Madrid, España. Edita: The Experience Club. Producción: Carlos Matías
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Manuel Ángel Menéndez

El Valor de la Experiencia

El gobierno hace una llamada a la okupación de viviendas para poder dar pagas gratis a indocumentados

A partir de este momento, okupar una casa te da derecho a empadronarte en ella; una condición, la de estar empadronado, imprescindible para poder cobrar la nueva paga vital para desocupados que el gobierno radical-estalinista de Sánchez-Iglesias quiere implantar en España. También tendrán derecho al empadronamiento –y a la correspondiente paga, por tanto- los que se fabriquen ad hoc una chabola, aunque sea en mitad del Paseo de la Castellana, en Madrid, o los que aparquen una caravana en una localidad de forma permanente, aunque sea frente al Palacio de la Moncloa.

El gobierno acaba de publicar estas medidas en el BOE porque constituyen un requisito imprescindible para la Renta Universal (‘paguitas’) y así se aseguran que okupas, poblados gitanos trashumantes europeos e inmigrantes ilegales puedan solicitarla. Con estas medidas, los radical-podemitas podrán mover el voto a sus anchas de una provincia a otra, según convenga, aunque destrocen la economía, el derecho a la propiedad y la propia convivencia civil. Para los expertos, se trata de una ‘táctica chavista’ ya utilizada en la Venezuela hambrienta de Nicolás Maduro.

Se trata de una disposición aparecida en la Sec. I. Pág. 31.010 del BOE número 122, del sábado 2 de mayo de 2020, el cual divulga la Resolución de 29 de abril de 2020, del subsecretario del Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, Antonio J. Hidalgo López.

Así, Hidalgo López, bajo mandato de la vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de la Presidencia, Carmen Calvo Poyato, ordena la publicación en el BOE de la Resolución de 17 de febrero de 2020, de la Presidencia del Instituto Nacional de Estadística y de la Dirección General de Cooperación Autonómica y Local dictando instrucciones técnicas a los Ayuntamientos sobre la gestión del Padrón municipal.

El punto número 3 de esa resolución –página 31.010 del citado número 122 del BOE– está dedicado al caso que preocupa a los chavistas del Gobierno: “Casos especiales de empadronamiento”, en cuyo punto 3.3. se lee, textualmente:

“3.3 Empadronamiento en infraviviendas y de personas sin domicilio. Como se ha indicado anteriormente, el Padrón debe reflejar el domicilio donde realmente vive cada vecino del municipio y de la misma manera que la inscripción padronal es completamente independiente de las controversias jurídico-privadas sobre la titularidad de la vivienda, lo es también de las circunstancias físicas, higiénico-sanitarias o de otra índole que afecten al domicilio. En consecuencia, las infraviviendas (chabolas, caravanas, cuevas, etc. e incluso ausencia total de techo) pueden y deben figurar como domicilios válidos en el Padrón”.

En definitiva, que desde la Vicepresidencia Primera del Gobierno, den realidad, se está alentando a la ‘okupación’ de viviendas para que indocumentados de cualquier índole puedan registrarse en un padrón municipal, requisito imprescindible para cobrar la ‘paguita’ que le mantendrá electoralmente atado al gobierno de Pedro Sánchez-Pablo Iglesias.

Además, en los casos en que la ‘okupación’ no sea posible –a lo mejor por resistencia a ultranza del propietario real de la vivienda-, el Ministerio de la Presidencia posibilita otros ‘trucos’: hacerse una chabola –podría servir incluso el centro del madrileño Paseo de la Castellana- o aparcar una caravana –aunque sea tirada por mulas y frente al Palacio de la Moncloa-. Ello posibilitaría el empadronamiento y, por tanto, la ‘paguita’.

Añade la resolución chavista, refrendada por el Ministerio de Carmen Calvo, que:

“Las situaciones más extremas pueden plantear la duda sobre la procedencia o no de su constancia en el Padrón municipal. El criterio que debe presidir esta decisión viene determinado por la posibilidad o imposibilidad de dirigir al empadronado una comunicación al domicilio que figure en su inscripción. En el caso de que sea razonable esperar que esa comunicación llegue a conocimiento del destinatario, se le debe empadronar en esa dirección”.

Es decir, que Carmen Calvo y sus adláteres no dejan nada al azar, como puede leerse en el siguiente párrafo de ese mismo punto 3.3., en los que, si lo anterior no da resultado, se puede recurrir a la mentira y crear un ‘domicilio ficticio’, y todo ello de forma ‘legal’:

“La correcta aplicación de este criterio determina, por un lado, que se deba aceptar como domicilio cualquier dirección donde efectivamente vivan los vecinos, y, por otro, que pueda y deba recurrirse a un ‘domicilio ficticio’ en los supuestos en que una persona que carece de techo reside habitualmente en el municipio y sea conocida de los Servicios Sociales correspondientes”.

Para este supuesto, la resolución publicada en el BOE por orden del subsecretario de la Presidencia, Antonio J. Hidalgo López, dicta las condiciones que deberían cumplirse para este tipo de empadronamiento de vagabundos, que son las siguientes:

  • – Que los Servicios Sociales estén integrados en la estructura orgánica de alguna Administración Pública o bajo su coordinación y supervisión.
  • – Que los responsables de estos Servicios informen sobre la habitualidad de la residencia en el municipio del vecino que se pretende empadronar.
  • – Que los Servicios Sociales indiquen la dirección que debe figurar en la inscripción padronal y se comprometan a intentar la práctica de la notificación cuando se reciba en esa dirección una comunicación procedente de alguna Administración Pública.
  • – En estas condiciones, la dirección del empadronamiento será la que señalen los Servicios Sociales: la dirección del propio Servicio, la del Albergue municipal, la del punto geográfico concreto donde ese vecino suela pernoctar, etc.
  • – Evidentemente, para practicar este tipo de inscripción no es necesario garantizar que la notificación llegará a su destinatario, sino simplemente que es razonable esperar que en un plazo prudencial se le podrá hacer llegar (sic).

Ensayo de golpe de Estado: repasando a Lenin

Nada de lo que acontece lo es por casualidad. Todo está interrelacionado, de tal manera que tanto en la naturaleza como en las relaciones humanas es aplicable la tercera ley de Newton, la que contiene el principio de la acción y reacción: con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria. Vaya eso por delante para significar que todos los acontecimientos que ocurren en nuestro horizonte de sucesos están debidamente interconectados. En su caso, hasta un golpe de Estado.

La física y la sociología están relacionadas, y lo mismo sucede con la psicología, la filosofía y el conjunto de las ciencias sociales, pasando, desde luego, por la política y naturalmente por la economía. Al examinar la historia de la humanidad, al estudiar los episodios que han acontecido en la sociedad observamos la naturaleza lineal de los acontecimientos que dieron lugar al hecho analizado. En otras palabras: nada ocurre porque sí y todo está debidamente encadenado. Y eso vale incluso, por ejemplo, a la hora de concebir y aplicar un golpe de Estado, ya sea a lo leninista, a lo hitleriano, a lo mussoliniano, a lo franquista, a lo castrista o a lo bolivariano.

Algunos de nuestros políticos creen que los cambios profundos en la historia de las sociedades se han producido aprovechando momentos especialmente catastróficos de la humanidad. Y llevan razón. Por ejemplo, la Revolución Francesa, que se produjo cuando todo un país pasaba literalmente hambre en una situación extrema. Los agit-prop de la época supieron aprovechar tan excelentemente bien el escenario social como para agitar a las masas y hacerles perder la cabeza a Luis XVI y a María Antonieta. Esos mismos agentes activos de la agit-prop fueron los que propagaron una frase que nunca fue pronunciada por los labios de la decapitada reina, pero que sirvió para encolerizar a las turbas: “S’ils n’ont pas de pain, qu’ils mangent de la brioche” (“Si no tienen pan, que coman pasteles”).

Fue el ejemplo de que cómo una mentira, conveniente traída en las redes sociales de la época –en este caso, el boca a boca- sirve para hacer una revolución. Ahí se asentaron plenamente los principios de la agit-prop que algo más de un siglo después definiría con más exactitud el maestro de la agitación Vladímir Ilich Uliánov, alias Lenin, a cuya lectura invito. O si la obra les parece demasiado inmensa y pesada, léanse al menos el opúsculo “¿Qué hacer?”. Les resultará muy interesante.

Al igual que el gran filósofo alemán Hegel, Lenin creía que toda la dirección de una comunidad -englobando su multitud de asociaciones- tiene que concentrarse en un lugar, el estado o el partido, cuya regulación y dirección son prácticamente sinónimos de dictadura. Vaya ahí la primera idea. Lenin nunca pretendió contar con un partido popular que obtuviera sus fines mediante el apoyo de las masas en las urnas. Y todo tiene su explicación.

En 1850, Marx, el ídolo de Lenin, había creado el grito de la “Revolución permanente”, un concepto que otro marxista como Trotsky adoptó y desarrolló en 1906 y que fundó en lo sustancial la política que siguió Lenin en 1917, en relación con la revolución burguesa en Rusia. El concepto básico no era otro más que éste: un partido socialista –entonces socialista significaba comunista y no era, desde luego, la socialdemocracia que hemos vivido a lo largo del siglo XX- debe cooperar con los revolucionarios de clase media hasta que triunfe la revolución: entonces debe volverse contra sus aliados. ¿Les suena? Digámoslo de otra manera: si Pablo Iglesias es estalinista, debe cooperar con Pedro Sánchez –un burgués socialdemócrata, aunque radicalizado- hasta que en un momento social propicio pueda triunfar la revolución –en este caso, imitando a la bolivariana-, momento en el que Pablo le corta la cabeza a Pedro, por seguir con la analogía.

A Pablo (Iglesias) se le ha oído decir algo parecido a que la revolución es un imperativo moral, lo mismo que era para Lenin, y que la filosofía es una guía para la acción -como también lo era para Marx-. Así que lo cierto es que Pablo no ha inventado nada; ya lo hizo Lenin, quien combinó la más rígida ortodoxia marxista en la doctrina con una gran flexibilidad en la práctica. Lo mismo que ahora practica la podemía con respecto a unos sobrepasados socialdemócratas que dirigen el Partido Socialista y el gobierno de España.

Existen, desde luego, algunas diferencias entre el leninismo y el pablismo, pero nunca son de fondo, sino parte de la estrategia a medio o largo plazo para llegar al poder absoluto. Por ejemplo, los bolcheviques de Lenin consideraban que el centro del movimiento debía ser la conspiración clandestina y las actividades extralegales de esa clandestinidad. Un principio que aplica el pablismo a la perfección: por fuera, parece que Podemos sigue las reglas del juego político, pero, por dentro, el núcleo del partido está constituido por un grupo de revolucionarios profesionales dedicados a la revolución (sic), disciplinados y organizados, reducido, cuasi secreto y actuando como la vanguardia en los sindicatos, entre los trabajadores y entre los vecinos de un barrio, lo cual constituye un paso más. Aunque pueda parecer que a veces surgen voces discordantes dentro de la formación podemita –algo así como ‘radicales libres’-, hay que saber que todo está controlado y concertado.

Iglesias sí ha leído a Lenin, y ha aprovechado sin duda sus lecciones: ha creado lo que soñó Lenin para el partido comunista ruso: una élite inteligente e instruida, un grupo desprovisto de fuerza por sí mismo como partido, pero capaz de una fuerza infinita si puede encaminar el enorme impulso del descontento social y la acción de las masas. La fuerza en los dirigentes de Podemos se vio cuando consiguieron hacerse valer ante el descontento social, masivo, del 15-M. Así, pues, que Podemos pierda fuerza electoral en cada nuevos comicios es irrelevante si, por el contrario, conserva la fuerza social en la calle.

Por eso, Iglesias se ha preocupado mucho en parecerse al partido bolchevique soñado por Lenin, incluyendo las purgas internas para eliminar a los elementos ‘indeseables’: una élite cuidadosamente seleccionada y rígidamente disciplinada –de ahí la eliminación de ErrejónBescansa y muchos otros-.

En realidad, pese a sus éxitos electorales iniciales que le hicieron creer que llegaría al poder a través de las urnas, Podemos nunca fue planeado por Iglesias y su pareja, Irene Montero, para convertirse en organización de masas para ejercer su influencia a través del convencimiento y la atracción de votantes. El partido pretendía poseer una superioridad intelectual y moral; intelectual porque está compuesto por adeptos a las teorías de la ciencia única del partido, y moral porque sus miembros se dedican a la realización del destino de la clase social que pretende representar, que es también el destino de la sociedad y de la especie humana. El ideal es de dedicación absoluta, primero a la revolución y, después, a la construcción de la nueva sociedad cuyo camino fuera abierto por la revolución. Ni más ni menos.

Por eso no sorprende que Iglesias siga a rajatabla la idea de organización establecida por Lenin: el actual Podemos está planeado como una organización rígidamente centralizada, aunque parezca federal. Tiene una organización casi militar, sometiéndose sus filas a una estricta disciplina y reglas de obediencia y sus dirigentes a una cadena jerárquica de autoridad de la cima a la base. Permite la libertad de discusión entre sus miembros acerca de las cuestiones políticas aún no decididas por el partido, pero, una vez tomada la decisión, debe ser aceptada y seguida sin discusión. Es lo que Lenin llamó “centralismo democrático”, el gran ‘redescubrimiento’ de Iglesias. A Stalin, sucesor de Lenin, le vino muy bien el concepto, pero a Carrillo le vino muy mal. ¿Qué tal le saldrá a Iglesias? ¿Conseguirá cerrar la ecuación leninista y consumar un golpe de estado bolivariano? ¿Es el COVID-19 el virus que infectará nuestro sistema político? La respuesta, otro día.


Un estalinista desestabilizado

Éste es un país de chirigota. Machado lo definió en su ‘mañana efímero’ glosando esa España de ‘charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María’… o devota de Frascuelo y de Irene, que lo mismo da que da lo mismo. Y en ese país lechuzo y tarambana, sólo un estalinista con dejes bolivarianos, actuando nominalmente como vicepresidente segundo del Gobierno, es capaz de incumplir las normas del propio ejecutivo y saltarse la cuarentena de forma tan chulesca.

Nunca tuve a Pablo Iglesias por un gran estadista; sí lo tuve por lo que es: un  activista estalinista con nula preparación democrática que quiere llevar las conclusiones del opúsculo leninista “¿Qué hacer?” hasta sus últimas consecuencias. Nunca vi, tampoco, a Iglesias como un personaje coherente consigo mismo. No se puede hablar de la casta y hacerse casta de la noche a la mañana; no se puede desconfiar de los que tienen chalés en La Moraleja -o en otras zonas de superlujo residencial- y adquirir una auténtica dacha en una de las más exclusivas zonas residenciales de Madrid; no se puede… En fin, Ortega diría de él que Iglesias es, efectivamente, el personaje más ejemplarizante del ‘yo soy yo y mis circunstancias’.

Todo eso es conocido: la divagaciones políticas de Iglesias, su estalinismo en la concepción del partido y de la sociedad futura –centralismo democrático, liderazgo carismático, culto a la personalidad y auge con mando en plaza de los verdaderos profesionales de la agit-prop, entre otras cosas que incluyen hasta la manipulación informática-, sus contradicciones personales entre el obrerismo y el capitalismo individual… todo es conocido, pero nunca creí que le vería dando tan mal ejemplo a una sociedad que aparece sometida al riesgo de una pandemia.

La mujer de Iglesias, Irene Montero, con la que Iglesias comparte de forma natural casa y cama, está infectada por el coronavirus. El compartir hasta lecho origina que la otra parte, es decir, Iglesias, deba ponerse en cuarentena, y el gobierno al que ambos pertenecen ha exigido de forma colegiada –como no podía ser de otra manera- que la cuarentena se cumpla estrictamente en el domicilio particular. Así están obligados a hacerlo todos los españoles, que en caso contrario pueden incurrir en algún ilícito incluso penal.

Pero lo de Iglesias es ya chulería bolivariana: él es único y sin igual, es el líder carismático, el cerebro gris, la testosterona, el macho ibérico, la excepción que no confirma ninguna regla… es inmune a las leyes –incluso a las suyas propias- y alérgico a su cumplimiento, el cual exige a los demás ciudadanos del país. Con estupor, primero, y con auténtico rechazo, después, hemos visto a Iglesias en el Consejo de Ministros alegando que se ha saltado la cuarentena porque no le han puesto medios telemáticos y que si ha ido al Consejo ha sido con todas las precauciones sanitarias posibles. Sólo he visto esa cara de cemento en el convidado de piedra; es decir, en el comendador de Don Juan Tenorio, sólo que éste era una estatua, porque el original ya estaba muerto.

Ahora sabemos, sin embargo, por qué quería Iglesias contagiar al resto del gabinete: impedir que Pedro Sánchez adopte la decisión más lógica de todas en este estado de pandemia, que no es otra que poner al país, incluyendo la sanidad, bajo un solo mando, el del gobierno central. Una decisión que rebaten separatistas vascos y catalanes, lo socios de Iglesias en la España rupturista que lidera la amalgama Podemos. Y, ya de paso, meter mano en la sanidad privada, aunque ésta haya sido virtualmente requisada ya por el gobierno, con el fin de desestabilizarla y finiquitarla. ¿Acaso como en Venezuela?

Cada día está más claro: estamos en manos de un estalinista desestabilizado que lleva camino de descuartizar al país de 47 millones de personas: esa España cuyo nombre tanto trabajo le cuesta a Iglesias pronunciar.


Los policías acusan de ‘traidor’ a Marlaska por ceder ante los golpistas catalanes y planear cerrar la Jefatura Superior en Barcelona

“Señor ministros, o reacciona, se deja de paños calientes y medias tintas, defiende como se merece a Policía y Guardia Civil o habrá practicado usted un acto de traición hacia miles de hombres y mujeres que cada día se dejan la piel velando por la seguridad de los españoles y manteniendo la unidad territorial del Estado”. Así termina una carta que el secretario general de la Unión Federal de Policía (UFP), Víctor Duque, ha dirigido al ministro del Interior en funciones, el exjuez Fernando Grande-Marlaska, sobre la posibilidad de que el gobierno de Pedro Sánchez ceda antes los golpistas catalanes y cierre la Jefatura Superior de Policía de Cataluña en Barcelona.

La carta dirigida al ministro del Interior, a la que Off The Record ha tenido acceso, es durísima contra Grande-Marlaska, al que califican de todo menos de ‘bonito’, y supone una auténtica declaración de guerra policial si cede ante ERC, los podemitas de Ada Colau y Junts per Cat y retira a la policía de Barcelona. La UFP advierte además al ministro que ni se le ocurra pactar con los golpistas catalanes su exigencia de que cualquier colaboración entre Policía Nacional y Mossos d’Esquadra pase por la supresión de las pelotas de goma.

La carta recordando que se acaba de aprobar una moción en el Ayuntamiento de Barcelona, presentada por los concejales de ERC y secundada por el PSC, mediante la cual “se insta al Gobierno a que traslade de lugar la Jefatura Superior de Policía de Cataluña y se convierta el citado edificio en un centro memorial y documental sobre la represión franquista en Cataluña” (sic).

Recuerda seguidamente la UFP que la semana pasada se aprobó en el Parlamento de Cataluña una moción en la que se decía que “en las actuaciones y operativos de orden público, condicionar cualquier colaboración del Cuerpo de Mossos d´Escuadra con el Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil a que ambos Cuerpos no utilicen pelotas de goma en Cataluña, por supuesto también secundada por el Partido Socialista en Cataluña”.

Y se recrimina que ante este ataque frontal a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad “la única respuesta que hemos escuchado por su parte es que ‘de momento’ la Jefatura Superior de Policía no se traslada”.

Ahora bien, el hecho de que se hayan aprobado estas dos mociones, que hayan sido apoyadas por el Partido Socialista, que no se haya dicho un rotundo “NO” y se haya cambiado por un “de momento” en el caso de la primera y que no se haya anunciado un recurso de inconstitucionalidad a la segunda “nos hace pensar”, escribe el secretario general de la UFP, Víctor Duque, al ministro en funciones Grande-Marlaska, “que el Ministerio que usted dirige se ha plegado claramente a las peticiones y postulados de los independentistas”.

‘Nos repugna la actitud de cesión ante los separatistas’

“Sr. Ministro”, dice la misiva, “usted y su gobierno están en su derecho de ceder ante los separatistas, aunque a la mayoría nos repugne tal actitud, pero lo que usted no puede hacer es abandonar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, a policías y guardias civiles a su suerte, sin el más mínimo apoyo y al albur de lo que demanden los separatistas y quienes les apoyan en mociones como las mencionadas”, señala literalmente la carta.

En ese sentido, afirman en la UFP que los policías destinados en Cataluña y los desplazados para colaborar con los Mossos en el restablecimiento del orden público “están soportando malas condiciones de alojamiento, difícil descanso, estrés derivado de la situación en la que trabajan, una sociedad hostil y violenta, con medios materiales en muchos casos caducados”.

Pero, por si fuera poco, ahora, además, se prohíbe el uso de material antidisturbios, bajo amenaza legal de que los Mossos no nos prestarán apoyo o dejarán de existir la colaboración, tan necesaria, entre ambos Cuerpos y se conmina al Gobierno a que abandonemos nuestra sede policial.

“¿En qué ley, protocolo operativo, etc., está escrito que los policías tengan que soportar durante horas lanzamiento de todo tipo de objetos contundentes sin que se organice un dispositivo para dispersar y detener a los violentos?; ¿qué Estado y qué Gobierno permite que le “lapide” a los policías y que la respuesta de éstos sea meramente defensiva y arriesgando la vida de los agentes? (más de 300 heridos)”, preguntan de forma retórica a Marlaska.

Y añaden: “¿En qué ley se recoge que la Policía tenga que cambiar su sede por el capricho de quienes en vez de vernos como garantes de sus derechos nos consideran, cuando menos, sus enemigos?

Ante ese cúmulo de situaciones, y dado el nivel de la negociaciones y cesiones que Pedro Sánchez está llevando para seguir en Moncloa, la UF avisa: “Sr. Ministro, o reacciona, se deja de paños calientes y medias tintas, defiende como se merece a Policía y Guardia Civil o habrá practicado usted un acto de traición hacia miles de hombres y mujeres que cada día se dejan la piel velando por la seguridad de los españoles y manteniendo la unidad territorial del Estado. Nosotros se lo vamos a demandar permanentemente. De usted depende”.

Cuando derechona e izquierdona se ponen de acuerdo para censurar periodistas, medios y redes sociales

Era un tópico generalmente aceptado el que la derechona de todo tipo –nazi, fascista, franquista, reaccionaria, falangista, etc.- mantenía sus privilegios políticos, económicos y sociales, su dictadura en definitiva, gracias, entre otras cosas llamadas policía, jueces y ejército, a una férrea censura en los medios de comunicación y un cerrojo en la boca, o un cepo en las manos de los profesionales de la información.

También, claro está, se sabía que la derechona se mantenía por el aherrojamiento del conjunto de la sociedad: partidos, sindicatos u organizaciones o sociedades clandestinas que sólo podían expresarse a través de las muy castigadas vietnamitas; ya saben, esas multicopistas algo más elaboradas que las que utilizaba el vietcong en su lucha contra el yanqui y que proliferaron en la España dictatorial de los 60. Si la policía te descubría con una de ellas en tu casa, no sólo podía caerte la perpetua, sino que podías acabar volando por la ventana.

A los datos me remito, y también a varios de los libros que he publicado al respecto.

En su bonhomía y en su santurrona ingenuidad ideológica izquierdista, uno creía –el padre de ese uno perteneció a los creadores de Comisiones Obreras en Madrid, los cocos del régimen- que con la democracia se acabarían todos los males y desde la política hasta el periodismo, pasando por los sindicatos y las organizaciones económicas y sociales, se podría llevar a cabo una reforma tan profundamente social que nos elevara por las alamedas libres que conducen a un mundo mejor.

Uno sufrió el franquismo en toda su intensidad, aunque ahora no viene al caso recordar las diversas anécdotas; simplemente, reflejar aquella en la que un número de la Policía Armada le clavó a uno el cañón de su metralleta en el hueco de las costillas mientras le escupía con ojos de loco estas palabras: “Tengo los dedos flojos y este gatillo es muy delicado”. Uno creyó llegado su último momento; pero uno se mantuvo altivo, soportó el dolor en las costillas y aguantó estoicamente lo que parecía el final de sus días, hasta que llegó otro ‘Armada’ menos loco y le permitió marchar, siempre y cuando no se uniera a la manifestación convocada –ilegal, por supuesto- a la cual se dirigía.

Uno estudiaba periodismo en la Facultad, pero era entonces muy idealista y torpe y no comprendía que la falta de libertades, incluida la de expresión y la de información -que no sólo es un derecho, sino también un deber- son quimeras perseguidas y finalmente descabezadas desde la derechona hasta la izquierdona. Luego, estudiando Historia de la Teoría Política, uno comprendería que ya Lenin –mucho antes que Goebbels– había elaborado toda una teoría sobre el control de la sociedad a través de los medios de comunicación que cercenaba cualquier posibilidad de libertad de expresión. Stalin llevaría más tarde esos parámetros al éxtasis, borrando incluso de las fotos a los que antes fueron sus ‘socios’ y ahora eran sus enemigos –Trotsky, sin ir más lejos-.

Pero uno siguió erre que erre y, ya en democracia y como periodista ejerciente, se creyó el rey del mambo y sufrió de nuevo en sus carnes la censura, esta vez sociata: le cortaron la cabeza –casi literalmente- y le prohibieron, entre otras cosas, escribir sobre el referéndum de la OTAN.

  • – ¿Y eso? –preguntó uno en su ingenuidad.
  • – Ha habido una reunión de directores en Moncloa y han pedido que, siendo éste un tema de Estado, quitemos a los redactores que estén en contra de la permanencia, y tú te has significado mucho. Estás fuera del equipo –le dijeron a uno.
  • – Pues vaya tela –acertó uno a decir, acompañado de un escatológico pero improductivo “Y yo me cago en su puta madre”.

Luego, volvería a ser ya la derechona la que censurara a ese uno; por ejemplo, siendo coordinador de política en Interviú le cercenaron, entre otros, un artículo sobre “Fraga también tiene sus fondos reservados”; ya saben, era el momento en el que desde la derechona se lanzó aquella conspiración-conspiranoíca contra Felipe González –quien antes le había censurado a uno en eso de la OTAN- para derribarle del poder, y si acaso arrastrar, si era preciso, al actual rey emérito, del que ya decían que tenía un serrallo.

Vaya esta larguísima introducción para explicar lo que a uno le acaba de ocurrir en la red social de un grupo con experience. Con motivo de la condena del PSOE en Andalucía por la pieza principal del caso ERE –quedan otras más de 100 piezas judiciales por resolver y más de 500 imputados por condenar, o no-, se ha demostrado que el Partido Socialista es el segundo partido más corrupto de España, un punto por encima del PP y un punto por debajo de CDC –ya conocen: el partido de Pujol, de Mas, de Puigdemont, de Torra y de la burguesía corrupta, separatista, golpista y fascista catalana-.

No es una alegría que el PSOE haya resultado tan corrupto, ni que incluso dos de sus exministros y expresidentes, José Antonio Griñán Manuel Chaves, junto a la exministra y exvicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones Maleni Álvarez, hayan sido condenados, junto a otros, como antes fueron los de la Gürtel del PP. No es plato de buen gusto, pero dado que es noticia y de las gordas, este caso ha provocado gran número de comentarios en la citada red social con experiencia, donde se han recogido también los disparatados –pero divertidos- memes creados ad hoc vaya usted a saber por quién, aunque todos sabemos quiénes los crean.

Sin embargo, desde posiciones progresistas no solamente se ha guardado silencio en esa red, sino que se ha pedido autocensura, porque el tema, dicen, no interesa a nadie, salvo a la derechona, y que no es bueno para la democracia comparar estados de corrupción. Es decir, se ha hecho un llamamiento al silencio… desde la izquierda y en una red social. Tela, como uno dijo cuando lo de la OTAN.

En realidad, a uno no le sorprende la posición de estos progres, aunque sí que el silencio venga de quienes tienen un historial aún más antifranquista que el de uno. Pero uno se ha llevado una gran decepción. Se habían hechos dos grupos de debate: uno sólo para información del grupo y otro para debatir. La petición de silencio –educada, pero con efecto no menos que de martillo pilón- se ha realizado en el grupo de debate. Uno promete no volver a escribir en ese grupo –aunque con los dedos cruzados, por si acaso-.

Caso ERE: ¿El Partido Socialista nos roba?

El fallo de los ERE en Andalucía ha sido tan clamoroso que ha puesto en boca de muchos una frase que levanta pasiones: ‘El Partido Socialista nos roba’. Ahora ya sabemos que la corrupción político-económico-social es tan grave, está tan extendida en este abrumado país, que se necesita una catarsis política a niveles bíblicos para que el conjunto de la ciudadanía pueda sentirse nuevamente representada en las instituciones.

La sentencia de los ERE, que acabamos de conocer después de un larguísimo año de ‘deliberación’ por parte de unos tribunales sin duda presionados a máximos niveles, es sólo una parte importante, pero no única, de las 146 piezas abiertas por este caso de latrocinio a gran escala en Andalucía. Los dirigentes socialistas ahora condenados son sólo una parte mínima de los 507 dirigentes imputados en todas las macrocausas de los ERE.

La sentencia ha venido a poner de relieve varias cosas: primero, que el PSOE necesita una limpieza a fondo; es decir, la eliminación sin matices de tanto ladrón como se ha refugiado bajo esas siglas centenarias durante tantos años de transición política; segundo, que el Partido Socialista ha sido condenado por prácticas corruptas: ya lo mantuvo la fiscalía hasta el final como argumento, que los dirigentes socialistas montaron con los ERE un sistema opaco de subvenciones a empresas afines al PSOE.

En tercer lugar, la sentencia de los ERE pone de relieve, ya sin lugar a dudas, que el PSOE es el segundo partido supuestamente más corrupto en la historia contemporánea de España, después de la Convergencia Democrática de Cataluña de Jordi PujolArtur Mas y la burguesía corrupta catalana y su denunciado 3 por ciento de trinque en toda obra pública en aquella comunidad autónoma. Se calcula que la corrupción de CDC en Cataluña pudo alcanzar los 3.000 millones de euros; la del PSOE andaluz va ahora mismo por los 680 millones, sin contar lo prescrito.

En cuarto lugar, que dos presidentes del PSOE, José Antonio Griñán y Manuel Chaves, que relevaron a un hombre de tan extraordinaria limpieza como fue Ramón Rubial, hayan sido condenados por corruptos, junto a otros altos dirigentes socialistas, ensucia a toda la organización del PSOE y pide a gritos la dimisión inmediata, o cese fulminante, no sólo de la dirigente socialista andaluza Susana Díaz, sino del secretario general del PSOE y presidente del gobierno en funciones Pedro Sánchez.

Los voceras del PSOE, conformados en muchos casos por estómagos realmente agradecidos, han llegado a decir públicamente que la sentencia de los ERE no implica ningún problema político, porque ya los electores perdonaron a Susana Díaz en Andalucía cuando la votaron en las pasadas elecciones autonómicas y a Pedro Sánchez en dos elecciones generales este año. La desvergüenza no puede ser mayor: las elecciones se celebraron mucho antes de conocerse la sentencia, y aún mucho antes de conocerse la resolución de las otras 146 piezas que siguen pendientes, o como se dice en justicia, sub iudice.

La nueva-vieja crisis de ineptitud de los políticos

El 12 de marzo de 1921, tras el asesinato -tres días antes- del presidente del Consejo de Ministros, Eduardo Dato, juró en España un nuevo gobierno, de matiz también moderado, presidido por Manuel Allendesalazar. Este nuevo gobierno conservador tuvo que enfrentarse, entre otras muchas cosas, a la polémica levantada por el discurso del rey Alfonso XIII, pronunciado el 23 de mayo de 1921 en el Casino de la Amistad de Córdoba, ante los grandes propietarios de la provincia y las autoridades de la capital.

Al rey Alfonso XIII aún le quedaban dos años para decidirse a que el general Miguel Primo de Rivera tapara con su dictadura la corrupción política, militar y de la propia Corona ocurrida con los pertrechos militares españoles durante el desastre de la guerra de Melilla. Es decir, que España era entonces tan corrupta como lo había sido antes y como lo sería desde entonces hasta nuestros días -inclusive-.

Pero en aquel momento, tapando vergüenzas propias, el rey desnudó -acertadamente, a mi juicio- las vergüenzas ajenas, dejando en la miseria moral a gran parte de la clase política de aquel entonces, aunque sin tocar, claro está, a los militares.

En su discurso en Córdoba, el rey entró directamente en materia y habló de la ineptitud y de la incapacidad de los políticos de la época para lograr acuerdos que sacaran adelante a España -y a los españoles, que es lo que realmente importa-.

Ante los empresarios, el rey habló sin tapujos, no sólo de los ineptos políticos y militares que ya entonces nos gobernaban, sino también de las corruptelas que entre ellos se traían para sus espurios intereses.

No obstante lo atinado del fondo de la intervención del rey, es ciertamente curioso que fuera precisamente Alfonso XIII el que tocara con su dedo el punto sensible del politiqueo español de todos los tiempos, la corrupción, dado que el monarca no saldría luego muy bien parado de las conclusiones del Expediente Picasso, en relación a los hechos acontecidos en la Comandancia General de Melilla en julio y agosto de 1921: el llamado Desastre de Annual y el abandono de las posiciones españolas. Y aún saldría mucho menos bien librado de los resultados posteriores de la conocida como comisión “de los 19” o Comisión Berenguer.

Pero, en fin, no obstante lo dicho, transcribo el texto de la conferencia del rey, que casi, casi, nos lo podríamos aplicar hoy a nosotros mismos. O más, bien, a nuestros ilustrados y nunca letrados políticos.

“El rey -dijo Alfonso XIII- no puede hacer más sino firmar proyectos que vayan al Parlamento. Pero es muy duro, señores, que no pueda prosperar lo que interesa a todos por maquinaciones y mezquindades políticas y ocurren casos tristes de esta naturaleza. Presenta un proyecto mi Gobierno, lo combaten y se hace una crisis y, como consecuencia, cae el Gobierno. Se forma uno nuevo y tampoco puede sacar nada adelante porque los mismos que cayeron se convierten entonces en oposición de su propio proyecto. Porque ¡cómo habían de ayudar a aquellos mismos que le habían matado!

“Algunos dirán que me estoy saliendo de mis deberes constitucionales, pero llevo diecinueve años de Rey constitucional y me he jugado la vida muchas veces para que me vengan ahora a coger en una falta constitucional. Yo creo que las provincias deben comenzar un movimiento de apoyo a vuestro Rey y a los proyectos beneficiosos, y entonces el Parlamento se acordará de que es mandatario del pueblo, pues no otra cosa significa el voto que le dais en las urnas. Entonces la firma del Rey será una ejecutoria y una garantía de que harán proyectos beneficiosos para España”.

¿Les recuerda a algo? Obvien eso de que “las provincias deben comenzar un movimiento de apoyo a vuestro Rey” y quédense con el resto. Porque esto se decía ya en 1921. Hace cien años. Tiene bemoles la cosa.

Publicado en OFF THE RECORD