Madrid, España. Edita: The Experience Club. Producción: Carlos Matías
(+34) 696 992 922
carlos.matias@experienceclubpress.es

Juan Berga

El Valor de la Experiencia

Desde mi caverna, día 16: la desconexión de Simón

Fernando Simón se ha contagiado. Le deseo, como a todas y todos los infectados, lo mejor y la más rápida recuperación. La cara de nuestro trabajo frente a la pandemia ha caído. Joder, eso no pasa en las películas de virus: la vida nunca es como en el cine.

En realidad, Simón había desconectado hace días. Probablemente desde el inicio de la alarma y nuestro confinamiento. Quizá hubiera sentido ya la frustración que nos produjo saber que su rotundidad y su claridad no se sostenían, siempre, en datos. 

Quizá, al final, las medidas que un día eran innecesarias y al siguiente buenísimas le pudieron. A lo mejor, el debate algo airado en la profesión, irresponsables manifiestos por medio, le hacía daño.

También es cierto que el blindaje mediático a que le ha sometido el comisario de de prensa y propaganda de La Moncloa, filtrando preguntas y comentarios, corrigiendo para que nadie se salga del relato, cortando la relación directa con los periodistas, le ha impedido hacer lo que mejor hacía: explicarse.

No es menos verdad que la impericia de los gestores le ha convertido en el ejemplo de lo que no se hace en comunicación de crisis: comunicar lo negativo (contagios y fallecimientos), al tiempo que se fracasa en los paliativos, que por cierto, no dependían de él, sino de un Gobierno que se rodeó de un equipo científico ajeno a la estructura institucional, y con alguno que minimizó el virus.

El corolario del episodio de los tests chinos, por nadie explicado, la falta de medios disponibles para los que se encuentran trabajando en la ola de la pandemia, un Ministerio de Sanidad que decidió centralizar, una década después de haber abandonado el mercado sanitario, han ido minando su fuerza de convicción y, por tanto, nuestra confianza.

Él debe abandonar el campo herido por el virus. Nunca sabremos, o quizá sí, los secretos de aquella primera semana de marzo, la primera banalización que los analistas, periodistas y ciudadanías aceptamos, entre otras cosas, gracias a la seguridad que Simón nos transmitía.

Los cuidadores corren. Los que se enfrentan a la pandemia sin medios o los que han podido prepararse relativamente están al aire todo el tiempo. Todo el mundo protesta, mientras los demás esperamos el «pico», que dicho así suena fatal.

Estamos sobreinformados de la progresión de la epidemia, recibimos mensajes de guasap que nos hablan de tasas, de emergencias, camas, turnos, UCIs. De vez en cuando, nos atrapa el tweet o el mensaje, imposible de confirmar, retransmitido por enfermeras que nos avisan de que, en esa primera línea, empieza a contagiarse mucha gente y el agotamiento emocional empieza a cambiarse en cabreo.

Estamos confinados; estamos confinadas; el tiempo pasa con lentitud infinita. Y el portavoz políticamente autónomo ha desaparecido. Salen los soldados a hacer de portavoces, pero en realidad, aunque al comisario de prensa y propaganda de La Moncloa le gustaría, esto ya no es el «Ministerio de la Verdad»: cada vez se parece más a «La balsa de la Medusa».

Hay algo que Simón, probablemente, descubrió cuando se puso en modo desconexión: en el mundo real, las palabras tienen consecuencias. No es casualidad el lenguaje bélico que los soldados han prestado al gobierno: la guerra exime de responsabilidades.

Aunque quizá ya sea cierto. Ya no necesitamos a Simón, solo vigilantes del «pico». Porque a golpe de sustos, a pesar de que hay mucha tontería en marcha, la verdad es una: tenemos que quedarnos en casa.

Mientras mi nieto ve la «Dama y el vagabundo», al fin algo que entiendo y con héroes a mi medida, mientras mis nietas juegan con sus padres semiagotados, me mandan su mensaje diario: «Abu, todo saldrá bien». Y yo les creo y se lo cuento a Ustedes, a Fernando Simón y a los que están pasando un mal rato. Ánimo.


Desde mi caverna, día 15: todavía somos europeos, creo

Toda la Unión Europea esta asolada por la pandemia. Ya son muchas muertes, Italia vence y España sigue detrás, pero compitiendo bien, como siempre. La vida ha sido suspendida y la economía, prácticamente.

El mundo anda parecido. Ustedes pueden pensar en Bolsonaro el negacionista, en Trump el frívolo o en Johnson el lento. El problema es muy grande para mentes tan pequeñas. Se supone que en Europa nos guiamos por expertos, sea científicos o económicos y, sobre todo, que compartimos espacio social y político

Las consecuencias apuntan a duras; aunque como ya les he dicho alguna vez, no hay modelo que prediga lo que va a pasar. En Francia, donde no han cerrado del todo, la producción ya se ha reducido una tercera parte. De Italia y España ni hablamos.

Alemania quiere la rectitud fiscal para los demás, pero ha abandonado la suya. Se supone que todos estamos en lo «que sea necesario». Se han cerrado las fronteras y nadie pregunta por las normas fiscales o empresariales comunes, santísimas hasta hace dos días.

El Banco Central Europeo, Madame Lagarde ha acabado siguiendo la senda de Draghi, se ha lanzado a comprar cualquier activo o deuda que se le ponga delante, sin límite alguno, para inundar Europa de dinero barato. Por cierto, tanto hablar mal de los banqueros centrales y han sido más rápidos que los políticos.

La Unión Europea nació en una gran crisis: década de los cincuenta, tras la guerra y en plan dinero americano para unos cuantos – a España no llegó nada hasta que pusimos las bases-. El coronavirus este es de la misma familia de las grandes crisis.

Pero el sentido europeista no se forja por las crisis sino por las respuestas. Ya los populismos y el desánimo dieron cuenta de la austeridad letal del 2008, de un periodo de tres años sin políticas. Ahora puede ser mucho peor, si unos cuantos, incluido el holandés repugnante del que ayer les hable, se empeñan en partir en Norte y Sur la Unión Europea.

Si la Unión esperaba un momento para renacer, para actuar como una sola, para que los países ricos muestren solidaridad con los menos afortunados, difícilmente habrá otro como este.

Probablemente, la Von der Leyden y el Charles Michel no son precisamente los líderes que necesitamos. Vivimos tiempos oscuros, decía el ministro de Magia un día que pasaba por el Colegio Hogwarts de Magia; como si se pasara por Bruselas.

Cuando Italia lanzó el SOS, pidiendo equipos o mascarillas, Francia y Alemania no solo no ayudaron, sino que prohibieron la exportación, se lanzaron a acaparar en el mercado y dejaron a los europeos en manos de China y sus mercados .

Italia también es un caso económico paradigmático: su situación fiscal, poco crecimiento y deuda pública supone más prima de riesgo, es decir más intereses por la deuda que necesita.

SI se agrupara el riesgo, los «coronabonos», los países en apuros fiscales, España e Italia, se beneficiarían de la reputación financiera de Alemania u Holanda, recibiendo recursos a tasas de interés más bajas de las que tendría que pagar su deuda nacional.

Pero este personal político no acaba de entender el asunto, No se trata de lanzar un salvavidas a Italia hoy, a España mañana o a Francia pasado. El problema económico y político es que si Europa no responde a este desafío pierde su razón de ser.

Confiar solo en nuestros estados y nuestros gobiernos nos sabe a poco y por eso somos, todavía, europeos. Pero si las cosas siguen así, la sombra del Brexit, el populismo y la inutilidad caerá sobre Bruselas.

Ustedes, sigan en su casa, ese pequeño pedacito de Europa. Todo saldrá bien me han dicho mi nieto y mis nietas con una banderita azul. Y yo les creo

Desde mi caverna, día 14: el holandés repugnante

DEN HAAG – Wetgevingsoverleg in de Tweede Kamer met minister Wopke Hoekstra (Financiën) over het noodpakket waarmee het kabinet de economie sterk wil houden tijdens de coronacrisis. De woordvoerders zitten op gepaste afstand van elkaar in de Troelstrazaal. Foto: Een bode met handschoenen pakt een leeg flesje. NOVUM COPYRIGHT DIRK HOL

Iba yo a decirles que me hago portugués, ya puestos a tener un socialista de izquierda de verdad verdadera, mejor un presidente que le diga lo que hay que decir a los soberbios del norte y no un tuit hablando del mar y los peces. Y, justo entonces, me avisa Sánchez de que les diga que este blog no se cierra porque es esencial.

Que lo sepan los grandes CEO de ClikradioTV, por si habían pensado en darme vacaciones y luego hacerme recuperar crónicas en Agosto, así, sin subirme el salario prometido (si cuela, cuela).

En fin;  de lo que  hoy quiero hablarles, que ustedes me lían, no es de que Sánchez haya tardado seis Consejos de Ministros en hacer lo que casi todo el mundo le decía. Ni siquiera de que quienes curran, a estas horas, no saben si están de ERTE, trabajando, de vacaciones o con contratos temporales prorrogados.

Por cierto, que el cronista tiene una duda que algún experto o experta como ustedes podría resolverme: ¿si un autónomo tiene curritos y curritas a los que no puede despedir o debe poner de vacaciones, cómo se da de baja de actividad?

Supongo que un día de estos – en un par de meses- algún ministro o ministra delegado de la autoridad única, si no está de permiso o de baja, se lo explican en un par de decretos y un montón de abogados que, naturalmente faltaría más, le pagará el gobierno.

Pero yo de lo que venía era a hacerme portugués verdadero y hacer algún comentario sobre el ministro de Hacienda de Holanda. Miren, entre Usted y yo, nada como una crisis para conocer a un demócrata cristiano del norte de Europa.

Es entonces cuando la misericordia demócrata cristiana les sale por los poros de la piel, sobre todo si sin blanquitos y rubitos.

Es entonces cuando se decide que los viejecitos y viejecitas holandeses no deben ir a las UCI (llámese eugenesia) porque su esperanza de vida es cortita; cuando se pide a los belgas, que cobran de todos incluido Puigdemont, que pongan hospitales a los holandeses porque su rigor presupuestario no da para tener propios suficientes y pequeñas cosas así.

Hay que reconocer que los demócratas cristianos holandeses son gente seria: no beben, salvo cuando vienen a España a desparramar. EL 21% del país se pasó por España el año pasado (casi cuatro millones de turistas holandeses bebiendo en España), todos rubitos, rubitas, sanos, austeros y borrachos.

Debe recordarse, igualmente, que los muy cristianos demócratas holandeses hacían negocio solidario con sus clínicas para abortos de españolas cuando aquí se prohibía (grandes y caras clínicas en Leiden), mientras mantenían afamados barrios de prostitución para los señores (Barrio Rojo) y vendían maravillosas magdalenas de hierba. Es lo que hay.

Eso sí, todos los europeos del norte, serios de la muerte salvo cuando vienen al sur a emborracharse, tienen una capacidad soberana para jorobarnos la reputación. Debemos reconocer que llevamos una década chunga: rescate, Cataluña y genialísima gestión del coronavirus nos están dejando una imagen que no se la salta un caballo.

Wagner ya lo intuyó: los holandeses son leales hasta la muerte…de los demás, eso sí. Europa se contagia de la insolidaridad repugnante que tan bien ha denunciado Costa – después de Draghi, mi europeo favorito- y que la ministra de exteriores ha respondido con sutileza, hablando del mar y los peces, no se vaya a molestar alguien.

De todos modos, no se me agobien. Los rubitos y rubitas, demócrata cristianos, blanquitos, eugenésicos y casi nazis del norte no aguantarán la presión: habrá deuda pública europea, Draghi lo ha dicho y lo que diga supermario va a misa.

Mientras nos acordamos de la señora madre del holandés repugnante, una santa cristiana por supuesto, lo esencial es que ustedes se queden en casa. Mi nieto y mis nietas me recuerdan dos cosas: que no hay ningún superhéroe ni superheroína holandés y que todo saldrá bien. Y yo les creo.

Desde mi caverna, día 13: la torrija del confinamiento

Es viernes y los viernes, se lo tengo dicho, sostiene mi jefe radiofónico Don Juan Ignacio Ocaña, que otro tipo de crónica es posible. Pues nada, aquí estoy haciendo labores de servicio público y les sugeriré una receta con «recao». 

Quiero decir que ustedes pueden agasajar a los suyos y suyas, mientras juran, si acaso,…, contra el virus, naturalmente. La frivolidad tiene una ventaja, dice una portavoz de hoy de la autoridad delegada que los CEO de ClikradioTV no me pueden despedir; o sea, oiga, aprovechemos.

No; no vengo a hablar de su estado catatónico de confinamiento, ni del de los compradores de material chino del Gobierno, aunque quizá sí, que en estas crónicas «weekend» nunca se sabe.

Cuando no vivíamos en plan Gran Hermano, fueran donde fueran por estas fechas, sus amistades le obsequiaban con torrijas. Todas ellas eran del tipo «como las hacía mi abuela». Es sabido que son las abuelas y no las madres las que ejercen magisterio gastronómico. Así, hay tantas clases de torrijas como abuelas o modelos de mascarillas chinas.

Para ser rigurosos, hemos de decir que no son la cuaresma ni las abuelas. La culpa de que sus amistades le agasajaran con pan frito en la Semana Santa, un día sí y otro también, la tienen las parturientas romanas, el hambre y un cura castellano.

Las torrijas, como las migas, se han beneficiado de un excesivo «branding»: veinte siglos ponderando sus virtudes las han convertido en un producto imprescindible. Que esa presencia ineludible se produzca en Cuaresma se debe a un secreto de la historia o a que en la cuaresma de posguerra se pasó mucha, pero que mucha hambre.

El pan frito con miel y leche se encuentra en los papeles de un tal Apicio, un destacado gourmet del siglo I, pasó por la edad media y llegó al renacimiento español. Juan de la Encina, poeta y cura castellano, nos dejó una receta sugerida: «miel e muchos huevos / para hacer torrejas», propuesta que el poeta hace a la Virgen, para que se cure de haber parido al redentor, que es mucho parir, casi como uno de los decretos del gobierno

De la Encina desvela así el secreto del dulce: tiene su origen en la voluntad de las parturientas romanas de recuperarse cuanto antes, a golpe de aportación energética.

No es su caso, no es su caso, y quizá la aportación calórica este siendo excesiva en el confinamiento, pero, total, nadie le mira y un día de estos cualquier ministro o ministra delegado le promete que al salir de esta, que saldremos, nos pone gratis los gimnasios. Además, siempre se puede dar unas vueltecitas por el salón que les dejarán nuevos o nuevas.

Hagan acopio de pan duro, claro que si usted es tipo hipster será de los de comprar panes preparados, especiados y aromatizados en cualquier panadería de lujo. Vaya, vaya, cuénteselo al guardia que está en fase comprensiva.

Si son Ustedes de abuela normal, deberán guardar, como ingredientes, unos cinco huevos por una barra de pan; canela, un litro de leche, azúcar y aceite de oliva.

Si su abuela era pijita, aunque no lo supiera, háganse con vainilla (la vaina es suficiente, ahorren las semillas, si es que usted en lugar de pensar en su fino trasero, pensó en los postres y tiene), unas peladuras de naranja o limón y miel. Si ya está Usted en el nivel gourmet, o es de los modernos que se van con Airbnb a Oporto, pueden preparar un poco de ese vino.

La elaboración requiere nivel culinario del siglo I, que es como ser delegado del gobierno, ministro de Consumo o comprador de test chinos, así que no se pongan a presumir en el guasap.

Pongan Ustedes la leche en un cacharro y llévenla casi a ebullición; pongan azúcar, vainilla y canela, bien removido y dejen reposar la infusión (pueden añadir la peladura de naranja, limón, no protesten: ahora las cosas son de coaliciones amplias y ruedas de prensa de cuatro o cinco, ustedes me entienden)

No hace falta que manchen la vitrocerámica, se puede hacer en el microondas, que viene a ser como un Consejo de Ministros telemático.

Si están en el nivel «pijogourmet» ponga la copita de Oporto (he dicho copita). La leche no debe estar caliente cuando empape el pan. Si está caliente, el pan reacciona como si usted oyera a Quim Torra.

Pongan la leche en un recipiente adecuado y dejen que el pan empape. Mientras, pueden batir los huevos; el ritmo debiera ser como si usted fuera emigrante y el huevo fuere Abascal, dele con gracia. Saquen Ustedes las rebanadas cuando consideren que están en su punto de leche, báñenlas en el huevo y frían el pan.

No se pasen de aceite y no ponga muchas para que se mantenga la temperatura. Quiero decir, aceite caliente, más Casado que Arrimadas. Deben dorarse por ambos lados.

Según las van sacando las pasan Ustedes por un plato de azúcar y canela y las dejan reposar. O usen la miel, si es menester. Depende del lado de coalición que ustedes gusten, la miel de caña tipo Iglesias igual es demasiado para el confinamiento. Si las dejan reposar, habrán sudado algo de almibar y sabrán mejor.

Ahora, si no recuerda alguna anécdota de abuela e infancia que contarle a sus hijos y resto de confinados, debe Usted inventarse una abuela y una historia. A la gente le gusta tanto el pan frito como que le cuenten un cuento. También puede ponerles una rueda de prensa de Sánchez, mientras tratan de adivinar lo que dice, no preguntrán por el cuento.

!Cómo no va a quedarse en casa con tal manjar!  Hagamos torrijas, ya otro día les explico lo del potaje de cuaresma. Es tan sencillo, que mi nieto y mis nietas, con vigilancia paterna en la parte aceite, las hacen. Dicen que todo saldrá tan bien como las torrijas y yo les creo.


Desde mi caverna, día 12: saldremos socialdemócratas; de izquierdas…no sé

El golpe económico aparenta brutal. Más rápido y más fuerte que las crisis de 2008 o la Gran Depresión. En esos momentos, el hundimiento de todas las variables conocidas, desde el valor de la bolsa a la contracción del PIB, tardó tres años. Ahora, simplemente, tres semanas.

Los expertos discuten si eso tendrá forma de V (recuperación ) o de L (caída con estancamiento) y debates de todo tipo.Pero la verdad es que no hay modelos predictivos con precedentes. La economía ha entrado en un terreno desconocido: nunca la economía ha cerrado completamente.

La esperanza es que vuelva a abrirse la tienda: si eso es así, en el cuarto trimestre alguien crecerá, dicen los optimistas, entre los que el cronista y su nieterío se encuentran.

Que lo haga España dependerá de cómo metabolicemos la crisis evidente del turismo, nuestra capacidad de consumir y del chorro de gasto público, para el que tenemos menos margen que otros países, con un déficit que se salió de madre antes de la pandemia.

Eso sí, los Bancos centrales, con cierta pasividad europea, han hecho en menos de un mes lo que tardaron tres años en la última crisis.

El helicóptero ha empezado a soltar pasta, aunque la lentitud haciendo decretos y créditos es un poco desesperante, por lo menos en el caso español. Como en otros sitios, Francia o Inglaterra incluidos, parece que la diseminación al mundo de los autónomos no es la más deseable.

Toda la política monetaria está en marcha. Ahora falta la fiscal. Y ahí tenemos necesidad de que los remisos – sean los norteamericanos o los holandeses, por un poner- se avengan a mutualizar el endeudamiento.

La Unión Europea acabará abriendo la mano, Italia, Francia y España se han plantado. Los coronabonos y la respuestas fiscal común quieren dejarse  para cuando pase la crisis sanitaria, pero la Comisión no podrá aguantar la presión. La austeridad murió definitivamente con el virus y el nuevo capitalismo se la juega.

Habrá a corto plazo, eso sí, dinero que saldrá de algún fondo existente, como el de rescate (MEDE). Insuficiente; mucho español tendrá que hablar la señora Von der Leyen para que no pillemos un soberano cabreo.

Hay que echar una mano a realizar gasto y financiar déficit, procurando no subir los tipos de interés, para no hacer un pan con unas tortas: o sea, darle a la maquinita del dinero, que bajará el euro y así, de paso, Trump se quedará contento.

De esta crisis saldremos socialdemócratas; de izquierdas,.. no sé. Todas las crisis profundas hacen una o dos generaciones de socialdemócratas. En la primera crisis de la democracia española (1979) un señor que no era muy rojo, Enrique Fuentes Quintana, se empeñó en hacer socialdemócrata desde la derecha a la izquierda radical: lo consiguió.

Ahora el virus nos reconvertirá de nuevo. No solo hemos descubierto que el estado es la única red posible cuando vienen mal dadas, sino que la crisis ética y de gestión del sector privado de cuidados (residencias que abandonan enfermos, hospitales que envían a casa a sus trabajadores…) pondrá en crisis, por tiempo, a esta parte del sector privado.

Que el futuro sea socialdemócrata exigirá, también, servidores públicos más eficaces. Que se compre mal en China o que solo se compre en China si tienes un amigo chino; que se permita que suban los precios de consumo en silencio, que se tarde tres semanas en que el ICO le ceda a la banca los créditos, y cosicas de esas, revela insuficiencias.

Puede haber responsabilidad política de la que tendremos que hablar, pero también función pública que hace tiempo que no se ve haciendo determinados trabajos.

Quizá sea cosa de dejar de repetir que tenemos los mejores servidores públicos del mundo, para echarle la culpa a los políticos y pelotear, para reconocer que todos somos, más o menos, del mismo nivel y tenemos la necesidad de nuevas habilidades gerenciales públicas que hace tiempo no se practican, debido a la comodísima externalización.

Que salgamos de esta socialdemócratas no quiere decir que salgamos, necesariamente, de izquierdas. Al menos a corto plazo. Las crisis castigan a los gobiernos que las gestionan. 

Quién iba a decir que Trump puede tener un problema, que Netanyahu salvaría la cabeza o que las alianzas del gobierno español pueden tambalearse, con los nacionalistas tocándole las narices con un decreto al señor del CNI (o sea, Iglesias) y a Sánchez como se descuide.

Ahora bien, amigas y amigos, para salir de esta, de un modo u otro, y con el pensamiento que a ustedes les plazca, hay que salvar la crisis sanitaria. O sea, que hay que quedarse en casa sabiendo que todo irá bien. Mi nieto y mis nietas están convencidos y yo les creo.

Desde mi caverna, día 11: activismo de pandemia y panodio

Hay una evidente posibilidad de que salgamos de esta con dos novedades. Un nivel menor de odio, al fin y al cabo hemos descubierto que tenemos vecinos y vecinas y que incluso son majetes. También, podemos volver a escuchar a los expertos, a los que saben, en lugar de a los abundantes profetas de la red.

Ambas cosas contradicen a las distintas clases de populismo que nos rodean y que se enroscan en el tuiter y las cadenas de guasap como última frontera, ahora que el personal ha decidido aprender lo que es un bulo, mire usté.

Que dice algo el gobierno, aquí está el de Vox para culparle de venderse al virus extranjero; que alguien del PP dice que esto de las mascarillas y lo demás igual va lento, aquí esta el de la izquierda de verdad verdadera, para recordar los recortes de este o aquel.

Nada como el activismo de pandemia para que nada se pare. El premio, desde luego, se lo lleva el insigne Oriol Mitjà organizador de un manifiesto catalán, suscrito por otros médicos, que se ha convertido en el panfleto de cabecera de Quim Torra.

Se trata de profesionales que no trabajan en la gestión de la salud pública, ni falta que les hace, porque eso de la gestión de la salud no interesa. Hay que tener en cuenta que el gasto en salud de la Generalitat, medido en PIB, es bastante más bajo que  en el resto de España, hablando de recortes y eso.

Los documentos científicos, hasta los economistas que suelen ser más frivolones lo hacen, fíjense, se someten a revisiones de otros profesionales del mismo campo (pares) y, una vez obtenido un elevado consenso, se publica en una revista científica o se envía a la administración.

Pero este no es el caso, porque lo que se pretende no es elaborar un manual riguroso sino construir una artimaña para participar en el juego mediático y, de paso, hacerle un favor al jefe político, Sr. Torra, que al fin y al cabo es el que paga.

El manifiesto de marras propone cosas que el camarada Torra defiende de boquilla, pero no hace en materias de su competencia. Quiero decir que para cerrar las obras no hace falta que lo decida el gobierno de Madrid. Pero con lo bonito y solidario que queda «España nos mata», que lo de roba ya estaba pasado de moda.

Para no dejarlo solo, los de Vox han propuesto que, estando los hospitales madrileños saturados, no se atienda a inmigrantes o se les cobre. Cosa que no solo repugna por su odio, sino porque lo que produce es que haya en la calle cocteles de virus que nos afectarán a todos. Antes muertos que sencillos.

Qué mejor que vivir en el odio y la mentira, con lo bien que nos iba que las fuerzas políticas andaran a la greña, en lugar de hacer votos mayoritarios que respalden, al menos formalmente, las decisiones del gobierno.

El odio, el activismo de pandemia, ayuda a la negación. Miren a Bolsonaro, como hace unos días a Trump, hablando del virus chino, minimizando el problema, enroscados en la soberbia que mostró Europa, mientras China se lanzaba a por el virus tras haberlo ocultado, dicho sea por aquellos que, entre el odio o la falta de respeto a los expertos, ponderan las virtudes de una dictadura.

De esta debemos salir gobernados por una cultura que respete los datos de la biología y la física, dependientes de un planeta habitable. El negacionismo y el odio acaba dando pábulo a mentirosos. Como les dije el viernes, lo tenía escrito Pessoa que, frente a su ·»gran constipado», pedía verdad y aspirina.

Usted permanezca en casa y llévese bien con sus vecinos, cabréese poco y odie todavía menos. Es lo que hacen mi nieto y nietas; se lo pasan pipa, sonriendo, porque dicen que conocen la única verdad: todo saldrá bien. Y yo les creo. 


Desde mi caverna, día 10: el ministro que no sabía comprar en el chino

Estimados y estimadas: vale, si hemos de hacer caso a nuestros dos últimos profetas la cosa está chunga.

Afirma Paolo Giordano que nuestra civilización se derrumbará. Miguel Ángel Revilla, que siendo cántabro es más visigodo y menos sutil, afirma no solo que desaparecerán los hormigueros, sino que las secuelas económicas de la pandemia harán que los dinosaurios resucitados desaparezcan de nuevo de la faz de la tierra.

El cronista no puede desmentir a tan serios analistas. Incluso Uderzo, por si acaso, ha decido dejar la pócima secreta y marcharse a otra vida, sin coronavirus ni nada. Pero dejó escrito que, en Italia, Asterix y Obelix, acabaron con el coronavirus. Y dicen mi nieto y mis nietas que los de la aldea gala no eran para tanto. O sea que ganaremos.

Debo contarles un secreto para nuestra supervivencia: siempre quedará un chino, un badulaque pakistaní o un turco donde aliviar nuestras necesidades.

Comprar en un chino requiere habilidades que muchos de ustedes, empezando por el ministro de Sanidad, jefe de la autoridad delegada, pueden no tener. No lo afirmo; solo les sugiero un poco de autoanálisis.

Para empezar, estimados y estimadas, ustedes creen que hay un chino que vende en cualquier parte. Es que no se han fijado: los chinos no se pisan la manguera, son como las farmacias, hay una distancia, amigas y amigos. Hay que encontrar el chino adecuado, en el sitio adecuado. No basta, para que me entiendan, ponerse a mirar en el «interné»: o sea, se necesitan expertos de mercado.

Un chino puede estar desorganizado de la muerte o tan organizado a su manera que no hay dios que se entere. Si no le orienta nadie, mientras usted pregunta dónde están las cosas al chino vigilante del vial, que siempre le envía a otro chino, resulta que el que se lo sabe le adelanta.

Es decir, si uno no conoce, la competencia gana y satura la oferta. Es lo que han hecho Francia y Alemania, europeístas solidarios de la muerte, acaparando el mercado, mientras el ministerio español miraba a ver a qué chino compraba.

Hay que decir que el Ministerio de Sanidad hace diez años, desde las transferencias a las Comunidades Autónomas, que no compra ni una bata.

El ministro responsable no comprendió el asunto. Sanidad tardó tres o cuatro días en enterarse de que la única central de compras existente y mínimamente eficaz, en contratación pública, no era suya: estaba en el ministerio de Hacienda que, por cierto, tampoco ha comprado una bata médica en China en su vida, que se sepa.

Los ministerios son como ustedes que se han dado a la compra pija y glamurosa. Tiendas guais del centro, centros comerciales y «super» de calidad. Si ustedes fueran del común habrían hecho como el cronista: trabar una amistad estratégica con el «paki» de la esquina o el chino del barrio. Pero, que vamos a hacerle, estaban a otra cosa.

Es como si ustedes compran respiradores de marca ingleses o medicinas en un laboratorio alemán, fetén de la muerte. Pero, amigas y amigos, resulta que la cosa médica está en China o la cloratina esa tan afamada, a causa de Trump y un médico francés algo sospechoso, la producen en la India.

¡Ah, y comprar en esos sitios tan raros ya no es tan fácil como llamar por teléfono, en perfecto inglés a Lutton, por poner un caso, a pedir un respirador! La cosa es comprar en un chino.

Si ustedes fueran usuarios de un chino o un «paki» sabrían, también, que no en todos los sitios hay carritos de la compra y que si piden bolsa hay que pagarla. Para que me entiendan; hay que llevar carrito o contenedor. «Chino no pagal tlanspolte».

Es decir, transportar es fundamental. No solo hay que encontrar un chino que te venda (conocer al chino adecuado es transcendente y los ministerios no sabían de eso). Hay que traer la mercancía.

Por eso, las empresas privadas son más útiles que la centralizada compra del ministro: tienen sus cadenas de logística, sus profesionales del asunto, aeropuertos de cabecera y viajes programados. En fin; teníamos un problema: el ministro no sabía comprar en el chino.

Pero no se preocupen; permanezcan en casa; los chinos acabarán enviando lo que necesitamos. Mi nieto y mis nietas, que afirman ser más fuertes que Asterix y Obelix, me aseguran que todo saldrá bien. Y yo les creo.


La economía del distanciamiento social

La economía del distanciamiento social es una economía de crisis, austeridad y generosidad. Nos piden que nos alejemos unos de otros, y tienen razón. Pero escuchen bien: nos piden que nos alejemos, no que nos convirtamos en extraños.

Lo primero que desaparece en la economía del distanciamiento es la solidaridad. Si no nos reconocemos, no nos queremos. Solo se ama lo que se conoce.

Por eso se produce la individualista pasión acaparadora, aparece el alto número de imbéciles que  confunden pandemia con «Pa Denia». Cosas propias no solo del pánico sino del egoísmo y la ineficacia. Lo del papel higiénico no tiene explicación: pudiendo usar algún periódico que yo me sé…

Algunas cosas deben saberse, y no me refiero a las medidas de salud que corresponden a los expertos (no incluyo aquí a las tertulias). Sepan que en Italia no puede empezar el apocalipsis. Los italianos han sobrevivido a los fascistas y a la democracia cristiana, a la mafia y al papado, a Andreotti y a Albano. ¿De verdad creen que un virus podrá con ellos?

Hay quien le sorprende la disciplina de la gente en Italia. Y acabará pasando en España en cuanto un par guardias civiles se pasen por las terrazas de los bares, las playas, los parques y las segundas viviendas. Hay cosas que hay que encargárselas a quien sabe.

De lo que se deduce que el problema no son los pueblos sino sus gobiernos. Cierto que sabemos que, en economía, los incentivos funcionan. Sin embargo,  el hecho de que el primer suministrador de porno italiano en streaming haya concedido sus paginas premium gratis no deberíamos considerarlo como tal. 

Nosotros quizá debamos escuchar música, ver cine, jugar algún videojuego; es más elegante y menos grosero. Si quiere invertir, abandone la vieja bolsa, analógica, con bancos sobrevalorados y petroleras en transición ecológica, compre acciones de Netflix o videojuegos, esos son los nuevos negocios.

Hay que recordar, hablando de economía, que Florencia no desapareció por la peste, sino porque un cura enloquecido, populista antes de que hubiera populistas, arruinó el comercio a futuro, al declarar enemigo a todo extraño.

Que un presidente como Trump declare extranjero al coronavirus no solo es una sandez populista, tipo la tierra es plana, es un xenófobo disparo en su propio pie.

También es de primero de apocalipsis: no; el hundimiento de las bolsas no produce el fin del mundo. La riqueza financiera, el capital, es una parte mínima de los pasivos de las empresas y las familias, sólo quienes tengan grades planes de pensiones o grandes patrimonios se ven afectados. Ha bastado prohibir la especulación una mañana (las operaciones a corto) para que el Ibex se recuperara. luego el estado de alarma paró la recuperación.

Las compañías aéreas ya iban de mal en peor y los bancos llevan años perdiendo valor, cosa que alguna banquera, y no quiero mirar a nadie, está aprovechando para comprar acciones de su propio banco tiraditas de precio. El Banco Central los mantendrá a flote, herencia del gran Draghi.

El 81% de la recuperación de la riqueza de las familias españolas tras la crisis se debe a la revalorización de su patrimonio inmobiliario. En cambio, la riqueza financiera, derivada de los ahorros puestos en depósitos, fondos de inversión, planes de pensiones y acciones en Bolsa ha mejorado poco.

Tampoco es que los gobiernos europeos se estén saliendo ¿Sabe usted? El señor Sánchez, a parte de una moratoria fiscal, cosa que le irá bien a las grandes declaraciones, pero poco a autónomos y micropymes, ha dejado 400 millones de créditos del ICO. Dinero que gestionarán los bancos privados, vía el crédito preconcedido, y que pondrá el Banco Central europeo. Por cierto, tampoco pone Sánchez dinero para la sanidad, es que adelanta los pagos a cuenta.

Para que me entiendan, si fuera por las medidas de los gobiernos europeos, incluido el nuestro, tendríamos que aplazar el apocalipsis por falta de trompeteros.

El distanciamiento social destroza el comercio, el intercambio, el viaje, la cohesión. Es un tiempo muerto. Requiere caja, tesorería y solidaridad, por cierto, cuidado con los lugares comunes habituales que, en estos momentos, no suelen ser eficaces: si; los subsidios son mejores que los controles de precios, a efectos de igualdad..

Mover el tipo de interés no sirve para nada, la moratoria fiscal, debería ser seguida por la moratoria de cuotas a seguridad social, de fondos fáciles del banco para evitar la morosidad, tan contagiosa como el virus.

La economía del distanciamiento social exige déficit público, no hay más remedio. Pero no se inquieten, a nadie le preocupa la deuda ahora mismo ni el déficit. Ni a los nórdicos, aunque postureen. 

Hay una ventaja, es de primero de apocalipsis también: los ilustres se convertirán en zombies a la misma velocidad que los humildes. Excepto, naturalmente, los banqueros que han escondido en Las Rozas a sus huestes más selectas. Puestos a poner distancia, que sea una distancia pija, faltaría más.

La continuidad operativa no exige la selección, digan lo que digan. Para que me entiendan, el mundo se acabará pero siempre habrá un banquero. Eso sí; no podrán prestarle dinero a nadie, pero cabe imaginar que se reproducirán pequeños banqueros y banqueras.

Quiero recordarles que, aunque no lo crean, la historia también existe allí donde nadie mira. En ese rincón oculto de su barrio, en esos lugares que no importan, en algún continente de esos que no temen al coronavirus porque llevan años muriéndose de casi todo, en esos sitos, también se sufre

Por último, recuerden aquel tipo que va al siquiatra y le dice: «Doctor, mi hermano está loco. Cree que es una gallina». Y el doctor responde: » ¿por qué no lo mete en un manicomio?»  El tipo contesta: ‘Lo haría, pero… ¡necesito los huevos!'».

Sonría, pues, a su vecino y a su vecina, recuérdenlos cada día, mándeles un guasap o salude por la ventana, aunque sea a gritos cual verdulero. Ofrézcase, incluso, a compartir papel higiénico.

Algún día, más pronto que tarde, las guitarras volverán a encontrarse con las botellas de anís; más temprano que tarde, caminaremos de nuevo por las alamedas para tocarnos, besarnos y acometer el pequeño asunto de seguir siendo felices.

Buen día, buena suerte, el cronista necesita sus huevos.

(Crónica ClickradioTV. 13 de Marzo de 2020)


Trump está muerto, ustedes casi y los profetas abundan

En economía no existe nada parecido a un director de alertas y emergencias. En consecuencia, nos tenemos que conformar con los habituales profetas.

Aunque hay abundantes modelos matemáticos al alcance de cualquiera, tampoco existe nada parecido a la predicción automática, por eso en economía abunda la libertad de expresión.

Esta mañana, mientras Fernando Simón trataba de tranquilizarnos, seis periodistas que no tienen ni idea de medicina, pandemias ni nada por el estilo, eso sí príncipes y princesas en el reino de la libertad de expresión, han narrado durante dos horas, minuto y resultado de la pandemia.

Ellos y ellas han aconsejado a las Comunidades Autónomas, a responsables políticos, a la Unión Europea y a cualquiera que pasara por allí sobre lo más acertado.

En economía también hay de eso y el más afamado de todos los profetas es Nouriel Roubini, famoso por haber anunciado la crisis financiera de 2008. Es cierto que Roubini hubiera acertado algo en algún momento: este profesor de Económicas en Nueva York predijo 48 recesiones. Soy como Iceta, él cuenta naciones, yo profecías.

Ayer, Roubini nos ha alertado de nuevo. «Esta es una epidemia global; el impacto será mucho mayor de lo esperado y la política monetaria no será capaz de actuar. Ese golpe tendrá consecuencias políticas,…, «Trump está muerto».

Mientras decía esto, la Reserva Federal bajaba los tipos y los bancos centrales, de Europa a Japón, repetían aquello de «whatever it take» (lo que sea necesario, que dijo el gran Draghi) y las bolsas subían.

O sea, que las empresas y los inversores se endeudarán con dinero barato para comprar acciones, mantener el valor de las bolsas y sus activos, a veces ineficientes, y ampliar las brechas de desigualdad. Un par de compañías saludables, eso sí, evitarán el colapso, cosa que tiene valor. Sin un clima de confianza y sin inversión pública ese dinero, sin embargo, no se traduce en crecimiento y consumo.

No es Roubini el único de los abundantes profetas. Tenemos a Rogoff, Stiglitz, entre otros, por no citar a gurús patrios, del reino de la libertad de expresión casi todos,

Ayer también, Rogoff decía que «no es pronto para reconocer que la próxima recesión global puede estar a la vuelta de la esquina». Stiglitz aseguraba que Estados Unidos «se encuentra en medio de una crisis de opioides, una crisis de diabetes infantil y una crisis política», mientras los demás, al parecer, estamos sumidos ya en una crisis ética, económica y política.

Lo cierto es que la economía andaba y anda bastante tocadita. Que las razones tienen que ver no con la globalización sino con su ausencia, en forma de crisis comercial y proteccionismos populistas; con transiciones energéticas poco planificadas (crisis del automóvil y devaluación de activos energéticos) y, muy especialmente, con la insuficiencia de rentas que debilita el consumo de las clases medias y trabajadores.

Es cierto que si la segunda economía del planeta se para, aquellos que vivían de exportar (Alemania, por un poner) corren riesgo de entrar en recesión. No es menos cierto que Italia estaba en recesión antes de que la zona rica entrara en emergencia epidémica o que España ya andaba cerca del 1,5%   antes del virus y no se esperaba mucho más

Pero no hay nada como una pandemia para poner en marcha el ágora y a los agoreros. Sí; las cadenas de suministro fallan (quitando a Zara y automóviles es improbable que el asunto le importe a nadie en España) y sí, lo que preocupa en nuestro país es el turismo.

Pero qué quieren que les diga, qué les importa a ustedes que venga gente si ustedes habrán sucumbido a la peor ocasión sanitaria que vieron los siglos. El mapa de puntos rojos se extiende inexorablemente hasta la puerta de su casa, lo dice el reino de la libertad de expresión.

No le quitemos importancia a la pandemia; especialmente pensando en las poblaciones más vulnerables a la neumonía. Pero, háganme caso, no dejen que la preocupación legitime a los bocazas

Nada peor para la economía que las profecías autocumplidas. Puesto que estamos en crisis y muertos, nada mejor que portarnos como si estuviéramos en crisis y muertos. La economía sufrirá, en China sufrirán y el resto del mundo pasaremos un mal rato.

Cuanto de malo no lo sabe nadie, pero ya andan pululando las cifras de la profundidad de la crisis venidera. ¿De dónde salen los números? ¿ De qué modelo matemático? De la abundancia de profetas. 


¡Apretad, apretad!

¡Apretad! Dice el vicepresidente segundo del Gobierno, para sonrisa de quienes unas horas antes habían gritado: «Iglesias come lubina y el campo es una ruina». Nada como pasarse a la pancarta para que el desprecio se torne en caña.

El problema, cuando uno es gobierno, es que debe tener una respuesta. Y, para qué engañarse, el que crea que lo del campo español es de un par de reuniones se engaña. Problema antiguo, de estructura, de un país que ya se alimenta de importación y que ya no es agrario.

La falta de rentabilidad de la miríada insostenible de explotaciones agrarias no se arregla con decisiones del Consejo de Ministros que, eso sí, pueden aumentar las subvenciones agrarias y aumentar los precios al consumo, que en realidad es lo que harían los precios mínimos.

El personal español, en esto, es como el europeo. Todos queremos una intervención pública que mejore la renta de los agricultores, favorezca la sostenibilidad ambiental y promueva el desarrollo de las zonas rurales.

Hay que reconocer que los políticos procedentes de la agricultura y las organizaciones agrarias son un buen grupo de presión y que el personal todavía se acuerda de cuando todos éramos de campo.

El problema es que la PAC, la matriz de la política agraria europea, no sostiene ninguna de las tres cosas. En materia de equidad, en España, el 80% de las ayudas se las llevan el 20% de los perceptores, en el resto de Europa por ahí; el modelo se apoya un modelo industrial de agricultura y llevamos veinte años con el mismo patrón de sostenibilidad.

Este, en España, es un problema antiguo. Y los argumentos que se escuchan desde las organizaciones agrarias y quienes que piden barricadas, vicepresidente incluidos, son, en general, antiguos. Cosa que, desde luego, no invalida las movilizaciones.

No; la agricultura no tiene nada que ver con la despoblación. Debemos acostumbrarnos a ignorar retóricas engañosas. No hay «España vaciada». Nadie ha conspirado para vaciar el campo.

¡Ah, aquellos tiempos antiguos (¿de los sesenta y setenta…?)! En realidad, fue entonces cuando se vació el campo, amigas y amigos. En los últimos 25 años hay sitios donde la población ha aumentado, allí donde hay explotaciones rentables, exportación y, por cierto, inmigración. ¡Viva la patria y el campo!

La despoblación no tiene que ver con la agricultura. Tiene que ver con la tasa de natalidad, con la falta de diversificación industrial y con un fenómeno universal. No; en Europa no hay políticas que impidan la despoblación rural: dos tercios de la población mundial (o sea, el sesenta por ciento) vivirá en grandes ciudades en 2050. Nada que ver con la agricultura.

No; no es del todo cierto que los agricultores hayan perdido más renta que los trabajadores. Cierto, el 2019 ha sido especialmente malo: una caída de la renta, contando inflación, del 9,5%, centrada en los vegetales, por cierto

Ahora bien, la renta agraria es un 15% más alta que en 2007. También es cierto que no todo el mundo puede decir lo mismo: los que sufren son las producciones vegetales – el 58% del sector agrario-.. Y si nos ponemos, los que más sufren son los olivareros, los que producen frutas y las patatas. Lo demás, no es para tanto. La ganadería y la agricultura ecológica, además de la industrial, no ven bajar sus rendimientos.

Ahora bien, es verdad: la muy famosa explotación agraria familiar española ha dejado de ser rentable. Es imposible mantener más de un millón doscientas mil explotaciones, al mismo tiempo que queremos producciones medioambientales y sostenibles, con unos costes prohibitivos.

Las microempresas y autónomos que copan el tejido productivo agrario, lejos de suponer un impulso económico, generan un freno al crecimiento económico, la rentabilidad y el avance de los salarios. La atomización de la producción significa que el territorio está plagado de pequeñas explotaciones sin capital físico ni humano, que resultan muy poco productivas.

Una atomización, muy diferente al la europea, que supone que los agricultores soportan el 90% de las caídas de precios. El problema de España es que la dimensión de los productores y la concentración de la industria procesadora hace que sea esta segunda la que fija los precios, sin atender a los costes de producción. Las movilizaciones debieran pretender articular un modelo de negociación.

Por cierto, el sector primario español está muy subvencionado: el 24,5% de la renta son subvenciones, eso sí, mal distribuido como se decía antes.

También es cierto que la cadena alimentaria esta formada por demasiada gente: la central hortofrutícola, la plataforma de distribución, el mercado de abastecimiento, la tienda (supermercado o hipermercado). La movilización debería convocar a todos.

La gran tienda, menos de un diez por ciento de la producción por ciento, no obtienen sus resultados a través de grandes márgenes sino por una elevada rotación de su circulante (muchas operaciones con poco margen).

Puede limitarse el poder de la distribución (por cierto, se habla poco de los exportadores que mueven más que las grandes superficies), pueden elaborarse índices de precios, pueden fijarse precios mínimos: nada de eso resolverá los problemas estructurales.

Las organizaciones agrarias, siempre partidarias de una PAC que ofrezca el mayor apoyo posible a los agricultores con la menor cantidad posible de restricciones productivas, ambientales o territoriales, no atienden al problema de fondo: las explotaciones no son rentables.

Apretad, pues, amigos y amigas del campo. La verdad es que el Gobierno puede hacer poco o nada en materia de rentabilidad. Igual había que manifestarse en otro sitio. Puede regular precios, Podemos está deseando: vale, ya lo pagaremos los consumidores.

Apretad, si el vicepresidente segundo os anima, no rebléis, entonces, sacadle unas buenas subvenciones a los precios, alguien las pagará. 

Eso sí, en 2022 cuando llegue la nueva PAC, y las subvenciones dependan del clientelismo del gobierno y no de Bruselas, volved a apretar: las explotaciones seguirán sin ser rentables, las importaciones llenarán el mercado y Pablo seguirá comiendo lubina.


Diplomacia de nocturnidad y aeropuerto

Si un geo camina enmascarado en La Paz, un arancel puede caer sobre una oliva en Jaén. Es lo que tiene la globalización populista: cuando te cazan, primero te escriben un tuit, luego te cae un castigo.

El ministro Ábalos -sin reputación y bastante debilitado- dimitirá más pronto que tarde, por supuesto por razones personales o para dedicarse al partido que tanto aprecia. Los efectos de su peripecia aeroportuaria no tienen enmienda.

Ábalos no solo ha inventado una nueva dimensión espacial: lo que hay entre la T1 y la T4, incluidas las salas VIP, no pertenecen a España. Sobre todo, ha mentido reiteradamente.

La cosa, señoras y señores míos, es que un día Delcy Rodríguez tendrá un apuro judicial y cantará más de lo que se ha contado, para librarse, o algún servicio secreto hará lo que le hicieron a Salvini, y nos hizo gracia, filtrar una grabación.

La tradición española de ministros de Fomento que son conspiradores tabernarios es amplia. Desde la España liberal tenemos sobrados ejemplos. El problema es que cuando se cambia la copa de taberna por el Martini de 007 las cosas se estropean.

Pero para qué engañarse: la reputación es una cosa muy sobrevalorada. Así que el hecho de que la política exterior española sea irrelevante en el contexto europeo parece importar poco. Otras cosillas de nada merecen reseñarse.

España reconoció a Guaidó, luego el ministro ha venido a recibir a una usurpadora. España es responsable de aplicar las decisiones europeas en Venezuela, luego hemos incumplido. Contraprogramar a Guaidó, con el ruido de la Señora Delcy, ha provocado que Guaidó se busque un nuevo mejor amigo, el presidente de Canada, que por cierto no da puntada sin empresas (como se sabe en Cuba), en un momento en que Trump busca liberarse de las entidades españolas en Hispanoamérica.

Tocarle las narices a la Unión Europea no es buena idea, cuando se envía a ministros y ministras a solicitar que no se reduzcan las ayudas agrarias. Tocárselas a Trump no se compadece con mandar una ministra de exteriores a aliviar a las aceitunas españolas de aranceles.

Europa tiene problemas estratégicos de primer orden. Quizá no sea casual que Borrell, responsable del asunto, esté desaparecido, con un creciente protagonismo del presidente del Consejo. Macron, Merkel y el presidente polaco no cuentan con España, en un escenario donde el unilateralismo norteamericano y la presión rusa determinan la agenda.

En ese escenario tampoco es inteligente salirse de la disciplina europea e ignorar sus decisiones diplomáticas, cuando España va a necesitar del apoyo de los negociadores del postbrexit no solo en el asunto de Gibraltar, sino en los pesqueros, los agrícolas o los industriales.

Quizá no es Zapatero, cuyas razones socioeconómicas y políticas para su pasión venezolana se nos escapan o no han sido explicadas, quien debiera marcar la agenda exterior. Venezuela, como Ecuador, no son asuntos sencillos. Gobiernos de origen obviamente legítimo y popular han devenido, por razones de diversa naturaleza, en responsable de un bloqueo social y político irresoluble sin elecciones democráticas.

La diplomacia de nocturnidad y aeropuerto, al margen de los socios europeos, las ocurrencias diplomáticas en Barajas o en La Paz devalúan el papel de España. El martes, la mitad del parlamento Europeo nos tirará de las orejas, lo veo venir. Pero ya les digo: la reputación exterior está muy sobrevalorada en tiempos de globalización populista.


Davos: reunión anual de bomberos pirómanos

Hoy es el día que los cronistas esperamos todo el año. Hoy es el día en que podemos meternos con los ricos y las multinacionales y nos aplauden. Efectivamente, hoy se inicia la más importante reunión anual de bomberos pirómanos. Es en Davos y es el Foro económico Mundial.

En la montaña más mágica, en el mismo sitio donde Thomas Mann describió su balneario, los que se pasan todo el año fastidiando se juntan para salvar el capitalismo, el planeta y a quienes trabajan, y por ese orden. Por supuesto, como se imaginan, Greta ha ido, ya ha intervenido y reñido a los líderes, junto a otros jóvenes activistas.

También se espera a Trump, Sánchez pasará por allí, dicen que a negociar impuestos con las grandes tecnológicas e insistir en la emergencia climática. No obstante, la representación española está encabezada por la Señora Botin e incluye, además del Santander, al BBVA y a todo el Ibex35, organizaciones salvadoras del capitalismo, el planeta y el empleo, por ese orden.

En este año se cumple su cincuenta aniversario. En 1971, en la primera edición, Nixon estaba en la Casa Blanca. Mao Ze Dong gobernaba una China más campesina que líder de mercado. La inflación y la Guerra de Vietnam habían hecho trizas el sistema monetario y el capitalismo parecía haber llegado a la víspera del derrumbe.

Un profesor suizo, famoso entre los vástagos de las élites que se educaban en Suiza por sus fiestas de fin de curso, tuvo una idea: reunir a los líderes para salvar el capitalismo. Ha demostrado ser una buena idea de negocio: cincuenta años después, el capitalismo sigue a punto de despeñarse y en Davos se siguen juntando para salvarlo.

La verdad es que la música ambiental no parece haber cambiado tanto. DAVOS 2020 tiene lugar en medio de la preocupación de que se avecinan malos días, tras la tibia recuperación de la crisis financiera.

El crecimiento salarial, de la productividad y de la inversión han sido pobres y los mercados financieros parecen peligrosamente sobrevalorados. Los ricos son más ricos y la desigualdad es creciente. Como los ricos, muy ricos, ya no curran, piden que la economía no se base en los dividendos, que ellos ya tienen suficiente.

Como es tradición, La directora General del Fondo Monetario Internacional ha sido ayer, como corresponde, cristalina. Georgieva ha rebajado las expectativas de crecimiento en todo el mundo. Por cierto, en España más que en otras partes. Aquí llevamos meses diciendo que nuestro crecimiento va por debajo del dos por ciento, Kristalina Georgieva ya va por el 1,6.

Con poco margen fiscal, en dos Consejos de ministros, pensiones y salarios públicos, han elevado el gasto público en cuatro mil quinientos millones, lo que con una caída de dos décimas de crecimiento augurada por el Fondo, España requerirá de mucha mano ancha de la Comisión Europea, que podría aprovechar para frenar reformas laborales, a cambio.

Lo cierto es que el impacto del estímulo político extraordinario, a golpe de ríos de dinero, de la última década no ha llegado a la economía real. En caso de otra crisis, los bancos centrales parecen estar cortos de armas convencionales.

Este año se confirmará que la emergencia climática preocupa mucho a los líderes mundiales. Tanto les preocupa que su viajecito a Davos – naturalmente en avión- produce más huella ecológica de la que ustedes producirán en un año. Tanto les preocupa que han invitado a Trump, que es poco de la emergencia climática, como se sabe.

Ustedes, mientras me leen, aún tienen tiempo de llegar a algunas de las magníficas conferencias que se escucharán. El pequeño detalle de que les cueste 25 mil euros inscribirse, mil euros por noche, más el billete de avión, no debería desanimarles: que es eso, para salvar el capitalismo.

Hay conferencia para todos los gustos. Mi favorita es una que se titula «la risa se contagia». El que no se consuela es porque no quiere. Ríanse, ríanse mucho, que de esta si que nos salvan al capitalismo, al paneta y a quienes trabajan, y por ese orden.

(Crónica ClickrdioTV. Martes, 21 de Enero de 2020)


No sé si era esto

El conductor de La Sexta pone cara transcendente porque va a hacer una pregunta transcendente: diputado ¿Qué debemos hacer para que la legislatura no sea «guerracivilista»? !Ea! El diputado interpelado esta a la altura: es que la derecha es cerril y cuartelaria.
Conductor y diputado nos dicen que estamos, pues, donde el populismo quería. Desaparecido el centro, con los socialistas, a la vejez viruelas, haciendo de izquierda y las derechas en competencia por el machito y sin capacidad de influencia, puesto que estamos más iracundos, odiamos más y puesto que vivimos del frentismo, nos dividimos más.
Me dice la izquierda que no escuche a la derecha cuartelaria; me dice la derecha que no escuche a la izquierda anticonstitucional; me dice esa inspiración democrática que supone Bildu que no escuche al jefe del estado; me dicen la Cup y los «indepes» que no escuche a nadie que no sea catalán, por que en realidad lo de España «les importa un comino.». La cosa, amigos y amigas, es que no escuche a nadie, solo que odie.
Habrá que decir, aunque se sabe que la izquierda de verdad verdadera nunca se equivoca contra el pueblo, que si el populismo ha contaminado los comportamientos democráticos y el nacionalpopulismo la agenda política es porque, por tres veces, esta maravilla de gobierno progresista que hoy nos han dado fue imposible, debido a unos paseíllos inocentes por el jardín de los egos de los narcisos a cargo del asunto.
La sensación es que aquella frase de Iceta, haremos «lo que haga falta», se ha llevado a extremos inimaginables, innecesarios y poco decorosos, francamente. Sospecho que no habrá el apocalipsis que anuncia la oposición, pero la incertidumbre anegará, sospecho también, la esperanza.
El populismo tiene una ventaja: no necesita números, solo un enemigo. Es por eso que, más allá de los lemas sacados de los acuerdos, poca sustancia se ha dado a la esperanza que se anuncia.
Las promesas se basan en un crecimiento de legislatura de hasta 6 puntos de PIB, lo que no se cree casi nadie, pero que, además, no sería financiable con esos propagados impuestos a ricos y empresas de los que se presume.
No temblará el capitalismo ya se lo adelanto. Se trata de mil quinientas declaraciones de IRPF y la subida del impuesto de sociedades es menor de lo que parece. Suponiendo un par de miles de millones de euros, que es mucho suponer, seguirá faltando un montón de pasta.
Pero esta no será, digan lo que digan los archipámpanos sin competencias propuestos, la del cambio económico y social sino la de un sutil, a veces no tan sutil. cambio régimen político y la del clientelismo territorial.
Será el gobierno juzgado por lo que haga, naturalmente, pero me temo que el paseíllo de acompañantes, de contenido algo impúdico y poco prudente, en estos tiempos de ira y venganza, ha alimentado más nacionalpopulismo del que ya teníamos.
No tengo especial apego a los contenidos constitucionales cambiables, pero sí a las reglas: la forma es parte del contenido, como se sabe. Y me temo que eso ha saltado por los aires.
Será difícil cambiar la impresión que se ha creado de que mesa de negociación a mesa de negociación, territorios premiados sonreirán a territorios castigados y tendremos más de cantonalismo. Será una legislatura de Tribunal Constitucional y judicialización, de negociaciones opacas.
Sutiles cambios de régimen se han anunciado para evadir las mayorías cualificadas, evitar las coaliciones y cosas parecidas. Todas las barreras de defensa del 79 que podían ser levantadas han sido levantadas, preparémonos, entonces, para otra cosa.
Desde el cinismo hecho política de Oscar Matute a la amenaza de Rufian, si hay que acabar con la legislatura se acaba, se han sembrado decena de minas que el PSOE no está, sinceramente, en condiciones de desactivar, sin un giro propio y de la derecha, poco esperable a corto plazo.
Desde luego no solo no ha habido centro ni derecha a la altura de las circunstancias, sino que la alternativa conservadora se inscribía más en la pánica iberia de entraña irrespirable que en el panel constitucional.
Ya tiene, entiéndanse las lágrimas, Iglesias su vicepresidencia y son archipámpanos sus colegas, con escasas competencias y algún desatino como separar ciencia y universidades.
No sé si era esto lo que en la izquierda se había buscado por tres veces. Sospecho que no. Siempre nos quedará, por seguridad, Bruselas, mientras no nos saquen en cualquier negociación.
Así, en la Moncloa podrán dedicarse al diálogo con todo el mundo, menos con los constitucionalistas, y en la oposición podrán debatir sobre quién lo tiene más grande, me refiero al patriotismo, por supuesto.
Ahora que tanto se habla de los felices 20 del siglo pasado, para ocultarnos que estos días se parecen más a los treinta, me atrevo a recordarles al mejor actor de la época: Buster Keaton, todo silencio.
Pásense al silencio, abandonen el ruido que alimenta el odio y dejen el griterío a la patulea verbenera de la carrera de San Jerónimo. Mientras, ustedes hagan de dignos maquinistas de su vida: serán más felices.

La semana que compraron a Holly (Audrey Hepburn), otra vez

El cronista pertenece, quizá, a la última generación cuya pubertad no fue influida por los videojuegos sino por el cine. Suena Moon River, ella baja del taxi, camina hacia el escaparate de Tiffany y desayuna. La leche. Palabra cuya polisemia entenderán mejor aquellos señores que recuerdan su pubertad.

La mujer de nuestros sueños, decidimos, sería como Holly, o sea como Audrey Hepburn. La puerta de Tiffany paso a ser un lugar como una ignota playa griega, la casa de piedra de Julieta o, por un poner, el Bernabeu. Sitios, en fin, donde solo se habla en verso.

Ahora que la experiencia ha pasado sobre nosotros, sabemos que a la chica de nuestros sueños solo la hemos llevado a desayunar unas porritas a un viejo bar de Malasaña o a un paseíllo por el Albaicín, sin joyería a la vista, eso sí.

Ahora, también, sabemos que bajo los románticos paraísos también corren ríos de oro. Por eso nos ha molestado saber, esta semana, que se ha confirmado lo anunciado: Tiffany ha sido vendido. Holly ha sido comprada, de nuevo: 14 mil setecientos millones de euros tienen la culpa. Y, también, los chinos, naturalmente.

A ustedes suele molestarles la impúdica compra del lujo por el uno por ciento más rico, pero nunca se ocupan de los chinos. Presos de buenismo, siguen creyendo que estamos en los días en los que todos los chinos parecían iguales porque para eso habían hecho una revolución.

En fin, el grupo del hombre más rico de Francia, Monsieur Arnault ha comprado Tiffany. Ya posee Vuitton, Moët Chandon, Dior, Bulgari, Givenchi, Céline. Las marca de rejojes Hublot y Tag Heuer. Arnault necesitaba joyas y relojes para el consumo de los Fuerdai.

No; los Fuerdai no son una mafia. Tampoco una banda de ninjas. Fuerdai significa «segunda generación de ricos». Fue Deng Xiaoping, el que enseñó a Felipe Gonzalez que no importa el color del gato sino que cace ratones, el que realizó el sueño de todo planificador económico liberal: capitalismo, con partido único y sin sindicatos.

La estrategia puso a China en el mercado global e hizo ricos a miles de funcionarios locales del partido, reconvertidos en clase media, y a sus hijos, en general únicos y hombres; es lo que tiene la planificación demográfica.

Ellos, los Fuerdai, se han quedado, ni más ni menos, con el 30% del mercado del lujo, que en 2025 será el 40%. Eso es derroche impúdico que sumar al de ese 1% de ricachones antiguos que ustedes odian.

El interés de mercado de Tiffany es que cuando los chinos decidieron repatriar su consumo, penalizando la salida de capitales para comprar futbolistas o joyas.el mercado del lujo americano cayó peligrosamente.

Los empresarios americanos se dijeron: si los chinos no vienen a nosotros, nosotros iremos a los chinos y, ya de paso, no pagamos impuestos aquí. Y abrieron tienda física y on line en China, donde ha trasladado alguno de sus más caros diamantes. Grande America y grandes los franceses.

Trump se enfado mucho, muchísimo, escribió un tuit, dejó de respirar tres segundos y se fue con su hija, Ivanka, a inaugurar una tienda de Arnauld, cerca de la torre Trump, para hacer grande América, ya se sabe.

El mercado de lujo, mientras los humanos seguimos sufriendo las crisis, crece a tasas del 5% anual y se espera que siga haciéndolo. Por cierto, el mercado de alto copete en España no da para mucho: es un tercio del francés o el italiano, a pesar de nuestro esfuerzo por traer rusos y chinos, siendo cierto que lo de Catalunya no ha ayudado, especialmente en Barcelona (la caída el año pasado llegó a un tercio).

Si usted, como Truman Capote, cree que lo sórdido no es la sospechosa vida de una muchacha sino lo indecente de comprar sus sueños. Si, como en Moon River, usted todavía se siente un vagabundo y cree que hay cosas por descubrir, le doy una idea.

Hay un pueblo en la ribera portuguesa de O Miño, en frente de La Guardia, con un remarcable casco de los siglos XIII y XIV: Vila Nova de Cerveira. Lo más notable es que su casco urbano se ha convertido en un mercadillo gigantesco, lleno de falsificaciones de todas las marcas del Señor Arnauld. 

Me voy a pasar antes de Navidad: él me ha robado a Audry, yo llenaré las casas de Vuitton falsos. A veces, la venganza si produce felicidad

(Crónica CLikradioTV, viernes, 29 de Noviembre de 2019)

Alberto no podrá ser Varoufakis

Ayer, Alberto Garzón declaró que estaba dispuesto a compartir gobierno con la Sra. Calviño. Podría parecer presuntuoso, soberbio o incluso algo machista el alegato, considerando el curriculum de Calviño y el del muchacho.

La cuestión es: ¿Debería preocuparnos la apostura con que el joven se dirige sacrificadamente al sillón, para salvarnos de las élites? No cabe minusvalorar la importancia del gobierno para la economía. Los gobiernos influyen, hacen discursos con efectos sobre los gastos de las familias y las empresas, adoptan decisiones y deben planear reformas estructurales.

Pero no es menos cierto que el capitalismo moderno, cada día más extenuado por la desigualdad y por los populismos comerciales e industriales por cierto, esta notablemente regulado y lo estará más en el futuro, especialmente en un contexto de Unión Monetaria.

Puedo decirle que la frase que los futuros ministros repetirán más será «Calviño no me deja» y, su vicepresidente, el de la izquierda de verdad verdadera, obligado a más sesudas reflexiones dirá que «Calviño se ha aliado con las élites de Bruselas». Entre los socialistas, Bruselas y los distintos grupos de presión, han empezado los llamados blindajes.

Es cierto que la bolsa reaccionó mal al acuerdo, pero ayer el Ibex ya volvió a los 9 300 puntos en los que más o menos estaba cuando las elecciones. Los inversores son así, en seguida se les pasa lo de pensar en Iglesias, fíjese usted: venden hoy, para comprar mañana lo que tenían, pero más barato. Eso sí, hay valores más sensibles al acuerdo. Sin duda, el primero es la Banca. Ya les tengo dicho que tener un banco es tontería, solo da disgustos.

Lo que se proponía en los presupuestos aprobados por PSOE y Podemos, base del futuro gobierno cabe creer, era un incremento del impuesto de Sociedades a las grandes empresas y un impuesto a la banca, más una tasa a las transacciones financieras y una tasa tecnológica.

Hay que decir que para cobrar esos impuestos hacen falta leyes que ahora no existen y que la tasa financiera junto a la tasa Google son cosas europeas. Es decir que, a corto plazo, no habrá nuevos impuestos ni a la banca ni financieros.

Lo de parar la privatización de Bankia, más que cosa de Podemos, es cosa del mercado: nadie quiere un banco que ha perdido, desde que inició el año, un 38,3% de su valor. Lo de construir, dadas las circunstancias, un gran banco público con ese material va a ser que tampoco.

Los sindicatos le han dicho al gobierno que sí, que ellos son de izquierda, izquierda, hasta del gobierno progresista y alguno a favor de referéndum y todo, que no se preocupen. Eso sí, también, que no quieren negociar mucho con Podemos.

Así que la Seguridad Social queda fuera de las manos del Ministerio de Trabajo, uno de los que se sortea. El propio PSOE ha ido cerrando pasos en aspectos relevantes de la derogación de la reforma laboral.

Se va a separar Universidades de Ciencia. En Ciencia, que se queda en manos del PSOE, está la pasta que se distribuye en subvenciones y préstamos. Las Universidades son autónomas y las gestionan las Comunidades Autónomas.

La transición energética es cosa fetén y muy apetecible, pero distintos blindajes se han puesto en marcha. La retribución a las eléctricas ha sido aprobada; el gobierno, sin esperar a Podemos, ya ha acordado cuanto les pagará a las renovables y, sin permiso de Iglesias, la Unión Europea ya ha dicho que el carbón se cierra o se cierra, y el dinero que pone también.

Todavía hay mucho gasto y medidas sociales me dirán Ustedes. Bueno, pero ya les alerto de que el gasto territorial -modificación de la financiación autonómica, que incluye los recursos sanitarios-, y el Pacto de Toledo anegarán todo.

Son pocos los márgenes, en forma de deuda y déficit público, que las prórrogas presupuestarias y la paralización económica han dejado en una recaudación para la que no deben esperar grandes alegrías tributarias, a corto plazo.

Además, los de Bruselas se han puesto a escribir cartas. Todas las mañanas le dice la Comisión a la ministra: «Querida Nadia espero que al recibo de la presente ten encuentres bien», las formas son importantes en la literatura epistolar, y luego le riñe.

En primer lugar, le han dicho al gobierno, que todo lo que recaude es para deuda. En segundo, que el ahorro en intereses de los próximos cuatro años, que serán 20 mil millones, grande supermario Dragui, no se pueden aplicar a gasto público – fíjense que es la cantidad que destinamos a inversión todas las administraciones-. Tercero, que el único gasto que quiere que se aclare es el de las pensiones.

En fin, que allí donde no llega la maldad de Calviño, llegará la mano de Bruselas. No habrá políticas de austeridad, ni riesgo de país, pasaron esos días. Pero tampoco hay espacio para que Alberto haga de Varoufakis.

La economía se desacelerará y el empleo será una prioridad, especialmente si se mantiene la tendencia histórica a no crearlo por debajo del 2% de crecimiento, cifra que habrá que ver si se contrasta en el nuevo marco laboral. Necesitaremos gasto de familias y empresas, así que quizá aumentemos salarios y relajemos condiciones de crédito, pero poco más.

Para los que creen en riesgos del acuerdo entre Sánchez e Iglesias, cabe decir que el riesgo no es Garzón ni el programa económico de Podemos. «Tendremos que ceder mucho», escribió Iglesias a los suyos, mientras se ponía a buscar quién les acompaña a los sillones. Es el problema de equivocarse de tiempo político: que te cambian la agenda.

El riesgo de crisis y la incertidumbre está en otro sitio más político. Fins i tot, ho deixo escrit el poeta català Martí i pol: «cal viure sense el temor d´un bufaret que tot ho desgavelli». Lo dejo escrito el poeta catalán Martí i Pol: «hay que vivir sin el temor a vientos que todo lo descabellen.

No pasen miedo y sean felices.

Los ERE inician la transición andaluza

Así mueren 41 años de gobierno: con una estruendosa sentencia. Ignoro si, como ya hiciera en el pasado, el Supremo le enmendará la plana a la Audiencia andaluza. Basta saber que los hechos probados son demoledores

El juez ponente y su tribunal han sentenciado, por si alguien tenía duda, el inicio de la transición andaluza. Se acabó cualquier provisionalidad aparente del gobierno andaluz: los socialistas deberán pasar su calvario, una travesía incierta por el desierto de la pena. 

Cuatro décadas, preautonomía y autonomía incluidas, van por el sumidero de la historia. Ahora, vienen tiempos de recomposición, donde el tejido social, como los erizos de Shopenhauer, aullaran por los pinchazos, hasta que se acomoden democráticamente en culturas políticas renovadas. 

Con los grandes próceres socialistas condenados, la «carita colorá» de quienes hicieron gobiernos con Griñan, izquierdas de verdad verdadera incluidos, y la descripción de la opaca práctica de 680 millones, por ahora, tómese el PSOE con calma el tiempo político.

Era, Susana, la corrupción de las élites progres y no el rampante fascismo. Primero, vino el cansancio por el sospechoso modo de gobernar y, luego, toda suerte de populismos emergentes. Los ERE, y los síntomas de que todo daba igual, son los que piden más higiene que griterío en las plazas. Más reflexión que ira.

Sí; es verdad: cabe la duda constitucional de que un presidente prevarique – dadas las funciones que se le atribuyen-. Pero esa ya no es la cuestión. La cosa es que la fiscalía tenía razón: «un sistema opaco fuera de control» gestionaba los fondos de la Junta andaluza.

Toda la modernización, delegada por Madrid en élites que se autorreprodujeron durante décadas. Toda la paráfrasis sobre el derecho histórico a la sociedad asistida. Todas las generaciones educadas, autónomamente de la iglesia y los señoritos por primera vez en la historia, con denodado esfuerzo de los profesionales. Todo quedará sepultado bajo mil ochocientos folios terribles.

Lo moderno, ahora, será barrer bajo las alfombras, con beneplácito político y mediático. Y barrerá la derecha, tiene narices, la desasosegante herida, con más ira que asistencia, con más egoísmo que igualdad. Fue la venalidad la que barrió la historia, no se queje la izquierda andaluza.

Mírese quien deba, en la izquierda, unos segundos a los ojos: durante décadas disculpamos la anunciada venalidad; se miró a un lado en nombre de lo que parecía peor, en nombre de la Andalucía rescatada para el progreso. Tanto noble esfuerzo y tanto personal decente animaba a ignorar el interés clientelar, la podredumbre del método.

Mientras eso ocurría, el vínculo entre la gente y la cultura política del cambio se desvanecía. No era la complicidad ideal o social lo que sostenía el tejido de izquierda sino el gasto público sin control. Las mayorías absolutas eran, a veces, pura peonada de izquierda o asistencia clientelar. Luego, mayorías endebles de las que nadie era responsable, para acabar en alternancias durísimas para las que no hay respuesta política.

Harían bien los hombres y mujeres del socialismo andaluz en asumir ellos mismos su reinicio. Si lo hace Sánchez, que no tiende a dejar heridos en su camino, más que transición tendrán desierto. Eso sí, Susana, como mostró ayer Ávalos, no hay compasión en el socialismo español, vete haciendo la maletilla y prepara a tu partido para el desembarco de Ferraz.

La izquierda española y el socialismo realmente existente no se sienten concernidos. Estamos en otra: salvemos al soldado Sánchez, al fin y al cabo más débil es más útil, piensan en Galapagar (Podemos) o en el carrer Calàbria (ERC). Sánchez y el personal socialista ni siquiera han pedido disculpas, no va con él, impoluto servidor de la patria al que le sobra, si falta hiciere, partido.

No me apasiona esa liga para determinar si el PSOE se ha puesto segundo en la clasificación de la corrupción, tras los del «tres per cent». No le veo utilidad a decidir si deben quedar atrapados en sus palabras los de la moción a Rajoy: la simple corrección del cinismo no genera gobernación. No tiene sentido elucidar si la ausencia de enriquecimiento blanquea el dolo o si el Supremo corregirá la pena de los próceres.

El debate sobre quién es más sucio lo ganan, siempre, los populistas de cualquier signo. Las élites son chorizas, afirma el juez ponente y su tribunal, y a los demás solo nos queda esperar que, alguna vez, la regeneración sea democrática y no a golpe de juzgado ni de exabrupto. En Andalucía empieza la transición, que le sea leve a quién no tenía otro recurso que la política

No; los obreros no están votando a Vox(2)

No; los obreros no están votando a Vox, como ya les he dicho.  Les vengo a decir que una forma aparentemente patriótica de ver la inmigración, el descrédito democrático – que inició el populismo de izquierda, por cierto – y la debilidad percibida del estado del bienestar para las clases medias (amenaza de impuestos incluidos) es lo que justifica la subida de Vox.

Un fenómeno, por otra parte, que no se relaciona con el viejo fascismo español sino con nuevas corrientes en el capitalismo liberal moderno. Ya somos europeos fetén. La integración y normalización del nacionalpopulismo se ha convertido en un fenómeno común en Europa. La llamada «cuarta ola» del radicalismo de derecha se ha convertido en parte de la política europea.

Estas formaciones promedian alrededor del 15% del voto nacional en la Unión Europea y han pasado a considerarse socios aceptables en muchos países, al menos a nivel local o regional, mientras contaminan las políticas de los los principales partidos (especialmente los de derecha, pero también la agenda de la izquierda), desde Austria hasta Suecia.

Conviene que la izquierda entienda bien la base social y política de este movimiento. La izquierda española, que suele espetar un fascista a cualquiera que se encuentre a su derecha y disienta de La Sexta, tiende a ignorar las agendas políticas que moviliza al electorado nacionalpopulista.

No; no hay en España casi cuatro millones de fascistas, por más que algunos dirigentes de Vox mantengan muy sospechosas actitudes, a veces tan nazis como fachas, o que movimientos ultracatólicos y extremadamente conservadores se hayan sumado al voto en algunas comunidades. Movimiento al que no ayuda que hayamos pasado del laicismo democrático al radicalismo anticlerical, a veces de gratis.

No; los rojos de Vallecas, y de los barrios populares urbanos no están votando a Vox. Lo que dicen los datos es que los votantes de derechas de Vallecas y de los barrios obreros de las grandes ciudades y de municipios menores, especialmente las cohortes más jóvenes, se están decantando por Vox en detrimento del PP, algunos después de haber pasado por Ciudadanos.

La inmigración es un factor relevante como ya hemos dicho aquí. La clase media más empobrecida, y sus vástagos, se siente excluida del estado del bienestar y sus subvenciones que  atribuyen, muchas veces falsamente, patrimonializadas por inmigrantes, Hasta no hace mucho se consideraba algo socialmente aceptado que bajo todo había un sólido fundamento constitucional y democrático. Sin embargo, este valor ha entrado en crisis.

No deberíamos reprochárselo a los radicales nacionalpopulistas cuando, conviene recordarlo, ha sido la izquierda la primera en devaluar la Constitución y la democracia española, impugnando su capacidad de generar bienestar y valores, calificando de traición a la transición.

Actitud en la que el «sanchismo» ha caído en más de una ocasión, por ejemplo cuando puso la victoria democrática histórica en el cambio de una tumba por encima de unas elecciones democráticas o una ministra, sin interés alguno, hace un discurso educativo contra un tercio de la población escolar que se forma en una educación concertada, oponiéndola a la pública, por cierto inventada por su partido, 

La ausencia de un modelo nacional, que la izquierda siempre ha rechazado asumir con escasas excepciones históricas, sumada a la impugnación independentista del modelo de convivencia, resalta un valor que el nacionalpopulismo ha puesto en valor en toda Europa: el antiglobalismo, aquí sí que opera este valor, requiere una «patria».

Un sentido de pertenencia que la izquierda no ha sabido explicar, porque ha permitido el vaciado de la idea europeista. Un banquero central salvó Europa, mientras la izquierda ha tonteado con el euroescepticismo. En general, sabemos que los cordones sanitarios deben ser compartidos por izquierda y derecha, lo que exige la ruptura de barreras ideológicas, si se quiere ser eficaz.

Mientras buscamos fascistas, que se nos da muy bien, hay que darle vidilla a la clase media. El antifascismo – Dimitrov advirtió en los años treinta sobre el radicalismo pequeñoburgués- se basó en la misma alianza que dio origen al estado del bienestar: el acuerdo político entre el movimiento obrero y las clases medias. Sin restaurar ese vínculo no hay salida y en Vox lo saben: ¿Lo sabe la izquierda? 

Vox ha logrado que la «ansiedad económica» se relacione con problemas socioculturales, como la integración europea, la inmigración o la devaluada idea de patria. Ha pasado el tiempo, por desgracia, en los que la educación, la sanidad o las pensiones eran el debate central.

Sospecho que esa agenda no preocupa ya a los votantes del nacionalpopulismo: no aspiran a formación, incluso desprecian sus contenidos formales; son jóvenes para considerar que la pensión o la salud son un problema.

Nos han cambiado la agenda política y, me temo, que gobernar, como dice Iglesias, puede no ser una vacuna. Mientras que el nacionalpopulismo sea una parte crucial de la política, el verdadero rey es el nacionalismo y la ira. Un problema para la izquierda, que corre el riesgo de responder con ira, dicho sea de paso.

Nadie, el firmante tampoco, tiene respuesta al asunto; pero, a modo de consejo, cuidado con las alegrías constitucionales, las radicalidades y el fomento de las divisiones gratuitas.

No; los obreros no están votando a Vox (1)

No; los obreros no están votando a Vox. No; los pobres y los obreros pobres no votaban a la izquierda. Si; la derecha hace tiempo que ganaba en los barrios populares de grandes ciudades como Madrid.

Conviene decir que los comunistas que votaban en Marsella eran vanguardistas de clase media, no obreros que luego se desclasaron. No son obreros los que votan a Salvini sino pequeña burguesía empobrecida en zonas ricas: la secesión de los ricos se extiende por el mundo, miren Cataluña.

En todo caso, nunca los obreros se han pasado a la extrema derecha, no en la generalidad con la que se habla. El nuevo nacionalpopulismo, por otra parte, parece tener orígenes distintos.

Respiremos y analicemos despacio, que luego las ideas indemostradas tienen dos efectos demoledores: ignorar lo que de verdad asienta el nacionalpopulismo y desorientar a la izquierda que se pone a buscar obreros fascistas, donde hay clase media enfadada e hijos de clase media empobrecidos.

Por ejemplo, debe saber la izquierda, para no equivocarse, que mantener electorado y gobernar no es, diga lo que diga Iglesias, una «vacuna contra la extrema derecha». En los 62 municipios de Madrid en los que gana Vox, la izquierda mantiene electorado o sus pérdidas son inapreciables.

Los trabajadores y trabajadoras, empezando por los inmigrantes, sufrieron primero y más la crisis. Pero el drama del bienestar recortado no lo puso en la calle la clase obrera sino los hijos de la clase media.

Vox ha cambiado ligeramente, se dice, respecto a Abril. Apunta maneras de antiglobalismo, de excluidos por la globalización, En realidad, no tenemos en España sectores económicos hundidos que no fueran asistidos en los ochenta ni afectados por el comercio internacional.

Tenemos jóvenes «nini» (sin formación ni trabajo) e hijos de clase media empobrecidos. Hay una razón por la que la derecha debe preocuparse tanto como la izquierda: son las cohortes de población joven, que ya no votaban a la izquierda, las que cambian de campo.

No pontificaré ante ustedes, pero me atrevo a sugerir algunas ideas. En los dos textos que les propongo diré que es el nativismo (una forma aparentemente patriótica de ver la inmigración), el descrédito democrático – que inició el populismo de izquierda, por cierto – y la debilidad del estado del bienestar para las clases medias (amenaza de impuestos incluidos) lo que justifica la subida de Vox.

Ya supimos en Abril que había una fuerte relación, estadísticamente muy relevante, entre el porcentaje de votos obtenidos por Vox en algunos municipios y el porcentaje de inmigrantes. Mientras, la correlación del porcentaje de votos a Vox con el porcentaje de inmigrantes procedente de países europeos es la mitad que el porcentaje de influencia de la inmigración africana, la influencia de la latina es irrelevante.

¿Se han convertido los españoles en xenófobos súbitamente? Los procesos sociales no son súbitos. No es descartable, en primer lugar, que la devaluación del patrimonio de la clase media, en España fundamentalmente inmobiliario, debido a la concentración barrial y local de inmigración, haya ido poniéndose de relieve lentamente por el mercado. Que la ausencia de formación y la concentración de desempleo en los jóvenes haga nacer un «nativismo» antes no percibido.

También puede deducirse de algunas encuestas que la ciudadanía no rechaza tanto la inmigración como una hipotética expulsión del sector público de las clases medias y sus vástagos (subvenciones). Vox acabará siendo no solo proteccionista, sino benefactor. Y si no, al tiempo.

La exclusión de lo público se produce, piensan esos sectores, a causa de personas a las que se niega capacidad de integración. Que la inmigración latina o del este europeo, más violentas por ejemplo que la africana, no produzcan rechazo estadístico es, en este sentido, relevante.

Si no se despeja, entre otras cosas, la ordenación de la inmigración y la, falsamente conexa, seguridad no se resolverá la «ansiedad económica» que surge cuando la emoción conecta las dificultades económicas con problemas socioculturales.

Me temo que eso no lo arreglan los presupuestos de acordados por PSOE y Podemos, volcados en temas sociales que gustan a la izquierda pero no resuelven el problema nacionalpopulista, La agenda política tendrá que ir por otro lado. Esa es la capacidad de contaminación que la repetición electoral ha regalado, los costes de la tontadica.

El pacto del lexatin

Esto había y esto hay. Un millón trescientos mil votos menos y los sillones no son sillones y los ministerios escaparate se han llenado de dádivas políticas. Sobraba el centro político, la cosa liberal, y ahora que ya no hay marcha, hay izquierda.

Así son las cosas, Albert, que cuando uno se pone estupendo pasa lo que pasa. Y la izquierda politiquera siempre ha preferido buscar fascistas por las esquinas, mientras hace políticas de centro, que gobernar con centristas, cosa que Ciudadanos no entendió cuando tenía que entenderlo.

Esto es lo que hay: diez escaños menos de izquierda y 28 más de nacionalpopulistas, sin centro político y más independentismo. Todo es mejor que antes, donde va a parar, ustedes me entienden.

Hay lo que hay: no habrá sesudos programas ni estrategias. La agenda y los programas han cambiado. Sí; señoras y señores, abandonen cualquier esperanza de cambios izquierdistas. Ahora debemos darle coba a los hijos airados de la clase media, cobijados en notable oportunidad concedida al nacionalpopulismo.

Ahora, la agenda ya no es la de Abril. Aquellos presupuestos caídos tenían algún margen. Ahora, querido Pablo, gobernarán Bruselas y los recursos andarán para ser territorialmente distribuidos, para levantar circunscripciones seducidas por la maldad nacionalpopulista.

Imagino que ya no ilegalizaremos a la Fundación de Franco, tan influyente, ni cerraremos a la TV3 tan notable. Imagino que repartiremos recursos para la tierra vaciada, para los vascos y cántabros. Unos milloncillos más, que, también imagino, habrá que sacar de algún impuesto. Cosa que Sänchez había dicho que no, hace un par de semanas.

Es lo que hay: mucha, pero muchísima generosidad faltaría más, ahora que hay más pesimismo que izquierda, más ira que consensos y menos constitucionalistas.

Después de habernos traído doble ración de VOX, sostiene Iglesias que este gobierno será una «vacuna contra la extremaderecha». Pues nada, que sea. Ahora somos más constitucionalistas que nadie, faltaría más, y, en cuanto nos apuren, un poco más patriotas.

Esto es lo que hay: un insomnio socialista y una vicepresidencia para Pablo. Qué bonito: lo que no era posible en julio es hoy el sueño de todo y toda progresista. Nada como el lexatin de un castigo de la ciudadanía para ponerse en línea.

Solo hay un pequeño problema: hace un tiempo, cuando los socialistas decían gobierno progresista sabíamos que quería decir; ahora no. Hace un tiempo sabíamos que era un gobierno de izquierdas, ahora no.

El acuerdo es legítimo, es posible y, probablemente, necesario. Nada que objetar en términos democráticos. En términos éticos es, simplemente, una tomadura de pelo descomunal.

No se vuelve a la casilla de salida en política. Pedro y Pablo acuerdan porque han fracasado en sus expectativas, pero la sociedad está más dividida que hace unos meses, los consensos constitucionales más baqueteados y hemos vivido un ratito más de odio, que ha enervado a una parte notable de la sociedad española.

En la foto del acuerdo, los muñidores de siempre: eso sí, con Redondo e Irene Montero, fuera Calvo, la vice gritona, y Echenique, el enredador gritón. Errejón ni estaba en la foto, vaya por Dios.

Que gobiernen, que gobiernen, es lo que queremos, pero dos millones de ciudadanos y ciudadanas se han marchado, mientras Pedro y Pablo jugaban a las casitas. Rápidos cual la luz han corrido a acordar: hermoso, bonito, progresista, histórico, generoso. ¿ Por qué nadie ríe?

Qué noches le esperan a Sánchez; qué días de tragar sapos a Pablo, qué sustos a los demás. Cuánto Lexatin a distribuir para el personal. No pasa nada. Ahora que todo es más caro, más difícil y más opaco, tenemos el gobierno que nos merecíamos hace un trimestre, pero que hoy nos parece una chapuza notable. 

España castiga a los estrategas e impone silencio, pero la izquierda gana, naturalmente

¿Oyen el silencio? Es la sede de Ciudadanos. ¿Oyen el rumor? Es el despacho de Ivan Redondo, guardando papeles por si acaso. No; no es que nos guste el fracaso de los muy listos; es que está bien que se castigue a quién nos ha hecho daño.

Los estrategas han desplazado a las direcciones partidarias, eliminando los contrapesos que impedían las tontadas ególatras. Los estrategas de cabecera han sustituido a los directivos políticos por asesorías bien pagadas.

Los estrategas, grande camarada Tezanos, grande, han negado los números y las reflexiones de expertos, contribuyendo al desprecio a la verdad. Los estrategas han recomendado el silencio ante la mentira, porque los extremistas eran problema de otros. Por tercera vez, las campañas de miedo han fracasado. 

En España mucha gente tiene más miedo a los afamados estrategas y se queda en casa. Tranquilidad, los estrategas ya han empezado a construir su relato. La culpa es de la abstención y del trifachito. Pues nada: que los que no van a votar son culpables y los que no quisieron gobernar listísimos de la muerte.

En abril, la ciudadanía se dio un respiro de centro: PSOE, PP y Ciudadanos, podían aislar, en distintas formas, a los radicalismos de diverso signo. Rivera decidió pensar en ser líder de la derecha en lugar de liderar el cambio junto a un PSOE que, por su parte, decidió jugar a repetir elecciones. Construyeron relatos imposibles a los que, con alegría, se sumó Iglesias.

El narcisismo político y los cuentos de los estrategas han construido la autovía por la que el nacionalpopulismo ha corrido, capitalizando los problemas políticos crecidos al hilo de la ausencia de gobierno: singularmente Cataluña.

Pero dejarlo en la cuestión nacional sería un error. Existe, también, la sospecha creciente de la desaceleración, la irritación de la España vaciada, el desconcierto de la inmigración en un contexto de desigualdad (hasta trescientos mil votantes de izquierda han podido pasarse a Abascal) y gestos electoralistas estratégicos de la izquierda que movilizan más a extraños que a propios.

En el camino, dos millones de ciudadanos y ciudadanas han abandonado el campo. En grueso, un millón han sido votantes de Rivera (Vox y PP se llevan un millón y medio de los dos y medio que pierde Ciudadanos) y otro millón de abstención se lo han debido repartir socialistas y Podemos; entre ambos, pierden un millón doscientos mil votos, de los que Errejón solo se lleva 326 mil .Otro voto útil de un estratega de narices, invento para doblegar a Iglesias.

O sea, que sí; que había castigo para la izquierda. Ahítos de paseos por el jardín de los egos, se nos ha condenado a ofrecerle al nacionalpopulismo una plataforma mas que notable para proponer su agenda política.

Ahora, podemos ilegalizar el franquismo que queda, pero la agenda de la unidad nacional, de la seguridad, la ira de los hijos de la clase media, tiene una inestimable plataforma, incluida la constitucional.

Los nacionalpopulistas han sumado apoyos que, eso sí, no se hubieran se hubieran traducido en tantos escaños si un pedazo de electorado de dos millones no hubiera desaparecido, a causa del fracaso de los relatos de los grandes estrategas.

No le quitemos importancia. La notable presencia institucional de VOX supone una afrenta a lo que llevamos décadas empujando: un régimen progresivo de libertades, igualdad y democracia. No es buena noticia ni para conservadores ni para liberales ni para la izquierda; en la política de la ira solo medran los airados.

Los españoles han castigado a los estratega más listos y han impuesto el silencio a los constitucionalistas, permitiendo que los más ruidosos  crezcan.

Que los estrategas no tomen el timón: la cuestión no es si Vox es un problema de la derecha. Vox es contaminante, es un problema de todas las fuerzas políticas y, de toda la ciudadanía democrática.

Sí; aunque no guste reconocerlo, el ascenso nacionalpopulista está vinculado en su voto local a la inmigración – Algeciras, pueblos y barrios de Madrid, Murcia, etcétera-. Y está vinculado, en lo político a Cataluña. Si la izquierda insiste en que ese es un problema de la derecha, e ignora las raíces de este otoño de descontento se equivocará de nuevo.

España ha castigado a los estrategas e impuesto el silencio. Pero la izquierda ha ganado, naturalmente.


Reflexión con martini

Se acaba la carrera electoral, así que nos toca reflexionar. Y a usted, como «nunca supo resolver todas sus dudas» como canta Tai González, para la cosa de la reflexión también les recomiendo, como ya hice antes, un martini. El martini es mucho más sofisticado que la verbena esa que propone Javier Dotu, que exige levantarse al amanecer, cosa que no puede ser de gente decorosa

El martini, se lo tengo dicho, es un coctel que requiere criterio y éste opinión; esta pide reflexión. Y la reflexión exige escepticismo. Cuatro herramientas imprescindibles para la decisión electoral.

Preparen, pues, su adecuada copa, pensando en mezclar ginebra y vermú. Pero también el canon admite el vodka. Quiere esto decir, pensará usted, que el vermú es como Sánchez, lo mismo admite a Iglesias y nacionalistas que a Rivera.

El martini puede ser servido con aceituna o ralladura de limón. O sea, que puede amargarle la vida, tipo Abascal, o hacérselo más suavecito, tipo Casado. Usted póngase el traguito a su modo y se lo va pensando.

¿Agitado o removido? Gran pregunta. Shaken not stirred, agitado no removido, es la frase hecha. Si usted lo agita al modo Bond se enfría más, es decir, es como Sánchez y Casado. Si ustedes piensan en Abasal, Iglesias o Rivera, que parecen más calientes, remuevan, stirring, stirring

James Bond, se dice, lo prefería shaken, agitado o sea más frío, pero no crean que era bipartidista y que con eso resuelven ustedes el problema. En «solo se vive una vez», para fastidiar, lo pedía al revés. O sea, sigan bebiendo, perdón, quiero decir, reflexionando.

Pensar sobre las proporciones adecuadas también ayuda. La proporción clásica era muy bipartidista, mitad y mitad, pero la proporción más moderna es más de mayoría absoluta: cinco partes de ginebra por una de vermú. O sea, lo que sueña Sanchez.

Ustedes pueden, como le hizo Roosevelt a Stalin, ensuciar el coctel y ponerle agua de aceituna o de cualquier otra cosa. Quiero decir que ustedes pueden pensar en abstenerse o hacer un voto nulo, no es que sea muy de clásico, pero es una opción.

No es poca cosa el lugar donde reposar el martini. Que la luz refleje la mezcla es importante. Deje sus habituales costumbres y deje pasar un pensamiento plural y luminoso.

Es bastante probable que este primer martini no le haya permitido resolver sus dudas. Háganse un segundo, sabiendo que empieza a asumir riesgos.

La ventaja de un segundo martini es que en este punto usted se comportará ya profesionalmente: quién bebe martini no se cree lo que dicen los periódicos, el partido al que vota ni el partido al que odia. Incluso un profesional del martini no se cree a sí mismo ni a este cronista.

Un segundo martini no soporta los tópicos. Usted va descubriendo, a medida que bebe, que es de izquierdas pero no se cree que la nuestra sea la peor derecha del universo. Usted es de derechas, y mientras bebe, reconoce que el benedictino de Cuelgamuros y su portavoz, Abascal, desatinan.

El segundo martini le descubrirá la verdad: usted es socialista, pero le espanta Sánchez por una decena de razones y de Iglesias ni hablamos. Incluso usted resulta que es liberal pero no le gustan Casado ni Rivera sino la ministra Calviño, aparentemente socialista. Este es el momento en el que , con desesperación, usted se pasa a la tercera copa.

El tercer martini es el más peligroso. El momento en que se puede cometer la mayor grosería posible que no es otra que dejar el hueso de la aceituna en un cenicero o escondido en una servilleta. Sepan que la única posibilidad elegante es tragarse el hueso.

Tragarse el hueso significa que usted se acuerda de los cabroncetes a los que siempre votó y que le han cambiado el discurso, o de esos no menos cabroncetes que siempre odió y que , sin aviso previo, se han puesto a decir cosas que le parecen razonables..

Con el tercer martini, ya hundido en la niebla, usted tiene que reconocer que ellas debatieron mejor que ellos; empieza a creer que El Pais aún un es un periódico de izquierdas y que debe votar a Sanchez. Al tercer martini no falta quien cree que Abascal es un demócrata de toda la vida. Con tres martinis, usted puede pensar que Iglesias es de Vallecas, Rivera un voto útil y Casado un líder áureo.

Si en este punto aún no ha decidido, cambien de terapia. Señor y señora mía, un caballero y una señora elegantes nunca beberían un cuarto martini. O quizá sí. Y de esta manera, cuando el domingo salga del colegio electoral podrá recordar la papeleta introducida y decir como el poeta: «No sé si fue el alcohol lo que te hizo bella». Que Ustedes lo reflexionen bien. 

(Crónica ClickradioTV. 8 de Noviembre de 2019) 


Contra el ruido y la furia: un debate con martini

El cronista suele ver los debates con un martini, desde que leí sobre el coctel a Enric González.  Se lo recomiendo. Cito de memoria, según Enric, el martini requiere criterio, éste requiere opinión, esta requiere reflexión. Y la reflexión requiere escepticismo. 

La cuestión es que, a la segunda copa, usted se cree que la ministra Calviño es una radical de  izquierdas o que quitarle la sanidad a los inmigrantes es patriota. Si, dada la extrema longitud de la cosa, se toma una tercera, el adoquín de Rivera le parecerá gracioso y que Casado no tenga que ver con la agenda judicial de su partido de lo más lo normal.

Y ayer hacía falta mucho escepticismo, pero mucho. Nadie era responsable de nada y nadie era lo que parecía.

Sánchez, antifranquista radical naturalmente, se lanzó al centro, derechizando su posición catalana (Iceta no bailó anoche) y anunciando ortodoxia económica (léase bien lo de Calviño vicepresidenta). De hecho, habló del gasto social del pasado pero no del futuro. No dijo nada de impuestos ni de pensiones. Centrismo y un poquito de antifranquismo de nueva ola y «pa lante».

El contexto era de desaceleración económica – hoy sabemos que el dato del paro es el peor de un  Octubre desde 2012; el aumento de cotizantes no debe sorprendernos: son los maestros y maestras interinos que borramos del sistema en junio- y de eso se habló poco o casi nada. Incluso Sánchez se permitió falsear las cifras de creación de empleo. Mucho relato de pobres y ricos y poca política económica.

En el afán del bipartidismo por reforzarse, con cierto éxito para irritación de Rivera, es probable que Abascal e Iglesias retuvieran a los suyos, mientras Rivera desaparecía en combate. Errejón estaba el el «var» – quiero decir en el video arbitraje de la Sexta-, pero no debemos preocuparnos: hubiera dicho lo mismo que Iglesias, excepto esa parte de nosotros no queremos sillones: él llega con el sillón puesto.

La izquierda sale del debate más dividida de lo que estaba y con creciente desconfianza. Si hemos de creer a los sondeos, la idea socialista de culpar a Iglesias y restar votos, esta funcionando muy parcialmente. De hecho, la gente votó centro en las anteriores elecciones y la incomparecencia de Rivera esta manteniendo los escaños socialistas. Sánchez, que ha recuperado la idea de la lista más votada, sigue aspirando a gobernar solo, y hasta le puede salir el asunto. 

Como ya dije aquí, no habrá tercera oportunidad para la convergencia de las izquierdas. Y el coste no solo será un mayor centrismo en la política española, con esquinas más radicalizadas: pagaremos la «tontadica» de la repetición electoral al coste no menor de una contaminación social del discurso nacionalpopulista.

La derecha sacó el gol que buscaba: Sánchez, un machote que va a traer a Puigdemont, que ya lo ha hablado con los jueces belgas por lo escuchado, no pudo negar que los independentistas son una opción. Y Casado salió de líder de la cosa de derechas. La derecha no puso en duda que se pondrán de acuerdo, y esta vez Casado no se orilló más allá, aunque no se alejó de la persistente mentira que encarna Abascal.

El más claro y directo, según los analistas, resultó ser el que menos aprecio tuvo a la verdad. Mintió sobre el coste del estado autonómico, sobre la imposibilidad constitucional de rechazar la progresividad del impuesto sobre la renta, sobre violencia sexual de inmigrantes, sobre denuncias falsas de violencia de género. Mentirosillos fueron todos, pero el campeón, es el campeón, déjese claro el asunto. Eso sí, sus burradas sirven para construir el discurso del miedo tanto como para levantar a nuevos patriotas.

Me temo que los candidatos son unos dramas. Iglesias afirma que nacionalizará la energía y castigará a la banca. Abascal nos lleva al apocalipsis del expolio fiscal, inmigración subvencionada y quiere cerrar las autonomías: falsos tigres de la crisis, nunca demostrados pero que siempre vienen bien cuando no se tiene ni idea.

Sánchez y Rivera coinciden, en peores piedras se sostienen pactos, en una cosa: para resolver la desaceleración y llenar la España vaciada hay que tener hijos e hijas. Por favor, pónganse ustedes que tienen edad. Casado crea más empleo que nadie en el mundo mundial.

Solo una vez se rompió el eje derecha e izquierda: con la cuestión de Europa. Que Abascal e Iglesias propongan un tipo de proteccionismo que nos excluye del euro debería preocuparnos. No; España no puede poner aranceles. No; España no puede modificar la imposición sobre multinacionales en solitario. Los costes son los que son y deberían ser sinceros sus portavoces.

La furia del nacionalpopulismo, el ruido de los demás, alimentan nuestro escepticismo. Para la izquierda de verdad verdadera ni siquiera existe la esperanza del señor que estaba en el «var».

En fin, ustedes no se preocupen, por encima del ruido y la furia, nacidos para impedir un desbloqueo, siempre nos quedará Bruselas, nuestra eterna paciencia y el martini. Ahora, les propongo un trato que esto me cansa mucho: la próxima, el cronista se pide ser feliz, y ustedes me lo cuentan.

La insoportable belleza de las encuestas

Denunciemos toda clase de tortura. Ningún ser vivo o inanimado debe ser sometido a tal sufrimiento: los números, tampoco. Los números son retorcidos y torturados hasta perder su naturaleza, que no es otra que el valor y el orden. Esta es la infame esencia de la estadística y de la sociología de los números electorales.

Pero al tiempo, amigas y amigos lectores, que haríamos sin unas encuestas electorales. Días enteros sin opinar ni analizar sesudos escenarios. Pero, sobre todo, que haríamos sin recibir los amenazantes avisos del potencial triunfador sobre los adversarios que nos amenazan.

Aceptemos que los sondeos son necesarios. Desde que, a partir de finales de los setenta, los partidos de masas se volatilizaron, los medios de comunicación se alinearon con este o aquel y los finos sociólogos no supieron pasar de la muy comentada, pero poco eficaz, lucha de clases, solo hay un modo de conocer la opinión pública: preguntar.

Aunque las encuestas electorales atraen una gran atención por su capacidad de predecir el resultado de las elecciones, no van dirigidas a políticos, sino a periodistas y ciudadanía y, también, a agencias de comunicación.

Por ejemplo, no importa tanto saber quién va a ganar, sino en que periódico insertar anuncios. No importa tanto saber que parte del programa interesa sino la debilidad personal del candidato.

Es decir, las encuestas forman parte del ruido. Y como tal son tratadas por la ciudadanía. A veces, reconozcámoslo, somos algo mentirosillos: por ejemplo, hay quien dice a una entidad privada que votará a VOX, pero si viene un funcionario público, tipo CIS; igual no. El sesgo, que se llama.

Hoy era uno de esos días grandes. Le tocaba al compañero Tezanos. Nunca un activista político ha estado a cargo del CIS, y da mucha risa, acierte o no. El resultado es evidente y palmario: Sánchez se sale; barremos los nuestros. El que no es feliz es porque no quiere.

Algunos torturadores de números expertos opinan lo contrario. Los que ya no se gastan dinero en hacer encuestas, sino en hacer la media de las que se publican, decían cosas distintas. Pero entre la media y Tezanos, Tezanos siempre gana, ya les aviso.

La encuesta levantará el animo de los socialistas, algo mustios, alegrarán a Rivera, que pasa raspadito del diez por ciento y se mete en el pactómetro y pone de relieve que lo del traidorcete Iñigo, como que no da mayoría. ¡Vaya por Dios, qué disgusto! 

Por si acaso Tezanos tiene razón, ha sido filtrarse un par de datos – por supuesto Tezanos odia las filtraciones- y ponerse los candidatos de la izquierda a caer de un burro, por si acaso hay que negociar un día y eso, que haya bien rollo.

Sostiene el CIS, para intranquilidad de Rivera, que un tercio de los votantes de Ciudadanos duda con el PP y un 20% con el PSOE. Hay elecciones, Albert, que uno no está para nada. También, un 20% de los votantes de Podemos dudan si votar a Sánchez. Chungo, todo muy chungo.

En el mejor de los escenarios, estaríamos para una negociación, dicen los titulares, muy tranquilizador visto lo visto (con Rivera no y del otro no me fío, ustedes me entienden). Ni les cuento como estaríamos en el peor.

Esta es la insoportable belleza de las encuestas: mientras torturamos los números, no hablamos de otra cosa.


La normalidad esa de la que usted me habla

Normalidad. La ciudad de los prodigios ha sido devastada por vándalos; un presidente de Gobierno entra y sale con escolta de un hospital; un president de Govern cobra para no gobernar sino para manifestarse, Todo normal.

«Ez que erez de un mundo zin vizión de dayos», sostiene mi nieto con su lengua de trapo, mientras afirma combatir con, para mí, invisibles monstruos. Triper afirma que, en ese mundo, a la DANA le llamábamos gota fría. Ambas apreciaciones son excelentes parábolas: en el mundo de este peregrino cronista todo parecía menos sexy, pero también menos cínico.

Tras la crisis financiera, que alteró la estabilidad que generaba las rentas de la clase media y derrotó a las naciones balneario, la ira se ha convertido en el estado de normalidad.

Desde los «chalecos amarillos» a «indepes» cabreados, ya no se trata de convencer ni de siquiera de vencer democráticamente: ahora hay que humillar, destrozar, enviar al «basurero de la historia», como diría Trotski solo hace un siglo, a quien intente recorrer una senda socialmente pacificada.

El problema es cuando el poder, y a veces quien crea opinión, asume la ira como la golosina que debe ofrecerse a los enfurecidos vástagos de la clase media alta . Se recuerda, con demasiada tranquilidad, que París o Londres, Ecuador o Chile, Hong Kong, padecen la misma enfermedad que practican los hijos e hijas de las más altas rentas «barcelonines». Mal de muchos, ya se sabe.

La «nueva normalidad» ampara el populismo y, también, el pensamiento nimio. Para qué la reflexión, si lo normal es el ruido y el griterío.

La normalidad hispana alcanza, como no podía ser menos, sofisticados momentos históricos: president que corta carreteras que está obligado a mantener abiertas; «pacifistas» que queman contenedores; presidente que entra a hurtadillas en los hospitales, escoltado con subfusiles.

«Que no panda el cúnico». Un elegantísimo ministro de Interior, experto en estado de derecho, asegura que hay normalidad. Que la socialdemocracia realmente existente asuma el criterio de la «nueva normalidad populista» no deja de ser un problemilla para quienes nos reclamamos de la izquierda de siempre, y no de la de verdad verdadera que se lleva ahora, presa de la airada normalidad.

Más vale que las encuestas se equivoquen, y la normalidad no produzca un nuevo fiasco. A fecha de hoy, los que construyen relatos sustituyendo a la realidad y asumiendo la normalidad no van ganado: el camarada Redondo, asistente en La Moncloa, anda temblando, cuentan las malas lenguas,

Resulta que es normal, avisados estábamos de la fecha, que la mayor crisis de convivencia en décadas nos pille sin gobierno. Las cosas que a ustedes les preocupan no forman parte de la normalidad.

Ni gobierno, ni presupuestos, ni desaceleración, ni pensiones, ni empleo, ni…Por qué se empeñan en tontadicas, con lo divertido que es pasarse horas en la tele, viendo cosas que ustedes no creerían: arder contenedores de guerra más allá de Urquinaona.

Esa normalidad de la que usted me habla es lo moderno. Que el abajo firmante crea que, en tiempos de ira y globalización, lo revolucionario son las reglas democráticas, no el desorden, es, simplemente, de ese mundo donde no había «viszón de dayos», como dice el filósofo de mi nieto.. 

Desobedezcan ustedes…que a mí me quitan el salario

Torra se indignó tanto, tanto, que se indignó, dejo de respirar cinco segundos y convocó una rueda de prensa donde anunció que….,grave asunto, mandaba unas cartas. Afirma Torra que volverán a hacerlo, pero como ya subieron a la montaña y no había arca benefactora, será en otro momento.

La sentencia ha sido comunicada, Piqué ha hablado, las declaraciones, incluidas las necesarias del Barça, el Girona y el Espanyol, se han producido. Los constitucionalistas dicen, más o menos, que acatan; los halcones del populismo que vaya birria de sentencia y las palomas populistas, incluidas las sorprendentes huestes sindicales, dicen que vaya barbaridad.

Todo lo previsible, incluidas las manifestaciones, ha acontecido, también la radicalización de Puigdemont, que ha desbaratado la modesta indignación de la política catalana. El fugado echa de menos «el apreteu». Una Generalitat que, por cierto, enfrascada en la retórica, no ha dado instrucciones a los Mossos para que haga la vista gorda. Unos Mossos que tampoco están por la labor de ser desautorizados.

Es decir, el ruido se ha producido y la desobediencia se limita, por ahora, a estudiantes que abandonaron los campus a la caza de otro aprobado general, a los funcionarios que echaron un poco de mañana; de momento, lo único colapsado es el aeropuerto, y en las calles el ruido no alcanza, por ahora, cotas que escandalicen.

Entre ustedes y yo, pasar lo que se dice pasar, no está pasando casi nada hasta este momento. La filtración de la sentencia ya había amortizado la irritación y el cansancio se nota.

Mañana tocará teatro en el Parlament, pero tampoco parece que los líderes parezcan dispuestos a inhabilitaciones, penas y prisiones, que no estamos para héroes y heroínas. Que venga el fugado y se inmole, susurran al calor del fuego de campamento cubierto de esteladas en el mundo independentista.

La verdadera vía Quebec ha quedado abierta. Esto es, dejemos a los fundamentalistas que sigan en la suya, irredentos, mientras hacemos que las mayorías sociales cansadas bajen la guardia y les demos gobiernos transversales para que parezca que no han perdido.

Así se lo andan currando Iceta, Comunes y Republicanos de Esquerra, mientras van dejando al huido y su peña, Torra a la cabeza, a la espera de la quimera, en palabras del Supremo, que hasta hace literatura, oiga. 

En rebeldía total, temblará el capitalismo occidental y la sociedad de naciones, Torra hará uso de sus autonómicas, menores y baldías competencias. Ya no se debatirán leyes de desconexión, sino que con cabreo y recurso de fiscales, jueces y algunos penados y penadas, que no tienen la suerte de ser de la peña, llegará el régimen de semilibertad, para que los héroes condenados por delitos graves paseen de nuevo por las alamedas.

Correrán los días, y mientras llega el diez de noviembre, vean los costes de la tontadica de repetir elecciones en este escenario, se jugarán partidas políticas, como el liderazgo nacionalista y las necesidades de Sánchez, que requerirán polarización y tensión, única técnica, el relato es el relato, de mantener prietas las filas.

Los socialistas mantendrán la firmeza constitucionalista y los otros constitucionalistas dirán que no se fían. Los que no son constitucionalistas harán ojitos; unos a la caverna, otros al electorado «indepe», no sea cosa que pesquemos en rio revuelto.

Y sí, para el desbloqueo, necesitamos volver la mirada a la secesión, miraremos y volverán los enredos de indultos – propios de regímenes de concentración de poder y reyes a quienes se les reconocía imponer penas- y amnistía.

La sentencia aporta simplemente contenido emocional a discursos políticos que se habían quedado vacíos: Una sentencia, todo hay que decirlo, en el máximo de la sedición, o sea dura y marcando el paquete del estado de derecho

Si la emocionalidad es suficiente para recoser la fractura que hace días recorre la sangre estelada es cosa que el tiempo dirá, a golpe de elecciones generales y, también catalanas. La sentencia producirá renovaciones de liderazgo y perdida de poder del huido.

A lo mejor si nos damos un par de décadas de administración honrada, volvemos a mirar a la gente y sus necesidades, abandonamos los porcentajes que cosieron el independentismo y los recortes, quizá entonces…

Pero si, por si acaso, hay que desobedecer, que desobedezca el pueblo, piensa Torra, que a mí me quitan el salario… 

Desempleo, otro aviso pesimista

La creación de empleo se va frenando al igual que se frena la economía. Es el segundo aumento consecutivo del paro tras el del pasado mes de agosto. Cierto que el pasado septiembre hubo 3.224 cotizantes más que en el mes de agosto, pero es el más flojo desde 2013.

En total, la Seguridad Social contaba con 19,32 millones de afiliados con empleo. Hay que decir que solo el 9,5% de esos nuevos contratos son indefinidos. Hay 13.907 nuevos desempleados. Fundamentalmente, mujeres y jóvenes, lo que es un incremento menor pero hay que recordar que como tuvimos la crisis de empleo de agosto, había menos contratos que cancelar.

Así pues, si contabilizamos un año, la creación de empleo ha crecido un 2,44% más que el año anterior, por cierto muy temporal. Este porcentaje es alto, pero es el más bajo de los últimos cinco años. Como es habitual en septiembre, el aumento de afiliación estuvo liderado por la educación -vuelven los despedidos en junio, no son nuevos-.

En el lado contrario está la Hostelería, la rama que registró más bajas en la afiliación, a la que se sumaron como todos los fines de verano el comercio y la sanidad. La escasa cifra de nuevas afiliaciones puede estar indicando que nos aproximamos a la barrera del 2%, cifra por debajo de la cual a la economía española le cuesta crear empleo.

Es cierto que la economía española resiste, debido al bajo carácter exportación quizá, pero se ve arrastrada por los malos datos macroeconómicos globales, que quizá se notan más en la caída de la inversión inmobiliaria extranjera, y también por cierto coste de incertidumbre que afecta a la inversión en bienes de equipo, por ejemplo.

El problema es, como aquí se ha apuntado, que tenemos menos margen de maniobra para los programas de gasto que todas las instituciones europeas recomiendan. La respuesta, señoras y señores tertulianos, se la daré dentro de tres meses, pero ya hay una encima de la mesa. Necesitamos presionar a Alemania, un «Falcon» a Bonn, por favor, para que aligere sus programas de gasto, necesitamos impulsar el gasto de las familias, que es lo que ayuda a las pyme, y también inversiones públicas.

Todas las instituciones europeas e internacionales están alineadas en una dirección similar, incluida la reserva federal. Se enfrentan con algunos países con poco margen, como es nuestro caso, pero también con lo que ahora sabemos son riesgos del populismo.

El empecinamiento de Trump o Boris Johnson, junto a otras formaciones radicales en el este europeo, son un límite para el concertó internacional que esta preparando un bazooka por si acaso.

Pedro Sánchez ha reconocido ayer, finalmente, que crisis puede haberla, ya no es coyuntural, como era hace un mes, ni las previsiones son tan estables como decía el lunes la ministra en funciones. Ya sabemos que la falta de presupuesto, la incertidumbre y las «tontadicas» políticas nos están haciendo daño.

Crónica emitida en Click Radio TV.

Una cierta inquietud

Una «cierta inquietud» atenaza a los socialistas; lo dice el medio que conoce estas cosas y deberíamos creerle. ¿Inquietud por el tiempo que se pierde sin gobierno? ¿Por la rampante desaceleración?¿Por un gasto público sin presupuesto, que está generado un déficit un 17% más que el año pasado?

No; al parecer los barones socialistas están preocupados por las futuras elecciones: no se fían de los cálculos del experto en relato ni del cansancio social. 

Las elecciones, piensan, las carga el diablo. Eso de que se van a abstener dos millones sin que nada cambie ni afecte al PSOE no acaban de verlo claro.

La inquietud, como ustedes saben, es el desasosiego que acompaña a la ansiedad. Y nada produce más ansiedad que el poder que se aleja o la duda que atenaza a los responsables de una organización lanzada, sin resuello, a unas elecciones que Sánchez desea, animado por quien le jalea.

Una ansiedad que, también, produce el temor a una «portuguesa» low cost. Esto es, un ataque de seso de Iglesias que permita el gobierno de Sánchez, sin acuerdo, y con un gobierno en minoría, sometido a derrota tras derrota en el Congreso. Una perspectiva que dejaría la convocatoria electoral en manos de Iglesias y no en manos de los socialistas.

Una «cierta inquietud» produce el temor a que Sánchez se haga un Rajoy, y no acepte la candidatura a ser investido, a que le pida a la derecha que abandone el «no es no» y se abstenga. Cosa que recordarán ustedes era una barbaridad, que solo a unos ensoberbecidos barones, atrapados en sus sillones, se les podía ocurrir, frente a tanto corrupto.

Cosa que al centroderecha no le molesta mucho ya que, también, anda a sus cosas electorales, de la alianza de Casado, que parece tener escaso porvenir, a las maniobras de Rivera y la ausencia de Vox de cualquier cosa que huela a alianza con esos progres de la Cayetana, que en el fondo es una roja, cosa que ustedes y yo ignoramos por que no estamos en el secreto.

Las izquierdas siguen sin entenderse. Nadie ha conseguido que sus lideres acepten que, incluso en el jardín de los egos, discutir quién la tiene más grande (me refiero a la desconfianza, naturalmente) no es lo más moderno.

Los fosos abiertos por los autores de la batalla del relato, se han hecho imposibles de superar y las perlas que se dicen hacen inviables los encuentros y las confianzas personales imprescindibles. Dice Zapatero, y algunos de los barones, que se tomen un tiempo: o sea, una «portuguesa», con entrada en el gobierno a final de legislatura, lo que dicho así le parecerá una broma a Iglesias.

El juego consiste, desde hace días obviamente, en que el coste del no acuerdo lo pague el adversario. El coste de ciudadanía no se incluye en la ecuación ni en el precio.

Uno de los momentos más difíciles de Úrsula (Cien años de Soledad) es cuando cree descubrir que Aureliano Buendía no fue a la guerra por ideales sino por soberbia. Eso nos pasa a la ciudadanía, que más que una «cierta inquietud», lo que tenemos es un monumental cabreo.

Los productores de la peste del relato pretenden sumergirnos en aquella pérdida de memoria colectiva que asoló Macondo, empujada por la peste del insomnio. 

Se equivocan; no solo porque, como los Buendía, quien no tiene memoria se hace una de papel – periódicos, blogs, radios- sino porque, como en Macondo, encontraremos a un «gitano Melquíades» que nos sane, nos devuelva la memoria y con ella la realidad, y lo haremos en vísperas electorales no duden. 

Calvo sugiere algo impúdico

Hemos pasado de algo racional y democrático, la ocupación de cargos de gobierno por partidos políticos y coaliciones, a la ocupación de organismos reguladores o autónomos que, solo al parecer, habíamos convenido que debieran ser un ejercicio independiente y profesional.

La vicepresidenta Calvo, experta en liar lo desliado, ha alejado a Podemos de la televisión (RTVE) y los impuestos (Agencia Tributaria), viniendo en consecuencia a reconocer que estas son cuestiones supeditadas al Gobierno, cosa que, para escándalo de bienpensantes también creían Rajoy o Montoro, por un poner.

Para liar más la cosa, la Vicepresidenta ha sugerido que el Defensor del Pueblo, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) o el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sí son objeto de chalaneo.

Organismos reguladores del mismo nivel son la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) y organismos autónomos del mismo tipo son AENA, los puertos, alguna entidad de gestión energética y cosas parecidas para las que, sin duda, en Podemos encontrarán perfiles de gestión adecuados, como su portavoz adjunta o Irene Montero.

La cosa de la confusión institucional, alentada por la Vicepresidenta, ya la había empezado Sánchez. En la alegría discotequera, donde se presentó el programa máximo que debe valer para seducir a vascos, cántabros y podemitas o para presentarse a unas elecciones, Sánchez propuso una «triple garantía» para superar la desconfianza en la izquierda.

La triple garantía consiste en la inaudita propuesta de cargar al estado con el seguimiento de un acuerdo partidario, creando «una Oficina de Cumplimiento del Acuerdo», dependiente (sic) «de Hacienda», 

También las Cámaras perderían la correspondiente autonomía del legislativo, creando comisiones de seguimiento en su estructura. Por lo demás, una especie de asamblea popular, cargaría con el escrutinio del asunto, cerrando la tripleta de desatinos en plena fiesta electoral y discotequera.

Seamos serios, solo cabe rogar en este «desdios» en el que nos habéis metido, camaradas, que seamos democráticamente serios.

Queridos camaradas: tras dos oportunidades históricas para demostrar que la izquierda puede ser plural, competir y, luego, colaborar, ahora nos vemos en la tesitura de someter a humillación no ya al aliado preferente, menos mal que es preferente, sino al conjunto del aparato democrático del país.

Esta confusión entre partidos e instituciones, más allá del gobierno, para afectar a organismos de gestión que se suponen profesionales, reguladores que se suponen independientes y parlamentos que se suponen autónomos es una de las históricas demandas de regeneración institucional en España. 

Frente a las demandas regeneradoras de todo populismo y propuesta renovadora ante el bipartidismo, incluido Sánchez hasta que se ha puesto a practicar la alquimia del superviviente, se nos propone la más vieja de las prácticas del bipartidismo: el reparto. Si Podemos entra en esa vía, las risas embargaran nuestro ánimo.

De los mismos productores de la enésima batalla por el relato, nos llega ahora la impúdica sugerencia de la almoneda institucional. No hay enmienda, camaradas, no hay enmienda.


Climarianos

La abuela del cronista decía “vete al ultramarinos y sube lo que haya”.

Una vez que intenté algo parecido con mis hijas comimos pizza congelada y helados. En mi caso no había forma:

El tendero tomaba una hoja de periódico sabana atrasado (¡Viva el Heraldo de Aragón!), elaboraba un cono científicamente calibrado y, de una caja mágica, extraía lo que la huerta enviaba, según temporada.

El cronista ha pasado décadas odiando al tendero, pues de aquella caja nunca sacó, sorpréndanse, ni aguacates, ni quinoa, ni queso feta. Creía que pretendía nuestra muerte física y civil, pero resulta que mi abuela, el tendero y el cronista éramos climarianos y no lo sabíamos.

El lío empezó cuando el periódico de referencia de lo políticamente correcto anunció que lo último no es ser vegetariano, plasticariano, ni nada de eso: lo fetén es ser un “climatarian”.

Dos terremotos se desencadenaron, sucesivamente. Por un lado, los guardianes de la lengua afirmaron, con razón, que el anglicismo debía sustituirse por climariano, no en honor al primo de Rajoy, sino porque así funciona nuestra lengua.

Pero lo grave, grave, es que siendo un climariano aquel o aquella que se alimenta según las necesidades del planeta, debe seguir tres criterios: temporada, proximidad y sostenibilidad.

Esto es un mandato terrible, todos los hipster y miliéniales cayeron dramáticamente en la cuenta: no habían calculado la huella de carbono de la quinoa, el aguacate o el queso feta.

Tampoco la huella del llamado comercio justo, que trae café, pecado mortal, en aviones de transporte.

Entenderán, enseguida, lo serio del asunto: resulta que las producciones hispanas de esos productos, y de muchos otros de moda, no cubren nuestro consumo. Como los productos no se teletransportan, resulta que su huella de carbón los hace poco sostenibles.

Terrible: cuántas cartas de restaurantes deberán ser cambiadas por las judías con patatas o la borraja de la tierra.

No cabe duda, y eso es un asunto serio en el que no cabe ironía, que la alimentación es uno de los retos para la sostenibilidad en el sentido más amplio. Tanto por el impacto ambiental de sus producciones industriales como por la necesidad de mantener altos estándares de alimentación que alivien la pobreza.

El problema es que las manías del centro rico del mundo están dopando los mercados, produciendo dos efectos perversos: la sustitución de los proveedores locales (por ejemplo, la quinoa se extiende por el mundo, pero ya no la producen los pequeños productores bolivianos) y, por otro lado, la alta demanda eleva los precios de tal modo que los campesinos pobres que cultivaban la quinoa o el arroz asiático no pueden comprarlos.

Por eso, renunciar, por principio, a avances en tecnología de la alimentación o imaginar consumos de bienes exquisitos, pero escasos, no hace sino dañar lo que se dice proteger.

Greta, la joven noruega que salvará nuestra vida, ha llegado a Nueva York para participar en la cumbre del clima. Eso sí, ha viajado de forma sostenible: en un velero, aplicando dos semanas de tiempo. ¿Será el mundo de quienes tienen veleros y barquitos y los demás no saldremos de nuestra barriada?

La movilidad, constituyó uno de los avances democráticos más relevantes de la historia del ser humano, mejoró su conocimiento y su cultura.

El día que la distancia paso a medirse en tiempo y no en millas náuticas, los menos ricos pudieron conocer el planeta.

Ahora, ante la emergencia climática, corremos el riesgo de empequeñecer nuestros mundos: no viajaremos, no nos cruzaremos, defenderemos solo la producción local y, al defender el terruño, recelaremos de los extraños y emigrantes que quieren expoliar lo nuestro.

Los que niegan el cambio climático, los intereses corporativos que impiden la investigación y nos llenan de contaminantes, los que desconfían de la tecnología producen estos efectos y culturas desmedidas. Seamos, pues, climarianos, al fin y al cabo, hace cien años lo éramos todos, menos los ricos.

Quizá, si fuéramos más equilibrados, aceptando la amenaza del cambio climático en lugar de ridiculizarlo y aceptáramos también soluciones para combatirlo, salvaríamos el planeta y, sobre todo, a la gente.

(Crónica ClickradioTV)

El “Cholismo” abandona al pueblo: del populismo también se sale

«Ya no somos el equipo del pueblo». Se siente, camaradas, se acabó el ensueño. Sabíamos la verdad, pero uno de los «heraldo(s) de la virtud heroica» no ha podido por más tiempo ocultárnosla: era, como temíamos, el mismo mercadeo de los demás.

Ha sido Pablo…Simeone, pero podría haber sido el otro. Queremos un sitio al lado del poder, nos hemos hecho de la pura casta a golpe de milloncejos gastados e ingresados. Ya no podemos aguantar el cuento, ni contar cuentos con cuentas imposibles.

Lo de partido a partido, somos pobres y competimos con la casta, quién gana en la capital y todos los sorpasos anunciados, que los seguidores han repetido cual secta durante años ya son hueros lemas de la historia. En realidad, ahora podremos decir, sin engaño, conocidas las razones, que nunca fue verdad.

Lo de tener un gran estadio y comprar un jugador de 125 millones, que viene a ser como vivir en un casoplón en Galapagar y pedirse un ministerio, es suficiente razón. Ya no somos del pueblo y la sinceridad retumba en los diarios.

Confesión de populismo fenecido que sorprende a propios y extraños. No se cambia la mística, la ética y la estética sin costes: la decepción del fiel seguidor que creyó en la patraña y el retorno de la mayoría a la estética aristocrática.

Así son los populismos de toda clase. Una religión que empodera a los mejor pagados que hacen de la intensidad, la tensión, el frentismo y la energía testicular la filosofía que enfrenta a la razón lógica. Pablo, el Simeone, habla de fútbol o… quizá no.

Todos tienen estilo y convicciones menos quienes les ganan. Si Pablo, el Simeone, es derrotado, lo es por alguien que no tiene estilo definido; si Pablo, el Iglesias, es derrotado, lo es por un «loser» sin estilo. Ah, amigos y amigas, ellos eran del pueblo, pero han decidido que ya no; que quieren ser de la aristocracia.

Ellos que cuando abanderaban al pueblo no pudieron asaltar los cielos, derrotados por una impoluta y blanca lógica en las dos ocasiones que pudieron hacerlo, abandonan el campo de las alternativas, piden una silla entre la aristocracia: unos millones y unos sillones tienen la culpa.

Los populismos construyen su mística apelando a las viejas tradiciones. Sus líderes se hacen portavoces de los viejos valores, hasta que medran y se instalan en el correspondiente establecimiento.

Es justo entonces, cuando el trocito de pueblo que les sigue, siempre menor del ruido que hace, parece a punto de ganar la batalla, cuando el general hace una declaración solemne: «Ya no somos el equipo del pueblo» y las herrumbrosas lanzas desaparecen, mientras el general pide sitio entre la casta.

El «Cholismo» abandona al pueblo: del populismo también se sale. La declaración no pedida de Simeone, en el diario La Nación, es tremenda: una refundación en toda regla del pensamiento épico.

No es negativo, créanme. Cuando el cinismo histórico y la superioridad moral desaparecen, a los equipos del pueblo les va mejor porque el cambio es democrático: se basa en el juego, ustedes me entienden. 


El Cuentista  que imaginó el relato de Sánchez

«No hay nada más poderoso en el mundo que una buena historia», afirma Tyron, el más afamado de los asesores políticos de la última década, al decir de quienes han consumido más televisión que en todos los tiempos.

Ni huestes, ni oro, ni banderas…o sea, sin ideas. Y los más afamados asesores públicos se han aplicado a la tarea. En la época del breve tuit, lo que importa es la historia no el proyecto. El mejor pagado es el cuentista, no el ideólogo. El cuento vence a la razón.

Que Sánchez ha ganado el relato del no gobierno es un consenso general. Redondo ha vencido a Echenique, la sofisticada triquiñuela del mandamás de la oficina de Sánchez a la grosera trampa de Echenique, la ética del resistente a la ética de la soberbia. Sánchez es un estadista, Iglesias racanea cargos…es lo que hay.

Las historias han sido determinantes en nuestra educación durante siglos. «Cuéntame un cuento» es lo primero que aprendemos a pedir de niños: la diferencia es que el cuento nació para educarnos, para moralizarnos, para enseñarnos la historia. Hoy el cuento, el relato, es la trampa que nos oculta los hechos.

La literatura norteamericana de los sesenta, el llamado pensamiento narrativo, presumía de poder crear realidad, a partir de la escritura, y rivalizar con el pensamiento lógico. El relato se ha convertido en un peligroso sustituto de los hechos racionales, el mejor sustento populista, pero también de la razón y la mentira de estado.

Primero fue el marketing el que se contaminó de la idea, para enganchar inmediatamente en la gestión pública. Beneficiados por el más elemental y binario pensamiento, o se ama o se odia, la asesoría política ha creado una época donde las batallas simbólicas sustituyen al relato compartido.

La nación, la religión, el gobierno… se construyen sobre improbables cuentos, donde lo que importa es ganar en la división. El desenfocador es el comunicador del futuro, les dijeron a los más jóvenes y ambiciosos politólogos, devenidos en consultores y asesores que se pusieron a crear su propia realidad: la historia, la realidad, es el enemigo.

Puesto que lo que importa es desenfocar, dará lo mismo ser de izquierdas o derechas, el Cuentista que construyó el relato de Sanchez empezó en la derecha. Lo importante es ser eficaz para que las historias sustituyan a la narración de los hechos.

En estos días, la espantada ciudadanía ha observado la disputada pelea entre el asesor profesional y el asesor de sí mismo, como corresponde a la ética de la soberbia. Una dura batalla entre expertos en enturbiar las aguas para que parezcan más profundas.

El cuento nos ha impedido escuchar el verdadero «estruendo de la batalla»: una división de la izquierda tan eterna como la vieja idea de la justicia.

Una ruptura fundamentada entre, por un lado, programas máximos, rechazo a las mayorías  y desprecio a la política, y, por otro, posibilismo débil, estrategias centristas y alejamiento social.

La síntesis históricamente imposible que, desde el veintiuno del pasado siglo, ha lastrado las posibilidades de cambio, ha vuelto a repetirse en su forma más perversa: la que deja en las manos de la derecha la gestión del proyecto político.

Eso sí; el relato lo ha ganado Redondo. Quizá convenga recordarle al afamado cuentista que las victorias políticas, como han aprendido todos y todas las que alguna vez se han dedicado a la asesoría a líderes áureos, se producen por el error del contrario.

No; el relato del Cuentista de Sánchez no ha vencido por explicar lo lógico, sino porque Iglesias construyó un cuento sobre imposibles cuentas, erró en su estrategia.

Camaradas, la cagasteis de nuevo

Vuestra batalla por el relato se nos da una higa. Y esto es lo más elegante que voy a deciros.

Queridos camaradas: en cuatro años habéis tenido dos oportunidades históricas para demostrar que la izquierda puede ser plural, competir y, luego, colaborar. Cito de memoria, pero creo que fue Clara Campoamor la que dijo: «No cometas errores históricos, no tendrás tiempo de arrepentirte»

Practicáis, con energía, el principio de que el ganador se lo queda todo. Soñáis con sorpasos o con ser Felipe González. Despreciáis, personal y políticamente, a aquellos con los que debéis acordar. Llamáis perdedor a Sánchez o gritáis «con Rivera no», antes de pedirle ayuda.

Vais de vigilantes de la playa o de izquierdas posibles, amparados en factorías que solo muñen triquiñuelas, al modo Redondo, o soberbios desprecios, al modo Echenique.

Se torturan los números, en lugar de asumir con valentía el déficit. Se manipula el lenguaje, para no decirnos que justicia fiscal es subir impuestos.

Camarada Iglesias: no eres el primer «profeta de los bienaventurados» que entierran las arenas del mar, pero sí de los primeros que quiere enterrarnos con él. Camarada Sánchez, gran superviviente, primero en la historia en perder no ya una, sino dos investiduras, siempre más presto a la venganza que a preguntar por nuestros intereses.

Camarada Garzón que, en los momentos en los que la beneficencia parlamentaria le da un hueco, hace de casco azul. Tú, que prometiste ser influyente en una nueva formación, para pasar a ser mudo bien pagado, Ese Rufián devenido en hombre de estado que, en impresentable oximorón, se presenta como izquierda independentista y abertzale, exigiendo a la izquierda española, mientras se arrasa con toda política progresista y de diálogo en Catalunya.

Unos y otros, que todos son hombres por cierto, nos avisasteis de que votábamos un jardín de egos, pero no de vuestra incompatible soberbia. Todos y todas os reclamáis de la izquierda de verdad verdadera, mientras llamáis «caseta del perro» a las políticas públicas o soñáis con darle mochilas a Rivera. No podéis hablar de España o buscáis compartir mesa con imposibles independentistas. Negáis a los sindicatos, mientras aplazáis el cambio

El personal de izquierda lo perdona casi todo. Pelillos a la mar si se aplaza la revolución por falta de trompeteros o si se nos lleva a una alianza militar. Lo que no se perdona es que se haga daño a la gente. Y dejarnos sin gobierno nos hace daño. Y lo pagaréis, camaradas, en forma de abstención o de voto de castigo.

Camaradas que queréis naves que quemen el capitalismo, más allá de Orión naturalmente, que queréis que brille la socialdemocracia en la puerta de Tannhäuser, la cagasteis de nuevo, los dos y medio que sois.

Sabed camaradas, dicho sea en honor al perdido Rutger Hauer, que lo más probable es que os desvanezcáis «como lágrimas en la lluvia». Que el final del afamado monologo se cumpla no sé si será posible.

Sabed camaradas que el firmante es de izquierdas, pero no os votará ni una «puta» vez más. Os avisé: lo elegante estaba en el primer párrafo.

Cosas que no hemos votado

Es probable que mañana a estas horas (18,13) tengamos gobierno; o quizá lo hayan dejado para septiembre. La única diferencia, en todo caso, será nuestro grado de cabreo y la perplejidad que nos invade.

En el momento en el que haya gobierno sabremos que Sánchez abandonó eso de gobernar solo o con amiguetes, tan propio del socialismo hispano, y que Iglesias seguirá siendo «el sol resplandeciente de todas las musas», pero no será ni ministro ni bien de estado, con lo que él ha hecho por este país del que usted me habla.

Ochenta días después, a apenas un día de la segunda votación de investidura, no sabremos si habrá gobierno, pero sí que el futuro está lleno de incógnitas y de cosas para las que no hemos votado, precisamente.

Ustedes, como el que suscribe, habrán votado convenientemente a una u otra candidatura, pero en ningún caso han votado un cambio constitucional.

Que Sánchez diga ahora que hay que constitucionalizar el gobierno de la lista más votada tiene la poca gracia del mal cinismo y apunta a remate del pluralismo. Cambio de régimen es, igualmente, privarle al presidente del Gobierno de su capacidad de decidir quién integra su colegio ministerial y pasarle la decisión a la asamblea popular.

Diga lo que quiera el «segundo sol de la vida de los españoles» la ciudadanía no vota vicepresidentes, ni composiciones proporcionales de gobierno, ni vigilantes de los ministros: vota parlamentos.

La ciudadanía, además, como aquí se ha escrito ,votó una moderación por la que Sánchez no ha trabajado, esperando que el desestimiento de todo el mundo le haga inquilino de la Moncloa.

No hemos votado que Irene Montero sea la mandamás de la cosa «social», una vez que Iglesias se cayera del caballo de lo imposible. No queda estético el modelo Kitchneriano y nos gustarían vicepresidencias con alguna experiencia profesional, pero eso no importa: lo que no hemos votado es que un cargo de nuestro gobierno no pueda decir «España» o que se trocee un presupuesto público en ministerios incompatibles, en un escenario que apunta al retorno a la tutela de Bruselas, si se confirma el programa de gobierno desgranado por Sánchez.

No hemos votado que se exploren caminos fuera del constitucionalismo. Sánchez, que en algún momento de la investidura ha parecido desbordado, se ha vuelto a hacer un lio con los independentistas, agradeciendo abstenciones, que no eran tales, pero ofreciendo por aquí y por allá un confuso diálogo que, al parecer, acaba «en algún tipo de votación» del que siempre se habla, pero que no parece muy legitimado.

Vale, la ciudadanía sabe que el pluralismo es más caro que el bipartidismo. Algo habrá que pagar para contentar a más gente. Pero no hemos votado el clientelismo vasco, incluido su Estatuto; no hemos votado ni coser los rotos de Cantabria ni transiciones energéticas de esas que mantienen el carbón, suponemos que para almacenarlo.

Sabemos, desde luego, que nuestro voto regaba un impresionante jardín de egos y alimentaba soberbias universales. Pero no hemos votado el desprecio y la falta de respeto con la que el personal político se trata porque sabemos que eso es mala indicación para el futuro.

Sabemos que hemos votado a una pandilla de listos y listas; pero no hemos votado sorpasos futuros, ni en la izquierda ni en la derecha, sino compromisos de presente, cosa que los Rivera y compañía olvidan, y al olvidarlo, se embeberán más, pero tendrán menos futuro.

Hay cosas que no hemos votado. La forma es sustancial en democracia, porque representa tanto el respeto a la norma como la ética democrática. No hemos votado su desprecio.

No hemos votado que ambas se cancelen en arteras trampas parlamentarias: no se hacen públicas las negociaciones, no se desprecian las políticas públicas; tampoco se llama negociación a lo que es imposición, ni acuerdo a lo que es clientela: Iglesias, Sánchez, los vascos y un señor de Cantabria andan liados con cosas que no hemos votado.

No; hay que cosas que no hemos votado. Por ejemplo, no habíamos votado el retorno del bipartidismo, pero que sigan así un par de días…

Su ineficiente comportamiento en verano

El Banco de España informó el pasado lunes de que en España las familias deben un 4% menos que el año pasado, tienen medio punto más de caja y son un 3% más ricos. Con dineros y en verano, el cronista se teme lo peor.

Bastantes de ustedes habrán contratado con Airbnb o Boooking, que les cobran un 25% por encima del precio de mercado. Una vez acomodados, ustedes se pondrán a disparar con la tarjeta como si fuera un fusil. Van al primer cajero que encuentran y se gastan en comisiones el equivalente a tres cervezas diarias.

Usted, que solo va al Museo del Prado en invierno y cuando llueve a cántaros, para no hacer cola detrás de los chinos, llega el verano y se las hace todas.

En Port Aventura por su nieto; en la barca de los espetos por su tropa familia, en el chiringuito por su señora o señor de usted. En economía, las colas son sinónimo de escasez y mercado negro. !Hombre o mujer de Dios!, cruce la acera, vaya a su nevera, incluso lea, pero huya de las colas, sinónimo de precio manipulado.

Ya lo sé: practican el turismo de experiencia, Y como usted no es como los demás, ya no le vale con el refrescante vinito blanco de toda la vida. No; ahora, usted caballero, las señoras no suelen hacer estas tonterías, me toma Spritz, un desconocido, hasta ayer, aperitivo de la Italia pija. Aperol vende la botella a once euros y en el chiringuito se lo cobran a precio de coctel de James Bond, cuatro veces más de lo que le costaría a usted en el súper.

Pero no se rían las señoras, que ahora les recuerdo lo de ese pareo en modo manta salmantina, comprado a precio de seda china, a vendedores que utilizan una excelente estrategia de precio: «de cada uno según su capacidad», como si fueran marxistas. No hay dos pareos que cuesten lo mismo.

Mercado de experiencia llaman a esto; ah, ese momento en que la economía se convirtió en sensaciones que vivir e historias que contar… Ese magnífico momento, el mercado lo sabe, en que usted declara, aunque no lo crea, que esta dispuesto a pagar una barbaridad por cualquier cosa.

Como Usted insiste en permanecer siempre joven, como Dylan, contratará usted una nave de remos en un charquito, un velero cuando no hay viento, un curso de windsurfing, a pesar de su artrosis e, incluso, confiésenlo, van a comprar una paella al «take away», o sea el «pa llevar», que le pondrán en un cartoncillo de aluminio, cobrándole, eso sí, a precio de langosta.

Vale, Usted no sabe como cotiza el mercado de la paella, aquí le informamos: por encima de doce euros la ración, abusan; por encima de 18 le roban. Esfuerzo inútil el del cronista, ustedes irán a  pagarla a veinte euros en algún marco incomparable, nunca hollado por huella humana, eso sí, rodeados de doscientos ingleses practicando gastronomía de experiencia.

El cronista no exagera. Ustedes están en contra de toda privatización pero pagan, a precio de monopolista, la privatización de la sombra que perpetra el empresario de las sombrillas. Ustedes protestan por hacienda, pero se pasan el verano pagando impuestos sobre el pecado: el azúcar, la gasolina, la ecotasa, …

Sepa, señor y señora mía, que no: en la playa no hay wifi. Así que las fotos para epatar a su cuñado irán a la factura de datos excesivos, que puntual le remitirá el oligopolio telefónico.

En fin, sé que no me harán caso. Sean, entonces, felices. Buenas vacaciones a quienes les toque. Como el cronista no es envidioso, para nada, solo les deseo que la gota fría anegue sus mañanas y el viento azote sus noches, es para que ahorren, no porque les envidie.

( Crónica en ClickradioTV. Viernes,19 de julio de 2019

El Popular, mutis final

El Popular se merece una última crónica y este cronista quiere dársela. El Popular ha muerto; viva Botín. El Banco Popular ha dejado de existir; el Santander ha comunicado que ya ha sido totalmente absorbido. Más de tres millones y medio de clientes, 1.600 oficinas, más de 15 millones de contratos del banco desaparecido son ya completamente del único banco colorao que queda.

El Santander compró el Popular, el sexto banco del país, por un euro y resultó que no estaba mal de solvencia. El ERE de ambos bancos se financió con recursos del Popular. Y lo que parecía tóxico, una vez vendido, ha generado al Santander una plusvalía milmillonaria. Para los clientes no tan estupendo: en el cambio a la afamada cuenta 1,2,3, les redujeron la rentabilidad .

El Popular ha sido un éxito para el Santander que ha recibido algo de lo que el Popular podía presumir: una cartera de pequeñas y medianas empresas envidiable y una banca de cliente, una cultura bancaria desconocida por el Santander, una típica banca de producto.

Ron y Saracho, los últimos presidentes, lejos de la cultura bancaria de una saga de banqueros bastante notable, tienen mucha responsabilidad en lo ocurrido. Eso sí, no está tan claro que la experiencia piloto que el BCE inició con el Popular haya servido para mucho. Hay un soberano lío jurídico con este asunto, pero esa será otra historia.

En 1926, el ingeniero de minas y político del Partido Conservador Emilio González Llana fundó el Banco Popular de los Previsores del Porvenir, quien dijo que fundar un banco no era un ejercicio de poesía. Aunque no tan brillante como las creaciones de nuestro Jose Maria Triper, el nombrecito tenía su cosa.

La entidad pasó a ser el prosaico Popular Español, desde que en los años cuarenta cayera en manos catalanas, cosas que tiene la historia.

A principio de los años cuarenta un grupo liderado por el industrial catalán Félix Millet tomó el control de la entidad..

Millet, de profundas convicciones religiosas, tuvo como mano derecha al supernumerario del Opus Dei Juan Manuel Fanjul. Este facilitó el acceso a posiciones de poder a miembros de la obra que alcanzaron la cúpula con los Valls Taberner, presidentes del banco desde 1972 a 2006.

A pesar de este origen y de la conservadora cultura bancaria de la entidad, la democracia española tiene una deuda con el Popular. A partir de 1977, prestó a todas las formaciones políticas democráticas, incluido el Partido Comunista de España, que pudieron con ese dinero afrontar las primeras elecciones democráticas.

Una discreta oficina, apenas sin personal, en la madrileña calle del Marques de Casa Riera, a espaldas del Círculo de Bellas Artes, coordinaba la prestación de dineros a las formaciones políticas españolas, sin distinción ideológica.

Las cosas son como son. Por mucho que Sabina busque a su amada en una esquina del Hispano Americano, nadie echa de menos a un banco. Créanme: el día que permitimos que los bancos dejaran de regalarnos ollas para cocinar, nació una irremisible desconfianza.

Noventa y tres años después, el Popular ya no estará en las calles. La desconfianza y un euro tuvieron la culpa; los accionistas del Santander encantados.

Este cronista, ese día, sí tenía un euro, pero nadie quiso venderle el banco: quizá por eso soy feliz; ser banquero se está poniendo insoportable.

(crónica ClickradioTV, Martes 16 de julio de 2019)

La tasa GAFA

Vengo a hablarles de la tasa GAFA. No me refiero a sus anteojos, que por cierto pagan un excesivo 21% de IVA. El GAFA del que les hablo es un acrónimo. GAFA, escríbanlo con mayúsculas siempre, tiene menos de cinco letras, viene de Google, Apple, Facebook y Amazon.

Déjenme decirles que, salvo que ustedes sean de alguna de esas sectas políticas que piensan seguir a su líder a la inmolación o directivos de banco bajo sospecha que alguno hay, lo importante es que hoy es el «Amazon Prime Day». Durante 48 horas, un millón de productos con descuento serán vendidos por el gigante de internet.

Una gran fiesta para la Hacienda de… Luxemburgo, que es donde en Europa pagan impuestos los de Amazón. Cosa que no parece justa, especialmente esta semana donde pymes y autónomos  lo que celebran es el día del IVA.

Los GAFA son noticia porque, para cabreo del presidente Trump y ante la pasividad europea, Francia ha acordado gravar un 3% del negocio de estos grandes imperios digitales. Italia, Reino Unido y España seguirán el camino.

Hay que decir que Trump se ha enojado mucho, anunciado represalias, incluso corren rumores de que ha renunciado a beber el carísimo Saint Emilion en sus comidas.

Eso sí, mientras amenazaba a los europeos, multaba con cinco mil millones de dólares a Facebook, por el uso fraudulento de datos de usuarios. Lo que pasa en el mundo se queda en América, ya se sabe.

Desde hace un par de años, la Unión Europea viene sancionando a los gigantes tecnológicos con cifras récord porque que estas empresas incumplen el pago de sus impuestos en los países donde hacen negocio o, incluso, negociaron reglas especiales (tax rules) con algunos países, como Irlanda y Luxemburgo.

Trump alega que lo de Europa es una respuesta de pura incompetencia ya que nuestra industria tecnológica no ha alcanzado el mismo éxito que sus homólogos estadounidenses. Por cierto, Obama opinaba lo mismo.

Poner impuestos a quienes parecen estar beneficiándose del dumping fiscal y revisar el sistema tributario parece legítimo, aunque también podría tener efectos negativos para la UE: las represalias americanas o, también, retraso en negocios digitales alarmados por los nuevos impuestos.

Se estima que estos GAFA solo pagan el 25% de lo que deberían, Y se sabe que, por ejemplo, el impuesto sobre beneficios que pagan en España, está por debajo del 15% que pagan las pequeñas y medianas empresas, a pesar de sus beneficios gigantescos.

Por cierto, que este impuesto estaba en los presupuestos no nacidos de Pedro Sánchez. Aunque en nuestro caso había algo de postureo. En España, como en todas partes, si no hay Ley y Reglamento, que no lo había, no se puede cobrar impuesto.

Las plataformas digitales han estado aumentando sus ingresos en más de dos dígitos, es decir por encima del 10% ,durante muchos años, pero los ingresos de las haciendas no.

A los muchachos de internet, tan listos, tan blancos y tan de California, se lo tengo escrito, se les ha ido la mano y sus posiciones dominantes han determinado en muchos sectores – comunicación, telefonía, editorial, en primer lugar, pero también en el comercio o la distribución y otros- un deterioro general en el valor económico, inversiones, ingresos y la consiguiente, devaluación salarial, manejando una mercancía que no les pertenece: los datos de los usuarios, convertidos en su verdadero negocio.

En definitiva, algunas razones tenemos los europeos para sospechar que los GAFA nos toman el pelo. Así que hagamos que paguen, que tienen mucha pasta. Y ahora se vayan al ordenador a comprarse algún cachivache de esos que casi regala Amazon hoy y que tanto les gustan.

(Crónica ClickRadioTV en Lunes)

Iglesias prueba el “no es no”: la venganza del “looser”

Iglesias tuvo ese momento en el que uno está fantástico y en el que ya solo se puede empeorar, cosa que no suele advertirse si alguien, en lugar de pelotearte, no te lo cuenta.

Estaba a punto, faltaría más, del sorpaso. El sorpaso es algo que pone mucho al que se lo cree. Era, pues, el momento de pedirse una vicepresidencia, los espías, el ejército, para el que tenía un amiguete preparado, y lo que falta hiciere.

Eran aquellos días en los que Iglesias afirmo que Sánchez estaba «lost (perdido) en Nueva York» y era un «looser (perdedor) en España». Nada parecía muy humilde ni apropiado para asociarse, pero cuando uno está para asaltar los cielos no se para en tonterías.

Luego las cosas se enredaron. Siguió sin haber sorpaso, le lanzó una de cal viva a los socialistas, el «no es no» retiro temporalmente al potencial amiguete y empezaron los líos internos. Lo que empezó en un 20,7% se quedó en el 14,7% en las últimas generales y en sonoras derrotas locales y autonómicas. Del cielo a Galapagar, en un pispás, pero seguimos queriendo ser vicepresidentes. Y si no hablamos de eso, no hablamos de nada.

La negociación de los bloqueos institucionales españoles (algunas autonomías y el estado) no es precisamente ejemplar. Las debilidades orgánicas de los partidos, singularmente Podemos y Vox, obliga, para sobrevivir, a convertir las negociaciones en un propósito de ocupación de cargos. 

Tampoco la agenda que se propone parece ser una prioridad para el personal y, desde luego, el desprecio mutuo que se dedican los potenciales aliados no ayudan nada.

Mientras PP y PSOE observan, Ciudadanos navega en el marasmo ideológico y, se diga lo que se diga, se convierte en puro trilero político y mediático. No obstante, unas elecciones las carga el diablo: aún con previsibles caídas de Vox, Podemos y Ciudadanos – los que demandaron pluralismo son incapaces de acomodarse a la pluralidad-: el castigo de la ciudadanía en forma de abstención no garantiza resultados.

Como se dice ahora, las fuerzas mayoritarias andan construyendo el relato para que la pena caiga sobre los secundarios.

Los de Casado van de cascos azules y Sánchez, autor del enjundioso «no es no», propone ahora un cambio de la Constitución para que gobierne el más votado, que hoy es él, y nos libremos de la compleja pluralidad de la que hasta ayer presumíamos.

El chulito «no es no» ha contaminado el pluralismo de egolatría. El antiguo «looser» se ha sentido en la obligación de comunicar, eso sí por teléfono, a Iglesias, que un hombre de estado no puede ponerse en manos de radicales tamaños, faltaría más.

Felipe González, que desprecia a Sánchez por cierto, le ha concedido, empero, carné de estadista: lo de gobernar solo, con cesiones de estado de las derechas o con algún catalán serio, si es que de eso queda alguno, es lo que siempre le gustó a Felipe y lo que la factoría que rodea a Sánchez parece desear.

O sea, Pablo, sí, tu eres «el faro resplandeciente de las musas», pero parece que de esta tampoco asaltamos los cielos. Los que tenemos esa edad en la que la historia más que estudiarse se recuerda, te recomendaríamos que te dieras una vuelta por el 93.

La pérdida de mayoría absoluta de González, fue desaprovechada por IU a golpe de ventitantas condiciones bastante radicales. Ninguna de ellas incluía, hay que decirlo a favor de Anguita, el gobierno. González se marchó a la derecha, y en las siguientes elecciones Aznar le gano al PSOE. Yo recomendaría, plegarse al «looser», antes de que no quede nada que salvar.

Reconoceré que los comentaristas tenemos la vanidad del consejo. Espero no sobrepasar mi umbral de ineficacia si indico a Iglesias y Montero, a Monasterio y De los Monteros, a Rivera y Arrimadas que se lo miren rápido. Convendría mejor influir en la agenda política que arriesgarse a mayores dosis de irrelevancia, A la ciudadanía nos cabreará votar otra vez, y no saben ustedes cómo somos cuando nos ponemos en modo irritado.

Inés y la insuficiencia ética de Diverbo y las mamis supremacistas

Se llama Inés. Ha tenido que abandonar su campamento. Unas muy solidarias mamis y una modernísima empresa de enseñanza de idiomas lo han querido.

Hablamos de ética, del derecho a la diversidad, De la obligación que tiene todo educador de saber que solo lo diferente es imprescindible. Hablamos del derecho a formarse, a vivir y a disfrutar sin exclusiones.

Es probable que este país tenga muchos problemas, incluida nuestra dificultad con el inglés, pero hay uno que queremos superar, y poco a poco lo logramos, con la excepción de modernísimas empresas, mamis imbéciles y directoras ejecutivas muy emprendedoras: no tolerar al sectarismo casi nazi de quienes rechazan el derecho a crecer de las personas con  discapacidad.

Inés tiene especiales necesidades educativas que no le impiden relacionarse, mejorar, aprender y disfrutar. Necesidades que la empresa, por cierto, se había comprometido a cubrir al aceptar su matrícula. Inés cambió viaje a Londres por un «pueblo inglés» en Salamanca, y así le ha ido.

Dos mamis atentísimas a la educación de sus sanísimas e inteligentísimas hijas no podían permitir que Inés perturbara el descanso de sus ninfas, que siendo hijas de dos mamis tan aplicadas, aprenden ingles durmiendo, si falta hiciere.

La empresa organizadora del feliz e idílico campamento, siempre atenta a los deseos de los más fuertes ofreció a Inés dos alternativas: o dormir con una monitora; es decir, discriminar, o irse del campamento; es decir, discriminar.

Ignoro, y prefiero hacerlo, el nombre de las dos mamis responsables (los papis nunca se ocupan de estas cosas). Aunque me las imagino: tan bellas, tan sanas, tan pijitas, tan poliglotas, tan… supremacistas.

Si conozco el nombre de la empresa: «Diverbo- Iniciativas en idiomas S.L»., heredera de aquel «Pueblo Inglés» que llenaba de propaganda las vacaciones de nuestros hijos e hijas.

Dice su Web, que en un alarde de transparencia y atención a su clientela ha bloqueado los comentarios, en un texto firmado por su directora ejecutiva Sonia Palacios, que Diverbo viene del latín y significa diversidad y diversión. Genial: nada tan propio de la diversidad que una expulsión y nada tan divertido como echar a una niña de un campamento. Es que los mortales que no somos mamis fetén no tenemos sentido de la ironía.

Dice la misma web que ellos, faltaría más, no han expulsado a la niña. Que ha sido su malvado padre que no aceptó, fíjese usted, que la niña durmiera con una sacrificada monitora.

El problema de las modernísimas empresas, las emprendedoras ejecutivas y las mamis supremacistas es que son ellas, y no ustedes y sus derechos y los de sus criaturas, quienes definen lo que es normal.

Cuando supe la noticia jugaba con mi particular «mago de lengua de trapo», en verso de Jose María Triper. Ya les digo que si unas mamis impresentables y una empresa modernísima echa a mi nieto de un campamento, este servidor monta un tiberio.

Tiberio que no solo incluye el juzgado, como imagino que al padre de Inés hará, sino manifestación y algunas preguntas incómodas. Por ejemplo ¿Le gusta a la Universidad de Alcalá que una empresa que imparte un Master de título propio de esa universidad mantenga estas prácticas? Pregunta que haré por escrito hoy mismo.

Diverbo tiene un problema: su insuficiencia de ética corporativa. Llamen los expertos en comunicación de crisis que seguro hay un hueco. Las mamis tienen dos: carecer de humanidad y de ética. Si nos quejamos de la insuficiencia ética corporativa es porque las empresas cobran, una pasta oigan, una pasta, por portarse responsablemente con la igualdad.

Venga; vayan ustedes a los hermosos pueblos ingleses que les propone la empresa, saquen a sus hijos e hijas de esas espantosas academias que mezclarán a sus criaturas con gente con toda clase de síndromes. A ver si cualquiera de ellos y ellas quiere emigrar a Silicon Valley y quitarle el puesto a las ninfas de las mamis guais.

Sí; sabemos de qué van. Lo que pasa es que creíamos que ya no había señoras de esas. 

Cuestión de huevos

Todo riesgo supone una oportunidad; esto se lo habrá dicho su coach a menudo. Quizá le parezca una idea sobrevalorada, pero imagine que opinaron las langostas que viajaban en las peceras del restaurante del Titanic del asunto.

Con los huevos pasa lo mismo. La porosidad de su cascara es un riesgo que nos obliga a cuidar nuestros huevos. Pero no hay riesgo, como digo, que un buen emprendedor no aproveche.

Nuestro emprendedor se llama Cayetano y su empresa Koroko. El animoso empresario ha decidido vender huevos con sabor a trufa, queso y cualquier cosa que a usted se le ocurra.

Si debatiéramos sobre innovación y cocina, se me ocurriría apuntar que  si las gallinas hubieran querido que sus polluelos olieran y supieran a trufa, ellas picarían el afamado hongo y no los expertos cerdos que buscan entre robles y castaños.

Pero. aunque no siempre lo parezca, le hablo  de economía. Así que les pido que reflexionemos sobre la pijadita esta del huevo con sabores.

Empecemos por el precio. En economía se dice que el precio debe ser lo que cuesta producir la última unidad. Pero, también, se sabe, que la satisfacción es variable fundamental. Llegados aquí, les pregunto, Ustedes que, de natural, son caprichositos y caprichositas ¿obtendrían satisfacción de algo, si les costara un 800% más de lo que ustedes pagan habitualmente?

Pues vean el asunto: ayer un par de huevos camperos, de esos hermosos y procedentes de gallinas sin torturar, costaban 22 céntimos; un par de huevos con sabor trufa se venden a 1,70. Es que se venden a pares, saben ustedes: a ocho veces  su precio normal.

Ustedes me dirán que no los comprarán. Pero ,seguramente, en alguno de esos restaurante que venden, faltaría más, huevos a baja temperatura, – o sea, con la yema cruda – se los colocaran un día de estos: y ustedes se harán un selfi con el huevo para epatar a su «cuñao».

Pero más allá del precio de la pijada, debemos interesarnos por el mercado. Si usted fuera productor de huevos y los pusiera en el supermercado a 1,30 la docena, pudiendo cobrarla a diez euros. ¿Qué haría?:  pues destinar huevos a ser inyectados con sabores. Una polución que reduciría la oferta asequible y doparía el mercado.

La doctrina de la gastronomía moderna se ha llenado de teorías como el producto de proximidad, el respeto al entorno y la reducción de la distancia entre el mercado y el producto.

Un triple criterio compatible con la sostenibilidad y absolutamente imposible con estos mercados alimentarios de lujo excesivo, que no gourmet, cuyo efecto sobre los precios medios y las cantidades ofrecidas son ingobernables.

Por supuesto, mientras nos tomamos un par de huevos a diez euros la docena, y vigilamos un coche eléctrico de esos que valen como un piso, podemos criticar a esos pobres que polucionan la ciudad con sus viejos coches de gasoil.

El animoso empresario ha afirmado que está pensando en el mercado exterior y ya cree que puede lograr huevos con sabor a wasabi y, por qué no, a guacamole. Por ejemplo, cómo no vender en Guatemala una docena de huevos con sabor a chiles, que solo costarían el 5% del salario mínimo mensual de Guatemala.

En fin, que listos somos, cuando nos ponemos listos. Por cierto, si ustedes tienen algún amigo que les regale una trufa o se regalan un día una, a 800 euros la baratita, bastará con que pongan un huevo normal en un táper o un frasco al vacío, con un poco de arroz en la base y la trufa pegadita al huevo, y conseguirá lo mismo, pero eso si no podrá presumir ante su «cuñao».

No obstante, si usted es feliz con la comida baja en tonterías, un día les cuento como hacía Lucio sus huevos rotos con patatas. En fin, pasen buen fin de semana y cuiden sus huevos, hace calor.

(Cronica de viernes en CLikcRadioTV)
Manuel Valls

Valls no fue el error

De acuerdo; Valls representa casi todos los vicios de la «gauche divine». Como decía Keynes, hablando de sí mismo y su colaboración con los laboristas, se ponen siempre «en el lado de la burguesía educada».

Se trata de una socialdemocracia cortita, que por cierto abundaba en la fundacional nómina de Ciudadanos que hoy llena periódicos, cuyo amor por la humanidad, las artes y la bohemia es compatible con el amor a los banqueros (es que banqueras solo hay una) y a los cinturones apretados de los demás. De acuerdo ¿Pero eso le convierte en el error de Barcelona?

Valls ha convertido una decisión y un gesto en una lección política. Fue el primero en apuntar la estrategia ganadora y ha mostrado ser eficaz en detener al adversario, otros y otras no pudieron. Cuadraban los números y lo puso en valor. De eso trata la política.

Negarle el saludo a Torra sólo responde a los insultos que ha recibido de éste y no deja de ser lo mismo que el President de la cosa aplica a los representantes de las instituciones constitucionales españolas.

«En el lado de la burguesía educada», Valls se tomará tiempo para ser una referencia de la burguesía barcelonesa y catalana, expulsada de la nación – no hay más que ver la lista de donantes-.

Aprovechará, sin duda, el agujero del independentismo: ¿Conocen ustedes una nación sin burguesía, construida con «anticapis» y antisitema? Valls transitará el recorrido de progre compatible que puede llevarle, o no, a esas alianzas socioliberales, organizadas por despachos de abogados y urbanistas, que tanto gustan en Barcelona, desde que se tiene noticia democrática.

El error de Rivera fue sumergir a Ciudadanos en Cataluña, dejando a Iceta la recuperación del constitucionalismo. Y el error de ahora ha sido plegar Barcelona – y al ala socialdemócrata del partido- a la ya borrosa estrategia en Madrid.

Probablemente, el gallinero no aguanta tanto gallo, piensa Rivera. Aunque es cierto que el líder ciudadano es fiel al votante que se ha quedado. El error de Valls y de muchos otros que al olmo le piden peras es no entender que, fuera de Cataluña y quizá también allí, el electorado progre de su partido ha desaparecido y Ciudadanos es una derecha más.

Ada Colau

Colau no debiera ser el pretexto. Que la alcaldesa desprecia a quienes le apoyaron es un hecho. Que le gustaría ser la papisa de la inexistente república, también, para irritación de los federalistas y poca izquierda que queda en su partido. Que Colau traicionaría a sus aliados para hacer méritos, y que ERC le quite al Maragall sectario de en medio, estaba cantado .

También es cierto que ponérselo difícil a Collboni, Iceta y Sánchez, al PSC y PSOE, es un error de Colau que afectará a Iglesias y hará al populismo radical, tan divino como la gauche de Valls, más irrelevante.

Colau le irrita haber necesitado a Valls y la casta sociata. Puro «pijiprogresismo», muy alentado por sus mentores y asesores, que acabará dañando a su casi no nacido partido. Siéntense y esperen: Valls pudo ser innecesario, pero no fue el error.


Joan Canadell

Petróleo para “indepes”: llega el empresario gritón

¿Le gustaría llamar ladrón a quien le paga la mitad de su presupuesto?¿Usted gusta de empresarios que animen la inestabilidad?¿Prefiere anticapitalistas que animan a su burguesía y sus élites a apropiarse de los resortes del estado? En cualquiera de los casos tiene un paraíso: Cataluña.

El estado español, su presupuesto y el de sus organismos autónomos, AENA incluido, le ponen, en número redondos, siete millones y medio de euros a la Cámara de Comercio de Barcelona, la mitad del presupuesto, desde hoy dirigida por un lobista del independentismo.

El estado roba a Cataluña, naturalmente, como el nuevo presidente de la «Cambra» ha declarado esta mañana, pero le pone la mitad de un presupuesto, que las organizaciones nacionalistas quieren administrar para que el empresariado se convierta en grupo de presión por la autodeterminación.

Así que si usted va la Cámara de Comercio de Barcelona para cualificar su empleo e insertarse en el mundo laboral, con un proyecto emprendedor, pidiendo recursos para una formación dual, ese tipo de cosas deleznables que paga Madrid, deberá presionar al estado que le paga para que prevarique y apoye a los «indepes», sea usted de la causa o no.

Hoy tocaba ceremonia empresarial y la Cambra de Comerç de Barcelona, tomada electoralmente por asociaciones independentistas, ha sido el escenario donde Joan Canadell, anoten el nombre del próximo padre de la patria, ha oficiado de nuevo presidente.

Canadell, como corresponde a todo portavoz independentista, representa, a la vez, al pueblo y al empresariado y su Presidencia será, como imaginan, ecuménica y, sobre todo, muy profesional.

Por eso, en la línea de mejorar los servicios a las empresas ha animado a los empresarios a convertirse en grupo de presión contra el estado, para que este prevarique y reconozca el derecho de autodeterminación. Ha señalado que la inestabilidad merece la pena ante tan magno objetivo.

Toda una proclama en un órgano que no es representativo de empresa alguna. Data de finales del siglo XIX que las Cámaras de Comercio no tienen carácter de representación patronal.

El tiempo las ha convertido en cosa poco útil. Desde 2011, la pertenencia a las Cámaras de comercio ha dejado de ser obligatoria y las cámaras han pasado a vivir de gestionar subvenciones y de cobrar, sobre todo, a las grandes empresas.

Canadell ha dicho que quiere más recursos y en lo primero que parece pensar es en subir el precio a los asientos del consejo que, por valor de un millón cien mil euros, compran las grandes empresas. También espera meter mano a los millones de subvenciones citados.

Canadell que habla en nombre de todo el empresariado catalán y todo el pueblo, naturalmente, representa la candidatura vencedora en unas elecciones en las que de un censo de 423 mil empresas, votaron poco más de 17 mil, un 4% de participación, que utilizaron en 80% el voto remoto, de dudoso desarrollo. Las elecciones han sido impugnadas por otras candidaturas.

La candidatura no ha sido organizada por animosos empresarios preocupados por el fomento de la riqueza sino por la ANC, el Cercle Catala de Negocis (grupo de presión fundado por el mismo  Canadell) y organizaciones como Sobirania i Justicia (del actor Joel Joan).

Había un representante del tejido empresarial en la candidatura, Pere Barrios, que debió dimitir de la asociación de pequeños empresarios que presidía, porque sus miembros apoyaron otra candidatura.

Dice el señor Canadell que fundó una empresa independiente de petróleo. O sea, que es propietario de nueve gasolineras. Petróleo para «indepes» y empresario de los que aman el ruido. ¡Ah! Aquellos tiempos en los que al negocio le molestaba el ruido. 


Rivera, Casado, Abascal

El día de los bastones: el electorado de la derecha pacta consigo mismo

Ya tienen ustedes alcalde o alcaldesa. Se siente. Se acabaron las vacaciones cuatrianuales que la ciudadanía se da para demostrar que la ciudad funciona sin que nadie mande. Ha pasado el camión de la basura y el recaudador de impuestos, el poli municipal y el, casi siempre, menos diligente jardinero, pero nada es para siempre: quien manda ha vuelto.

Ayer sábado era el día de los bastones y todo se resolvió como suele suceder desde 1979. La derecha voto a la derecha, la izquierda a sí misma. Y, más o menos, en población se sale empatado. Todo el ruido previo, también como siempre, era mera literatura.

Eso de que la nueva política acababa con el juego a dos, que la pluralidad traería trasversalidad y todas esas cosas modernas se han mostrado tan falsas como inútiles.

El día de los bastones lo ha ganado Casado porque el electorado de la derecha ha pactado consigo mismo. En casi todos los sitios donde gobernarán, son los que siempre habían sido, y casi siempre habían sido más.

Hay dos razones por la que Ciudadanos ha pactado con el PP, frente a las fantasías progresistas, casi siempre empeñadas en creer que entre fascismo e izquierda no hay nada.

En primer lugar, Ciudadanos ha pactado con el PP porque allí donde era decisivo, sus votantes procedían de los populares, y no de los socialistas – esa es la razón de los acuerdos manchegos con el PSOE-, y no está uno para suicidios políticos, tipo Burgos o Huesca. La segunda razón es que cuando se va de balconada en día de feria y grita «con Rivera no», y nadie pone concierto, las cosas se enredan como se enredan y acrecientan el sectarismo.

Ciudadanos se lleva de esta un lío estratégico de bigotes, una crisis en Barcelona, algunos expulsados, una imagen de cinismo notable y la evidencia de que no la pinta y el proyecto parece algo agotadito. También, un par de alcaldías que le durarán menos que una constitución en el siglo XIX.

La elección de alcaldes y alcaldesas ha puesto de relieve lo que las noches electorales tardan en poner de manifiesto: quién ganó, quién no ganó. Por más que no guste, Casado no perdió: la invisibilidad de Vox y la irrelevancia de Iglesias han sido más decisivos.

Vox , por más que toquen las narices, y que las tocarán en el futuro más próximo, para marcar paquete legionario, ha decidido la invisibilidad a cambio de influencia, sabiendo que la fiesta no da para más.

Porque, créanme, lo que este sábado pone de relieve es cierta tendencia al retorno del bipartidismo. PSOE y PP, ahora líderes de bloque, han mostrado firmeza y capacidad de liderazgo, en un mapa político radicalmente fragmentado, en el que la pluralidad realmente existente ha sido pura cosmética que animaba las semanas de espera.

Quizá nos costaba creer lo que aquí se ha escrito alguna vez: en un mes, españoles y españolas, han votado dos veces moderación. Esa moderación la han capitalizado socialistas y populares, y ha debilitado a los demás.

En este viaje, el electorado de derechas ha pactado consigo mismo, el electorado de izquierda volverá a las viejas andadas y hará lo mismo, por aquello de aprender. Quizá entiendan las prisas por cazar ministerios de algunos, antes de que vuelva las vacas más flacas.


Sostiene Triper la razón por la que los abuelos le ganamos al mercado

Sostiene Triper, amigo, periodista y poeta, de los de firma en feria, que son los nietos y nietas, «arroyo y miel». Y así son. La globalización nos ha igualado y disfrutamos de nuestros bichejos y bichejas con los mismos peluches y extraños superhéroes de mundos remotos, de esos que exigen a las abuelos y abuelas un master acelerado: proteger a Spiderman o a Hulk, por un poner, es cosa peliaguda.  

Master que necesitaríamos para entendernos con estos niños y niñas, pasados por las malas traducciones de Disney y unas escuelas no siempre atentas .

Ni siquiera las canciones de antaño nos valen. Las familias ya no se dividen según la canción de la abuela. No; ahora deben ustedes aprender Let it go, de Frozen, si desean ser escuchados.

Triper y yo, que escribimos algo de economía, sabemos que esa canción de Frozen habla de lo que se llaman «costes hundidos»; es decir, a la hora de tomar decisiones económicas deben ignorarse aquellos costes del pasado que no se pueden recuperar. Que es lo que viene a decir la princesa helada, un tanto enojada.

No es de ahora que las cancioncillas oculten mensajes económicos. «Al pasar la barca, me dijo el barquero: las niñas bonitas no pagan dinero«. Entrañable canción que cantaban las abuelas, acompañadas de camisas, canesú, patatas y corros, pero que, en realidad, escondía una terrible discriminación de precio, de esas que en economía llamamos de tercer grado, en las que el vendedor tiene todo el poder.

Porque, piénsenlo fríamente: podrán ustedes ser atractivas o atractivos, sin duda elegantísimos, como es su caso y el mío, pero si el barquero tiene otros gustos, dense ustedes por perdidos.

Pero no tenemos tiempo de sesudas reflexiones; llega el sábado: toca nieterío. El Instituto Nacional de Estadística nos ha contado la pasada semana cómo las familias organizan los cuidados de los criaturas.

De las casi nueve millones de personas que cuidaron de hijos menores de 15 años, el 17% del total utilizaron servicios profesionales. Por el contrario, alrededor de siete millones no lo hicieron.

Los principales motivos para no hacerlo fueron que organizaron el cuidado de su hijos solos o con su pareja en la mitad de los casos y que lo organizaron con la ayuda de abuelos un 19%. Saquen pecho, pues, si el el Sintrol se lo permite, queridas abuelas y abuelos, le ganamos al mercado por dos puntos, que se sepa.

Cierto es, y debe decirse, que en esto de los cuidados, las mujeres son las que salen perdiendo. El porcentaje de mujeres que cuidó de familiares dependientes fue del 6,55%, el doble que los hombres. El porcentaje de mujeres que cuidó únicamente de hijos menores también fue mayor que el de los hombres en casi tres puntos.

De las personas que tienen hijos menores, el 28,13% abandonaron su trabajo en algún momento para cuidarlos, pero el 87% de los hombres solo hicieron seis meses mientras la mitad de las mujeres debieron hacerlo por más tiempo. El porcentaje de mujeres que lo interrumpieron más de dos años fue del 17,70%, frente a tan solo el tres de los hombres.

Los abuelos y abuelas, en fin, cuidan al 19% de los nietos y nietas españoles. Si eso contabilizara en el PIB sería un fascal, dicho sea de paso, pero no es la pasta la que nos lleva al nieterío.

Sostiene Triper la razón por la que los abuelos le ganamos al mercado: magos y magas «con lengua de trapo y de papel, inquieto(s) y avispado(s) colibrí(s), vuela(n) sin miedo»… y nos hacen, de paso, felices. No hay oferta de mercado que lo mejore. 

(Crónica de viernes en CLickradioTV)


La playa, ese mercado salvaje

Les develaré una terrible verdad: su idílica playa es un territorio de cruel competencia económica

La economía trata de la escasez. Ni siquiera los modernos manuales para indignados economistas postcrisis han podido ignorar el principio del libro de Samuelson en el que aprendió la casta. Y la playa, créanme, es un mundo de escasez.

Abundan, claro, los cuerpos hermosos, las relaciones potenciales, las conversaciones livianas y las lecturas frívolas. Por supuesto, los peligrosos rayos uva, los niños y niñas escandalosos y el infame plástico.

Pero escasea lo vital: el agua, la bebidas hidratantes, el alimento, la sombra y el espacio en primera línea. Y, como usted imagina, el poder pertenece a quién administra la escasez. Naturalmente, ese monopólico y abusivo administrador tiene nombre y apellido: el chiringuito.

El chiringuito contradice todas las estrategias económicas desreguladoras. Mediante métodos poco ajustados a derecho, según el Tribunal Supremo, los chiringuitos administran precios de bebidas y viandas, incluso privatizan el derecho humano y universal a la sombra, mediante el alquiler de hamacas y parasoles. Un monopolio que produce notables escándalos de precios y estrategias de resistencia por parte del mercado excluido.

Ante la ausencia de competencia, se extiende la cultura de la economía irregular, desde quienes, a modo de colas en economías de estraperlo, ocupan la primera línea de playa a hora improbable, a quienes, tirando los precios y en negro, venden bebidas, anuncian esotéricos masajes o, más aún, llevan la venta de pareos a línea de playa.

Naturalmente, el poder del administrador de la escasez no es ilimitado: Uno puede evadirlo negándose a consumir. No obstante, deberá ser capaz de evitar muchas de las estrategias de fijación de precios y marketing que, sutil pero dramáticamente, se producen en la aparentemente pacífica arena.

Al dueño del chiringuito le gustaría ser como esas magníficas instituciones que regalan precios a jóvenes y jubilados. Es decir, cobran a las rentas bajas el coste medio variable del producto y quienes tienen renta pagan el pato. Pero esto estaría mal visto en un espacio donde la desnudez nos iguala.

Así que los competidores usan perversas estrategias para erosionar el mercado del administrador de escasez.

Una, bien analizada por vendedoras y vendedores de ropas, pareos o mantas de arena, de esas que usted ignoraba que necesitaba, responde a una estrategia grupal: cobrar un precio distinto según público objetivo. Así, sorprendentemente, un pareo adquirido por una finlandesa será más caro que el comprado por una señora de Albacete, por un poner.

Otra, bien conocida por los vendedores irregulares de bebidas y helados, es cobrar según renta, cosa que en una economía regular exige mucha y costosa información pero que los hábiles vendedores resuelven con su experiencia de mercado playero.

El chiringuito se defiende en este desigual combate; dispone de un producto diferenciado: la sombra. Y, por otra parte, un argumento de marketing que podría persuadir a un carabinero de posarse en un arroz: cuando uno va a la playa, se apunta al lujo, no quiere parecer pobre y, por lo tanto, no es sensible a los precios.

Doscientos metros más allá de su chiringuito favorito, los precios son un 30% más bajos. Si usted está en el supermercado de la esquina, necesitado de una barra de pan y un vinito para alimentar a su prole, ambos son bienes necesarios y su precio acorde con este mercado. Por el contrario, en el chiringuito, usted y su renta expresan, económicamente, una elasticidad mayor respecto al precio: la que corresponde a un bien superior.

Acercándose al quiosco, uno declara que está ahí para gozar y no para cubrir sus necesidades. ¡Ah, el mercado lo sabe y usted persiste en ignorar sus reglas! Usted consume distinto, en un lugar u otro, muy señor y señora mía.

A esa diferencia de consumo le llaman comprar experiencia; las rentas de necesidad no acceden a experiencia. No será extraño que la propiedad del chiringuito, o su competencia, le ofrezca alguna navegación extrema, un buceo irrepetible, un surf alucinante, una canoa de última generación, todo ello en aguas de charca y viento ausente, como mostrará en el futuro el impertinente selfie que Usted, inevitablemente, se hará.

Si tras días de ahorro, usted acude al chiringuito a tomar espeto y vino de la tierra y ve que una horda adolescente se acerca rauda al quiosco, no se asuste: la propiedad, siguiendo el modelo de McDonald´s, habrá pagado a Nintendo para que el chiringuito sea una parada Pokemon. Éramos pocos y llegó Pikachu.

La playa es un mercado salvaje, pero como dice Íñigo Errejón, ustedes han sido seducidos por el neoliberalismo, disfrútenla. 


La disculpa del salario mínimo

Los datos del empleo de mayo han puesto chulitos a los portavoces del gobierno. Y «pa» chula, chula, la secretaria de Estado de la cosa, que ha solicitado al Banco de España, ni más ni menos, que pida perdón, por su alarmismo en relación con los efectos del salario mínimo.

Seguramente, el gobierno se vengaba de quienes el pasado enero, ante una destrucción de empleo muy acusada, señalaron al salario mínimo como causante.

Es cierto que cada vez que habla el regulador sube el pan; y no lo es menos que al Banco de España no le gusta que se suban los salarios de los mortales, con la excepción de los gobernadores del Banco de España, que cobran un fascal, porque ellos (siempre son ellos) lo valen.

Dicho esto, deberemos recordarle a la secretaria de Estado algunas cosas sobre las cifras de empleo: cierto que el nivel de afiliación se aproxima a los de antes de la crisis, pero entonces la tasa de paro era del 8% y ahora es del 14.

Es verdad que la ocupación crece notablemente, pero en cifras similares a las del mes de mayo del año pasado. Olvida la ministra que la población activa se ha reducido, quitando medio millón de empleos de las cuentas y, también, que el 91% de los contratos firmados son temporales.  Es decir, nos felicitamos por un mercado de trabajo más estrecho y más precario.

El Banco de España había afirmado en el informe que, según la secretaria de Estado, creó alarma social dos cosas: una, que mejor no se tocara la reforma laboral, cosa que la ministra de economía acepto con agrado; la segunda, que era prematuro afirmar que el salario mínimo no estaba teniendo efecto.

Aquí esta el quid de la cuestión que ha animado a la ministra a exigir las disculpas del regulador. ¿Puede afirmarse que tiene efecto o puede afirmarse lo contrario?

Uno viene a sugerir que tengamos paciencia, pues los datos son aún contradictorios.

Fíjense, por ejemplo, que en el sector donde más empleo se crea en Mayo, la Hostelería, la incidencia del salario mínimo, es muy baja: tan solo alrededor de un siete por ciento del empleo. O fíjense, también, que donde la cobertura sería importante, por encima del 15%, en el paro de larga duración, no se están produciendo cambios importantes.

Hace tiempo que la literatura económica aquella en la que el salario mínimo era el culpable de todos los males esta caducada. Los especialistas del asunto vienen señalando hace tiempo que son muchos los datos que pueden y deben analizarse.

Todavía no sabemos si el mercado esta ofreciendo alternativas; esto es, si las empresas compensan los aumentos salariales rebajando otras condiciones laborales, si están reduciendo, por ejemplo, los gastos en formación o seguridad laboral, o si se producen variaciones en las horas trabajadas.

Tampoco sabemos aún, si las empresas pueden estar compensando el aumento de costes con otras formas de empleo, como la del trabajador autónomo

En fin, parece que es tan pronto para condenar el salario como para exigir disculpas. Y sobre todo, mientras andemos con un 14% de parados y paradas, es tiempo de mucha prudencia. Pero lo bonito que queda pedirle a alguien que se disculpe, pensará la secretaria de Estado.


La moderación resucita al Régimen del 79

Él a París; el personal se queda en la semana de los enredadores. Primero y rápido, Sánchez se va con Macrón; ni un minuto se concede a la tentación de los exultantes verdes, no sea que se confundan. Ahora que la socialdemocracia realmente existente ha vuelto, nada mejor que hacérselo saber rápido al personal.

Que los conservadores y el resto sepan por dónde van los tiros, una vez que Sánchez se ha investido como líder de la socialdemocracia universal, ante el hundimiento de sus colegas. La alternativa a la mayoría conservadora europea será socioliberal. Y de paso, le metemos más presión a Rivera. ¿Por Iglesias, pregunta Usted? Ese es territorio Ábalos y pertenece a la semana del enredo.

En un mes, la ciudadanía, siempre sabia, nos ha dado cuatro años de muchos moderados y pocos radicales. Con Vox en el 6% y Podemos en el 10%, entre los dos suman lo mismo que IU en sus mejores tiempos, habrá ruido y enredos de palacio, pero no muchos sustos.

Las fuerzas del constitucionalismo respiran tras años de susto. Salvo la ensimismada ínsula catalana, todo se sujetará a las reglas convenidas, pudiendo incluso, como dice Iceta, impedir que en Barcelona pastoree el independentismo.

Sánchez se le ha puesto cara de única izquierda. No le falta razón, tras la huida del espacio de Podemos de una notable mayoría, por no decir de casi todo el mundo. Cuando se pasa de asaltar los cielos a pretender influir en La Rioja, sin ánimo de faltar a la gente riojana, es que la devaluación de la función histórica es bastante notable.

Iglesias, el bocazas de MonederoGarzón y, sí, también Errejón han quedado inhabilitados para cualquier proceso de reconstrucción si es que este se produce. Cuando Puente Vallecas o Nous Barris pasan del asunto; o el Eixample y el Centro también, es que el personal del cambio no se siente representado.

Hay que decir, también, que allí dónde se ha impedido la contaminación del populismo ególatra y el elitismo progre de Iglesias Errejón, y sus respectivas pandillas, o se han dedicado a escuchar a la sociedad en lugar de inventarse la que no existe (Cadiz o Valencia), el cambio ha resistido.

Sólo el histórico desconocimiento por parte del PSOE de lo que es Madrid y su Comunidad ha impedido a los socialistas poner a Bono, es un decir, en el gobierno o en las fotos.

El conjunto del mapa político se ha moderado y el contrapeso de la izquierda que representaba Izquierda Unida, barrida por oportunismos de toda laya, no se expresa salvo para solicitar algún ministerio de los que no molesten a los socialistas, incluso ya Garzón, preparándose para volar a otro sitio, ya dice que de lo del ministerio se puede pasar, al fin y al cabo no era para él. 

No; las elecciones no han cancelado los problemas, al contrario, pero sí las fórmula de enfrentarlos. Mientras los pensionistas vascos recorren Bilbao, el gobierno pide a la OCDE que evalúe la mochila austriaca, una especie de privatización de las pensiones.

Lo de la reforma laboral va a ritmo de poca derogación. Los sindicatos, tocados por la debilidad de las izquierdas políticas alternativas antes hermanas, añorarán los viernes proletarios de Sánchez, los más jóvenes pedirán cambio climático mientras se retrasan los plazos de la transición energética…y cosas parecidas.

La ciudadanía habló dos veces. Y las dos votó calma, moderación y reglas. Quizá la España social que tanto se grita en los fuegos de campamento que se organizan los señores y señoras diputados en las inauguraciones de las sesiones del Congreso, requerían fórmulas, discursos y propuestas que los muy ególatras cascarrabias del cambio se negaron a escuchar. A cambio, el régimen del 79 vuelve. Y no todo, créanme, son sombras.


Soy un espía chino y ustedes sin saberlo

Debo confesarlo. Mi teléfono es un Huawei. Es decir, sépanlo, este cronista es un espía chino y mi aparentemente discreto teléfono es una amenaza para la seguridad del total mundo occidental.

Sostienen los norteamericanos que mi teléfono tiene una puerta de atrás (backdoor, en la jerga) en la que un chino, como son muchos puede haber un chino por teléfono al parecer, se entera de todo. Para que vean lo importante que es uno: a mi edad, soy un espía chino

El caso es que Google, siguiendo la contraseña de Trump, ha suspendido una parte sustancial de sus acuerdos con Huawei, después de que el presidente norteamericano incluyera a la empresa china en su lista negra.

Al hacerlo, Huawei Technologies perderá de inmediato el acceso a las actualizaciones del sistema operativo Android y perderá el acceso a aplicaciones y servicios populares, como Play Store y la aplicación Gmail.

Y ya me dirán Ustedes que hacemos con un teléfono que solo sirve para hablar, como si fuéramos gente de los noventa: escuchar música en CD o hasta comprar un libro de esos de papel, dónde va a parar.

Google acepta en silencio que la compañía china es un riesgo inaceptable para la seguridad nacional; un discurso impulsado por Trump que expulsaba inicialmente de las próximas redes de voz y datos 5G a los chinos.

Situación que, parcial o totalmente, sigue la comunidad de espías que lidera la CIA: los británicos, los australianos y Nueva Zelanda. También están en ello los holandeses y japoneses. El presidente Emmanuel Macron dijo el jueves que Francia no bloquearía a Huawei y, también, sostienen esa opinión en Alemania y en Bélgica.

El asunto, en fin, no es de espionaje sino de una abrupta guerra comercial en la que Trump quiere imponer tecnologías más atrasadas y más caras. Huawei tiene un papel protagonista en el desarrollo del 5G, la tecnología imprescindible para mejorar la productividad, acompañar la inteligencia artificial y anticipar la robotización

Una carrera en la que EEUU no ha podido colocar a sus grandes grupos tecnológicos. Cinco empresas lideran el despliegue global de redes: la sueca Ericsson, la finlandesa Nokia, la surcoreana Samsung y las dos chinas ZTE y Huawei.

Los consumidores nos quedaremos sin las utilidades más necesarias de nuestros teléfonos chinos. Huawei se ha impuesto en el mercado español de telefonía móvil, convirtiéndose en el número uno del sector en ventas de smartphones por unidades.

La decisión de Google de retirar la licencia para usar el sistema operativo Android en los productos de Huawei, que también perdería el acceso a Google Play Store y a todas las aplicaciones de Google, corre el riesgo de dañar seriamente a los consumidores.

En España, Huawei ya es el primer vendedor de teléfonos inteligentes. El grupo chino logró en 2018 una cuota por unidades del 28,3%, superando así a la coreana Samsung, el líder tradicional, que se quedó en un 27,2%.

Las notables diferencias entre Huawei, Samsung y Apple se explican por los precios medios de sus productos. Las acusaciones no probadas sobre los chinos nos condenan a ponernos en manos de las compañías más caras.

Lo que demandábamos a Google era que protegiera nuestros datos, que no monopolizara los mercados y lo que recibimos es más exclusión digital.

Los simpáticos muchachos norteamericanos de internet (todos chicos y muy blancos) , para ocultar sus no pocas vergüenzas y no reconocer  las ventajas que obtuvieron en el 4G (de las que nacieron Uber, Airbnb, Amazon, Facebook,…), se han plegado a Trump, a ver si ganan alguna ventaja en el camino a las nuevas redes.

La guerra comercial ya ha provocado un efecto dominó. Después de Google, las principales empresas de chips y microchips de EE. UU., desde Intel hasta Qualcomm, desde Xilinx hasta Broadcom, han bloqueado los suministros a Huawei anulando la operatividad de la compañía.

Impedir la posibilidad de actualizar el sistema operativo y, en consecuencia, el uso de aplicaciones, por ejemplo, Gmail, Youtube y Play Store, constituye un daño enorme para los consumidores, tanto en términos de seguridad del sistema y de privacidad, más vulnerable a ataques externos en ausencia de actualizaciones, como en términos de funcionalidad del producto: es probable que los propietarios actuales de los productos de Huawei se encuentren, dentro de poco tiempo, con un dispositivo que no sea utilizable. En fin, sepan Ustedes que si reciben una llamada de este cronista, serán espiados, sostiene Trump; qué cuento chino más hermoso en tiempos que llaman de guerra híbrida. En fin, sean felices, miren a sus espaldas y pongan cara de espías, es lo que se lleva.


El cigarrito

Traperos de tiempo; eso es lo que son Ustedes, curritos y curritas: ese cigarrito con el que llenan los quicios de las puertas, ese lánguido arrastrarse mañanero a la máquina del café, incluso esas gestiones personales por internet…el gobierno lo sabe y esta dispuesto a ponerle coto.

El gobierno, que ya dictaminó la culpabilidad de todas las empresas en las horas extras, está dispuesto a dictaminar ahora que todas y todos Ustedes reducen arteramente el tiempo efectivo de trabajo.

En esas estamos. Satisfechos estaban los sindicatos con el viernes proletario que prometió acabar con las horas extras impagadas, e incluso las pagadas, y no se han fijado en que la secretaria de Estado de Empleo chismorreaba, a sus espaldas, con la patronal, para corregir esas anomalías que reducen el tiempo efectivo de trabajo.

Hora extra que te pago, salario que te quito y salimos empatados de esta. Por si no era sencillo negociar, empresa a empresa, las condiciones de trabajo en un mundo de pequeñas empresas, el gobierno ya nos envía otro cometido: negociar el redondeo de la jornada de trabajo efectiva para suprimir, ni pagar ni cotizar, esos minutos robados a la jornada laboral.

La izquierda reciente se ha convertido en maestra en diagnosticar como nadie y gestionar como si fuera el enemigo. Ahora que las empresas fetén hacen teletrabajo o funcionan por producto, o ahora que las empresas amigables establecen verdaderas zonas de ocio para trabajadores y trabajadoras, aquí implantamos relojes y suprimimos el cafecito. Es lo que hay.

Es evidente que las horas extras – pagadas y no pagadas – son un pequeño escándalo en nuestro mercado de trabajo.

Más de cinco millones seiscientas mil a la semana, en el primer trimestre de este año, el 46% de ellas no pagadas. Que los hombres hagan prácticamente el doble de horas extras que las mujeres no les sorprenderá. Que quienes las hacen sin cobrar no sean esos sectores en los que Ustedes piensan (hostelería o vendedores comerciales), sino que el 50% se concentre en profesionales, científicos y técnicos de apoyo quizá sí: saquen lecciones, menos sindicación y rentas más altas.

Aunque el primer trimestre del año es en el que menos horas extras se hacen, este año las horas extras pagadas se han reducido en un 15% respecto al año pasado, pero las no pagadas solo el 7%. Aún así, en jornadas laborales, las horas extras no pagadas serían unas 70 mil.  

¿Resolverá el reloj este agujero laboral? El tiempo lo dirá, pero que hasta el día de la aplicación de la norma no se haya emitido guía de aplicación no ayuda, como no ayuda que los sectores en los que se concentran las horas extras no pagadas sean de bajo nivel de negociación sindical.

Lo mismo ocurrirá con el tiempo de trabajo. Se condena a las empresas sindicalizadas a negociar la reducción de jornada pagada, reducida a golpe de cigarrito, café y gestiones personales, mientras allí donde no haya negociación se permitiría a las empresas redondear un tiempo no trabajado.

En el chismorreo de la secretaria de Estado se llegó a hablar de dos horas semanales de tiempo efectivo no trabajado: o sea, reducir un cinco por ciento la jornada mensual (149,4 horas) y el salario. De los mismos productores de «el reloj», llega «el cigarrito». Es que fumar es malo para la salud…de su bolsillo.