Muere la periodista de TVE Alicia Gómez Montano

La periodista de Televisión Española Alicia Gómez Montano (Madrid, 1955), que desde hace poco más de un año desempeñaba el cargo de editora de igualdad de la cadena pública, ha fallecido este sábado en Madrid.

Desde ese puesto se encargó de fomentar en los servicios informativos contenidos enfocados a reducir la brecha que separa a hombres y mujeres. Su lucha en favor de la igualdad era una de sus grandes batallas. La otra, la defensa de la televisión pública. Su compromiso fue tan sólido que hace año y medio decidió presentarse al concurso público convocado por el Parlamento para ocupar una plaza en el consejo de administración y ser presidenta de la corporación. Del centenar de aspirantes fue la número uno. Obtuvo la calificación más alta y si la parálisis legislativa no se hubiera interpuesto en su camino podría haber sido la máxima autoridad de la corporación desde hace meses.

En todo momento, en su vida personal y profesional, llevó como estandarte la honestidad. Se sentía a menudo como la Alicia del cuento, saltando de un lado al otro del espejo. Lamentaba sobre todas las cosas la tutela política que todos los gobernantes han ejercido en la radiodifusión pública de ámbito estatal y autonómico, algo que veía como un déficit democrático. Siempre que tenía ocasión recordaba que los medios públicos pertenecen a sus ciudadanos y deben ser su altavoz. «Por razones históricas y políticas en España la televisión pasó de manos del franquismo a manos de la democracia, un cambio fantástico sin duda, pero el poder, el mando a distancia, lo siguieron teniendo los políticos aunque ahora fueran los elegidos democráticamente por los ciudadanos», afirmaba en una entrevista en este periódico. Pensaba que la sociedad civil había quedado fuera de este proceso y de alguna manera todos los ciudadanos se acostumbraron a ello. «Costará tiempo pero hay que romper la burbuja», decía. Consideraba que políticos, profesionales y ciudadanos debían cambiar su concepto de lo que son los medios públicos.PUBLICIDAD

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Gómez Montano se doctoró en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y desarrolló casi toda su carrera profesional en RTVE. Tras una breve etapa en Radio 3, en 1982 se incorporó al centro territorial de TVE en Navarra. Ya en Madrid, en 1988, su primera crónica de amplio alcance fue la huelga general del 14-D. Cubrió aquella jornada histórica desde un helicóptero alquilado por TVE. Quería reflejar cómo se veía desde el aire una ciudad paralizada por la protesta. Le horrorizaban los helicópteros pero superó la prueba.

En TVE trabajó con Jesús Hermida antes de hacerse cargo de la jefatura del área de Nacional del Telediario en los tiempos en los que María Antonia Iglesias dirigía los informativos. En 1996, tras la victoria de José María Aznar, fue relevada del cargo y nombrada subdirectora de Informe semanal. Dejó de abordar coberturas políticas y se centró más en asuntos de carácter cultural. Fue su refugio. Y en él se acomodó. Desde de mayo de 2004 hasta agosto de 2012 estuvo al frente de este espacio. Más tarde se trasladó a En Portada, que en aquellos tiempos se emitía en un horario “clandestino”, como solía recordar.

Gómez Montano llegó a RTVE cuando la televisión pública seguía anclada en el pasado. “Olían un poco a rancios”, decía. Pero pronto cambiaron de tono. La modernidad llegó de la mano de Lalo Azcona, Rosa María Mateo, Paco Lobatón o Ángeles Caso. Representaban el cambio y una manera distinta de contar las noticias.

Pese a los vaivenes que han sacudido a la televisión pública su idea del servicio público la ha mantenido intacta. Gómez Montano ha sido una defensora de una televisión independiente, plural, creíble y no subordinada a la audiencia. “A los políticos y a algunos profesionales les gusta mucho jugar con esas confusiones, equiparando calidad a audiencia y credibilidad a audiencia. Y creo que la audiencia no tiene por qué coincidir muchas veces ni con la calidad ni con la credibilidad”, confesaba en su conversación con Carlos Gómez, recogida en el libro Por una mirada ética. Plasmó su visión del medio en el libro La manipulación en televisión y a lo largo de su trayectoria profesional obtuvo numerosos premios, entre ellos la medalla de plata del Festival Internacional de Cine y Televisión de Nueva York por un reportaje sobre las Brigadas Internacionales y el premio de investigación del Consejo Audiovisual de Cataluña por un trabajo sobre el pluralismo y la tutela política en los medios públicos.

Su compromiso con la televisión pública fue tenaz y absoluto. Eludió acogerse al expediente de regulación de empleo de RTVE, que garantizaba de por vida un sueldo similar al que percibía en activo. No le parecían éticas aquellas prejubilaciones de oro. Decidió quedarse en TVE y seguir haciendo reportajes. Su última misión en RTVE era garantizar la igualdad entre hombres y mujeres, tanto en contenidos como en presencia activa en la televisión, contribuir a eliminar las malas prácticas, prejuicios y los sesgos inconscientes y recortar la brecha por razón de género. Su compromiso con el periodismo independiente y la libertad de expresión la llevó a la vicepresidencia de la sección española de Reporteros sin Fronteras. A finales de diciembre no faltó a la cita para presentar el informe anual sobre la libertad de prensa en el mundo. Una libertad a la que dedicó su vida.

La capilla ardiente de la periodista madrileña estará instalada este sábado en el tanatorio Norte de la capital, en la calle de Valdegovía 8.

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