Juan Berga: Alberto no podrá ser Varoufakis

El Valor de la Experiencia

Juan Berga: Alberto no podrá ser Varoufakis

Ayer, Alberto Garzón declaró que estaba dispuesto a compartir gobierno con la Sra. Calviño. Podría parecer presuntuoso, soberbio o incluso algo machista el alegato, considerando el curriculum de Calviño y el del muchacho.

La cuestión es: ¿Debería preocuparnos la apostura con que el joven se dirige sacrificadamente al sillón, para salvarnos de las élites? No cabe minusvalorar la importancia del gobierno para la economía. Los gobiernos influyen, hacen discursos con efectos sobre los gastos de las familias y las empresas, adoptan decisiones y deben planear reformas estructurales.

Pero no es menos cierto que el capitalismo moderno, cada día más extenuado por la desigualdad y por los populismos comerciales e industriales por cierto, esta notablemente regulado y lo estará más en el futuro, especialmente en un contexto de Unión Monetaria.

Puedo decirle que la frase que los futuros ministros repetirán más será «Calviño no me deja» y, su vicepresidente, el de la izquierda de verdad verdadera, obligado a más sesudas reflexiones dirá que «Calviño se ha aliado con las élites de Bruselas». Entre los socialistas, Bruselas y los distintos grupos de presión, han empezado los llamados blindajes.

Es cierto que la bolsa reaccionó mal al acuerdo, pero ayer el Ibex ya volvió a los 9 300 puntos en los que más o menos estaba cuando las elecciones. Los inversores son así, en seguida se les pasa lo de pensar en Iglesias, fíjese usted: venden hoy, para comprar mañana lo que tenían, pero más barato. Eso sí, hay valores más sensibles al acuerdo. Sin duda, el primero es la Banca. Ya les tengo dicho que tener un banco es tontería, solo da disgustos.

Lo que se proponía en los presupuestos aprobados por PSOE y Podemos, base del futuro gobierno cabe creer, era un incremento del impuesto de Sociedades a las grandes empresas y un impuesto a la banca, más una tasa a las transacciones financieras y una tasa tecnológica.

Hay que decir que para cobrar esos impuestos hacen falta leyes que ahora no existen y que la tasa financiera junto a la tasa Google son cosas europeas. Es decir que, a corto plazo, no habrá nuevos impuestos ni a la banca ni financieros.

Lo de parar la privatización de Bankia, más que cosa de Podemos, es cosa del mercado: nadie quiere un banco que ha perdido, desde que inició el año, un 38,3% de su valor. Lo de construir, dadas las circunstancias, un gran banco público con ese material va a ser que tampoco.

Los sindicatos le han dicho al gobierno que sí, que ellos son de izquierda, izquierda, hasta del gobierno progresista y alguno a favor de referéndum y todo, que no se preocupen. Eso sí, también, que no quieren negociar mucho con Podemos.

Así que la Seguridad Social queda fuera de las manos del Ministerio de Trabajo, uno de los que se sortea. El propio PSOE ha ido cerrando pasos en aspectos relevantes de la derogación de la reforma laboral.

Se va a separar Universidades de Ciencia. En Ciencia, que se queda en manos del PSOE, está la pasta que se distribuye en subvenciones y préstamos. Las Universidades son autónomas y las gestionan las Comunidades Autónomas.

La transición energética es cosa fetén y muy apetecible, pero distintos blindajes se han puesto en marcha. La retribución a las eléctricas ha sido aprobada; el gobierno, sin esperar a Podemos, ya ha acordado cuanto les pagará a las renovables y, sin permiso de Iglesias, la Unión Europea ya ha dicho que el carbón se cierra o se cierra, y el dinero que pone también.

Todavía hay mucho gasto y medidas sociales me dirán Ustedes. Bueno, pero ya les alerto de que el gasto territorial -modificación de la financiación autonómica, que incluye los recursos sanitarios-, y el Pacto de Toledo anegarán todo.

Son pocos los márgenes, en forma de deuda y déficit público, que las prórrogas presupuestarias y la paralización económica han dejado en una recaudación para la que no deben esperar grandes alegrías tributarias, a corto plazo.

Además, los de Bruselas se han puesto a escribir cartas. Todas las mañanas le dice la Comisión a la ministra: «Querida Nadia espero que al recibo de la presente ten encuentres bien», las formas son importantes en la literatura epistolar, y luego le riñe.

En primer lugar, le han dicho al gobierno, que todo lo que recaude es para deuda. En segundo, que el ahorro en intereses de los próximos cuatro años, que serán 20 mil millones, grande supermario Dragui, no se pueden aplicar a gasto público – fíjense que es la cantidad que destinamos a inversión todas las administraciones-. Tercero, que el único gasto que quiere que se aclare es el de las pensiones.

En fin, que allí donde no llega la maldad de Calviño, llegará la mano de Bruselas. No habrá políticas de austeridad, ni riesgo de país, pasaron esos días. Pero tampoco hay espacio para que Alberto haga de Varoufakis.

La economía se desacelerará y el empleo será una prioridad, especialmente si se mantiene la tendencia histórica a no crearlo por debajo del 2% de crecimiento, cifra que habrá que ver si se contrasta en el nuevo marco laboral. Necesitaremos gasto de familias y empresas, así que quizá aumentemos salarios y relajemos condiciones de crédito, pero poco más.

Para los que creen en riesgos del acuerdo entre Sánchez e Iglesias, cabe decir que el riesgo no es Garzón ni el programa económico de Podemos. «Tendremos que ceder mucho», escribió Iglesias a los suyos, mientras se ponía a buscar quién les acompaña a los sillones. Es el problema de equivocarse de tiempo político: que te cambian la agenda.

El riesgo de crisis y la incertidumbre está en otro sitio más político. Fins i tot, ho deixo escrit el poeta català Martí i pol: «cal viure sense el temor d´un bufaret que tot ho desgavelli». Lo dejo escrito el poeta catalán Martí i Pol: «hay que vivir sin el temor a vientos que todo lo descabellen.

No pasen miedo y sean felices.

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