La moción de autocensura

POR JOSÉ MARÍA TRIPER.-

Sobre la moción de censura del miércoles 21 de octubre.-

Decía el que fuera mítico entrenador del Atlético de Madrid y seleccionador nacional, Luis Aragonés, que las finales no se juegan, se ganan. Y siguiendo este principio en el Partido Popular aprendieron tras el fiasco de Hernández Mancha contra Felipe González, que las mociones de censura sólo se presentan para ganarlasDe lo contrario sólo sirven para reforzar la imagen del censurado y consolidar al gobierno que se pretende destronar.

Y ese es el resultado, cantado de antemano, que va a conseguir la moción de VOX, que más de censura va a ser de autocensura y a mayor gloria de un Pedro Sánchez, que una vez más aprovechará para presentarse como el paladín de la lucha contra la ultraderecha y para beneficiarse de la división del centroderecha al que apabullará, sólo o en compañía de otros, con sus falsas y demagógicas acusaciones de radicalización, insolidaridad y falta de sentido del Estado, haciendo bueno ese proverbio popular de «dime de qué presumes y te diré de qué careces».

Las mociones se presentan para ganarlas. De lo contrario sólo sirven para reforzar la imagen del censurado y consolidar al gobierno que se pretende destronar

Utilizando como argumentos la realidad de una pésima gestión sanitaria y económica y el asalto a las instituciones del Estado que intenta perpetrar el gobierno socialcomunista para acabar con el sistema del 78, las libertades y el Estado de Derecho, VOX pretende utilizar el eco mediático de la moción de censura para darse un baño de propaganda y poner evidencia al Partido Popular de Pablo Casado, que puede ser el gran perdedor de la iniciativa parlamentaria de un partido, el de Abascal, que calificándose de constitucionalista y de derechas se está convirtiendo en el principal aliado de Sánchez para perpetuarse en el poder.

De hecho la primera consecuencia que ha tenido ya el envite es abrir un debate interno entre la dirección y los barones populares sobre la conveniencia de decantarse por el «no» o por la abstención, a sabiendas que con el voto negativo se arriesgan a ser presentados ante la opinión pública como avalistas de las políticas de Sánchez, mientras que la abstención les condena a que el jefe del Gobierno y sus «Frankestein», les vuelvan a incluir torticeramente en la liga del radicalismo ultramontano.

Una disyuntiva que coloca a Casado ante el dilema de tener que hacer un discurso más moderado en las formas, pero tan duro o más en el fondo que el de VOX para luego abstenerse o votar no. Contradicción que nada favorece y que en los últimos días ha llevado a la dirección popular a plantear la posibilidad de que no sea Casado, sino la portavoz, Cuca Gamarra, la que de la cara en el debate. Remedio este que podría ser peor aún que la misma enfermedad.

Vox debe dejarse de bravuconadas y buscar la reunificación del centroderecha

Nadie desde la imparcialidad y el buen sentido puede negar que Sánchez y su Gobierno merecen no sólo la censura, sino la investigación judicial por su gestión de la pandemia como está ocurriendo en Francia que, una vez más, nos da ejemplo de lo que es la democracia y el Estado de Derecho. Pero, cuando los números no cuadran, si de verdad Abascal y VOX quieren ser útiles a España, defender las libertades y la democracia y expulsar a Sánchez de Moncloa, deberían dejarse de bravuconadas estériles y fuegos de artificios para buscar la necesaria reunificación del centroderecha con el PP y lo que queda del agonizante Ciudadanos para ofrecer una alternativa seria, creíble y eficaz, que es lo que esperan la mayoría de los ciudadanos y el principal temor de Pedro Sánchez.

Mientras eso no ocurra o no lo entiendan, y por obra y gracia de la aplicación electoral de la Ley D’Hondt, tenemos Sánchez para rato y VOX seguirá siendo, posiblemente sin querer, el caballo de Troya del sanchismo en la oposición constitucionalista.

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