Levantar piedras y correr fascistas: todo a lo vasco

El Valor de la Experiencia

Levantar piedras y correr fascistas: todo a lo vasco

A ver: ahora, no te matan. Es una ventaja democrática, hay que reconocerlo. Lo que se dice hablar, hablar, ya depende. Si lo que dices molesta a la peña nacional, nacional. te puede caer una pedrada, la paliza de una muchachada o cosas parecidas.

No creerán mis estimados lectores y lectoras, que me conocen de antaño, que ando defendiendo a VOX. Aunque, siendo como soy, también entenderán que, como antaño, defienda el derecho de cualquier mentecato a decir lo que piensa, más en una campaña electoral.

No le voy a quitar importancia. La irrupción institucional de VOX ha supuesto, como ya he dicho aquí más de una vez, una afrenta a lo que llevamos décadas empujando: un régimen progresivo de libertades, igualdad y democracia.

No es buena noticia ni para conservadores ni para liberales ni para la izquierda: en la política de la ira solo medran los airados.

Pero antes de ponerme a seguir a todos y todas las nuevas «pasionarias» encabezadas, en su momento, por Susana Díaz y continuadas ahora por los de Bildu, que homenajean con semanal frecuencia a aquellos viejos y alegres muchachos de gatillo fácil, ahora defensores de los derechos humanos, permítanme un segundo de reflexión.

Mientras buscamos fascistas y resistimos, mientras ensayamos el «no pasarán» tirando piedras, quizá conviniera reconstruir, en primer lugar, las bases de izquierda que hicieron posible el estado del bienestar, incluyendo pactos sociales bastante notables.

Naturalmente, para que eso sea posible conviene dos cosas: que los que se dicen de izquierda no acusen a los apedreados de falsear noticias a golpe de «kétchup», como ha hecho el Echenique, cada día más sembrado.

La presencia de VOX nos abofetea donde más duele: en el discurso que nos permite soñar con nuestras libertades. Nos hace saber que no debiéramos dar por hecho los valores democráticos y ponernos a jugar a cambios que solo nos enfeudan en la ira.

Sin embargo, parece que como ocurriera en Andalucía con el camino iniciado por la vocera de todo el antifascismo patrio, la señora Díaz, en nombre del antifascismo le hacemos la campaña gratis a los de VOX,

A ver si me entienden; si un Señor que se llama Smith va a Galicia a decir que Castelao era un nazi, lo más probable – además de ser un absoluto ignorante- es que los votos que saque oscilen entre cero y ninguno. Darle valor y regalarle el escenario solo favorece a apedreadores y apedreados.

Convendría que la izquierda supiera, también, lo que se sabe en toda Europa y en España: hay alguna razón que convendría investigar y entender por la que a la extrema derecha la frenan las derechas.

Son Feijoo y Urkullu, dicho de otro modo, las fortalezas del PP y del PNV, los que van a dejar fuera de los parlamentos a los extremistas reaccionarios, la derechita defendida por Ertzainas.

Los electorados que apoyan a las derechas, sea el PP o el PNV, no son antinacionalistas, forman parte del diálogo que constituyó nuestro estado moderno. No tiene problemas en pactar con el PNV, por un poner.

No sé si Carlos Iturgaiz ha caído en el asunto, pero desde luego no lo han hecho ni Abascal ni Ciudadanos, por lo que no se comerán un colín, que cuando uno se pone profeta, se pone.

Lo cierto es que el cronista viene a desconfiar de los antifascistas que levantan piedras con tanto garbo que hasta dan miedo.

Antes de seguir la llamada a la resistencia de estos levantadores de piedras y agentes similares, permítanme que me dedique a reflexionar sobre dónde estamos, con el único objeto de resistir mejor, que es lo que la izquierda debería hacer.

Pero parece que estamos a otra cosa: por ejemplo, a ver si pillamos un gobierno que quite a Urkullu, apedreadores incluidos, o a ver si convencemos a los gallegos de que el fascista es Feijoo. Puro antifascismo inteligente, sospecho.

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