La economía del distanciamiento social

El Valor de la Experiencia

La economía del distanciamiento social

a economía del distanciamiento social es una economía de crisis, austeridad y generosidad. Nos piden que nos alejemos unos de otros, y tienen razón. Pero escuchen bien: nos piden que nos alejemos, no que nos convirtamos en extraños.

Lo primero que desaparece en la economía del distanciamiento es la solidaridad. Si no nos reconocemos, no nos queremos. Solo se ama lo que se conoce.

Por eso se produce la individualista pasión acaparadora, aparece el alto número de imbéciles que  confunden pandemia con «Pa Denia». Cosas propias no solo del pánico sino del egoísmo y la ineficacia. Lo del papel higiénico no tiene explicación: pudiendo usar algún periódico que yo me sé…

Algunas cosas deben saberse, y no me refiero a las medidas de salud que corresponden a los expertos (no incluyo aquí a las tertulias). Sepan que en Italia no puede empezar el apocalipsis. Los italianos han sobrevivido a los fascistas y a la democracia cristiana, a la mafia y al papado, a Andreotti y a Albano. ¿De verdad creen que un virus podrá con ellos?

Hay quien le sorprende la disciplina de la gente en Italia. Y acabará pasando en España en cuanto un par guardias civiles se pasen por las terrazas de los bares, las playas, los parques y las segundas viviendas. Hay cosas que hay que encargárselas a quien sabe.

De lo que se deduce que el problema no son los pueblos sino sus gobiernos. Cierto que sabemos que, en economía, los incentivos funcionan. Sin embargo,  el hecho de que el primer suministrador de porno italiano en streaming haya concedido sus paginas premium gratis no deberíamos considerarlo como tal. 

Nosotros quizá debamos escuchar música, ver cine, jugar algún videojuego; es más elegante y menos grosero. Si quiere invertir, abandone la vieja bolsa, analógica, con bancos sobrevalorados y petroleras en transición ecológica, compre acciones de Netflix o videojuegos, esos son los nuevos negocios.

Hay que recordar, hablando de economía, que Florencia no desapareció por la peste, sino porque un cura enloquecido, populista antes de que hubiera populistas, arruinó el comercio a futuro, al declarar enemigo a todo extraño.

Que un presidente como Trump declare extranjero al coronavirus no solo es una sandez populista, tipo la tierra es plana, es un xenófobo disparo en su propio pie.

También es de primero de apocalipsis: no; el hundimiento de las bolsas no produce el fin del mundo. La riqueza financiera, el capital, es una parte mínima de los pasivos de las empresas y las familias, sólo quienes tengan grades planes de pensiones o grandes patrimonios se ven afectados. Ha bastado prohibir la especulación una mañana (las operaciones a corto) para que el Ibex se recuperara. luego el estado de alarma paró la recuperación.

Las compañías aéreas ya iban de mal en peor y los bancos llevan años perdiendo valor, cosa que alguna banquera, y no quiero mirar a nadie, está aprovechando para comprar acciones de su propio banco tiraditas de precio. El Banco Central los mantendrá a flote, herencia del gran Draghi.

El 81% de la recuperación de la riqueza de las familias españolas tras la crisis se debe a la revalorización de su patrimonio inmobiliario. En cambio, la riqueza financiera, derivada de los ahorros puestos en depósitos, fondos de inversión, planes de pensiones y acciones en Bolsa ha mejorado poco.

Tampoco es que los gobiernos europeos se estén saliendo ¿Sabe usted? El señor Sánchez, a parte de una moratoria fiscal, cosa que le irá bien a las grandes declaraciones, pero poco a autónomos y micropymes, ha dejado 400 millones de créditos del ICO. Dinero que gestionarán los bancos privados, vía el crédito preconcedido, y que pondrá el Banco Central europeo. Por cierto, tampoco pone Sánchez dinero para la sanidad, es que adelanta los pagos a cuenta.

Para que me entiendan, si fuera por las medidas de los gobiernos europeos, incluido el nuestro, tendríamos que aplazar el apocalipsis por falta de trompeteros.

El distanciamiento social destroza el comercio, el intercambio, el viaje, la cohesión. Es un tiempo muerto. Requiere caja, tesorería y solidaridad, por cierto, cuidado con los lugares comunes habituales que, en estos momentos, no suelen ser eficaces: si; los subsidios son mejores que los controles de precios, a efectos de igualdad..

Mover el tipo de interés no sirve para nada, la moratoria fiscal, debería ser seguida por la moratoria de cuotas a seguridad social, de fondos fáciles del banco para evitar la morosidad, tan contagiosa como el virus.

La economía del distanciamiento social exige déficit público, no hay más remedio. Pero no se inquieten, a nadie le preocupa la deuda ahora mismo ni el déficit. Ni a los nórdicos, aunque postureen. 

Hay una ventaja, es de primero de apocalipsis también: los ilustres se convertirán en zombies a la misma velocidad que los humildes. Excepto, naturalmente, los banqueros que han escondido en Las Rozas a sus huestes más selectas. Puestos a poner distancia, que sea una distancia pija, faltaría más.

La continuidad operativa no exige la selección, digan lo que digan. Para que me entiendan, el mundo se acabará pero siempre habrá un banquero. Eso sí; no podrán prestarle dinero a nadie, pero cabe imaginar que se reproducirán pequeños banqueros y banqueras.

Quiero recordarles que, aunque no lo crean, la historia también existe allí donde nadie mira. En ese rincón oculto de su barrio, en esos lugares que no importan, en algún continente de esos que no temen al coronavirus porque llevan años muriéndose de casi todo, en esos sitos, también se sufre

Por último, recuerden aquel tipo que va al siquiatra y le dice: «Doctor, mi hermano está loco. Cree que es una gallina». Y el doctor responde: » ¿por qué no lo mete en un manicomio?»  El tipo contesta: ‘Lo haría, pero… ¡necesito los huevos!'».

Sonría, pues, a su vecino y a su vecina, recuérdenlos cada día, mándeles un guasap o salude por la ventana, aunque sea a gritos cual verdulero. Ofrézcase, incluso, a compartir papel higiénico.

Algún día, más pronto que tarde, las guitarras volverán a encontrarse con las botellas de anís; más temprano que tarde, caminaremos de nuevo por las alamedas para tocarnos, besarnos y acometer el pequeño asunto de seguir siendo felices.

Buen día, buena suerte, el cronista necesita sus huevos.

(Crónica ClickradioTV. 13 de Marzo de 2020)

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