, faltaría más, no han expulsado a la niña. Que ha sido su malvado padre que no aceptó, fíjese usted, que la niña durmiera con una sacrificada monitora.

El problema de las modernísimas empresas, las emprendedoras ejecutivas y las mamis supremacistas es que son ellas, y no ustedes y sus derechos y los de sus criaturas, quienes definen lo que es normal.

Cuando supe la noticia jugaba con mi particular «mago de lengua de trapo», en verso de Jose María Triper. Ya les digo que si unas mamis impresentables y una empresa modernísima echa a mi nieto de un campamento, este servidor monta un tiberio.

Tiberio que no solo incluye el juzgado, como imagino que al padre de Inés hará, sino manifestación y algunas preguntas incómodas. Por ejemplo ¿Le gusta a la Universidad de Alcalá que una empresa que imparte un Master de título propio de esa universidad mantenga estas prácticas? Pregunta que haré por escrito hoy mismo.

Diverbo tiene un problema: su insuficiencia de ética corporativa. Llamen los expertos en comunicación de crisis que seguro hay un hueco. Las mamis tienen dos: carecer de humanidad y de ética. Si nos quejamos de la insuficiencia ética corporativa es porque las empresas cobran, una pasta oigan, una pasta, por portarse responsablemente con la igualdad.

Venga; vayan ustedes a los hermosos pueblos ingleses que les propone la empresa, saquen a sus hijos e hijas de esas espantosas academias que mezclarán a sus criaturas con gente con toda clase de síndromes. A ver si cualquiera de ellos y ellas quiere emigrar a Silicon Valley y quitarle el puesto a las ninfas de las mamis guais.

Sí; sabemos de qué van. Lo que pasa es que creíamos que ya no había señoras de esas. 

Cuestión de huevos

Todo riesgo supone una oportunidad; esto se lo habrá dicho su coach a menudo. Quizá le parezca una idea sobrevalorada, pero imagine que opinaron las langostas que viajaban en las peceras del restaurante del Titanic del asunto.

Con los huevos pasa lo mismo. La porosidad de su cascara es un riesgo que nos obliga a cuidar nuestros huevos. Pero no hay riesgo, como digo, que un buen emprendedor no aproveche.

Nuestro emprendedor se llama Cayetano y su empresa Koroko. El animoso empresario ha decidido vender huevos con sabor a trufa, queso y cualquier cosa que a usted se le ocurra.

Si debatiéramos sobre innovación y cocina, se me ocurriría apuntar que  si las gallinas hubieran querido que sus polluelos olieran y supieran a trufa, ellas picarían el afamado hongo y no los expertos cerdos que buscan entre robles y castaños.

Pero. aunque no siempre lo parezca, le hablo  de economía. Así que les pido que reflexionemos sobre la pijadita esta del huevo con sabores.

Empecemos por el precio. En economía se dice que el precio debe ser lo que cuesta producir la última unidad. Pero, también, se sabe, que la satisfacción es variable fundamental. Llegados aquí, les pregunto, Ustedes que, de natural, son caprichositos y caprichositas ¿obtendrían satisfacción de algo, si les costara un 800% más de lo que ustedes pagan habitualmente?

Pues vean el asunto: ayer un par de huevos camperos, de esos hermosos y procedentes de gallinas sin torturar, costaban 22 céntimos; un par de huevos con sabor trufa se venden a 1,70. Es que se venden a pares, saben ustedes: a ocho veces  su precio normal.

Ustedes me dirán que no los comprarán. Pero ,seguramente, en alguno de esos restaurante que venden, faltaría más, huevos a baja temperatura, – o sea, con la yema cruda – se los colocaran un día de estos: y ustedes se harán un selfi con el huevo para epatar a su «cuñao».

Pero más allá del precio de la pijada, debemos interesarnos por el mercado. Si usted fuera productor de huevos y los pusiera en el supermercado a 1,30 la docena, pudiendo cobrarla a diez euros. ¿Qué haría?:  pues destinar huevos a ser inyectados con sabores. Una polución que reduciría la oferta asequible y doparía el mercado.

La doctrina de la gastronomía moderna se ha llenado de teorías como el producto de proximidad, el respeto al entorno y la reducción de la distancia entre el mercado y el producto.

Un triple criterio compatible con la sostenibilidad y absolutamente imposible con estos mercados alimentarios de lujo excesivo, que no gourmet, cuyo efecto sobre los precios medios y las cantidades ofrecidas son ingobernables.

Por supuesto, mientras nos tomamos un par de huevos a diez euros la docena, y vigilamos un coche eléctrico de esos que valen como un piso, podemos criticar a esos pobres que polucionan la ciudad con sus viejos coches de gasoil.

El animoso empresario ha afirmado que está pensando en el mercado exterior y ya cree que puede lograr huevos con sabor a wasabi y, por qué no, a guacamole. Por ejemplo, cómo no vender en Guatemala una docena de huevos con sabor a chiles, que solo costarían el 5% del salario mínimo mensual de Guatemala.

En fin, que listos somos, cuando nos ponemos listos. Por cierto, si ustedes tienen algún amigo que les regale una trufa o se regalan un día una, a 800 euros la baratita, bastará con que pongan un huevo normal en un táper o un frasco al vacío, con un poco de arroz en la base y la trufa pegadita al huevo, y conseguirá lo mismo, pero eso si no podrá presumir ante su «cuñao».

No obstante, si usted es feliz con la comida baja en tonterías, un día les cuento como hacía Lucio sus huevos rotos con patatas. En fin, pasen buen fin de semana y cuiden sus huevos, hace calor.

(Cronica de viernes en CLikcRadioTV)
Manuel Valls

Valls no fue el error

De acuerdo; Valls representa casi todos los vicios de la «gauche divine». Como decía Keynes, hablando de sí mismo y su colaboración con los laboristas, se ponen siempre «en el lado de la burguesía educada».

Se trata de una socialdemocracia cortita, que por cierto abundaba en la fundacional nómina de Ciudadanos que hoy llena periódicos, cuyo amor por la humanidad, las artes y la bohemia es compatible con el amor a los banqueros (es que banqueras solo hay una) y a los cinturones apretados de los demás. De acuerdo ¿Pero eso le convierte en el error de Barcelona?

Valls ha convertido una decisión y un gesto en una lección política. Fue el primero en apuntar la estrategia ganadora y ha mostrado ser eficaz en detener al adversario, otros y otras no pudieron. Cuadraban los números y lo puso en valor. De eso trata la política.

Negarle el saludo a Torra sólo responde a los insultos que ha recibido de éste y no deja de ser lo mismo que el President de la cosa aplica a los representantes de las instituciones constitucionales españolas.

«En el lado de la burguesía educada», Valls se tomará tiempo para ser una referencia de la burguesía barcelonesa y catalana, expulsada de la nación – no hay más que ver la lista de donantes-.

Aprovechará, sin duda, el agujero del independentismo: ¿Conocen ustedes una nación sin burguesía, construida con «anticapis» y antisitema? Valls transitará el recorrido de progre compatible que puede llevarle, o no, a esas alianzas socioliberales, organizadas por despachos de abogados y urbanistas, que tanto gustan en Barcelona, desde que se tiene noticia democrática.

El error de Rivera fue sumergir a Ciudadanos en Cataluña, dejando a Iceta la recuperación del constitucionalismo. Y el error de ahora ha sido plegar Barcelona – y al ala socialdemócrata del partido- a la ya borrosa estrategia en Madrid.

Probablemente, el gallinero no aguanta tanto gallo, piensa Rivera. Aunque es cierto que el líder ciudadano es fiel al votante que se ha quedado. El error de Valls y de muchos otros que al olmo le piden peras es no entender que, fuera de Cataluña y quizá también allí, el electorado progre de su partido ha desaparecido y Ciudadanos es una derecha más.

Ada Colau

Colau no debiera ser el pretexto. Que la alcaldesa desprecia a quienes le apoyaron es un hecho. Que le gustaría ser la papisa de la inexistente república, también, para irritación de los federalistas y poca izquierda que queda en su partido. Que Colau traicionaría a sus aliados para hacer méritos, y que ERC le quite al Maragall sectario de en medio, estaba cantado .

También es cierto que ponérselo difícil a Collboni, Iceta y Sánchez, al PSC y PSOE, es un error de Colau que afectará a Iglesias y hará al populismo radical, tan divino como la gauche de Valls, más irrelevante.

Colau le irrita haber necesitado a Valls y la casta sociata. Puro «pijiprogresismo», muy alentado por sus mentores y asesores, que acabará dañando a su casi no nacido partido. Siéntense y esperen: Valls pudo ser innecesario, pero no fue el error.


Joan Canadell

Petróleo para “indepes”: llega el empresario gritón

¿Le gustaría llamar ladrón a quien le paga la mitad de su presupuesto?¿Usted gusta de empresarios que animen la inestabilidad?¿Prefiere anticapitalistas que animan a su burguesía y sus élites a apropiarse de los resortes del estado? En cualquiera de los casos tiene un paraíso: Cataluña.

El estado español, su presupuesto y el de sus organismos autónomos, AENA incluido, le ponen, en número redondos, siete millones y medio de euros a la Cámara de Comercio de Barcelona, la mitad del presupuesto, desde hoy dirigida por un lobista del independentismo.

El estado roba a Cataluña, naturalmente, como el nuevo presidente de la «Cambra» ha declarado esta mañana, pero le pone la mitad de un presupuesto, que las organizaciones nacionalistas quieren administrar para que el empresariado se convierta en grupo de presión por la autodeterminación.

Así que si usted va la Cámara de Comercio de Barcelona para cualificar su empleo e insertarse en el mundo laboral, con un proyecto emprendedor, pidiendo recursos para una formación dual, ese tipo de cosas deleznables que paga Madrid, deberá presionar al estado que le paga para que prevarique y apoye a los «indepes», sea usted de la causa o no.

Hoy tocaba ceremonia empresarial y la Cambra de Comerç de Barcelona, tomada electoralmente por asociaciones independentistas, ha sido el escenario donde Joan Canadell, anoten el nombre del próximo padre de la patria, ha oficiado de nuevo presidente.

Canadell, como corresponde a todo portavoz independentista, representa, a la vez, al pueblo y al empresariado y su Presidencia será, como imaginan, ecuménica y, sobre todo, muy profesional.

Por eso, en la línea de mejorar los servicios a las empresas ha animado a los empresarios a convertirse en grupo de presión contra el estado, para que este prevarique y reconozca el derecho de autodeterminación. Ha señalado que la inestabilidad merece la pena ante tan magno objetivo.

Toda una proclama en un órgano que no es representativo de empresa alguna. Data de finales del siglo XIX que las Cámaras de Comercio no tienen carácter de representación patronal.

El tiempo las ha convertido en cosa poco útil. Desde 2011, la pertenencia a las Cámaras de comercio ha dejado de ser obligatoria y las cámaras han pasado a vivir de gestionar subvenciones y de cobrar, sobre todo, a las grandes empresas.

Canadell ha dicho que quiere más recursos y en lo primero que parece pensar es en subir el precio a los asientos del consejo que, por valor de un millón cien mil euros, compran las grandes empresas. También espera meter mano a los millones de subvenciones citados.

Canadell que habla en nombre de todo el empresariado catalán y todo el pueblo, naturalmente, representa la candidatura vencedora en unas elecciones en las que de un censo de 423 mil empresas, votaron poco más de 17 mil, un 4% de participación, que utilizaron en 80% el voto remoto, de dudoso desarrollo. Las elecciones han sido impugnadas por otras candidaturas.

La candidatura no ha sido organizada por animosos empresarios preocupados por el fomento de la riqueza sino por la ANC, el Cercle Catala de Negocis (grupo de presión fundado por el mismo  Canadell) y organizaciones como Sobirania i Justicia (del actor Joel Joan).

Había un representante del tejido empresarial en la candidatura, Pere Barrios, que debió dimitir de la asociación de pequeños empresarios que presidía, porque sus miembros apoyaron otra candidatura.

Dice el señor Canadell que fundó una empresa independiente de petróleo. O sea, que es propietario de nueve gasolineras. Petróleo para «indepes» y empresario de los que aman el ruido. ¡Ah! Aquellos tiempos en los que al negocio le molestaba el ruido. 


Rivera, Casado, Abascal

El día de los bastones: el electorado de la derecha pacta consigo mismo

Ya tienen ustedes alcalde o alcaldesa. Se siente. Se acabaron las vacaciones cuatrianuales que la ciudadanía se da para demostrar que la ciudad funciona sin que nadie mande. Ha pasado el camión de la basura y el recaudador de impuestos, el poli municipal y el, casi siempre, menos diligente jardinero, pero nada es para siempre: quien manda ha vuelto.

Ayer sábado era el día de los bastones y todo se resolvió como suele suceder desde 1979. La derecha voto a la derecha, la izquierda a sí misma. Y, más o menos, en población se sale empatado. Todo el ruido previo, también como siempre, era mera literatura.

Eso de que la nueva política acababa con el juego a dos, que la pluralidad traería trasversalidad y todas esas cosas modernas se han mostrado tan falsas como inútiles.

El día de los bastones lo ha ganado Casado porque el electorado de la derecha ha pactado consigo mismo. En casi todos los sitios donde gobernarán, son los que siempre habían sido, y casi siempre habían sido más.

Hay dos razones por la que Ciudadanos ha pactado con el PP, frente a las fantasías progresistas, casi siempre empeñadas en creer que entre fascismo e izquierda no hay nada.

En primer lugar, Ciudadanos ha pactado con el PP porque allí donde era decisivo, sus votantes procedían de los populares, y no de los socialistas – esa es la razón de los acuerdos manchegos con el PSOE-, y no está uno para suicidios políticos, tipo Burgos o Huesca. La segunda razón es que cuando se va de balconada en día de feria y grita «con Rivera no», y nadie pone concierto, las cosas se enredan como se enredan y acrecientan el sectarismo.

Ciudadanos se lleva de esta un lío estratégico de bigotes, una crisis en Barcelona, algunos expulsados, una imagen de cinismo notable y la evidencia de que no la pinta y el proyecto parece algo agotadito. También, un par de alcaldías que le durarán menos que una constitución en el siglo XIX.

La elección de alcaldes y alcaldesas ha puesto de relieve lo que las noches electorales tardan en poner de manifiesto: quién ganó, quién no ganó. Por más que no guste, Casado no perdió: la invisibilidad de Vox y la irrelevancia de Iglesias han sido más decisivos.

Vox , por más que toquen las narices, y que las tocarán en el futuro más próximo, para marcar paquete legionario, ha decidido la invisibilidad a cambio de influencia, sabiendo que la fiesta no da para más.

Porque, créanme, lo que este sábado pone de relieve es cierta tendencia al retorno del bipartidismo. PSOE y PP, ahora líderes de bloque, han mostrado firmeza y capacidad de liderazgo, en un mapa político radicalmente fragmentado, en el que la pluralidad realmente existente ha sido pura cosmética que animaba las semanas de espera.

Quizá nos costaba creer lo que aquí se ha escrito alguna vez: en un mes, españoles y españolas, han votado dos veces moderación. Esa moderación la han capitalizado socialistas y populares, y ha debilitado a los demás.

En este viaje, el electorado de derechas ha pactado consigo mismo, el electorado de izquierda volverá a las viejas andadas y hará lo mismo, por aquello de aprender. Quizá entiendan las prisas por cazar ministerios de algunos, antes de que vuelva las vacas más flacas.


Sostiene Triper la razón por la que los abuelos le ganamos al mercado

Sostiene Triper, amigo, periodista y poeta, de los de firma en feria, que son los nietos y nietas, «arroyo y miel». Y así son. La globalización nos ha igualado y disfrutamos de nuestros bichejos y bichejas con los mismos peluches y extraños superhéroes de mundos remotos, de esos que exigen a las abuelos y abuelas un master acelerado: proteger a Spiderman o a Hulk, por un poner, es cosa peliaguda.  

Master que necesitaríamos para entendernos con estos niños y niñas, pasados por las malas traducciones de Disney y unas escuelas no siempre atentas .

Ni siquiera las canciones de antaño nos valen. Las familias ya no se dividen según la canción de la abuela. No; ahora deben ustedes aprender Let it go, de Frozen, si desean ser escuchados.

Triper y yo, que escribimos algo de economía, sabemos que esa canción de Frozen habla de lo que se llaman «costes hundidos»; es decir, a la hora de tomar decisiones económicas deben ignorarse aquellos costes del pasado que no se pueden recuperar. Que es lo que viene a decir la princesa helada, un tanto enojada.

No es de ahora que las cancioncillas oculten mensajes económicos. «Al pasar la barca, me dijo el barquero: las niñas bonitas no pagan dinero«. Entrañable canción que cantaban las abuelas, acompañadas de camisas, canesú, patatas y corros, pero que, en realidad, escondía una terrible discriminación de precio, de esas que en economía llamamos de tercer grado, en las que el vendedor tiene todo el poder.

Porque, piénsenlo fríamente: podrán ustedes ser atractivas o atractivos, sin duda elegantísimos, como es su caso y el mío, pero si el barquero tiene otros gustos, dense ustedes por perdidos.

Pero no tenemos tiempo de sesudas reflexiones; llega el sábado: toca nieterío. El Instituto Nacional de Estadística nos ha contado la pasada semana cómo las familias organizan los cuidados de los criaturas.

De las casi nueve millones de personas que cuidaron de hijos menores de 15 años, el 17% del total utilizaron servicios profesionales. Por el contrario, alrededor de siete millones no lo hicieron.

Los principales motivos para no hacerlo fueron que organizaron el cuidado de su hijos solos o con su pareja en la mitad de los casos y que lo organizaron con la ayuda de abuelos un 19%. Saquen pecho, pues, si el el Sintrol se lo permite, queridas abuelas y abuelos, le ganamos al mercado por dos puntos, que se sepa.

Cierto es, y debe decirse, que en esto de los cuidados, las mujeres son las que salen perdiendo. El porcentaje de mujeres que cuidó de familiares dependientes fue del 6,55%, el doble que los hombres. El porcentaje de mujeres que cuidó únicamente de hijos menores también fue mayor que el de los hombres en casi tres puntos.

De las personas que tienen hijos menores, el 28,13% abandonaron su trabajo en algún momento para cuidarlos, pero el 87% de los hombres solo hicieron seis meses mientras la mitad de las mujeres debieron hacerlo por más tiempo. El porcentaje de mujeres que lo interrumpieron más de dos años fue del 17,70%, frente a tan solo el tres de los hombres.

Los abuelos y abuelas, en fin, cuidan al 19% de los nietos y nietas españoles. Si eso contabilizara en el PIB sería un fascal, dicho sea de paso, pero no es la pasta la que nos lleva al nieterío.

Sostiene Triper la razón por la que los abuelos le ganamos al mercado: magos y magas «con lengua de trapo y de papel, inquieto(s) y avispado(s) colibrí(s), vuela(n) sin miedo»… y nos hacen, de paso, felices. No hay oferta de mercado que lo mejore. 

(Crónica de viernes en CLickradioTV)


La playa, ese mercado salvaje

Les develaré una terrible verdad: su idílica playa es un territorio de cruel competencia económica

La economía trata de la escasez. Ni siquiera los modernos manuales para indignados economistas postcrisis han podido ignorar el principio del libro de Samuelson en el que aprendió la casta. Y la playa, créanme, es un mundo de escasez.

Abundan, claro, los cuerpos hermosos, las relaciones potenciales, las conversaciones livianas y las lecturas frívolas. Por supuesto, los peligrosos rayos uva, los niños y niñas escandalosos y el infame plástico.

Pero escasea lo vital: el agua, la bebidas hidratantes, el alimento, la sombra y el espacio en primera línea. Y, como usted imagina, el poder pertenece a quién administra la escasez. Naturalmente, ese monopólico y abusivo administrador tiene nombre y apellido: el chiringuito.

El chiringuito contradice todas las estrategias económicas desreguladoras. Mediante métodos poco ajustados a derecho, según el Tribunal Supremo, los chiringuitos administran precios de bebidas y viandas, incluso privatizan el derecho humano y universal a la sombra, mediante el alquiler de hamacas y parasoles. Un monopolio que produce notables escándalos de precios y estrategias de resistencia por parte del mercado excluido.

Ante la ausencia de competencia, se extiende la cultura de la economía irregular, desde quienes, a modo de colas en economías de estraperlo, ocupan la primera línea de playa a hora improbable, a quienes, tirando los precios y en negro, venden bebidas, anuncian esotéricos masajes o, más aún, llevan la venta de pareos a línea de playa.

Naturalmente, el poder del administrador de la escasez no es ilimitado: Uno puede evadirlo negándose a consumir. No obstante, deberá ser capaz de evitar muchas de las estrategias de fijación de precios y marketing que, sutil pero dramáticamente, se producen en la aparentemente pacífica arena.

Al dueño del chiringuito le gustaría ser como esas magníficas instituciones que regalan precios a jóvenes y jubilados. Es decir, cobran a las rentas bajas el coste medio variable del producto y quienes tienen renta pagan el pato. Pero esto estaría mal visto en un espacio donde la desnudez nos iguala.

Así que los competidores usan perversas estrategias para erosionar el mercado del administrador de escasez.

Una, bien analizada por vendedoras y vendedores de ropas, pareos o mantas de arena, de esas que usted ignoraba que necesitaba, responde a una estrategia grupal: cobrar un precio distinto según público objetivo. Así, sorprendentemente, un pareo adquirido por una finlandesa será más caro que el comprado por una señora de Albacete, por un poner.

Otra, bien conocida por los vendedores irregulares de bebidas y helados, es cobrar según renta, cosa que en una economía regular exige mucha y costosa información pero que los hábiles vendedores resuelven con su experiencia de mercado playero.

El chiringuito se defiende en este desigual combate; dispone de un producto diferenciado: la sombra. Y, por otra parte, un argumento de marketing que podría persuadir a un carabinero de posarse en un arroz: cuando uno va a la playa, se apunta al lujo, no quiere parecer pobre y, por lo tanto, no es sensible a los precios.

Doscientos metros más allá de su chiringuito favorito, los precios son un 30% más bajos. Si usted está en el supermercado de la esquina, necesitado de una barra de pan y un vinito para alimentar a su prole, ambos son bienes necesarios y su precio acorde con este mercado. Por el contrario, en el chiringuito, usted y su renta expresan, económicamente, una elasticidad mayor respecto al precio: la que corresponde a un bien superior.

Acercándose al quiosco, uno declara que está ahí para gozar y no para cubrir sus necesidades. ¡Ah, el mercado lo sabe y usted persiste en ignorar sus reglas! Usted consume distinto, en un lugar u otro, muy señor y señora mía.

A esa diferencia de consumo le llaman comprar experiencia; las rentas de necesidad no acceden a experiencia. No será extraño que la propiedad del chiringuito, o su competencia, le ofrezca alguna navegación extrema, un buceo irrepetible, un surf alucinante, una canoa de última generación, todo ello en aguas de charca y viento ausente, como mostrará en el futuro el impertinente selfie que Usted, inevitablemente, se hará.

Si tras días de ahorro, usted acude al chiringuito a tomar espeto y vino de la tierra y ve que una horda adolescente se acerca rauda al quiosco, no se asuste: la propiedad, siguiendo el modelo de McDonald´s, habrá pagado a Nintendo para que el chiringuito sea una parada Pokemon. Éramos pocos y llegó Pikachu.

La playa es un mercado salvaje, pero como dice Íñigo Errejón, ustedes han sido seducidos por el neoliberalismo, disfrútenla. 


La disculpa del salario mínimo

Los datos del empleo de mayo han puesto chulitos a los portavoces del gobierno. Y «pa» chula, chula, la secretaria de Estado de la cosa, que ha solicitado al Banco de España, ni más ni menos, que pida perdón, por su alarmismo en relación con los efectos del salario mínimo.

Seguramente, el gobierno se vengaba de quienes el pasado enero, ante una destrucción de empleo muy acusada, señalaron al salario mínimo como causante.

Es cierto que cada vez que habla el regulador sube el pan; y no lo es menos que al Banco de España no le gusta que se suban los salarios de los mortales, con la excepción de los gobernadores del Banco de España, que cobran un fascal, porque ellos (siempre son ellos) lo valen.

Dicho esto, deberemos recordarle a la secretaria de Estado algunas cosas sobre las cifras de empleo: cierto que el nivel de afiliación se aproxima a los de antes de la crisis, pero entonces la tasa de paro era del 8% y ahora es del 14.

Es verdad que la ocupación crece notablemente, pero en cifras similares a las del mes de mayo del año pasado. Olvida la ministra que la población activa se ha reducido, quitando medio millón de empleos de las cuentas y, también, que el 91% de los contratos firmados son temporales.  Es decir, nos felicitamos por un mercado de trabajo más estrecho y más precario.

El Banco de España había afirmado en el informe que, según la secretaria de Estado, creó alarma social dos cosas: una, que mejor no se tocara la reforma laboral, cosa que la ministra de economía acepto con agrado; la segunda, que era prematuro afirmar que el salario mínimo no estaba teniendo efecto.

Aquí esta el quid de la cuestión que ha animado a la ministra a exigir las disculpas del regulador. ¿Puede afirmarse que tiene efecto o puede afirmarse lo contrario?

Uno viene a sugerir que tengamos paciencia, pues los datos son aún contradictorios.

Fíjense, por ejemplo, que en el sector donde más empleo se crea en Mayo, la Hostelería, la incidencia del salario mínimo, es muy baja: tan solo alrededor de un siete por ciento del empleo. O fíjense, también, que donde la cobertura sería importante, por encima del 15%, en el paro de larga duración, no se están produciendo cambios importantes.

Hace tiempo que la literatura económica aquella en la que el salario mínimo era el culpable de todos los males esta caducada. Los especialistas del asunto vienen señalando hace tiempo que son muchos los datos que pueden y deben analizarse.

Todavía no sabemos si el mercado esta ofreciendo alternativas; esto es, si las empresas compensan los aumentos salariales rebajando otras condiciones laborales, si están reduciendo, por ejemplo, los gastos en formación o seguridad laboral, o si se producen variaciones en las horas trabajadas.

Tampoco sabemos aún, si las empresas pueden estar compensando el aumento de costes con otras formas de empleo, como la del trabajador autónomo

En fin, parece que es tan pronto para condenar el salario como para exigir disculpas. Y sobre todo, mientras andemos con un 14% de parados y paradas, es tiempo de mucha prudencia. Pero lo bonito que queda pedirle a alguien que se disculpe, pensará la secretaria de Estado.


La moderación resucita al Régimen del 79

Él a París; el personal se queda en la semana de los enredadores. Primero y rápido, Sánchez se va con Macrón; ni un minuto se concede a la tentación de los exultantes verdes, no sea que se confundan. Ahora que la socialdemocracia realmente existente ha vuelto, nada mejor que hacérselo saber rápido al personal.

Que los conservadores y el resto sepan por dónde van los tiros, una vez que Sánchez se ha investido como líder de la socialdemocracia universal, ante el hundimiento de sus colegas. La alternativa a la mayoría conservadora europea será socioliberal. Y de paso, le metemos más presión a Rivera. ¿Por Iglesias, pregunta Usted? Ese es territorio Ábalos y pertenece a la semana del enredo.

En un mes, la ciudadanía, siempre sabia, nos ha dado cuatro años de muchos moderados y pocos radicales. Con Vox en el 6% y Podemos en el 10%, entre los dos suman lo mismo que IU en sus mejores tiempos, habrá ruido y enredos de palacio, pero no muchos sustos.

Las fuerzas del constitucionalismo respiran tras años de susto. Salvo la ensimismada ínsula catalana, todo se sujetará a las reglas convenidas, pudiendo incluso, como dice Iceta, impedir que en Barcelona pastoree el independentismo.

Sánchez se le ha puesto cara de única izquierda. No le falta razón, tras la huida del espacio de Podemos de una notable mayoría, por no decir de casi todo el mundo. Cuando se pasa de asaltar los cielos a pretender influir en La Rioja, sin ánimo de faltar a la gente riojana, es que la devaluación de la función histórica es bastante notable.

Iglesias, el bocazas de MonederoGarzón y, sí, también Errejón han quedado inhabilitados para cualquier proceso de reconstrucción si es que este se produce. Cuando Puente Vallecas o Nous Barris pasan del asunto; o el Eixample y el Centro también, es que el personal del cambio no se siente representado.

Hay que decir, también, que allí dónde se ha impedido la contaminación del populismo ególatra y el elitismo progre de Iglesias Errejón, y sus respectivas pandillas, o se han dedicado a escuchar a la sociedad en lugar de inventarse la que no existe (Cadiz o Valencia), el cambio ha resistido.

Sólo el histórico desconocimiento por parte del PSOE de lo que es Madrid y su Comunidad ha impedido a los socialistas poner a Bono, es un decir, en el gobierno o en las fotos.

El conjunto del mapa político se ha moderado y el contrapeso de la izquierda que representaba Izquierda Unida, barrida por oportunismos de toda laya, no se expresa salvo para solicitar algún ministerio de los que no molesten a los socialistas, incluso ya Garzón, preparándose para volar a otro sitio, ya dice que de lo del ministerio se puede pasar, al fin y al cabo no era para él. 

No; las elecciones no han cancelado los problemas, al contrario, pero sí las fórmula de enfrentarlos. Mientras los pensionistas vascos recorren Bilbao, el gobierno pide a la OCDE que evalúe la mochila austriaca, una especie de privatización de las pensiones.

Lo de la reforma laboral va a ritmo de poca derogación. Los sindicatos, tocados por la debilidad de las izquierdas políticas alternativas antes hermanas, añorarán los viernes proletarios de Sánchez, los más jóvenes pedirán cambio climático mientras se retrasan los plazos de la transición energética…y cosas parecidas.

La ciudadanía habló dos veces. Y las dos votó calma, moderación y reglas. Quizá la España social que tanto se grita en los fuegos de campamento que se organizan los señores y señoras diputados en las inauguraciones de las sesiones del Congreso, requerían fórmulas, discursos y propuestas que los muy ególatras cascarrabias del cambio se negaron a escuchar. A cambio, el régimen del 79 vuelve. Y no todo, créanme, son sombras.


Soy un espía chino y ustedes sin saberlo

Debo confesarlo. Mi teléfono es un Huawei. Es decir, sépanlo, este cronista es un espía chino y mi aparentemente discreto teléfono es una amenaza para la seguridad del total mundo occidental.

Sostienen los norteamericanos que mi teléfono tiene una puerta de atrás (backdoor, en la jerga) en la que un chino, como son muchos puede haber un chino por teléfono al parecer, se entera de todo. Para que vean lo importante que es uno: a mi edad, soy un espía chino

El caso es que Google, siguiendo la contraseña de Trump, ha suspendido una parte sustancial de sus acuerdos con Huawei, después de que el presidente norteamericano incluyera a la empresa china en su lista negra.

Al hacerlo, Huawei Technologies perderá de inmediato el acceso a las actualizaciones del sistema operativo Android y perderá el acceso a aplicaciones y servicios populares, como Play Store y la aplicación Gmail.

Y ya me dirán Ustedes que hacemos con un teléfono que solo sirve para hablar, como si fuéramos gente de los noventa: escuchar música en CD o hasta comprar un libro de esos de papel, dónde va a parar.

Google acepta en silencio que la compañía china es un riesgo inaceptable para la seguridad nacional; un discurso impulsado por Trump que expulsaba inicialmente de las próximas redes de voz y datos 5G a los chinos.

Situación que, parcial o totalmente, sigue la comunidad de espías que lidera la CIA: los británicos, los australianos y Nueva Zelanda. También están en ello los holandeses y japoneses. El presidente Emmanuel Macron dijo el jueves que Francia no bloquearía a Huawei y, también, sostienen esa opinión en Alemania y en Bélgica.

El asunto, en fin, no es de espionaje sino de una abrupta guerra comercial en la que Trump quiere imponer tecnologías más atrasadas y más caras. Huawei tiene un papel protagonista en el desarrollo del 5G, la tecnología imprescindible para mejorar la productividad, acompañar la inteligencia artificial y anticipar la robotización

Una carrera en la que EEUU no ha podido colocar a sus grandes grupos tecnológicos. Cinco empresas lideran el despliegue global de redes: la sueca Ericsson, la finlandesa Nokia, la surcoreana Samsung y las dos chinas ZTE y Huawei.

Los consumidores nos quedaremos sin las utilidades más necesarias de nuestros teléfonos chinos. Huawei se ha impuesto en el mercado español de telefonía móvil, convirtiéndose en el número uno del sector en ventas de smartphones por unidades.

La decisión de Google de retirar la licencia para usar el sistema operativo Android en los productos de Huawei, que también perdería el acceso a Google Play Store y a todas las aplicaciones de Google, corre el riesgo de dañar seriamente a los consumidores.

En España, Huawei ya es el primer vendedor de teléfonos inteligentes. El grupo chino logró en 2018 una cuota por unidades del 28,3%, superando así a la coreana Samsung, el líder tradicional, que se quedó en un 27,2%.

Las notables diferencias entre Huawei, Samsung y Apple se explican por los precios medios de sus productos. Las acusaciones no probadas sobre los chinos nos condenan a ponernos en manos de las compañías más caras.

Lo que demandábamos a Google era que protegiera nuestros datos, que no monopolizara los mercados y lo que recibimos es más exclusión digital.

Los simpáticos muchachos norteamericanos de internet (todos chicos y muy blancos) , para ocultar sus no pocas vergüenzas y no reconocer  las ventajas que obtuvieron en el 4G (de las que nacieron Uber, Airbnb, Amazon, Facebook,…), se han plegado a Trump, a ver si ganan alguna ventaja en el camino a las nuevas redes.

La guerra comercial ya ha provocado un efecto dominó. Después de Google, las principales empresas de chips y microchips de EE. UU., desde Intel hasta Qualcomm, desde Xilinx hasta Broadcom, han bloqueado los suministros a Huawei anulando la operatividad de la compañía.

Impedir la posibilidad de actualizar el sistema operativo y, en consecuencia, el uso de aplicaciones, por ejemplo, Gmail, Youtube y Play Store, constituye un daño enorme para los consumidores, tanto en términos de seguridad del sistema y de privacidad, más vulnerable a ataques externos en ausencia de actualizaciones, como en términos de funcionalidad del producto: es probable que los propietarios actuales de los productos de Huawei se encuentren, dentro de poco tiempo, con un dispositivo que no sea utilizable. En fin, sepan Ustedes que si reciben una llamada de este cronista, serán espiados, sostiene Trump; qué cuento chino más hermoso en tiempos que llaman de guerra híbrida. En fin, sean felices, miren a sus espaldas y pongan cara de espías, es lo que se lleva.


El cigarrito

Traperos de tiempo; eso es lo que son Ustedes, curritos y curritas: ese cigarrito con el que llenan los quicios de las puertas, ese lánguido arrastrarse mañanero a la máquina del café, incluso esas gestiones personales por internet…el gobierno lo sabe y esta dispuesto a ponerle coto.

El gobierno, que ya dictaminó la culpabilidad de todas las empresas en las horas extras, está dispuesto a dictaminar ahora que todas y todos Ustedes reducen arteramente el tiempo efectivo de trabajo.

En esas estamos. Satisfechos estaban los sindicatos con el viernes proletario que prometió acabar con las horas extras impagadas, e incluso las pagadas, y no se han fijado en que la secretaria de Estado de Empleo chismorreaba, a sus espaldas, con la patronal, para corregir esas anomalías que reducen el tiempo efectivo de trabajo.

Hora extra que te pago, salario que te quito y salimos empatados de esta. Por si no era sencillo negociar, empresa a empresa, las condiciones de trabajo en un mundo de pequeñas empresas, el gobierno ya nos envía otro cometido: negociar el redondeo de la jornada de trabajo efectiva para suprimir, ni pagar ni cotizar, esos minutos robados a la jornada laboral.

La izquierda reciente se ha convertido en maestra en diagnosticar como nadie y gestionar como si fuera el enemigo. Ahora que las empresas fetén hacen teletrabajo o funcionan por producto, o ahora que las empresas amigables establecen verdaderas zonas de ocio para trabajadores y trabajadoras, aquí implantamos relojes y suprimimos el cafecito. Es lo que hay.

Es evidente que las horas extras – pagadas y no pagadas – son un pequeño escándalo en nuestro mercado de trabajo.

Más de cinco millones seiscientas mil a la semana, en el primer trimestre de este año, el 46% de ellas no pagadas. Que los hombres hagan prácticamente el doble de horas extras que las mujeres no les sorprenderá. Que quienes las hacen sin cobrar no sean esos sectores en los que Ustedes piensan (hostelería o vendedores comerciales), sino que el 50% se concentre en profesionales, científicos y técnicos de apoyo quizá sí: saquen lecciones, menos sindicación y rentas más altas.

Aunque el primer trimestre del año es en el que menos horas extras se hacen, este año las horas extras pagadas se han reducido en un 15% respecto al año pasado, pero las no pagadas solo el 7%. Aún así, en jornadas laborales, las horas extras no pagadas serían unas 70 mil.  

¿Resolverá el reloj este agujero laboral? El tiempo lo dirá, pero que hasta el día de la aplicación de la norma no se haya emitido guía de aplicación no ayuda, como no ayuda que los sectores en los que se concentran las horas extras no pagadas sean de bajo nivel de negociación sindical.

Lo mismo ocurrirá con el tiempo de trabajo. Se condena a las empresas sindicalizadas a negociar la reducción de jornada pagada, reducida a golpe de cigarrito, café y gestiones personales, mientras allí donde no haya negociación se permitiría a las empresas redondear un tiempo no trabajado.

En el chismorreo de la secretaria de Estado se llegó a hablar de dos horas semanales de tiempo efectivo no trabajado: o sea, reducir un cinco por ciento la jornada mensual (149,4 horas) y el salario. De los mismos productores de «el reloj», llega «el cigarrito». Es que fumar es malo para la salud…de su bolsillo.