Juan Berga: «España castiga a los estrategas e impone silencio, pero la izquierda gana, naturalmente»

El Valor de la Experiencia

Juan Berga: «España castiga a los estrategas e impone silencio, pero la izquierda gana, naturalmente»

¿Oyen el silencio? Es la sede de Ciudadanos. ¿Oyen el rumor? Es el despacho de Ivan Redondo, guardando papeles por si acaso. No; no es que nos guste el fracaso de los muy listos; es que está bien que se castigue a quién nos ha hecho daño.

Los estrategas han desplazado a las direcciones partidarias, eliminando los contrapesos que impedían las tontadas ególatras. Los estrategas de cabecera han sustituido a los directivos políticos por asesorías bien pagadas.

Los estrategas, grande camarada Tezanos, grande, han negado los números y las reflexiones de expertos, contribuyendo al desprecio a la verdad. Los estrategas han recomendado el silencio ante la mentira, porque los extremistas eran problema de otros. Por tercera vez, las campañas de miedo han fracasado. 

En España mucha gente tiene más miedo a los afamados estrategas y se queda en casa. Tranquilidad, los estrategas ya han empezado a construir su relato. La culpa es de la abstención y del trifachito. Pues nada: que los que no van a votar son culpables y los que no quisieron gobernar listísimos de la muerte.

En abril, la ciudadanía se dio un respiro de centro: PSOE, PP y Ciudadanos, podían aislar, en distintas formas, a los radicalismos de diverso signo. Rivera decidió pensar en ser líder de la derecha en lugar de liderar el cambio junto a un PSOE que, por su parte, decidió jugar a repetir elecciones. Construyeron relatos imposibles a los que, con alegría, se sumó Iglesias.

El narcisismo político y los cuentos de los estrategas han construido la autovía por la que el nacionalpopulismo ha corrido, capitalizando los problemas políticos crecidos al hilo de la ausencia de gobierno: singularmente Cataluña.

Pero dejarlo en la cuestión nacional sería un error. Existe, también, la sospecha creciente de la desaceleración, la irritación de la España vaciada, el desconcierto de la inmigración en un contexto de desigualdad (hasta trescientos mil votantes de izquierda han podido pasarse a Abascal) y gestos electoralistas estratégicos de la izquierda que movilizan más a extraños que a propios.

En el camino, dos millones de ciudadanos y ciudadanas han abandonado el campo. En grueso, un millón han sido votantes de Rivera (Vox y PP se llevan un millón y medio de los dos y medio que pierde Ciudadanos) y otro millón de abstención se lo han debido repartir socialistas y Podemos; entre ambos, pierden un millón doscientos mil votos, de los que Errejón solo se lleva 326 mil .Otro voto útil de un estratega de narices, invento para doblegar a Iglesias.

O sea, que sí; que había castigo para la izquierda. Ahítos de paseos por el jardín de los egos, se nos ha condenado a ofrecerle al nacionalpopulismo una plataforma mas que notable para proponer su agenda política.

Ahora, podemos ilegalizar el franquismo que queda, pero la agenda de la unidad nacional, de la seguridad, la ira de los hijos de la clase media, tiene una inestimable plataforma, incluida la constitucional.

Los nacionalpopulistas han sumado apoyos que, eso sí, no se hubieran se hubieran traducido en tantos escaños si un pedazo de electorado de dos millones no hubiera desaparecido, a causa del fracaso de los relatos de los grandes estrategas.

No le quitemos importancia. La notable presencia institucional de VOX supone una afrenta a lo que llevamos décadas empujando: un régimen progresivo de libertades, igualdad y democracia. No es buena noticia ni para conservadores ni para liberales ni para la izquierda; en la política de la ira solo medran los airados.

Los españoles han castigado a los estratega más listos y han impuesto el silencio a los constitucionalistas, permitiendo que los más ruidosos  crezcan.

Que los estrategas no tomen el timón: la cuestión no es si Vox es un problema de la derecha. Vox es contaminante, es un problema de todas las fuerzas políticas y, de toda la ciudadanía democrática.

Sí; aunque no guste reconocerlo, el ascenso nacionalpopulista está vinculado en su voto local a la inmigración – Algeciras, pueblos y barrios de Madrid, Murcia, etcétera-. Y está vinculado, en lo político a Cataluña. Si la izquierda insiste en que ese es un problema de la derecha, e ignora las raíces de este otoño de descontento se equivocará de nuevo.

España ha castigado a los estrategas e impuesto el silencio. Pero la izquierda ha ganado, naturalmente.

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