Juan Berga

El Valor de la Experiencia


Viene un lío de narices

No soy partidario, que quieren que les diga. Concluida la parada biológica agosteña que, más o menos, cierra este blog, salvo crónicas radiofónica de viernes, llega la nueva temporada.

Y no: no me gusta como calza la perrilla, que decía mi señora abuela. Antes de llamarme fascista, que ustedes son muy suyos y suyas, déjenme que me explique.

No hemos hecho precisamente el agosto. A pesar de intentar recuperar el ocio y el consumo, la falta de confianza extranjera, con sobradas razones, ha cerrado nuestro turismo y los hoteles caminan al cierre cualquier semana de esta. Ya que el ocio no era la cosa, podríamos habernos ocupado de las escuelas, pero estar, lo que se dice estar, no hemos estado.

Ahora, dice Sánchez, necesitamos concordia. Sea; es una convocatoria a la derecha, pero tampoco se sabe que pone el gobierno, que anda entre flirteando con Arrimadas y protegiendo a Iglesias, ya más preocupado de cuidarse a sí mismo que de otra cosa.

A lo que importa, la izquierda no anda muy allá. Promete estabilidad Sánchez, cuando nadie se lo había preguntado y todo aconseja un cambio de gobierno para afrontar la etapa de reconstrucción y concordia.

Que quieren que les diga, un ministro del espacio del que nadie sabe su utilidad en estos momentos; una ministra de Educación de vacaciones todo agosto y un ministro de Universidades del que no tenemos noticia: un área que requiere a gritos un cambio, acompañada por una ministra de Exteriores, a la que de le desconoce iniciativa alguna para mejorar nuestra dañada reputación.

En el lado del populismo de izquierda de verdad verdadera, la cosa tampoco parece ir muy bien. Garzón ya ha sido abandonado. Un ministerio inservible es habitado por un ministro que ya no es el favorito. El nuevo príncipe es el Secretario del PCE que, de paso, se quiere quedar con los restos de Izquierda Unida. Castells ya ha sido desahuciado e Iglesias se limita a cuidarse él y a Irene Montero, por ahora.

Solo la polarización social, animada por todos los radicalismos, mantiene al gobierno en su sitio. La moción de censura anunciada por VOX, o yo o el fascismo, vendrá a ayudar a Sánchez, sin duda. Una oportunidad de legitimarse.

Pero, amigas y amigas, vienen tiempos difíciles. A partir de mañana se acumularán malas cifras y peores noticias. Y, la verdad, la verdad, es que no parece que estemos preparados. 

Las dificultades para hacer un presupuesto, la evidente ruptura de la coalición de gobierno, la sensación de que no hay más plan que aguantar, la falta de coordinación, la cogobernanza convertida en allá usted lo que haga, no ayudan a mejorar la confianza, valor fundamental para cualquier estrategia.

La concordia está bien como propuesta. Ahora que la pandemia ha cancelado la legislatura del progresismo, progresismo, el federalismo, los cambios y todo lo demás, queda reconstruir algo el país. O sea, que la ideología ha dado paso a la concordia.

La derecha acabará aportando algo, aunque se resista, por lo menos dejando hacer y, probablemente, dando algún respiro institucional. Los que apoyaron la investidura, con la excepción del PNV, parecen a lo suyo. De Cataluña no llegan, precisamente, buenas noticias.

Tejido político no hay mucho, a menos, hay menos política que necesidades. O sea, que viene un lío de narices. Ya iré opinando, aunque no les guste.


Que no vengan, son unos flojos

La ola viene, contagio a contagio, de fiesta en fiesta. Dice el presidente de Aragón que cerrado; el de Murcia que lo ve crudo; la de Madrid que va a hacer un corralito; Quim Torra…Quim Torra dice, naturalmente, que quiere la independencia.

Cuando éramos la mejor sanidad del mundo, se nos murió más gente que en ninguna parte. Ahora que hemos hecho la mejor desescalada del mundo, tenemos el más desordenado de los brotes.

Es lo que hay, algo habremos hecho mal, pero no será el Gobierno, que quede claro. Que ustedes me ponen de fascista en un pispás.

Intentamos cargarles la culpa a los temporeros, pero no coló; podemos echársela a los fiesteros y a los irresponsables, claro que si alguien creía que en una discoteca se iban a mantener la distancia y normas es que no ha ido a una discoteca en su vida.

Pero no se preocupen, que todo va bien. Europa hará que corran ríos de leche y miel y la salud es cosa de los lehendakaris de todo tipo y la ministra de Asuntos Exteriores negocia con acierto dónde haga falta, como se sabe.

Los británicos solo vienen a emborracharse y a saltar de los balcones. Francia solo quiere que los impuestos de la gasolina y el tabaco se queden en Francia. Los italianos no vienen a Formentera porque están malitos. Los belgas, ya se sabe, nos odian y son de Puigdemont. Los alemanes…bueno, esos son muy cuadriculados.

Lo ha dicho Simón, el sabio, que no vengan, que nos hacen un favor. Créanme, no es un lapsus, forma parte de la misma estrategia de manejar la comunicación en la que se trabaja desde La Moncloa desde el principio.

A los números que no cuadran, a las medidas poco coherentes, se suma, ahora, una sensación de desorden que incide en la misma cuestión que nos colocó a los pies de los del norte de Europa: un problema muy serio de reputación internacional.

No hay gestión de marca España y la ministra de Exteriores camina de fiasco en fiasco.

Tres días después de que la ministra de Exteriores se reuniera con el alcalde del paraíso fiscal ese que tenemos al sur de La Línea, y en justa reciprocidad diplomática, los británicos decidían asestar un golpe mortal al turismo español. La ministra afirmó negociar lo que nunca negoció.

Va a Turquía y se deja desautorizar sobre el asunto de Santa Sofía, por la que no se le había pedido opinión, por un ministro turco. 

Un verso suelto, huele a cese en la necesaria crisis de Gobierno, que opera en contra de la imagen de España que carece de agarradero internacional alguno, en momentos de necesaria diplomacia e influencia europea.

No solo hace falta una estrategia para la pandemia, para la economía, necesitamos una estrategia de reputación. Ni siquiera las relaciones de partido son útiles: cabe recordar que entre los frugales que nos tocaron las narices en la última cumbre había más de un socialdemócrata.

El turismo y los sectores conexos paran, muchos negocios cierran definitivamente. Las cifras del paro son terribles y anuncian un otoño pasmoso. Parados, más inactivos, más ERTE, más autónomos desaparecidos…llegaremos al otoño con una población activa en paro insostenible.

Ya les he contado aquí aquel verso que Pessoa escribió en el «Gran Constipado»: «quiero verdad y aspirinas». La aspirina va tardando, no llegará antes que la gripe de siempre. Y de verdad seguimos escasos.

El maná europeo dijo Sánchez en la tele (Piqueras) que era el 60% del PIB; en realidad no pasará del quince. No hay manera de cuadrar unos presupuestos y el Gobernador del Banco de España dice que falta dinero.

El programa de Gobierno ha saltado por los aires, pero se insiste en que todo se hará. Las reformas que se nos piden no se harán, faltaría más, porque no están en el programa. Todo lo que los ministros quieren regular, Calviño se lo va cargando. Y así.

A la izquierda cuando apuesta por el desbarajuste no hay quien la pare. España también necesita una estrategia de izquierda

Mientras tanto, el turismo cierra debido a «una decisión desajustada», dice Sánchez, mientras a Simón, el sabio, le parece fetén. Mucho mejor que se queden manifestándose en su casa que pasarse por las playitas españolas, donde va a parar. El problema es que los malos no son solo los británicos: se suman casi todos.

Pero que no vengan; son unos flojos, ha nacido el nacionalismo de pandemia. Lo dijo Simón; punto redondo.


Ana, el IVIMA y el reto imposible

Sostiene Ana Belén Roy, amiga y reputada profesional, que hay que hacer las cosas bien. Podríamos abrir un debate sobre la excelencia y las reformas en la que tanto insisten los frugales esos del norte europeo.

Pero es viernes. Y, como ustedes llevan con el cronista más viernes que con el doctor Simón, sabrán que el jefe de la tertulia, Don Juan Ignacio Ocaña, me tiene prohibido ponerme sesudo los viernes. Cosa que los CEO de la radio, incluido el Chef, afirman retribuirán con enjundioso estipendio (por si cuela).

Así que me limitaré a glosar el loable propósito de Ana, nacido de la educación pública de antaño, aquella en la que el común incluía la responsabilidad personal.

¿Qué quiere hacer bien Ana Belén, se preguntarán ustedes? ¿Ir a la Luna, escribir un libro o cualquiera de esas cosas brillantes que la chica podría hacer?

No; a ver si logro explicarme sin soltar una carcajada: la muchacha quiere, créanme, depositar la fianza de un alquiler en el IVIMA, Instituto de la Vivienda de Madrid. Sí, ella es así.

Naturalmente, el IVIMA ni se inmuta. Ni darse por aludido por el asunto, oiga. Son las ventajas de la modernísima y digitalizada administración pública española, donde abundan los funcionarios o funcionarias que, naturalmente, tienen mucho que hacer. Ustedes han aprovechado la pandemia para darles trabajo a troche y moche. Hagan pasteles señores y señoras mías y no molesten tanto.

El asunto que persigue Ana Belén es arduo. Para empezar, tiene que superar la primera barrera: el navegador.

A ver si usted cree que, porque tiene el Chrome, va a funcionar a la primera. No; señor y señora mia, no. Si la versión que usted usa es superior a la 45, pues no le va a funcionar la firmita electrónica. Ah, que usted es de la familia Apple y está a punto de ponerse chulito como si fuera el CEO y Chef Sando haciendo salsitas. Tampoco: tiene que ser la versión 6.

¿Qué usted no sabe que versiones tiene, porque sus máquinas se actualizan automáticamente? El IVIMA ni se inmuta. ¿Por qué no actualiza el IVIMA? Señores y señoras míos: las administraciones españolas no se actualizan: existen.

No desesperemos, que no «panda el cúnico», usted tiene un vecino ochentero que aún maneja el Internet Explorer y le presta su máquina. Ahora, a rellenar el formulario. ¿Rellenar qué? Le tendré que hacer señor y señora mía una pregunta incómoda, casi íntima: ¿Qué versión de Java usa Usted? No; no me refiero a su ropa interior sino a una herramienta informática: lo más probable es que ninguna de esas versiones suya sea compatible.

Tranquilidad, usted tiene un «cuñao» informático que le ha dejado la máquina niquelada y dispuesta. Ha conseguido rellenar el impreso y quiere pagar con su cuenta corriente.

Naturalmente, deberá usted ser cliente de Bankia, Santander, BBVA o Sabadell, eso sí deberá tener certificado electrónico. Cómo puede usted vivir sin un certificado, por dios, qué antiguo. No pasa nada, tras cuarenta intentos y un par de semanas podrá obtener en el estado una clave PIN, o Clave permanente, para las firmas.

Si usted no tiene cuenta en estos bancos puede intentar pagar con su tarjeta, eso sí, si ha recibido el oportuno código que no funcionará. Usted pedirá otro y como resulta que tiene más de uno, la ha liado: no podrá hacer el depósito.

Puede ocurrir que no tenga usted cuenta bancaria o tarjeta. Se lo tengo dicho, el dinero es para los pobres; así que nada de transferencias, navegue de fila en fila, durante semanas para ser legal.

Puede que usted presa de desesperación intente hablar por teléfono con el IVIMA. Incluso puede ocurrir que un funcionario le responda. Dígale usted que quiere depositar una fianza: la risa se oirá en Pernanbuco.

Vamos a ver, estimada Ana Belén, alma de cántaro o vasija, según corresponda en correcto uso del género. En la Administración pública española hay dos formas de hacer las cosas: bien o como siempre.

Por qué no hacerlo como siempre, cual humano. Es decir: pon la fianza en el monederillo, cita a los amigos a que nos tomemos una cervecita y nos la bebemos a la salud del arrendatario. Qué mejor depósito

Ustedes sigan el ejemplo de Ana Belén: intenten hacer las cosas bien. O sea, que se me pongan la máscara que me están empezando a enfadar.
Si van enmascarados, pasen un buen fin de semana; si no, pillen una gastroenteritis o intenten hacer un depósito en el IVIMA. Es la venganza de los enmascarados.


Tres cositas les piden y ustedes se ponen a guarachar

«Para vivir en la Habana y guarachar hacen falta tres cositas nada más. Mucha plata, muchos pollos y salud. Tres cositas nada más». Aquí es más sencillo, se nos piden «tres cosas pa gozar»: que se pongan una máscara; que se laven las manos y pongan la distancia adecuada con la gente

Pero ustedes, señores y señoras míos, son muy amantes de la libertad; así que en lugar de hacer lo que nos piden, hacen lo que sale de sus testículos u ovarios. Guarachando, de parranda vamos, día sí y otro también. Fiestecitas de graduación, campamentos, reuniones de profesionales y cosas así.

¡Ah, es que a ustedes la mascarilla les agobia, vaya por dios! ustedes que se ponen cualquier cosita para estar monas y monos, que se meten en la plaza mayor a celebrar festejos, llenan los conciertos, por un poner, cuando no cabe un alfiler, resulta que ahora les agobia el trapito.

El hidrogel, mire usted, les raspa las manitas, vaya, y sobre el agüita para sus deditos que son ustedes alérgicos, no me digan más. No han nacido para ser peces, me dice un artista de esos que caminan por la calle contoneándose y sin máscara.

Y lo de la distancia, vamos a ver estimados y estimadas, ¿Ustedes se miran al espejo? Ya imagino la respuesta: han nacido , no me digan más, para ser relaciones públicas de Pachá y juntarse todas las noches con doscientas, trescientas o mil personas. Sí; es que ustedes son así.

A ver, que no cuela. Que ustedes no tienen tantos amigos, que con cuatro o cinco se apañan. Que se tienen que lavar sus manitas y se tienen que poner máscara. Estamos al límite de tener que dar pasos atrás.

No son brotecitos, pequeños grupitos irresponsables, empezamos a volver a contagios comunitarios, de esos que se nos van de las manos. El retorno a la fase que antecedía a la tercera, pero que no era la intermedia, se ha convertido en una amenaza para buena parte de España.

Resulta que uno de los pactos de la desescalada – igual no recuerdan ustedes aquella hermosa cogobernanza- se ha convertido en un problema: las Comunidades no pueden confinar y el gobierno no quiere. A pesar de los meses transcurridos y de todas las decisiones adoptadas, aún no tenemos un instrumento legal para confinar. Grandes, somos muy grandes.

Los números siguen sin cuadrar, Unos dicen que quinientos contagios en toda España y el otro que solo en Cataluña tiene un millar. O sea, el «desdios» estadístico habitual. No hemos tenido tiempo, tampoco, de ponernos a sumar o pactar criterios.

Sigan saliendo a la calle como si nada, me encanta verles la cara, ustedes son muy bellos y bellas, pero deberían enmascararse, por ustedes no; por los demás. Acaben con la parranda de una puñetera vez.

Habrá que decir que no solo ustedes son responsables. Al Señor Simón ya lo hemos pasado de «prime time» a la hora de los concursos y el ministro de Sanidad ha dado paso a argumentos serios y el gobierno ya no se ocupa de la pandemia, porque falta no hace, naturalmente, sino de salvar algún eurillo europeo. Todo en orden, pues.

Queridos y queridas amantes de la libertad ya verán ustedes cuán libres se sienten como les tengan que atar a un respirador. Ustedes guaracheen, guaracheen, verán como nos reímos todos


“Naturalizar el insulto” o como pasar de la “izquierda caviar” a la “izquierda canibal”

«Naturalizar». Es la palabra revolucionaria de la semana. El vicepresidente segundo del Gobierno propopone «naturalizar» que «cualquiera que tenga presencia pública o cualquiera que tenga responsabilidades en una empresa de comunicación o en política» está sometido «tanto a la crítica como a los insultos en las redes sociales».

Ser vicepresidente no es sinónimo de manejar bien el castellano, o español, ni está, obviamente, en las obligaciones del cargo, aunque convendría. Claro que un revolucionario no tiene porque someterse a la regla de la lengua, faltaría más.

Ninguna de las acepciones de «naturalizar» que usa el diccionario tiene nada que ver con lo que el Sr. Iglesias quiere decir.

En todo caso, pasemos a «naturalizar» todo: el vicepresidente es un macarra, bastante vulgar, en dos de las tres acepciones del diccionario, que se sepa, para ser riguroso. Periodismo de datos, como el que dice.

«Naturalizar» el insulto no es otra cosa que hacerle un escrache al pensamiento. Una amenaza a quien opina, informa o hace crónica del modo que le apetezca. Los populismos son idénticos en todo el espectro político, si es que tienen lado en el espectro y no son lo mismo: lo que desean es la oportunidad del tuit atemorizante.

Trump, Jhonson, Echenique, Smith, Iglesias…, son la misma cosa: les encantaría que fuera legal disparar al periodista, siguiendo el consejo de Goebbels sobre la cultura.

Hubo un tiempo en que la izquierda era exquisita. Como dijo uno de sus más eximios fundadores, Keynes, y reafirmó todo el grupito de Cambridge, se era de izquierda porque  había que estar «en el lado de la burguesía educada». Claro, así los comunistas quedaban fuera, pues no eran ni burgueses ni educados, como se sabe.

Socialistas y liberales al tiempo, cultos y hasta eruditos, poblaron las filas del socialismo y predicaron el cambio, con escrupuloso respeto a la forma democrática. Cosa que acabaron haciendo los comunistas, desde que Berlinguer explicó que no había que matar un cura todas las mañanas para ser de izquierdas.

Y así íbamos, de crisis final en crisis final, hasta que llegó la que, de verdad, importaba: la que devaluó los activos financieros. Ahí le dimos: los hijos de la pequeña burguesía se volvieron muchachos y muchachas airados, no es la primera vez en la historia, y el cambio se convirtió en un melifluo deseo. El cambio es la guillotina, azotar nalgas, insultar.

Así, abandonados los salones del poder nació la global «izquierda caníbal», los profetas del escrache, el amenazante susurro de la intolerancia. Primero fueron insultados, es natural, los comunistas, inútiles patriotas de banderas rotas; luego los bandidos socialistas de cal, ahora son los periodistas reptiles.

Se equivocan si creen que hemos acabado: cuando no quede nadie, les llegará el turno a los socialistas convertidos en populistas y el final es el final de toda discrepancia. Y su profeta se sienta en el Consejo de Ministros, sin que el jefe haya dicho aún nada. 

Amigos y amigas, si ustedes son de derechas vigilen a los más reaccionarios de los suyos, que alimentan reacciones similares. Si son de izquierdas sepan que, a pesar de lo que se dice, el insulto, la amenaza, lo que destruyen no es otra cosa que la participación política.

Mientras les escribo mi reflexión, un amigo de izquierdas, como el que suscribe, de los de antes, de los que ahora la mitad del tiempo no sabemos si somos de los nuestros, me envía una carta publicada en la revista Harper´s.

Denuncian los autores la intolerancia. ¿Derecha, izquierda caviar? No; Noam Chomsky firma, vaya por dios, el último marxista que quedaba (el Papa de Roma no cuenta, es jesuita).

Les pongo un párrafo dedicado a Iglesias y al vulgar Echenique: «el libre intercambio de información e ideas,…,está cada día volviéndose más estrecho. Aunque esperábamos esto de la derecha radical, lo censurador se está extendiendo más ampliamente en nuestra cultura: la intolerancia hacia las perspectivas opuestas, la moda de la humillación pública y el ostracismo, y la tendencia a disolver asuntos complejos de política en una certitud moral cegadora». En quién estarían pensando.

O sea que, a pesar de lo que predique la izquierda caníbal, la resistencia no puede ser un dogma. Les propongo que se apunten a ejercer sin miedo las libertades, incluidas la de expresión, sin «naturalizar» insultos, ni nada, como si viviéramos en democracia y eso.


Carta, o lo que sea, al Gobernador del Banco de España

Estimado Sr. Hernández:

Perdone que, a pesar de lo que se estila ahora, no le tutee. Soy de un tiempo antiguo donde cronistas, periodistas o políticos no nos tuteábamos en público. La verdad exige algo de distancia que el «colegueo» no permite.

Otra cosa es la amistad de la que no tengo el privilegio de gozar con su Excelencia. No se preocupe, me pasa como a usted: no es algo que me inquiete. Eso sí, espero que, al recibo de la presente, Usted y su familia se encuentren estupendamente.

Además, como es notorio, nunca he sido Gobernador de un banco central como para tutearnos, aunque lo hubiera hecho notablemente, visto lo visto.

Como saben mis lectores, soy de la banda de Supermario Dragui, hasta la Señora Lagarde me va cayendo bien. Uno es de los del «whatever it takes», lo que haga falta, hasta la muerte.

Ya les decía yo a sus colegas que se pasaban de ortodoxos. Quizá no lo sepa, pero después del Papa, soy el último socialdemócrata; bueno, quizá ahora, se apunten los del PP, pero no está claro. Los socialistas volverán a serlo un día de estos, parece.

No obstante, sepa que este cronista le estima: con la colección de gobernadores de la cosa que hemos tenido, que haya uno que no parezca pretencioso es de valorar, créame.

Debo reconocerle que no era yo muy partidario de la cosa de la independencia de los reguladores monetarios, pero me imagino algún vicepresidente o ministro de Interior metiendo mano y me entra cierto pánico. Tampoco, y aquí sí me tendrá usted que dar la razón, entendía su obsesión por la cosa de los precios. Llevamos un par de décadas que la cuestión es la contraria.

Quiero decir con ambos reconocimientos que voy a ser osado: le recomiendo cierta prudencia en sus asertos e informes, que los carga le diablo, se lo digo yo.

Debo advertirle, con el aprecio que le tengo, que el cargo acaba haciendo hábito, monjes o cómo se diga. El caso es que ustedes en cuanto les hacen gobernadores se vuelven tan predecibles como persistentes, un poco pesaditos, diría yo.

Aún recuerdo a todos sus predecesores que insistían en bajar los salarios de todo el mundo, excepto el del Gobernador del Banco de España naturalmente, que ha ido subiendo por encima de los ciento doce mil euritos, que no está mal, reconózcalo.

Lo digo, estimado Pablo, ya es casualidad el nombrecito, por esa obsesión que le ha entrado a usted por subir impuestos, que tal parece el otro Pablo. Encima el IVA, cosa indirecta y regresiva. Una cosa, estimado, es no castigar a los ricos, pero castigar a los pobres Sr.Hernández es poco elegante para un cargo como el que usted ostenta.

Usted debe saber que, a diferencia de casi todos los mortales de este país, me he hecho europeo de la muerte, más de lo que ya era. Que manden dos señoras alemanas y una francesa, me parece una excelente noticia. Las tres coinciden en lo mismo: gasten lo que puedan y no suban impuestos.

Sánchez solo ha leído la primera parte, e incluso lo de «lo que puedan» no parece tenerlo claro. A Calviño no le ha dado tiempo a explicárselo.

Estimado Sr. Hernández, igual no es el momento de ponerse exquisito. Los mortales ya sabemos cómo son los Gobernadores, hoy hay que subir impuestos, mañana hay que recortar de casi todo, pasado recortar las pensiones. Se ponen ustedes insaciables.

Sabe que le escribo desde Madrid. Ya sabe usted que aquí, como escribió el gran García Calvo, somos «funcionarios, proletarios y números». Y Usted ha conseguido enfadar a los tres.

A los funcionarios, porque sospechan que tanto rechazo al gasto público acabará diciendo que sobran servidores públicos, me lo veo venir. A curritos y curritas que no ven claro lo de su pensión. A los números, porque parece contradictorio que estemos a favor de una renta mínima, para luego quitarles un «ivita» del veintiuno por ciento.

O sea, que ya sé que usted no está para ser popular, pero debe reconocerme que en algunas partecitas de su informe anual no ha estado fino para los momentos que corren, reconózcalo usted.

Aunque es cierto: España está gastando lo que no tiene. Sospecho, sin embargo, que lo recomendable, hasta la Señora Merkel lo reconoce una vez que el antipático Herr Schäuble no está, son las políticas de rentas extendidas en pandemia..

Estimado Pablo, no se ponga usted histérico con los impuestos, como si fuera el otro. No nos dé la matraca con los gastos. Usted, yo, la Academia de Magia Hogwarts y la Filarmónica de Viena, entre otros, sabemos que entre Merkel, Von der Leyen y Madame Lagarde nos tendrán a españoles e italianos de deudores perpetuos.

Y no pasa nada, el dinero no vale nada: es Usted banquero central, debería saberlo. No nos dé el día, todos los días, camarada Pablo, déjenos ser felices, que es lo que nos gusta.

Le reitero mi aprecio y quedo a la espera de sus noticias. Esto de escribir cartas es tan antiguo, que le pega a uno ponerse decimonónico. Vamos, como si fuera un banquero central.

Como diría Bretch, en un día bueno: qué es meterse con un banco en comparación con fundar uno. En un día malo no se imagina usted lo que diría, no era el «Shakespeare» de los sindicatos por cualquier cosilla de nada.


Levantar piedras y correr fascistas: todo a lo vasco

A ver: ahora, no te matan. Es una ventaja democrática, hay que reconocerlo. Lo que se dice hablar, hablar, ya depende. Si lo que dices molesta a la peña nacional, nacional. te puede caer una pedrada, la paliza de una muchachada o cosas parecidas.

No creerán mis estimados lectores y lectoras, que me conocen de antaño, que ando defendiendo a VOX. Aunque, siendo como soy, también entenderán que, como antaño, defienda el derecho de cualquier mentecato a decir lo que piensa, más en una campaña electoral.

No le voy a quitar importancia. La irrupción institucional de VOX ha supuesto, como ya he dicho aquí más de una vez, una afrenta a lo que llevamos décadas empujando: un régimen progresivo de libertades, igualdad y democracia.

No es buena noticia ni para conservadores ni para liberales ni para la izquierda: en la política de la ira solo medran los airados.

Pero antes de ponerme a seguir a todos y todas las nuevas «pasionarias» encabezadas, en su momento, por Susana Díaz y continuadas ahora por los de Bildu, que homenajean con semanal frecuencia a aquellos viejos y alegres muchachos de gatillo fácil, ahora defensores de los derechos humanos, permítanme un segundo de reflexión.

Mientras buscamos fascistas y resistimos, mientras ensayamos el «no pasarán» tirando piedras, quizá conviniera reconstruir, en primer lugar, las bases de izquierda que hicieron posible el estado del bienestar, incluyendo pactos sociales bastante notables.

Naturalmente, para que eso sea posible conviene dos cosas: que los que se dicen de izquierda no acusen a los apedreados de falsear noticias a golpe de «kétchup», como ha hecho el Echenique, cada día más sembrado.

La presencia de VOX nos abofetea donde más duele: en el discurso que nos permite soñar con nuestras libertades. Nos hace saber que no debiéramos dar por hecho los valores democráticos y ponernos a jugar a cambios que solo nos enfeudan en la ira.

Sin embargo, parece que como ocurriera en Andalucía con el camino iniciado por la vocera de todo el antifascismo patrio, la señora Díaz, en nombre del antifascismo le hacemos la campaña gratis a los de VOX,

A ver si me entienden; si un Señor que se llama Smith va a Galicia a decir que Castelao era un nazi, lo más probable – además de ser un absoluto ignorante- es que los votos que saque oscilen entre cero y ninguno. Darle valor y regalarle el escenario solo favorece a apedreadores y apedreados.

Convendría que la izquierda supiera, también, lo que se sabe en toda Europa y en España: hay alguna razón que convendría investigar y entender por la que a la extrema derecha la frenan las derechas.

Son Feijoo y Urkullu, dicho de otro modo, las fortalezas del PP y del PNV, los que van a dejar fuera de los parlamentos a los extremistas reaccionarios, la derechita defendida por Ertzainas.

Los electorados que apoyan a las derechas, sea el PP o el PNV, no son antinacionalistas, forman parte del diálogo que constituyó nuestro estado moderno. No tiene problemas en pactar con el PNV, por un poner.

No sé si Carlos Iturgaiz ha caído en el asunto, pero desde luego no lo han hecho ni Abascal ni Ciudadanos, por lo que no se comerán un colín, que cuando uno se pone profeta, se pone.

Lo cierto es que el cronista viene a desconfiar de los antifascistas que levantan piedras con tanto garbo que hasta dan miedo.

Antes de seguir la llamada a la resistencia de estos levantadores de piedras y agentes similares, permítanme que me dedique a reflexionar sobre dónde estamos, con el único objeto de resistir mejor, que es lo que la izquierda debería hacer.

Pero parece que estamos a otra cosa: por ejemplo, a ver si pillamos un gobierno que quite a Urkullu, apedreadores incluidos, o a ver si convencemos a los gallegos de que el fascista es Feijoo. Puro antifascismo inteligente, sospecho.


Desde mi caverna, día 100 y final: caverna cerrada, hasta nueva ola

La vida es un instante. El que transcurre cuando te dicen que elijas entre vivir y la vida, que parece lo mismo, pero no lo es. Hace 99 crónicas, les anuncié que, como ustedes, me iba a mi caverna.

Hoy, primer día laborable «desalarmados», compruebo que ustedes están ahí, cosa que me alegra, faltaría más, me convierto en ciudadano enmascarado y recupero la calle. Las ciudades nacieron para ser ciudadanas, no museos. Alegrémonos, pues parecemos jóvenes.

Ustedes y yo volvimos a la vieja caverna platoniana, solo sombras que se colaban entre los visillos de nuestros balcones nos explicaban lo que ocurría.

Como algo hemos pasado, desde que Platón imaginara su alegoría, las sombras no tenían forma de reflejos del sol, adquirían esencia de guasap, de fake news, de noticia real, de grito de balcón, de infinita rueda de prensa.

Lo mejor de nosotros mismos, lo peor de nosotros mismos. Eso nos trajeron los nuevos reflejos.  Tal que hoy volvemos, simplemente, en una versión más radical de lo que fuimos.

Dimos nuestro cuerpo a los cirujanos para que retoñara nuestra vida, aunque fueron los administradores quienes nos la gestionaron. A veces con buena voluntad, otras con impericia, siempre sobrepasados.

Hemos vivido, perplejos y perplejas, como lo último que parecía sólido, nuestra seguridad vital, la esperanza de recorrer con los nuestros un camino, también caía en un mundo en cambio.

De eso, en realidad, han hablado estas crónicas: de la absurda perplejidad a la que nos han sometido nuestros administradores. De la crisis de nuestro egocentrismo de pueblos ricos. De vernos sometidos a las mismas amenazas que pueblos enteros llevan sufriendo décadas.

De ver cómo la política, antaño red salvadora de quien no tenía recursos de poder, no sirve frente algo tan simple como salvar la vida.

Hay siglos en las que no pasa nada y hay semanas en las que pasan siglos.

Ahora todo será antes y después de la pandemia; antes y después del gran encierro; del tiempo en el que, rodeados, eso sí, de miles de cachivaches y tecnologías poderosísimas, volvimos a nuestras cavernas porque tuvimos miedo de un nuevo mamut, del frio de la muerte.

Si alguien dudaba de que el andamiaje de la organización global posterior a la Segunda Guerra Mundial se estuviera desmoronando, los últimos meses han proporcionado pruebas definitivas.

Podemos ver que algo así como un mundo pospandémico está luchando por nacer. La cuestión es si será un mundo airado, pilotado por populistas, que sume nuevas divisiones a las viejas heridas de todo tipo o un mundo cooperativo, capaz de crear un nuevo cuadro de política, sociedad y economía.

Por ahora va ganando la ira, para qué engañarse.

Durante algún momento, en su caverna, el cronista fue optimista: creyó que la ciencia y el conocimiento nos regiría; que el servicio público recobraría sus reglas, que la política cooperativa vencería.

Hoy, ya no parece tan claro. La supervivencia política de los líderes, a lo largo de todo el mundo, ha arrinconado a la ciencia; el sector público ha mostrado unas costuras rotas por décadas de abandono y la política ha sido entendida como trinchera, más que como cooperación, en todas las partes del mundo, no solo en España.

Este es un momento en que ha resultado más fácil para los conservadores moverse hacia la izquierda en economía que para la izquierda moverse hacia la derecha en cultura.

Cómo se forje un mundo cooperativo, a partir de los viejos días del conflicto, depende del calibre de líderes que no tenemos y de la ambición intelectual del resto de nosotros y nosotras.

Y depende, naturalmente, de que volvamos a sentirnos seguros. Lo dice la historia: los mundos solo renacen cuando las pestes han sido vencidas. Y, francamente, esta todavía no ha sido ganada, se diga lo que se diga.

Aquí tienen la lista de la banda sonora de estas crónicas aquí las fotografías que las acompañaron.

He guardado las cosas que hubo en mi mesa, limpiado el polvo que se acumuló en mi caverna, reordenado todo. Antes de salir, miro de soslayo, que todo quede preparado, por si acaso, hemos de volver.

He cerrado definitivamente mi Moleskine, cerrada queda la caverna, hasta nueva ola. Uno sale atento a que ustedes se porten bien y sale, también, con ilusión, pues aún tengo la vida.

Sean felices y si se encuentran con mi nieto y mis nietas reconózcanles que tenían razón.


Desde mi caverna, día 98: cosas que guardar tras la pandemia

Sabemos cuántos nos hemos salvado (450 mil), pero no sabemos cuántos hemos muerto. Paradójico.

Sánchez ha vuelto a romper su silencio. Según he entendido, ha sido todo excelente, la reconstrucción ira fetén. Ahora que todo pasó hay que ser unitarios y, más o menos, todo así. Afirma, muy tranquilizador, que habrá rebrote.

Eso sí: si uno rompe su silencio no está para que le hagan preguntas.

Iba yo a comentarles el asunto cuando recibo un audio de mi nieto. Quién dijo que que un encierro no era creativo. El churumbel, cuatro añitos, ha aprendido dos cosas sustanciales: apañarse un teléfono y hacer audios.

Me dice: «Abu, hoy no podé hablad contigo, dise papá que tengo que recoged los juguetes del ensiedo, antes de salir. ¿Has guaddado loz tuyoz?

El nano tiene razón. No podemos irnos a la juerga que nos viene, sin dejar organizado lo que usamos. No se pueden ustedes imaginar, o quizá sí, lo que se acumula tras 97 crónicas.

Así que aquí me tienen, guardando cosas de esas que ahora se antojan inútiles, agolpadas en la mesa. mientras estábamos alarmados. Limpio el polvo que, en silencio, se posó sobre lo que voy guardando en la víspera de la «desalarma»

Guardo esa cartulina llena de números de fallecidos por el virus que nunca logré cuadrar. Dice Simón, grande, que hay «ahí» trece mil muertos que no sabe ubicar. Guardo el apunte de aquel día que dijo que quizá hubo «un gran accidente».

Me guardo el pico de esa curva que buscamos desesperadamente durante muchos días y el logaritmo sin el que la curva no se podía entender.

Guardo el arco iris en el que mi nieto y mis nietas me dijeron que todo saldría bien.

Ese libro que me recordó que los griegos inventaron la comedia bailando alrededor de una cabra que, no sé porqué, me lo recordaba cada vez que salían los ministros en grupito en ruedas de prensa.

Una obra de Skakespeare que cita a la peste, la vieja frase de Tucídides sobre la pestilencia en Atenas y la ignorancia de los médicos sobre cómo curarla.

El manual del ejército que me busqué, para entender las ruedas de prensa del soldado vestido de azul que decía que todos los días eran lunes. Aquel viejo diccionario en el que traté de encontrar, sin éxito, el significado de las nuevas expresiones de la neolengua gubernamental.

Retiro todas las banderas rotas que puse sobre mi mesa, aquellas mañanas que, siendo de izquierdas, no sabía si era de los nuestros.

Escondo el Moleskine que guarda notas de lo que les conté y algunas que no les contaré, a veces me pongo impublicable.

Cierro el detallado mapamundi donde busqué Wuhan, el bote de Tandoori Masala que encontré en un «super», un día que ustedes agotaron la harina y sobre el que les escribí una crónica.

Envuelvo los muñecos que puse en los videos que envié a mi nieto y a mis nietas. Las hojas y piedras que retiré del jardín para enviarles fotos, las tabas que blanqueé durante días para enseñarles un viejo juego, eso sí, por Skipe. Guardo los colores con los que pintaron el día que, al fin, pudieron venir.

Hay un papel secante, porque un día escribí a pluma mi crónica, para no olvidar lo que no debe ser olvidado. Un par de lápices, la vieja pluma. Una cabeza de la venus de  Milo que se convirtió en mi amuleto de pandemia. Una flor seca, que no sé de donde salió, el collar perdido de mi gato.

Guardo un par de direcciones de correo de compras electrónicas que nunca hice, la lista de spotify que fue la banda sonora de mis crónicas. Guardo copia de los teléfonos de mis compañeros y compañeras de tertulia, de las llamadas generosas que recibí. Conservo la paciencia de Libertad, siempre necesaria e inmerecida. Guardo esas estadísticas que dicen que ustedes me leyeron.

Recuerdo que hay en el congelador una pieza de corzo que nunca mariné, porque siempre iba a acabarse el encierro, según Illa.

Guardo el teléfono roto en el confinamiento, algunas monedas que nunca pudieron usarse, porque nunca hubo tabernero con el que filosofar. Guardo el termómetro. Un par de notas sueltas que tampoco leerán, unos naipes, un tablero de ajedrez.

Cuántas cosas que ahora parecen inútiles, esclavas, silenciosas. Van a una caja, por si deben volver, y en todo caso, durarán como si fueran un virus.

Ya solo queda sobre mi mesa una mascarilla y aquel poema de Pessoa del que les hablé (Un gran constipado) que acaba diciendo: «necesito verdad y aspirinas». Se quedarán fuera, porque ambos deben ser usados

Ustedes también necesitan ambas cosas. Mientras llegan, sean prudentes, esta noche serán libres y ustedes huirán, cual vascos a Cantabria. Si acaso, cuídense, porque así nos cuidarán a todos. Los que hemos perdido se merecen que sigamos protegiéndonos. 


Desde mi caverna, día 97: balance de un cronista en pandemia

Se  acerca el final del confinamiento. Tiempo, pues, de hacer balance. Hace 96 crónicas, cuando me iba a mi caverna, les dije aquí: «sepan que hay gente ahí al lado». Y este es el primer activo del balance que daría para un sesudo análisis de ciudadanía.

Pero es viernes. Y como llevan ustedes con el cronista más viernes que con su mascota, saben que los viernes el jefe de la Clickertulia, Don Juan Ignacio Ocaña, me tiene dicho que no les estropee el finde. Cosa que los CEO de la radio aprueban con cuantiosa prima (no va a colar, lo sé. no va a colar)

Pero, en fin. Había gente. Y ese es el primer activo de nuestro balance. No hablo de sus fiestas en el patio, su mejorada cocina, ya les vale dejarme sin harina, acaparadores.

Hablo, en realidad, de esa llamada que te dice «cómo estas» o ese guasap que no te manda un meme o un mensaje de cabreo, solo un escueto ¿todo va bien?

Y cuando respondes, cuando sabes que allí hay alguien, piensas en cómo ser un cronista si no puedes mirar a los ojos, estrechar una mano, si no sabes qué pasa cuando se corren los visillos de los balcones. Y entonces se aprende que el cronista necesita en quien confiar. 

Y para eso están los periodistas, mis colegas de la Clicktertulia. Y está Juan Ignacio Ocaña, amigo y protector.

Podrá llegar el nuevamente anunciado apocalipsis Maya, acabarse los animales de la sabana, los secretos chinos o los océanos. Pero ahí estará Juan Ignacio Ocaña para contárselo, pero lo que es más importante: para ponerle una autopista a todo el que tenga algo que decir.

Porque confianza, que es huir del fake, es otra cosa que se aprende y que solo se basa en el respeto. 

Confianza y respeto que conviene depositar en profesionales y no en interpretaciones oficiales o de oposición, amplificadas por redes sociales nacidas para el encuentro, convertidas en voceros de odio.

La confianza y el respeto, ahora lo sabemos mejor, nos alejan del odio. Que pereza da odiar cuando se puede cooperar.

Hemos aprendido enormes palabras nuevas, grandes miedos, protecciones, amenazas, hemos vivido días tristes, cuando la muerte parecía interminable, días de camarote de los hermanos Marx, memorables frases de soldados fuera de sitio.

Sabemos decir cosas que antes ignorábamos, expresiones que son oximorones y pasan por enjundiosas. Hay que reconocerlo: los chicos del Ministerio de la Verdad y la Neolengua han trabajado duro, aunque no les ha salido redondo, ustedes me entienden.

Tiempos difíciles estos en los que la libertad consistió, para la mitad del personal, en ponerse un chándal y, para para la otra mitad, Fernando Simon se convirtió en un icono erótico. Con mimbres así lo de la nueva normalidad produce espanto.

Y el cronista, se lo fue contando, porque estuvo siempre rodeado de gigantes. Uno ya sabe que trabaja con profesionales de copete. Solo hay que leer los nombres.

Y encuentra, en sus colegas de tertulia, no solo experiencia, calidad y sabiduría. Encuentra confidentes, cargados de solidaridad, herramientas imprescindibles en tiempos pestilentes.

Antes de referirme a ustedes, oyentes y lectores, principio de todo, déjenme hablar de mi pandilla de los viernes. 

Así, uno se da cuenta de que el mejor redactor del «cuore», Rubén Legarejo, que ejerce los viernes, es insultantemente joven y adicto al wasabi, pero enseguida se sabe que es el tipo que te llevarías a una trinchera.

Si; es conocido que Silvia García, crítica de cine, esta dispuesta a recibir a «zombies» con elegantes diademas, pero, si se fijan, su tenue sonrisa solo podría ser besada por príncipes o princesas.

También observarán, si prestan atención, que las estrellas, la Luna y el universo en el que sueñan residen en el hombro izquierdo de Andrea Pita.

Si uno está rodeado de talento pueden ocurrir cosas extraordinarias. 

Se aprende a perdonar que el chef Sando torture con aceite de trufa a unos pobres espárragos, mientras Legarejo, el cronista del cuore, se pone en modo republicano y grita «remolacha, remolacha».

Qué decir de Javier Lillo, casi tan maestro como su padre, y su mágico trato a las sintonías. Quiero decir que aparecen o desaparecen, sin aviso ni noticia.

Y están ustedes, que son la savia de la que retoñará la vida, el cronista lo sabe y ha aprendido que sin ustedes no hay razón para la crónica. 

Aunque, a veces, me enfadan. A mí y a mi nieto y a mis nietas, que siempre dijeron que todo saldría bien si nos portábamos bien. Yo les creí y tenían razón.

Les contaré un secreto: si las cosas son normales, en poco menos de un mes, un nuevo retoño se sumará a mi pequeño rebaño de superhéroes y superheroínas con lengua de trapo. 

Se llamará Abel; les propongo, ya que hemos ganado confianza estos viernes, un trato: por los ausentes y por los que vienen, seamos responsables.

Seguro que no somos más fuertes, pero podemos ensayar lo que nos propuso el poeta: «late corazón, no todo se lo tragó la tierra». Era Machado y hablaba de la Esperanza. 


Desde mi caverna, día 96: chulitos, chulitas, así, como si no hubiera virus

Lleva el cronista un par de días diciéndoles que está molesto. Va saliendo, poquito a poquito, a la calle y resulta que esperaba un mundo cambiado, silencio en las calles, ciudades de esas de todo a quince minutos, que dicen los modernos. Pero no: oigan, están ustedes en las terrazas, cual verano.

La nueva normalidad era, decía el gobierno, como despertarse de un sueño. El mundo estaría irrevocablemente cambiado; una cosa tipo ciencia ficción. Pero resulta que no. Pandemia se ha transmutado en parranda. Y puesto que no hay trabajo al que ir, ya vamos a las terrazas. 

Por si acaso, los alcaldes y alcaldesas que no están por la labor de molestar al personal, han decidido no poner multas. Ancha, pues, es Castilla.

Excepto algunas colas enmascaradas y los anuncios publicitarios, siempre atentos a aprovechar la ola, las cosas parecen como eran antes, aunque no podemos ir al futbol. Por cierto, sin gente no hay espectáculo, lo digo para cuando vengan los que recaudan en negocios deportivos a darse importancia, tipo Roures o Tebas.

Las tiendas se han abierto, el tráfico ha reanudado su flujo, con menos presencia de transporte público, por cierto; el miedo parece conducir a la privatización de la movilidad. La gente sigue escuchando música en los coches, grupos de personas se sientan en las terracitas y comparten unas bravas, unos calamares

Estas cositas, se lo tengo dicho, enfadan al cronista.

Lo siento, pero aquí se sabe todo: han estado haciendo fiestas en su jardín; botellones en los aparcamientos y parques públicos, mientras sanitarios y medios de comunicación nos advierten de cosas como, mire usted, el rebrote. Curioso asunto este: hablamos de rebrote, cuando nunca desapareció.

El personal ya no parece molestarse porque no se cumple con la regla de distanciamiento. Mucha gente ya va a las tiendas sin máscara, la gente ya no se aparta amablemente para dar paso en los paseos.

Siempre hubo algunas pocas personas que no aceptaron el confinamiento. Una especie de negacionismo o de afición al riesgo. Una minoría a la que se reprochaba desde los balcones su comportamiento. Hubo algunos días que nuestra preocupación era proteger a otras personas.

Que la cultura de la protección del confinamiento se haya desmoronado tan rápidamente tiene que ver ,también, con los mensajes públicos.

Desde que el Gobierno anunció que ya tenía votos para la última alarma y que se pasaba al estado federal, federal, en una tarde, las noticias sobre la protección pasaron a segundo plano.

Nos pusimos a hacer ruedas de prensa sobre la reconstrucción y el cansancio social se apuntó al mundo feliz de la normalidad que, en realidad, nadie se ha creído que sea nueva.

Lo que nos queda son personas que viven en dos universos paralelos.

En uno, hay quienes sabiendo que el virus no ha desaparecido, se sienten aturdidos por el hecho de que las cosas se están haciendo cuando no hay ninguna razón científica para que eso suceda.

Y luego está el otro. En ese universo, el sol brilla y lo peor ya pasó. Es divertido, pensar que lo peor realmente ha pasado, que hay poco riesgo, las cosas siempre estarán bien, a diferencia de los cascarrabias profetas del apocalipsis en el que nos hemos convertido los que clamamos por la seguridad.

En algún momento, los dos universos acabarán fusionándose. Hay que esperar que no haya un disgusto para ello. Esperar a una segunda ola de infección por virus no sería una solución razonable.

Yo les insisto, hasta el 21 y después, en que se enmascaren bellamente. Mi nieto y mis nietas presumen de que tenían razón; todo ha salido bien, aifrman. Pero ya les advierto, si vuelve el «bidcho» se van ustedes a enterar


Desde mi caverna, día 95: carta a Señor y Señora en pandemia

Estimado y estimada:

Espero que al recibo de la presente se encuentre usted bien. Me complace informarle de que aquí, como mi nieto y mis nietas anticiparon, todo ha salido bien, gracias por su preocupación.

Permítame transmitir, a través de usted, mis condolencias a las familias de aquellas de sus amistades y familiares que hayan sucumbido a esta terrible peste. Siempre permanecerán en nuestra memoria.

Le escribo para anunciarle, con placer, que tengo intención de encontrarme con usted el próximo día 21, fecha en la que, según confirma nuestro siempre atento gobierno, recuperaremos una amplia libertad.

Siempre han sido momentos de alegría nuestros encuentros. Cómo no va a serlo en ese minuto en que la salud y la libertad llaman a nuestra puerta.

No se preocupe usted por su máscara; le reconoceré: su porte siempre elegante le delatará ante mis ojos.

Es más, le escribo, también, para anunciarle, con el afecto que usted sabe que le profeso, que si, en nuestro encuentro, no porta usted conveniente máscara le insultaré sin compasión, antes de presentarle mis disculpas, como corresponde.

Le pido, si acaso, perdón por anticipado: me he vuelto muy susceptible con el asunto este de la protección. Es que no estamos de parranda; estamos de pandemia.

No lo diré por usted cuya corrección es afamada. Coincidirá conmigo en que la gente anda un poco suelta, de playa, terracita y solazamientos múltiples.

Es probable, y no podré desmentirlo, que usted atribuya mi carácter de cascarrabias a la edad que me sostiene, frente a su siempre envidiable juventud. Pero, quizá por eso, uno ya no está para tontadicas.

Esto de la máscara y las distancias es muy importante. Fíjese que, como usted recordará de nuestras compartidas lecturas y teatros, si Romeo y Julieta fenecieron no fue por otra razón que el confinamento que retuvo a Fray Juan, a causa de peste, y que le impidió enviar una carta salvadora.

No puedo olvidarme de enviarle un saludo muy especial a su joven y muy prometedora prole a la que imagino, naturalmente, aprobada con solvencia, como corresponde a la brillante tradición familiar y la no menos trascendente educación en línea que reciben.

Sí; sé de su envidiable salud, los veo con frecuencia. Ahí, enfrente del balcón de mi dormitorio, en cómodo banco público, solazándose en agradable botellón. Sí; a golpe de trago, arrumaco y sin máscara ni distancia van haciendo lo que pueden. Es hermoso buscar amantes y juerga, usted y yo lo recordamos.

No obstante, si puede decirle a sus puñeteros hijos e hijas que, por una puñetera vez, cumplan una puñetera norma, le estaría muy agradecido.

Yo sé, faltaría más, que sus arterias les defienden del malvado virus. El virus hace lo que puede; ha pasado de un animal al ser humano. Un pequeño paso para un bichito, un gran paso para la historia de los virus.

Yo sé que no se van a preocupar del cascarrabias que le escribe. Pero quizá, si usted les informara de que la salud de sus padres depende de su comportamiento, igual nos iba mejor a todos y todas. Vamos, estimada y estimado, usted puede.

Sí; también lo sé, están pasando cosas de importancia. Nuestro nunca suficientemente ponderado Gobierno se hace asesorar por quienes no tienen nada que ver con el gobierno,

El CIS ha roto de nuevo su silencio y anuncia una gran alegría: Sánchez lo ha hecho fetén. A Tezanos se le conoce con o sin máscara, aunque no sea por su elegante porte.

Pero no deseo molestarte con estas cosas que, sé bien, son preocupaciones mías que le distraen a usted de sus múltiples ocupaciones.

Se afirma que los tiempos de peste suelen ser tiempos creativos. Quien le escribe solo es cronista, y a veces tertuliano.

Seguro que usted, al contrario, ha aprovechado la temporada de balcón para ser más esbelto o esbelta, cocinar como si fuera mi amigo el Chef Sando o, incluso, escribir alguna memorable obra que dé cuenta a la posteridad de nuestro gran encierro. Felicidades.

Le reitero mi felicidad por encontrarme con usted el próximo 21, fecha en la que, según proverbio oriental, por Sánchez descubierto, podremos encontrarnos para construir molinos.

Espero encontrarme con Usted en el sitio de nuestras confidencias habituales si el tabernero, nuestro cómplice, ha decidido abrir.

Dicen mi nieto y mis nietas que queda poquito para que las cosas salgan bien. Y yo, como sabe, les creo.

Aprovecho la ocasión para expresarle la consideración que sabe que le tengo. Eso sí, debo advertirle que el confinamiento me ha vuelto un poco de barrio, deberé reconocérselo a Usted que tan bien me conoce.

Quiero decir que si usted no porta máscara y no guarda la distancia, la hostia, que como sabe no es otra cosa que una ofrenda a nuestra inveterada amistad, que le caerá será de órdago. El dios en el que usted crea, si es que cree en alguno, le guarde.


Desde mi caverna, día 94: se acerca la coalición asintomática

El que avisa no es traidor, es un «modulador». Sostiene la ministra Portavoz, y de Hacienda, que está dispuesta a «modular» su acuerdo presupuestario con Podemos, para sumar más apoyos a las cuentas públicas.

Se trata de buscar un pacto con Ciudadanos, compatible, incluso, con alguna mirada al techo de los populares.

Ayer, en este blog, les escribí que » en este asunto (el de la economía), Sánchez se encuentra a un pasito de la traición. Al mismo ritmo que Iglesias hace «amigos» en el Gobierno, Sánchez los va haciendo fuera». No es que el cronista sea especialmente listo, es que se veía venir.

Se nos viene encima, en cuanto nos llegue la «desalarmada», una coalición asintomática. Quiero decir que estarán juntos en el gobierno, aunque no lo parecerá.

Es cierto que Iglesias lleva cargando el relato para dispararlo desde hace días, pero más lo veo tocando las narices que rompiendo.

De la Unión Europea a los empresarios, de las compañías estratégicas a los banqueros le vienen diciendo a Sánchez que vale, que le dejan jugar con el monopoly, pero que algunas cosas no cuelan:

A ver, que mientras Nissan se cierra se susurre la palabra nacionalización; que sin diálogo social se firme con Bildu una reforma laboral; que se sugiera freir a impuestos al personal no cuadra con el buen rollito que los empresarios han puesto en La Moncloa.

Ahora que ya hasta se acuerdan cambios en las direcciones de periódico, como antes de los tiempos de la izquierda de verdad verdadera, las cosas se merecen un arreglillo.
Hay que «modular» dice la ministra Portavoz y avisa de que habrá que «adaptar» el acuerdo con Podemos para sumar a otros partidos al presupuesto.

Será casualidad, si ustedes creen en el azar, que se diga la cosa cuando Sánchez afirma que quizá pueda acordar cosas con el Partido Popular. Unas cosillas que solo mentarlas han puesto de los nervios a los de Esquerra, y forjado el silencio de Podemos.

Iglesias lleva días de silencio. Lo de la Comisión de investigación al Emérito en el Congreso, rechazada por socialistas, peperos y VOX ya le había puesto de los nervios; la propuesta de Bildu de investigar el GAL y la cal de González ni les cuento. Un señor lío. Un señor lío.

Pero el caso es que para que nos manden las pelas de Europa que necesitamos – unos 150 mil euros- y endeudarnos con el BCE y otros prestamistas en otro tanto, que también lo necesitamos, se requiere, primero, un presupuesto y, segundo, prepararse para cumplir algunos requisitos.

Tras la pandemia habrá nueva normalidad de esa, pero no habrá continuidad en la legislatura. El abrupto corte que supone la llamada reconstrucción debiera suponer un nuevo gobierno, pero la situación no lo permite. Sánchez no arriesgaría nuevas elecciones.

Pero tampoco permite el tran tran de una coalición que afirma el lunes lo que niega el martes, y así sucesivamente.

Con elecciones catalanas siempre convocadas y nunca fijadas, con las del País Vasco en curso, no estarán ni Esquerra ni el PNV para escarceos, así que la carga de la nueva modulación le corresponde a Iglesias. Un follón, ya les digo.

La ministra Portavoz y Sánchez no han tenido tiempo de esperar al final del estado de alarma, como estamos ocupados ya en anunciar las múltiples reconstrucciones, se nos va la cosa de las manos.

En fin, ustedes no están «desalarmados», Así que, por favor, permanezcan enmascarados, cumplan las reglas y pórtense, que mi nieto y mis nietas dicen que no lo estropeen al final, que todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 93: gastad, locos, gastad

Kristalina Georgieva es persona apreciada en este blog. Hoy, la  jefa del FMI. ha vuelto a hacer una de esas cristalinas afirmaciones que encantan a la economía moderna: «gasten cuanto puedan», les dice a los gobiernos.

Los gobiernos la han escuchado encantados: es lo que están haciendo. Lo del «cuanto puedan», es una coletilla tipo «europeo frugal» de esos, que apenas se ha leído ni oído, ustedes me entienden.

¡ Hay que ver cómo son estos de la Troika, antaño tan austeros! Ya ven ustedes que cosa, no era Varoufakis, era una pandemia. Llegar un virus, poner un cierre global y los que antes eran del puño cerrado, se ponen de la cofradía generosa.

El cronista está de acuerdo. Ya les he dicho aquí alguna vez que me encanta que ustedes gasten. Algún día habrá que pagar la deuda, o igual no y la deuda se hace perpetua, pero no será en una generación, eso es seguro. La cosa es que como el dinero valer, lo que se dice valer, no vale nada, pagaremos poco o ningún interés.

Así que habrá que buscar la forma de complacer a los prestamistas: eso de la condicionalidad de la que Sänchez no quiere oír hablar, y que a los europeos del norte les encanta. No es por la pasta, es por sentir que todos nos hacemos calvinistas o cosas parecidas. Otros prestamistas pedirán posiciones en el mercado de futuro o alguna captura regulatoria, fiscal o de inversión.

Cierto es que en España tenemos un problemilla: con lo que nos ofrecen en Europa, igual no nos llega.. «Cuanto puedan» , dice Kristalina, y nosotros, más chulitos que un ocho, podemos más.

La cuestión ha dejado de ser para qué, la doctrina económica ha dado un vuelco. Ya no hay que discutir con casi ningún ortodoxo; hasta el ingreso mínimo vital es defendido por todas las derechas, menos una como es natural, que está a otra cosa. 

La cuestión es en qué. Y en este asunto, Sánchez se encuentra a un pasito de la traición. Al mismo ritmo que Iglesias hace «amigos» en el Gobierno, Sánchez los va haciendo fuera. Hay mucho personal dispuesto al «patriotismo», pero fíjense ustedes: ponen condiciones.

Los empresarios aceptarán las prórrogas de los ERTE, pagando más de lo que querrían, pero piden «seguridad jurídica», para que nos entendemos: de reformas laborales y fiscales, poquitas. Ciudadanos dice que lo de los Presupuestos, con las cosas que dicen en Podemos, no lo ven claro. En el PP ni les cuento.

Lo que nos piden es que gastemos. Más o menos hasta mil doscientos euros que es lo que nos sale entre los ERTE, rentas mínimas o prestaciones. Eso es poco para que el gasto familiar le ponga colesterol bueno a la economía: necesitamos a los turistas.

Esperando a los bárbaros con nuestras mejores vestimentas, en modo poema de Kavafis, es como estamos con el turismo. Pero todo apunta a que, de momento, la temporada irá justita y tendremos que conformarnos con nuestro gasto.

Lo patriótico este martes es comprarse un coche, de kilometrito cero, que dudo que a los eléctricos de esos de cero, cero, lleguen ustedes o les den crédito de cuarenta y mucho mil. El jueves nos tocará nuevo patriotismo turístico, probablemente.

Dispónganse a gastar lo que tengan, cuanto puedan, si es que pueden.

Hay dos signos de que la pandemia se da por cancelada: el retorno de los chinos y de los enredadores. Cosa que se nota en la economía y en la política.

Ustedes se me pongan a gastar, cuanto puedan, todo por la economía. Pero no se me hagan enredadores: hagan el favor de enmascararse y guardar distancias, que no están ustedes de vacaciones, sino de pandemia, por mucho que ya estemos de reconstrucción.. 

Dicen mi nieto y mis nietas que en una semanita saldremos de esta. Y como ya saben, yo les he creído. No me enreden, no me enreden.


Desde mi caverna, día 91: el dinero es para los pobres

Más de una década se lleva hablando de suprimir el metálico. Ahora que parece que ya se ha acabado la pandemia y podemos ocuparnos de cosas importantes, de verdad, de verdad, los socialistas españoles han dado un pasito más en esa dirección.

Una proposición no de ley del PSOE aboga por «la eliminación gradual del pago en efectivo, con el horizonte de su desaparición definitiva». Aunque el PSOE sugiere que, a corto plazo, no quiere cambios legales, la Unión Europea – a través del Banco Central- ha advertido que no es partidaria. Entre las razones comunitarias, una que ha pillado a contrapié a los socialistas: el efectivo es un escudo social.

La Comisión Europea viene defendiendo desde hace una década que la aceptación de billetes y monedas en pagos minoristas es una garantía de protección a los sectores más vulnerables.

En realidad, la desaparición del dinero, es una tendencia internacional. Experiencias ya se practican en algunos países del norte de Europa. Las razones por las que se justifica esta medida – más allá de la suciedad del dinero – son las posibilidades que la medida ofrece para acabar con la evasión fiscal, la economía sumergida o las prácticas ilegales. El final de los ilícitos o la evasión exige el final del dinero, se dice.

Creer que esta media paliará la economía irregular de toda naturaleza es desconocer el mercado de la economía irregular. Hace tiempo que los maletines no circulan o cruzan fronteras, salvo algunos cutres episodios. Pero si hiciera falta, ya existe un mecanismo monetario que puede utilizarse para tales propósitos: el dinero y las monedas virtuales. Desde el Bitcoin a iniciativas públicas de monedas de este tipo que ya se están poniendo en práctica..

A Hacienda le molesta que el personal disponga de billetes de quinientos euros pero no puede controlar una aplicación en un móvil o una cuenta cifrada de internet que permita disponer de una cuenta irregular, no controlada por Banco Central alguno. No es un sueño. Ya puede hacerse.

Puesto que el dinero es «sucio» que mejor que dejárselo a los pobres. El grado de alfabetización digital, de redes y de precios necesarios para el funcionamiento de un sistema sin dinero aumentará la exclusión de los nuevos sistemas de pago.

Mientras el dinero negro se moverá a golpe de pagos electrónicos, Bitcoins o monedas virtuales parecidas, quienes tengan menos recursos serán las que más perjudicados salgan con el nuevo sistema.

El uso de la moneda es siempre muy alto entre las personas más pobres y algunas personas mayores, no sólo en los países pobres, sino también dentro de las economías más avanzadas.

La abolición del dinero ha sido, en estos días, impulsada por la pandemia.  en efectivo sería dramático para los más acuciados por la exclusión y la precariedad. La alternativa, que ya esta proliferando es la multiplicación de múltiples monedas sociales de carácter local para un trueque de cercanía y carácter social (caridad) pero que no permitirían ni el ahorro ni la actividad financiera.

La pandemia ha acelerado el proceso de desaparición del dinero. En algunos sitios ni siquiera volverá. El miedo al contagio ha tenido un efecto que ha provocado uno de esos cambios: el progresivo abandono del pago en efectivo.

La retirada de efectivo en España cayó un 68% durante el mes de marzo. Es bastante probable que el porcentaje de compras en línea continúe aumentando y crezca un uso progresivamente más residual de dinero en efectivo.

Eso sí, los quienes no tengan cuentas en linea o en el banco, que se den por perdidos o perdidas.

Bien, aunque ustedes ultimamente no gastan micho. O no deberían, por si acaso. Aunque me andan mucho sin mascaras y de terracitas. No se pasen. Mi nieto y mis nietas dicen que todo saldrá bien y yo les creo.


Desde mi caverna, día 90: oh, cielos, la historia es racista 

Les anuncio una gran noticia: cinco calles del madrileño barrio de Las Letras deben ser voladas. Es ética y políticamente insoslayable. Como el cronista es un moderno, promoverá iniciativa en «change punto org» . Es preciso liberar, definitivamente, a Madrid del baldón que le oprime. .

Vale, igual se me ha ido la mano, pero ya saben que la entradilla dramática es de primero de cronista.

Es que es viernes. Y ustedes, que llevan con el cronista más viernes que con su portero automático, sabrán que me tiene dicho don Juan Ignacio Ocaña, director de la Cliktertulia, que nada de ponerme muy serio los viernes, Cosa por la que los CEO de la radio afirman que pagan prima (si cuela, cuela).

Volviendo a la entradilla, repasen conmigo. Quevedo era un propietario desahuciador, compró casa para echar al viejo Góngora. Lope odiaba a musulmanes y conversos, era un racista. Góngora odiaba a Cervantes por aporofobia, odiaba a los pobres. Cervantes era un recaudador venal de impuestos. Pues si, geniales eran, pero cabroncetes un rato. A quemar sus restos.

Nuestra moderna ciudad, su ilustrado y civilizado pueblo no puede tolerarlo. Pölvora a las cinco calles donde se recuerda a tamaños voceros de nuestro genocida imperio. Se quemen sus obras, se guarden bajo siete llaves. Nada bueno podrá aprenderse de tales villanos.

Blanqueemos los horrores de nuestra historia mediante la destrucción y el borrado. Aprendamos del noble pueblo inglés que anda hundiendo en sus mares las estatuas de quienes, indecentemente, crearon su imperio. También amenazan las estatuas de Churchill que combatió al nacismo, pero era un imperialista. La causa de la decencia lo exige,

Que se destruya, ya mismo, el Gótico, construido, sobre espaldas obreras, por sacerdotes vilmente enriquecidos. Que se quemen aquellos libros que lisonjearon a los poderosos. Hágase cenizas de aquellos cuadros machistas que abusaron de las gracias de las mujeres.

Por cierto, ahora que caigo, preside la Plaza Mayor de Madrid un imperialista genocida. El Borbón  de la Plaza Mayor es bastante sospechoso y dudas tengo si su gran obra, la Puerta de Alcalá, no es producto de ignominioso oprobio al pueblo de Madrid,

El Pilar, allí en mi ciudad natal, debiera ser volada. Pólvora a las murallas de los imperialistas romanos. Y así, rasguemos la piel de nuestras ciudades para construir de cero un glorioso futuro.

Puesto que no nos gusta el rastro de lo que fuimos y nos hizo lo que somos, blanqueemos el pasado, sumergiéndolo en el silencio de la desaparición.

Acabemos con los vestigios de la forma en la que los pueblos hicieron su historia, a golpe de gloria y sufrimiento, de miserias y grandezas, de luchas y fracasos. Tiremos, finalmente, la primera piedra de la reescritura de la historia. Renunciamos a enseñar lo que consideramos cierto, la educación crítica sale cara; nos basta con destruirlo: más barato, menos cansado. 

Hemos descubierto que somos racistas. A buenas horas, camaradas y airados amigos y amigas, que ahora camináis justamente junto a los excluidos por siglos, tras una vida entera ingnorándolos. Somos racistas, borremos todo aquello que nos recuerdo que lo fuimos: sean estatuas, sean poemas, sea teatro, sea cine.

HBO ha retirado del catálogo «Lo que el viento se llevó». Tras ochenta y un año de investigación, los responsables de la compañía han decidido que no puede emitirse, sin advertir que es una película racista. Es mucho más elegante, faltaría más, hacer héroes a los que bombardean musulmanes en cualquier desierto, por un poner.

Eso sí; ya sabemos que HBO existe, es guay, superguay, tía, tío, y ya pasado mañana volverán a poner una peli que ya nadie veía.

Los gestos y postureos dependen de factores culturales y no son globales, por mucho que se quiera.

El cronista pertenece a una generación que creció gritando que nunca se arrodillaría ante nadie. Que renunció a la censura como castigo. Que vio destruir demasiada ciudad, en los sesenta, como para pensar en destruir lo que quedó.

Pertenece a una generación a la que le repugna el racismo, el sexismo y el abuso, pero no cerraría una librería, una sala de cine, el estudio de un escultor. 

Hay muchos modos de reconocer que la historia ofendió a razas, pueblos y mujeres. Entre otros, la enseñanza de la historia.La convivencia y el respeto a los ofendidos tiene una obligación: el análisis crítico de la historia, su enseñanza laica, 

Los historiadores reescriben la historia todos los días, analizan nuevos rastros y vestigios. Pero para hacerlo, necesitan datos y la cartografía de una ciudad es un dato. Lo son las piedras que sobre ellas edificaron, un día, los que dominaron, al otro los que fueron dominados

Ustedes, les recuerdo, también tienen otra obligación: o me van con mascarilla y me guardan la distancia o les vuelo su casa, que hoy estoy lanzado. Me lo pide la corrección ética y mi nieto y mis nietas, que dicen que todo saldrá bien, pero están a punto de enfadarse con ustedes. Y no saben como somos aquí cuando nos enfadamos.


Desde mi caverna, día 89: los inversores desconectados

Todos los cronistas de economía amamos a los inversores en bolsa. El mercado de capitales da muchas alegrías a cualquier observador del capitalismo.

Decía Isaac Newton que era más sencillo calcular el movimiento de los cuerpos celestes que adivinar lo que harán con su dinero los inversores. Newton no solo era muy sabio, también le arruinaron en la bolsa. Galbraith añadía que siempre hay algún imbecil dispuesto a perder su dinero. 

A medida que el capitalismo avanza, las bolsas tienen menos que ver con la economía real.

Sea como fuere, lo cierto es que el mercado de valores ha estado subiendo durante un par de meses, a pesar de la rápida propagación del coronavirus en todo el mundo. En una evidente muestra de desconexión, mientras a ustedes les iba peor a los inversores les iba un poco mejor.

Por un momento, es cierto, los mercados vivieron un infierno, cientos de miles de millones de euros y dólares desaparecieron de las carteras de inversores de todo el mundo. SIn embargo, la recuperación ha sido sostenida.

En España, por ejemplo, la bolsa cerró ayer casi un veinte por ciento por encima del día de la declaración de la alarma.

El índice de referencia estadounidense está en camino de obtener su mejor desempeño trimestral durante 82 años, mientras que el índice tecnológico Nasdaq, alcanzó un máximo histórico el martes. Las acciones en el Reino Unido, Alemania, Asia y Australia también han subido fuertemente.

Hoy, eso sí, hemos retocedido hoy. Pero, por ejemplo, en España, los inversores tienen un 14% más de capital de lo que tenían el día de la alarma.

¿Que ha pasado? La misma razón por la que hoy ha bajado la bolsa es por la que ha subido en los dos ñultimos meses, mucha pasta y muchas señales. Desde la segunda semana de marzo los banqueros centrales se han puesto a comprar deuda soberana y bonos de empresas como locos, incluidos los de empresas poco rentables.

Estas medidas, básicamente, han salvado la temporada en las bolsas, junto con el estímulo fiscal, incluidos los diferentes esquemas salariales y de ayudas. SI el crecimiento se ha detenido esta mañana es porque el portavoz de la Reserva Federal do a entender que esto se va a alargar y que el dinero no valdrá nada – o sea, mal asunto para los banqueros-

La intervención actual del mercado es aún mayor de la que vivimos en la crisis financiera.

Lo que han visto los mercados se parece mucho a lo que estamos viendo nosotros: señales de que los gobiernos harán lo que sea necesario para evitar grandes caídas en todos los mercados incluido el bursátil. Al mismo tiempo, se reducen los rendimientos en otros mercados alternativos: desde la vivienda al bancario.

Tiene usted razón si cree que ese camino conduce a una burbuja difícil de controlar. Esa es una posibilidad porque se ha creado mucho dinero nuevo y tiene que ir a algún lado. Prestamos baratos para comprar acciones, deuda de empresas poco rentables adquiridas, etcétera, siempre estuvieron en la base de la liquidez abundante.

A este pastón se le puede dar un uso productivo, como el gasto en infraestructuras, o ser canalizado para mejorar el consumo entonces la economía real podría reiniciarse con una base más sostenible.

Pero si, simplemente, se pasa a los inversores para inflar los precios de los activos, como acciones y propiedades, incluidas las no rentables. entonces simplemente habremos duplicado el problema.

En una palabra, entre la economía real y los mercados financieros no hay ninguna conexión; más o menos como si usted se queda sin teléfono, con una diferencia: si a usted se le rompe el móvil, siempre encontrará a los príncipes de Amazon; reconstruir la economía real parece más difícil: el turismo, las fábricas de automóviles, las compañías de aviación, los hoteles…esas cositas de las que vive el ser humano lo tienen más difícil.

Bien. Ustedes pueden contribuir a mejorar la economía global, efectivamente, pero a golpe de terracitas, sin máscara y apretaditos no vale. Yo ya les aviso que mi nieto y mis nietas dicen que todo saldrá bien, y yo les creo, como saben. Pero como se enfanden se van ustedes a enterar.


Desde mi caverna, día 83: ¡Españoles, la pajita ha muerto!

Españoles, la pajita ha muerto. Ante el gesto que imagino de muchos de ustedes, los caballeros especialmente, es evidente que debo explicarme: me refiero al canutillo ese de plástico que se utiliza para sorber líquidos. Un cronista elegante nunca exploraría otras polisemias.

La cosa es que el uso del plástico requeriría de riguroso análisis. Pero como ustedes llevan con el cronista más viernes que con su mascota, recordarán que, en crónica de viernes, el jefe de la Clicktertulia, Don Juan Ignacio Ocaña, me tiene dicho que análisis sesudos ninguno. Cosa por la que los CEO de la radio han prometido pagar abundantemente un día de estos (si suela, cuela).

Pues el caso es que, mis queridos y queridas oyentes, la nueva normalidad requiere muchos decretos y leyes en los que el gobierno trabaja sin descanso, para que nos comportemos como debemos.

Aprovechando que estábamos en alarma y ocupados con otras cosillas, el Consejo de Ministros ha aprobado un anteproyecto de Ley que introduce modificaciones muy notables en el uso del plástico.

No solo la pajita pasa a mejor vida, también lo harán los vasos de plástico e incluso esos tenedores y cucharitas tan monos que ustedes le compraban al chino. El chino no está preocupado, porque ha decidido venderles banderas. Pero ustedes que son de barbacoa, dense por fundidos: se acabo «esto se limpia en un pispás».

Denle la bienvenida de nuevo al cristal, a la loza y a todas esas cosas que una vez nos dijeron que eran escasas y caras y ahora son fetén. Es más, se acabaron esas cucharitas pijas y retorcidas donde los catering y chefs depositan sus tapitas: el caracol y el langostino se me lo comen ustedes con los dedos, como toda la vida de dios.

Pero la normalidad nos traerá muchas más novedades. Por ejemplo, el tabernero vendrá obligado a darle agua gratis, en lugar de venderle una botellita. La razón por la que al agua del canal debe salirle carísima al tabernero, porque es escasa, y gratis a usted no está nada clara. Pero, si se atreven, van y le preguntan a Marlaska, que tiene buen humor.

Bastoncillos de algodón, cubiertos, platos, pajitas y agitadores de bebidas, palitos para sujetar globos, globos, recipientes y vasos para alimentos y bebidas, incluidos tapas y tapones de plástico desaparecerán.

De los monisimos cuenquitos de diseño para las mascotas se van olvidando y los brindis de la Traviata, que sean con cristal de murano o con cálices templados en añejos metales.»Libiamo, libiamo».

El texto fija restricciones para los envases de plástico y recipientes de un solo uso de alimentos para consumir en restaurantes y para llevar a los domicilios.

El wasabi que ustedes le piden a los «take away» japoneses se va a poner carísimo de la muerte. Salvo que algún chef le enseñe a hacérselo, hablo del wasabi, naturalmente.

También fenecen sin resistencia los cosméticos, aderezos y detergentes que contengan microplásticos. Admiradas señoras a las diademas le quedan dos días.

En fin, señoras y señores míos, el momento ha llegado. Nuestro maltrato al planeta nos devuelve a la dura realidad. Imagino que beberemos café en recipientes desechables, recipientes que serán, naturalmente, más caros que el café, y no dejarán beneficio al tabernero.

Los productores de plástico y algunas industrias han reclamado a la Comisión Europea y al Gobierno que cambiara los calendarios de aplicación. Sin embargo, tanto la Comisión como el Gobierno español han dejado claro que la pandemia no alterará los planes.

Sepan que a la ministra del asunto tampoco le gusta que usen guantes ni mascarillas no reciclables. Así que háganme el favor de enmascararse con elegancia, pero de forma sostenible. Dicen mi nieto y mis nietas que todo saldrá bien, y yo, como ya saben, les creo.


Desde mi caverna, día 81: Trump azuza el racismo, mientras Sánchez se pasa por la oficina

Un poco antes de la pandemia, Trump parecía un tipo feliz y relajado. Los demócratas habían cerrado sus primarias, pero Biden no parecía entusiasmar mucho al electorado demócrata. Antes al contrario.

Pero, súbitamente, llegó el virus y Trump pareció, exactamente, lo que es: un populista radical, con menos empatía con el personal que una ameba y un negacionaista de cualquier cosa que huela a ciencia y sentido común.

No cuesta mucho considerar que Estados Unidos son hoy una nación en crisis. Crisis entre instituciones, entre estados, entre gente, entre funcionarios. Crisis económica, de salud, de opioides, de empleo, racial. Un paraíso,

El asesinato del ciudadano afroamericano George Floyd por un oficial de policía blanco han supuesto dos semanas ya de movilizaciones, despliegues de guardias nacionales, toques de queda. Pero más allá de eso, parece que hemos vuelto a donde solíamos: la ruptura racial.

Una ruptura que, por otra parte, no es exclusiva de los Estados Unidos. Lo que la gente negra está experimentando en todo el mundo es un sistema que encuentra sus cuerpos y sus vidas prescindibles. Tendrán que quejarse, tendremos que quejarnos, digo yo.

Más allá de las imágenes que cada cultura interpreta a su manera. Lo relevante es que, si no fuera por la pandemia, hubiéramos mirado con escándalo todo lo que está pasando. Ahora, ni miramos.

En realidad, si el mundo prestara atención a los negros, sabríamos que este estado de terror se extiende mucho más allá de los Estados Unidos. El problema racial no es solo de Trump, aunque el muchacho hace todo lo posible por ser objeto de la ira del personal, mal tema para movilizar a los votantes.

No deja de ser curioso que todo el mundo echa mano del antifascismo para confrontar con los sistemas democráticos: Unos, tipo Trump, para deslegitimar a los que se movilizan; otros, tipo populista rojísimo, para, anunciando golpes de estado, mantenernos en un puño.

La polarización es lo que tiene, los radicales de todo tipo nos enfrentan a una realidad que no existe. Pretenden que nos creamos lo que no vivimos.

Quienes alguna vez hemos escrito, hemos heredado el desprecio por el racismo y la desigualdad que recorre casi toda la buena literatura. No tenemos más remedio que darle sentido a nuestra oposición a cualquier división racial. Hemos estudiado, leído, escrito y entendido el poder destructivo de la raza y el nacionalismo.

Pero hay que decir, que nosotros, en el centro del mundo, faltaría más, por qué todo va bien, y todo lo hemos hecho fetén, estamos a otra cosa, no para preocuparnos de lo que ocurre por el mundo.

Por ejemplo, lo importante es que Sánchez se ha pasado por la oficina. Ya tenemos más alarma a la que se suman, los que antes no se sumaron, porque ya no nos importa que Pedro corteje a Inés Arrimada, que ya es de los nuestros y las nuestras, rojilla que se ha vuelto que hasta le mola a Garzón.

Em definitiva, el Congreso ha elegido quienes son los malos del mes, que es de lo que en la política actual se trata. Una vez sabido quién es el malvado, todo lo demás nos da igual.

Al parecer, Marlaska está desmontando la policía patriótica del PP, y usted que creía que ya lo había hecho el primer día. La economía irá como un tiro, la gestión es inmejorable. Cataluña se arregla un día de estos. Y todas esas cosas que se cuentan cuando uno sale de Palacio para pasarse por la oficina. Grandes, muy grandes.

Ustedes, sepan, que todavía deben andarme enmascarados y enmascaradas. SI no les molesta, preocúpense un poco de lo que pasa por el mundo. De Sánchez, dice mi nieto y mis nietas, que da igual, que todo saldrá bien. Y yo les creo


Desde mi caverna, día 80: tía, al final “to” se sabe, tía

Tía, o sea, se pone superdrástico el jefe de La Moncloa, pero da igual, sale ´to, tía, to se sabe». Pónganse al día: ha nacido la «chonicomunicación».

Ustedes ya saben que al cronista le gusta analizar la comunicación y ponerle ironía, si falta hiciere al asunto, pero conviene que el ruido no nos impida entender el fondo. Y el fondo tiene poca gracia.

Aquellas célebres frases como «el machismo mata más que el coronavirus» (Carmen Calvo)o «si nos tenemos que contagiar por luchar por las mujeres, nos contagiamos» (Podemos)no solo son perlas de irresponsabilidad. La declaración pillada de la ministra viene a decir que con «medidas superdrásticas» el virus no se controlaba.

O sea, tía, que sabíamos que la cosa estaba chunga.

Es, también, serio que mientras el ministro del Interior y la ministra Portavoz afirman que el cese de Pérez de los Cobos era, como nadie nos creímos, una remodelación de equipos, resulte que una nota interna del ministerio confirma lo que todos nos creímos: un cese por ponerse a las ordenes de la jueza.

O sea, tía, que sabíamos que el cese era chungo.

Como aquí ya se criticó al falso revolucionario macarra, el moderno «pijoaparte» al modo Marsé, no será desigualdad que se critique a la «pijaaparte» de Galapagar, ministra de igualdad, y protagonista de la celebrísima pillada en la «ochomarzada».

Ambas noticias se saben, en primer lugar, por una filtración de la Televisión Vasca (pacto con Bildu mediante) y, en segundo, por una filtración del Ministerio del Interior. O sea, todo muy tranquilizador y que mueve a la extrema confianza.

La pandemia nos ha ofrecido, sin duda, momentos irrepetibles. Ya les he contado aquí lo del excesivo «colegueo» con la prensa, anticipo de reducciones de la verdad.

Hemos tenido el memorable «en la guerra todos los días son lunes», pronunciado por el soldado de azul que salía en las ruedas de prensa. Hemos vivido ese momento histórico en que la libertad consistió en ponerse un traje de «runner».

Los chicos del Ministerio de la Verdad y la Neolengua han trabajado duro, pero nunca hasta hoy nos habían regalado una nueva técnica de relación con los medios: «la chonicomunicación».

Aderezado con «superdrásticas» palabras pomposamente elegantes, ese «tía», espetado a una periodista, que obviamente no era la hermana de la madre de la ministra, que se sepa, inaugura una nueva época.

Ya sabíamos que el colegueo, el tuteo indiscriminado, era en realidad una amenaza a la verdad. Como dijo Umberto Eco, el tuteo acaba con la memoria.

El tuteo nace de la creencia, no especialmente certera, de que el lenguaje informal aproxima a la fuente y la hace más creíble, permitiendo que nazca la complicidad y los medios blanqueen la opinión política.

El «tía» da un paso más. No solo blanquea la opinión política y coleguea con la periodista, «te harán cantares» dice la solícita entrevistadora: el «tía», no solo pretende alejarse del «universo pijo», propio de «marquesas» odiadas, ella nunca diría tía.

Su mérito es el de banalizar la información, quitarle cualquier tipo de relevancia o solemnidad. Con un «tía» por delante no puede contarse nada serio, es como declararse en una birrita «afterwork»: no es creíble.

El ministerio de la Verdad y la Neolengua ha encontrado, esta vez por casualidad, el penúltimo truco. La ministra sabía, tía, que medidas «superdrásticas» no estaban controlando el virus, el día que intentó salvar a su niña de contagios, mientras las niñas de las demás parecían importar poco

Se nos había prometido ponderar la ciencia, comportamientos institucionales y el valor de lo común. En realidad, tía, la ciencia va por comunidades autónomas, lo institucional depende de que no nos moleste y lo común,» tía, no te lo voy a decir»

Eso sí, al final todo se sabe. Las televisiones filtran los previos y los ministerios las notas,los apeles salen, las opiniones se conocen. Y la verdad supera la barrera de los trucos de la comunicación. Es lo que hay

En fin, lo que no tiene truco es que usted sigue en alarma, debe seguir enmascarado y enmascarada. No se me altere por cositas como las que les cuento. Mi nieto y mis nietas dicen que todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 79: las puertas giratorias no nos gustaban, pero eso era antes

No solo de pandemia vive el ser humano. Así, entre decreto y decreto, siempre hay tiempecito para algún que otro nombramiento, que siempre vienen bien en estados de alarma.

La semana pasada hubo fiesta en Enagás: personas vinculadas al PSOE y a Podemos fueron seleccionados para sendos puestos en su Consejo de Administración. Hoy, se anuncia que una asesora de La Moncloa pasará a ocupar puesto como presidente de la Comisión Nacional de Los Mercados y la Competencia.

En el caso de Enagás, los exministros, José Montilla y José Blanco, así como del asesor en materia energética de Podemos, Cristóbal Gallego, ocuparán las plazas.

La abogada Cani Fernández pasará a encabezar el regulador de los mercados. La señora, todo hay que decirlo, es una letrada notablemente reputada en ese campo, había dejado el despacho privado Cuatrecases para ser asesora, al parecer muy transitoria, de La Moncloa, hasta encontrar nuevo destino.

Enagás se consolida como el grupo del Ibex con mayor número de expolíticos colocados por los distintos gobiernos.

Los nombramientos de antiguos cargos públicos en su consejo han sido una constante en el grupo energético del Ibex, ese que al parecer molesta tanto a la izquierda de verdad, verdadera. La última ronda fue impulsada por el PP en 2014, cuando se impulsó el ascenso de Antonio Hernández Mancha, Isabel Tocino, Ana Palacio y Gonzalo Solana.

El sillón en Enagás otorga a sus ocupantes un salario anual de 160.000 euros como consejeros rasos. al que habría que sumar los posibles complementos por pertenencia a distintas comisiones

Lo de los exministros y el asesor de Podemos fue anunciado por Pedro Sánchez. que, además, como es costumbre, cada vez que rompe su silencio, la lio un poco. La empresa había presentado a los consejeros como independientes, mientras Sánchez atribuyó el nombramiento a la SEPI – el sector público empresarial- lo que modifica su calificación.

Los políticos elegidos no van muy allá de cualificación profesional para el asunto y en el caso del asesor de Podemos, que trabaja en energía eólica, ha respaldado campañas contra el gas. O sea, que los cazadores de talentos han estado a la altura que se esperaba.

Por supuesto, la izquierda de verdad verdadera, siempre opuesta por razones éticas a las puertas giratorias, como se sabe, ha asegurado que, en cuanto su asesor y los exministros sean nombrados, ya si eso hacen una ley para que este tipo de nombramientos no sea posible, porque son muy feos, muy feos.

«Las puertas giratorias son una forma de corrupción legal e institucionalizada. Por los consejos de administración de los monopolios energéticos desfilan expresidentes y exministros. Acabaremos con ellas, prohibiendo que las empresas compren políticos que garantizan su impunidad», señalaba hace un año el líder de Podemos.

También, el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, prometió antes de llegar a La Moncloa «cerrar» las puertas giratorias. Las puertas giratorias no nos gustaban, pero eso era antes.

Enagás es, en realidad, la madre de todas las puertas giratorias. Nada como empezar por lo grande, y de paso, compartir Consejo de Administración con colegas de esos que siempre han apasionado a la izquierda de verdad verdadera de Sánchez e Iglesias.

Son accionistas de Enagás Amancio Ortega, que nos cae tan bien, tan bien, el fondo Blackrock, un fondo culpable de comprar viviendas de alquiler, y algunas corporaciones financieras multinacionales. No es que nos hayamos pasado a la casta, es que nos hemos puesto a vigilarlos de cerca, ustedes me entienden.

Va a ser que ustedes no van a poder ser consejeros de Enagás, aunque tengan las mismas capacidades que Montilla o Blanco, a los que no se les recuerda trabajo en empresa alguna. Así que, cómo no pueden ser consejeros, pónganse a cuidarse.

Paseen enmascarados, estimados y estimadas, según la fase que corresponda. Mi nieto y mis nietas dicen que enseguida se acaba y todo saldrá bien. Y yo, les creo; no les estropeen el verano, me molestaría mucho con ustedes.


Desde mi caverna, día 78: Trump se enfadó con Tuiter, pero usted no puede

Hay semanas que no estamos para nada. Y si hay que amenazar con prohibir las redes sociales, primero amenazamos y luego nos ponemos. Para eso Trump es el presidente de los Estados Unidos y usted no. Son malos tiempos para la verdad y lo de verificar la verdad es complicado, complicado. Como muestra el hecho de que lo que una cosa es a en un sitio, es b en otro.

Marlaska no había caído en el asunto, pero le está dando vueltas. Sánchez ha decidido romper su silencio. Al parecer ha anunciado que habrá nueva alarma y todo apunta a que tendremos nueva pareja de baile: esta vez ERC y PNV si están por la labor, que el Gobierno ya ha dado lo que pedían.

Nos espera una semana divertida, ya se lo adelanto, y aquí lo comentaremos.

Pero la cosa es lo de Tuiter y Trump. Como muchas de las tontadicas de Trump les puede parece un asunto sin transcendencia, incluso infantil. Sin embargo, la disputa plantea preguntas importantes sobre la relación entre el público, las empresas de tecnología y el estado, especialmente si se trata de sociedades poralizadas.

El martes, Tuiter advirtió sobre dos tuits de Donald Trump. Dos días después, Trump, furioso, tomó represalias mediante una orden ejecutiva que amenazaba con reducir las protecciones legales para las empresas de redes sociales.

Tuiter aumentó el reto al etiquetar un tuit posterior de Trump sobre los disturbios racista de Minneapolis como «apología de la violencia». Por su parte, Trump entiende que su libertad de expresión significa el derecho a no ser criticado.

Tuiter y Facebook son compañías privadas pero también, como lo ha observado la Corte Suprema de los Estados Unidos, sirven como «una plaza pública moderna». Esto los convierte en herramientas ideales para blanquear la acción del estado. Qué barbaridad, eso solo le pasa a Iglesias y el ministro del Interior.

Las protecciones de las empresas no son tan sólidas en Europa como en Estados Unidos, hasta que Trump ha decidido revocar esa protección. El resultado no será domesticar a Silicon Valley, el sueño de Trump, sino desempoderar al público y restringir su uso de la plaza pública en línea.

La pelea de Trump con Tuiter plantea preguntas sobre cómo lidiar con la información errónea. Mark Zuckerberg de Facebook se distanció de Twitter al sugerir que las compañías privadas no deberían se «árbitros de la verdad». Lo que pasa es que Facebook, siempre atenta a la paja en ojo ajeno, ya ejerce como tal. Se jacta de «luchar contra la difusión de noticias falsas» y garantizar que el contenido declarado por los verificadores de hechos como «falso» sea sancionado. 

Sin embargo, Facebook excluye a los políticos de su verificación de hechos. La idea de que las personas como usted deben ser examinadas, pero no los políticos relevantes, deja un mal sabor de boca, por hablar finamente. Nos empequeñece.

En un mundo polarizado, la verificación de los hechos puede convertirse en un proceso politizado. Como revelan los debates del coronavirus, los juicios sobre lo que es verdad y en quién confiar no son sencillos, incluso en las esferas científica y médica.

No es que las mentiras no deben ser cuestionadas, ni que no exista la verdad, ni que debamos aceptar laos llamados «hechos alternativos». Es más bien que lo que las personas aceptan como «verdad» depende en parte de en qué autoridad están dispuestos a confiar. En un clima político en el que la confianza está fracturada, también lo son inevitablemente las concepciones de verdad y la mentira.

Desenmascarar las mentiras y hacer que los políticos rindan cuentas por sus declaraciones es vital. Sin embargo, el desafío que enfrentamos es principalmente político, no tecnológico.

No es una tontadica lo de Trump. Tampoco lo de cuidarse, háganlo, por favor, mi nieto y mis nietas dicen que falta poco para que todo salga bien. Y yo les creo: no les estropeen el verano.


Desde mi caverna, día 77: convirtamos las universidades en supermercados

¿Tendrán que transformarse las universidades en supermercados para volver a ver a los estudiantes? Así igual se pasan por la facultad.

Ustedes pueden creer que es una pregunta irónica, típica del cronista. Pero piensen en estos hermosos días de educación a distancia, fetén de la muerte, dónde solo el 20% de los estudiantes han desaparecido del sistema, considerando todos los niveles educativos.

¡Oh, cielos, no toda la chavalería tenía medios en su casa! !Oh, cielos, no todos los profesores se conectan las veces que dicen!!Oh, cielos, las casas no están pensadas para estudiar!

La escena se ha vuelto normal para muchos estudiantes: se lanza una llamada, aparece una cabeza en una ventana, luego otros la siguen. De repente, un profesor febril, en una habitación que está algo aislada de los otros ocupantes de su casa, pero no preparada técnicamente, intenta enseñar lo que una vez se llamó un curso.

Así es como este torpe personaje trabaja, incapaz de repetir en la red algunos de sus trucos pedagógicos: el humor, las interpelaciones o el arte de la retórica, aprendidos durante años de experiencia.

El silencio y el eco de voz son la única respuesta a lo que una vez hizo posible captar la atención y compartir ideas. Ahora el profesor digital está enseñando, pero sin saber realmente con quién está hablando.

Este maestro se tranquiliza diciendo que, en estos tiempos de crisis, él también está en el «frente de batalla», nos gusta tanto la metáfora bélica, y que no se trata de abandonar al alumnado en la trinchera.

En media Europa, y en España, se nos pide que imaginemos escenarios inverosímiles: estudiantes que tengan lecciones cada dos semanas y la mayor parte de las lecciones en línea.

No nos equivoquemos, existe un elevado consenso: la experiencia de la educación a distancia ha sido, en todos los niveles, generalmente, un fiasco. Tenemos una devaluación de curriculum y muchos aprobados asintomáticos – están aprobados, pero nunca lo parecerán-.

Suele ser un complemento útil para la enseñanza presencial, pero su sustitución completa muestra tantos límites que hace imposible su generalización.

Primero, enseñar a distancia no es solo una transposición de la educación personal frente a la cámara. Estas son habilidades completamente diferentes y, por lo tanto, dos oficios diferentes. Los profesores, por desgracia, no son comunicadores, ni las metodologías pedagógicas, incluyen esa habilidad.

La formación es un acto complejo, en el que el profesor apela a los sentidos, las emociones y utiliza diferentes técnicas de enseñanza. Desde luego, los chicos y las chicas que estudian, si es que ustedes se acuerdan, no son todos iguales en lo que respecta a la tecnología digital y el aprendizaje.

La mayor dificultad de esta forma de enseñanza sigue siendo la ausencia de implicación emocional entre el alumno y el profesor.

Para los que consideran que la enseñanza en la universidad debe ser exclusivamente una capacitación operativa utilitaria, el curso en línea es una bendición: reduce presencia, costes y problemas.  Un alivio para los gerentes.

Pero esta fascinación por lo virtual también conduce a una negación de lo que es la vida estudiantil, si es que ustedes han pasado alguna vez por un campus. 

Ser estudiante significa interacción continua. Se hacen asambleas, se juega al mus, se liga, naturalmente, se aprende diversidad, se hacen amistades y se tienen experiencias vitales, a una edad en la que se construye la vida adulta.Si la educación va a ser digital, convirtamos las universidades en supermercados.

No; lo digital es solo un recurso provisional. No se engañen. Igual que no deben engañarse sobre la libertad de estos días. No; no ha pasado , lo que hemos pasado. Queda un poco. Tengan calma enmascarados y enmascaradas, mi nieto y mis nietas dicen que todo saldrá bien, y yo les creo.del todo


Desde mi caverna, día 75: el cansino cuento de “el macarra y la marquesa”

Lo del relato y el «storytelling»  no lo inventaron en el Ministerio de la Verdad y la Neolengua. «Cuéntame un cuento» es lo primero que un niño aprende a decirle a su madre. Incluso en las «cunas del hambre», mujeres morenas derraman risas que vencen alondras.

Sabemos cómo funcionan las historias: el cuento siempre nos distrajo del presente. Ladrones de motos, aparentes revolucionarios, siempre cortejaron a burguesitas falsamente rebeldes.

No; Iglesias y Cayetana, no inventaron el cuento de «el macarra y la marquesa»: antes y después del «Pijoaparte» y de Teresa, antes y después de Marsé, los cuentos están llenos de distracciones rampleras.  Iglesias y Cayetana nunca construirán novela ni relato, solo griterío; inculto, vacío y tramposo dislate.

No se dejen engañar por el griterío populista. Que un ministro se carga a la cúpula de la Guardia Civil, ahí está Iglesias «el Macarra» para montar número, a poder ser machista y lleno de desprecio de clase, que él es muy elegante.

Que un par de empresas nos dejan tres mil parados más o el Gobierno persiste en herirse a sí mismo, de forma absurda, ahí está Cayetana «la marquesa», intentando quitarle cacho al populismo extremo y distraernos de lo importante.

El cuento de «el Macarra y la Marquesa», cansino, histriónico, vació, recorre el hemiciclo para risas de estrategas del relato, sorpresa de comentaristas y pasmo de ciudadanía.

Entre ayer y hoy pueden elegir noticias.

Nissan y Alcoa, alertan del final de la automoción, estupendo, y del aluminio. Grande gestión en España y Cataluña, empleos que Sánchez garantizó en Davos.

Mientras la Guardia Civil se encuentra en mitad de un operativo, un ministro lleno de orgullo la descabeza. Mientras Europa suelta pasta a raudales, en España no sabemos si la queremos, nos molesta ser «rescatados».

Pero lo que importa es que «la Marquesa» hirió al padre del «Macarra». O que el «Macarra» despreció a la «Marquesa». La cosa, para que engañarse, a Usted y a mí, se nos da una higa, pero nada como un campo dividido en buenos y malos, para que nuestra política siga polarizada, cainita e inservible, terreno donde medran los populismos.

En estos tiempos debiéramos ponderar la ciencia, la lógica institucional y democrática y, muy especialmente, el valor de la comunidad. Las tres cosas pueden salvarnos, pero son las tres cosas que el populismo que representan el «Macarra y la Marquesa» rechazan más que nada: ciencia, democracia y comunidad no permiten medrar a salvadores de patrias.

El problema no es que se equivoquen, que se equivocan. El ruido de la polarización será castigado por una sociedad que baja de los balcones, bastante cabreada, pero con necesidad de que alguien haga algo para ofrecer futuro.

Los que polaricen no serán premiados: se lo teme VOX, se lo teme Podemos y es sorprendente que lo ignore Cayetana, empeñada en desviar la atención de los fiascos gubernativos a su ideológico ego faltón.

Unos y otros se han empeñado en moralizarnos, contarnos cómo debe ser nuestra vida, ideologizar nuestro dolor. Sin embargo, lo que necesitamos es conocer los problemas, debatirlos y acordar un escenario que nos saque de este lío.

Pero es que el odio resulta hermoso: cabe en un guasap, no necesita ser gestionado y permite a los creadores de neolengua crear hermosas expresiones vacías.

El cansino cuento de «el macarra y la marquesa» solo es una distracción que llenara las redes sociales y no sirve para nada, cuentos y ruido narrados por idiotas.

Cuéntame otra vez abuelo, ese cuento tan bonito de «de rojos y fachas». Aquel que no tenía nada que ver con la democracia, aquel donde Marsé puso a un falso revolucionario macarra a ligotear con una falsa rebelde «marquesita».

Bajo los adoquines no hay playa, solo puede haber democracia, único fundamento de todo. Mucho para los populistas.

Mientras les cuentan el cuento, a gritos, ustedes deben seguir cuidándose, pacientes y sosegados, odien menos y reflexionen más, mis queridos y queridas enmascarados. Mi nieto y mis nietas dicen que falta poco y que todo saldrá bien. Háganlo por mí, no les estropeen el verano.


Desde mi caverna, día 74: manual contra jueces desafectos

Marlaska afirma que «no conjuga la palabra injerencia»; hace bien, los sustantivos no se conjugan; pero si hace falta que conjuguemos, conjugamos. No sé por qué este hombre me recuerda a Voltaire: «es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado».

En esta vorágine de «lawfare», guerras judiciales, en las que hemos entrado, resulta que la agenda judicial ha pasado del PP al PSOE, y así no vamos bien. Cuando pase esto, más que UCI vamos a necesitar unidades de «quemados», para proteger a todos aquellos y aquellas profesionales que han participado en el asunto,

Conviene, en consecuencia, que usted no se equivoque. A ver si logro explicárselo bien. La señora jueza Rodríguez Medel era fantástica de la muerte cuando investigaba a Cifuentes y a Casado. Pero, mire usted, atreverse contra el Gobierno: eso es «causa general», meras «sospechas e hipótesis», afirma la abogacía del estado.

Primer punto del manual: los jueces que pillan a los suyos son malísimos, los que pillan a los de los otros son fetén.

Los guardias esos que eran tan fantásticos en sus informes sobre la Púnica, la Lezo o la Taula y todo lo demás, hoy son venales e inútiles informantes que no pasarían el nivel de becario en un periódico.

No deben conocer muchos becarios, dicho sea de paso. Pero, a efectos de seguir las normas del manual, aprendan la segunda regla: es incompetente todo aquel o aquella que no le dé la razón.

Llevado de un «orgullo de ministro» escasamente explicable, y menos justificable, nada más cesar a un coronel de la Guardia Civil porque había que «crear equipos», el ministro ha reconocido que no había leído el informe, faltaría más.

Sin embargo, desde la abogacía del estado a los medios afectos, las redes e ilustres portavoces parlamentarios han convocado al «neogolpismo», al fascismo, y a todo lo llamable para desligitimar las acciones judiciales.

Señoras y señores, apréndanse la norma como debe ser: hay que deslegitimar a jueces y guardias. Recuerden al gran Ibarra, haciendo pública la declaración de la renta de aquel juez Barbero. qué elegancia y respeto a la independencoa judicial. No conjuguen injerencia, es más divertido fastidiar el honor del personal.

Como ya les dije ayer, ni entro ni salgo en la cosa de la jueza. Incluso puedo llegar a creerme que a la señora Rodríguez Medel se le ha ido la mano aceptando la querella contra José Manuel Franco, al autorizar la convocatoria de la manifestación del 8-M.

Hasta ahí podíamos llegar, dicen en la Moncloa y aledaños, se empieza por el delegado del Gobierno, se sigue por Simón, se continua por Iglesias y así sucesivamente. Hay que proteger a los buenos. Requiere el manual que se edite información que desacredite cualquier informe.

No importa que el informe no se presente como causa, según Marlaska, por si acaso debe informarse de lo tuercebotas y malignos que son sus autores.

Un par de días antes de que Marlaska decidiera «construir nuevos equipos» sin Pérez de los Cobos, un tuiter avisaba al populismo gubernativo: o os cuidáis de los jueces o os ira fatal.

Ponerse a la cosa se han puesto. Pandilla fachas, neogolpistas y todo lo que haga falta para sacar del respeto democrático a los Tribunales que se atrevan. Naturalmente, esto también es culpa de Casdado, que nos obliga a tamaño esfuerzo.

No se acordarán ustedes, pero esto de información basura, desligitimación y todas las cosillas de manual ya las hizo Berlusconi, inútilmente, por cierto.

El cronista ignora si la jueza la ha cagado, si el informe es malo, si los guardias son incompetentes. De hecho, hasta puedo darles la razón. Pero lo que es, es: un operativo no se cesa en mitad de una operación y si un juez manda, un guardia obedece. Eso es así de toda la vida de dios y así nos lo aprendimos todos, antes de la noche populista.

En fin, espero que ustedes se cuiden queridos y queridas enmascarados. Mi nieto y mis nietas dicen que falta poco y todo saldrá bien. Y yo les creo. No les fastidien el verano, a ellos y a mí nos molestaría bastante.


Desde mi caverna, día 73: ¡Alto! Guardia Civil, estamos creando equipos

Marlaska, señor ministro donde los haya, ni de tuteo nuevo, ni nada, de los de mandar como los de antes, tiene notables virtudes. Elegante, guapo, listo, de carrera judicial, el yerno que cualquier suegra desearía.

Ahora, simpático, lo que se dice simpático, no es. Leal, lo que se dice leal, tampoco parece. Siete altos cargos, «descargados» en dos años, dan cuenta del carácter del caballero.

Claro que, estáis, camaradas, equivocados. Ha sido ponerse la izquierda, de verdad verdadera, siempre vigilante para evitar bulos maledicentes, a decir que ya tardaba en cesar a Pérez de los Cobos y resulta que el ministro no ha cesado, sino que su decisión corresponde a «construir nuevos equipos».

Hay que ver, qué frases tan relevantes y de gran enjundia se han perdido. «Tenía que ser él y no Trapero el procesado». «Es él quien debería estar a la espera de sentencia»; su cese es «higiene democrática». Grandes frases para la historia, pero no: el Ministerio de la Verdad y la Neolengua ha definido, con precisión, el comportamiento del ministro: este Gobierno no cesa: solo «crea equipos

Al parecer era fascista, él y toda su estirpe, vinculado a los reaccionarios, donde va a parar: con alma de charol, persiguiendo «indepes» y etarras no se puede ser otra cosa que un «neogolpista», gran palabra susurrada en la izquierda, de verdad, verdadera.

Ha dimitido el segundo de la Guardia Civil a causa del asunto. Uno de los soldados que nos valían, mientras necesitábamos hacer ruedas de prensa en plan guerrita. Ahora, traidorzuelo.

El asunto es el que es.

Una cosa es vigilar a desafectos al gobierno, perseguir bulos en medios de comunicación, en todos los que no cobran de la Moncloa por un poner, y fotografiar tipos y señoras con cacerolas. Una cosa es cerrar la calle de Ábalos o medio Galapagar, si falta hiciere, y otra cosa es otra cosa.

Obedecer a jueces de las cloacas del estado. Hasta aquí podríamos llegar,

Y uno, que paciente con el argumentario es, se dice: no discuto que la jueza se haya metido en camisa de once varas; no discuto lo de la responsabilidad jurídica sustituyendo a la política; no discuto que todo es oscuro, oscurísimo, incluidos los trajines de los días aquellos de marzo, donde todo era poco.

Pero si una jueza pide algo a un Guardia, el Guardia tiene que hacer informe y el ministro se la come. Es de lo que va la cosa de la justicia y su independencia.

De informes de la Guardia Civil llenos de frasecitas de periódicos e interpretaciones jurídicas que no les corresponde, de indicios a medias, de tontadicas, está lleno el reino de los imputados. Ya me pueden preguntar, por cierto, por alguno, escrito al dictado de ministros o amiguetes de la izquierda de verdad verdadera, que yo se lo cuento.

Iglesias evangélicas, sepelios gitanos, afamados congresos de partido, partidos de futbol, estudiantes recorriendo España, manifestaciones feministas. Pues sí; es lo que había y contagiar contagiaron, lo diga Simón o su porquero. Cuando había pocos casos Simón ya prohibía eventos, excepto los que no convenía.

Pero, qué quieren que les diga, los informes y los papeles, aparecen, los carga el diablo y acaban con carreras. Es lo que ha habido y es lo que hay.

Que el Gobierno haya decidido, de paso, acabar con la carrera de todos los profesionales que han concurrido en el asunto es notable: desde el soldado vestido de azul (lo llaman JEMAD) hasta el mando operativo de los Guardias. Uno tras otro, desaparecerán del mapa profesional y político, empezando por Simón, hoy aplaudido al que mañana despedirán. Y si no, al tiempo.

Quizá esperar un poquillo, hasta que esto acabe, agradecer los servicios prestados, y esas cosas elegantes no hubiera estado de más. Pero, el Gobierno, ha decidido, que ordena y manda. Y lo que toca a los guardias es obedecer, que para eso están.

Herida absurda tras herida absurda, camina nuestro Gobierno. Tan innecesario fue acordar con Bildu lo que no hacía falta como cesar a un Guardia, regalarle a Urkullu lo que no corresponde y cosas así. Pero, en fin, demos el alto a la Guardia Civil: hay que «construir equipos».

Ustedes sigan en su fase, la uno, la dos, la que toque, sean prudentes que no hay Guardia que les libre de virus. Compórtense. Mi nieto y mis nietas dicen que falta poco y todo saldrá bien. No la líen que a ellos les sabría mal y el cronista se enojaría.


Desde mi caverna, día 72: madrugar, para estar más tiempo sin hacer nada

«Salimos más fuertes». No; no es que hayan hecho ustedes ejercicio. Es que, en un alarde de información de interés general y periodismo de datos, los editores de los cuatro periódicos más relevantes del país, hay que corresponder a los milloncitos puestos por Moncloa, salen con publicidad del Gobierno en portada encartada: «salimos más fuertes», dicen.

Una patrañita de La Mocloa. No hay más dinero, más recursos, ni más salud que cuando nos confinamos. El Ministerio de la Verdad y la Neolengua, se lo tengo dicho, trabaja duro. Treinta mil vidas después no se es más fuerte, precisamente.

En realidad, salimos con más del treinta por ciento de la población activa protegida; sin estrategia económica de futuro; sin saber cuál es el nivel real de caída de riesgo y esas pequeñas cosas. Pero, vale,, salir, salimos.

Dice Don Ricardo Martín, con buen tino, en la clicktertulia, que no es sensato que la respuesta a la llegada de la fase uno es que los buscadores turísticos se colapsen. Es evidente que el Gobierno ha renunciado a organizar cualquier cosa que no sea la fiesta, aceptando las presiones de Comunidades Autónomas y el resto.

No hay votos para más alarma- solo Ciudadanos persiste en ponerse a tiro, Arrimadas no es celosa- y los profesionales de los líos han agotado el margen para tontadicas del gobierno, a corto plazo. Así que, como hay que recuperar confianzas perdidas, no podemos gastar esfuerzo en poner alarmas.

O sea, que lo que hasta ayer era científico de la muerte, ahora ya es lo que se pueda: o sea, rebajas generales.

Hoy ha sido día de festejo. Les han soltado a ustedes de los balcones y me madrugan para ver a su tabernero. No cabe duda de que ir al siquiatra o al filósofo, su tabernero es ambas cosas, debiera estar pagado por la Seguridad Social y ayuda sin duda a la economía, pero darse un madrugón para pillar sitio en la terrazita es pelín exagerado.

Vamos, un poquito de prudencia, queridos y queridas enmascarados, que no se puede volver a enero; no hay reseteo, no pueden ignorar que lo sucedido ha acontencido. Los que nos faltan y ustedes mismos se merecen un poquito de prudencia. Que no hemos acabado esto.

El que ustedes vayan a la suya, tiene una ventaja: el gobierno, en lugar de vigilarles a ustedes, se vigila a sí mismo.

Marlaska cesa a quien puede, cierra la calle de Ábalos, por si acaso, protege de los jueces a los administradores de la pandemia, atiende al enredo de Iglesias y cosas por el estilo. 

Lo que era cuarentena turística se levanta. Torra también está de fiesta. Pide miles de millones y los despreciados españoles del año pasado, ahora, son convocados a fastuosas tardes de playa.

Son días de pelillos a la mar. El desastre de Bildu se arregla como corresponde: más pelas y más competencias para el PNV. Más cariñito para la patronal y de lo de Europa se ocupa Calviño, que para eso es la seria. También en el Gobierno madrugan, para estar más rato sin hacer nada.

Dice el socialista y presidente manchego, García-Page que el Congreso se ha convertido en un «zoco político» en el que se mercadea con los votos. Que la minoría del gobierno se ha convertido en la mayor operación de clientelismo político que conoce la democracia española ya ha sido dicho aquí. Que el «mercadeo» afecta a la seguridad jurídica y política que requerirá la reconstrucción es también un hecho.

Hoy los periódicos, tras el lema del Ministerio de la Verdad y la Neolengua, presentaban una auténtica página de sucesos. Madrugar para estar más tiempo sin hacer nada, mientras la agenda judicial nos rodea. Es lo que viene.

Estimados y estimadas. Salimos, eso sí, salimos: por favor sean prudentes. Hoy pude ver a mi nieto y mis nietas, me dicen que ya falta poco. Y yo les creo. A mi nieterío le sabría mal, muy mal.


Desde mi caverna, día 70 +1: qué pasará, que misterio habrá

Cierren la almena del miedo, corran el visillo que cubría el secreto de su balcón. Van a salir. Háganlo con la prudencia necesaria, sean hermosas y hermosos enmascarados, reconquistando la ciudad vacía. Llénenla de ruido, pero de ruido ciudadano.

Ahora que la mitad de España pasa a ser medio vasca, no del mismo Bilbao eso sí, pongamos que en modo Baracaldo, sepan que pasamos, aún, de días de encierro a días de distancia y máscara. Cuando pasemos de ser de Baracaldo a ser del mismo Bilbao, ya serán días de contar aforo y buscarnos huecos.

Distánciense, con elegancia, aunque paseen con su abundante prole. Ignoren, por un día, el miedo a las sirenas. Olviden la inexplicable y diaria rueda de prensa. La Montero portavoz ha roto hoy su silencio y ha hecho autocrítica: la culpa del asunto del pacto con Bildu es de…Casado.

En fin, cambien el ruido de odio que llenó, en su ausencia, las plazas por el ruido de las risas de un niño, el juego de una niña o la tontuna del pavo adolescente.

Sí; es probable que usted eche de menos un ruido: el de los afanes, el del trabajador apresurado, la trabajadora estresada. Sí; vienen días duros, pero no será hoy que el susto le empañe, de nuevo, el día en que retoña.

Qué pasará en las calles de antes; que misterio habrá. Las ciudades, ahora lo sabemos mejor, no están construidas para el silencio. Las piedras que quisieron ser estatua, edificio, asfalto no son, si ustedes no están, otra cosa que cantos de calzada.

Huya de momento de los profetas. Tiempo habrá de saber cómo viviremos en el futuro. Hay quien ya ha dicho que esto cambiará el mundo como la Revolución de Octubre, Otros les hablan de la ciudad pequeña, la ciudad de los quince minutos, de esa en la que uno va a la taberna y vuelve, que solo trabaja en su casa, la ciudad sin oficinas y, a veces, sin escuelas,

Pidan calma. Si les hablan de ciudades que no existen, pidan calma. SI les hablan de ciudades que no permiten moverse para emplearse, pidan calma.

Tendremos que diseñar futuros entre todos, no seguir las normas de los hacedores de reglas y nuevas normalidades, sobre las que no tienen la menor idea. No es en La Moncloa, en la Sexta o en El País, en las alicatadas cuevas de Alí Babá o en los cuartos de banderas y gritones cuarteleros donde se diseñan Ciudades.

Hombre o mujer, ahora enmascarado o enmascarada, que caminas por la ciudad porque la Ciudad es tuya, tú la construiste. Tú reconstruirás la nueva.

Cambiará la Ciudad; sin duda. Sepan que la mayor caída de dióxido de carbono desde la segunda guerra mundial, debido al gran encierro, es insuficiente para arreglar el cambio climático: el planeta se ha recuperado levemente porque no hay aviones, fundamentalmente.

Así que habremos de ver cómo cambiar la forma de movernos y vivirnos. Cierto, pero reclamen el debate y no la imposición.

No dejemos que nuestras ciudades se conviertan en provincianas. Sufrirán un verano sin extraños, sin escuchar otras lenguas. No habrá gente que coma rarísimas paellas, queme su piel como gamba o nos sonría pidiendo ayuda con un mapa desgastado en las manos. Y los echaremos de menos.

Queremos que venga gente, porque ayudan claro a nuestra economía, pero, también, porque aprendemos, nada ayuda más a crecer que contaminarnos. Huyan de los boicots ya nacidos contra tiendas chinas o árabes por el que ya se grita en algunas ciudades. Que nadie le prive del badulaque, del chino del barrio, del extranjero que antes nos ocupaba. Son de los nuestros.

Vale, vayamos enmascarados y enmascaradas por la ciudad, pero no seamos extraños. Ahora que bajamos de los balcones, enfadados seguro, con ganas de gritar, probablemente, no olviden lo que es importante: el abrazo que aún no pueden dar, pero que desean. Seamos un abrazo solidario, aparquemos la iras enormes, pasemos al cabreo democrático, no merece la pena otra cosa.

Retoñarán en las esquinas las tabernas, crecerán de nuevo las plazas y hoy, el día uno, después de 70, podrá usted salir, ¿qué pasará, qué misterio habrá?: usted, que ha vuelto a la ciudad.

Recuerde a los que nos faltan, cuídense aún, que estamos cerca pero no acabamos la tarea. Esperen visita, como el cronista, de su nieto y a sus nietas. Siguen diciendo que todo saldrá bien y yo les creo.


Desde mi caverna, día 70: una herida absurda,..,una curda

«La vida es una herida absurda, y es todo tan fugaz, que es una curda, ¡nada más!» Me recuerda el verso tanguero, en recomendable reseña que pueden leer aquí, mi amigo y poeta Antonio Daganzo. Eso es, exactamente, lo que piensa todo el personal de izquierdas y no de izquierdas, mientras en La Moncloa, sostienen que no pasa nada, no hay bronca y todo va fetén.

Es que el asunto debe ser tomado con seriedad. La camarada Lastra se fue con Echenique de vascos y curda. Siendo la consejera en líos de Pedro Sánchez no será sorprendente el resultado.

Si se va de «vascos» debe saberse si se está » a setas o a rolex», porque en caso contrario, puede uno equivocarse de vascos y de pacto. Es lo que ha pasado. Y a todo el mundo le parece una bronca inútil, absurda, innecesaria y de una frivolidad política insultante.

La señora Lastra puede presumir de algo: un notable consenso. Los vascos preferentes, cabreados. La festejada Arrimadas engañada. Los sindicatos celosos y enfadados. La patronal irritada. El partido enojado, el Gobierno ofendido. El País, escribiendo incendiarios editoriales, por Dios, que desde el siglo pasado no se veían en este apuro. Si hay consenso, hay consenso. Bravo, camarada Lastra.

Todos ellos y ellas piden responsabilidades. Se busca sospechoso del camarote que pague el pato. Para contener la absurda herida convendría asumir alguna responsabilidad política. Pero, además de que Lastra es la que nos hace el trabajillo sucio, el responsable del negocio es Pedro Sánchez y, así, no hay manera de responsabilidad. Lastra está acabada, pero no será hoy, sino cuando el príncipe quiera.

No erró Lastra, entiendan la oficial voz. La culpa es de Casado, sostiene el adjunto a Lastra, camarada Simancas: «fue culpa del PP, que nos dejo tirados». Y copia Sánchez, para pasmo y risa del personal.

Rafael va, también, de éxito en éxito: de España va mal porque en Madrid se mueren mucho, a la derecha nos obliga a pactar con Bildu. Vale, Rafa, «puerta y aire que me asfixio», sé que esa letra te gusta, desde que la cagaste.

Una herida social y política absurda. Porque, en realidad, solo el pánico de la oficina del Ministerio de la Verdad y la Neolengua, organizadores de reuniones estratégicas, reclamó que se hicieran cuentas por si la alarma no salía. Se desconfía de los aliados, como si los aliados fueran como Sánchez, de los que los acuerdos les duran unas horillas.

Absurdo acordar una reforma laboral «integra», por razones económicas y políticas, como aquí les dije, por innecesario, por ser límite que los aliados y aliadas no toleran, porque la Unión Europea anda mosqueada con el que pide, pero luego no pide, para que no digan que le rescatan.

Pero absurdo, sobre todo, porque nadie, señores y señoras míos, espera a Bildu en ninguna fiesta. Porque, Bildu tiene que cortar setos durante años antes de ser presentable, qué vamos a hacerle, ya viejos «alegres muchachos y muchachas».

Eso sí, puestos a crear el mayor clientelismo de estado en la historia de nuestra democracia, a la señora Lastra no le importaba un grupito más pillando. Si encima es con secretito, falta de transparencia y daño, mola más.

Que los de Bildu se apropien del esfuerzo sindical, del curro de la izquierda, disuelvan las negociaciones de la ministra de Trabajo, fastidien a los municipios de España y se carcajeen del resto del personal sin haber pegado chapa, es algo que a la «mano» del presidente, le tiene de escaso cuidado. Y a Echenique, ni les cuento.

Resultado fetén: hemos retrocedido en el notable compromiso empresarial, en la confianza con las alianzas, alejado más a las formaciones susceptibles de pactos de estado. Qué es eso comparado con un paseo de Lastra y Echenique, una curda, la sonrisa de Sánchez y una abstención innecesaria.

Sánchez sostiene que no hay contradicciones entre la ministra Calviño y el vicepresidente Iglesias. Usted y yo sabemos que el presidente del Gobierno nunca nos mentiría, faltaría más. Además, como no hemos escuchado a ninguno de los dos, no podemos, naturalmente, llevarle la contraria. Pongan cara de tontos, que nos queda bien. 

Nada, no ha pasado nada, pelillos a la mar, echemos unas risas, bebamos, dejemos a Lastra «llorando un sermón de vino». La maestra de los líos lo ha dejado fetén, son ustedes lo que no lo entienden. Y ponemos unos miles de eurillos donde haga falta y todo el personal tranquilo.

Están a punto, todos y todas en España, de venir a ser como vascos y vascas, ongui etorri a la fase uno, que no es la primera, porque antes hubo otra. Tómenselo con calma, mi nieto y mis nietas anuncian que se pasarán por casa a verme y que todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 69: el hurto necesario

Resiliencia es la palabra de moda. Por favor, pongan una i tras la l, si pueden pronunciarla. Si no, busquen un sinónimo. La palabreja significa la capacidad de adaptarse a situaciones chungas y fastidiadas, como la de ahora, por un poner.

Podría hacerles una explicación profunda del asunto, mas como llevan ustedes con el cronista más viernes que con su podólogo, recordarán que el jefe de la Clicktertulia me tiene prohibido ponerme sesudo los viernes , cosa que los CEO de la radio aprecian tanto que nos han prometido aumento salarial (no va a colar, no va a colar…)

Les pondré un ejemplo, entonces, para que me entiendan. La mayoría de los mortales, si esto sigue así, tendremos que reciclarnos en contrabandistas de casetes de gasolinera. Sin embargo, si nuestro Chef Sandoval, por ejemplo, no pudiera ser CEO de la radio, ejercería con seguridad de traficante de productos de primera calidad.

Y este es asunto crucial. Mientras ustedes, que empezaron con guisos notables, se han tenido que pasar a la comida de restos, resulta que todos los chefs con sabor que ustedes conocen siempre tienen para sus vídeos productos lustrosos, de denominación de origen y recién llegados de las granjas, cuando los demás penamos por las estanterías de los supermercados, donde las viandas duran menos que los pactos de Sánchez.

Esto no es de justicia. Casado escucha, el pueblo está en la lucha; a ver si atiendes a lo importante.

Ayer, sin ir más lejos, puesto que sabía que nuestro Chef nos sugeriría haría algún plato exquisito de género inmejorable, me dije, pues yo me hago un Martini. Así que en un gesto de audacia casi patriótica que hubieran envidiado en Nuñez de Balboa, le hice un plano del Mercadona a mi señora, que si no se me pierde.

Ya lo vi raro cuando afirmó que el vermú y la ginebra estaban baratitos. Pero aún así me hice un Shaken not stirred, agitado no removido, con mi afamada receta. Tras una brillante ejecucíón, lo probé ..Y para ir a urgencias.

Estimado dueño de Mercadona: no tengo nada que objetar a su carrera, al contrario; ese momento en que Montero y Montero le anuncian una subida de impuestos y usted renuncia a salario y dividendos es memorable, se recordará por décadas en la Agencia Tributaria.

Pero digo yo que le aceptaríamos cobrar un poquito y poner en las estanterías algún alcohol que no sepa a colonia.

¿Qué hacer? Se hubiera preguntado la cocinera de Lenin, mirando por el ventanuco del Instituto de Señoritas, las peleas entre bolcheviques y mencheviques, al modo de Iglesias y Abascal.

Pues bien, el cronista tiene la respuesta, que soy tertuliano, como diría en memorable sketch del Acabose, Jose Mota.

No; nuestro pueblo no necesita escraches en ninguna de las barricadas. Esa técnica es solo una grosera recuperación del matonismo de la burguesía reaccionaria del siglo XIX. Nuestro pueblo necesita el hurto necesario.

Señoras y señores míos. Aprovechen que la mitad de la Guardia Civil está en Galapagar y la otra mitad en casa del personal del gobierno y el Congreso y acudan las casas de los chefs.

Entren educadamente, a los chefs ni mirarlos; agasajen a sus hijos con golosinas y alimenten a sus perros con sabrosos huesos, ponderen a sus elegantes parejas, esposos y esposas y, con decisión, asalten las despensas, llévense viandas, alcoholes y espirituosos, no vacilen.

Lo recogido podrá ser repartido en plaza pública de forma convenientemente solidaria. El cronista se conforma con mitad de una botellita de Nolly Prat y de Vanagandr, vermú y ginebra carísimos de la muerte. Suficiente, porque un caballero y una dama elegantes solo toman dos Martini como máximo.

A partir del tercero, como les tengo advertidos, todo va de peor en peor. Se empieza poniendo el hueso de la aceituna en una servilleta, los modernos le ponen wasabi al cocido, se comete un asesinato, se perpetra un escrache y, finalmente, se acaba faltando a la buena educación.

La expropiación es necesaria, aprovechen un paseo, quizá el lunes que ya no serán la mitad de un vasco o una vasca, por un poner, y asalten la despensa de los chefs, se lo tienen merecido. Y vuelvan a protegerse. Calma Mucha calma, sin prisas.

Mi nieto y mis nietas, que además de científicos, han decidido que quieren ser cocineros, afirman que todo saldrá bien y yo les creo.


Desde mi caverna, día 68: unos pagamos para que resuelvan problemas, otros cobran por crearlos

«Los ciudadanos nos pagan para resolver problemas, no para crearlos» ha afirmado la ministra Calviño, tras conocer el pacto con Bildu, y su posterior matización, sobre la derogación «de manera íntegra» de la legislación laboral básica vigente.

Una negociación conducida por Lastra y Echenique, con la representante de Bildu. El gobierno no sabía nada del asunto, lo que produjo seis horas después, el anuncio del que el acuerdo será incumplido.

Naturalmente, el vicepresidente segundo le ha dicho al Gobierno, que no, que se cumplirá, lo mismo que Otegui. Faltaría más. Si a Iglesias le invitan gratis al espectáculo por qué no actuar. El que pone el escenario es el dueño del espectáculo, regla básica de la comunicación.

Que las alianzas de Sánchez duran menos que la harina en la estantería de Mercadona es sabido. Que solo se trata de esperar el momento de la traición, también. Que a su negociadora de cabecera le encanta el lío, desde luego.

Bien, politiqueo modelo Sánchez, de aquí no ve voy, lo de las alianzas lo llamamos geometría variable y santas pascuas. Y si hay que organizar el mayor clientelismo de estado de la democracia, la culpa es del PP que no apoya. Pues eso: cristalino.

Hasta ahora el rollito funcionaba y, al fin y al cabo, tenía que ver con interpretables medidas sanitarias, un arcano que solo Illa, que maravilla, conocía y que podrían creerse o no.

Se trataba de decisiones que limitaban derechos generales y producían agravios. El gran pecado original del cabreo social nació cuando se le reconoció a Urkullu hacer de su capa un sayo, a cambio de unos votillos, frente a Valencia por ejemplo. Quebrando contenidos constitucionales, como un exvicepresidente del Constitucional opinaba hoy en CLickradioTv, en los desayunos que organiza The Experience Club.

Pero, bueno, como diría Tezanos, todo opinable: mientras estén en los balcones es que apoyan: encuesta hecha y cobrada.

Es evidente que una «reforma integral» de la reforma laboral no puede alcanzarse ni hacerse en el plazo de la finalización de las medidas aprobadas en el estado de alarma. Es, también, evidente que será imposible acceder a recursos europeos con medidas de esta naturaleza.

Es, también, cierto que en un momento en que un tercio de la población activa está sometida a protección y hay dudas de que todos los ERTE puedan sostenerse, la inseguridad del marco laboral es un suicidio colectivo.

Las medidas de protección deben mantenerse, mientras se movilizan inversiones públicas y  empresariales de todo tipo de empresas: una condición no solo europea, sino que responde a la exigua capacidad fiscal de la economía española. La inseguridad jurídica de una reforma de esta naturaleza rompería cualquier posibilidad en esa dirección.

Siendo cierto el envejecimiento del Estatuto de los Trabajadores y la necesidad de articular un nuevo esquema, acorde con los mercados de trabajo actuales, no lo es menos que las técnicas derogatorias no dicen nada de lo que se desea en el futuro, que se supone debe negociarse con los agentes sociales. Agentes que por cierto se han enterado por la prensa, todo fetén.

Pero es todavía más grave lo ocurrido en términos políticos. En primer lugar, el Gobierno de Coalición se ha convertido en un espacio de confrontación partidaria y mediática, donde el vicepresidente segundo encabeza todo tipo de oposición al Gobierno,

En segundo lugar, Sánchez, obliga a sus ministros, hoy Calviño, ayer Escrivá, a quemarse frenando las ansias de espacio de Iglesias.

En tercer lugar, el Gobierno ha permitido la conversión de minorías plurales, muy minoritarias, en sindicatos clientelares a una velocidad de vértigo. Unos pagamos para que resuelvan problemas, otros cobran por crearlos.

En el mismo acuerdo retocado con Bildu se acepta, y esto no ha cambiado, que los Ayuntamientos de la Comunidad Vasca y de Navarra – que bajo el manto de Urkullu y Bildu- ya operan federadamente, algo no muy constitucional- hagan con sus depósitos lo que deseen, mientras la Ministra de Hacienda viene presionando para que el estado se apropie de esos fondos en el resto de España.

Pedro Sánchez se las suele apañar para que el sospechoso del camarote en el que ha convertido a su gobierno sea otro, Pero el espectáculo de negar seis horas después un acuerdo suscrito, tras la emisión del voto del aliado, es de cosecha propia y del Ministerio de la Verdad y Neolengua, el salón redondo de La Moncloa.

¿Será Arrimadas la próxima traicionada?

Pues nada, usted al balcón, observe el sainete. Mientras pasea enmascarado y enmascarada, calma, mucha calma. Mi nieto y mis nietas, que no conocen a Lastra, aseguran que todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 67: Europa, la cosa sigue chunga

La Comisión Europea ha anulado de facto cualquier disciplina fiscal. «El coronavirus nos ha golpeado como un asteroide, dejando en la economía europea un agujero semejante a un cráter». Lo dice el Señor Valdis Dombrovski, uno de los vicepresidentes de la Comisión y responsable de Una Economía al Servicio de las Personas. Comisionado que, seguramente, usted no sabía que existía.

Dombrovski viene a ser liberal, conservador, Letón y muy cristianodemócrata, de los del norte, o sea, como el holandés repugnante, y de los que les encanta fastidiarnos la reputación y la fiesta.

Es por eso que, a pesar de las alegrías que Macron y Merkel le habían dado a la ministra Calviño, con el desparrama de euros para la reconstrucción, dejando la duda de si eran créditos o subvenciones, el vicepresidente de la «economía de las personas» ha declarado que de subvenciones nada, de nada.

«El desembolso de recursos estará en cualquier caso vinculado a recomendaciones a países individuales». En el instrumento de recuperación «habrá un vínculo claro con las reformas». O sea, que es deuda y que habrá condicionalidad. Lo que parecía buena noticia se ensombrece.

La Unión Europea, a parte de darnos un buen palito en materia de salud – infraestructuras, modelo de contratación y federalización de la sanidad, ¡oh, cielos, no éramos la mejor sanidad del mundo!, nos dice hoy que, vale, que a deficit y deuda lo que queramos, pero que en cuanto haya crecimiento se acabó y a recortar.

El camino hacia el establecimiento del Fondo de Recuperación es complicado. Austria, los Países Bajos, Dinamarca y Suecia presentarán una contrapropuesta al plan Merkel-Macron.

«Queremos ser solidarios con los estados que han sido duramente afectados por la crisis, pero creemos que el camino no es el de las subvenciones». «Nada de mutualización de la deuda». «Sin embargo, una cosa es segura: el dinero que ahora va a Italia, España o Francia debe utilizarse para superar la crisis y debe ser devuelto «.

El asunto se le ha puesto serio a la Señora Calviño y, a lo mejor, los alejamientos de Esquerra, socio en realidad de Iglesias, y su sustitución por Arrimadas, y léase el economista de cabecera de Ciudadanos, Garicano, tiene algo que ver con el panorama. España, con escaso crédito en Bruselas, depende de  adonde lleguen Italia y Francia.

Eso sí, no nos quejemos demasiado. El Banco Central Europeo está comprando deuda española al cero por ciento de interés. Es decir, tendremos que devolver prestamos, pero no pagar intereses. Hasta que se acabe nuestra cuota de crédito.

Según como vayan las cosas, el BCE será el mayor acreedor de España con porcentajes sobre nuestra deuda que superarán el cincuenta por ciento. Demasiado para presumir de autonomía política.En La Moncloa oyen la palabra rescate y se ponen de los nervios. Los creadores del relato trabajan a marchas forzadas para encontrar algún eufemismo como aquel de «las disponibilidades crediticias» de De Guindos. España, que ya ha dicho que irá a por su parte de los fondos para los ERTE, acabará yendo a la financiación sanitaria.

Y al final, irá a cualquier instrumento de reconstrucción. La ausencia de margen fiscal es lo que tiene. Desde 2014 España se pasó al ´deficit con notable alegría: si hubiéramos mantenido superávits primarios (es decir, antes de pagar intereses), tendríamos más de un 13% de PIB en el bolsillo (un año de turismo, por un poner).

SI hay que ir se va, más que enredarse en que si son subvenciones o si devolvemos la pasta, el debate debiera ser sobre rebajar la condicionalidad y la vigilancia de Bruselas.

Aunque eso, también, implica poner algo de nuestra parte: uno no quiere ser agorero, pero algo de recaudación de impuestos, algún recorte y una renta mínima mas cortita de lo esperado se nos viene encima, como parece que cortita se queda la reforma de pensiones que quería el ministro. entre otras cosas. En Europa, la cosa sigue chunga.

Ahora bien, como estamos debatiendo sobre quien me vota o quien no, sobre si escrachas tu o escracho yo, el consenso económico, bastante elevado sobre las acciones a corto plazo, se debilita a largo plazo, se desvanece el debate económico y la lentísima gestión ayuda a la desconfianza, también en este terreno.

Pero, bueno, ya debatiremos cuando bajemos de los balcones, digo yo, Mientras tanto, estén ustedes en la 1 o en la 0,5, cumplan las reglas, porque dicen en Europa, también, que habrá segunda ola.

El cronista, francamente, escucha los audios que guasapean mi nieto y mis nietas, y me dan más confianza que el tal Dubrovski: dicen que todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 66: no solo es bella la mitad; es que no tiene remedio

Siendo quienes vivimos en Madrid, al 0,5, la mitad de quien vive en el País Vasco – y nuestro voto uno entero menos-, será adecuado que siendo treinta días imprescindibles el domingo, a mitad de semana sean solo quince. Total, seguirá usted alarmado o alarmada, mientras en La Moncloa buscan si en la siguiente quincena pueden encontrar alguna formación política con días libres para un pacto.

Aún no sabemos si Arrimadas quiere que la cortejen o la festejen, cosa distinta, ya que el festejo implica regalicos, como ser socio preferente, y charleta «tete a tete», para envidia del líder de la oposición, reducido a la condición de ninguneado. Aunque tampoco parece que le importe mucho.

Pero es el caso que la pretendida va empujando a los de Esquerra a la barricada, a este paso, va a ser más moderado el Torra. Probablemente, a Casado no le importa demasiado ya que aspira a quedarse con el corralillo, aunque sea una mitad, como dicen todas las encuestas menos una. La repetición del acuerdo entre Arrimadas y Sánchez ya ha abierto debate y crisis en la recién remodelada dirección ciudadana; Sánchez contamina mucho.

De Quinto navega hacia Casado o a guardar fortuna, mientras Inés se deja festejar, no se sabe con qué intención, dicho sea de paso.

Puesto que todo va bien y no hay tensión, por qué preocuparse de quince días arriba o abajo. Total, debe estar todo muy tranquilo para que un vicepresidente de Gobierno, solo hay uno, anuncie que puede haber escraches en las casas de Ayuso y Abascal, tras haber recibido él mismo y Ábalos cacerolada populista, por Podemos inaugurada

Siendo estado de alarma, aliviado en su mitad, se repartirán, cabe imaginar, tras precisa planificación centralizada, como corresponde a la vicepresidencia segunda, los días pares e impares, o quincena sí, quincena no, para que queden iguales por mitades.

Hace días que ya supimos, y aquí se dijo, que lo científico es exactamente aquello que le apañe al gobierno, según sus alianzas. Por qué quince y no veinte; por qué no diez…es un arcano que solo ayuda a que usted se cabree. Aunque en realidad, sepa que usted no está cabreado ni cabreada, es solo imaginación suya.

Sostiene Tezanos, tras contratar a dedo a una empresa de conocidos, que ustedes no se quejan. Un 60% de la ciudadanía, según el dirigente socialista, responsable del CIS, se muestra a favor de mantener «medidas estrictas de confinamiento» y solo un 88,8% quieren que haya medidas de alivio, o sea, que les cambien de fase.

Viene a ser que no suma, pero no se alarmen, no es que ustedes estén en un lío, que también, es que la encuesta es de Tezanos y el señor ha declarado, esta misma mañana, que los «sorprendente es que las encuestas acierten». O sea, que créansela en su mitad.

Donde no estamos a la mitad es en el asunto de las mascarillas. Con ellas, sin ellas, inútiles, finalmente necesarias, ayer a medias obligatorias y mañana más que obligatorias. ¿Dónde están, entonces, las mascarillas? En cualquier parte que a usted se le ocurra le darán mascarillas, dice Illa, qué maravilla.

Mientras danzamos a son de pactos y acuerdos. Mientras lo que era ayer imprescindible hoy solo medio imprescindible, resulta que nuestra economía va peor que nuestro ánimo. No acaban de llegar las ayudas, son insuficientes, los ICO son un lío, porque se nos da mejor prestar a los ricos, pero ya estamos a la mitad, y todo lo demás va igual.

Como estábamos a la mitad, quitó la Comisión del Mercado de Valores la prohibición a los especuladores (los bajistas, que no tocan música) y la bolsa se derrumba: los propietarios de acciones ya son la mitad de ricos que lo eran antes de la crisis.

No solo es bella la mitad; es que no tiene remedio.

Acudan pues, demediados, a sus balcones, tras oportuno paseo, mantenga la calma y cumplan las reglas que le protegen, al fin y al cabo, mi nieto y mis nietas, mitad jugando, mitad en serio, me envían mitad de un arcoiris y me dicen que todo saldrá bien. Y yo les creo.

Desde mi caverna, día 65: el prejucio y el parné

Sostenía Albert Einstein que «es más fácil disolver un átomo que un prejuicio». Sea usted ilustrado o no, puesto que todo aprovecha para el convento, si alguien hace ruido en Nuñez de Balboa, o barrio de Salamanca, será pijo, rico, jugará al golf y, naturalmente, aunque no se estile, tendrá criada con cofia.

La explotada criada, para rematar el dramático efecto, subirá a un ático mal ventilado y maloliente, donde pondrá sopa de pan a un obrero metalúrgico, esquilmado por un rico fundidor, naturalmente, fascista. Cosas ambas, obrero y fundidor, que se estilan tan poco como las criadas con cofia, pero que adornan cualquier crónica.

Es tan fuerte el prejuicio, que no hay periodismo de datos, gabinetes deshacedores de bulos ni cosas parecidas que vengan a decir que no son los ricos los que votan a los fascistas, como no son los obreros, sino las clases medias; que siete millones que juegan al golf en España no son de VOX y que, mire usted, la calle, como los escraches, viene a ser de todos.

Cumplir la ley hoy, es tan necesario y democrático como lo fue ayer, cuando en nombre de plazas ocupadas celebrábamos gloriosos escraches y notables independencias de repúblicas, de esas que no existen.

Ya puede el de la federación de golf decir que tiene despacho en el «charco del obrero» (allí en el viejo parque sindical, Puerta de Hierro). Ya puede el enfermo de artrosis esconder sus palos, avergonzado.

Los áureos portavoces, comandantes en la batalla por el relato, lo saben: ricos, palos de golf, señoritas con cofia. Y no hay más. No se trata de amar a la clase dominada, se trata de odiar a la clase dominante.

Para que no se me equivoquen, además de ser de declaración de renta baja y de no haber jugado al golf en vida, siendo de izquierdas, aunque hay mañanas que no sé si soy de los nuestros, hace sesenta y cinco días que vengo diciendo que calma, mucha calma.

Se lo tengo escrito: el único camino para ser solidario con los otros y con nuestra libertad, de verdad, es estar, ahora, separado de los otros, imponerse tercamente a uno y a los demás, esta incómoda soledad.

Pero, mire usted, ¡cachipé! – siendo de la isidrada demediada, la del 0,5, que es como la mitad de un vasco, pero sin voto ni explicación, se me han pegado los sainetes castizos- que no es en el Barrio de Salamanca donde hay más parné.Lo llaman periodismo de datos. Resulta que la Agencia Tributaria emitió, a finales del pasado octubre, «informe sobre declarantes del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas de los mayores municipios, según código postal».

Sabemos por el informe que en Madrid hay 72 808 declarantes de más de cien mil euros de renta media. ¿Quieren saber dónde viven? El cronista y Hacienda lo sabemos. Hay más gente con parné en el popularísimo Chamberí que en el Barrio de Salamanca

Así que, si ustedes aman el capitalismo vigilante, por deuda pública financiado, y tienen un día que ir a buscar ricos, antes de pasarse por Núñez de Balboa, los encontrarán primero en Hortaleza, en Aravaca o Chamartín, Fuencarral o Chamberi. El castizo barrio tiene más de cinco mil ricos, riquísimos, mientras que la zona de Salamanca – Goya acumula unos tres mil seiscientos. No digan que no ayudo.El prejuicio sobre el parné conduce a sostener, al final, lo que al principio se negó: que esta fuera una crisis de ideología o clase. Al parecer, ya lo es definitivamente. Lo dijo Irene Montero: la salida a la crisis debe ser antifascista y ya nos hemos puesto a hacer listas y a gritar «no pasarán».

En tiempos de pandemia, no cabe disidencia en la tribu. Hay que llenar con odio el vacío que dejaron las banderas, comprar enemigos y vender venganza.
No perdimos las cadenas para ponérselas a otros. Conquistamos reglas, para construir diálogos. Parece que hiciera mucho de eso. Es cierto, lo escribió Benedetti: «A veces en la vida ocurren terremotos, y solo cuando el piso acaba de moverse, uno advierte que, entre otras cosas, las nostalgias han cambiado de sitio».
Sostener la polarización a golpes de imputaciones a «borjamaris», sentir nostalgias de viejos enemigos y más viejas derrotas, sirve para llenar tuiter, satisfacer la voracidad insatisfecha en todos los lados de las barricadas y poner al país a lomo de pateras de odio.
Se lo tengo dicho, hay un modo de resolver los cabreos: a golpe de papeleta y urna. Qué hermoso y truculento modo. El griterío tabernario, como las ocupaciones populistas de plazas o las llamadas a las barricadas, siempre tuvieron el mismo sino: la interesada polarización.
Lo escribió Álvaro Salvador: «qué difícil va siendo amanecer unidos». Ustedes mismos, sigan con los prejuicios.
Los demás, la mayoría, ya saben, en los balcones, al cero cinco, y cumpliendo normas – incluso las que nos pondrán mañana y que ayer no eran recomendables-. Calma. Al fin y al cabo, lo dicen mi nieto y mis nietas: todo saldrá bien. Y yo les creo.

Desde mi caverna, día 64: el isidro rampante

Se acaba la fiesta del patrón. Vuelvan a casa. ¡Ah, qué no salieron, vaya! Ni feria, ni pradera, ni rosquillas, ni chotis, ni barquillo, ni Gran Vía. Nada, acaben el día con la tonta o la lista que sea de su agrado, me refiero a las rosquillas, acaparadores de harina y siropes, y aguarden al lunes.

Grandioso lunes, queridos y queridas isidros e isidras, aldeanos incautos, la ocasión más gloriosa que vieron los siglos, en el que ustedes estrenarán su condición de demediados. Cero cinco atribulados.

Tras ir a orar, si les apetece, yo iría a misa de doce, aunque no siendo creyente o practicante, por molestar. O elijan un museo baratillo, es el día del museo, y ahora que han descubierto que les gustan, vayan. Casualmente, podrán encontrarse con su prole; en casa no, pero en el museo sí, se puede. Paseen y a su vuelta compren, después de tres cambios de opinión en tres días, el Gobierno permite las rebajas.

En casa, al fin, percibirá que, a más de demediado, usted se pasa al balcón, es decir, y como también hubiera dicho Italo Calvino, será «rampante».

La condición de ciudadano «rampante» es, a pesar de lo que puedan opinar, revolucionaria. Cuando tenía doce años, Cosimo Piovasco, barón de Rondó, en un gesto de rebelión contra la tiranía familiar, se encaramó a una encina del jardín de la casa paterna y anunció su propósito de no bajar nunca de los árboles. ¡ Sea rebelde, suba al balcón!

Y desde allí no solo observó al mundo, sino que intervino en él. El balcón es su tribuna, no la desaproveche. El balcón no nos aleja de las relaciones humanas, de la actividad, de la política.

No podemos caminar por la tierra, cual ministro de cosas diversas o expertos en salud saludable, científicos de los que hacen informes en un minutillo, que algún día de estos usted conocerá, me refiero a los estudios, según el ministro autoridad. Pero los «rampantes» no somos misántropos.

El único camino para estar con los otros de verdad es estar, ahora, separado de los otros, imponerse tercamente a uno y a los otros esta incómoda singularidad y soledad en todas las horas y en todos los momentos.

No habían caído en la cuenta de que así, mis queridos isidros e isidras, han pasado ustedes de confinados a compartir el espíritu del poeta, del explorador, del revolucionario. que se distancia para cambiar el mundo.

Ser isidro o isidra rampante es una afirmación de optimismo histórico, pues usted sabe que quién sube al balcón, aspira a bajar un día y ese gran día tendrá un sitio en la historia, habrá abandonado el anonimato de la isidrada, será héroe y heroína del relato, después de Sánchez, naturalmente, que les ha conducido de balcón en balcón, hasta la victoria final.

No es fácil ser «rampante». Nota usted  su cabreo, también «rampante». Mala cosa, el alejamiento de las fechas de final de la odisea relaja nuestra disciplina y nos pone al borde de la desobediencia. Calma. El balcón es sitio, también, para celebrar la vida.

Cósimo el «baron rampante»· de Calvino, que pasa en los árboles cincuenta y tres años, no se quejó tanto como ustedes que apenas, llevan sesenta y cuatro días de nada.

Cósimo hizó de todo en sus atalayas. Hasta se entrevistó con Napoleón. Desde su balcón, usted puede entrevistarse con un profesor de yoga, con un cantante de ópera, con un artista del macramé, con un policía, incluso con un rico y exaltado jugador de golf, según dice el pobre y sabio Echenique

Abandone el cabreo y agradezca su condición a Illa, Illa, que maravilla. Ahí arriba, ustedes están haciendo algo bueno, aunque no sepan explicarse a sí mismos el qué. Yo tampoco, pero si se lo explicara no me lo creerían, que están ustedes ya muy levantiscos, a la par que demediados y rampantes.

En el balcón pueden ser también revolucionarios. Al fin y al cabo, si se fijan bien, mientas estaban en los balcones han pasado de hacienda, de las instituciones, de la ley, de la educación y del chotís, así con acento en la i, que la isidrada pronunciamos como nos place. Y, por si ustedes no se atrevían, también les han librado del trabajo.

Quién les iba a decir, queridos isidros e isidras, aldeanos incautos, que Illa,Illa, qué maravilla, además de demediados, les haría rampantes anarquistas.

Calvino acaba su novela contando el epitafio que se puso en la vacía tumba del barón rampante: «Cósimo Piovasco de Rondó. Vivió en los árboles. Amó siempre la tierra». Imaginen, quieran los cielos que pasado un centenar de años, pueda alguien escribir en su tumba: vivió en los balcones; amo la tierra. Una gozada.

Vístanse, pues, de lunes, demediados y rampantes, organicen prudentemente su día y vuelvan, en plan cero cinco a su balcón. Mi nieto y mis nietas, aprovechando el calorcito que viene, ya han instalado sus casitas de juguete  y dicen que todo saldrá bien. Y yo les creo.

Desde mi caverna, día 62: queridos isidros e isidras, aldeanos incautos…

Puesto que es científico y hay que elegir entre el cero y el uno, os quedáis con cero cinco y os tocamos las narices. ¿Cómo os veis, isidros e isidras, aldeanos incautos? Lo dijo Rafael Alberti: «Madrid, corazón de España, late con pulsos de fiebre.,,»

Estando ustedes con fiebre, sin poder ver a su prole y amistades, no protesten: queden con ellos en un museo o en una tiendecita, que queda muy científico. Por su puesto, no se quejen si perciben agravio alguno, eso es cosa de fascistas y jugadores de golf, al parecer.

Pero es viernes, y como ustedes llevan con el cronista más viernes que con su palo de golf (si es que tienen, parece que es muy importante este asunto ahora) recordarán que, como mandata mi jefe en la radio, Don Juan Ignacio Ocaña, hoy toca no enfadarse mucho, más bien nada, por que es viernes.

Incluso por ser día santo, los CEO de la radio anuncian que me regalan, si soy bueno, una botella de vermú, antesala de extraordinario estipendio, por ser festivo (no, sí ya sé que no va a colar). Viva, pues, san Isidro.

En el siglo XII le llamaban «Ysidorus el Agrícola». La iglesia consideró que Labrador quedaba mejor en el santoral. La cosa es que el amigo Isidro era, según se sabe, buena gente y muy currante, pero, al parecer, muy, muy, rústico.

Lope de Vega, que era más chulo que un ocho, le dedicó un poema unos años antes de su canonización, que vino a ser la loa a la ignorancia más gloriosa que nunca vieron los siglos.

Isidro solo leyó un libro en su vida. Lope que para ponderar se las pintaba solo, escribió: «que es estudiante notable, el que lo es de un libro solo…sabían los hombres más, porque estudiaban menos».

No; no insistan, aunque puedan deducir que Isidro hubiera valido para ministro de Consumo, consideren que, además de genio, Lope era fraile y tenía querencia a la santidad, aunque no fuere ilustrada.

La Real Academia de la Lengua no ha tenido la misma misericordia y define isidro como «aldeano incauto». De lo que quizá sí cabe deducir que de esos conocemos algunos, que no son precisamente agricultores. Incluso, quizá, sin ánimo de molestar, tras decisiones científicas y gubernativas, ustedes se sientan cual isidros incautos.  

Nuestros agricultores que celebran hoy su patrón ni se parecen. Han mejorado cualidades, capacidades y, notablemente, su productividad. No necesitan bueyes arando por ellos y ellas. Han sido capaz de darnos de comer, en una situación extraordinaria. Ya veremos en el otoño, porque ya saben: «no hay rábano donde no hay rumano».

Cosa dicha en favor y respeto de los inmigrantes, y sus derechos, que nos mantienen las cosechas, porque mucho patriota no se acerca por la huerta. Smith, muchacho, cúrate pronto, para que pueda decirte un par de cosillas que se me ocurren al respecto. Felicidades, pues, a esa magnífica gente del campo y la huerta.

Viva Madrid y su personal, aunque nos dejen sin fiesta cual incautos. Debo advertirles, empero, que las rosquillas no se llaman tontas por el Santo. Al parecer, una tal Tia Javiera, que venía de Villarejo con sus rosquillas a la pradera, las inventó.

Tan famosa se hizo la señora que todo el mundo afirmaba conocerla. Corre sainete desde entonces: » Pronto no habrá, ¡Cachipé! en Madrid duque ni hortera, que con la tía Javieraemparentado no esté».

Se llaman tontas porque no llevan adorno ni hábito que las distinga, a diferencia de las listas, Para que me entiendan es como Casado y Arrimadas, lo que va de Galapagar a Villarejo o  de  las chicas de la Cruz Roja a Santiago Segura, ya que hablamos de Madrid.

Es mayo, es San Isidro, y ustedes tienen dos obligaciones históricas: llevar flores a María y hacerse un rabo de toro.

Siendo cierto que «no hay toro pa tanto rabo» ni forma de ir a buscarlo sin permiso del ministro del Interior, incluso en fase cero cinco, sea lo que sea eso de científico, quizá podrían preguntarle al Señor Sandoval, Chef y uno de los CEO de ClickradioTV, que, sin saber como, siempre tiene carnes de prestigio al alcance, dònde buscar el rabo.

En todo caso, quizá puedan pedirle hora a su tabernero y hacerse un «take away» de unos entresijos, unas gallinejas o unos zarajos. Es pecado gastronómico, pero estando como estamos, San Isidro hará bula por usted.

Queridos isidros e isidras, aldeanos incautos, sigan en los balcones que, a lo mejor, algún listo nos baja un día de estos. Mi nieto y mis nietas, que me preguntaron anoche por sus rosquillas, dicen que todo saldrá bien. Y yo les creo.

(Crónica CLikradioTV. 15 mayo, 2020)

Banda sonora: Cantores de Madrid. La Gran Vía. Chotis del Eliseo.

Fotografía: Juan Genovés. Noviembre 1987. Hará 33 años, recién llegado a mi despacho en la dirección de comunicación del PCE, Juan Genovés se presentó a saludar y me dijo: vas a necesitar una felicitación de Navidad. Él ya había pintado El Abrazo. Soy de la generación a la que acompañaron sus círculos. Gran tipo, descanse en la paz que siempre nos deseó.


Desde mi caverna, día 61: economía invertida, mientras Irene busca fascistas

Nadie, de izquierdas o de derechas, no hablo de populismos varios, se hubiera atrevido a aconsejar las políticas económicas que ahora se necesitan. Eso es lo que, en estos días, se esta llamando economía invertida.

No hace falta que se lean el enlace, salvo que sean especialistas. Pero si en Princeton dicen que no estamos para estimular la economía, sino para que sobreviva, deberíamos pensar que lo que viene es gordo. Y si encima tenemos el margen presupuestario como lo tenemos, para qué contarles.

Así que la cosa va de hacer lo que nunca hicimos. Pero esa audacia no implica que la ilusión de los populistas del nuevo siglo, que los billetes caigan del cielo, sea exactamente posible.

El 31% de la población activa española, más de siete millones de personas, estaban sujetos a principios de mayo  hoy a protección del estado. A diferencia de crisis anteriores, hay consenso en que la recuperación habrá de ser inclusiva. El problema, no es la decisión, es como la puede afrontar España.

Solo en dos meses, esta protección ha costado 13 mil millones de euros y una reducción de ingresos en la seguridad social de unos seis mil (Dos puntos de PIB en dos meses). Si como se está proponiendo, el esquema se alarga hasta final de año y se suma la renta mínima, el déficit público será más el quince que el diez por ciento previsto por el gobierno.

Ni siquiera la guadaña de los impuestos a los ricos riquísimos resolverá nuestras necesidades. Si es que los ricos riquísimos no se van a Portugal que es muy de izquierdas, izquierdas, pero tiene implantada la visa dorada –  el que invierta quinientos mil euros, es residente no habitual y no paga-: hay izquierda a la que sí le interesa el capital.

A uno hacerle favores a Portugal no le parece mal. Me sentí más representado por su presidente cuando puso firma al holandés repugnante que por el mío, para que engañarles.

Esta mañana me respondía el Secretario General de la UGT, en el desayuno de ClickradioTV, que los sindicatos no están por el «rescate» europeo.

Que hayan cambiado las condiciones de los préstamos y no haya condicionalidad, que los tipos sean bajísimos, ya saben que le cronista está a favor de pedirlos, no parece cambiar las ideas de la izquierda atemorizada por el relato que aspira a lo que ni en la nueva ni en la vieja economía existe: el todo gratis. 

La cuestión, estimado Pepe Álvarez, es que las necesidades españolas no pueden ser cubiertas solo por transferencias europeas. Esa es una ficción: todos los países europeos sufrirán dos años tirando a pavorosos y no hay pasta gratis para tanta gente.

Irene Montero ha declarado que la salida de la crisis debe ser «antifascista». Como uno ya no sabe dónde está la barrera de lo que define a un fascista, según Montero hasta la mitad de los que somos de izquierda debemos estar ahí, no se entiende muy bien lo que quiere decir.

Hay que recordar que la única salida fascista a una crisis en la historia la produjo la pequeña burguesía, no los trabajadores empobrecidos ni los ricos. Por cierto, empobrecida por precios y por los impuestos (deuda de entreguerras). 

Existe un elevado consenso en que lo que evita el colapso del estado y, por lo tanto, el desorden social que da paso a un sistema autoritario y populista es el gasto público. Pero, también, que este no puede agobiar al personal, si no se desean reacciones disfuncionales.

Las erróneas señales con el turismo, enmendadas por la Unión Europea; los errores con el comercio minorista, estos no enmendados; las necesidades de financiar a autónomos y pymes a los que no llegan los ICO, la sociedad de todos a seiscientos euros al mes no son sostenibles.

Mientras Irene Montero busca fascistas, algunos cabreados que no son fascistas, que no viven en Guzmán el Bueno, que aún no han bajado de los balcones, esperan escenarios razonables. Algunos estudios demuestran que prorrogar el estado de alarma podría afectar el cumplimiento de las medidas de confinamiento. Pero no les hagan caso, los hacen científicos, si al menos fueran profesores de inglés, los podríamos poner de vicepresidentes en la Comisión de reconstrucción, por un poner.

Ustedes tranquilos, no son fascistas, solo confinados al límite del cabreo, pero sigan ahí cocinando,  ensayando costura, visitando museos, haciendo los deberes de las criaturas, cansándose: Mi nieto y mis nietas que quieren que «el bidcho ze vaya, ya», dicen que todo saldrá bien y yo les creo.

Desde mi caverna, día 60: circular por la derecha, con el intermitente a la izquierda

Hubo una vez, en Barajas, una parada de taxi denominada «Taxi ideológico». El vehículo personalizaba la ruta hacia Madrid, por la derecha o por la izquierda, según las preferencias ideológicas del cliente.

No hubo dificultades con el personal del PP o de la extinta Izquierda Unida. El problema se planteó cuando una voz socialista definió claramente su propósito: circule por la derecha, con el intermitente a la izquierda. Luego dirán que el cronista es un soso y no les cuenta nunca un chiste. Aunque igual no es un chiste.

En la sesión del Congreso de hoy, el ministro de Justicia ha sacado adelante sus medidas para aliviar el caos judicial con los votos de la investidura. Frente a lo esperado, Ciudadanos ha votado en contra. Dicen en el Gobierno, y reconoce Arrimadas, que Inés está para la cosa mollar de la economía, que para lo demás ya le dan vidilla a Podemos, Esquerra y el PNV.

Arrimadas quiere una llamada personalizada de Sánchez por semana, para contarlo, naturalmente, y para poner de los nervios a Casado que solo recibe la llamada de la vicepresidenta y por ahora, que le rebajan de grado en dos días.

A esto lo llamamos geometría variable o alianzas asimétricas, según el portavoz del Ministerio de la Verdad y la Neolengua que usted escuche.

Día 11 de mayo: Sánchez dice que quiere «reforzar el bloque de la investidura». Día 12 de mayo: la portavoz del Gobierno «da la bienvenida a los apoyos de Ciudadanos». Día 13 de mayo: «El ejecutivo recupera a ERC». Todos titulares del mismo periódico.

En realidad, distraídos por el asunto de si lo de Arrimadas es flirteo o cortejo, no prestamos demasiada atención a los líos del Gobierno y la sensación de «a salto de mata» que nos asalta todas las mañanas. Calviño retira a la ministra de Trabajo de la coordinación con las empresas sobre los ERTE, el mismo día que se firma el acuerdo. Los ministros de Industria y Exteriores en contra de la cuarentena exterior, el mismo día que se anuncia. El ministro de Comercio matiza lo de las rebajas, o sea que tampoco está de acuerdo.

Los negociadores con Europa cada día más molestos con la ignorancia de lo que se cuece en Bruselas. Bruselas enmendando la plana al Gobierno. Los empresarios del turismo y los aviones con la Comisión y frente al Gobierno.

Todo en orden. Arrimadas va susurrando medidas para el plan B, sin decir todavía que sí a la «alarma ligth» y sin que sus escasas baronías se sumen, vaya por dios, a la pasión del Gobierno frente al PP, en general, y la Ayuso, en particular.

Arrimadas y Garicano, bien conectados con Calviño y los ministerios de la cosa, también con Bruselas, preparan unas bases presupuestarias que reducirán las alegrías tributarias de Podemos y algunas de Montoro – aunque impuestos habrá que subir ya se lo digo yo-. Presupuestos que acaban conduciendo a la ayuda europea de la que Sánchez no quiere ni hablar. A Sánchez le dicen Europa, entiende rescate y se pone de los nervios.

¿Cuál es el coste de ignorar a Arrimadas ahora que se ha puesto a tiro? Simplemente que la nueva normalidad, además de ser un oximorón, se parecerá a la vieja: se basará en la inestabilidad.

El mapa es elecciones en el País Vasco y Galicia, aún no se sabe si a la vez o en cascada para molestar más. Torra, se queda o quién sabe, que le ha cogido el gustillo a la cosa de la alarma sin Parlament y que cuanto más alargue la legislatura más pilla a Esquerra. Una situación de cabreo social que es una incógnita, hasta que el personal baje de los balcones. Un Gobierno en tensión permanente. Un verano que será un desastre económico.

Por mucho que trabajen los chicos del relato (son todo señores), Sánchez necesita consolidar su geometría variable al margen de tanta incógnita. Inés se ha puesto a tiro, total son dos días, se dice. Así que prepárense, en cuanto se aclaren, para conducir por la derecha, mientras, naturalmente, el intermitente señala a la izquierda.

Pero eso será cuando a Usted le toque bajar de los balcones, ahora solo toca salir un poquito. Tranquilidad, mi nieto y mis nietas, que conducen su bicicletilla sin intermitentes, pero con casco y mascarilla, dicen que todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 59: para asustar a Arrimadas, fiscalidad de pandemia

España «no necesita» las ayudas europeas, salvo que no haya que devolverlas; nos financiamos en los mercados igual. «Pa, chula, chula», la ministra de Economía. Mientras ella emite deuda en los mercados, Podemos propone un impuesto extraordinario sobre los ricos. Política fiscal para poner de los nervios a Inés y a Garicano.

En fin, una, huye de la palabra rescate, no está en el guion de los creadores de relatos. Los otros, corren tras Piketti, que propone el impuesto a la riqueza en todo el mundo mundial, incluso donde no hay capital.

Es evidente que, por razones éticas y económicas, necesitamos una recuperación inclusiva de los efectos de la pandemia sobre la economía. Hay consenso sobre ello, sobre la renta mínima, y otras medidas, aunque pendiente de que las regulaciones no hagan las medidas disfuncionales.

Necesitamos, cierto, medidas urgentes y necesitaremos de estrategia para un periodo de no menos de tres años. Una estrategia que nos costará una década pagar.

Déficit es la receta y deuda su consecuencia. Nuestro margen fiscal ya estaba hecho trizas y ahora, simplemente, no existe. Decidir cómo financiarse es uno de los secretos, sabiendo que la deuda no será un problema, pero el ahorro de intereses impide recortes.

Opino aquí que deberíamos ir al MEDE (Mecanismo europeo de estabilidad) cuanto antes y que lo del impuesto, aunque es bastante probable que ni a Usted ni a mí nos afecte, por si acaso, puede tener consecuencias.

La propuesta de Podemos, rescatada en este momento, es una presión a Sánchez en el momento en que se apresta a pactar una estrategia económica con Arrimadas.

En el MEDE podemos obtener el 2% del PIB, unos 22 mil millones. Hay que decir que el MEDE, llevado por la experiencia de la crisis de 2008, ha suspendido la condicionalidad, los memorandum y todo aquello que se llamaba los «hombres de negro». El coste de interés es en la apertura del 0,25% y luego del 0.115%.

La ministra Calviño sostiene que se financia igual en el mercado: sospecho que nos engaña. En enero, el tesoro se financiaba al 0,5%. El 22 abril, en la primera emisión del COVID- 19, el Tesoro colocó en el mercado 15.000 millones al 1,25%. O sea, un punto más que en el MEDE y 0,75 puntos más que en enero. Esa diferencia ahorra dos mil millones de euros en los diez años de duración del préstamo.

España tiene un serio problema de eficacia e igualdad fiscal. Los impuestos sobre la renta y Sociedades. pueden y deben mejorar su calidad recaudatoria y su equilibrio según tramos, con toda seguridad. La ausencia de impuestos verdes, las elusiones fiscales y tantos otras limitaciones abocan, necesariamente, a una reforma fiscal en condiciones.

¿El impuesto sobre los riquísimos es la solución? El 80% del capital de las fortunas que hoy declaran por el impuesto de patrimonio es mobiliaria, o sea que se puede mover. ¿Recuerdan el caso de las sociedades catalanas que se fueron al notario y dejaron a la Generalitat sin impuestos? Pues eso: sin control de capitales no hay impuesto. Esto no se cuenta.

Dicho de otra manera, ¿ya que estos controles son incompatibles con la Unión Europea, queremos salirnos de la Unión Europea? ¿Esperamos que todos los países de la Unión Europea renuncien a la libertad de movimiento de capitales?

Suponiendo que lo hicieran, dicho sea de paso, ¿de dónde sacaríamos capital para financiar nuestra deuda? Si resulta que conseguimos capital a un coste cercano a cero, más la pérdida del valor del dinero, más el impuesto ¿Estamos proponiendo que nos presten unos trescientos mil millones a diez años, para que luego devolvamos un tercio menos de su riqueza? Eso no pasaba ni en el mundo del Capitán Hook.

El Gobierno no quiere pedir en Europa, salvo un todo gratis improbable en los niveles que necesitamos: el Banco Central Europea ha comprado en cinco años, cinco, 260 mil millones: eso lo necesitamos, ahora, en uno. Algo tenemos que poner y tampoco la fiscalidad, por muy potente que sea, nos va a dar ese plus que nos exige el coronavirus.

¿Si hemos de ir a deuda, por qué no ir a dónde está más barata? ¿Para no parecer De Guindos? La suma del relato y el susto a  Arrimadas nos hará ineficaces.

Mientras tanto, usted va a seguir pagando un IVA curiosete en la tabernilla esa en la que, el cronista lo sabe, usted sueña. Tranquilidad; mi nieto y mis nietas, que reclaman el IVA cero de las «chuches», dicen que todo saldrá bien y yo les creo.


Desde mi caverna, día 58: el incidente con el barón discreto y el desliz de Simón

Ximo Piug está cabreado. Al barón más discreto, más débil que Page y menos bocazas que Lambán, también con la coalición política mas sana del escenario, le han dejado en la fase chunga, a causa – sostiene Simón- de «un buen número de positivos sin detectar».

Un desliz de Simón que ha puesto al personal a bucear en los informes de las Comunidades Autónomas que están en sus páginas Web. La conclusión es atronadora: Simón no ha atinado, no.

Al presidente valenciano no solo le molesta que nadie le advirtiera de la transcendencia de este parámetro, sino que, si se analizan los documentos presentados por las Comunidades Autónomas, lo suyo tiene mala pinta.

Mientras en la Comunidad Valenciana, en el acumulado de los últimos siete días antes de presentar el informe a Sanidad, había 2.969 sospechosos no identificados, en el País Vasco, con menos población, eran 5.499. (Capítulo indicadores de Atención Primaria)

Luego es posible que, mañana, Simón encuentre otras causas que naturalmente existen, faltaría más, aunque en realidad ni Puig ni los demás las necesitamos. La cogobernanza asimétrica consiste en que en el Pais Vasco hagan lo que quieran.

La diferencia con Urkullu es que el voto del primero era necesario y el de Ximo no. Camarada, tú mejor que nadie debería saber lo que es buscar apoyos. Al fin y al cabo, como siempre, «en poco más de una semana» lo arreglamos.

Las expectativas creadas en Valencia no eran pocas ni de poca importancia. El levante aspira a salvar algo del verano, los ayuntamientos se han puesto a arreglar playas como locos y sobre ellos ha caído como una losa la «insuficiencia de la capacidad de diagnóstico». O sea, que hay que hacer test, aunque el Gobierno no los haya mandado.

En Valencia si sabían ir de chinos. Múltiples contactos – tener puerto es lo que tiene- le han servido a la Generalitat para acceder a material al que ni el Gobierno llegaba. Valencia siempre estuvo en la ruta de la seda que al Gobierno no le gusta, para no molestar a Trump y a los burócratas de la Unión.

El barón discreto ha sido tan discreto que, incluso, le ha echado una manita al Gobierno a la hora de entenderse con los vascos que, hace una semanita, estaban de morros, sin poder hacer sus elecciones si continuaba el asunto del confinamiento.

Ximo se había creído, dónde va a parar, que la lealtad paga y que todo tenía que ver con la ciencia. Ya les advertí aquí que no, que los populistas respiraban y, de paso, algunos socialistas temblaban. El incidente con el barón discreto solo es una parábola.

El PNV hace de su capa un sayo, tendrán sus elecciones; en Cataluña las provincias han desaparecido y Torra carcajea ante la enfurecida Esquerra; Ximo Puig tiene que ir de la mano con Ayuso en la queja. Vaya papelón para los barones, vaya papelón.

Sánchez ha tenido que convocar ejecutiva del partido finalmente. Las aguas no andan muy tranquilas. Mientras a unos les preocupan los bandazos, a otros les preocupa la querencia a Ciudadanos que no solo altera a Esquerra, sino que pone de los nervios a Iglesias y a la parte populista de las bases socialistas.

Sánchez quiere acuerdo presupuestario no solo para pasar de «indepes». sino para ver si puede llevar a Aguado al regazo de Gabilondo. Al menos, darle Madrid al partido sería una compensación. La pena es que Ayuso será todo lo tonta que se diga (también me acuerdo de los chistes de Aguirre), pero tiene el arma nuclear: la disolución de la Asamblea y las elecciones anticipadas.

Que los bandazos de la Moncloa – y la falta de trasparencia, mientras las Comunidades publican sus datos, el Gobierno no lo ha hecho- hayan sembrado de dudas las decisiones es corrosivo para la calidad del debate público.

Quizá lo que ocurre es que el Gobierno se ha llenado de animadores y hemos perdido la perspectiva de una Administración. Parece que más que Gobierno hay gabinete de Sánchez. Y eso es malo para la izquierda, quiero decir para la izquierda que no hace ruido. Ximo ya sabe que ser un barón discreto solo da para disgustos; ni les cuento el sentimiento de abundantes votantes.

La mitad de ustedes gozan de libertad condicional, ´úsenla con prudencia, no sea que pase lo que no queremos que pase. La otra mitad seguimos en la fase que antecede a la que seguirá, no se preocupen: mi nieto y mis nietas dicen que todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 57: el «colegueo» en las ruedas de prensa predice la ausencia de la verdad

  • «¡Hola, ministros! Buenos días. Saluda el educadísimo periodista que, menos mal, está en pantalla y no puede dar una palmadita en la espalda a los «ministros».
  • «Gracias, David», contesta la Señora ministra Portavoz que, si hubiera sido alguien de la oposición o alguno de ustedes le hubiera afeado el masculino, pero como es de la cuadrilla seleccionada, tiene que mostrar buen rollito.

No es de ahora que el tuteo se haya apropiado de las ruedas de prensa. Pero la abundancia de veces a la semana en que el Gobierno rompe su silencio, solo superada por el número de becarios y becarias en las ruedas de prensa, convierte en excesiva la ruptura de la barrera entre quien inquiere y quien debe dar cuenta.

¿En qué momento nos pasamos al compadreo? El compadreo de las ruedas de prensa ya venía de antes del virus, pero el populismo cultural lo ha llevado a niveles insospechados. En el escenario del «buenrollismo», quienes deben dar cuenta no temen las preguntas, las agradecen, luego dirán que no hay voluntad de transparencia. Gracias por llamarme mentiroso le dijo, más o menos, Sánchez a la redactora de la CNN y no hizo falta respuesta.

Igual que hemos hecho historia equiparando la libertad a ponerse un chándal de «runner», la haremos equiparando la libertad de expresión al saludo al modo grupito de guasap de colegas de los «afterworks».

Camaradas periodistas, habéis caído en la trampa: el tuteo no es empatía, la distancia léxica ayuda a la pregunta inconveniente y el compadreo simula el «buenrollismo». Uno a cero para «El Ministerio de la Verdad».

Ese ¡Hola, ministros! (lo de ministra solo es necesario si no es usted un compadre seleccionado por el secretario de Estado), pronunciado por un redactor que, seguramente, nunca soñó preguntar a ninguno, cambia nuestro mundo.

Vuelvo con ustedes. No es que no les tenga confianza o empatía. Es una vieja fórmula de respeto que, a diferencia de otros idiomas, se incluye en el español. Una fórmula que, por cierto, requiere de aceptación del otro para ser arrumbada. Pero si ustedes lo prefieren, dense por tuteados o tuteadas.

De paso, les diré que sí: hoy hemos tenido, de nuevo, rueda de prensa. No; en realidad no sabemos nada que no supiéramos ayer, seguimos bien, siendo los primeros de los primeros y esas cosas que ya saben. Pero qué sería un domingo sin Illa, un sábado sin Sánchez. Un sinvivir.

Si hemos de creer a IIla o Montero ni siquiera hay comunidades autónomas cabreadas, tipo Valencia o Castilla La Mancha. La cogovernanza avanza, en el País Vasco siguen haciendo lo que quieren, todo fetén.

Mi señor padre que era de izquierdas, pero muy suyo, el señor fue educado muy barceloní de los de antes de la colla Torra, me dijo un día: me gusta Suarez porque me habla de usted, no como aquellos fascistones. Mi padre era, también, muy suyo con los fascistones.

La ausencia de complicidad entre representante, gobernante y periodista debe verbalizarse, no es teatro, es técnica. Por el contrario, el «colegueo» nos introduce directamente en el fabuloso mundo de Évole donde la complicidad es un medio de extraer un beneficio mediático: uno, obtiene relevancia; el otro u otra queda blanqueado.

¡Hola, Papa, como estás! diría Jordi. Me alegro de verte Jordi, diría Francisco. Y todo va bien, muy populista, muy argentino, muy de qué majo eres, como voy a mentirte. Hasta Dios sonríe en el cielo.

Recuerdo una campaña electoral en que Rubalcaba afeó a un periodista el tuteo y se montó un escándalo que, incluso, requirió nota de prensa del candidato socialista. Alfredo Rubalcaba no se apeo de la burra e insistió en la necesidad de las formas.

Porque las formas, señoras y señores míos, tienen que ver con el contenido. No es casualidad que el compadreo se radicalice en el momento más débil para la transparencia y la libertad de prensa. Se aparenta empatía y cercanía, cuando aumenta el desprecio entre periodistas y políticos. Hay más tuteo cuando hay más selección de periodistas y más «plasma». 

El «colegueo» en las ruedas de prensa predice la ausencia de la verdad

Decía Umberto Eco, semiólogo, que «con el Tú, se pierde la memoria y se produce una falsa familiaridad con el riesgo de que se transforme en insulto». No le demos vueltas, sin embargo, el tuteo populista ha vencido porque la búsqueda de la verdad ya no pertenece al periodismo, me temo. Dense por tuteados y tuteadas.

Ustedes sí pueden tutear a su vecindad en los balcones, ya son amistades próximas para siempre; usen con prudencia la libertad que han ganado y tengan confianza. Mi nieto y mis nietas dicen que todo saldrá bien y yo les creo.


Desde mi caverna, día 56: no era la ciencia, los populistas vuelven a respirar

El gozo del cronista en un pozo. Les dije aquí que, en tiempos de pandemia, se debilitaba el desprecio a la ciencia y a los expertos del que habían hecho gala los populismos de todo tipo. Pues no; la politiquería ha derrotado al cronista; cosa que tampoco es para dejar de respirar, aunque da pena.

Sánchez, por cierto ha roto su silencio, un sábado más. Más o menos, todo va razonablemente, es científico a la par que asimétrico y hay que ser cautelosos o algo así. No ha respondido a ninguna de las preguntas, pero no es que le mueva la falta de transparencia, sino que las preguntas estaban mal formuladas, como ustedes pueden imaginar.

El auxilio de la ciencia y de la evanescente «cogovernanza» (cogovernanza es que los vascos hagan lo que quieran, para entendernos) ha sustituido a la metáfora bélica.

Una vez tomada, aparentemente, la loma de la curva, cosa que acaecería un lunes, según los planes del soldado que vestía de azul, desaparecieron los soldados de las ruedas de prensa. Los creadores de «neolengua», los chicos se lo tengo dicho trabajan duro, se orientaron a buscar otro responsable: las recomendaciones científicas.

El retraso del cierre, la escasez de equipos de protección y mascarillas, la ausencia de los test, las UCI insuficientes se enredan ahora en parámetros cuantitativos y cualitativos, algo ignotos y medibles solo por secretos asesores y expertos en magia, que se aducen para justificar las decisiones adoptadas. El fantasma de la ciencia recorre Europa y España es de las primeras, las primeras.

Las personas que son invitadas a la mesa de las decisiones reflejan la distribución de los fondos de investigación, la incidencia corporativa o las influencias académicas o políticas. Al final, ha ocurrido como en la crisis económica de 2008, todos los expertos económicos que negaban la estrategia de la austeridad fueron ignorados.

El balance en España sugiere que los índices de aprobación política y la disponibilidad de un relato han primado sobre las opciones que se tomaban y sus efectos.

«Hubiéramos sido más estrictos», si hubiéramos sabido, dice el Vicepresidente Iglesias. Los primeros informes sobre el desarrollo de la pandemia salieron de China el 24 de Enero, el efecto de los asintomáticos ya se conocía en febrero y la necesidad del distanciamiento social se predijo, para Europa, en la última semana de ese mes.

El nivel político ha elegido el tipo de ciencia y de evidencia que se alineaba con las preferencias políticas existentes. Esto vale para España, como para otros sitios, especialmente donde el aparato político está más fuerte: Reino Unido, Estados Unidos, Rusia…

El único tipo de «ciencia» cuyo papel no está aún claro en la respuesta del gobierno es la ciencia de encuestar y dar forma a la opinión pública. Con un CIS sometido a control político, no es de ahora ni nuevo, no hay forma de saber cómo la percepción pública ha ido modelando las orientaciones y los cambios de sentido del gobierno.

En realidad, la ciencia sirve para lo que servía la metáfora bélica: tiene el objeto de ocultar responsabilidades. Los cálculos políticos o económicos del gobierno, así como los compromisos previos de los responsables no tratan de ciencia.

No era la ciencia, era la política, y los populistas vuelven a respirar. Apartados en casi todo el mundo por el imperativo de la salud, con los antivacunas y todo tipo de «libertarios» y conspiranoicos en retirada, tuvimos un excelente momento para detener su progreso.

Las tonterías de Trump, las vacilaciones británicas, las irresponsabilidades letales de Putin, el negacionismo de Bolsonaro, el ideologismo de Obrador o de los Sandinistas, los recortes radicales de las libertades en países de centroeuropa duraron poco como instrumento para la búsqueda de racionalidad global.

Con instituciones multilaterales debilitadas y equipos políticos enredados en el relato, la coordinación de una estrategia global de salud se ha retrasado lo suficiente para que el mundo vuelva donde solía y los populistas respiren: pueden volver a decir cualquier cosa y la dicen.

Ustedes están a punto de nueva fase o enredados en la vieja. Tranquilidad y prudencia. Mi nieto y mis nietas, que además de pintores y cocineros, también quieren ser científicos, afirman que todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 55: repaso antes de la fase que viene

Están a punto de llegar a una nueva fase, al menos la mitad de ustedes. Será la fase inicial, que no es la primera, porque antes hubo otra. Luego vendrá la intermedia, que no lo es, porque no son tres, sino cuatro, aunque la última se llama tres.

Como llevan ustedes con el cronista mas viernes que con su tabernero, ya saben que me tiene ordenado Don Juan Ignacio Ocaña, jefe de la «Clicktertulia», que los viernes baje el tono de la crónica. O sea, en lugar de sesudo, me debo poner en modo portavoz del Gobierno.

También puede ocurrir que a los CEO les guste más la radio ligera y, por eso, paguen más por estas crónicas. (No, si lo veo, hoy tampoco va a colar)

Pues sí; llega el momento en que pasarán de tener a sus hijos en casa todo el día, a tenerlos en casa… todo el día. Una felicidad. Algo cambiará en ellos y ellas, sin embargo: pasarán a ser aprobados asintomáticos.

Quiere decirse que sí; que será un alumnado que estará aprobado, pero no manifestará síntomas de serlo. Eso sí, habrán pasado la oportuna evaluación digitalizada.

En consecuencia, los demás debemos, también, hacer un repaso de todo lo que hemos aprendido.

Nunca como ahora han ejercido ustedes sus dotes de traductores de «neolengua»: «Sí, pero tal vez no»; «si; excepto eso»; «aunque a lo mejor, no»; ya lo dijo Simón: lo sabrá «en poco más de una semana.

Por no hablar de su formación en mascarillas. Con ellas, sin ellas, inútiles, finalmente necesarias, ahora obligatorias. ¿Dónde están entonces las mascarillas? Faltan, ausencia, obsolescencia, órdenes, homologación, retraso, omisión. Nuevas recomendaciones «en poco más de una semana»

La máscara se convierte en el grial. El virus infla el mundo. Los mercados están en pánico y el Estado garantiza miles de millones. Es la gran ilusión del siglo: billetes que caerán del cielo, «en poco más de una semana»

Se han hecho ustedes creativos, agotado las harinas, se han embarcado en la alta costura, en la cocina, en la música, decoran sus mascarillas con banderitas, serán enmascarados, pero qué hermosos enmascarados.

¿Enmascarados protegidos? Bueno, eso, probablemente, potencialmente, por cierto, quizá lo sepamos «en poco más de una semana»

Los bulos ocupan sus redes, su televisión. Y usted se pregunta con palabras que antes ignoraba: ¿seré inmune, quizá asintomático o asintomática? Sí, no, tal vez, no necesariamente … Contención; quizá lo sepamos «en poco más de una semana»

Desconfinamiento, desescalada, desconfianza. Eran los científicos, nos dijeron, ahora depende de que un Consejo de Gobierno se ponga de acuerdo en dejarle salir de casa, mientras la responsable dimite. Toda una tranquilidad.

Dijo Aguado que sí, que él nos bajaba de los balcones, que lo tenía hablado con Arrimadas. La presidenta que no; luego que sí, el ministro único que tampoco, vaya ya no llegará, si es de Madrid, a la fase que antecede a la posterior. Quizá, «en poco más de una semana». Epidemia de tristeza en la Ciudad.

Hemos aprendido un montón sobre producción insuficiente, sobre acaparadores de mercado chino, sobre intermediarios falsarios, sobre respiradores «fake». Sobre pagos irregulares, sobre hacer lo que haga falta.

Ahora sabemos que muchísima gente puede hacerle un respirador. Innovación, creatividad, es la guerra, dice el soldado que viste de azul. ¿Cuándo acabará? Él no lo sabe, para él, siempre es lunes.

Ustedes se han dado a la música, al arte, han visitado museos que ni siquiera existen. El cronista lo sabe.

Y les recuerda que la piedra que soñó con ser escultura, el lienzo que nació para ser óleo, que la sábana que creció hasta ser pantalla, que las cuerdas que quisieron hacer música no lo hicieron para ser vistas en la red.

Se convirtieron en escultura, en cuadro, en películas, en partitura que hay que ver puestas en una calle, colgadas en un museo, en una vacía sala de cine, en una sala de conciertos en su mitad vacía. Quizá, «en poco más de una semana».

Pidan hora, hombres y mujeres del dios en el que crean, hora para ver en los museos, en un cine, lo que han descubierto en la red que es hermoso.

Están a punto de poder salir, de volver a las ciudades que sin ustedes dejaron de ser ciudades. Eso, si sus respectivos «lehendakari» han sido buenos y sus votos necesarios. Si no, igual tendrán que esperar.

Pero tengan cuidado aún, mi nieto y mis nietas aseguran que todo saldrá bien y yo les creo. ¿Cuándo? Quizá, dependiendo, caso por caso …»en poco más de una semana»


Desde mi caverna, día 54: ese “enorme accidente de…tráfico”

Se nos prometió que la cosa sería científica y, ahora, depende del disputado voto de la Señora Arrimadas, por un poner. Se habló de asimetría y es café para todos, menos para uno que no quiere café español. Se nos dijo que se miraría caso a caso y se mira según reunión de Consejos de Gobierno.

Creíamos que pasando de las metáforas bélicas a las científicas nos iría mejor, hasta que el doctor Simón ha dicho: «no sabemos si se deben a un accidente de tráfico enorme».

Explicaba que no tiene explicación completa para las diferencias en mortalidad mensual respecto al año pasado, que supondrían más muertes – unas 4700- que las declaradas oficialmente por coronavirus.

O sea, puestos a la hipérbole, aprendida de los soldados y la política, el hombre ha decidido bajar al fango y, de paso, faltarle al respeto a las familias con personas fallecidas.

Todo se ha llenado de hipérbole y de falta de rigor. No han pasado 24 horas, desde que Sánchez se pasara del mando único al clientelismo, para que las ofertas políticas que no se pueden rechazar llenen los medios de comunicación.

Aguado lleva a crisis de gobierno y de salud a la Comunidad de Madrid, aprovechando que Arrimadas le ha nombrado «el que bajará a madrileños y madrileñas de los balcones».

Junqueras declara la legislatura incompatible con Arrimadas. Iglesias tuerce el morrillo, porque su amigo Rufián está enfadado. A Torra le mola no hacer elecciones y no tener parlamento.

Eso sí, lo de cambiar gobiernos no toca, dicen en Ciudadanos, por si acaso Ábalos había tenido alguna idea. Vox esta buscando un matrimonio homosexual a toda prisa …Casado se ve bien, por otra parte.

Pues nada, así las cosas, estamos a punto de llegar a una nueva fase. Será la fase inicial, que no es la primera porque antes hubo otra. Luego vendrá la intermedia, que no lo es, porque no son tres, sino cuatro, aunque la última se llama tres.

¿Sabemos el grado de contagio? ¿Hay test en su centro de salud? ¿Tenemos el resultado de los famosos test de prevalencia? No; pero tranquilidad: van a estudiar las aguas fecales y en las playas y piscinas, habiendo sal y cloro, ustedes pueden mojarse tranquilamente. Con mascarilla, que «en poco más de una semana» será sumergible, como si lo viera. Yo guardaría la distancia física, si eso.

Si sus criaturas fueran vascas y de «cursos sensibles» el 28 de mayo volverían a la escuela. Como ustedes no tienen elecciones y a Sánchez el voto de su lehendakari particular no le interesaba, sus criaturas se quedarán en casa.

Ya lo dijo Sánchez, todo muy coordinado y dirigido por la ciencia. 17 acuerdos bilaterales, 17, a la carta de lo que pidan los que se porten bien, empezando con Feijóo, lo de Madrid ya se mirará que Ayuso es muy díscola, aunque si insiste Aguado, igual le dejamos.

Permanecemos alarmados y en estado de alarma, dos condiciones que no eran necesarias a la vez. La sensación de inseguridad y desconfianza se extiende y no falta quien desea quedarse en los balcones a esperar un poco.

Especialmente, observando que las medidas de alivio están siendo administradas con cierto cachondeo por las autoridades competentes y, por qué no decirlo, por algunos de los aliviados y aliviadas.

Hay un exceso de vanidad en nuestra exposición al hipotético entreacto de la crisis sanitaria. La humildad de los primeros días frente a la pavorosa e inesperada muerte ha sido sustituida por toda clase de impaciencias.

Tan impaciente se es para declarar la alarma como para cambiar ciencia por votos. De tal modo que ahora no sabemos si nuestra salida es fruto de los famosos indicadores, administrados por desconocidos, o de la negociación nocturna de Calvo y Ábalos, que pasión la de este hombre por la noche.

Pero, en fin, llegamos a la fase en que podrá acercarse a algunos de los suyos. No corran, salvo a las horas que lo tienen permitido, no sea que caigan en «un enorme accidente de tráfico». Mañana por la noche o, quizá, el sábado, depende, lo sabrán. En todo caso, mi nieto y mis nietas me dicen que todo saldrá bien y yo les creo.


Desde mi caverna, día 53: alarmados

De alarma en alarma hasta la victoria final. Tras el unilateralismo, llega el clientelismo perpetuo. Los creadores del «Mando Único» han fundado el «Departamento de Dádivas» que repartirá premios y castigos, según corresponda a la voluntad del Olimpo.

No; al cronista no le preocupa el estado de alarma; para ser sinceros, como mi grado de confianza en las instituciones estos días es similar al que tengo con los intermediarios de mascarillas chinas, casi me quedo en casa.

Con alarma o sin ella, más bien parece que nadie tiene idea de lo que pasa; no hay medios de autoprotección ni el personal tiene acceso a test en su centro de salud y los que andan por ahí, comprados por voluntariosos y emprendedores alcaldes, no están homologados.

Los contagiados y contagiadas han pasado de las residencias a los profesionales de la medicina, lo que es más que tranquilizador, naturalmente, y en las UCI sigue habiendo gente.

Ya les dije aquí que reclamar un estado de alarma para alargar la duración de las ayudas a las personas afectadas no era muy creíble, como todo el mundo, menos el gobierno, ha dicho en el Congreso. Y, también, que el PP debería mantenerse separado de VOX.

Las razones para permanecer alarmados son otras. Por ejemplo y por empezar por algún lado: los apoyos al gobierno han volado. Sostenido, muy temporalmente, el PNV, y por aquello de que a Urkullu se le permitirá hacer lo que le venga en gana y hacerse campaña electoral, todo lo demás ha sido puro compadreo.

Tras el unilateralismo ha llegado el clientelismo perpetuo, la de Canarias se saca una cosilla, el vasco otra y así sucesivamente, animados por el viejo socialismo – Calvo y Ábalos-, tenemos gobierno con Ciudadanos, una parte del «trifachito» y, en cuanto llegue la cosa económica, veremos abundantes chismorreos con el PP.

Ayuda bastante a la alarma que, a pesar del rollito mañanero del doctor Simón, los científicos no solo no la pintan, sino que se la comen todos los días. Que Aguado, presionando a través de los medios de comunicación, lleve a Madrid a la desescalada, sin que sepamos los datos que lo avalan, tiene su aquel.

Marrón que, en el tránsito de Ciudadanos hacia el PSOE – con la excepción, supongo de Villacís-, acabará pagando Ayuso, mientras Aguado, campeón de la desescalada, oculta la cosilla de las Residencias, que formaba parte de su paquete.

La cosa económica no deja de dar disgustos. A las instituciones internacionales, siguió el Banco de España, el Tribunal Constitucional alemán y hoy la Comisión Europea.

Los alemanes, su tribunal, han lanzado al Bundesbank un ultimátum de tres meses para que explique por qué permite tanto dinero del Banco Central para el sur europeo. Además de negar la sentencia del tribunal europeo, a los jueces les preocupa la falta de proporcionalidad.

Para que me entiendan, el BCE ha comprado en abril 4276 millones de deuda soberana española – el 14% de toda la compra de activos-. Según la llamada clave de capital, nos correspondería el 9,6%. Serían más de mil tres cientos millones menos.

Desde marzo de 2015, a ese periodo se refiere la sentencia alemana, el Banco había acumulado 260.000 millones de euros en bonos españoles, el 12% de la cartera. Dicho de otra manera, el BCE, libró a España de ir a los mercados por valor de 52 mil millones: una cuarta parte de lo que necesitó el año pasado.

La Autoridad fiscal ha dicho que necesitamos recortes, que tardaremos diez años en recuperar el déficit y otros diez en volver a la deuda que teníamos. O sea, una generación. La Comisión Europea sostiene que España será la peor economía dentro de dos años.

Todos animando que es una alegría, que no falten profetas, mientras el Gobierno insiste en que no pide rescates, pagando los ERTE, el paro no subirá y con la renta mínima y aforos a tercio de todo, irá bien.

Por supuesto, con que los niños vayan a la escuela en aulas de quince, chupao, está chupao, como todos papas y mamás saben y nos pongan el «furbo», que el pueblo pide circo y que Roures no pierda dinero, nos arreglan el año.

Bueno, dejen que el cronista se alarme solo, que para eso está. Ustedes sigan en los balcones, paseen a su hora con las criaturas. Más temprano que tarde, dicen mi nieto y mis nietas, que no están alarmados, todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 52: El monitoreo nos acecha de nuevo

El mismo día que el Congreso aprobaba la idoneidad de Gabriela Cañas para presidir la Agencia Efe, la nueva directora ha afirmado ante la Cámara, leído y reflexionado, o sea que no hay lapsus ni linguae ni calami que valga, que es partidaria de establecer «sólo una fuente oficial de información». El «monitoreo» nos acecha de nuevo.

Al parecer, nadie mejor que una empresa pública, controlada por el Gobierno, en fin, para «desactivar» los bulos tan perversos para nuestra democracia. Función que ninguna entidad privada, ni La Sexta mire usted, puede, al parecer, realizar.

Para que no se diga que nuestro Gobierno no es cosmopolita, casi a la misma hora, el Gobierno francés anunciaba que incluiría en su página oficial una serie de artículos dedicados al coronavirus, eso sí, seleccionados, lo que ha enojado al periodismo galo.

En realidad, lo de una página oficial se parece bastante a poner a un periodista a filtrar preguntas. El sueño de los gobiernos ha pasado a ser etiquetar las líneas editoriales de los medios, indicar quién debe ser creíble o no. En realidad, se trata de que la información no tenga origen plural, ni distintas versiones.

No deja de ser algo sospechoso que quienes se empeñaron en liquidar empresas públicas de información o prohibieron la publicidad en televisiones o radios públicas para empobrecerlas, o enriquecer a los demñas, levanten ahora la bandera de la verdad pública.

No hace muchos días, con el pretexto de reflexionar sobre incentivos y bienes públicos, un largo debate en la profesión económica, el portavoz de Economía de La Moncloa, parte del Ministerio de la Verdad y la Neolengua, sugería que una agencia, pública naturalmente, debería premiar – con pasta y subvenciones, obviamente- a «las buenas prácticas» en los medios de comunicación.

Una economista francesa muy ponderada en la España del populismo radical y las líneas editoriales tipo soy «el pianista del burdel», pero quiero forrarme, Julia Cagé, presentaba hace unos años un ensayo, bien argumentado por cierto, que con el título «salvar los medios de comunicación» proponía, partiendo de la misma idea de bien público, que desaparecieran los accionariados de los medios.

Su idea es que estos funcionen como fundaciones sin ánimo de lucro. El estado podría deducir impuestos a los que invirtieran en la fundación, salvo que sea el dueño de Zara, en cuyo caso hay que rechazar sus donaciones. O sea, los incentivos a los buenos medios.

En una palabra, más finamente escritas, ideas similares a las que Podemos ha venido defendiendo sobre los medios de comunicación.

El bulo es el pretexto perfecto, junto a los recortes de libertades que corresponden a los momentos dramáticos en las sociedades modernas – sean atentados o alarmas sanitarias-.

Al parecer, necesitamos que el manto protector de los gobiernos, más que iniciativas individuales, sociales, privadas o de cualquier naturaleza, nos ayude a conocer la verdad.

Distinguir un artículo en una página oficial, filtrar una rueda de prensa o codificar una única verdad es un género dañino de periodismo. La verdad excluida no sería digna de un «imprimatur» que, al modo de la vieja iglesia, convertiría al estado en legítimo propietario de la verdad.

La cuestión es que la información no es solo un bien público, aquel indivisible que todo el mundo tiene derecho a disfrutar, sino que es una libertad fundamental y la creación de medios y su independencia está constitucionalizada. Ni un estado de alarma puede suspenderla.

Naturalmente, en el mundo de la neolengua, los gobiernos no censuran, solo «monitorean». Los gobiernos no producen bulos sino «interpretaciones alternativas». Y si, alguna vez, ustedes quieren tratar de forma desigual a los iguales, utilicen la expresión asimétrica, quedarán fetén, fetén,

Lo que resulta más que sorprendente es que sean en ámbitos aparentemente de izquierda, herederos de los largos combates por la libertad en general y, de expresión en particular, los más seducidos por el control de los medios a estas alturas de la historia, justo en el momento en que las redes podrían democratizar la información – esa es la cara A del peligro de los bulos-.

Pero la historia, ahora, es que ustedes deben «monitorizarse» a sí mismos. O sea, que se queden en casa, excepto a las horas programadas. Cuando bajemos de los balcones, también tendremos que ocuparnos de esto. Ya queda menos. Mi nieto y mis nietas, que están monitorizados eso sí, afirman que todo ira bien y yo les creo.


Desde mi caverna, día 51: ¡Oh, cielos! Casado «cogobierna» y no lo sabe

Sostiene el ministro Ábalos que si presiona al PP es porque «cogobierna». Y ni usted, ni yo, ni Casado teníamos la más remota idea. Sostiene el Gobierno, también, que sin el voto del PP no hay estado de alarma y nos quedamos sin ERTE y ayudas, cosa que no solo no sabíamos, sino que es falsa, de falsísima.

Se me ocurren varias razones por las que el PP debiera, tras sacar todo lo que pueda, sostener el estado de alarma. Ninguna de ellas tiene que ver con el trilerismo del Gobierno y su política de comunicación.

«Cogobierno» y «cogobernanza» son las palabras de la semana. Ya les tengo dicho que los chicos del Ministerio de la Verdad y la Neolengua trabajan duro. Eso de «cogobernar», después de tres estados de puro unilateralismo y tras poner un piquillo de 16 mil millones de euros, para ver si comprábamos el voto de las Comunidades Autónomas, no ha «colao» – ¡Vaya por Dios!

Desde luego que un estado de alarma sea preciso para alargar la duración de las ayudas a las personas afectadas es un burdo mensaje, incompatible, por cierto, con los discursos del área social del Gobierno. Bastaría modificar un real decreto. Vamos, sí, se puede. 

Mientras se le dice a Casado que, puesto que cogobierna, vote la alarma, no hemos oído que se diga lo mismo al PNV, a JuntsxCat o a Esquerra.

Antes de explicar porque Casado debe votar la alarma, con todo aquello que pueda sacarle a Sánchez como corresponde a cualquiera, convendría recordar que eso de que la oposición y los medios del mundo mundial apoyan a sus gobiernos viene a ser una milonga.

Paséense por el parlamento francés – escuchen a Melenchon insultar al primer ministro y a Macron, y los periódicos-. Por Westminster, los laboristas y la prensa progre británica y en la cuna de la democracia esa de Estados Unidos, escuchen a demócratas y Gobernadores. Vean cómo le va a Conte en Italia, con el Papa yendo a salvar a la izquierda.

Casado no cogobierna. A Casado le han ninguneado durante todos los estados de alarma que preceden al que vendrá y las fases que anteceden a la siguiente y casi todos los días. Solo cuando ha dicho «no», ha tenido un momento Sánchez, el negociador, para una llamadita. De polvos y lodos está hecha la política.

Al igual que Urkullu, Torra y Rufián, por no citar Podemos y los carguitos públicos que ha sacado Garzón por ser bueno, Casado pretende sacar la suya. Sus votantes tienen los mismos derechos al clientelismo que los demás, y los costes de un gobierno en minoría, son los costes de un gobierno en minoría: déficit.

Casado quiere que, de una vez, Sánchez haga lo que dicen los números que presentó el Primero de Mayo, que ya tiene mérito la fecha: pedir los oportunos rescates y tranquilizar a las empresas. También, pide bajar impuestos, pero sabe que no es posible: ni hay impuestos que pagar, ni Europa lo permitirá.

Necesitamos el 2% de PIB del Mede (el mecanismo de estabilidad europeo) para pagar nuestra sanidad; necesitamos el SURE para pagar los ERTE; necesitamos los créditos para que haya liquidez en las empresas. Además, faltan en refinanciaciones de empresas y las Administraciones públicas 150 mil millones este año. Y nos faltarían, aún, otros 150 mil millones. Casado quiere que Sánchez pida el rescate y lo deje apañadito, para dos años y la próxima década.

Antes de poner el grito antieuropeo en el cielo, sépase que el BCE ha comprado, solo en abril, 4276 millones de duda soberana española – el 14% de toda la compra de activos-, más una parte aún no conocida de otros casi cien mil millones del tramo antipandemia. Por cierto, los holandeses fetén se han llevado un 5% de la bolsa.

De esto, de economía, de lo que Sánchez quiere cargar en las espaldas únicas de los europeos va la bronca de Casado. Además de pasar facturilla por el ninguneo.

EL PP tiene una hermosa oportunidad de separarse de VOX, la peor gestión de grupo conocida en el coronavirus español, con menos coste electoral del que parece. Tiene la oportunidad de poner en valor algunas de sus referencias (Feijóo o Almeida) y tiene la oportunidad de compensar a sus electores con algún premio que, por ahora, no se quedan los votantes socialistas sino los de Iglesias. 

El PP tiene también la oportunidad de premiar el esfuerzo de la ciudadanía, al tiempo que envía a los «indepes» a donde siempre debieron estar. 

Y esa es la razón por la que se orienta a la abstención o podría apoyar alternativas si el Gobierno pone algo y si el Gobierno reconoce que su coalición de apoyo ha saltado por los aires (PNV, ERC y cuidado con Revilla).

En fin, un lío. Pero recuerde que los mortales habremos de ocuparnos de esto cuando bajemos de los balcones. Ahora, estamos en la fase que precede a la anterior: cuídense. Mi nieto y mis nietas dicen que tampoco «cogobiernan», pero que todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 50: llegó la fase que precede a la inicial, tiempo de profetas

Tras cincuenta días con ustedes, parece que hemos llegado a un hito en el camino que el cronista no puede ignorar: la primera de las «tres fases», que en realidad «son cuatro fases», y que no es la «inicial», sino tan solo «preparatoria», ha llegado.

Supongo que se habrán enterado de lo que pueden hacer. El cronista se quedará en casa, al menos, hasta que llegue la fase que continúa y precede a la «intermedia», que no es intermedia porque si son cuatro no hay una en medio. (Los entrecomillados son de la rueda de prensa de Sánchez).

Será entonces cuando, a lo mejor, vea a mi nieto y mis nietas o me tome un vinito con algún amiguete al que, por supuesto, negaré conocer, en alguna terraza vacía, mientras espero una racioncita de callos, por supuesto take away, lo que es un pecado que el dios de la gastronomía castigará con alguna visita vegana, lo veo venir, cuando llegue la fase que es posterior a las antecedentes.

En fin; aún no hemos acabado de morirnos y ya hacemos planes. No solo para las fases abundantes que vienen, sino para definir la «nueva normalidad».

Puesto que estamos viviendo el colapso definitivo del mundo conocido, un silencioso apocalipsis, lleno de alarma y excepción, o algo parecido, una guerra donde todos los días son lunes, el último peldaño del rapaz capitalismo, es normal la ansiedad por saber que nos deparará el futuro. Es, pues, tiempo de profetas.

Hace días que columnistas de los sesudos medios europeos de orientación de izquierda (véase Liberation o The Guardian, por ejemplo) nos van contando cómo será el futuro.

Aquí en España, que somos más listos y eficaces que nadie, como todo el mundo sabe, un medio, faro y guía del pensamiento occidental, nos ha ofrecido hasta setenta y cinco columnas que predicen nuestro porvenir. Desde la ropa que ustedes vestirán hasta la música que escucharán.

Lean, lean, no será el cronista quien devalúe tanta sabiduría concentrada. Déjenme, eso sí, que les anticipe mis conclusiones.

Es primer lugar, es sorprendente la cantidad de afamados y afamadas gurús que hay y que uno no conoce. Es más sorprendente, todavía, que ninguno de los expertos que uno conoce en medicina, arte, economía, algún premio Nobel, etcétera haya sido seleccionado, debe ser que no se han enterado del apocalipsis y no pueden ofrecer pensamiento evaluable.

Eso sí; inevitablemente, está Varoufakis, ningún Nobel o experto en economía sabe adivinar el futuro, pero del griego más listo desde Platón no debe cabernos duda.

En tercer lugar, viene a resultar que las firmas seleccionadas prevén, tras la pandemia, lo mismo que ya preveían antes de la pandemia: un pesimista final del capitalismo, sustituido por una provinciana vida comunitaria, agarrada a las nuevas tecnologías, con un planeta muy agresivo.

En mi caso, en primer lugar, me mueve el optimismo – no es útil ser otra cosa, les he contado aquí– y creo que la historia dice que tras cada peste hay un renacimiento, solo que el liderazgo cambia de sitio: que los Estados Unidos hayan perdido su reputación a golpe de sandeces puede no ser malo.

Ahora que han bajado de los balcones, habrán visto que las calles no han sido derruidas ni los puentes volados. Los bosques no se han incendiado ni los mares se han llenado de grises brumas.

Quiero decir que no; no ha habido una guerra. Dicho sea, por no banalizar lo que sufren millones de personas en el planeta, de Siria a Yemen o en media África.

Intuyo que, a medio plazo, es bastante probable que nos parezcamos bastante a versiones más radicalizadas de nosotros y nosotras mismos. Ni «los runners», ni los papas y mamás con criaturas, ni las propias criaturas parecen querer cosas muy distintas a los que querían hace un par de meses. Tampoco políticos y políticas. Eso sí, mientras haya pasta.

La digitalización, el cambio climático, el agotamiento de la versión de austeridad letal y radicalismo neoliberal del capitalismo, la época donde el dinero no vale nada; el «presentismo» – cuando el interés es cero, el futuro tampoco vale nada- ya estaban aquí hace un largo rato.

Así que lean las profecías, quien es profeta suele escribir bien, pero no se apresuren a comprar billetes a la distopía.

Tomémonos un tiempo antes de cortar los viejos setos. Cuando bajemos de los balcones definitivamente, tendremos una «jodida normalidad» que enfrentar. La dureza y la necesidad no organizan futuros; es cuando se sale de ellas cuando podremos pensar en el cambio. Las revoluciones no se producen cuando las cosas van mal, sino cuando falta poco para que vayan mejor.

Disfruten con responsabilidad de la fase antecedente de la que vendrá, cuídense y cuiden a los suyos. Pónganse, si viajan, esas mascarillas que hace dos semanas eran innecesarias y ahora obligatorias. Mi nieto y mis nietas, que afirman cumplir horarios, dicen que ya estamos más cerca de que todo salga bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 49: la uve asimétrica, la «jodida normalidad» de los trileros

De los mismos productores de la «nueva normalidad», llega ahora «la uve asimétrica», como las fases, para que me entiendan. ¡Nadia, tú eras la seria! Es que ya saben que ahora nos tuteamos. Los trileros del lenguaje siguen en la suya: la nueva normalidad es una «V asimétrica».

Creo que Pedro Sánchez ha roto hoy, un sábado más, su silencio. Por lo visto, si cojo el metro tengo que llevar mascarilla y cosas por el estilo. Paso de comentarles tan enjundiosa declaración.

Hay que reconocer que los chicos del Ministerio de la Verdad y la Neolengua trabajan duro (digo chicos porque son todo hombres). Es evidente que, si ustedes piensan en el símbolo de una raíz cuadrada o el logo de Nike, por ejemplo, les parecerá muy elegante lo de la «V asimétrica».

Pero lo que revela la metáfora es que la normalidad, más que nueva, es jodida. Detrás de la asimetría hay un par de años muy fastidiados y una década de pagar deudas. No es divertido, pero a los que organizan el ruido no les preocupa: ya vendrán otros a gestionar el rescate inevitable.

La ministra de Economía que, más o menos en Viernes Santo, nos decía que a final de año la economía se habría recuperado (o sea en una V – las cosas se recuperan tan rápido como caen-), ahora dice que las cosas están chungas, mejor llamarlo «V asimétrica».

¿Se acuerdan cómo nos reímos cuando se inventó lo del «crecimiento negativo» para tomarnos el pelo? ¿Recuerdan cuándo De Guindos llamó al rescate bancario «disponibilidad de recursos»? Pues bien, la misma factoría de trileros ha creado «la V asimétrica».

Ya les he dicho, más de una vez, que no se crean a pié juntillas las predicciones económicas de estos días. Primero, porque todas están caducadas, las próximas serán peores. Segundo, porque los modelos adolecen de cierto sesgo de experiencia; es decir, no podemos comparar este «Gran Cierre» con ninguna situación anterior.

Eso sí, merecen tenerse en cuenta las sendas que apuntan y, sobre todo, la consistencia de los números. Ya les dije aquí que uno no se creía lo de la recuperación en V.

Me permitirán que lo de la» V asimétrica» se lo traduzca. Según las previsiones del Gobierno, habrá un millón menos de españoles trabajando al año que viene que en 2019. En 2021, el consumo privado y la inversión sólo habrán recuperado un 50% de su caída de 2020 y las exportaciones sólo el 30%. La deuda se disparará y el déficit más. Todo elegantemente asimétrico.

Dicho sea, también, los números fiscales del gobierno no cuadran. Sostiene Nadia Calviño, ¡Nadia, tú eras la seria!, que el PIB cae un 10% y los ingresos fiscales caen sólo un 5%. Eso no ha sucedido en ninguna recesión en España.

Al parecer, dice el gobierno, solo dejarán de pagar impuestos los muy pobres despedidos, porque a los demás ya se sabe, les irá fetén: bares, autónomos y eso. ¿Ustedes se lo creen, yo tampoco? Habrá déficit y un fascal de deuda que no podremos emitir, nos pondremos en bono basura, tipo Italia. si la Unión Europea no pone pasta.

Eso en economía se llama depresión y riesgo soberano. No hay que alarmarse, lo que no hay es que engañarse ni engañar al personal. Los números del Gobierno son números de rescate. Habrá dinero europeo, no será con mucho coste, y las condiciones serán leves, pero serán. Habrá que elegir; y habrá que elegir entre dolorosas opciones.

El FMI y el Banco de España, ahora el Gobierno, apuntan a que el cierre nos costará un par de años para volver casi adonde estábamos y casi una década para deber lo que debíamos ahora. Lo de los ERTE ya no se aguanta; lo de los autónomos tampoco, lo del sector turístico para que contarles, lo de los avales es una risa.

Necesitamos pedir dinero y necesitamos pedirlo ya. La sanidad necesita el 2% de PIB que Europa guarda para España, por si hay repunte. Necesitamos pedir para ampliar los ERTE. Necesitamos pedir para que las empresas no cierren. Hay que pedir, diga lo que diga Sánchez: habrá un poquito de dinero gratis y sin devolver,  pero no nos llega para todo. Es lo que hay.

Bienvenidos, dice Nadia, a la jodida normalidad, qué hermosa «la V asimétrica». Ustedes, tranquilidad por favor, olviden a los trileros de los lemas y los logos: paseen, corran, saquen a las criaturas, mi nieto y mis nietas me dicen que la uve la saben hacer y que lo demás también saldrá igual de bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 48. Dos de mayo: tengan cuidado con los mamelucos

Hoy ha sido Primero de Mayo, una mañana sin cortejo obrero, sin fiesta de compañeros y compañeras, sin vino de taberna del centro. ¡Viva el Primero de Mayo! Los días son como las fases del gobierno, uno siempre precede al que continúa: mañana será dos de mayo.

Ha sido viernes. Y como ustedes llevan ya más viernes con el cronista que con su suegra sabrán que, este día, Don Juan Ignacio Ocaña manda otro tipo de crónica, pensando en su fin de semana.

O sea, que no seamos muy sesudos. Siendo, además, día feriado y de los principales, los CEO de ClickRadioTV han anunciado generosa prima. ( ¿Creen que se darán por aludidos, yo tampoco?)

Pues sí; mañana disfrutaremos de una fiesta tan local como patriótica, día de héroes. Héroes de antaño, resistentes a las civilizadoras y muy liberales hordas francesas. Héroes de hoy en día, enmascarados en trajes de superhéroes que salvan vidas.

Mañana será, sí, dos de mayo. Dejen que el cronista les dé un consejo: cuídense de los mamelucos.

No; no me refiero a los mercenarios que el mariscal Murat lanzó contra los levantiscos madrileños, a los malvados que Goya pintó, masacrando ciudadanía que quería liberarse de la ocupación francesa. Les hablo, de los «nuevos mamelucos».

Será dos de mayo, dos días antes de la fase que precede a la que continúa. O sea, más de uno o una de ustedes estrenará traje de «runner», enfundado en fosforescentes colorines, intentado quemar sobrepeso en la ciudad vacía.

Esta pandemia será recordada como el momento histórico, por todos los dioses en los que ustedes crean, en que la libertad exigió ponerse un chándal. Si ustedes no sabían lo que era la «nueva normalidad» ya lo ven, a más de oximorón, inaugura el «chandalismo» de liberación.

Pues nada, correrá usted por calles vacías, se cruzará con aislados portadores de salud, excepto si usted vive en un municipio de menos de cinco mil habitantes, donde niños, abuelos, abuelas y deportistas podrán coincidir en alegre fiestón, donde se repartirán cocteles de virus, por si acaso no hemos tenido éxito en lo de vaciar lo ya vaciado.

Otros, simplemente, esperaremos al medio día para almorzar como corresponde a un buen castellano, siempre a la salud de la derrotada horda gabacha: es decir, todo aquello que hace un par de meses nos parecía poco saludable.

Les advierto, en fin, sobre esos mamelucos que quieren que la «nueva normalidad» se parezca lo menos posible al mundo que una vez soñamos y que ahora dicen imposible.

Son tres clases de personas: los más puros entre los puros, los antivacunas y los populistas de todo tipo. En realidad, igual si nos lo pensamos, son de la misma clase.

Dicen que, gracias a la ciudad vacía, los peces nadan ya en Venecia. De qué sirve, si ningún veneciano ha podido verlos. Es como en un poema de Borges. Al parecer, la aurora acontece en el desierto, pero nadie está allí para saberlo.

Hasta los peces venecianos sueñan con ser vendidos en la Boquería barcelonesa o ser acompañados por una «Relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor»; «in the Plaza Mayor, amigas y amigos, suelen suceder strangers cosas».

Los antivacunas, que no tienen el mejor momento en su negocio, han preferido pasarse a quemar torres 5G en media Europa y a buscar, como locos, conspiraciones que nos conduzcan al bicho infectado.

Los populistas culpan China, a su desarrollo, de inventar virus, de amenazar nuestro futuro con espías, de todos nuestros males. Lo ha dicho Mister Trump, La inteligencia le persigue, pero él, reconozcámoslo, es más rápido, como ya les he dicho aquí.

Ya ven, milenios tratando de ir más allá de los confines de la tierra y ahora nos queremos quedar en nuestra aldea, eso sí, corriendo por las aceras y embutidos en fosforescentes atavíos.

El cronista, en vísperas de alguno de aquellos Primeros de Mayo de los de antes, canturreando, quizá, la Internacional, preguntó una vez a uno de sus profesores de economía ¿Qué se puede aprender de los mercados?

El profesor miró al cronista como hubiera mirado a un mameluco y contestó: se aprende que la confianza se convierte en arrogancia cuando el comprador no se cree la historia.

La arrogancia es el cuarto de los mamelucos de los que usted debe huir, mientras corre, pasea, sale con la criatura o se queda en casa. Cada día es todo más difícil de creer, pero usted persista.

Así que corran o no corran, salgan o no salgan, pidan hora en la pelu, que luego es tarde, pero gestionen con responsabilidad este atisbo de libertad que se les viene encima. No se pasen; mi nieto y mi nieta dicen que todo saldrá bien y yo les creo.


Desde mi caverna, día 47: ¡confinados del mundo uníos, mayo es nuestro!

«Los periodos más fecundos de la historia son aquellos en que los modestos no se chupan el dedo». Lo dijo Mairena (Machado), con más finura que cualquier filósofo proletario. ¡Viva, pues, el Primero de Mayo! El día de los «modestos».

Mañana era el día del cortejo obrero. Se reclama pan, trabajo y libertad en unos sitios; teletrabajo en otros, el mundo es diverso; salarios dignos e iguales, en todas partes. Cortejos que recorren el mundo, gritos que llenan ciudades.

Mañana era el día en que el sindicato reúnía a los modestos que conocen el secreto, Mañanas en las que se susurra la palabra revolución, se conspira legalmente en hermosas tabernas; mañanas en las que todos los «Gekko» del mundo, el codicioso de Wall Street, se esconden a alicatar las cuevas de Alibaba…

Y, al final, sonaba la Internacional y los dioses, reyes y tribunos temblaban, aunque fuere medio minuto, ante tanto puño, antaño forjado en acero, hoy protagonista de selfi.

El concierto obrero en San Juan de Letrán, en Roma; la fiesta en Bolonia la roja; sumarse a la marabunta en la Plaza de la Bastilla, París; andar de Cibeles a Sol, por donde caminaron Pestaña, Pablo Iglesias, Pasionaria…eso es pasión: quién lo probó, lo sabe.

Pero, mañana, Madrid, París, Roma, Bolonia estarán solitarias, casi en silencio; a lo mejor, las patrullas sustituyen al compañero del metal. ¿Quién llenará el vacío que dejaron las banderas?

Siempre lo hizo la democracia. Herramienta con la que los burgueses derribaron las murallas señoriales, para ocupar la Ciudad; la que usaron los barrios obreros para mezclarse en el centro. Democracia que nos contamina de plurales pensamientos.

Nunca fue fácil, nunca gratis, nunca sin gritos, no sin dolor, pero aquí estamos en ciudades sin murallas. Nadie ha puesto unas, créanme.

Las ciudades no han sido construidas para estar vacías. Las ciudades han nacido para ser insobornables testigos de la historia del combate del ser humano por su progreso y su libertad.

Sus esquinas recuerdan terribles relatos y momentos de gloria; sus esculturas nos hablan de mujeres y hombres célebres, de héroes y de malvados, que los hubo, aunque la corrección política los esconda; sus calles describen rutas de amor y de odio; nobles edificios nos recuerdan la vocación del ser humano por alcanzar el cielo; ingenierías de todo tipo dan cuenta de los combates por la igualdad.

Las ciudades han nacido para ser gritadas por cortejos de hombres y mujeres que aspiran a ser mejores. Solo las ciudades asediadas son silenciosas, porque suenan a miedo. La ciudad libre solo existe si la palabra es libre.

No desfallezcan. Volveremos a llenar sus calles. Cierto que, ahora, solo parece quedar gente que o teletrabaja o está en paro. Más sencillez social no es posible. El patrón parece el estado y la reclamación se grita por ordenador.

No se confundan; no habrá cortejo, pero habrá Primero de Mayo porque, crean al cronista, todo pasará y bajo la hermosa capa de la «nueva normalidad» – ese oximorón, propio de la neolengua- descubriremos que la esperanza de muchos siempre deberá ser gritada a los pocos que no la comprenden.

¡Confinados de todo el mundo uníos! Lo conseguimos: el «género humano es la internacional». Y no ha sido una revolución, ha sido un virus, si Marx lo hubiera sabido…

Pero no desfallezcáis, camaradas de encierro, permaneced en casa, podéis salir al balcón y gritar como el poeta: «! yo soy de hierro y este mayo es mío!». Mi nieto y mis nietas están convencidos de que todo irá bien. Y yo les creo


Desde mi caverna, día 46: ¿Quién está a cargo del ruido del tren?

Antes confinado que sencillo, es el lema de La Moncloa. Tras el esfuerzo de entender que el desconfinamiento, en realidad, funciona como la luna, según complejas fases, asimétricas, pero siempre las que anteceden acontecen antes que las posteriores, es natural, me pasé raudo al confinamiento.

Casi es para quedarse otra temporada larga, si me prometen que no tendré que escuchar dos o tres ruedas de prensa al día. Eso sí, el confinamiento tiene costes. Uno de ellos, si uno no quiere sucumbir a la televisión y Netflix, es que lee y lee cualquier cosa.

Ya les apunté aquí, a la mitad del encierro, hacia el día veintiocho, que había retornado a apasionadas mocedades y leí a los griegos, topándome con Tucídides y su relato sobre la peste en Atenas, que ya es mala fortuna.

Anoche, también es mala suerte, me fui a la biblioteca y resulta, no me pregunten por qué, que hay un volumen de Winston Churchill sobre la segunda Guerra Mundial.

Como en «el Ministerio de la Verdad y la Neolengua» de La Moncloa gustan tanto los hermanos Marx como el animador bélico británico, me dije: esta es la mía.

En mala hora. Es el volumen donde Churchill, frustrado con el parlamento, incluido su partido, se recita a sí mismo un poema: «¿Quién esta a cargo del ruido del tren?»

El poema es chungo, se refiere a la inconsciencia y al accidente fatal, a la ignorancia del que se cree protegido por magníficos engranajes, el «top» de la seguridad o las clasificaciones de test, por un poner y, al final, la caga.

El responsable del «clattering» (traqueteo mejor que ruido, para ser rigurosos) parece ser el dueño del relato, de la agenda de comunicación. 

Esto de las fases que nos ocupa es como la existencia de Dios: la humanidad no dudaba del asunto, hasta que Santo Tomas, otro gestor de ruidos, se empeñó en demostrarlo.

Cada vez que un responsable, hoy ha sido el doctor Simón y un par de ministros, nos explica el momento en que la fase precedente antecede a la siguiente y que procederán según indicadores que, dijo Simón, «casi todos» están consensuados, nos aclaramos menos.

El que «está a cargo del ruido del tren» haría bien en no confundirnos hasta que sepamos, de verdad, cómo estamos. Bien es cierto que sabemos quién manda, pero no nos han presentado al encargado del ruido.

Una ruedita de prensa del Ministerio de la Verdad y la Neolengua, ahora que ya está en el Comité que decidirá las fases posteriores a las que van primero, por favor, para que un seleccionado y desconocido periódico, «La voz de Zimbawe» propongo, le pregunte y así le veamos la cara.

No; no cuadran los números; la cadena SER hace un pavoroso informe sobre residencias que revela los dramáticos errores en las cifras de muerte; no sabemos nada de test en nuestros centros de salud; hasta julio no estará el famoso informe de prevalencia; hay que doblar las UCI…¿De verdad, estamos para jugar con las fases concluyentes que van precedidas de las anteriores?

Pues sí; necesitamos un acuerdo de mínimos económicos, que busca el gobierno, pero también un acuerdo de confianza en el estado de derecho.

Un acuerdo de aquellos de antes, donde los muñidores de relatos, primero, daban la cara en las ejecutivas de los partidos, para que se la partieran y, luego, escribían lo que demandaban las mayorías y no las cuevas del estado o los incentivadores de medios de comunicación afectos.

Un acuerdo en manos de un personal político a la altura.

Quiero decir que, unos, deben dejar de ser maravillosos de la muerte, siempre en la «champions league» de la gestión de la pandemia o de lo que se tercie. De esos ya tuvimos uno y anda de mediador por Venezuela, tras revolcón electoral.

Otros, deberán dejar de anunciar apocalipsis, recitar manuales neoliberales y cosas así, si quieren, algún día, ganarse el título de la alternativa.

Habrá algunos, los de ponte tú, que yo soy el «preparao» y me da la risa o los de patria y muerte que, igual, tienen que irse. Y a todos nos irá mejor.

Nuestro objetivo, mientras se lo piensan, es que el tren no se escacharre. Así que quédense en casa que, hasta el día cuatro, no empieza la fase que precede a la fase posterior.

El cronista es optimista. Al fin y al cabo, también lo dijo Churchill: «soy optimista, no parece útil ser otra cosa». Mi nieto y mis nietas opinan lo mismo que el británico y dicen que todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 45: las fases anteriores preceden a las posteriores, como es natural 

La asimetría preside la fase previa que nos conducirá, gradualmente y como es natural, a las fases que van después. De forma adaptable, llegaremos a los encuentros en la tercera fase. Después, si eso, continuará la fase que precederá a la «nueva normalidad». A ver, si lo pillan, todo muy coordinado, eso sí.

Vamos a ver si aclaramos lo importante. Primero: aquí manda el Gobierno y esto irá por provincias. Es decir, salvo cinco Comunidades, los respectivos lehendakaris no la pintan y en esas cinco, como están Madrid y Murcia por medio, le damos mando a los alcaldes.

Segundo, ni idea de cuándo esto estará controlado, entonces, según le pete al gobierno ustedes irán saliendo de paseo.

Tercero, mejor que sean los alcaldes, que trabajan mucho y se quejan poco, los que organicen este follón. Abran, cierren, busquen escuelas y esas cositas.

Cuarto, lo hemos hecho distinto al resto de Europa, porque somos más listos. lo hacemos mejor y al presidente no le sale de las narices dejarles los calendarios a los presidentes de las Comunidades Autónomas.En las provincias no manda nadie, ustedes saben, así no nos liamos con videoconferencias

Quinto, aquí habrá estados de alarma hasta que venga el Tato, que le hemos cogido gusto al asuntillo.

Sexto, y por supuesto, lo hemos puesto así de sencillo a ver si Casado dice no de una vez y se pone al lado de Vox, y podemos echarlo a los leones que el tipo no se deja. Los millones corren, los ICO se acaban, y todo va bien, por lo demás.

Señoras y señores, el Ministerio de la Verdad y la Neolengua, el salón «redondo» que Sánchez ha puesto en La Moncloa, ha trabajado muy duro. Lo que vendrá, cuando llegue la fase correspondiente, antecedida como debe ser por las fases anteriores, no será su vida normal; no. Será «la nueva normalidad», que digo yo que si es nueva, no es normal, tonterias del castellano, que es muy pejiguero.

Nueva, reluciente, hermosa, donde ustedes volverán a pisar las alamedas, si el alcalde o alcaldesa correspondiente se lo permite, cuando la fase que sucede a la anterior acaezca.

Este plan magnífico y fácil de entender por la ciudadanía no se parece a los de Francia o Alemania porque, seamos sinceros, vienen a ocurrir dos cosas. Una, no tenemos ni idea de la evolución de la pandemia. También, porque no queremos que los presidentes de las Comunidades Autónomas hagan de buenos y Sánchez de malo, que para eso tenemos a Pablo Iglesias.

Todo es muy normal. Hay una fase en la que usted puede tomarse una caña, pero no comer con sus amigos. Si su empresa abre, habrá algún colegio en alguna punta de la ciudad donde dejar a las criaturas, nunca con los abuelos, salvo que la fase concluyente haya concluido, pero si teletrabaja, cosa que debe ocurrir al menos hasta la fase por las dos anteriores precedidas, el niño y la niña se quedarán con usted hasta septiembre.

Eso sí, para llevar a las criaturas a la playita, la playita tiene que estar en la misma fase que usted, incluso mejor: entre su provincia y la de la playa, no puede haber una provincia que no este en distinta fase. Qué molón, qué fácil, qué sencillo.

Eso sí, en ninguna de las fases los «abus mayores», aún no sabemos la edad, podrán estar con sus nietos y los mayores tendrán horarios especiales para tomarse su vinito, si es que llegan a la fase, precedida por las anteriores y que antecede a la «nueva normalidad» que corresponde

Todo este lío, señoras y señores míos es sencillo de explicar: es que no tenemos ni idea, ni puñetera idea, ni test, ni sabemos si mañana habrá rebrote.

SI sabemos lo que es importante, este lío dará mas vueltas que una noria hasta el día cuatro. Y lo importante es que deben ustedes seguir en casa. Queda menos, sean pacientes, y «faseen» por el pasillo. Mi nieto y mis nietas dicen que todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 44: no abucheen al pianista

El ministro Ábalos también ha roto su silencio. Esto es un no parar. Entre pitos y flautas ya llevamos tres ministros en lo que va de día.

El ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana ha comparecido en el Congreso para decir que lo suyo va más bien regular; que esto del transporte no tiene buena pinta, especialmente el de viajeros. Luminoso análisis.

Pero no era esto lo que el sagaz ministro, experto en tráfico aeroportuario como se sabe, quería decirnos. Lo que el ministro, a la sazón número dos del PSOE, ha venido a pedir es que «tampoco nos gustaría que (la ciudadanía) nos abuchee».

A ver, sean ustedes comprensivos, no van a desconfiar de nuestras modélicas instituciones, en general, y del gobierno, en particular. En todo caso, sugiere Ábalos que él solo está muy preocupado de la cosa del transporte. De lo demás no ha dicho nada.

Quizá porque a hora parecida otros dos ministros estaban dándonos indicaciones para comportarnos correctamente y, también, para tapar un poquillo el tono, así como un poco bajo, del doctor Simón, que no ha parecido muy entusiasta del desconfinamiento.

Illa y Marlaska se han tomado muy a pecho las informaciones sobre el mal uso de papás y mamás de los paseos con las criaturas. La verdad es que datos, datos, no tienen, pero las fotos en las redes sociales han dado mucho que hablar. Y cierto es que a algunos papás y mamás, jugando con nuestra salud, se les ha ido la mano, parece que irresponsablemente.

Lo sorprendente, en todo caso, es que el número de multas fue el domingo (con niños) más bajo que el sábado (sin niños). Así que, una de tres: o no se ha sido tan irresponsable, la policía ha pasado del soberano o, quizá, esto era un ensayo para ver cómo nos portábamos.

Por cierto, si ustedes ven una foto con un plano inclinado, recuerden cuando iban al colegio y les explicaron la perspectiva: el alejamiento del centro del fondo de la imagen (punto de fuga si fueron a clase ese día) acorta, engañosamente, las distancias.

No obstante, Illa y Marlaska han advertido que, por el bien de las criaturas, serán durísimos. Así que tampoco abucheen ustedes a quienes solo se preocupan de su salud.

El doctor Simón, también ha reñido a los papás y las mamás, pero de paso nos ha advertido a los demás que lo de la «desescalada» depende. Que los ve a ustedes muy animados con el dos de mayo y la epidemia no descansa (la policía tampoco, hubiera dicho el general, pero es que ya no le dejan salir en las ruedas de prensa).

Tampoco quiere Marlaska que abucheemos a Iglesias. No; el vicepresidente segundo no ha faltado al respeto al poder judicial ni ha puesto en cuestión su independencia. Así que, barra libre, se acabó lo de las sentencias se acatan; ya pueden ustedes abuchear o insultar a las togas  cuanto quieran, pero no abucheen al pianista.

Eso sí, Pablo, ha dicho Marlaska: ponte la mascarilla en el «super», muchacho.

Lo cierto es que mientras desde el gobierno se lanzan globos sonda para ver si los números cuadran y las Comunidades se asustan y añaden más UCI y abren los centros de salud a los test que «en poco más de una semana llegan», los encontronazos entre Iglesias y los ministros del PSOE empiezan a ser de órdago.

Las performances de Iglesias han dejado evidente lo que todo el mundo, menos Sánchez, se temía: la culpa será tuya, Pedro, yo soy fetén y solo doy buenas noticias.

Una coalición sin consenso, sin hoja de ruta que, no les quepa duda, se mantendrá «lo que haga falta, cuando haga falta y cuanto haga falta» y que Sánchez deberá cubrir con algún tipo de acuerdo con el Partido Popular, especialmente en aspectos económicos. Y si este no se deja, abucheen ustedes a Casado, que este no es pianista.

En fin, estimados y estimadas, ustedes en casa, no se me animen que luego el dos de mayo nos llevamos un disgusto y se les quedará pequeño el trajecito de «runner».

Saquen a las criaturas a la calle con ponderación y permanezcan tranquilos. Mi nieto y mis nietas dicen que todo saldrá bien y yo les creo.


Desde mi caverna, día 43: Os haréis ”runner”, pero yo “he visto cosas que no creeríais”

Sánchez rompió ayer su silencio. Salir todos los sábados en la tele es un poco cansino, pero si sale todo el «ministrerío», responsables únicos y vicepresidente tocapelotas, por qué no va a salir el muchacho.

En otros momentos igual era un poco pasada de propaganda, pero un poquito de paciencia que estamos en guerra y en periodo bélico no hay batalla por el relato, donde va a parar, ni necesidad de chupar cámara.

Estuvo dos horas diciendo que sí, que la cosa va, que faltaría más, que somos excelentes y eso… Al final, asediado por medios líderes de opinión (El Diario de El Puerto, Política on line o Crónica Balear, grandes, grandes) no pudo resistirse a confesar: el día 2 os dejará salir a hacer deporte.

Este anuncio, desde el punto de vista de la comunicación pública es chungo. Si tiene que decir que no, quedará fatal. Si dice que sí y las calles se llenan cual maratón, ya me dirán ustedes para que queremos alarma hasta el día 9. Cosas del gobierno que nosotros y nosotras los mortales no entendemos.

Tranquilidad. No; no podréis sacar el velero y navegar, aunque vuestro cachivache sea deporte olímpico. No; tampoco podréis citar a vuestro equipo de fútbol a jugar un partidito (y echar unas cañitas a escondidas, luego). La cosa va de correr, un poquito de taichí y poco más.

No; no cuenta como deporte, hacerse una carrerita de Cibeles a Sol, en fila de a uno, y gritando «viva la clase obrera». Hasta ahí podríamos llegar, obreros tramposos.

En consecuencia, ya se sabe que Amazon ha empezado a vender disfraces de «runner» para todos y todas. Incluso Abascal se está pensando si pedirle al gobierno que reparta gratis los necesarios equipos deportivos. El cronista ni es, ni se hará «runner», ni medias maratones, ni esas cosas pelín horteras. Eso sí, el cronista es de «Blade runner» que no es lo mismo.

Ha filtrado el gobierno, para aclarar las dudas, que además de hacer deporte los mayores también podrán salir a la calle. O sea, que para el día de la independencia patriótica nos vamos a montar un fiestón de narices.

La experiencia de los niños y niñas a pasear ha sido regulín, regulán. Igual, papás y mamás, se nos ha ido la mano. De todos modos, la noticia más sorprendente del día se ha protagonizado en Cataluña, faltaría más, donde una enfurruñada niña de seis años ha declarado: «no me acuerdo de cómo se pedalea».

Queridos papá y mamá de la niña enfadada: no; la niña os estaba tomando el pelo. Dar pedales es como ir a la guerra los lunes, no se olvida. Querido periódico, faro y guía de occidente: no cuela. Los niños no se olvidan de pedalear, lo que se olvidan es de leer periódicos con titulares así.

Hay cierta contradicción en la cosa de la comunicación del gobierno: mientras se abren las puertas, se anuncian desconfinamientos, asimétricos por supuesto, pero desconfinamientos al fin y al cabo, resulta que se les pide a las Comunidades Autónomas que vayan doblando las UCI por si hay rebrote. ¿No es un poco de lío o solo me lo parece a mí?

Ustedes dirán que el cronista es un quejica. Pero debo decirles que en estos días «he visto cosas que no creeríais»: vendedores de mascarillas, más allá de Orión; hacer test en la puerta de Thanhäusser. Ojalá todo se desvaneciera como lágrimas en la lluvia.

Yo, en su lugar, no me haría «runner», ni me pasaría al taichí, eso a la larga pasa factura se lo digo yo. Quédense en casa. Mi nieto y mis nietas, que no alcanzan los seis años, pero han pedaleado, afirman que todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 42: a Trump le persigue la inteligencia…, pero él es más rápido

Sánchez ha roto su silencio un sábado más. Me pregunto si es necesario. Ha dicho que bien, que estamos en ello.

Interrogado por medios extraordinariamente relevantes (nunca El Diario de El Puerto, Política on line o Crónica Balear soñaron con preguntar al presidente, que no se diga que no hay libertad de expresión, por Dios) ha iluminado nuestro presente.

El presidente ha desvelado que el martes nos propondrá una desescalada,  que podremos hacer «running» después del puente de mayo, a cambio de no manifestarnos supongo, que la «filosofía es más compleja» y que, a partir de mañana, no habrá soldados en las ruedas de prensa. Un alivio

Le permitirán al cronista que se ocupe de cosas importantes. Trump propuso ayer ponerse una inyección de desinfectante o pasarse, no sé por dónde, una luz ultravioleta. Dos terapias ignoradas por la sabiduría científica universal, llena de científicos ignorantes.

Por supuesto, el asunto no es ingenuo. Al parecer, un tal Mark Grenon, el directivo de un grupo industrial de Estados Unidos que vende un blanqueador industrial potencialmente letal, escribió al presidente, presentando su desinfectante como una «cura milagrosa» para el coronavirus.

En una carta, Mark Grenon le dijo a Trump que el dióxido de cloro, que puede tener efectos secundarios fatales cuando se bebe, es «una desintoxicación maravillosa que puede matar el 99% de los patógenos en el cuerpo».

Eso sí, este caballero, además de multimillonario amigo es «arzobispo» de una iglesia que se autodenomina Génesis II, escribía a Trump después de que un juez federal dictara una orden judicial contra la iglesia esta, prohibiéndole la venta de productos de dióxido de cloro.

Si un amigo es rico, es más amigo y Trump debía contárselo al mundo, Ya han detectado los servicios de salud las correspondientes intoxicaciones, tras las recomendaciones del padre de la patria norteamericana que, ahora, dice que era un «sarcasmo».

Un «sarcasmo asesino» en todo caso. Cierra el ciclo de un comportamiento irracional e irresponsable que comparte con los negacionistas de medio mundo, pero que en realidad ha tenido, siempre, un objetivo político sectario.

Lesionar a sus competidores y aprovechar la debilidad de la globalización en términos estratégicos. Negacionismo, desprecio a los gobernadores demócratas, bronca con la Organización Mundial de la Salud, bronca con China, desprecio a Europa: esta es la agenda que se cumple rigurosamente.

No importa si eso mata: daños colaterales que no pueden detener a un comandante en jefe.

A Trump, que se declaró a sí mismo «Autoridad Total» (esto de la autoridad única encanta a los líderes) en medio de tanta muerte y destrucción evitables, no le molesta aprovechar la circunstancia para acabar con la constitución real norteamericana y matar, si falta hace, a los «Padres Fundadores».

Hace una semana, lanzó una arenga a la ciudadanía para que se rebelara contra los gobernadores: «¡Liberad Minnesota!», «¡Liberad Michigan!», «¡Liberad Virginia!», tuiteó, mientras militantes, a veces armados, se preparaban para desafiar a las autoridades de estos estados, con gobernadores del partido demócrata.

«Y protege tu maravillosa segunda enmienda. ¡Está asediada!», agregó el burbujeante multimillonario presidente, refiriéndose al derecho de los estadounidenses a llevar armas.

Por cierto, a los que pregonan la existencia de una unidad política y nacional universal contra la pandemia, les convendría pasarse un día por el Washington Post o el New York Times. Luego, ya si eso, por los medios de Inglaterra o Francia.

Los cuentos chinos no justifican ni explican la utilización política que está haciendo Trump de la pandemia. No solo le coloca a Biden, el opositor, el papel de defensor de China, sino que hace crujir las necesarias instituciones multilaterales.

Trump es más un dictador instintivo que un demócrata, al estilo de los modernos populistas. Está más allá de una consideración razonable que su postura, el negacionismo, la prevaricación y la paranoia con el coronavirus, obstaculizó fatalmente la respuesta temprana de los Estados Unidos.

El tiempo, que siempre es oro, ha sido, en esta materia, mortal. Lo sabemos en España, donde algunos estudios valoran ya el retraso, y lo saben dramáticamente en Estados Unidos.

La ausencia y pobreza del liderazgo en esta crisis es uno de los datos políticos de la pandemia. La incapacidad de Trump para mostrar un liderazgo competente y racional en su país y en todo el mundo, no solo está diezmando la reputación mundial de Estados Unidos, sino que afecta a instrumentos relevantes sociales, políticos y económicos de carácter global, empezando por la salud.

Ya les dije aquí que, cuando esto acabe, más que cambiar cabe esperar que todos nos parezcamos a una versión radical de nosotros mismos.

Los autócratas populistas se volverán aún más autoritarios y los autócratas chinos más autócratas – capitalismo de partido único y sin sindicatos, un sueño neoliberal- y tratarán de ocupar el espacio que Trump deje en el mundo, si es que los demás no espabilamos.

Acabaremos pareciéndonos a lo que somos. Trump, por supuesto. Ahora ya sabemos que la inteligencia le persigue…,pero él es más rápido.

Ustedes querrían correr y salir, pero no. Hay que quedarse en casa, si acaso saquen a las criaturas a dar una vuelta, pero ni un kilómetro de más. No pasa nada; mi nieto y mi nieta, que ya están preparando el patinete para mañana, afirman que todo saldrá bien. Y yo les creo


Desde mi caverna, día 41: músico rico, músico pobre

Un hombre triste tras un piano, quizá aquel saxofonista en un oscuro rincón, cuando ustedes se daban a la bohemia. Pudo ser aquella niña que, en la Habana, caminaba para encontrarse con Isolina, su profesora de piano. A lo mejor, simplemente, fue la nana que su madre le cantó y que usted apenas recuerda.

Pudo ser cualquier cosa, pero desde entonces usted sabe que no hay vida sin música. Y que, tras la música, se agolpan enjambres, a veces invisibles, de artistas y poetas.

Y puesto que hoy es viernes, y ya llevan ustedes con el cronista más viernes que con su farmacéutico, sabrán que el jefe de nuestra tertulia radiofónica, Don Juan Ignacio Ocaña, nos tiene mandado que los viernes nada de castigarles con impropios rollos sesudos. Cosa que también reconocen los CEO de la radio que no reducen el salario (¿creen que se darán por aludidos, yo tampoco?).

Pues bien, siendo viernes, hablemos de música. Igual que las obras se retrasan no por el virus, sino porque no están los abuelos dando pertinentes indicaciones, no hay ciudad si no hay música. Si la música no suena, la ciudad suena a miedo.

Si; el cronista lo sabe, un día, ustedes descubrieron a los Stones, bailaron con Elton John o danzaron con McCartney, sin idea de quien era la tal Jude,

Acaso se hicieron los duros con ACDC. No les importó, unas risas acaso, que Dylan fuera Nobel de literatura. Como son unos modernos, bailan con Lady Gaga o con Jennifer López en las madrugadas del confinamiento.

Que sí, que «toghether, together», que majos son los músicos ricos, promocionándose gratis y llenando nuestras noches confinadas. Pero, qué fue del pianista, del saxofonista, de los poetas y poetisas que escriben nanas.

Qué fue de aquellos que animaban, a golpe de tango, su cafetín favorito o de gritos su caverna de pecado, qué fue de las tunas que le importunaban en las terrazas; dónde, por dios, canta el mariachi que sigue siendo el rey.

Apenas tenemos noticias. Ellos y ellas no pueden estar muy «together, toghether» en las televisiones porque, a veces, no tienen redes que soporten canciones; a veces, ni siquiera recursos.

De vez en cuando, salen a los balcones a regalarnos un poco de saxo o una trompeta, pero mañana volverán al encierro sin subvención. Porque ellos no son obreros, no son famosísimos de la muerte, no salen en las teles. Ni siquiera son fijos discontinuos de los de se llevan ahora.

En la crisis del confinamiento, en la economía del distanciamiento social, vamos de música gratis, de museos virtuales gratis, de todo gratis. El cronista puede desmentir que haya que encerrar a los cantantes para que produzcan y no cobren.

En la radio que frecuento el viernes les enseñamos el otro día la cueva de Alberto Comesaña. Hoy, he hemos sabido que aquella niña de la Habana acabó llamándose Lucrecia. Pero «no hay radio pa tanta gente», como hubiera dicho, Celia Cruz.

«Asucar, señoras y señores, asucar», para todos y todas

El confinamiento se ha llenado de arte, de música y de museos, eso dicen, al menos, las televisiones. Alejado de la realidad y los números rigurosos, que los de Tezanos son un poco «fake», el cronista no puede saber si este ataque súbito de sensibilidad artística les viene de serie o es que se apuntan al todo gratis.

Sea, si tiene que ser, que todos cobremos quinientos euros en esta especie de socialismo de pospandemia que viene. Pero si viene, que venga para todo el personal, también para los cómicos y los poetas, para quien canta, para el pianista y, naturalmente, para el cronista.

Mientras esto llega, sin duda «en poco más de una semana», como diría el ministro responsable, Ustedes abran su lista de confinamiento, escuchen música y, cuando corresponda, saquen a las criaturas a dar una vuelta a la manzana. Mi nieto y mis nietas dicen que todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 40: espías o epidemiólogos, vamos a tener que elegir

Como ustedes ya saben, con esto del virus nos pasa como con la prima de riesgo, ya de la familia, la Fórmula 1, el VAR y el derecho procesal: unos expertos y expertas que nos hemos hecho. A ustedes y al cronista con dos tardes, no iba a ser Zapatero el único sagaz, nos vale para entenderlo todo.

A medida que pasan los días, vamos teniendo datos que confirman que somos mucho más listos  que los listos del gobierno.

Mientras el 23 de febrero, el doctor Simón – mira que yo me creía a este hombre a pie juntillas- nos decía que lo del virus no era cosa española, que en China vale, pero aquí no había, resulta que el bichito de las narices llevaba por España un mes, y había venido de quince sitios distintos.

Ya ven ustedes y Smith preocupándose de África, otro listo. Lo afirma quienes pueden afirmarlo: un grupo de epidemiólogos que han descubierto las rutas del malvado virus.

Lo cierto es que la investigación parece un poco traidilla por los pelos, opina el cronista, que idea, lo que se dice idea, no tiene la más mínima, aunque ya que me preguntan, opino. Pero ya me parece raro que no tengamos una ruta italiana. Que se explique Smith, inmediatamente, a ver dónde estuvo para venir a contagiar patriotas, así sin más.

La misma mañana, la de hoy, del sesudo informe de los epidemiólogos, afirma el doctor Simón, que «antes de iniciar el desconfinamiento se debería garantizar que todas las comunidades autónomas tienen capacidad para detectar, aislar y rastrear todos los casos y sus contagios». (Lo ha dicho, palabra).

Perdonen que me ría un poco, mientras recuerdo que el doctor asegura, naturalmente, que «en poco más de una semana» la cosa estará. Es decir, necesitamos espías que rastreen al virus, inmediatamente.

Y no es una ironía. El caso, amigas y amigos, pacientes lectores, es que Mister Trump, haciendo amigos no es nadie, ha sido criticado estos días por sus servicios de inteligencia. Al parecer, el presidente norteamericano ha ignorado durante meses las advertencias sobre la pandemia que le habían hecho los espías.

Los funcionarios de inteligencia de USA advirtieron que un contagio se extendía por Wuhan, representando una amenaza para la población norteamericana a corto plazo. Cabría preguntarse si esto de la comunidad de inteligencia entre aliados funciona y el CNI lo sabía o estábamos buscando yihadistas.

Res ipsa loquitur. Traducible por «la cosa habla por sí misma». Una regla en derecho aplicable a los casos de responsabilidad civil y por la cual se determina la culpa.

Esto es lo que en Estados Unidos gusta mucho y que, en España, si hacemos caso a las fuerzas políticas, se prepara con ganas por mucha gente. Especialmente las huestes de Abascal. Bienvenidos al «lawfare», la guerra jurídica, que nos llenará de nuevos imputados: el que no disfruta es porque no quiere.

Pero, volviendo a lo nuestro, esto de estar en condiciones de «detectar, aislar y rastrear» al personal contagiado tiene su aquel.

Prefiero no preguntar cómo van a detectar si andamos liados y confundidos con un análisis de prevalencia que solo testa a treinta mil personas; cómo vamos a rastrear si no hemos logrado hacer una buena suma y de aislar, es que prefiero ni preguntar.

Total, igual con las pelas que damos a empresas sin licencia y cositas parecidas, podíamos comprarnos algún espía norteamericano que, al parecer, son listos, listos.

Como eso debe ser contrario a derecho, les propongo que, cuando el domingo saquen a sus criaturas a pasear les pongan a rastrear. Mi nieto y mis nietas, como corresponde a avezados héroes y heroínas, rastrean malvados todos los días y afirman que todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 39: no hay rollito de pacto; hay bronca de hoguera

Pues nada, los muertos son tuyos, que hiciste recortes. Pues entonces, yo te llevo a la cárcel. Lo voy a hacer como quiera, lento y gradual. Pues vale, entonces nosotros pasamos de ti y presentamos la Comisión para negociar. Yo la quiero presidir; yo también.

El debate es quien la tiene más grande: me refiero a la lealtad patriótica, naturalmente. Quien maneja el más burdo rumor. Ya sabemos cómo funciona esto. Más crítica que posibilidades de encuentro.

Nada de autocrítica del gobierno para calmar las aguas que, fake a fake oficial y lío a lío gubernativo, bajaban turbias. Nada de aplazamiento de ajuste de cuentas en la derecha.

La falta de cifras y números fiables, la desconcertante gestión, hasta de lo que parece simple, las contrataciones chapuceras abundantes, el calamitoso empeño en las compras centralizadas por quienes llevaban una década sin ir de compras, el abuso de soldados, policías y expertos como escudos no alteran al gobierno, que sigue en la suya.

No hay tregua en la derecha. Lo de VOX, desaparecido en la gestión de grupo más irresponsable de la pandemia era de esperar. Lo del PP es más difícil de encontrarle asiento.

Cierto es que el asunto ese de que todas las oposiciones del mundo mundial son una piña con sus respectivos gobiernos es un cuentito que gusta mucho en La Moncloa, aunque no muy cierto: solo hay que darse un garbeo por la prensa inglesa, francesa o norteamericana, por un poner, y eso sin hablar de otros sitios más calientes.

Por cierto, socios de Sánchez llevan absteniéndose desde el principio y ya han anunciado que no «blanquearán» al presidente (ERC) o ponen verde a Iglesias (PNV) que va a la suya y no negocia con nadie.

Es cierto también que, a medida que los confinamientos se prolongan, el apoyo social a la crítica más furibunda crece.

El PP ha apoyado todos los estados de alarma, pero con escaso entusiasmo. Es como de lealtad un poco baja en calorías, para entendernos. Le salió bien a Casado la triquiñuela parlamentaria, pero presentar la creación de la Comisión negociadora en el Congreso, por su cuenta, parece un exceso algo felón.

La verdad es que a la ciudadanía que las formaciones políticas vayan dos pueblos por delante, olisqueando elecciones, se nos da una higa. Todavía no hemos salido de esta, todavía no sabemos cuánto durará y, sobre todo, no sabemos cómo vamos a pagarlo.

De Europa no llegan malas noticias. Parecen dispuestos a salvar la tienda, poniendo mucho dinero. Otra cosa es no solo cuánto nos toca, que no será poco, sino en qué forma se hace y cómo la gestionamos sin sobresaltos, en un escenario más largo del que preveía el gobierno y más duro.

Para eso es para lo que necesitamos, el gobierno, pero sobre todo, la ciudadanía, un acuerdo de mínimos que dé estabilidad. En Cataluña no han rebajado el nivel de bronca, antes lo contrario, aunque el panorama electoral se ha alargado. Y en Podemos no paran de enredar, dando codazos.

O sea, que dígase lo que se diga, necesitamos al PP. Cosa de la que los populares no deberían abusar que cuando se pone uno el traje de imprescindible se le acaba yendo la mano.

Un Partido Popular que se tendrá que tragar algún sapo, que tiene que poner alguna idea, que no sea el recetario del viejo liberalismo ya en desuso. En la Constitución y en el sentido común caben un montón de cosas que no lesionan el ideario popular.

También el PP podría dejar de mirar a los de VOX, más interesados en mandar a Smith a decir tonterías en los tribunales que en otra cosa.

Es cierto que, en ese escenario, tiene derecho a reclamar al gobierno, al menos, que se responsabilice de las tontadicas que nos viene regalando y a que aumente su grado de transparencia.

No hay rollito de pacto, hay bronca de hoguera. Ya lo decía Vara hace un par de días: sigan así y la clase política española desaparecerá entera. Y es socialista, aunque de los antiguos, antes de que la Ejecutiva se pasara a los pitufos gruñones.

En fin, nuestro trabajo, hasta que lleguen las elecciones, es quedarnos en casa, sacar a las criaturas un ratito a partir del domingo y armarnos de paciencia. Mi nieto y mis nietas dicen que todo saldrá bien y yo les creo.


Desde mi caverna, día 38: cajeros, que lugares tan gratos para jugar

Corre que no camina, por el pasillo del «super» con su hijo o hija subido encima, cual nave espacial, con sus manitas agarradas al carro. Mientras usted pide sus medicinas, el niñerío juega con las estanterías y toca mostradores.

Quizá, su criatura guste de revolver los quioscos, buscando libros de dibujo, o agarrar el pan que usted ha comprado, con esas manitas que han recorrido espacios no desinfectados. 

Qué sueños de padre o de madre tan hermosos.

Es cierto, la epidemiología es como las matemáticas. Le pedimos certezas, pero suele ofrecernos probabilidades. Necesitamos espacios para la chavalería y nos ofrece enrevesados fractales. Pero, de verdad, ¿necesitamos tontadicas?

Vale, lo entiendo, el parque es un lugar lleno de peligros víricos para mi nieto y mis nietas. Especialmente, si hay concentración de chiquillería treinta y ocho días después de confinamiento. Dicho sea de paso, no sé si el peligro será más vírico o de agresividad infantil, tras tanto encierro.

Dicho lo cual, el gobierno confirma que o no tienen criaturas en edad de ser criaturas o no han hablado con quien los tenga. No me cabe duda: la medida ha sido consultada con decenas de comités científicos, que han alcanzado la gloria esta misma mañana a golpe de decreto.

Cabe imaginar que los expertos han asegurado que la chiquillería debe salir un ratito de casa, romper su rutina y, ya que no pueden socializar, dar un paseíto. Digo imaginar porque con los expertos asesores nunca se sabe.

Gracias, señor presidente, gracias señores y señoras de los múltiples comités. Un recorrido por supermercados, bancos, quioscos, farmacias o panaderías son lo que todo padre o madre imagina para llevar a sus hijos de paseo. Cajeros, que lugares tan gratos para jugar.

Vamos a ver: ¿no eran éstos sitios de riesgo, en los que debían mantenerse distancias de seguridad, acudir con mascarillas o no tocar las superficies con las manos?

¿No parece que estos inocentes y pequeños cócteles de virus deberían alejarse, precisamente de estos espacios?

El final progresivo del desconfinamiento requiere rigor, sin duda; a lo mejor asimetrías y, probablemente, distintos ritmos, según población afectada. Parece que los datos epidemiológicos así lo aconsejan, pero no parece que sumar a los niños y niñas a las funciones autorizadas a padres y madres sea una estrategia muy meditada.

Búsquense espacios abiertos, incluso aquellas aceras hoy vacías, que llenaba la infancia de antaño; permítase la vuelta a la manzana, llámese a la responsabilidad de los padres y madres, que la han mostrado tan sobrada como educación los pequeñuelos; prohíbase la socialización infantil.

Pero por qué sumar tontunas a las dificultades ya abundantes. Por qué, presidente, hasta una buena decisión tiene que ser liada por enredos.

Seguro que, una vez más, el decreto correspondiente será modificado para buscarle a las criaturas algún espacio abierto. Pero este es un ejemplo más de decisión no meditada. Son más seguros, para las criaturas, para los demás, los espacios abiertos, las aceras, los patios de las casas donde los hubiere que lugares cerrados.

Mientras las estaciones de tren se llenan de marcas en los suelos para indicar distancias de seguridad, el gobierno pone a los niños en un cajero. Dejémoslo en paradoja brillante.

No se me preocupen, estimados y estimadas, «en poco más de una semana» lo arreglarán. Mientras tanto, ustedes hagan lo que tienen que hacer: quedarse en casa. Mi nieto y mis nietas, que no aman comprar el pan precisamente, aseguran que todo saldrá bien. Y yo les cre


Desde mi caverna, día 37: más que una reconstrucción, va a tener que ser un renacimiento

Hemos pasado de pacto a mesa, de La Moncloa a la reconstrucción. Un desinfle total. Parece que el relato aconseja no pretender lo que no sabe si se logrará y, también, salir de la ensoñación para caer en la realidad.

Como ya les he dicho alguna vez, el cronista no es semiólogo, pero, en estos tiempos que corren, el análisis de las expresiones es más útil que revisar las ruedas de prensa en solitario o en modo cuatro tenores que el gobierno nos dedica.

Entenderán ustedes que reconstruir significa que algo ha sido destruido. Forma parte del apasionante lenguaje bélico, remite a planes Marshall y ayuda exterior, a sacrificios compartidos y a unidad nacional. Pero representa, también, la historia de un fracaso.

Recordarán ustedes que aquí ya se dijo que eso de hibernación para definir el coma inducido a la economía, el «gran cierre» lo ha llamado en el Fondo Monetario Gita Gopinath, era bastante impreciso.

La cosa es que, treinta y siete días después, todo apunta a que no habrá recuperación en V; es decir, rápida y que nuestro tejido económico no se recuperara a final de año, como nos dijo la ministra del asunto.

De hecho, teletrabajo, financiación de empresas, ERTE, deberán ser revisados por el gobierno, porque lo que fue una emergencia, ahora no alcanza. La mesa de reconstrucción deberá ponerse las pilas, aunque correrá menos de lo que querría el gobierno.

Será ahora una Comisión del Congreso de los Diputados, lo que quiere decir, que era la intención de Casado, tres cosas: que habrá más control de la oposición, que habrá reglas y que, no sé si han caído en la cuenta, será más difícil que VOX no vaya y toque las narices desde fuera o que Podemos diga aquello de que le doy permiso a los socialistas para que hablen con el PP.

La situación no es muy optimista y, francamente, es dudoso que España tenga capacidad para abordar el problema en solitario. EL FMI y el Banco de España coinciden, Gita Gopinath y Oscar Arce ofrecen cifras terribles de caída del PIB.

Según humilde opinión del cronista, no merece la pena quedarse con las cifras. Dentro de tres meses habrán caducado. Los modelos predictivos, por finos que sean, no son necesariamente fiables: en estas condiciones, no existen métodos de comparación posibles. De hecho, el Banco de España ofrece una horquilla de siete puntos en sus escenarios

Esto no quiere decir que no sean creíbles y, sobre todo, que no debamos considerar lo que dicen de la realidad. En tres cosas coinciden ambos análisis: los ERTE no soportarán el «desconfinamiento», el déficit público es insostenible por un solo país y la crisis no será de un semestre. Lo que deja al gobierno sin estrategia, como era previsible.

Lo de las prisas de unos o las menos de otros por los acuerdos, tanto de contenidos como de tiempos, nos hablan de estrategias. Las prisas tienen el mismo origen que la tensión en el gobierno. Tienen que ver con la forma de lograr la mitad de los recursos que, a medio plazo, le faltan al gobierno, porque la otra mitad ya la pone la Comisión Europea y el Banco Central Europeo.

Calviño. Montero, Ábalos y Escrivá prefieren que no se corra con el endeudamiento y esperar a que Europa ponga la otra parte que falta. Los ministros del área Iglesias, que en realidad cuenta con Sánchez, quieren rápidos compromisos de deuda y déficit, para presionar a la Unión Europea, en el intento de la deuda perpetua que se le ha propuesto a la Unión.

Es decir, una deuda que solo paga intereses y que nunca se devuelve, y que no sería deuda española sino común. Una forma de soslayar a los «coronabonos» y de no pagar. Dos tacitas para los holandeses.

Por eso, en la rueda de prensa del domingo Ábalos señalaba que el primer punto a debatir en la llamada mesa de reconstrucción era la posición europea. Cosa en la que PP y PSOE podrían acercarse; a Iglesias y a VOX le da lo mismo estar o no estar. Y si para «el todo gratis» hay que salirse, pues nos vamos.

El Gobierno ya sabe, por boca de De Guindos que las compras de deuda pública española por el BCE alcanzarán los 120.000 millones, a los que habrá que sumar otros 35.000 más, por los vencimientos que se renovarán de manera automática. También hay que sumar el Sistema de Estabilidad, el llamado MEDE, el sistema de desempleo y créditos de Banco de Inversiones.

O sea, que ayuda hay. Cubre lo que ya se ha comprometido y podría alargarse el plazo de necesidades. A corto y medio plazo, España puede tener dinero sin pagar intereses, o casi ninguno, y sin condiciones, eso sí, hay que devolverlo. 

Sánchez quiere que la mitad que falta sea una simple transferencia sin retorno.

Porque falta tanto como lo que ya nos han ofrecido. La economía no estaba hibernada; estaba en coma inducido – los eufemismos han quedado desvelados-, las empresas no aguantarán los seis meses de ERTE y gran parte pasarán a ser desempleo, tarde o temprano.

Una situación que disparará, se teme Escrivá, una renta mínima – pensada para la pobreza- que amenaza en convertirse en básica. Es decir, diseñada para unos pocos, podría ser universal.

Esto, más que una reconstrucción va a tener que ser un renacimiento. Señoras y Señores míos, a ustedes y al cronista nos toca cumplir nuestra obligación que es hacer lo que hay que hacer para salvar vidas: quedarnos en casa. Parece que las cosas mejoran, pero falta un ratito.

Hoy, solo es 20 de Abril y mi nieto y mis nietas siguen diciendo que todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 36: el día del «lapsus calami»; o sea, de pluma

Del mismo productor que «en la guerra todos los días son lunes», llega ahora «gracias a Dios, devolvimos las naranjas a su dueño». ¿De verdad necesitamos soldados dando ruedas de prensa?

El General impulsor de la benemérita audacia añadió, de paso, que otra de sus funciones es «minimizar las críticas a la gestión de crisis de gobierno». Cosa que, en democracia, dicha por un militar, viene a ser sospechosa, sospechosa.

Los ministros y ministra responsables no sabían muy bien donde meterse, pero ahí estaba Marlaska, ministro de la policía, para despachar como «lapsus» la cosa.

Un «lapsus calami» (calami, en latín, es pluma – la de escribir-) ya que estaba escrito. Es decir, que alguien lo había redactado, alguien lo había revisado y alguien lo había leído. Un acierto del Ministerio de la Verdad de la Moncloa.

Ante la firmeza del General Santiago, autor del calami calamitoso, la Guardia Civil se ha sentido en la obligación de emitir un comunicado que dice, el cronista se lo promete, que la Benemérita es garantía, faltaría más, de la libertad de expresión.

¿De verdad necesitamos soldados dando ruedas de prensa, sociólogos haciendo preguntas capciosas para que el personal, con cierta razón, se cabree? No; no nos mintamos a nosotros y nosotras mismos: no es solo a Vox a quien molesta el asunto (todo aprovecha para el conventillo, claro).

La ministra Robles, con cara de notable cabreo, ha dado un mitin sobre la libertad de expresión. Quizá porque hoy mismo algunos de sus colegas constitucionalistas y penalistas han explicado que se está produciendo una interpretación excesiva de la «Ley Mordaza» (vaya por Dios, esa que nos queríamos cargar).

¿También estos son de extrema derecha? ¿Lo son los periodistas que alertan sobre la infame pregunta 6 de Tezanos? ¿Los que no obtienen respuesta sobre la desaparición de datos en los portales de transparencia?¿ Lo somos todos los que dudamos?

¿Sinceramente, creen ustedes que para el relato es necesario tanto desatino? Porque este es el problema: la ausencia de transparencia, las tontadicas con costes democráticos o de salud, los plazos incumplidos, tienen que ver con la obsesión por el relato

Déjenme decirles, mientras la benemérita busca fascistas hacedores de bulos, fíjese usted que cosa, que el debate entre emergencia y libertades no es de hoy y no está resuelto, pero algo habíamos avanzado.

La frontera que separa la batalla por el relato de la injuria democrática es, señores y señoras míos, muy fina.

¿De verdad necesitamos, en domingo, una rueda de prensa de tres ministros y una ministra? Los cuatro tenores responsables nos han dado mitin tras mitin para decirnos, básicamente: toda va bien; tenemos una pasta que no es nuestra, sino de las Comunidades Autónomas, que ya mismo se lo mandamos.

También, dicen, hemos hecho un estudio de movilidad que indica, mire usted, que hay más gente en casa que antes de la alarma y, por supuesto, «en poco más de una semana» tendremos respuesta a lo que usted pregunta.

Lo de la transparencia y eso es para otro día o se lo preguntan al General Santiago, cuando vuelva de devolver los limones a un pobre agricultor robado, eso sí.

Estas ruedas de prensa tienen alguna gracia, hay que reconocerlo. ¿Por ejemplo, sabían ustedes que hay un periódico que se llama «La voz de Italia»? Los italianos e italianas tampoco. Es que es un periódico venezolano que le ha hecho al ministro Ábalos la pregunta adecuada.

Ustedes no cometan lapsus de ninguna clase. Quédense en casa en posición asimétrica, compuesta, asintomática o de ladrón de naranjas, vayan aprendiendo palabras de moda, pero quédense en casa. Sostienen mi nieto y mi nieta que todo saldrá bien y yo les creo


Desde mi caverna, día 35. Semana crucial: ¿Aguantará usted sin cortarse el pelo?

Se lo avisó Nabokov a los sindicatos, el hombre era muy suyo: el mundo se hizo en día feriado. O sea, que no se pusieran medallas, que no curraba nadie: como en los sábados y los tiempos de pandemia. Así que no va el cronista a llevarle la contraria a tan insigne literato y ponerse transcendente.

Más que nada, por no enfadarse uno en fin de semana. Francamente, ya no sé si hablar de negligencia o simple incompetencia. Si digo lo primero se cabrearán quienes comparten conmigo lo de decirse de izquierdas; si digo lo segundo, me llamarán tibio las derechas. Un lío.

Improvisación e impericia, al menos, hará consenso, aunque la ignorancia y desconocimiento de lo que ocurría no debería aducirse, a la luz de los muchos datos que empiezan a conocerse y que en crónica de sábado es mejor ignorar. Aunque el presidente mantiene unas cifras, increíbles e inconsistentes, para definir el día de intervención.

Sánchez, por cierto, ha roto su silencio, un sábado más. Pues eso. Seguimos encerrados.

Dicen que esta que viene es semana de consensos. Iglesias que ya ha humillado a la mitad del gobierno, le ha dado permiso a Sánchez para reunirse con las derechas.

Parece el momento de encontrarle a la emergencia actual un panorama menos cortoplacista y empobrecedor, menos dominado por la batalla del relato y afrontar con algún acuerdo básico, tampoco hace falta un matrimonio, para acordar un proceso de salida de este follón, no un aplauso o una venganza.

Pero, francamente, en mi opinión de cronista, esta de la negociación no es la cuestión que hace de esta una semana crucial en nuestro encierro. Nos estamos despistando.

Pueden ustedes creer que el tema es la rebaja del acuartelamiento. Los diferentes nuevos grupos de presión tratan de definir una reducción del confinamiento a la carta.

Papás y mamás de criaturas quieren libertad para ellas, los de adolescentes ya han buscado a los oportunos sicólogos que aducen que son estos, y no otros, los que deben ocupar las calles. El día 27 de Abril parece que afortunados, con menos de doce años, podrán pasear.

Los mayores de sesenta y cinco se aprestan, en rebelión de canas a la francesa, a no ser discriminados en la ruptura del distanciamiento social. Roures y Tebas, que viven de la industria del fútbol, quieren futbol ya mismo, que los jugadores son carne y , además, se va a poner barata.

En fin. En las fases que la siempre oportuna ministra de Trabajo ha anunciado, nadie quiere quedarse para la última.

Pero tampoco es esta la cuestión, Señoras y señores míos, hagan un ejercicio de sinceridad, mírense en el espejo y pregúntense: ¿Me puedo ir a Dinamarca?

Los daneses se encerraron más o menos como nosotros y han empezado a relajar el confinamiento, dados unos buenos, relativamente, resultados. Ustedes dirán que lo importante es que la mitad de las escuelas han vuelto a funcionar. En absoluto: lo importante, señores y señoras míos, es que permitirán abrir las peluquerías. Sí; las peluquerías.

No; ni ustedes ni el cronista tendremos tanta suerte. Las nuestras seguirán cerradas, en una quincena más de encierro, por lo menos. Así que este es el tema crucial de esta semana: ¿Aguantará usted sin cortarse el pelo?

Cada vez que usted se mira en el espejo tiene dos tentaciones: provocar su calvicie, adelantarla en muchos casos, o tomar la tijera y ponerse al asunto. Solo la aconsejable prudencia, en tiempos que creíamos normales, nos retiene. Solo la confianza en que alguien se ocupe de lo importante. el cuerpo de peluqueros del ejército siempre en primera línea, por un poner, nos detiene.

No nos engañemos. Mas pronto que tarde, su temblorosa mano se lanzará a por la tijera y dará cuenta de su indómito flequillo. Que le sea leve.

Mucho decreto, mucho consenso, mucha calle vacía, mucha parola, pero Usted tiene que quedarse en casa, como debe ser, y su pelo no responde a la llamada del deber. Así no se puede ir a la guerra ! Cómo le pille el soldado de azul de las ruedas de prensa (le llaman JEMAD, creo), se van a enterar !

Sea valiente, hombre o mujer del dios en el que ustedes crean, resista. Mi nieto y mi nieta dicen que todo saldrá bien y yo les creo.


Desde mi caverna, día 34. “La consistencia temporal”: lo mucho que usted vale

Hubo un gato. Nos lo dijo Luis Sepúlveda ayer desaparecido, uno más en ese avión que se estrella cada día con medio millar de personas a bordo, aunque en realidad nunca sabremos el número.  Así somos cuando no queremos contar bien, no hay test y sobra incompetencia.

En fin, hubo, pues, dijo Luis, un gato que enseñó a volar a una gaviota.

No insistiré en lo que ya es evidente impericia, en el mejor de los casos. Hoy, es viernes, y empieza el fin de semana, momento en que según Don Juan Ignacio Ocaña hacemos crónicas de otro tipo, o sea, que no me meta con el gobierno.

Y eso que no nos ha llegado nada de los quince millones que el gobierno reparte para defensa de la libertad de expresión y la pluralidad. Eso sí, los nunca suficientemente ponderados CEO de la radio nos siguen pagando el fascal habitual (por intentarlo, que no sea).

Lo que importa hoy es que el gato y la gaviota, ahora confinados, no olviden, uno que sabía enseñar y la otra que sabía volar. Digan lo que digan, saldremos de esta, sabremos más y debemos mantener y recordar nuestras capacidades.

Señores míos, ustedes han descubierto que pueden hacer una tortilla de patatas con tanta eficacia como las señoras; saben lavar a los niños e, incluso, que tiene mérito, saben ir al «super» sin plano. Eso no será olvidado, se lo digo yo.

No canten victoria, estimadas señoras. Ahora sabemos que ustedes gustan de tomarse una cervecita, viendo como el Madrid le gana al Atleti en el minuto 93; sabemos que pueden aguantar una serie de esas de policías nórdicos internamente torturados e, incluso, saben hacer las fichas de física del chavalerio. Eso no será olvidado, se lo digo yo.

En fin, queríamos ser iguales y lo vamos siendo. Fíjense, hombres, mujeres, somos como los viejos ordenadores: capacidad poca, pero memoria mucha.

Pero tan importante es adquirir nuevas costumbres como mantener las viejas habilidades.

Ahora hemos descubierto que hay gente que sabe hacer respiradores con los motores de un limpiacristales. Que hay decenas de ingenieros que saben hacer test, Incluso, pásmense, hay señores y señoras que saben manejar una máquina de coser, como si fuera su abuela, para hacer trajes o mascarillas. Ustedes son extraordinarios.

Eso sí, no nos pongamos soberbios. Para que los supermercados, a los que ustedes ya acuden como si fueran clubs nocturnos, estén llenos necesitamos inmigrantes trabajando en los campos. Smith estas un poco «jodidillo».

A esto en economía se llama la «consistencia temporal.» La necesidad de mantener en el tiempo nuestras capacidades, seguir poniéndolas en valor. Evitar que el tiempo perdido, en confinamiento o crisis, las haga inútiles.

Cuarenta mil bares han sido cerrados. El cocinero que hacía sus caracoles favoritos ha sido despedido. En consecuencia, el proveedor de caracoles ha abandonado su negocio

Peor aún, el tabernero sabio de su bar favorito, ese que sabía que usted no es de Kant, sino de Hegel, porque su tabernero, que sí sabe estas cosas y no su señora o señor de usted, ha desaparecido.

El riesgo que tenemos es que, cuando volvamos a ese bar, no habrá caracoles, ni cocinero, ni sabiduría de tabernero, música o esos libros que nadie lee en una vieja estantería y nos iremos a otro sitio.

Pues sepan que igual que el bar funciona lo demás. Es lo que se llama cadena de valor, por si ustedes no habían pillado el asunto y creían que la expresión se refería al collar de su señora abuela.

Eso de mantener el conocimiento, aunque haya una crisis, es la «consistencia temporal» que necesitamos. Les puede parecer una tontería, pero a un tipo de origen nórdico, Finn Kydland, como Greta, pero en plan simpático, le dieron un Nobel por descubrirlo.

Cuando acabe abril, mayo o cuando sea, no olviden sus habilidades, exijan ponerlas en valor, no se abandonen a la renta mínima, a la que seguro que tienen derecho.

Pessoa, ya se lo dije aquí, llegó a imaginar, probablemente, lo que nos iba a pasar. En un poema que se titulaba «Grande constipaçao», el poeta portugués concluía: «Perdone señor/ Que gran constipado físico/ Necesito verdad y aspirinas».

Pues eso, mientras nos llegan ambas cosas de las que parece que andamos escasos, vayan a ese rincón donde reflexionan y grítenle al mundo que volverán. Mi nieto y mis nietas dicen que todo saldrá bien y yo les creo.


Desde mi caverna, día 33: menos mal, el ministro lee la prensa

Para que no haya equívocos desde el principio: el cronista defiende el ingreso mínimo vital, la renta mínima o como quieran llamarla. De hecho, la defiende todo el mundo, incluida una parte de la derecha, hasta el malvado De Guindos, por un poner. No es que se haya hecho de Podemos, es que diseminar renta es la receta del momento, ya curados de austeridad letal de otras épocas.

Lo que empieza diciendo el cronista, es lo que ya dijo aquí hace días: ¿Camaradas, ya que desafináis, podríais al menos tocar la misma canción?

Luego me dirán ustedes que cuando digo que hay días que no sé si soy de los nuestros, me paso. Pero resulta que ayer, cuando el ministro de la Seguridad Social se había ido a descansar, Sánchez e Iglesias, que son como los malvados y la policía nunca duermen, anunciaron que hoy, sin ir más lejos, se haría público el ingreso mínimo vital.

La ministra portavoz había dicho que en mayo y el ministro responsable que sí, pero que lo estaba estudiando. La cosa es que Iglesias necesitaba que se supiera que él, el machote, le había torcido el brazo al ala neoliberal del gobierno y, sobre todo, que llevaba una semana sin salir en las ruedas de prensa.

Así que el ministro se ha levantado, ha leído la prensa, y se ha enterado. Menos mal, el ministro lee la prensa, si no llega al ministerio y hace el ridículo. Ves, camarada Tezanos, hay que tener cuidado con la libertad de prensa. Hasta los tuyos leen periódicos.

A la hora que les escribo, parece que el ministro Escrivá se ha hecho un «casado». Es decir, que sí, que hará, faltaría más, la rueda de prensa, pero que el día que Iglesias dice porl tuit que no le vine bien. 

El ministro no es nuevo en el asunto. Cuando era responsable de la la Autoridad Fiscal Independiente, enmendó la iniciativa popular propuesta por los sindicatos sobre el tema (2017), proponiendo un modelo que no viene a ser el mismo que defiende Iglesias, aunque en realidad no sabemos que defiende Iglesias.

Los sindicatos proponían un gasto de 5.500 millones de euros. La AiREF los 3.500 millones euros. Ahora, se habla de cantidades mucho mayores que podrían llegar al 15% del PIB, lo que parece algo que asusta al ministro, pendiente de que no haya presiones sobre los fondos de la seguridad social.

España tiene un importante problema de personas en riesgo de pobreza, y lo que es más preocupante, si cabe, tiene una de las tasas de pobreza infantil más altas de los países industrializados. Dos cuestiones muy relacionadas. EL coma inducido a la economía ha extendido un riesgo que en los últimos años habíamos logrado disminuir.

Las medidas económicas se están definiendo en modo laboratorio y prácticamente extienden la renta mínima a una gran parte de la población activa despedida. Pero tienen dos problemas que los están haciendo difícilmente operativos: por un lado, requiere tanta burocracia que no todo el mundo llega a ellas y, por otro, se dejan fuera a grupos similares a los beneficiados, que no cumplen la casuística y requieren innumerables ordenes interpretativas.

En otros casos, los gestores pasan del asunto: por ejemplo, un banquero puede no darle un crédito ICO a un autónomo, pero concederle un crédito personal al 15%. EL ministro de consumo no lo pilla, está en otras. 

Se suponía que el ministro trataba de arreglar estos problemas. Demasiada finura para Sánchez e Iglesias. Es probable que Iglesias se quede con una renta mínima rápida y le deje a Sánchez pactar alguna cosilla de derechas con el PP, de esas que cabrean a Rufián. Es lo que tiene la cosa que el ministro no entiende: hay que leer más la letra pequeña de la prensa ministro, hay que leer más.

Lo decía Lee Konitz al que hoy, junto a Luis Sepúlveda hemos perdido: siempre recordaremos este abril. Ustedes también deberían leer la prensa, porque lo suyo es quedarse en casa, pero enterarse de las tonterías de los próceres. Mi nieto y mis nietas, que no son ministros, dicen que , a pesar de ellos, las cosas saldrán bien y yo les creo.


Desde mi caverna, día 32: ¿Qué da mas miedo la pregunta de Tezanos o el susurro de Gita?

Hay días que son de susto. Y, a veces, el susto no viene del Consejo de Ministros o del Congreso. De ahí, esta semana, solo ha venido ruido. Sin embargo, no faltan candidaturas a ocupar el espacio, para que engañarse.

Ayer le tocó a Gita. Perdonen la confianza, pero ahora que ya nos tuteamos todos – empezando ministros y ministras a periodistas- reconoceré que la economista jefa del FMI me cae bien.

Probablemente, el hecho de que sea mujer e india hace que casi no se le note que es de la cuadra pretenciosa de Harvard; quiero decir que incluso cuando escribe no parece que sepa cosas que los demás ignoramos, ni se propone para premio Nobel. Cosa que es de agradecer

Gita Gopinath ha titulado el informe de primavera del FMI «El gran cierre», aprendan a poner un nombre bonito a los desastres, al coma inducido a la economía mundial. Esta es una de las predicciones tipo yogur, con caducidad, y que pronto será actualizada, a peor o mejor, dependiendo del tiempo de confinamiento.

En lo que se refiere a España, se suma a caídas de PIB próximas al 8%. Con cifras de déficit y desempleo que ya se han apuntado en algunos ámbitos, por ejemplo aquí..

El disgusto que el informe nos da al personal y que le da al gobierno es que la suspensión de empleo podría no funcionar. Anuncia cinco millones de parados y, en la práctica, ya son 4,9 millones las personas que no están en el mercado.

Lo suman los afectados por los ERTE (3,14 millones), los cotizantes perdidos en marzo (833.979) y los autónomos que han pedido la prestación extraordinaria por cese de actividad al verse obligados a cerrar sus negocios.

En España hay 3,25 millones de autónomos, 941.000 han pedido el cese de actividad, que representan casi el 29% del total: es decir, que se va aproximando a afectar a uno de cada tres.

Es evidente que se trata de una situación de emergencia que exigiría una visión compartida de la salida económica a la crisis que, con esos niveles de desempleo, no será una recuperación tan rápida como el semestre de apuro que anunció la ministra de Economía. El FMI nos da, al menos, dos años. O sea, que un buen susto.

¡Haber elegido muerte!, dice el chiste. Para eso tenemos a Tezanos. Hoy tocaba barómetro, así que tienen ustedes unas cifras de estimación de voto con las que jugar, ¡Cómo si estuviéramos pensando en elecciones!, y todas esas cosas de los barómetros, incluida una pequeña nota que dice que la mitad de la ciudadanía no se fía de la información del gobierno.

Pero, si de verdad quieren asustarse lean la pregunta 6. ¿Cree Usted que en estos momentos habría que prohibir la información de bulos e informaciones engañosas y poco fundadas fundamentadas por las redes y los medios de comunicación social, remitiendo toda la información sobre la pandemia a fuentes oficiales, o cree que mantener libertad total para la difusión de noticias e informaciones?

¿Es un globo sonda, estamos preparando no solo la geolocalización sino un pasito más, le ha pedido alguien a Tezanos que se preocupe por reducir la libertad de expresión, a cuenta del virus?

Esa pregunta la hace Orban en Hungría o Abascal en Madrid y nos ponemos de los nervios. La hace Tezanos y suena divertido. Tan divertido que, pensar que toda la información debe venir de fuentes oficiales, convence al 76% de los votantes socialistas y al 73% de Podemos. Lo que hay.

La cosa es que antes éramos los primeros de los progresistas exigiendo enormes garantías de privacidad a las plataformas digitales y ahora no falta quien se plantea la vigilancia ciudadana mediante la tecnología y el control de fuentes de información.

O sea, que uno no sabe que da mas miedo si la pregunta de Tezanos o el susurro de Gita.

Quizá una solución sea que ustedes se queden en casa, pero permanezcan informados en plurales fuentes. Que vean la televisión justa y no solo su cadena militante, escuchen radio, y hasta compren algún periódico. Verán como aprenden enseguida a distinguir un bulo o una desinformación.

Pero, con información oficial o sin ella, ustedes permanezcan en casa. Mi nieto y mis nietas dicen que todo saldrá bien, y yo les creo.


Desde mi caverna, día 31: pactos para después de una guerra

Puesto que estamos en «guerra», habrá «posguerra» (el lenguaje bélico como saben no es de este blog, sino de La Moncloa y Sánchez). Una de las consecuencias de este lenguaje ya fue advertida aquí: convocar a la guerra es evadir responsabilidades y llamar a la unidad nacional.

Pues en esa estamos. El gestor de los relatos de La Moncloa ha decidido que, habiendo tenido muchas guerras, pero ninguna posguerra pacífica, lo mejor era recurrir a los Pactos de la Moncloa. O sea, que la transición ya no es traición y todas esas tontunas que se decían.

Hay que recordar algunas cosas que convierten en mala la metáfora de los Pactos de la Moncloa. Se trataba de una España sin Constitución ni reglas, con una crisis galopante, en medio de dos choques petrolíferos, una crisis de la industria y el textil, entonces básicos, que se los llevó por delante, inflación de dos cifras y un panorama desolador.

Créanme, ni de la renta, ni IVA, ni nada de eso. No había impuestos que cobrar. Es decir, paro desbordado, imposible gasto público, sin Europa de por medio y con una inestabilidad política propia de las transiciones.

Era un país donde no había instituciones con legitimidad democrática – excepto el gobierno recién elegido, pero sin ley básica-, sin Ayuntamientos democráticos y con fuertes resistencias golpistas. La pacificación económica era necesaria para resolver un pequeño detalle: hacer una Constitución.

En suma, aquellos pactos no respondían a una emergencia económica, sino democrática En fin, un momento donde el disenso político tenía peligrosos costes.

«Poco ruido y mucho duende», así se hicieron los Pactos de la Moncloa, o sea lo contrario de estos pactos para la reconstrucción de «posguerra» que se proponen ahora, donde se convoca por rueda de prensa, hay quien discute si va o no, otros han decidido no ir, y todo el mundo sospecha que es una trampa.

Tres cosas hicieron posible ese tipo de pacto: un diagnóstico compartido sobre la situación, cierto consenso económico que representaba Enrique Fuentes Quintana y la voluntad del Partido Comunista de que aquello tenía que salir.

No fue sin costes. Los pactos de la Moncloa hicieron posible la Constitución, pero antes del estruendo de los ochenta, la movida y el cambio, el consenso político dio lugar a cierto desánimo social. En «Poco ruido y mucho duende», un disco que cambió el «jondo», Manzanita le pone música a una figura típica del periodo 78 – 82: «El pasotas».

El cronista duda, francamente, de que esas condiciones sean las de ahora. Hay consenso relevante en torno a lo que hacer económicamente en la pandemia (liquidez, diseminación de renta y crédito) – gasto público y deuda-, pero no tanto sobre la reconstrucción y como financiar los gastos asumidos, sin poner en riesgo pensiones, sector público y posibilidades de crédito.

Tanto desde Vox como desde Podemos, distintas radicalidades, consecuencias similares, se lanzan modelos económicos incompatibles con uno de los polos esenciales de la reconstrucción: el europeo, que guste o no guste, echará una mano.

Parecerá insuficiente, pero las decisiones del último Consejo, sin «coronabonos», vaya por dios, resuelven los problemas de España en el corto plazo y medio plazo: 2% de PIB para Sanidad, SURE para pagar los ERTE, créditos. Las compras de activos del Banco Central salvarán a algunos «ángeles caídos», como la vieja Iberia, Cepsa, Repsol y una quincena de grandes sociedades al borde del bono basura.

En definitiva, la necesidad de pactos parece más bien política, salvo que se quiera aprovechar para cambios de calado de naturaleza constitucional, cosa que no parece sea para estos días

Es cierto, probablemente, que la legislatura política debe darse por perdida. No hay otro proyecto que «reconstruir», tras el coma inducido a nuestra economía. Todo lo demás será cancelado. En consecuencia, tampoco caben crisis de gobierno, salvo sumar irresponsabilidad a las ineficacias ya conocidas.

En ese sentido, es evidente que el Gobierno, que ya no puede jugar a prorrogar presupuestos y que deberá sostener una negociación básica permanente con la Unión Europea, debe blindarse y definir un sendero económico no sometido a sobresaltos ni giros.

Es creciente en la Moncloa la sospecha de que algunos aliados (PNV o independentismo catalán) pueden empezar a racanear apoyos y que, en algún momento, deberá frenar algunas iniciativas de Podemos. Esta misma mañana, el ministro de la Seguridad Social parece haber parado alguna de ellas, como hace un mes fue Calviño

Ahora, mientras estamos confinados y el control parlamentario es inexistente, en Moncloa pueden solos, pero ese paraíso se acaba y volverá la democracia completita. Y entonces se necesitará más estabilidad.

Y ustedes y el cronista lo verán. Estos días, mientras nos quedamos en casa, asistiremos a la correspondiente ración de fuegos de artificio y ruido. Ustedes a lo suyo, que es cuidarse. Mi nieto y mi nieta afirman que toda saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 30: el sospechoso del camarote

Afirmaba esta mañana uno de los faros y guía del pensamiento occidental que las derechas españolas «concentran sus ataques en Iglesias para forzar su salida del Gobierno».

La información no dice quién, cómo y cuando ha pedido tal cosa, quiero decir, que no hubieran solicitado desde el primer día. No; a la derecha no le gusta Podemos. Notición. A la mitad de la izquierda, tampoco.

Siendo el faro que cito próximo a La Moncloa, debe interpretarse el titular. El contenido de la noticia, por cierto, va de otra cosa. Lo que sí parece cierto es que donde se expresan molestias con los coaligados es en el propio gobierno

Las medidas económicas permanentemente contestadas, la reapertura de las actividades no esenciales criticadas, las medidas compulsivas anunciadas, los tuits de directores y directoras generales criticando decisiones del gobierno y cosas parecidas de las que Podemos no se recata, vienen a molestar un tanto, más que a Sánchez a sus ministros, todo hay que decirlo.
A la Moncloa, al menos al que organiza el relato en la trastienda, no le importa un vicepresidente segundo contestado y debilitado, al menos mientras la primera no retorne el cargo, si su salud se lo permite.
Es impensable, hasta la derecha imbécil lo sabe, una crisis de gobierno en plena pandemia. No estamos para bromas. Así que una crítica más o menos severa, en el caso de Iglesias probablemente muy severa, no es otra cosa que ponerle condiciones al gobierno para unos hipotéticos pactos de «posguerra» (la expresión es de Sánchez, no mía)

Cosa en la que a una parte de los socialistas no rechinaría y no les importa sumarse a la derecha, aunque no está el presidente para bromas, estando a punto de perder por el camino al PNV y pareciendo que los independentistas, incluido Esquerra, están en otra cosa.Los ministros de Podemos, con el argumento ampliamente compartido en la sociedad y en la izquierda española, de que la crisis – la sanitaria y la económica- no deben pagarla los débiles, están ofreciendo las versiones más radicales de sí mismos, no siempre con tino.

El primer paquete de medidas, ampliamente contestado en un interminable Consejo de Ministros, fue continuado por una serie larga de cesiones a Iglesias que han preocupado, además de a la Señora Calviño – finalmente aliviada por la Unión Europea-, a algunos ministros y ministras.Es evidente que la política económica del vicepresidente segundo es poner el helicóptero monetario, abriendo una cuenta mensual de mileurista a todo español o española que se ponga por medio. Cosa que, por cierto, es de dudosa cabida en la Unión Europea.

El despido quedará para los más jóvenes, mientras se subsidian los contratos indefinidos, temporalmente suspendidos, incluidos los jugadores del Barcelona o el Atlético de Madrid por un poner. Hay que esperar que las grandes compañías paguen la fiesta y sobra la CEOE y las patronales. A ver quién es ahora más amiguete del IBEX35.El problema es, también, político. Iglesias, con cierta incontinencia por pintarla, el recorrido de ministros y ministras por la tele tiene su origen en sus apariciones, se ha convertido en el sospechoso del camarote. Y eso, a la larga, se paga, especialmente en una legislatura con escaso recorrido.

Por otra parte, la salida del confinamiento es bastante probable que radicalice, no solo en España, las políticas populistas, cosa que en Moncloa se estima no muy compatible con la estrategia de reconstrucción diseñada por el PSOE, y algo medio hablado con la Unión Europea.Es lo que tiene estar en los balcones. Mientras nosotros imaginamos diversiones, hay quien diseña hermosas peleas que nos estamos perdiendo.

No se preocupen; eso va a durar. O sea, que no nos lo perderemos. Ustedes sigan en casa. Mi nieto y mis nietas afirman que todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 29: «Ved el sol» y nada de “desescalar

Sostiene Antonio Daganzo, gran amigo a la par que poeta y musicólogo, que, como ya nos dijera en coro precioso Schoenberg, hoy es «el día del sol». Ni pascua ni nada, los poetas y los compositores tienden a ser paganos.

Y si Schoemberg lo dice, habrá que ver el sol. Total, ha perdido encanto ver pasear solo por San Pedro a Francisco- el Papa, es que siendo argentino tenemos confianza, es como los ministros que ya nos tutean-.

De hecho, las ciudades vacías no son ciudades, no cuentan historias, solo hablan de temor. Así que «Seht die Sonne» (Ved el Sol). Rizos brillantes se nos proponen tras la tristeza.

Y no; no «desescale», horrenda palabra copiada del inglés y que no está en el diccionario. Dice La Academia, ignorante en asuntos de pandemia y de relatos, que teniendo «reducir» o «rebajar» para qué «desescalar», cosa que no va a arredrar al gran muñidor de relatos y creador de «neolengua».

Deben, señoras y señores, mirar el asunto con deportividad. Otros años, y a estas horas, estarían pillados en un atasco, maldiciendo a los que salen de vacaciones como ustedes, y pensando que mañana habría que ir a trabajar, sin vacaciones para recuperarse de las vacaciones.

O sea, que ni tan mal. Mañana será un día para recuperarse, que nuestro general en jefe ya se ocupa de todo.

Ahora no solo hablamos de guerra. Ya saben que nos encanta el lenguaje bélico lleno de trampas, como más de una vez les he explicado aquí, la última con motivo de la penúltima aparición de Sánchez.

Como no hay Pascua sin mona, no ha querido el presidente faltar a su cita con el pueblo. Creo que ha dicho que sigamos confinados, pero que enseguida, de los mismos productores de «estamos en guerra», llegará «la posguerra».

Pues nada, a esperar en casa, que es donde nos corresponde, mientras soldados no esenciales  peleen por nosotros y nosotras, tras concluir su permiso retribuido, no sé si con mascarillas o sin ellas, que parece haber división de opiniones sobre su existencia y la necesidad del asunto (incluidos los que no son oposición y apoyan al gobierno).  

Si debe haber «rebaja» que sea «de la tensión», que entre los «indepes» y el PP le están dando un mal rato al presidente, que toma decisiones el solo, porque no estamos para charletas.

Las crisis se presentan en realidad de dos formas: aquellas para las que no podríamos habernos preparado, porque nadie las había previsto, y aquellas para las que deberíamos haber estado preparados, porque de hecho se esperaban. 

El coronavirus está en la última categoría, lo diga Trump u otros dirigentes para evadir responsabilidades. En 2016, el Banco Mundial lanzó un Servicio de Financiamiento para Pandemias. Y, antes del caso de La Gomera, la Unión Europea ya convocaba a comprar bienes médicos.

Lo que parece es que la «posguerra» de la que habla Sánchez se hará con un montón de pasta que pondrán los bancos centrales, mientras el nivel político se ajusta a las tendencias de antes de la crisis.

A pesar de lo que se dice en nuestra casa, no es verdad que las oposiciones estén guardando silencio en ninguna parte del mundo. Los países se han convertido en versiones exageradas de lo que ya eran – autoritarios, frívolos, incompetentes, insolidarios-. Pongan nombre.

Lo que cabe esperar de que todos nos parezcamos mucho a nosotros mismos es que, en Europa  y fuera de ella, el neoliberalismo continuará su lento debilitamiento, los autócratas populistas se volverán aún más autoritarios y la izquierda continuará trabajando para diseñar programas que permitan recuperar algo de la perdida socialdemocracia.

Acabaremos pareciéndonos a lo que somos. La historia, déjenme que lo repita, no la hacen los virus, las hacen los pueblos. Y los pueblos estamos en los balcones, hoy viendo el sol, como mandados y mandadas quedan.

O sea, que ustedes no «desescalen» nada; quédense en casa, que ya lo aseguran mi nieto y mis nietas: todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 28: no lean a Tucídides

Vale; hay que reconocerlo: en el confinamiento se equivoca uno. El cronista ha cometido, al menos, dos errores y muy crasos.

El primero es que, fiándome de Sánchez y Simón, que esto lo arreglaban en un estadito de alarma de nada, decidí enviar un video diario a mi nieto y mis nietas, alumbrando, como corresponde a un buen «abu», su conocimiento infantil del universo.

Pero he aquí que, al día 28, ya no sé que rincón del confinamiento mostrar ni que lectura pedagógica extraer de mi encierro. Créanme, mientras les escribo esto, estoy pensando en cómo explicarles que de una manita de cerdo en salsa vizcaína – que me salen buenísimas, por cierto- podemos extraer unas «tabas» con las que jugar a algo. Y en vídeo. Un maestro que es uno.

Pero, sin duda, el segundo error es más grave. He decidido, recordando apasionadas mocedades, volver a pasear por la vieja Grecia. Así que, anoche, antes de ponerme con el Jo Nesbo, que en realidad es lo que me apetecía, cogí el libro y aparece Tucídides.

El historiador dice, ni más ni menos: «Al principio, los médicos eran muy incapaces de tratar la enfermedad debido a su ignorancia de los métodos correctos … De hecho, la mortalidad entre los médicos fue la más alta de todas, ya que entraron en contacto con los enfermos con mayor frecuencia… «

Continua: «entre los síntomas, estaban estornudos y ronquera, y en poco tiempo, el dolor se asentó en el pecho y fue acompañado por tos».

¿Les suena familiar? La plaga golpeó a la ciudad, justo después de que el líder de los atenienses, Pericles, pronunciara su gran oración sobre los muertos de la guerra contra Esparta y proclamara el éxito de la democracia. También les sonará.

El propio Pericles murió de la peste (espero y deseo que no le ocurra lo mismo a Boris Johnson, Trump ni a ninguno de nuestros contagiados próceres) y, poco después, la gloria de Atenas entró en declive. Esto ocurría, según el historiador griego, unos 430 años antes de Cristo. O sea que esto si es un final de la historia y no otras tonterías.

No se me depriman, Opina el cronista que Grecia entró en crisis, por exceso de «ombliguismo», por ponderar los discursos antes que el comercio y por abusar, a costa de aranceles, de sus aliados. Pero eso no se le puede decir a Tucídides que era muy quisquilloso, al parecer.

En la antigua Atenas no había un sistema de salud, como no lo hay ahora en los Estados Unidos, por un poner. Y nosotros, al fin y al cabo, tenemos uno. O sea, que tranquilos que no nos derrumbaremos cual Acrópolis. Además, los británicos no están para llevarse nada. Qué gran momento para marcharse, qué grande es la Historia.

Igual que Tucídides describe el final de Atenas, las páginas de los periódicos, especialmente los faro y guía de occidente que abundan, se llenan de profecías sobre el final del capitalismo y convocatorias a la revolución.

Hasta Keynes es ya un sospechoso derechista para los socialdemócratas. Nada como llegar al socialismo vía virus, así, sin trompeteros y en pista cubierta, como le gusta al ministro Garzón, y con abundantes subvenciones a los periódicos y televisiones.

No quiero desanimarles, estimados y estimadas camaradas revolucionarios, los cambios no los hacen los virus, los hacen los pueblos.

En realidad, lo que dice la historia es que las plagas y las guerras alteran las políticas económicas, pero no para siempre.

Las noticias de desempleo y bancarrotas por doquier son horrendas y es probable que empeoren antes de mejorar. La cultura se hunde y se enfada, las líneas aéreas están en la quiebra. Los bares tendrán que cerrar y no podremos ir ni al futbol (esto sí que es grave).

¿Toda la civilización conocida desaparece mientras miramos por los balcones? Tranquilidad. Habrá mucho tiempo en los próximos meses para examinar las implicaciones. Pero el cronista, en esta etapa, solo emite una advertencia de salud mental: no saquen conclusiones rápidas.

¿El fin del capitalismo? Lo dudo. ¿El fin del liberalismo radical, la austeridad letal? Por un largo tiempo, probablemente, mientras paguemos las deudas. ¿El final de la codicia? Seguro que no.

Quizá, mientras las «virutontadicas» nos libran de falsos liderazgos mundiales o continentales, convenga creer que antes de derrumbarse, nuestro mundo ofrece alternativas ponderadas y hasta progresistas. 

No lean a Tucídides ni a Russia Today, su casa no se derrumbará cual Acrópolis. Quédense en casa. Mi nieto y mis nietas, mientras esperan mi video, me dicen que todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 27: mi sabio favorito no cree en la uve

Como ya llevan ustedes con el cronista mas viernes que con su siquiatra, deben ya saber que los viernes, Don Juan Ignacio Ocaña me tiene dicho que hacemos otro tipo de crónica. Vamos, que no me ponga de analizar al gobierno y eso.

Claro que, siendo hoy Viernes Santo, igual habíamos hecho fiesta o, a lo mejor, los nunca bien ponderados CEO de la radio nos hubieran pagado la prima por festivo (tampoco cuela, ¿verdad?): los CEO tienen la misma capacidad de darse por aludidos que un vendedor de mascarillas chinas.

El caso es que, mientras pensaba qué contarles, siguiendo las siempre correctas indicaciones de mi jefe radiofónico para los viernes, recibo por guasap un audio de mi nieto que, más o menos, dice: ¡Abu, habla con uno de ezoz zabioz y que acaben con el bidcho o me pongo el vestido de «Thorrr» y voy con el madtillo!

Notando al muchacho algo enfadado, le he enviado el mensaje al único sabio que conozco. He recibido inmediata respuesta: «Juan, dile a tu nieto que yo solo soy el tabernero, pero me parece que lo mejor es que se quede en casa con el martillo». Ya se lo he dicho: un sabio.

Ahora que ustedes, estimados y estimadas, viajan al supermercado como si fuera un club nocturno, conviene que no olviden que la taberna es, históricamente, un pozo de sabiduría. No solo eran auténticos ateneos, donde se conspiraba al tiempo que se leía o escuchaba.

Taberneros y taberneras han sido fuentes inacabables de inspiración poética, artística o científica. De hecho, se discute que cuando Einstein dijo «lo hice por que no sabía que era imposible», se refería a beberse un güisqui destilado ilegalmente.

Aprovechando que mi tabernero estaba receptivo, no siempre ocurre, como ustedes saben los taberneros y taberneras son mucho de escoger el momento, le he preguntado por las últimas declaraciones de la ministra de Economía.

La ministra, encantada hoy porque ha pasado lo que habíamos dicho que iba a pasar, y que el lunes de vuelta al trabajo esencial les contaré, ha afirmado que tendremos «una recuperación económica en forma de V, a final de año». La ministra había dicho, al inicio del estado de alarma, que «en tres semanas» salíamos, tampoco vamos a ponernos pejigueros por un semestre de error.

Lamento decirles que mi sabio favorito no cree en la uve, exceptuando la de la copa del Martini. Señores y señoras mías hagan caso a mi tabernero y sospechen de los cuentos. Con las fronteras cerradas, sin turismo, sin que ustedes compren coches y estas pequeñas cosas no parecería prudente animarse en exceso.

Quizá los ministros debieran ir más a la taberna y aprender del mejor consejo que siempre se da en esos locales: aquí se habla poco con el tabernero y mucho con uno mismo. Así, nos ahorrarían a los demás el disgusto de que no se cumpla ni una sola de las previsiones.

Claro que excederse en las tabernas o los Martini (más de dos es impropio de personas de su conocida elegancia) también puede conducir al error contrario: comprar cualquier cuento a cualquier beodo.

Al menos 20 torres de telefonía móvil en todo el Reino Unido han sido incendiadas o destrozadas desde el jueves, según fuentes del gobierno y la industria, debido al impacto de las teorías que vinculan el coronavirus a las redes 5G.  ¿ Hele, qué podría salir mal en el Reino Unido?

Dice el sabio de mi tabernero que siempre dudó de la ginebra británica. Quemar torres de telefonía, en el momento de mayor consumo de datos, es como si hubieran destruido sirenas de ataques aéreos porque ayudaban a los nazis a saber dónde estaban las ciudades. Revela, además, gran brillantez mental: en realidad, no hay ninguna torre de 5G funcionando en el Reino Unido.

Igual no me creen, pero los que dicen tal cosa son los «antivacunas», que parecen necesitar nuevas emociones en tiempos de virus. No solo ellos; se han sumado, animosos, los robots de extrema derecha británicos, celebridades nivel mental de «influencer choni» y, naturalmente, Russia Today. Con lo divertido que era echarle la culpa a un animal salvaje que se había comido un chino.

En fin, lo dicho: el sabio es mi tabernero. Así que déjense de tonterías y quédense en casa. Igual la Guardia Civil les lleva una mascarilla a domicilio un día de estos; si a alguno de ustedes le toca Torra se la mandará con mensajero, naturalmente.

Yo ya les he explicado a mi nieto y a mis nietas lo que dice el sabio y creen que, entonces, todo saldrá bien. Y yo les creo; a ellos y a mi tabernero.


Desde mi caverna, día 26: potaje y saeta, ya pensaremos el lunes

Estimadas y estimados, fervorosas señoras y no menos píos caballeros: va a ser que no. Qué pasamos la fiestecita en casa.

Ustedes no han ido a la «madrugá» – es decir, a llenarse de fino mientras evaluaban si se movían o no los varales de la Macarena- (el cronista es de «la macarena», desde que me lo explicó Eduardo Saborido, que ser de izquierda no es incompatible).

Tampoco se han ido a esa casita tan mona del monte, desde la que ustedes bajaban a tomarse por pascua, muy católicos, un cordero pascual.

Si acaso ustedes piensan que, como son muy laicos, ya harán el cortejo del Primero de Mayo, que eso sí es procesión, ya les adelanto que tampoco. Sánchez ha anunciado que va a pedir otra prórroga. O sea, que ustedes a confinarse, que ya son unos profesionales.

Pero ustedes no se preocupen que aquí está el cronista para que no les falte de nada. Han dicho en la TVE 1 que no hay saeta sin Machado ni Serrat. La verdad es que las saetas son de antes de Machado y Serrat solo cantó una. Así que ya les dejo una de verdad aquí.

Nada para pasar el viernes en casa como un potaje, para pensar ya llegará el lunes. Total, de aquí a entonces, ya habrá cambiado el gobierno de opinión más veces que Pedro negó al Redentor, por un poner. Y el gallo habrá cantado más veces que Casado.

Es sabido que desde el Miércoles de Ceniza a la hora nona del Jueves Santo,  la hora más tonta de la liturgia, a eso de las tres de la tarde, dura la Cuaresma. A partir de entonces, son días de pasión, que se cuentan desde las vigilias. O sea, que es jueves noche, pero como si fuera viernes. Luego se preguntan de dónde le vienen al Gobierno lo de las horas de las ruedas de prensa.

O sea, que es tiempo de ayuno y prohibición de carne, días de depuración que la muy santa y católica iglesia nos viene ofreciendo desde el siglo IV. Ante tal encomienda de Dios o sus portavoces, el ingenio popular habría de incorporar a la mesa algo sabroso y nutritivo.

Ningún invento mejor para tal cosa que el potaje de vigilia. Es potaje todo aquello que se hace en pote y es de vigilia cuando al garbanzo y la espinaca se suma el bacalao desalado, que sustituye a la pecaminosa carne de tocino que tanto aprecian ustedes.

Por lo tanto, el origen del plato no será anterior al siglo XI, momento en que los vikingos acercaron a la península el bacalao y los vascos aprendieron a pescarlo de los malvados europeos del norte, en caladeros secretos, algo pagarían que, entonces, tampoco daban préstamos gratis no crean. Por eso Abascal tuerce el morro en Semana Santa: inmigrantes y nacionalistas, mal rollo.

El bacalao cambió la historia del mundo y la gastronomía, hasta que la llegada de la revolución industrial, y el ferrocarril, hizo innecesario secar y salar un producto que sobrevive en este potaje y en Portugal, como todo el mundo sabe.

Ustedes se han lanzado al papel higiénico, a la cerveza, a la harina. Más les valiera pensar menos en mascarillas y más en el preciado bacalao y la no menos reconfortante espinaca, no hay virus que lo resista.

Inevitablemente, los garbanzos se remojan. En el pote, puchero, o sea la olla, con agua caliente, ponemos los garbanzos, la cebolla cortada en cuatro, los ajos pelados, la hoja de laurel y sal. Tapamos y dejamos hervir durante una hora y media a fuego lento. Pasado el tiempo, incorporamos las espinacas y el bacalao, y seguimos unos veinte minutos.

Deben saber que al principio fue el «verbo»… y el sofrito. Se duda si el secretario de Estado de comunicación tiene el mismo nivel, pero afirman algunos analistas que vino con el «verbo»

Así pues, preparen para el sofrito cebolla, ajo, pimentón, sal y aceite. Este es un guiso del siglo XI, así que no; no lleva tomate, que es de cuatro siglos después. Es como si anuncian un avión chino a destiempo. Echen el sofrito al pote, Este potaje lleva unas tortitas: háganlas con miga de pan, huevo y perejil, o al final. y las ponen en el puchero.

Así pues, beban y coman potaje, escuchen saetas, y quédense en casa. Mi nieto y mi nieta dicen que así, calentito y con garbanzos, no habrá bicho y todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 25: ¿Camaradas, ya que desafináis, podríais al menos tocar la misma canción?

Dice uno que ya llega el «desescalamiento» y el otro contesta: ¿de qué me habla? Afirma, el siguiente, irán con mascarillas y pondremos «Arca de Noé»; el otro dice que son «escenarios» – la palabrita ya cansa-. Dice el prócer, haremos Pactos de la Moncloa; afirma el comisario del partido: no ha dicho eso.

Que la banda desafina, es cosa sabida, pero después de hacer mandos únicos, compras únicas y todo único, viene a ser excesivo.

Y lo que es más importante: ahora que estamos empezando a estar agotados, y aguantaremos, aguantaremos, agradeceríamos cierto orden.! 

Aspirábamos a que, al menos, el paseíllo mediático de ministros y ministras para no decir nada, pero que no nos olvidemos de que existen, dijeran cosas parecidas. Pues no.

Se dice que la tragedia se inició con unos griegos bailando alrededor de una cabra. Con toda seguridad, es una «fake news» histórica, despachada por alemanes. Ya se sabe que los alemanes mienten sobre Grecia y los Ingleses la roban.

Si ustedes creen que el cronista sugiere que la tragedia es el virus y el Gobierno una cabra, quizá exageren…, o quizá no.

Lo que sí parece es que el «gurú» de la Moncloa del que aquí ya les he hablado, tiene mucho interés en que pasemos de fase y olvidemos la primera parte de la curva. El relato, amigos y amigas, es el relato, dejen de preocuparse por lo que pasa o por lo que ha pasado.

Creíamos, vana ilusión, en el «retorno a la ciencia». Que los expertos aconsejarían lo que habría de hacerse. Una fantasía. La política manda, y no es malo en democracia, aunque quizá no sea bueno tanta polifonía.

Los poderes excepcionales son una fuente de inmensa tentación para los gobiernos, especialmente los populistas. Si miran a centroeuropa, Hungría, Polonia, etcétera, me darán la razón. Pero tampoco es que la Europa occidental, ni aquí en casa, nos sobremos de comportamientos  democráticos.

Montesquieu dijo que un silencio mortal cubre las ciudades cuando el enemigo está escalando sus muros. Montesquieu era rarito, pero no deja de ser verdad que el silencio en la Ciudad es el silencio en la esfera pública.

Hubo un momento en que pensamos que la web y las redes sociales nos darían a la ciudadanía mejores herramientas y nos harían más activos.

Hoy, en realidad, sabemos que lo que debe preocuparnos es nuestra privacidad y la falta de regulación de las plataformas tecnológicas.

Es difícil suponer que Internet – sus empresas no están por la labor- se convertirá automáticamente en un remedio para la esfera pública desierta.

La política no se ha ido – eso es bueno-, del mismo modo que los expertos no acaban de llegar – eso es malo-. 

El nivel va bajando: resulta que los protagonistas del mayor gesto de irresponsabilidad de grupo en toda la pandemia piden el cambio de gobierno y que nos pongamos a contar a los ausentes ya mismo, mientras nos estamos muriendo, eso sí a través de secundarios, que los jefes están de contagio.

La portavoz del partido del gobierno insiste en hablar de los recortes de los otros y los otros van en pandilla, dando buen ejemplo de guardar cuarentena, tipo Iglesias, a un Congreso que, saber no se sabe muy bien para qué sirve.

Afirma el tratado de cratología – ciencia de las hispánicas castañuelas- que no es necesario tocar las castañuelas, pero que si se hace, se debe hacer bien. O sea, ¿Camaradas, ya que desafináis, podríais al menos tocar la misma canción?

Sostienem mi niero y mis nietas que así, afinando, todo saldrá bien y yo les creo


Desde mi caverna, día 24: el arca del apestado

No hemos acabado de morirnos y ya estamos pensando en encerrar a contagiados y contagiadas sin síntomas, los más peligrosos entre los peligrosos.

La cosa es tener al personal encerrado: de los mismos productores de «en la guerra todos los días son lunes», llega ahora el «Arca de Noé». Ustedes ni caso, ni con prisas, qué parece que los hay con ganas de que nos pongamos a pensar en otra cosa. En casa, en casa, pasen de cualquier otro relato, tipo estamos pensando en todo.

En estos tiempos de Ministerios de la Verdad, comisarios de prensa y propaganda y «neolengua», de relato y sinónimos equívocos, no nos quejemos. El más bíblico de todos se instalará entre nosotros. El «Arca de Noe» sirvió para salvar especies del diluvio; esta servirá para encerrar en «infraestructuras» a enfermos asintomáticos.

No; no es lo mismo. «Tanto vestido blanco, tanta parola»,…, tanta modernidad científica, para encerrar en campos a los enfermos de peste, imaginamos que vigilados por aguerridos soldados, siempre dispuestos a que sea lunes, mandados por el soldadito de azul, con camiseta y canesú, que sale en las ruedas de prensa con rollito bélico (lo llaman JEMAD).

Eso sí, en lugar de ponernos colorines en las solapas, o igual sí, nos pondrán geolocalización. La jaula será bonita, espero. Me pido nivel de hotel vacío de turistas de lujo o ciudad polideportiva de equipos de élite en paro, naturalmente gratis, con subvención y wifi. El socialismo, es el socialismo, mire usté.

Nada de conflicto entre libertad y seguridad colectiva. Si; por nuestra gente iremos donde haga falta, ya ajustaremos cuentas más tarde. El problema es otro.

La cuestión es que no sabemos ni sabremos nunca cuántos hemos sido infectados. Sabemos que no nos van a hacer test a todos y todas ni de coña. Sabemos que no sabremos nunca el número de infecciones.

Que lo más normal es que las mascarillas – que no hay manera de aclararse si son útiles o no- y los test lleguen como lo demás: a la velocidad del rayo y cuando no haga falta. Corolario: a seguir encerrados un mes más, por lo menos.

Dicen que la tasa de letalidad española es elevada porque nuestra pirámide de edad es muy alta y porque el virus se cebó en las residencias. Vale, compremos el cuento, aunque ignoramos si es verdad, así nos evitamos un problemilla en el relato.

El problema, señoras y señores míos, es que en el cociente entre aquellos y aquellas que han fallecido y quienes se han contagiado, tenemos dudas sobre el numerador y no tenemos ni idea del denominador.

Ahora, cuando estamos a punto de dejar de morirnos, entonces vamos a saberlo. Porque, cual maná, test de pruebas correrán por ríos y cauces o un Instituto hará un estudio buenísimo de la muerte.

Uno se hace alguna pregunta, sin ánimo de molestar: ¿Habrá test para aquellos que el lunes de pascua acaben su permiso retribuido y vuelvan a las empresas o irán asintomáticos a contagiarse de nuevo? ¿Habrá test para esos inmigrantes que necesitamos que viajen al campo a recoger las cosechas? 

Dicen los de la SEAT que ahora que ya tienen homologados sus respiradores no se los pide nadie. Resulta que, hasta la segunda semana de marzo, gloriosas «idus» aquellas de fútbol, congresos y callejeos, empresas españolas estaban exportando, gloria a la economía, test.

Resulta que, en la última semana de febrero, la Unión Europea sugirió – sin ser escuchada- acumular material estratégico, mientras los alemanes dopaban el mercado

Así pues, a la velocidad del rayo, hemos de creer que llegaran test y mascarillas. Más aún, harán ruedas de prensa para advertirnos quienes nos dijeron que nos sobraban las mascarillas y que no hacían faltan test, puesto que todos estábamos enfermos. Loados sean los que no tienen ni idea porque ellos heredarán el relato.

En casa, señores y señoras míos, en casa hasta que se aclaren y decidan en qué infraestructura desinfectada nos ponen. Mi nieto y mis nietas me proponen que, en lugar de arca, mejor una caja de tesoros. Dicen que así todo saldrá bien. Y yo les creo.

PS: sin ánimo de molestar les recuerdo que en los festivos no hay supermercado. A ver si se can a quedar sin potaje (bacalao, espinacas y garbanzos) y sin cordero para pascua.


Desde mi caverna, día 23: ¿Acabará el virus con la soberbia y nos traerá competencia?

GRAF6939. MADRID, 14/03/2020.- Captura de vídeo del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la comparecencia posterior al Consejo de Ministros extraordinario que ha tenido como fin la aprobación del decreto del estado de alarma. Sánchez ha precisado este sábado que el Gobierno de España será «la autoridad competente» en todo el territorio nacional para afrontar la crisis del coronavirus. EFE/EFE-TV

Mucho se aprende del virus, pero si una cosa debe aprenderse rápidamente es la de la humildad. Fue la soberbia europea y, por supuesto, norteamericana la que llevó a despreciar la amenaza surgida en China, al fin y al cabo nosotros éramos fetén.

No son pocos los responsables de gobierno internacionales que han subestimado durante mucho tiempo la pandemia, comparándola con una gripe común o incluso se burlaron de aquellos países que tomaron medidas drásticas para detenerla.

Son líderes que siempre han tenido un enfoque populista y han tomado decisiones de forma autárquica, presumiendo de sus elecciones e ignorando las de los demás. Hoy, desafortunadamente, estos mismos países registran infecciones y muertes. Algunos de los más listos entre ellos han acabado en la UCI.

Las reacciones en los primeros días de la crisis por parte de los líderes de los grandes países de todo el mundo han sido realmente sorprendentes. Además de los chinos, teníamos a los italianos habituales desorganizados y dedicados por temperamento a la exageración.

Alemania y Francia han pensado durante muchos días que las cosas serían de otro modo y ahora resulta que el contagio, que no conoce fronteras y no distingue pueblos y naciones, está poniendo a prueba a todos. Incluso los gobiernos más escépticos se han visto obligados a tomar medidas idénticas a las nuestras.

La muerte, el sufrimiento y la emergencia de salud son desafortunadamente comunes. Trump y Johnson tuvieron que cambiar radicalmente de posición. Reacciones superficiales reaparecen ocasionalmente pero son cada vez más raras, naturalmente de algunos profetas hispanoamericanos entre ellos.

Por supuesto, ninguno de nosotros podría imaginar, incluso en sus pensamientos más oscuros, una crisis de este tipo. Sin embargo, la tasa de falta de preparación e improvisación ha sido muy alta.

Pagamos un tiempo en que los líderes, los nuestros han sido expertos en eso, se han dedicado a pretender recetas improbables en lugar de estar preparados y tener una estrategia sólida sobre nuestro futuro.

Ahora hemos vuelto a lamirada a la ciencia, nuestros afmirados cuidadores y cuidadoras son médicos y científicos, redescubramos la importancia de la capacitación, la investigación y la competencia. Es una lección para dejar de cometer errores, comprender cuáles son las prioridades reales para nuestro país, para los ciudadanos y para su gobierno.

Es pues tiempo, aunque no lo parezca, de cambio y no; no creo que los que nos llevan ahora de la mano valgan para ese futuro.

Alemanes y holandeses dejan a un lado el parlamento europeo. Los líderes de los países europeos, incluido el nuestro, aumentan su creciente distanciamiento de sus parlamentos. Se proponen pactos con la misma intención de aminorar la función de elegidos y elegidas. Días de consenso, antes despreciados, hoy se proponen como recetas.

Soberbia, pura soberbia de un tiempo que ahora nos parece lejano. Mal rollo, ruedas de propaganda, discursos épicos, cánticos emocionales y toda la fanfarria bélica se han puesto en marcha. Mientras los confinados aprendemos humildad, los gestores beben a sorbos grandes pócimas de soberbia.

El gran error de los soberbios, diría Machado disfrazado de Mairena, es creer que los humildes nos chupamos el dedo. Quedémonos en casa, es nuestra forma de ser competentes, mientras averiguamos si somos asintomáticos, es decir encerrables. Mi nieto y mis nietas dicen que, así, todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 22: aprobado general ya. En casa, no es escuela

Siendo domingo, el cronista se da a la reflexión. Prefiero no ver noticias y aquí encerrado pues no tengo cosa que contarles, salvo mis sesudos, siempre, pensamientos.

Hoy, día de los ramos, cuando habitualmente servía vino y cerveza a los amigos y amigas que se iban, decían, de palmas (pretexto para no currar, se lo digo yo), no estoy para noticias.

Como no sé si soy asintomático o cabreado, depende de si algún día me hacen el test, si es que me lo hacen, es mejor no imaginarme confinado en alguna «infraestructura» de esas de Sánchez o encerrado por elegantísimo ministro del interior. Cosa en la que ya pensaré mañana.

En realidad, todos estamos confinados, y casi todos y todas asintomáticos, esto va a dar mucho de sí, ya se lo dice el cronista.

El caso es que me ha dado por pensar en mi nieterío, churumbeles, adolescentes y hasta universitarios y universitarias a los que, alguna vez, di clases.

Italia acaba de declarar el aprobado general. Me apunto. Total, si lo ha habido, en secreto, en la maravillosa república del noroeste que no existe, por ocupar unas carreteras o insultar a la guardia civil, por qué no con la cosa del virus. Mejor aprobado que hacerles ir en junio a escuelas sin climatización.

La continuidad pedagógica, es decir eso de la escuela en casa, de la que ahora se presume y algunos hasta lo predican como futuro, solo es una presión preocupante sobre maestros, padres y estudiantes.

En este contexto inevitablemente aterrador y provocador de ansiedad, la educación en casa ignora las desigualdades evidentes y las insuficiencias de la escuela en el hogar,

Los profesionales han descubierto, vaya hacía falta un encierro, las desigualdades materiales: no todas las familias están equipadas con hardware informático, conexión a Internet, dirección de correo electrónico, software educativo, impresoras, escáneres o espacios de trabajo digitales.

Y si los tienen, no se han planificado para la educación a distancia. En algunas familias, las condiciones de alojamiento y el diseño de las habitaciones no son muy propicias para el trabajo individual, para la concentración y la calma necesarias para llevar a cabo los ejercicios, para asimilar las lecciones impartidas por escrito o en video.

Padres y madres no pueden administrar el apoyo educativo para sus criaturas. Además de la gestión diaria del confinamiento, algunos padres se sienten totalmente indefensos, incapaces de explicar este o aquel ejercicio, otros deben gestionar su teletrabajo y la realidad es que los padres y madres no son profesores.

Un día en la escuela está estructurado por referencias necesarias: horarios, espacios, maestros, maestras, pero especialmente: compañeros y compañía. Sin compartir pupitres se ignora la diversidad, las diferencias, se ignora al extraño, al extranjero, al pobre, al rico. La escuela nos iguala, la red nos hace anónimos. 

Por no hablar del profesorado que, a pesar de sus esfuerzos, no han preparado sus cursos a un paquete de Internet.

Quiero decir, queridos papás y mamás, que esta vez sí: me apunto al aprobado general. Dedicad el tiempo, no demasiado, a que consoliden lo que saben, poca presión y poco profe por internet.

Volverá la escuela al año que viene y estará bien. Ahora, a quedarse en casa y, mientras puedan, a pasárselo bien. Mi nieto y mis nietas es lo que hacen – repasando lo justito, riéndose mucho- y afirman que todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 21: La guerra de Sánchez

GRAF6939. MADRID, 14/03/2020.- Captura de vídeo del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la comparecencia posterior al Consejo de Ministros extraordinario que ha tenido como fin la aprobación del decreto del estado de alarma. Sánchez ha precisado este sábado que el Gobierno de España será «la autoridad competente» en todo el territorio nacional para afrontar la crisis del coronavirus. EFE/EFE-TV

«En esta guerra», «conocemos mejor al enemigo» y, por supuesto, «venceremos». Sánchez ha pillado el lenguaje del soldado ese de azul que sale en las ruedas de prensa (lo llaman JEMAD). Así que ya saben, hoy es lunes, porque «en la guerra todos los días son lunes». (Ni caso, pero ustedes pongan cara de que naturalmente)

Si hay algo que molesta al cronista, como ya les he dicho aquí y más de una vez, es el lenguaje bélico. Tan innecesario como lleno de trampas, cuando no se trata de cosas serias y de verdad de las que se ocupan los ejércitos.

El presidente nos ha contado en una comparecencia, larga como es habitual, lo que ya sabíamos, la prorroga de la alarma. Nos anunciado lo que temíamos, que habrá más. Y dice que añadirán medidas y nos darán medios «en la medida de nuestras posibilidades». Algo preocupante si, por ejemplo, depende de aliados tipo gobierno turco.

La metáfora sobre la guerra exime al poder de sus responsabilidades. Un servidor no es semiólogo, aunque de joven mis educadores me pasaron libros de Chomsky, y luego de Eco, y algo se me quedó.

Lo de la guerra es, sin duda, muy eficaz y eso lo sabe el gurú de La Moncloa, el dueño del relato: ordena movilización general y despierta nuestras conciencias. Sin embargo, ni ética ni políticamente dice nada positivo.

Disuelve la realidad de la guerra. Es poco ético hablar de una «guerra» para la lucha contra una pandemia (ciertamente muy grave, con miles víctimas), cuando todos hemos hecho la vista gorda a guerras muy reales, donde no es suficiente quedarse en casa o hacer ejercicio en bicicleta estática. Siria, Yemen, la mitad de África: eso son guerras.

Hay un objetivo político buscado en este registro marcial, por otra parte: convertirse en comandante en jefe, hacedor de «churchilianas» invocaciones a la patria y convocatorias a la unidad nacional, que solo la guerra justifica y silenciar las oposiciones y las críticas.

Se nos escapa así la gran diferencia con los conflictos bélicos: podríamos habernos preparado mucho mejor en esta lucha contra los efectos de la pandemia.

No es un ataque de un enemigo malicioso y extranjero: es un fenómeno, por otra parte, muy esperado. Tras haber guardado silencio sobre cosas de las que ahora no se habla: hubo quien temía que la gripe estacional afectase el funcionamiento hospitalario (más de seis mil muertos de los que nunca se habló)

La metáfora militar no hace falta para generar movilización nacional y declarar un estado de emergencia de salud. Tenemos recursos (por ejemplo, quince millones para que las teles sean buenas) sin necesidad de lanzar un misil para conmocionar a los espíritus e imponerse como caudillo.

Más que héroes, necesitamos lo que el sistema de salud parece ofrecernos: gente seria. eficiente, tomando medidas que nos hablan de la naturaleza excepcional de la situación.

El problema de esta metáfora militar es que solo revela un aspecto de la crisis: el alcance futuro de la cantidad de víctimas. En las guerras la luna se acompaña de guadaña, como decía Aute. al que hoy hemos perdido.

La «guerra» también implica sacrificios: los de los sanitarios que han caído en el «campo de batalla» y a quienes se les promete honor y gloria para el futuro. Anuncia medallas a héroes y heroínas, conmovedores funerales colectivos y jornadas patrióticas.

En realidad, todo el mundo está en su guerrita. Los de Vox, tras un ejercicio patriótico de irresponsabilidad de grupo, han desaparecido y no cogen ni el teléfono, aunque por las redes gritan mucho. Las derechas, a pares, anuncian lealtad y, por supuesto, unidad nacional, tras una semana de cabreo supino.

Las «otras», ustedes los conocen, esperan a ver si sacan alguna expropiación. Los de Esquerra, todo aprovecha para el convento, proponer cambiar al código penal para quemar banderas y ultrajar a la patria, cosa en la que usted está pensando, con toda seguridad. DE Torra y los del centro de Pamplona, ni hablamos.

En fin, como ustedes no están para irse a la guerra, así sin ir a la «pelu» y en pijama o chándal, quédense en casa. De hecho, mi nieto y mis nietas dicen que no quieren ser soldados, si acaso de «ezos hédoes con didfrazes de plaztico» que salen en la tele. Ellos dicen que así todo saldrá bien. Y yo les creo. 


Desde mi caverna, día 20: el día de los ramos y usted de encierro y sin mascarilla ¡Hosanna!

Siendo mi tercer viernes con ustedes, ya saben que mi jefe radiofónico, Don Juan Ignacio Ocaña, afirma que los viernes hacemos otro tipo de crónica.

Quiere decir que no me ponga sesudo, cosa difícil para el cronista de natural estudioso como saben. La razón es que ustedes ya están de «weekend». Tampoco, me sugiere el jefe, debo ironizar con los siempre poco loados CEO de la radio, no sea que no me llegue el aumento de sueldo que prometieron (si cuela, cuela, uno aprende rápido la técnica de La Moncloa).

El caso es que aquí estamos ustedes y yo en encierro, y para rato según noticias últimas, con cierta tendencia a ignorar el día en que vivimos. Debo recordarles, señoras y señores míos, que este será Domingo de Ramos. Ese que ustedes solían salir con sus palmas a cantar «Hosanna» o si no eran de la cofradía a cantar «camarero, otra caña».

Pues va a ser que no. Además, advierte Sanidad que sin mascarillas no vamos a ninguna parte. Que no haya o sean caras no puede evitar el buen consejo. Los ministros y ministras vienen a ser como los cronistas: opinando lo correcto. Los medios ya los pondrán… los chinos, por un poner.

Y no cabe pedir ayuda divina. El Redentor tiene una semana chunga y algo ocupada; no esta para más milagros. Los otros dioses – incluso los ateos, tipo Iglesias o Sánchez- en solidaridad no ejercen. Así que se encuentra usted en soledad ante el acontecimiento.

No debemos ignorar las nuevas capacidades que tenemos. En primer lugar, como ustedes ya han convertido su casa en un cabaré y sus balcones en un teatro, ya pueden hacer procesión por el pasillo, varear la ramita de olivo en su ventana o beberse la oportuna cañita con la familia, sin escándalo ni castigo de la autoridad competente, o sea la única que hay, para enfado del Señor Torra.

También es cierto que, en aquel tiempo que no vivíamos como Gran Hermano, era este viernes cuando a la chavalería le cerraban la escuela e instituto y ustedes empezaban la semana del pánico.

Ahora ya les pilla con rodaje. Son mamás y papás confinados expertos. Eso sí, aconsejan los sicólogos, tan dispuestos a aconsejar como el ministro de Sanidad y los cronistas. el asunto de las rutinas. O sea, si están de vacaciones, hay que dejar de estudiar no como hasta ayer, juas, juas, y ponerse a jugar y hacer deporte, ¡Hosanna!

Estando de encierro, es bastante probable que ustedes no hayan estado atentos a los ayunos que corresponden a la Cuaresma. Ni Abascal, ni Casado, ni Arrimadas, sindicatos o patronales, vigilantes cual azor, han exigido al gobierno una prestación para torrijas y potajes ni advertido del posible desabastecimiento de bacalao, por un poner.

Son días de depuración que la muy santa y católica iglesia nos viene regalando desde el siglo IV. Ante tal encomienda, Dios que aprieta, pero no ahoga, nos autoriza el potaje y las torrijas.

Prepárense pues para semana de abstinencia y potajes. Que no se diga que por pecador o pecadora se va a perder alguna de las joyas de la comida patria. Arrepiéntase de algo y pásese al guiso de Cuaresma.

Si no se le ocurre de qué arrepentirse, el cronista, siempre en función de servicio público, viene en su ayuda: recuerde la papeleta que eligió en las últimas elecciones, piense, «fue el alcohol lo que te hizo bella» y potaje va, torrija viene, a penar.

Llega la Semana Santa, tiempo de recogimiento. Nunca desde el siglo IV ha habido tanto silencio. A ver si el virus en lugar de China viene de Roma. Vale, esto es una «fake news», pero, oigan, teorías conspirativas más raras he leído.

Deben saber que de una extraña conspiración entre la iglesia católica, los vikingos y los pescadores vascos nacieron, a la altura del medievo, los mejores guisos de abstinencia, con base en el bacalao.

Compre lo sustancial: espinacas, garbanzo y bacalao. Naturalmente, cordero para el domingo de Pascua – ya le explicará el cronista como hacerlo, que hay que estar en todo- y si no hace torrijas, ya le vale con la excelsa receta que aquí le puse, o alguno de los afamados dulces patrios, unas chuches o chocolates para la chavalería serán necesarios.

Qué puede salir mal. Hay que quedarse en casa: son días de pasión, encierro y recogimiento. Mi nieto y mis nietas han decidido que sí, pero que en lugar de caperucho se visten de romanos, en solidaridad con Italia debe ser. Dicen que así todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 19: buscando “un pico” desesperadamente

Mientras la ministra de Trabajo trataba de convencernos de que las peras no son manzanas, sin que notáramos su esfuerzo casi nada, el ministro responsable de todo, Señor Illa, decía en el Congreso que ya hemos pasado la fase del pico.

En realidad, el pico es lo que buscamos todas las mañanas, mirando con cierto asombro una curva logarítmica que ustedes ni siquiera sabían que existía hace dos días. No; por ahora y por mucho que la miren, la curva no baja, como mucho parece que se queda como estaba.

Dicen los gurús, ahora, que no es pico que era meseta. A ver si en la Moncloa pillan el asunto y ajustan el relato.

Teniendo en cuenta los periodos de contagio, apenas hemos llegado al momento en que se note el encierro. Estamos, todavía, pagando las Idus de Marzo, ustedes me entienden. Esto no debe ser problema. Paciencia, si nos quedamos en casa acabará bajando.

La cosa es que, entre nuestros cansancios y las impericias, el deseo gubernativo por el pico empieza a ser compulsivo: de este modo, el relato podrá pasar a la siguiente fase, que el cronista y usted nos tememos: chicos, chicas, pasó lo peor, quédense unos días más en casa.

Después del pico, y un poco más, llegarán los test y contrataremos los cincuenta mil sanitarios un día de estos y les damos tiempo a los burócratas para que a la natural velocidad del rayo homologuen respiradores, y cosas así.

A la ministra de Trabajo le pasa algo parecido. Las cifras de desempleo han sido tan terribles como ayer les anuncié. No hacía falta ser un profeta ni un experto.

La ministra ha insistido mucho en que no todo lo que hay es paro. Es verdad, técnicamente, las  personas afectadas por permisos retribuidos o los ERTE se dan de baja, luego no están en paro.  Y dice la ministra que el paro oficial de nivel record es el pico.

Lo que parecen decir los números es que los trabajadores temporales han sido despedidos y que los contratos indefinidos han sido objeto de ERTE. Suspensión temporal y contratos temporales de poca duración estaban, prácticamente, ausentes en la crisis de 2008.

Como era de esperar, este trabajo temporal ha sido el primero en salir de la fuerza laboral. Además, en un mercado de trabajo donde se ha intensificado el uso los contratos de muy corta duración (intrasemanales o de fin de semana), ya no hace falta dar de baja a los trabajadores temporales, basta su no renovación.

En realidad, señoras y señores, pico sí que hay: no trabajamos nadie, excepto los servicios esenciales. A los tres millones y pico oficiales, hay que sumar seis millones en casa, de una forma u otra.

Hay que recordar que de marzo a junio es el mejor periodo de empleo en España; por lo tanto, no se queden con las cifras. Dicho de otro modo, tenemos un empleo ficticio que no sabemos si podremos sostener, más allá de los seis meses que garantizan los ERTE.

Se han adoptado medidas de protección de rentas, que se notarán dentro de un mes como poco, pero lo que hará falta son planes económicos de choque. Y para eso, sin dinero europeos no parece que haya recursos públicos.

Así que cada cual busca su pico. Hay que cuidarse de la ansiedad, haciendo lo que hay que hacer: ser responsable.

Ustedes y el cronista no necesitamos ningún pico, nos quedamos en casa. Para ansiedad la de mi nieto y mis nietas que, sin embargo, mientras saltan desaforados, afirman que todo saldrá bien, Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 18: olviden la estadística, no hay mercado

La estadística es una ciencia maravillosa que consiste en torturar números hasta que dicen lo que uno quiere. La cuestión es que contabilizar no sirve de nada si no podemos comparar. Es inútil calcular cualquier artefacto estadístico si nada antes fue igual.

Pues eso; a partir de hoy día uno de abril, se nos vienen encima cifras inmensurables: mañana será el paro histórico, el turismo apuntará a que ha venido menos gente que soldados con las brigadas internacionales, de la venta de coches ni hablamos y así sucesivamente.

Pero la cosa es que los porcentajes no nos dicen lo que de verdad importa: que pasará al día siguiente y en qué condiciones estará el tejido productivo, en una economía basada en turismo y servicios. ¡Ah, esa industria que hemos despreciado durante décadas!

La ministra Calviño sí ha echado alguna cuenta, después de que sus ministros hayan diseñado políticas para las que el gobierno no tenía margen, algunas con truquillos que las hacen inviables, por cierto, pero esa es otra cuestión.

El caso es que la ministra tiene que arramblar con lo que haya. Ya se ha quedado con los fondos de empleo de las Comunidades Autónomas. Los alcaldes y alcaldesas se barruntan que también quieren atrapar su superávit (once mil millones de los dos últimos años).

La señora ministra dice que necesitamos ingresar. Claro; la cosa es a quién se cobra: ya podemos ir pensando en dos trimestres sin IVA, en realidad. Más de la mitad del Ibex dará pérdidas, no habrá Sociedades.

O sea, que se cobrará la renta, que no faltará quien pague con un crédito procedente de la deuda pública. El ministro de la Seguridad Social ha entrado en pánico con lo de las cuotas, mientras Aguado, en la Comunidad de Madrid, ha propuesto, para cierto pasmo de Ayuso, pagar él las cuotas de autónomos que el gobierno no ha querido eximir.

No hay mercado, no hay empleo, no hay impuestos. Es como el socialismo, pero sin revolución. El «holandés repugnante» se ha pasado cuatro pueblos, pero algún día deberemos mirar un poco lo de cierta disciplina fiscal, por si vienen malos ratos como este.

Las transferencias y garantías públicas, sin intervención europea, llevará a un incremento de las necesidades de financiación bruta para el Tesoro de un 30 % del PIB, en cada uno de los dos próximos años, y la deuda pública podría llegar hasta el 140 % del PIB en 2030.

Así que «la falta de empatía» con la que se laceraba el democristiano holandés habrá de sustituirse por algún tipo de acción de la Unión Europea.

Una razón para el optimismo del cronista – además de la opinión solvente de su nieterío experto, la economía de chuches tiene más valor de lo que creen- es que no estamos solos: Europa no puede desprenderse de Italia o Francia, por ejemplo.

Tendremos fondos de empleo, que tardarán porque la señora Von der Leyen es rapidísima de la muerte, pero aliviarán las prisas del tesoro. Se permitirán gastar esos fondos europeos no usados (entre ellos, los de empleo de las Comunidades que siempre se devuelven), aunque lo mollar es la cosa de pagar deuda.

Si no hay coronabonos, habrá que ir al MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad). Su analista favorito ignora porque ver este asunto como un fracaso y ponerse a dejar de respirar. Con un crédito con intereses cerca de cero (medio punto como mucho), qué es lo que le cuesta al fondo este buscar dinero, y un plazo razonable de seis años, con alguna carencia, nos permitiría ahorrarnos en intereses casi un 15% del PIB anual.

Hay que recordar que ya hemos vivido, desde 2012, con la condicionalidad del rescate bancario y esta no sería peor, más parece que con holandeses irritados o no, la Unión no está para mucha disciplina.

Lo grave no son las estadísticas de paro de mañana, que serán terribles, pero que no dicen nada. Lo que importa es cómo estaremos al día siguiente. La otra cosa que importa es que ustedes sigan en casa. Como saben, el cronista cree a su nieto y sus nietas que afirman que todo saldrá bien.


Desde mi caverna, día 17: basal, inmóvil o hibernación, tiene donde elegir

Sostiene un buen amigo, y mejor persona a la par que periodista, que la gran preocupación del «gurú de la Moncloa» es el relato. Es momento, para los «spin doctor», de contar cuentos. Como ya les he dicho alguna vez en Moncloa gusta mucho esto de la batalla del relato, la cosa del «storytelling».

Dicho sea de paso, todo el mundo ha seguido la idea del «gurú», así las televisiones, las redes y las cadenas de guasap se han llenado más de tópicos reiterados que de argumentos

Hoy, sin ir más lejos, hemos tenido tres ruedas de prensa a falta de dos, que no pare. La cosa consiste en que sepamos que nada se detiene. No solo se explica la estabilización de la pandemia, estadísticos retrasados el fin de semana mediante, sino que no hay paralización de actividad económica, que ustedes lo habían entendido mal.

En la rueda de prensa de los tres tenores, afirmó la ministra portavoz que no había paralización, sino que estábamos a «nivel basal». Hay que decir que basal no es básico, sino que está en la base; aunque la RAE concede como segunda acepción la de seres biológicos en ayuno, cosa que casi es para preocuparse.

La ministra de Economía asegura, valor no falta, que no hemos parado la actividad sino la movilidad. Y el vicepresidente segundo asegura que no hay paralización, sino «hibernación».

Agradezcamos, pues, al administrador del relato nuestra mejora en el uso de sinónimos. Siempre ha sido cierto, desde que lo descubrió Orwell, que al «Ministerio de la Verdad» le corresponde una «neolengua». Aprendámosla con rapidez.

Vamos de paquete en paquete salvador, lo que un día no se podía, al día siguiente se hace. Y no seré yo quien se queje: convertir en totalmente asistido a un país, sin haber hecho ni una revolución ni nada, no es tarea fácil.

Lo que es más difícil de entender es la montaña de burocracia, lenta y exasperante que no solo retrasa la eficacia de las medidas, sino que muchas veces las hace imposibles.

Los autónomos deberán pedir, todos los meses, una moratoria ¿No podría hacerse de golpe o incluso no pasarles las cuotas? ¿A quién beneficia? Eso se decidirá más adelante por algún ministerio delegado. Para aligerar la cosa, vamos.

Los inquilinos en dificultades habrán de pedir microcréditos. ¿No sería más fácil abrir una ventanilla en el banco y girar los alquileres a los arrendadores? Por cierto, se ha dicho que si la situación vulnerable se mantiene, tras el estado de alarma, se concederán ayudas de 900 euros ¿No es una invitación a subir alquileres hasta ese nivel?

La eficacia del relato, de todos modos, se va complicando. Resulta que a finales de febrero funcionarios de los países de la Unión mantuvieron reuniones para compras conjuntas que no se hicieron, por cierto, por si caía algo, se apuntaron los del Brexit, y nada se dijo en España. 

Dice la policía que el mismo mes ordenaron el uso de mascarillas. Y los demás en la calle y eso. Eso y lo de las compritas suman impericias que se van sumando al emborronamiento del relato.

Por si acaso, el «spin doctor», antes llamado responsable de agitación y propaganda, sigue sacando a Fernando Simón para que se entrevisten directamente entre los protagonistas de la rueda de prensa.

«No hay nada más poderoso en el mundo que una buena historia», afirma Tyron, en la cosa esa de los Tronos. El cronista solo vio el último episodio de la serie más grosera y violenta que ha emitido la televisión en su historia, donde el «spin doctor» de la serie pronuncia un gran discurso.

Ni huestes, ni oro, ni banderas, dice…o sea, sin ideas. Tres ruedas de prensa al día las sustituyen; porque hay que quemar a los portavoces y no al prócer. Ya le ha pasado a Macron- el primer día un estadista, el segundo está bien, el tercero un fiasco- y estuvo a punto de pasarle a Sánchez. Así que nos vienen días de portavoces y sinónimos: basal, inmóvil o hibernación, tienen donde elegir

Pero, amigas y amigos, hay dos cosas que no admiten sinónimos: quedarse en casa es quedarse en casa, véanlo con optimismo. La segunda, es que dicen mi nieto y mis nietas que todo saldrá bien. Y yo les creo.


Desde mi caverna, día 16: la desconexión de Simón

Fernando Simón se ha contagiado. Le deseo, como a todas y todos los infectados, lo mejor y la más rápida recuperación. La cara de nuestro trabajo frente a la pandemia ha caído. Joder, eso no pasa en las películas de virus: la vida nunca es como en el cine.

En realidad, Simón había desconectado hace días. Probablemente desde el inicio de la alarma y nuestro confinamiento. Quizá hubiera sentido ya la frustración que nos produjo saber que su rotundidad y su claridad no se sostenían, siempre, en datos. 

Quizá, al final, las medidas que un día eran innecesarias y al siguiente buenísimas le pudieron. A lo mejor, el debate algo airado en la profesión, irresponsables manifiestos por medio, le hacía daño.

También es cierto que el blindaje mediático a que le ha sometido el comisario de de prensa y propaganda de La Moncloa, filtrando preguntas y comentarios, corrigiendo para que nadie se salga del relato, cortando la relación directa con los periodistas, le ha impedido hacer lo que mejor hacía: explicarse.

No es menos verdad que la impericia de los gestores le ha convertido en el ejemplo de lo que no se hace en comunicación de crisis: comunicar lo negativo (contagios y fallecimientos), al tiempo que se fracasa en los paliativos, que por cierto, no dependían de él, sino de un Gobierno que se rodeó de un equipo científico ajeno a la estructura institucional, y con alguno que minimizó el virus.

El corolario del episodio de los tests chinos, por nadie explicado, la falta de medios disponibles para los que se encuentran trabajando en la ola de la pandemia, un Ministerio de Sanidad que decidió centralizar, una década después de haber abandonado el mercado sanitario, han ido minando su fuerza de convicción y, por tanto, nuestra confianza.

Él debe abandonar el campo herido por el virus. Nunca sabremos, o quizá sí, los secretos de aquella primera semana de marzo, la primera banalización que los analistas, periodistas y ciudadanías aceptamos, entre otras cosas, gracias a la seguridad que Simón nos transmitía.

Los cuidadores corren. Los que se enfrentan a la pandemia sin medios o los que han podido prepararse relativamente están al aire todo el tiempo. Todo el mundo protesta, mientras los demás esperamos el «pico», que dicho así suena fatal.

Estamos sobreinformados de la progresión de la epidemia, recibimos mensajes de guasap que nos hablan de tasas, de emergencias, camas, turnos, UCIs. De vez en cuando, nos atrapa el tweet o el mensaje, imposible de confirmar, retransmitido por enfermeras que nos avisan de que, en esa primera línea, empieza a contagiarse mucha gente y el agotamiento emocional empieza a cambiarse en cabreo.

Estamos confinados; estamos confinadas; el tiempo pasa con lentitud infinita. Y el portavoz políticamente autónomo ha desaparecido. Salen los soldados a hacer de portavoces, pero en realidad, aunque al comisario de prensa y propaganda de La Moncloa le gustaría, esto ya no es el «Ministerio de la Verdad»: cada vez se parece más a «La balsa de la Medusa».

Hay algo que Simón, probablemente, descubrió cuando se puso en modo desconexión: en el mundo real, las palabras tienen consecuencias. No es casualidad el lenguaje bélico que los soldados han prestado al gobierno: la guerra exime de responsabilidades.

Aunque quizá ya sea cierto. Ya no necesitamos a Simón, solo vigilantes del «pico». Porque a golpe de sustos, a pesar de que hay mucha tontería en marcha, la verdad es una: tenemos que quedarnos en casa.

Mientras mi nieto ve la «Dama y el vagabundo», al fin algo que entiendo y con héroes a mi medida, mientras mis nietas juegan con sus padres semiagotados, me mandan su mensaje diario: «Abu, todo saldrá bien». Y yo les creo y se lo cuento a Ustedes, a Fernando Simón y a los que están pasando un mal rato. Ánimo.


Desde mi caverna, día 15: todavía somos europeos, creo

Toda la Unión Europea esta asolada por la pandemia. Ya son muchas muertes, Italia vence y España sigue detrás, pero compitiendo bien, como siempre. La vida ha sido suspendida y la economía, prácticamente.

El mundo anda parecido. Ustedes pueden pensar en Bolsonaro el negacionista, en Trump el frívolo o en Johnson el lento. El problema es muy grande para mentes tan pequeñas. Se supone que en Europa nos guiamos por expertos, sea científicos o económicos y, sobre todo, que compartimos espacio social y político

Las consecuencias apuntan a duras; aunque como ya les he dicho alguna vez, no hay modelo que prediga lo que va a pasar. En Francia, donde no han cerrado del todo, la producción ya se ha reducido una tercera parte. De Italia y España ni hablamos.

Alemania quiere la rectitud fiscal para los demás, pero ha abandonado la suya. Se supone que todos estamos en lo «que sea necesario». Se han cerrado las fronteras y nadie pregunta por las normas fiscales o empresariales comunes, santísimas hasta hace dos días.

El Banco Central Europeo, Madame Lagarde ha acabado siguiendo la senda de Draghi, se ha lanzado a comprar cualquier activo o deuda que se le ponga delante, sin límite alguno, para inundar Europa de dinero barato. Por cierto, tanto hablar mal de los banqueros centrales y han sido más rápidos que los políticos.

La Unión Europea nació en una gran crisis: década de los cincuenta, tras la guerra y en plan dinero americano para unos cuantos – a España no llegó nada hasta que pusimos las bases-. El coronavirus este es de la misma familia de las grandes crisis.

Pero el sentido europeista no se forja por las crisis sino por las respuestas. Ya los populismos y el desánimo dieron cuenta de la austeridad letal del 2008, de un periodo de tres años sin políticas. Ahora puede ser mucho peor, si unos cuantos, incluido el holandés repugnante del que ayer les hable, se empeñan en partir en Norte y Sur la Unión Europea.

Si la Unión esperaba un momento para renacer, para actuar como una sola, para que los países ricos muestren solidaridad con los menos afortunados, difícilmente habrá otro como este.

Probablemente, la Von der Leyden y el Charles Michel no son precisamente los líderes que necesitamos. Vivimos tiempos oscuros, decía el ministro de Magia un día que pasaba por el Colegio Hogwarts de Magia; como si se pasara por Bruselas.

Cuando Italia lanzó el SOS, pidiendo equipos o mascarillas, Francia y Alemania no solo no ayudaron, sino que prohibieron la exportación, se lanzaron a acaparar en el mercado y dejaron a los europeos en manos de China y sus mercados .

Italia también es un caso económico paradigmático: su situación fiscal, poco crecimiento y deuda pública supone más prima de riesgo, es decir más intereses por la deuda que necesita.

SI se agrupara el riesgo, los «coronabonos», los países en apuros fiscales, España e Italia, se beneficiarían de la reputación financiera de Alemania u Holanda, recibiendo recursos a tasas de interés más bajas de las que tendría que pagar su deuda nacional.

Pero este personal político no acaba de entender el asunto, No se trata de lanzar un salvavidas a Italia hoy, a España mañana o a Francia pasado. El problema económico y político es que si Europa no responde a este desafío pierde su razón de ser.

Confiar solo en nuestros estados y nuestros gobiernos nos sabe a poco y por eso somos, todavía, europeos. Pero si las cosas siguen así, la sombra del Brexit, el populismo y la inutilidad caerá sobre Bruselas.

Ustedes, sigan en su casa, ese pequeño pedacito de Europa. Todo saldrá bien me han dicho mi nieto y mis nietas con una banderita azul. Y yo les creo

Desde mi caverna, día 14: el holandés repugnante

DEN HAAG – Wetgevingsoverleg in de Tweede Kamer met minister Wopke Hoekstra (Financiën) over het noodpakket waarmee het kabinet de economie sterk wil houden tijdens de coronacrisis. De woordvoerders zitten op gepaste afstand van elkaar in de Troelstrazaal. Foto: Een bode met handschoenen pakt een leeg flesje. NOVUM COPYRIGHT DIRK HOL

Iba yo a decirles que me hago portugués, ya puestos a tener un socialista de izquierda de verdad verdadera, mejor un presidente que le diga lo que hay que decir a los soberbios del norte y no un tuit hablando del mar y los peces. Y, justo entonces, me avisa Sánchez de que les diga que este blog no se cierra porque es esencial.

Que lo sepan los grandes CEO de ClikradioTV, por si habían pensado en darme vacaciones y luego hacerme recuperar crónicas en Agosto, así, sin subirme el salario prometido (si cuela, cuela).

En fin;  de lo que  hoy quiero hablarles, que ustedes me lían, no es de que Sánchez haya tardado seis Consejos de Ministros en hacer lo que casi todo el mundo le decía. Ni siquiera de que quienes curran, a estas horas, no saben si están de ERTE, trabajando, de vacaciones o con contratos temporales prorrogados.

Por cierto, que el cronista tiene una duda que algún experto o experta como ustedes podría resolverme: ¿si un autónomo tiene curritos y curritas a los que no puede despedir o debe poner de vacaciones, cómo se da de baja de actividad?

Supongo que un día de estos – en un par de meses- algún ministro o ministra delegado de la autoridad única, si no está de permiso o de baja, se lo explican en un par de decretos y un montón de abogados que, naturalmente faltaría más, le pagará el gobierno.

Pero yo de lo que venía era a hacerme portugués verdadero y hacer algún comentario sobre el ministro de Hacienda de Holanda. Miren, entre Usted y yo, nada como una crisis para conocer a un demócrata cristiano del norte de Europa.

Es entonces cuando la misericordia demócrata cristiana les sale por los poros de la piel, sobre todo si sin blanquitos y rubitos.

Es entonces cuando se decide que los viejecitos y viejecitas holandeses no deben ir a las UCI (llámese eugenesia) porque su esperanza de vida es cortita; cuando se pide a los belgas, que cobran de todos incluido Puigdemont, que pongan hospitales a los holandeses porque su rigor presupuestario no da para tener propios suficientes y pequeñas cosas así.

Hay que reconocer que los demócratas cristianos holandeses son gente seria: no beben, salvo cuando vienen a España a desparramar. EL 21% del país se pasó por España el año pasado (casi cuatro millones de turistas holandeses bebiendo en España), todos rubitos, rubitas, sanos, austeros y borrachos.

Debe recordarse, igualmente, que los muy cristianos demócratas holandeses hacían negocio solidario con sus clínicas para abortos de españolas cuando aquí se prohibía (grandes y caras clínicas en Leiden), mientras mantenían afamados barrios de prostitución para los señores (Barrio Rojo) y vendían maravillosas magdalenas de hierba. Es lo que hay.

Eso sí, todos los europeos del norte, serios de la muerte salvo cuando vienen al sur a emborracharse, tienen una capacidad soberana para jorobarnos la reputación. Debemos reconocer que llevamos una década chunga: rescate, Cataluña y genialísima gestión del coronavirus nos están dejando una imagen que no se la salta un caballo.

Wagner ya lo intuyó: los holandeses son leales hasta la muerte…de los demás, eso sí. Europa se contagia de la insolidaridad repugnante que tan bien ha denunciado Costa – después de Draghi, mi europeo favorito- y que la ministra de exteriores ha respondido con sutileza, hablando del mar y los peces, no se vaya a molestar alguien.

De todos modos, no se me agobien. Los rubitos y rubitas, demócrata cristianos, blanquitos, eugenésicos y casi nazis del norte no aguantarán la presión: habrá deuda pública europea, Draghi lo ha dicho y lo que diga supermario va a misa.

Mientras nos acordamos de la señora madre del holandés repugnante, una santa cristiana por supuesto, lo esencial es que ustedes se queden en casa. Mi nieto y mis nietas me recuerdan dos cosas: que no hay ningún superhéroe ni superheroína holandés y que todo saldrá bien. Y yo les creo.

Desde mi caverna, día 13: la torrija del confinamiento

Es viernes y los viernes, se lo tengo dicho, sostiene mi jefe radiofónico Don Juan Ignacio Ocaña, que otro tipo de crónica es posible. Pues nada, aquí estoy haciendo labores de servicio público y les sugeriré una receta con «recao». 

Quiero decir que ustedes pueden agasajar a los suyos y suyas, mientras juran, si acaso,…, contra el virus, naturalmente. La frivolidad tiene una ventaja, dice una portavoz de hoy de la autoridad delegada que los CEO de ClikradioTV no me pueden despedir; o sea, oiga, aprovechemos.

No; no vengo a hablar de su estado catatónico de confinamiento, ni del de los compradores de material chino del Gobierno, aunque quizá sí, que en estas crónicas «weekend» nunca se sabe.

Cuando no vivíamos en plan Gran Hermano, fueran donde fueran por estas fechas, sus amistades le obsequiaban con torrijas. Todas ellas eran del tipo «como las hacía mi abuela». Es sabido que son las abuelas y no las madres las que ejercen magisterio gastronómico. Así, hay tantas clases de torrijas como abuelas o modelos de mascarillas chinas.

Para ser rigurosos, hemos de decir que no son la cuaresma ni las abuelas. La culpa de que sus amistades le agasajaran con pan frito en la Semana Santa, un día sí y otro también, la tienen las parturientas romanas, el hambre y un cura castellano.

Las torrijas, como las migas, se han beneficiado de un excesivo «branding»: veinte siglos ponderando sus virtudes las han convertido en un producto imprescindible. Que esa presencia ineludible se produzca en Cuaresma se debe a un secreto de la historia o a que en la cuaresma de posguerra se pasó mucha, pero que mucha hambre.

El pan frito con miel y leche se encuentra en los papeles de un tal Apicio, un destacado gourmet del siglo I, pasó por la edad media y llegó al renacimiento español. Juan de la Encina, poeta y cura castellano, nos dejó una receta sugerida: «miel e muchos huevos / para hacer torrejas», propuesta que el poeta hace a la Virgen, para que se cure de haber parido al redentor, que es mucho parir, casi como uno de los decretos del gobierno

De la Encina desvela así el secreto del dulce: tiene su origen en la voluntad de las parturientas romanas de recuperarse cuanto antes, a golpe de aportación energética.

No es su caso, no es su caso, y quizá la aportación calórica este siendo excesiva en el confinamiento, pero, total, nadie le mira y un día de estos cualquier ministro o ministra delegado le promete que al salir de esta, que saldremos, nos pone gratis los gimnasios. Además, siempre se puede dar unas vueltecitas por el salón que les dejarán nuevos o nuevas.

Hagan acopio de pan duro, claro que si usted es tipo hipster será de los de comprar panes preparados, especiados y aromatizados en cualquier panadería de lujo. Vaya, vaya, cuénteselo al guardia que está en fase comprensiva.

Si son Ustedes de abuela normal, deberán guardar, como ingredientes, unos cinco huevos por una barra de pan; canela, un litro de leche, azúcar y aceite de oliva.

Si su abuela era pijita, aunque no lo supiera, háganse con vainilla (la vaina es suficiente, ahorren las semillas, si es que usted en lugar de pensar en su fino trasero, pensó en los postres y tiene), unas peladuras de naranja o limón y miel. Si ya está Usted en el nivel gourmet, o es de los modernos que se van con Airbnb a Oporto, pueden preparar un poco de ese vino.

La elaboración requiere nivel culinario del siglo I, que es como ser delegado del gobierno, ministro de Consumo o comprador de test chinos, así que no se pongan a presumir en el guasap.

Pongan Ustedes la leche en un cacharro y llévenla casi a ebullición; pongan azúcar, vainilla y canela, bien removido y dejen reposar la infusión (pueden añadir la peladura de naranja, limón, no protesten: ahora las cosas son de coaliciones amplias y ruedas de prensa de cuatro o cinco, ustedes me entienden)

No hace falta que manchen la vitrocerámica, se puede hacer en el microondas, que viene a ser como un Consejo de Ministros telemático.

Si están en el nivel «pijogourmet» ponga la copita de Oporto (he dicho copita). La leche no debe estar caliente cuando empape el pan. Si está caliente, el pan reacciona como si usted oyera a Quim Torra.

Pongan la leche en un recipiente adecuado y dejen que el pan empape. Mientras, pueden batir los huevos; el ritmo debiera ser como si usted fuera emigrante y el huevo fuere Abascal, dele con gracia. Saquen Ustedes las rebanadas cuando consideren que están en su punto de leche, báñenlas en el huevo y frían el pan.

No se pasen de aceite y no ponga muchas para que se mantenga la temperatura. Quiero decir, aceite caliente, más Casado que Arrimadas. Deben dorarse por ambos lados.

Según las van sacando las pasan Ustedes por un plato de azúcar y canela y las dejan reposar. O usen la miel, si es menester. Depende del lado de coalición que ustedes gusten, la miel de caña tipo Iglesias igual es demasiado para el confinamiento. Si las dejan reposar, habrán sudado algo de almibar y sabrán mejor.

Ahora, si no recuerda alguna anécdota de abuela e infancia que contarle a sus hijos y resto de confinados, debe Usted inventarse una abuela y una historia. A la gente le gusta tanto el pan frito como que le cuenten un cuento. También puede ponerles una rueda de prensa de Sánchez, mientras tratan de adivinar lo que dice, no preguntrán por el cuento.

!Cómo no va a quedarse en casa con tal manjar!  Hagamos torrijas, ya otro día les explico lo del potaje de cuaresma. Es tan sencillo, que mi nieto y mis nietas, con vigilancia paterna en la parte aceite, las hacen. Dicen que todo saldrá tan bien como las torrijas y yo les creo.


Desde mi caverna, día 12: saldremos socialdemócratas; de izquierdas…no sé

El golpe económico aparenta brutal. Más rápido y más fuerte que las crisis de 2008 o la Gran Depresión. En esos momentos, el hundimiento de todas las variables conocidas, desde el valor de la bolsa a la contracción del PIB, tardó tres años. Ahora, simplemente, tres semanas.

Los expertos discuten si eso tendrá forma de V (recuperación ) o de L (caída con estancamiento) y debates de todo tipo.Pero la verdad es que no hay modelos predictivos con precedentes. La economía ha entrado en un terreno desconocido: nunca la economía ha cerrado completamente.

La esperanza es que vuelva a abrirse la tienda: si eso es así, en el cuarto trimestre alguien crecerá, dicen los optimistas, entre los que el cronista y su nieterío se encuentran.

Que lo haga España dependerá de cómo metabolicemos la crisis evidente del turismo, nuestra capacidad de consumir y del chorro de gasto público, para el que tenemos menos margen que otros países, con un déficit que se salió de madre antes de la pandemia.

Eso sí, los Bancos centrales, con cierta pasividad europea, han hecho en menos de un mes lo que tardaron tres años en la última crisis.

El helicóptero ha empezado a soltar pasta, aunque la lentitud haciendo decretos y créditos es un poco desesperante, por lo menos en el caso español. Como en otros sitios, Francia o Inglaterra incluidos, parece que la diseminación al mundo de los autónomos no es la más deseable.

Toda la política monetaria está en marcha. Ahora falta la fiscal. Y ahí tenemos necesidad de que los remisos – sean los norteamericanos o los holandeses, por un poner- se avengan a mutualizar el endeudamiento.

La Unión Europea acabará abriendo la mano, Italia, Francia y España se han plantado. Los coronabonos y la respuestas fiscal común quieren dejarse  para cuando pase la crisis sanitaria, pero la Comisión no podrá aguantar la presión. La austeridad murió definitivamente con el virus y el nuevo capitalismo se la juega.

Habrá a corto plazo, eso sí, dinero que saldrá de algún fondo existente, como el de rescate (MEDE). Insuficiente; mucho español tendrá que hablar la señora Von der Leyen para que no pillemos un soberano cabreo.

Hay que echar una mano a realizar gasto y financiar déficit, procurando no subir los tipos de interés, para no hacer un pan con unas tortas: o sea, darle a la maquinita del dinero, que bajará el euro y así, de paso, Trump se quedará contento.

De esta crisis saldremos socialdemócratas; de izquierdas,.. no sé. Todas las crisis profundas hacen una o dos generaciones de socialdemócratas. En la primera crisis de la democracia española (1979) un señor que no era muy rojo, Enrique Fuentes Quintana, se empeñó en hacer socialdemócrata desde la derecha a la izquierda radical: lo consiguió.

Ahora el virus nos reconvertirá de nuevo. No solo hemos descubierto que el estado es la única red posible cuando vienen mal dadas, sino que la crisis ética y de gestión del sector privado de cuidados (residencias que abandonan enfermos, hospitales que envían a casa a sus trabajadores…) pondrá en crisis, por tiempo, a esta parte del sector privado.

Que el futuro sea socialdemócrata exigirá, también, servidores públicos más eficaces. Que se compre mal en China o que solo se compre en China si tienes un amigo chino; que se permita que suban los precios de consumo en silencio, que se tarde tres semanas en que el ICO le ceda a la banca los créditos, y cosicas de esas, revela insuficiencias.

Puede haber responsabilidad política de la que tendremos que hablar, pero también función pública que hace tiempo que no se ve haciendo determinados trabajos.

Quizá sea cosa de dejar de repetir que tenemos los mejores servidores públicos del mundo, para echarle la culpa a los políticos y pelotear, para reconocer que todos somos, más o menos, del mismo nivel y tenemos la necesidad de nuevas habilidades gerenciales públicas que hace tiempo no se practican, debido a la comodísima externalización.

Que salgamos de esta socialdemócratas no quiere decir que salgamos, necesariamente, de izquierdas. Al menos a corto plazo. Las crisis castigan a los gobiernos que las gestionan. 

Quién iba a decir que Trump puede tener un problema, que Netanyahu salvaría la cabeza o que las alianzas del gobierno español pueden tambalearse, con los nacionalistas tocándole las narices con un decreto al señor del CNI (o sea, Iglesias) y a Sánchez como se descuide.

Ahora bien, amigas y amigos, para salir de esta, de un modo u otro, y con el pensamiento que a ustedes les plazca, hay que salvar la crisis sanitaria. O sea, que hay que quedarse en casa sabiendo que todo irá bien. Mi nieto y mis nietas están convencidos y yo les creo.

Desde mi caverna, día 11: activismo de pandemia y panodio

Hay una evidente posibilidad de que salgamos de esta con dos novedades. Un nivel menor de odio, al fin y al cabo hemos descubierto que tenemos vecinos y vecinas y que incluso son majetes. También, podemos volver a escuchar a los expertos, a los que saben, en lugar de a los abundantes profetas de la red.

Ambas cosas contradicen a las distintas clases de populismo que nos rodean y que se enroscan en el tuiter y las cadenas de guasap como última frontera, ahora que el personal ha decidido aprender lo que es un bulo, mire usté.

Que dice algo el gobierno, aquí está el de Vox para culparle de venderse al virus extranjero; que alguien del PP dice que esto de las mascarillas y lo demás igual va lento, aquí esta el de la izquierda de verdad verdadera, para recordar los recortes de este o aquel.

Nada como el activismo de pandemia para que nada se pare. El premio, desde luego, se lo lleva el insigne Oriol Mitjà organizador de un manifiesto catalán, suscrito por otros médicos, que se ha convertido en el panfleto de cabecera de Quim Torra.

Se trata de profesionales que no trabajan en la gestión de la salud pública, ni falta que les hace, porque eso de la gestión de la salud no interesa. Hay que tener en cuenta que el gasto en salud de la Generalitat, medido en PIB, es bastante más bajo que  en el resto de España, hablando de recortes y eso.

Los documentos científicos, hasta los economistas que suelen ser más frivolones lo hacen, fíjense, se someten a revisiones de otros profesionales del mismo campo (pares) y, una vez obtenido un elevado consenso, se publica en una revista científica o se envía a la administración.

Pero este no es el caso, porque lo que se pretende no es elaborar un manual riguroso sino construir una artimaña para participar en el juego mediático y, de paso, hacerle un favor al jefe político, Sr. Torra, que al fin y al cabo es el que paga.

El manifiesto de marras propone cosas que el camarada Torra defiende de boquilla, pero no hace en materias de su competencia. Quiero decir que para cerrar las obras no hace falta que lo decida el gobierno de Madrid. Pero con lo bonito y solidario que queda «España nos mata», que lo de roba ya estaba pasado de moda.

Para no dejarlo solo, los de Vox han propuesto que, estando los hospitales madrileños saturados, no se atienda a inmigrantes o se les cobre. Cosa que no solo repugna por su odio, sino porque lo que produce es que haya en la calle cocteles de virus que nos afectarán a todos. Antes muertos que sencillos.

Qué mejor que vivir en el odio y la mentira, con lo bien que nos iba que las fuerzas políticas andaran a la greña, en lugar de hacer votos mayoritarios que respalden, al menos formalmente, las decisiones del gobierno.

El odio, el activismo de pandemia, ayuda a la negación. Miren a Bolsonaro, como hace unos días a Trump, hablando del virus chino, minimizando el problema, enroscados en la soberbia que mostró Europa, mientras China se lanzaba a por el virus tras haberlo ocultado, dicho sea por aquellos que, entre el odio o la falta de respeto a los expertos, ponderan las virtudes de una dictadura.

De esta debemos salir gobernados por una cultura que respete los datos de la biología y la física, dependientes de un planeta habitable. El negacionismo y el odio acaba dando pábulo a mentirosos. Como les dije el viernes, lo tenía escrito Pessoa que, frente a su ·»gran constipado», pedía verdad y aspirina.

Usted permanezca en casa y llévese bien con sus vecinos, cabréese poco y odie todavía menos. Es lo que hacen mi nieto y nietas; se lo pasan pipa, sonriendo, porque dicen que conocen la única verdad: todo saldrá bien. Y yo les creo. 


Desde mi caverna, día 10: el ministro que no sabía comprar en el chino

Estimados y estimadas: vale, si hemos de hacer caso a nuestros dos últimos profetas la cosa está chunga.

Afirma Paolo Giordano que nuestra civilización se derrumbará. Miguel Ángel Revilla, que siendo cántabro es más visigodo y menos sutil, afirma no solo que desaparecerán los hormigueros, sino que las secuelas económicas de la pandemia harán que los dinosaurios resucitados desaparezcan de nuevo de la faz de la tierra.

El cronista no puede desmentir a tan serios analistas. Incluso Uderzo, por si acaso, ha decido dejar la pócima secreta y marcharse a otra vida, sin coronavirus ni nada. Pero dejó escrito que, en Italia, Asterix y Obelix, acabaron con el coronavirus. Y dicen mi nieto y mis nietas que los de la aldea gala no eran para tanto. O sea que ganaremos.

Debo contarles un secreto para nuestra supervivencia: siempre quedará un chino, un badulaque pakistaní o un turco donde aliviar nuestras necesidades.

Comprar en un chino requiere habilidades que muchos de ustedes, empezando por el ministro de Sanidad, jefe de la autoridad delegada, pueden no tener. No lo afirmo; solo les sugiero un poco de autoanálisis.

Para empezar, estimados y estimadas, ustedes creen que hay un chino que vende en cualquier parte. Es que no se han fijado: los chinos no se pisan la manguera, son como las farmacias, hay una distancia, amigas y amigos. Hay que encontrar el chino adecuado, en el sitio adecuado. No basta, para que me entiendan, ponerse a mirar en el «interné»: o sea, se necesitan expertos de mercado.

Un chino puede estar desorganizado de la muerte o tan organizado a su manera que no hay dios que se entere. Si no le orienta nadie, mientras usted pregunta dónde están las cosas al chino vigilante del vial, que siempre le envía a otro chino, resulta que el que se lo sabe le adelanta.

Es decir, si uno no conoce, la competencia gana y satura la oferta. Es lo que han hecho Francia y Alemania, europeístas solidarios de la muerte, acaparando el mercado, mientras el ministerio español miraba a ver a qué chino compraba.

Hay que decir que el Ministerio de Sanidad hace diez años, desde las transferencias a las Comunidades Autónomas, que no compra ni una bata.

El ministro responsable no comprendió el asunto. Sanidad tardó tres o cuatro días en enterarse de que la única central de compras existente y mínimamente eficaz, en contratación pública, no era suya: estaba en el ministerio de Hacienda que, por cierto, tampoco ha comprado una bata médica en China en su vida, que se sepa.

Los ministerios son como ustedes que se han dado a la compra pija y glamurosa. Tiendas guais del centro, centros comerciales y «super» de calidad. Si ustedes fueran del común habrían hecho como el cronista: trabar una amistad estratégica con el «paki» de la esquina o el chino del barrio. Pero, que vamos a hacerle, estaban a otra cosa.

Es como si ustedes compran respiradores de marca ingleses o medicinas en un laboratorio alemán, fetén de la muerte. Pero, amigas y amigos, resulta que la cosa médica está en China o la cloratina esa tan afamada, a causa de Trump y un médico francés algo sospechoso, la producen en la India.

¡Ah, y comprar en esos sitios tan raros ya no es tan fácil como llamar por teléfono, en perfecto inglés a Lutton, por poner un caso, a pedir un respirador! La cosa es comprar en un chino.

Si ustedes fueran usuarios de un chino o un «paki» sabrían, también, que no en todos los sitios hay carritos de la compra y que si piden bolsa hay que pagarla. Para que me entiendan; hay que llevar carrito o contenedor. «Chino no pagal tlanspolte».

Es decir, transportar es fundamental. No solo hay que encontrar un chino que te venda (conocer al chino adecuado es transcendente y los ministerios no sabían de eso). Hay que traer la mercancía.

Por eso, las empresas privadas son más útiles que la centralizada compra del ministro: tienen sus cadenas de logística, sus profesionales del asunto, aeropuertos de cabecera y viajes programados. En fin; teníamos un problema: el ministro no sabía comprar en el chino.

Pero no se preocupen; permanezcan en casa; los chinos acabarán enviando lo que necesitamos. Mi nieto y mis nietas, que afirman ser más fuertes que Asterix y Obelix, me aseguran que todo saldrá bien. Y yo les creo.


La economía del distanciamiento social

La economía del distanciamiento social es una economía de crisis, austeridad y generosidad. Nos piden que nos alejemos unos de otros, y tienen razón. Pero escuchen bien: nos piden que nos alejemos, no que nos convirtamos en extraños.

Lo primero que desaparece en la economía del distanciamiento es la solidaridad. Si no nos reconocemos, no nos queremos. Solo se ama lo que se conoce.

Por eso se produce la individualista pasión acaparadora, aparece el alto número de imbéciles que  confunden pandemia con «Pa Denia». Cosas propias no solo del pánico sino del egoísmo y la ineficacia. Lo del papel higiénico no tiene explicación: pudiendo usar algún periódico que yo me sé…

Algunas cosas deben saberse, y no me refiero a las medidas de salud que corresponden a los expertos (no incluyo aquí a las tertulias). Sepan que en Italia no puede empezar el apocalipsis. Los italianos han sobrevivido a los fascistas y a la democracia cristiana, a la mafia y al papado, a Andreotti y a Albano. ¿De verdad creen que un virus podrá con ellos?

Hay quien le sorprende la disciplina de la gente en Italia. Y acabará pasando en España en cuanto un par guardias civiles se pasen por las terrazas de los bares, las playas, los parques y las segundas viviendas. Hay cosas que hay que encargárselas a quien sabe.

De lo que se deduce que el problema no son los pueblos sino sus gobiernos. Cierto que sabemos que, en economía, los incentivos funcionan. Sin embargo,  el hecho de que el primer suministrador de porno italiano en streaming haya concedido sus paginas premium gratis no deberíamos considerarlo como tal. 

Nosotros quizá debamos escuchar música, ver cine, jugar algún videojuego; es más elegante y menos grosero. Si quiere invertir, abandone la vieja bolsa, analógica, con bancos sobrevalorados y petroleras en transición ecológica, compre acciones de Netflix o videojuegos, esos son los nuevos negocios.

Hay que recordar, hablando de economía, que Florencia no desapareció por la peste, sino porque un cura enloquecido, populista antes de que hubiera populistas, arruinó el comercio a futuro, al declarar enemigo a todo extraño.

Que un presidente como Trump declare extranjero al coronavirus no solo es una sandez populista, tipo la tierra es plana, es un xenófobo disparo en su propio pie.

También es de primero de apocalipsis: no; el hundimiento de las bolsas no produce el fin del mundo. La riqueza financiera, el capital, es una parte mínima de los pasivos de las empresas y las familias, sólo quienes tengan grades planes de pensiones o grandes patrimonios se ven afectados. Ha bastado prohibir la especulación una mañana (las operaciones a corto) para que el Ibex se recuperara. luego el estado de alarma paró la recuperación.

Las compañías aéreas ya iban de mal en peor y los bancos llevan años perdiendo valor, cosa que alguna banquera, y no quiero mirar a nadie, está aprovechando para comprar acciones de su propio banco tiraditas de precio. El Banco Central los mantendrá a flote, herencia del gran Draghi.

El 81% de la recuperación de la riqueza de las familias españolas tras la crisis se debe a la revalorización de su patrimonio inmobiliario. En cambio, la riqueza financiera, derivada de los ahorros puestos en depósitos, fondos de inversión, planes de pensiones y acciones en Bolsa ha mejorado poco.

Tampoco es que los gobiernos europeos se estén saliendo ¿Sabe usted? El señor Sánchez, a parte de una moratoria fiscal, cosa que le irá bien a las grandes declaraciones, pero poco a autónomos y micropymes, ha dejado 400 millones de créditos del ICO. Dinero que gestionarán los bancos privados, vía el crédito preconcedido, y que pondrá el Banco Central europeo. Por cierto, tampoco pone Sánchez dinero para la sanidad, es que adelanta los pagos a cuenta.

Para que me entiendan, si fuera por las medidas de los gobiernos europeos, incluido el nuestro, tendríamos que aplazar el apocalipsis por falta de trompeteros.

El distanciamiento social destroza el comercio, el intercambio, el viaje, la cohesión. Es un tiempo muerto. Requiere caja, tesorería y solidaridad, por cierto, cuidado con los lugares comunes habituales que, en estos momentos, no suelen ser eficaces: si; los subsidios son mejores que los controles de precios, a efectos de igualdad..

Mover el tipo de interés no sirve para nada, la moratoria fiscal, debería ser seguida por la moratoria de cuotas a seguridad social, de fondos fáciles del banco para evitar la morosidad, tan contagiosa como el virus.

La economía del distanciamiento social exige déficit público, no hay más remedio. Pero no se inquieten, a nadie le preocupa la deuda ahora mismo ni el déficit. Ni a los nórdicos, aunque postureen. 

Hay una ventaja, es de primero de apocalipsis también: los ilustres se convertirán en zombies a la misma velocidad que los humildes. Excepto, naturalmente, los banqueros que han escondido en Las Rozas a sus huestes más selectas. Puestos a poner distancia, que sea una distancia pija, faltaría más.

La continuidad operativa no exige la selección, digan lo que digan. Para que me entiendan, el mundo se acabará pero siempre habrá un banquero. Eso sí; no podrán prestarle dinero a nadie, pero cabe imaginar que se reproducirán pequeños banqueros y banqueras.

Quiero recordarles que, aunque no lo crean, la historia también existe allí donde nadie mira. En ese rincón oculto de su barrio, en esos lugares que no importan, en algún continente de esos que no temen al coronavirus porque llevan años muriéndose de casi todo, en esos sitos, también se sufre

Por último, recuerden aquel tipo que va al siquiatra y le dice: «Doctor, mi hermano está loco. Cree que es una gallina». Y el doctor responde: » ¿por qué no lo mete en un manicomio?»  El tipo contesta: ‘Lo haría, pero… ¡necesito los huevos!'».

Sonría, pues, a su vecino y a su vecina, recuérdenlos cada día, mándeles un guasap o salude por la ventana, aunque sea a gritos cual verdulero. Ofrézcase, incluso, a compartir papel higiénico.

Algún día, más pronto que tarde, las guitarras volverán a encontrarse con las botellas de anís; más temprano que tarde, caminaremos de nuevo por las alamedas para tocarnos, besarnos y acometer el pequeño asunto de seguir siendo felices.

Buen día, buena suerte, el cronista necesita sus huevos.

(Crónica ClickradioTV. 13 de Marzo de 2020)


Trump está muerto, ustedes casi y los profetas abundan

En economía no existe nada parecido a un director de alertas y emergencias. En consecuencia, nos tenemos que conformar con los habituales profetas.

Aunque hay abundantes modelos matemáticos al alcance de cualquiera, tampoco existe nada parecido a la predicción automática, por eso en economía abunda la libertad de expresión.

Esta mañana, mientras Fernando Simón trataba de tranquilizarnos, seis periodistas que no tienen ni idea de medicina, pandemias ni nada por el estilo, eso sí príncipes y princesas en el reino de la libertad de expresión, han narrado durante dos horas, minuto y resultado de la pandemia.

Ellos y ellas han aconsejado a las Comunidades Autónomas, a responsables políticos, a la Unión Europea y a cualquiera que pasara por allí sobre lo más acertado.

En economía también hay de eso y el más afamado de todos los profetas es Nouriel Roubini, famoso por haber anunciado la crisis financiera de 2008. Es cierto que Roubini hubiera acertado algo en algún momento: este profesor de Económicas en Nueva York predijo 48 recesiones. Soy como Iceta, él cuenta naciones, yo profecías.

Ayer, Roubini nos ha alertado de nuevo. «Esta es una epidemia global; el impacto será mucho mayor de lo esperado y la política monetaria no será capaz de actuar. Ese golpe tendrá consecuencias políticas,…, «Trump está muerto».

Mientras decía esto, la Reserva Federal bajaba los tipos y los bancos centrales, de Europa a Japón, repetían aquello de «whatever it take» (lo que sea necesario, que dijo el gran Draghi) y las bolsas subían.

O sea, que las empresas y los inversores se endeudarán con dinero barato para comprar acciones, mantener el valor de las bolsas y sus activos, a veces ineficientes, y ampliar las brechas de desigualdad. Un par de compañías saludables, eso sí, evitarán el colapso, cosa que tiene valor. Sin un clima de confianza y sin inversión pública ese dinero, sin embargo, no se traduce en crecimiento y consumo.

No es Roubini el único de los abundantes profetas. Tenemos a Rogoff, Stiglitz, entre otros, por no citar a gurús patrios, del reino de la libertad de expresión casi todos,

Ayer también, Rogoff decía que «no es pronto para reconocer que la próxima recesión global puede estar a la vuelta de la esquina». Stiglitz aseguraba que Estados Unidos «se encuentra en medio de una crisis de opioides, una crisis de diabetes infantil y una crisis política», mientras los demás, al parecer, estamos sumidos ya en una crisis ética, económica y política.

Lo cierto es que la economía andaba y anda bastante tocadita. Que las razones tienen que ver no con la globalización sino con su ausencia, en forma de crisis comercial y proteccionismos populistas; con transiciones energéticas poco planificadas (crisis del automóvil y devaluación de activos energéticos) y, muy especialmente, con la insuficiencia de rentas que debilita el consumo de las clases medias y trabajadores.

Es cierto que si la segunda economía del planeta se para, aquellos que vivían de exportar (Alemania, por un poner) corren riesgo de entrar en recesión. No es menos cierto que Italia estaba en recesión antes de que la zona rica entrara en emergencia epidémica o que España ya andaba cerca del 1,5%   antes del virus y no se esperaba mucho más

Pero no hay nada como una pandemia para poner en marcha el ágora y a los agoreros. Sí; las cadenas de suministro fallan (quitando a Zara y automóviles es improbable que el asunto le importe a nadie en España) y sí, lo que preocupa en nuestro país es el turismo.

Pero qué quieren que les diga, qué les importa a ustedes que venga gente si ustedes habrán sucumbido a la peor ocasión sanitaria que vieron los siglos. El mapa de puntos rojos se extiende inexorablemente hasta la puerta de su casa, lo dice el reino de la libertad de expresión.

No le quitemos importancia a la pandemia; especialmente pensando en las poblaciones más vulnerables a la neumonía. Pero, háganme caso, no dejen que la preocupación legitime a los bocazas

Nada peor para la economía que las profecías autocumplidas. Puesto que estamos en crisis y muertos, nada mejor que portarnos como si estuviéramos en crisis y muertos. La economía sufrirá, en China sufrirán y el resto del mundo pasaremos un mal rato.

Cuanto de malo no lo sabe nadie, pero ya andan pululando las cifras de la profundidad de la crisis venidera. ¿De dónde salen los números? ¿ De qué modelo matemático? De la abundancia de profetas. 


¡Apretad, apretad!

¡Apretad! Dice el vicepresidente segundo del Gobierno, para sonrisa de quienes unas horas antes habían gritado: «Iglesias come lubina y el campo es una ruina». Nada como pasarse a la pancarta para que el desprecio se torne en caña.

El problema, cuando uno es gobierno, es que debe tener una respuesta. Y, para qué engañarse, el que crea que lo del campo español es de un par de reuniones se engaña. Problema antiguo, de estructura, de un país que ya se alimenta de importación y que ya no es agrario.

La falta de rentabilidad de la miríada insostenible de explotaciones agrarias no se arregla con decisiones del Consejo de Ministros que, eso sí, pueden aumentar las subvenciones agrarias y aumentar los precios al consumo, que en realidad es lo que harían los precios mínimos.

El personal español, en esto, es como el europeo. Todos queremos una intervención pública que mejore la renta de los agricultores, favorezca la sostenibilidad ambiental y promueva el desarrollo de las zonas rurales.

Hay que reconocer que los políticos procedentes de la agricultura y las organizaciones agrarias son un buen grupo de presión y que el personal todavía se acuerda de cuando todos éramos de campo.

El problema es que la PAC, la matriz de la política agraria europea, no sostiene ninguna de las tres cosas. En materia de equidad, en España, el 80% de las ayudas se las llevan el 20% de los perceptores, en el resto de Europa por ahí; el modelo se apoya un modelo industrial de agricultura y llevamos veinte años con el mismo patrón de sostenibilidad.

Este, en España, es un problema antiguo. Y los argumentos que se escuchan desde las organizaciones agrarias y quienes que piden barricadas, vicepresidente incluidos, son, en general, antiguos. Cosa que, desde luego, no invalida las movilizaciones.

No; la agricultura no tiene nada que ver con la despoblación. Debemos acostumbrarnos a ignorar retóricas engañosas. No hay «España vaciada». Nadie ha conspirado para vaciar el campo.

¡Ah, aquellos tiempos antiguos (¿de los sesenta y setenta…?)! En realidad, fue entonces cuando se vació el campo, amigas y amigos. En los últimos 25 años hay sitios donde la población ha aumentado, allí donde hay explotaciones rentables, exportación y, por cierto, inmigración. ¡Viva la patria y el campo!

La despoblación no tiene que ver con la agricultura. Tiene que ver con la tasa de natalidad, con la falta de diversificación industrial y con un fenómeno universal. No; en Europa no hay políticas que impidan la despoblación rural: dos tercios de la población mundial (o sea, el sesenta por ciento) vivirá en grandes ciudades en 2050. Nada que ver con la agricultura.

No; no es del todo cierto que los agricultores hayan perdido más renta que los trabajadores. Cierto, el 2019 ha sido especialmente malo: una caída de la renta, contando inflación, del 9,5%, centrada en los vegetales, por cierto

Ahora bien, la renta agraria es un 15% más alta que en 2007. También es cierto que no todo el mundo puede decir lo mismo: los que sufren son las producciones vegetales – el 58% del sector agrario-.. Y si nos ponemos, los que más sufren son los olivareros, los que producen frutas y las patatas. Lo demás, no es para tanto. La ganadería y la agricultura ecológica, además de la industrial, no ven bajar sus rendimientos.

Ahora bien, es verdad: la muy famosa explotación agraria familiar española ha dejado de ser rentable. Es imposible mantener más de un millón doscientas mil explotaciones, al mismo tiempo que queremos producciones medioambientales y sostenibles, con unos costes prohibitivos.

Las microempresas y autónomos que copan el tejido productivo agrario, lejos de suponer un impulso económico, generan un freno al crecimiento económico, la rentabilidad y el avance de los salarios. La atomización de la producción significa que el territorio está plagado de pequeñas explotaciones sin capital físico ni humano, que resultan muy poco productivas.

Una atomización, muy diferente al la europea, que supone que los agricultores soportan el 90% de las caídas de precios. El problema de España es que la dimensión de los productores y la concentración de la industria procesadora hace que sea esta segunda la que fija los precios, sin atender a los costes de producción. Las movilizaciones debieran pretender articular un modelo de negociación.

Por cierto, el sector primario español está muy subvencionado: el 24,5% de la renta son subvenciones, eso sí, mal distribuido como se decía antes.

También es cierto que la cadena alimentaria esta formada por demasiada gente: la central hortofrutícola, la plataforma de distribución, el mercado de abastecimiento, la tienda (supermercado o hipermercado). La movilización debería convocar a todos.

La gran tienda, menos de un diez por ciento de la producción por ciento, no obtienen sus resultados a través de grandes márgenes sino por una elevada rotación de su circulante (muchas operaciones con poco margen).

Puede limitarse el poder de la distribución (por cierto, se habla poco de los exportadores que mueven más que las grandes superficies), pueden elaborarse índices de precios, pueden fijarse precios mínimos: nada de eso resolverá los problemas estructurales.

Las organizaciones agrarias, siempre partidarias de una PAC que ofrezca el mayor apoyo posible a los agricultores con la menor cantidad posible de restricciones productivas, ambientales o territoriales, no atienden al problema de fondo: las explotaciones no son rentables.

Apretad, pues, amigos y amigas del campo. La verdad es que el Gobierno puede hacer poco o nada en materia de rentabilidad. Igual había que manifestarse en otro sitio. Puede regular precios, Podemos está deseando: vale, ya lo pagaremos los consumidores.

Apretad, si el vicepresidente segundo os anima, no rebléis, entonces, sacadle unas buenas subvenciones a los precios, alguien las pagará. 

Eso sí, en 2022 cuando llegue la nueva PAC, y las subvenciones dependan del clientelismo del gobierno y no de Bruselas, volved a apretar: las explotaciones seguirán sin ser rentables, las importaciones llenarán el mercado y Pablo seguirá comiendo lubina.


Diplomacia de nocturnidad y aeropuerto

Si un geo camina enmascarado en La Paz, un arancel puede caer sobre una oliva en Jaén. Es lo que tiene la globalización populista: cuando te cazan, primero te escriben un tuit, luego te cae un castigo.

El ministro Ábalos -sin reputación y bastante debilitado- dimitirá más pronto que tarde, por supuesto por razones personales o para dedicarse al partido que tanto aprecia. Los efectos de su peripecia aeroportuaria no tienen enmienda.

Ábalos no solo ha inventado una nueva dimensión espacial: lo que hay entre la T1 y la T4, incluidas las salas VIP, no pertenecen a España. Sobre todo, ha mentido reiteradamente.

La cosa, señoras y señores míos, es que un día Delcy Rodríguez tendrá un apuro judicial y cantará más de lo que se ha contado, para librarse, o algún servicio secreto hará lo que le hicieron a Salvini, y nos hizo gracia, filtrar una grabación.

La tradición española de ministros de Fomento que son conspiradores tabernarios es amplia. Desde la España liberal tenemos sobrados ejemplos. El problema es que cuando se cambia la copa de taberna por el Martini de 007 las cosas se estropean.

Pero para qué engañarse: la reputación es una cosa muy sobrevalorada. Así que el hecho de que la política exterior española sea irrelevante en el contexto europeo parece importar poco. Otras cosillas de nada merecen reseñarse.

España reconoció a Guaidó, luego el ministro ha venido a recibir a una usurpadora. España es responsable de aplicar las decisiones europeas en Venezuela, luego hemos incumplido. Contraprogramar a Guaidó, con el ruido de la Señora Delcy, ha provocado que Guaidó se busque un nuevo mejor amigo, el presidente de Canada, que por cierto no da puntada sin empresas (como se sabe en Cuba), en un momento en que Trump busca liberarse de las entidades españolas en Hispanoamérica.

Tocarle las narices a la Unión Europea no es buena idea, cuando se envía a ministros y ministras a solicitar que no se reduzcan las ayudas agrarias. Tocárselas a Trump no se compadece con mandar una ministra de exteriores a aliviar a las aceitunas españolas de aranceles.

Europa tiene problemas estratégicos de primer orden. Quizá no sea casual que Borrell, responsable del asunto, esté desaparecido, con un creciente protagonismo del presidente del Consejo. Macron, Merkel y el presidente polaco no cuentan con España, en un escenario donde el unilateralismo norteamericano y la presión rusa determinan la agenda.

En ese escenario tampoco es inteligente salirse de la disciplina europea e ignorar sus decisiones diplomáticas, cuando España va a necesitar del apoyo de los negociadores del postbrexit no solo en el asunto de Gibraltar, sino en los pesqueros, los agrícolas o los industriales.

Quizá no es Zapatero, cuyas razones socioeconómicas y políticas para su pasión venezolana se nos escapan o no han sido explicadas, quien debiera marcar la agenda exterior. Venezuela, como Ecuador, no son asuntos sencillos. Gobiernos de origen obviamente legítimo y popular han devenido, por razones de diversa naturaleza, en responsable de un bloqueo social y político irresoluble sin elecciones democráticas.

La diplomacia de nocturnidad y aeropuerto, al margen de los socios europeos, las ocurrencias diplomáticas en Barajas o en La Paz devalúan el papel de España. El martes, la mitad del parlamento Europeo nos tirará de las orejas, lo veo venir. Pero ya les digo: la reputación exterior está muy sobrevalorada en tiempos de globalización populista.


Davos: reunión anual de bomberos pirómanos

Hoy es el día que los cronistas esperamos todo el año. Hoy es el día en que podemos meternos con los ricos y las multinacionales y nos aplauden. Efectivamente, hoy se inicia la más importante reunión anual de bomberos pirómanos. Es en Davos y es el Foro económico Mundial.

En la montaña más mágica, en el mismo sitio donde Thomas Mann describió su balneario, los que se pasan todo el año fastidiando se juntan para salvar el capitalismo, el planeta y a quienes trabajan, y por ese orden. Por supuesto, como se imaginan, Greta ha ido, ya ha intervenido y reñido a los líderes, junto a otros jóvenes activistas.

También se espera a Trump, Sánchez pasará por allí, dicen que a negociar impuestos con las grandes tecnológicas e insistir en la emergencia climática. No obstante, la representación española está encabezada por la Señora Botin e incluye, además del Santander, al BBVA y a todo el Ibex35, organizaciones salvadoras del capitalismo, el planeta y el empleo, por ese orden.

En este año se cumple su cincuenta aniversario. En 1971, en la primera edición, Nixon estaba en la Casa Blanca. Mao Ze Dong gobernaba una China más campesina que líder de mercado. La inflación y la Guerra de Vietnam habían hecho trizas el sistema monetario y el capitalismo parecía haber llegado a la víspera del derrumbe.

Un profesor suizo, famoso entre los vástagos de las élites que se educaban en Suiza por sus fiestas de fin de curso, tuvo una idea: reunir a los líderes para salvar el capitalismo. Ha demostrado ser una buena idea de negocio: cincuenta años después, el capitalismo sigue a punto de despeñarse y en Davos se siguen juntando para salvarlo.

La verdad es que la música ambiental no parece haber cambiado tanto. DAVOS 2020 tiene lugar en medio de la preocupación de que se avecinan malos días, tras la tibia recuperación de la crisis financiera.

El crecimiento salarial, de la productividad y de la inversión han sido pobres y los mercados financieros parecen peligrosamente sobrevalorados. Los ricos son más ricos y la desigualdad es creciente. Como los ricos, muy ricos, ya no curran, piden que la economía no se base en los dividendos, que ellos ya tienen suficiente.

Como es tradición, La directora General del Fondo Monetario Internacional ha sido ayer, como corresponde, cristalina. Georgieva ha rebajado las expectativas de crecimiento en todo el mundo. Por cierto, en España más que en otras partes. Aquí llevamos meses diciendo que nuestro crecimiento va por debajo del dos por ciento, Kristalina Georgieva ya va por el 1,6.

Con poco margen fiscal, en dos Consejos de ministros, pensiones y salarios públicos, han elevado el gasto público en cuatro mil quinientos millones, lo que con una caída de dos décimas de crecimiento augurada por el Fondo, España requerirá de mucha mano ancha de la Comisión Europea, que podría aprovechar para frenar reformas laborales, a cambio.

Lo cierto es que el impacto del estímulo político extraordinario, a golpe de ríos de dinero, de la última década no ha llegado a la economía real. En caso de otra crisis, los bancos centrales parecen estar cortos de armas convencionales.

Este año se confirmará que la emergencia climática preocupa mucho a los líderes mundiales. Tanto les preocupa que su viajecito a Davos – naturalmente en avión- produce más huella ecológica de la que ustedes producirán en un año. Tanto les preocupa que han invitado a Trump, que es poco de la emergencia climática, como se sabe.

Ustedes, mientras me leen, aún tienen tiempo de llegar a algunas de las magníficas conferencias que se escucharán. El pequeño detalle de que les cueste 25 mil euros inscribirse, mil euros por noche, más el billete de avión, no debería desanimarles: que es eso, para salvar el capitalismo.

Hay conferencia para todos los gustos. Mi favorita es una que se titula «la risa se contagia». El que no se consuela es porque no quiere. Ríanse, ríanse mucho, que de esta si que nos salvan al capitalismo, al paneta y a quienes trabajan, y por ese orden.

(Crónica ClickrdioTV. Martes, 21 de Enero de 2020)


No sé si era esto

El conductor de La Sexta pone cara transcendente porque va a hacer una pregunta transcendente: diputado ¿Qué debemos hacer para que la legislatura no sea «guerracivilista»? !Ea! El diputado interpelado esta a la altura: es que la derecha es cerril y cuartelaria.
Conductor y diputado nos dicen que estamos, pues, donde el populismo quería. Desaparecido el centro, con los socialistas, a la vejez viruelas, haciendo de izquierda y las derechas en competencia por el machito y sin capacidad de influencia, puesto que estamos más iracundos, odiamos más y puesto que vivimos del frentismo, nos dividimos más.
Me dice la izquierda que no escuche a la derecha cuartelaria; me dice la derecha que no escuche a la izquierda anticonstitucional; me dice esa inspiración democrática que supone Bildu que no escuche al jefe del estado; me dicen la Cup y los «indepes» que no escuche a nadie que no sea catalán, por que en realidad lo de España «les importa un comino.». La cosa, amigos y amigas, es que no escuche a nadie, solo que odie.
Habrá que decir, aunque se sabe que la izquierda de verdad verdadera nunca se equivoca contra el pueblo, que si el populismo ha contaminado los comportamientos democráticos y el nacionalpopulismo la agenda política es porque, por tres veces, esta maravilla de gobierno progresista que hoy nos han dado fue imposible, debido a unos paseíllos inocentes por el jardín de los egos de los narcisos a cargo del asunto.
La sensación es que aquella frase de Iceta, haremos «lo que haga falta», se ha llevado a extremos inimaginables, innecesarios y poco decorosos, francamente. Sospecho que no habrá el apocalipsis que anuncia la oposición, pero la incertidumbre anegará, sospecho también, la esperanza.
El populismo tiene una ventaja: no necesita números, solo un enemigo. Es por eso que, más allá de los lemas sacados de los acuerdos, poca sustancia se ha dado a la esperanza que se anuncia.
Las promesas se basan en un crecimiento de legislatura de hasta 6 puntos de PIB, lo que no se cree casi nadie, pero que, además, no sería financiable con esos propagados impuestos a ricos y empresas de los que se presume.
No temblará el capitalismo ya se lo adelanto. Se trata de mil quinientas declaraciones de IRPF y la subida del impuesto de sociedades es menor de lo que parece. Suponiendo un par de miles de millones de euros, que es mucho suponer, seguirá faltando un montón de pasta.
Pero esta no será, digan lo que digan los archipámpanos sin competencias propuestos, la del cambio económico y social sino la de un sutil, a veces no tan sutil. cambio régimen político y la del clientelismo territorial.
Será el gobierno juzgado por lo que haga, naturalmente, pero me temo que el paseíllo de acompañantes, de contenido algo impúdico y poco prudente, en estos tiempos de ira y venganza, ha alimentado más nacionalpopulismo del que ya teníamos.
No tengo especial apego a los contenidos constitucionales cambiables, pero sí a las reglas: la forma es parte del contenido, como se sabe. Y me temo que eso ha saltado por los aires.
Será difícil cambiar la impresión que se ha creado de que mesa de negociación a mesa de negociación, territorios premiados sonreirán a territorios castigados y tendremos más de cantonalismo. Será una legislatura de Tribunal Constitucional y judicialización, de negociaciones opacas.
Sutiles cambios de régimen se han anunciado para evadir las mayorías cualificadas, evitar las coaliciones y cosas parecidas. Todas las barreras de defensa del 79 que podían ser levantadas han sido levantadas, preparémonos, entonces, para otra cosa.
Desde el cinismo hecho política de Oscar Matute a la amenaza de Rufian, si hay que acabar con la legislatura se acaba, se han sembrado decena de minas que el PSOE no está, sinceramente, en condiciones de desactivar, sin un giro propio y de la derecha, poco esperable a corto plazo.
Desde luego no solo no ha habido centro ni derecha a la altura de las circunstancias, sino que la alternativa conservadora se inscribía más en la pánica iberia de entraña irrespirable que en el panel constitucional.
Ya tiene, entiéndanse las lágrimas, Iglesias su vicepresidencia y son archipámpanos sus colegas, con escasas competencias y algún desatino como separar ciencia y universidades.
No sé si era esto lo que en la izquierda se había buscado por tres veces. Sospecho que no. Siempre nos quedará, por seguridad, Bruselas, mientras no nos saquen en cualquier negociación.
Así, en la Moncloa podrán dedicarse al diálogo con todo el mundo, menos con los constitucionalistas, y en la oposición podrán debatir sobre quién lo tiene más grande, me refiero al patriotismo, por supuesto.
Ahora que tanto se habla de los felices 20 del siglo pasado, para ocultarnos que estos días se parecen más a los treinta, me atrevo a recordarles al mejor actor de la época: Buster Keaton, todo silencio.
Pásense al silencio, abandonen el ruido que alimenta el odio y dejen el griterío a la patulea verbenera de la carrera de San Jerónimo. Mientras, ustedes hagan de dignos maquinistas de su vida: serán más felices.

La semana que compraron a Holly (Audrey Hepburn), otra vez

El cronista pertenece, quizá, a la última generación cuya pubertad no fue influida por los videojuegos sino por el cine. Suena Moon River, ella baja del taxi, camina hacia el escaparate de Tiffany y desayuna. La leche. Palabra cuya polisemia entenderán mejor aquellos señores que recuerdan su pubertad.

La mujer de nuestros sueños, decidimos, sería como Holly, o sea como Audrey Hepburn. La puerta de Tiffany paso a ser un lugar como una ignota playa griega, la casa de piedra de Julieta o, por un poner, el Bernabeu. Sitios, en fin, donde solo se habla en verso.

Ahora que la experiencia ha pasado sobre nosotros, sabemos que a la chica de nuestros sueños solo la hemos llevado a desayunar unas porritas a un viejo bar de Malasaña o a un paseíllo por el Albaicín, sin joyería a la vista, eso sí.

Ahora, también, sabemos que bajo los románticos paraísos también corren ríos de oro. Por eso nos ha molestado saber, esta semana, que se ha confirmado lo anunciado: Tiffany ha sido vendido. Holly ha sido comprada, de nuevo: 14 mil setecientos millones de euros tienen la culpa. Y, también, los chinos, naturalmente.

A ustedes suele molestarles la impúdica compra del lujo por el uno por ciento más rico, pero nunca se ocupan de los chinos. Presos de buenismo, siguen creyendo que estamos en los días en los que todos los chinos parecían iguales porque para eso habían hecho una revolución.

En fin, el grupo del hombre más rico de Francia, Monsieur Arnault ha comprado Tiffany. Ya posee Vuitton, Moët Chandon, Dior, Bulgari, Givenchi, Céline. Las marca de rejojes Hublot y Tag Heuer. Arnault necesitaba joyas y relojes para el consumo de los Fuerdai.

No; los Fuerdai no son una mafia. Tampoco una banda de ninjas. Fuerdai significa «segunda generación de ricos». Fue Deng Xiaoping, el que enseñó a Felipe Gonzalez que no importa el color del gato sino que cace ratones, el que realizó el sueño de todo planificador económico liberal: capitalismo, con partido único y sin sindicatos.

La estrategia puso a China en el mercado global e hizo ricos a miles de funcionarios locales del partido, reconvertidos en clase media, y a sus hijos, en general únicos y hombres; es lo que tiene la planificación demográfica.

Ellos, los Fuerdai, se han quedado, ni más ni menos, con el 30% del mercado del lujo, que en 2025 será el 40%. Eso es derroche impúdico que sumar al de ese 1% de ricachones antiguos que ustedes odian.

El interés de mercado de Tiffany es que cuando los chinos decidieron repatriar su consumo, penalizando la salida de capitales para comprar futbolistas o joyas.el mercado del lujo americano cayó peligrosamente.

Los empresarios americanos se dijeron: si los chinos no vienen a nosotros, nosotros iremos a los chinos y, ya de paso, no pagamos impuestos aquí. Y abrieron tienda física y on line en China, donde ha trasladado alguno de sus más caros diamantes. Grande America y grandes los franceses.

Trump se enfado mucho, muchísimo, escribió un tuit, dejó de respirar tres segundos y se fue con su hija, Ivanka, a inaugurar una tienda de Arnauld, cerca de la torre Trump, para hacer grande América, ya se sabe.

El mercado de lujo, mientras los humanos seguimos sufriendo las crisis, crece a tasas del 5% anual y se espera que siga haciéndolo. Por cierto, el mercado de alto copete en España no da para mucho: es un tercio del francés o el italiano, a pesar de nuestro esfuerzo por traer rusos y chinos, siendo cierto que lo de Catalunya no ha ayudado, especialmente en Barcelona (la caída el año pasado llegó a un tercio).

Si usted, como Truman Capote, cree que lo sórdido no es la sospechosa vida de una muchacha sino lo indecente de comprar sus sueños. Si, como en Moon River, usted todavía se siente un vagabundo y cree que hay cosas por descubrir, le doy una idea.

Hay un pueblo en la ribera portuguesa de O Miño, en frente de La Guardia, con un remarcable casco de los siglos XIII y XIV: Vila Nova de Cerveira. Lo más notable es que su casco urbano se ha convertido en un mercadillo gigantesco, lleno de falsificaciones de todas las marcas del Señor Arnauld. 

Me voy a pasar antes de Navidad: él me ha robado a Audry, yo llenaré las casas de Vuitton falsos. A veces, la venganza si produce felicidad

(Crónica CLikradioTV, viernes, 29 de Noviembre de 2019)

Alberto no podrá ser Varoufakis

Ayer, Alberto Garzón declaró que estaba dispuesto a compartir gobierno con la Sra. Calviño. Podría parecer presuntuoso, soberbio o incluso algo machista el alegato, considerando el curriculum de Calviño y el del muchacho.

La cuestión es: ¿Debería preocuparnos la apostura con que el joven se dirige sacrificadamente al sillón, para salvarnos de las élites? No cabe minusvalorar la importancia del gobierno para la economía. Los gobiernos influyen, hacen discursos con efectos sobre los gastos de las familias y las empresas, adoptan decisiones y deben planear reformas estructurales.

Pero no es menos cierto que el capitalismo moderno, cada día más extenuado por la desigualdad y por los populismos comerciales e industriales por cierto, esta notablemente regulado y lo estará más en el futuro, especialmente en un contexto de Unión Monetaria.

Puedo decirle que la frase que los futuros ministros repetirán más será «Calviño no me deja» y, su vicepresidente, el de la izquierda de verdad verdadera, obligado a más sesudas reflexiones dirá que «Calviño se ha aliado con las élites de Bruselas». Entre los socialistas, Bruselas y los distintos grupos de presión, han empezado los llamados blindajes.

Es cierto que la bolsa reaccionó mal al acuerdo, pero ayer el Ibex ya volvió a los 9 300 puntos en los que más o menos estaba cuando las elecciones. Los inversores son así, en seguida se les pasa lo de pensar en Iglesias, fíjese usted: venden hoy, para comprar mañana lo que tenían, pero más barato. Eso sí, hay valores más sensibles al acuerdo. Sin duda, el primero es la Banca. Ya les tengo dicho que tener un banco es tontería, solo da disgustos.

Lo que se proponía en los presupuestos aprobados por PSOE y Podemos, base del futuro gobierno cabe creer, era un incremento del impuesto de Sociedades a las grandes empresas y un impuesto a la banca, más una tasa a las transacciones financieras y una tasa tecnológica.

Hay que decir que para cobrar esos impuestos hacen falta leyes que ahora no existen y que la tasa financiera junto a la tasa Google son cosas europeas. Es decir que, a corto plazo, no habrá nuevos impuestos ni a la banca ni financieros.

Lo de parar la privatización de Bankia, más que cosa de Podemos, es cosa del mercado: nadie quiere un banco que ha perdido, desde que inició el año, un 38,3% de su valor. Lo de construir, dadas las circunstancias, un gran banco público con ese material va a ser que tampoco.

Los sindicatos le han dicho al gobierno que sí, que ellos son de izquierda, izquierda, hasta del gobierno progresista y alguno a favor de referéndum y todo, que no se preocupen. Eso sí, también, que no quieren negociar mucho con Podemos.

Así que la Seguridad Social queda fuera de las manos del Ministerio de Trabajo, uno de los que se sortea. El propio PSOE ha ido cerrando pasos en aspectos relevantes de la derogación de la reforma laboral.

Se va a separar Universidades de Ciencia. En Ciencia, que se queda en manos del PSOE, está la pasta que se distribuye en subvenciones y préstamos. Las Universidades son autónomas y las gestionan las Comunidades Autónomas.

La transición energética es cosa fetén y muy apetecible, pero distintos blindajes se han puesto en marcha. La retribución a las eléctricas ha sido aprobada; el gobierno, sin esperar a Podemos, ya ha acordado cuanto les pagará a las renovables y, sin permiso de Iglesias, la Unión Europea ya ha dicho que el carbón se cierra o se cierra, y el dinero que pone también.

Todavía hay mucho gasto y medidas sociales me dirán Ustedes. Bueno, pero ya les alerto de que el gasto territorial -modificación de la financiación autonómica, que incluye los recursos sanitarios-, y el Pacto de Toledo anegarán todo.

Son pocos los márgenes, en forma de deuda y déficit público, que las prórrogas presupuestarias y la paralización económica han dejado en una recaudación para la que no deben esperar grandes alegrías tributarias, a corto plazo.

Además, los de Bruselas se han puesto a escribir cartas. Todas las mañanas le dice la Comisión a la ministra: «Querida Nadia espero que al recibo de la presente ten encuentres bien», las formas son importantes en la literatura epistolar, y luego le riñe.

En primer lugar, le han dicho al gobierno, que todo lo que recaude es para deuda. En segundo, que el ahorro en intereses de los próximos cuatro años, que serán 20 mil millones, grande supermario Dragui, no se pueden aplicar a gasto público – fíjense que es la cantidad que destinamos a inversión todas las administraciones-. Tercero, que el único gasto que quiere que se aclare es el de las pensiones.

En fin, que allí donde no llega la maldad de Calviño, llegará la mano de Bruselas. No habrá políticas de austeridad, ni riesgo de país, pasaron esos días. Pero tampoco hay espacio para que Alberto haga de Varoufakis.

La economía se desacelerará y el empleo será una prioridad, especialmente si se mantiene la tendencia histórica a no crearlo por debajo del 2% de crecimiento, cifra que habrá que ver si se contrasta en el nuevo marco laboral. Necesitaremos gasto de familias y empresas, así que quizá aumentemos salarios y relajemos condiciones de crédito, pero poco más.

Para los que creen en riesgos del acuerdo entre Sánchez e Iglesias, cabe decir que el riesgo no es Garzón ni el programa económico de Podemos. «Tendremos que ceder mucho», escribió Iglesias a los suyos, mientras se ponía a buscar quién les acompaña a los sillones. Es el problema de equivocarse de tiempo político: que te cambian la agenda.

El riesgo de crisis y la incertidumbre está en otro sitio más político. Fins i tot, ho deixo escrit el poeta català Martí i pol: «cal viure sense el temor d´un bufaret que tot ho desgavelli». Lo dejo escrito el poeta catalán Martí i Pol: «hay que vivir sin el temor a vientos que todo lo descabellen.

No pasen miedo y sean felices.

Los ERE inician la transición andaluza

Así mueren 41 años de gobierno: con una estruendosa sentencia. Ignoro si, como ya hiciera en el pasado, el Supremo le enmendará la plana a la Audiencia andaluza. Basta saber que los hechos probados son demoledores

El juez ponente y su tribunal han sentenciado, por si alguien tenía duda, el inicio de la transición andaluza. Se acabó cualquier provisionalidad aparente del gobierno andaluz: los socialistas deberán pasar su calvario, una travesía incierta por el desierto de la pena. 

Cuatro décadas, preautonomía y autonomía incluidas, van por el sumidero de la historia. Ahora, vienen tiempos de recomposición, donde el tejido social, como los erizos de Shopenhauer, aullaran por los pinchazos, hasta que se acomoden democráticamente en culturas políticas renovadas. 

Con los grandes próceres socialistas condenados, la «carita colorá» de quienes hicieron gobiernos con Griñan, izquierdas de verdad verdadera incluidos, y la descripción de la opaca práctica de 680 millones, por ahora, tómese el PSOE con calma el tiempo político.

Era, Susana, la corrupción de las élites progres y no el rampante fascismo. Primero, vino el cansancio por el sospechoso modo de gobernar y, luego, toda suerte de populismos emergentes. Los ERE, y los síntomas de que todo daba igual, son los que piden más higiene que griterío en las plazas. Más reflexión que ira.

Sí; es verdad: cabe la duda constitucional de que un presidente prevarique – dadas las funciones que se le atribuyen-. Pero esa ya no es la cuestión. La cosa es que la fiscalía tenía razón: «un sistema opaco fuera de control» gestionaba los fondos de la Junta andaluza.

Toda la modernización, delegada por Madrid en élites que se autorreprodujeron durante décadas. Toda la paráfrasis sobre el derecho histórico a la sociedad asistida. Todas las generaciones educadas, autónomamente de la iglesia y los señoritos por primera vez en la historia, con denodado esfuerzo de los profesionales. Todo quedará sepultado bajo mil ochocientos folios terribles.

Lo moderno, ahora, será barrer bajo las alfombras, con beneplácito político y mediático. Y barrerá la derecha, tiene narices, la desasosegante herida, con más ira que asistencia, con más egoísmo que igualdad. Fue la venalidad la que barrió la historia, no se queje la izquierda andaluza.

Mírese quien deba, en la izquierda, unos segundos a los ojos: durante décadas disculpamos la anunciada venalidad; se miró a un lado en nombre de lo que parecía peor, en nombre de la Andalucía rescatada para el progreso. Tanto noble esfuerzo y tanto personal decente animaba a ignorar el interés clientelar, la podredumbre del método.

Mientras eso ocurría, el vínculo entre la gente y la cultura política del cambio se desvanecía. No era la complicidad ideal o social lo que sostenía el tejido de izquierda sino el gasto público sin control. Las mayorías absolutas eran, a veces, pura peonada de izquierda o asistencia clientelar. Luego, mayorías endebles de las que nadie era responsable, para acabar en alternancias durísimas para las que no hay respuesta política.

Harían bien los hombres y mujeres del socialismo andaluz en asumir ellos mismos su reinicio. Si lo hace Sánchez, que no tiende a dejar heridos en su camino, más que transición tendrán desierto. Eso sí, Susana, como mostró ayer Ávalos, no hay compasión en el socialismo español, vete haciendo la maletilla y prepara a tu partido para el desembarco de Ferraz.

La izquierda española y el socialismo realmente existente no se sienten concernidos. Estamos en otra: salvemos al soldado Sánchez, al fin y al cabo más débil es más útil, piensan en Galapagar (Podemos) o en el carrer Calàbria (ERC). Sánchez y el personal socialista ni siquiera han pedido disculpas, no va con él, impoluto servidor de la patria al que le sobra, si falta hiciere, partido.

No me apasiona esa liga para determinar si el PSOE se ha puesto segundo en la clasificación de la corrupción, tras los del «tres per cent». No le veo utilidad a decidir si deben quedar atrapados en sus palabras los de la moción a Rajoy: la simple corrección del cinismo no genera gobernación. No tiene sentido elucidar si la ausencia de enriquecimiento blanquea el dolo o si el Supremo corregirá la pena de los próceres.

El debate sobre quién es más sucio lo ganan, siempre, los populistas de cualquier signo. Las élites son chorizas, afirma el juez ponente y su tribunal, y a los demás solo nos queda esperar que, alguna vez, la regeneración sea democrática y no a golpe de juzgado ni de exabrupto. En Andalucía empieza la transición, que le sea leve a quién no tenía otro recurso que la política

No; los obreros no están votando a Vox(2)

No; los obreros no están votando a Vox, como ya les he dicho.  Les vengo a decir que una forma aparentemente patriótica de ver la inmigración, el descrédito democrático – que inició el populismo de izquierda, por cierto – y la debilidad percibida del estado del bienestar para las clases medias (amenaza de impuestos incluidos) es lo que justifica la subida de Vox.

Un fenómeno, por otra parte, que no se relaciona con el viejo fascismo español sino con nuevas corrientes en el capitalismo liberal moderno. Ya somos europeos fetén. La integración y normalización del nacionalpopulismo se ha convertido en un fenómeno común en Europa. La llamada «cuarta ola» del radicalismo de derecha se ha convertido en parte de la política europea.

Estas formaciones promedian alrededor del 15% del voto nacional en la Unión Europea y han pasado a considerarse socios aceptables en muchos países, al menos a nivel local o regional, mientras contaminan las políticas de los los principales partidos (especialmente los de derecha, pero también la agenda de la izquierda), desde Austria hasta Suecia.

Conviene que la izquierda entienda bien la base social y política de este movimiento. La izquierda española, que suele espetar un fascista a cualquiera que se encuentre a su derecha y disienta de La Sexta, tiende a ignorar las agendas políticas que moviliza al electorado nacionalpopulista.

No; no hay en España casi cuatro millones de fascistas, por más que algunos dirigentes de Vox mantengan muy sospechosas actitudes, a veces tan nazis como fachas, o que movimientos ultracatólicos y extremadamente conservadores se hayan sumado al voto en algunas comunidades. Movimiento al que no ayuda que hayamos pasado del laicismo democrático al radicalismo anticlerical, a veces de gratis.

No; los rojos de Vallecas, y de los barrios populares urbanos no están votando a Vox. Lo que dicen los datos es que los votantes de derechas de Vallecas y de los barrios obreros de las grandes ciudades y de municipios menores, especialmente las cohortes más jóvenes, se están decantando por Vox en detrimento del PP, algunos después de haber pasado por Ciudadanos.

La inmigración es un factor relevante como ya hemos dicho aquí. La clase media más empobrecida, y sus vástagos, se siente excluida del estado del bienestar y sus subvenciones que  atribuyen, muchas veces falsamente, patrimonializadas por inmigrantes, Hasta no hace mucho se consideraba algo socialmente aceptado que bajo todo había un sólido fundamento constitucional y democrático. Sin embargo, este valor ha entrado en crisis.

No deberíamos reprochárselo a los radicales nacionalpopulistas cuando, conviene recordarlo, ha sido la izquierda la primera en devaluar la Constitución y la democracia española, impugnando su capacidad de generar bienestar y valores, calificando de traición a la transición.

Actitud en la que el «sanchismo» ha caído en más de una ocasión, por ejemplo cuando puso la victoria democrática histórica en el cambio de una tumba por encima de unas elecciones democráticas o una ministra, sin interés alguno, hace un discurso educativo contra un tercio de la población escolar que se forma en una educación concertada, oponiéndola a la pública, por cierto inventada por su partido, 

La ausencia de un modelo nacional, que la izquierda siempre ha rechazado asumir con escasas excepciones históricas, sumada a la impugnación independentista del modelo de convivencia, resalta un valor que el nacionalpopulismo ha puesto en valor en toda Europa: el antiglobalismo, aquí sí que opera este valor, requiere una «patria».

Un sentido de pertenencia que la izquierda no ha sabido explicar, porque ha permitido el vaciado de la idea europeista. Un banquero central salvó Europa, mientras la izquierda ha tonteado con el euroescepticismo. En general, sabemos que los cordones sanitarios deben ser compartidos por izquierda y derecha, lo que exige la ruptura de barreras ideológicas, si se quiere ser eficaz.

Mientras buscamos fascistas, que se nos da muy bien, hay que darle vidilla a la clase media. El antifascismo – Dimitrov advirtió en los años treinta sobre el radicalismo pequeñoburgués- se basó en la misma alianza que dio origen al estado del bienestar: el acuerdo político entre el movimiento obrero y las clases medias. Sin restaurar ese vínculo no hay salida y en Vox lo saben: ¿Lo sabe la izquierda? 

Vox ha logrado que la «ansiedad económica» se relacione con problemas socioculturales, como la integración europea, la inmigración o la devaluada idea de patria. Ha pasado el tiempo, por desgracia, en los que la educación, la sanidad o las pensiones eran el debate central.

Sospecho que esa agenda no preocupa ya a los votantes del nacionalpopulismo: no aspiran a formación, incluso desprecian sus contenidos formales; son jóvenes para considerar que la pensión o la salud son un problema.

Nos han cambiado la agenda política y, me temo, que gobernar, como dice Iglesias, puede no ser una vacuna. Mientras que el nacionalpopulismo sea una parte crucial de la política, el verdadero rey es el nacionalismo y la ira. Un problema para la izquierda, que corre el riesgo de responder con ira, dicho sea de paso.

Nadie, el firmante tampoco, tiene respuesta al asunto; pero, a modo de consejo, cuidado con las alegrías constitucionales, las radicalidades y el fomento de las divisiones gratuitas.

No; los obreros no están votando a Vox (1)

No; los obreros no están votando a Vox. No; los pobres y los obreros pobres no votaban a la izquierda. Si; la derecha hace tiempo que ganaba en los barrios populares de grandes ciudades como Madrid.

Conviene decir que los comunistas que votaban en Marsella eran vanguardistas de clase media, no obreros que luego se desclasaron. No son obreros los que votan a Salvini sino pequeña burguesía empobrecida en zonas ricas: la secesión de los ricos se extiende por el mundo, miren Cataluña.

En todo caso, nunca los obreros se han pasado a la extrema derecha, no en la generalidad con la que se habla. El nuevo nacionalpopulismo, por otra parte, parece tener orígenes distintos.

Respiremos y analicemos despacio, que luego las ideas indemostradas tienen dos efectos demoledores: ignorar lo que de verdad asienta el nacionalpopulismo y desorientar a la izquierda que se pone a buscar obreros fascistas, donde hay clase media enfadada e hijos de clase media empobrecidos.

Por ejemplo, debe saber la izquierda, para no equivocarse, que mantener electorado y gobernar no es, diga lo que diga Iglesias, una «vacuna contra la extrema derecha». En los 62 municipios de Madrid en los que gana Vox, la izquierda mantiene electorado o sus pérdidas son inapreciables.

Los trabajadores y trabajadoras, empezando por los inmigrantes, sufrieron primero y más la crisis. Pero el drama del bienestar recortado no lo puso en la calle la clase obrera sino los hijos de la clase media.

Vox ha cambiado ligeramente, se dice, respecto a Abril. Apunta maneras de antiglobalismo, de excluidos por la globalización, En realidad, no tenemos en España sectores económicos hundidos que no fueran asistidos en los ochenta ni afectados por el comercio internacional.

Tenemos jóvenes «nini» (sin formación ni trabajo) e hijos de clase media empobrecidos. Hay una razón por la que la derecha debe preocuparse tanto como la izquierda: son las cohortes de población joven, que ya no votaban a la izquierda, las que cambian de campo.

No pontificaré ante ustedes, pero me atrevo a sugerir algunas ideas. En los dos textos que les propongo diré que es el nativismo (una forma aparentemente patriótica de ver la inmigración), el descrédito democrático – que inició el populismo de izquierda, por cierto – y la debilidad del estado del bienestar para las clases medias (amenaza de impuestos incluidos) lo que justifica la subida de Vox.

Ya supimos en Abril que había una fuerte relación, estadísticamente muy relevante, entre el porcentaje de votos obtenidos por Vox en algunos municipios y el porcentaje de inmigrantes. Mientras, la correlación del porcentaje de votos a Vox con el porcentaje de inmigrantes procedente de países europeos es la mitad que el porcentaje de influencia de la inmigración africana, la influencia de la latina es irrelevante.

¿Se han convertido los españoles en xenófobos súbitamente? Los procesos sociales no son súbitos. No es descartable, en primer lugar, que la devaluación del patrimonio de la clase media, en España fundamentalmente inmobiliario, debido a la concentración barrial y local de inmigración, haya ido poniéndose de relieve lentamente por el mercado. Que la ausencia de formación y la concentración de desempleo en los jóvenes haga nacer un «nativismo» antes no percibido.

También puede deducirse de algunas encuestas que la ciudadanía no rechaza tanto la inmigración como una hipotética expulsión del sector público de las clases medias y sus vástagos (subvenciones). Vox acabará siendo no solo proteccionista, sino benefactor. Y si no, al tiempo.

La exclusión de lo público se produce, piensan esos sectores, a causa de personas a las que se niega capacidad de integración. Que la inmigración latina o del este europeo, más violentas por ejemplo que la africana, no produzcan rechazo estadístico es, en este sentido, relevante.

Si no se despeja, entre otras cosas, la ordenación de la inmigración y la, falsamente conexa, seguridad no se resolverá la «ansiedad económica» que surge cuando la emoción conecta las dificultades económicas con problemas socioculturales.

Me temo que eso no lo arreglan los presupuestos de acordados por PSOE y Podemos, volcados en temas sociales que gustan a la izquierda pero no resuelven el problema nacionalpopulista, La agenda política tendrá que ir por otro lado. Esa es la capacidad de contaminación que la repetición electoral ha regalado, los costes de la tontadica.

El pacto del lexatin

Esto había y esto hay. Un millón trescientos mil votos menos y los sillones no son sillones y los ministerios escaparate se han llenado de dádivas políticas. Sobraba el centro político, la cosa liberal, y ahora que ya no hay marcha, hay izquierda.

Así son las cosas, Albert, que cuando uno se pone estupendo pasa lo que pasa. Y la izquierda politiquera siempre ha preferido buscar fascistas por las esquinas, mientras hace políticas de centro, que gobernar con centristas, cosa que Ciudadanos no entendió cuando tenía que entenderlo.

Esto es lo que hay: diez escaños menos de izquierda y 28 más de nacionalpopulistas, sin centro político y más independentismo. Todo es mejor que antes, donde va a parar, ustedes me entienden.

Hay lo que hay: no habrá sesudos programas ni estrategias. La agenda y los programas han cambiado. Sí; señoras y señores, abandonen cualquier esperanza de cambios izquierdistas. Ahora debemos darle coba a los hijos airados de la clase media, cobijados en notable oportunidad concedida al nacionalpopulismo.

Ahora, la agenda ya no es la de Abril. Aquellos presupuestos caídos tenían algún margen. Ahora, querido Pablo, gobernarán Bruselas y los recursos andarán para ser territorialmente distribuidos, para levantar circunscripciones seducidas por la maldad nacionalpopulista.

Imagino que ya no ilegalizaremos a la Fundación de Franco, tan influyente, ni cerraremos a la TV3 tan notable. Imagino que repartiremos recursos para la tierra vaciada, para los vascos y cántabros. Unos milloncillos más, que, también imagino, habrá que sacar de algún impuesto. Cosa que Sänchez había dicho que no, hace un par de semanas.

Es lo que hay: mucha, pero muchísima generosidad faltaría más, ahora que hay más pesimismo que izquierda, más ira que consensos y menos constitucionalistas.

Después de habernos traído doble ración de VOX, sostiene Iglesias que este gobierno será una «vacuna contra la extremaderecha». Pues nada, que sea. Ahora somos más constitucionalistas que nadie, faltaría más, y, en cuanto nos apuren, un poco más patriotas.

Esto es lo que hay: un insomnio socialista y una vicepresidencia para Pablo. Qué bonito: lo que no era posible en julio es hoy el sueño de todo y toda progresista. Nada como el lexatin de un castigo de la ciudadanía para ponerse en línea.

Solo hay un pequeño problema: hace un tiempo, cuando los socialistas decían gobierno progresista sabíamos que quería decir; ahora no. Hace un tiempo sabíamos que era un gobierno de izquierdas, ahora no.

El acuerdo es legítimo, es posible y, probablemente, necesario. Nada que objetar en términos democráticos. En términos éticos es, simplemente, una tomadura de pelo descomunal.

No se vuelve a la casilla de salida en política. Pedro y Pablo acuerdan porque han fracasado en sus expectativas, pero la sociedad está más dividida que hace unos meses, los consensos constitucionales más baqueteados y hemos vivido un ratito más de odio, que ha enervado a una parte notable de la sociedad española.

En la foto del acuerdo, los muñidores de siempre: eso sí, con Redondo e Irene Montero, fuera Calvo, la vice gritona, y Echenique, el enredador gritón. Errejón ni estaba en la foto, vaya por Dios.

Que gobiernen, que gobiernen, es lo que queremos, pero dos millones de ciudadanos y ciudadanas se han marchado, mientras Pedro y Pablo jugaban a las casitas. Rápidos cual la luz han corrido a acordar: hermoso, bonito, progresista, histórico, generoso. ¿ Por qué nadie ríe?

Qué noches le esperan a Sánchez; qué días de tragar sapos a Pablo, qué sustos a los demás. Cuánto Lexatin a distribuir para el personal. No pasa nada. Ahora que todo es más caro, más difícil y más opaco, tenemos el gobierno que nos merecíamos hace un trimestre, pero que hoy nos parece una chapuza notable. 

España castiga a los estrategas e impone silencio, pero la izquierda gana, naturalmente

¿Oyen el silencio? Es la sede de Ciudadanos. ¿Oyen el rumor? Es el despacho de Ivan Redondo, guardando papeles por si acaso. No; no es que nos guste el fracaso de los muy listos; es que está bien que se castigue a quién nos ha hecho daño.

Los estrategas han desplazado a las direcciones partidarias, eliminando los contrapesos que impedían las tontadas ególatras. Los estrategas de cabecera han sustituido a los directivos políticos por asesorías bien pagadas.

Los estrategas, grande camarada Tezanos, grande, han negado los números y las reflexiones de expertos, contribuyendo al desprecio a la verdad. Los estrategas han recomendado el silencio ante la mentira, porque los extremistas eran problema de otros. Por tercera vez, las campañas de miedo han fracasado. 

En España mucha gente tiene más miedo a los afamados estrategas y se queda en casa. Tranquilidad, los estrategas ya han empezado a construir su relato. La culpa es de la abstención y del trifachito. Pues nada: que los que no van a votar son culpables y los que no quisieron gobernar listísimos de la muerte.

En abril, la ciudadanía se dio un respiro de centro: PSOE, PP y Ciudadanos, podían aislar, en distintas formas, a los radicalismos de diverso signo. Rivera decidió pensar en ser líder de la derecha en lugar de liderar el cambio junto a un PSOE que, por su parte, decidió jugar a repetir elecciones. Construyeron relatos imposibles a los que, con alegría, se sumó Iglesias.

El narcisismo político y los cuentos de los estrategas han construido la autovía por la que el nacionalpopulismo ha corrido, capitalizando los problemas políticos crecidos al hilo de la ausencia de gobierno: singularmente Cataluña.

Pero dejarlo en la cuestión nacional sería un error. Existe, también, la sospecha creciente de la desaceleración, la irritación de la España vaciada, el desconcierto de la inmigración en un contexto de desigualdad (hasta trescientos mil votantes de izquierda han podido pasarse a Abascal) y gestos electoralistas estratégicos de la izquierda que movilizan más a extraños que a propios.

En el camino, dos millones de ciudadanos y ciudadanas han abandonado el campo. En grueso, un millón han sido votantes de Rivera (Vox y PP se llevan un millón y medio de los dos y medio que pierde Ciudadanos) y otro millón de abstención se lo han debido repartir socialistas y Podemos; entre ambos, pierden un millón doscientos mil votos, de los que Errejón solo se lleva 326 mil .Otro voto útil de un estratega de narices, invento para doblegar a Iglesias.

O sea, que sí; que había castigo para la izquierda. Ahítos de paseos por el jardín de los egos, se nos ha condenado a ofrecerle al nacionalpopulismo una plataforma mas que notable para proponer su agenda política.

Ahora, podemos ilegalizar el franquismo que queda, pero la agenda de la unidad nacional, de la seguridad, la ira de los hijos de la clase media, tiene una inestimable plataforma, incluida la constitucional.

Los nacionalpopulistas han sumado apoyos que, eso sí, no se hubieran se hubieran traducido en tantos escaños si un pedazo de electorado de dos millones no hubiera desaparecido, a causa del fracaso de los relatos de los grandes estrategas.

No le quitemos importancia. La notable presencia institucional de VOX supone una afrenta a lo que llevamos décadas empujando: un régimen progresivo de libertades, igualdad y democracia. No es buena noticia ni para conservadores ni para liberales ni para la izquierda; en la política de la ira solo medran los airados.

Los españoles han castigado a los estratega más listos y han impuesto el silencio a los constitucionalistas, permitiendo que los más ruidosos  crezcan.

Que los estrategas no tomen el timón: la cuestión no es si Vox es un problema de la derecha. Vox es contaminante, es un problema de todas las fuerzas políticas y, de toda la ciudadanía democrática.

Sí; aunque no guste reconocerlo, el ascenso nacionalpopulista está vinculado en su voto local a la inmigración – Algeciras, pueblos y barrios de Madrid, Murcia, etcétera-. Y está vinculado, en lo político a Cataluña. Si la izquierda insiste en que ese es un problema de la derecha, e ignora las raíces de este otoño de descontento se equivocará de nuevo.

España ha castigado a los estrategas e impuesto el silencio. Pero la izquierda ha ganado, naturalmente.


Reflexión con martini

Se acaba la carrera electoral, así que nos toca reflexionar. Y a usted, como «nunca supo resolver todas sus dudas» como canta Tai González, para la cosa de la reflexión también les recomiendo, como ya hice antes, un martini. El martini es mucho más sofisticado que la verbena esa que propone Javier Dotu, que exige levantarse al amanecer, cosa que no puede ser de gente decorosa

El martini, se lo tengo dicho, es un coctel que requiere criterio y éste opinión; esta pide reflexión. Y la reflexión exige escepticismo. Cuatro herramientas imprescindibles para la decisión electoral.

Preparen, pues, su adecuada copa, pensando en mezclar ginebra y vermú. Pero también el canon admite el vodka. Quiere esto decir, pensará usted, que el vermú es como Sánchez, lo mismo admite a Iglesias y nacionalistas que a Rivera.

El martini puede ser servido con aceituna o ralladura de limón. O sea, que puede amargarle la vida, tipo Abascal, o hacérselo más suavecito, tipo Casado. Usted póngase el traguito a su modo y se lo va pensando.

¿Agitado o removido? Gran pregunta. Shaken not stirred, agitado no removido, es la frase hecha. Si usted lo agita al modo Bond se enfría más, es decir, es como Sánchez y Casado. Si ustedes piensan en Abasal, Iglesias o Rivera, que parecen más calientes, remuevan, stirring, stirring

James Bond, se dice, lo prefería shaken, agitado o sea más frío, pero no crean que era bipartidista y que con eso resuelven ustedes el problema. En «solo se vive una vez», para fastidiar, lo pedía al revés. O sea, sigan bebiendo, perdón, quiero decir, reflexionando.

Pensar sobre las proporciones adecuadas también ayuda. La proporción clásica era muy bipartidista, mitad y mitad, pero la proporción más moderna es más de mayoría absoluta: cinco partes de ginebra por una de vermú. O sea, lo que sueña Sanchez.

Ustedes pueden, como le hizo Roosevelt a Stalin, ensuciar el coctel y ponerle agua de aceituna o de cualquier otra cosa. Quiero decir que ustedes pueden pensar en abstenerse o hacer un voto nulo, no es que sea muy de clásico, pero es una opción.

No es poca cosa el lugar donde reposar el martini. Que la luz refleje la mezcla es importante. Deje sus habituales costumbres y deje pasar un pensamiento plural y luminoso.

Es bastante probable que este primer martini no le haya permitido resolver sus dudas. Háganse un segundo, sabiendo que empieza a asumir riesgos.

La ventaja de un segundo martini es que en este punto usted se comportará ya profesionalmente: quién bebe martini no se cree lo que dicen los periódicos, el partido al que vota ni el partido al que odia. Incluso un profesional del martini no se cree a sí mismo ni a este cronista.

Un segundo martini no soporta los tópicos. Usted va descubriendo, a medida que bebe, que es de izquierdas pero no se cree que la nuestra sea la peor derecha del universo. Usted es de derechas, y mientras bebe, reconoce que el benedictino de Cuelgamuros y su portavoz, Abascal, desatinan.

El segundo martini le descubrirá la verdad: usted es socialista, pero le espanta Sánchez por una decena de razones y de Iglesias ni hablamos. Incluso usted resulta que es liberal pero no le gustan Casado ni Rivera sino la ministra Calviño, aparentemente socialista. Este es el momento en el que , con desesperación, usted se pasa a la tercera copa.

El tercer martini es el más peligroso. El momento en que se puede cometer la mayor grosería posible que no es otra que dejar el hueso de la aceituna en un cenicero o escondido en una servilleta. Sepan que la única posibilidad elegante es tragarse el hueso.

Tragarse el hueso significa que usted se acuerda de los cabroncetes a los que siempre votó y que le han cambiado el discurso, o de esos no menos cabroncetes que siempre odió y que , sin aviso previo, se han puesto a decir cosas que le parecen razonables..

Con el tercer martini, ya hundido en la niebla, usted tiene que reconocer que ellas debatieron mejor que ellos; empieza a creer que El Pais aún un es un periódico de izquierdas y que debe votar a Sanchez. Al tercer martini no falta quien cree que Abascal es un demócrata de toda la vida. Con tres martinis, usted puede pensar que Iglesias es de Vallecas, Rivera un voto útil y Casado un líder áureo.

Si en este punto aún no ha decidido, cambien de terapia. Señor y señora mía, un caballero y una señora elegantes nunca beberían un cuarto martini. O quizá sí. Y de esta manera, cuando el domingo salga del colegio electoral podrá recordar la papeleta introducida y decir como el poeta: «No sé si fue el alcohol lo que te hizo bella». Que Ustedes lo reflexionen bien. 

(Crónica ClickradioTV. 8 de Noviembre de 2019) 


Contra el ruido y la furia: un debate con martini

El cronista suele ver los debates con un martini, desde que leí sobre el coctel a Enric González.  Se lo recomiendo. Cito de memoria, según Enric, el martini requiere criterio, éste requiere opinión, esta requiere reflexión. Y la reflexión requiere escepticismo. 

La cuestión es que, a la segunda copa, usted se cree que la ministra Calviño es una radical de  izquierdas o que quitarle la sanidad a los inmigrantes es patriota. Si, dada la extrema longitud de la cosa, se toma una tercera, el adoquín de Rivera le parecerá gracioso y que Casado no tenga que ver con la agenda judicial de su partido de lo más lo normal.

Y ayer hacía falta mucho escepticismo, pero mucho. Nadie era responsable de nada y nadie era lo que parecía.

Sánchez, antifranquista radical naturalmente, se lanzó al centro, derechizando su posición catalana (Iceta no bailó anoche) y anunciando ortodoxia económica (léase bien lo de Calviño vicepresidenta). De hecho, habló del gasto social del pasado pero no del futuro. No dijo nada de impuestos ni de pensiones. Centrismo y un poquito de antifranquismo de nueva ola y «pa lante».

El contexto era de desaceleración económica – hoy sabemos que el dato del paro es el peor de un  Octubre desde 2012; el aumento de cotizantes no debe sorprendernos: son los maestros y maestras interinos que borramos del sistema en junio- y de eso se habló poco o casi nada. Incluso Sánchez se permitió falsear las cifras de creación de empleo. Mucho relato de pobres y ricos y poca política económica.

En el afán del bipartidismo por reforzarse, con cierto éxito para irritación de Rivera, es probable que Abascal e Iglesias retuvieran a los suyos, mientras Rivera desaparecía en combate. Errejón estaba el el «var» – quiero decir en el video arbitraje de la Sexta-, pero no debemos preocuparnos: hubiera dicho lo mismo que Iglesias, excepto esa parte de nosotros no queremos sillones: él llega con el sillón puesto.

La izquierda sale del debate más dividida de lo que estaba y con creciente desconfianza. Si hemos de creer a los sondeos, la idea socialista de culpar a Iglesias y restar votos, esta funcionando muy parcialmente. De hecho, la gente votó centro en las anteriores elecciones y la incomparecencia de Rivera esta manteniendo los escaños socialistas. Sánchez, que ha recuperado la idea de la lista más votada, sigue aspirando a gobernar solo, y hasta le puede salir el asunto. 

Como ya dije aquí, no habrá tercera oportunidad para la convergencia de las izquierdas. Y el coste no solo será un mayor centrismo en la política española, con esquinas más radicalizadas: pagaremos la «tontadica» de la repetición electoral al coste no menor de una contaminación social del discurso nacionalpopulista.

La derecha sacó el gol que buscaba: Sánchez, un machote que va a traer a Puigdemont, que ya lo ha hablado con los jueces belgas por lo escuchado, no pudo negar que los independentistas son una opción. Y Casado salió de líder de la cosa de derechas. La derecha no puso en duda que se pondrán de acuerdo, y esta vez Casado no se orilló más allá, aunque no se alejó de la persistente mentira que encarna Abascal.

El más claro y directo, según los analistas, resultó ser el que menos aprecio tuvo a la verdad. Mintió sobre el coste del estado autonómico, sobre la imposibilidad constitucional de rechazar la progresividad del impuesto sobre la renta, sobre violencia sexual de inmigrantes, sobre denuncias falsas de violencia de género. Mentirosillos fueron todos, pero el campeón, es el campeón, déjese claro el asunto. Eso sí, sus burradas sirven para construir el discurso del miedo tanto como para levantar a nuevos patriotas.

Me temo que los candidatos son unos dramas. Iglesias afirma que nacionalizará la energía y castigará a la banca. Abascal nos lleva al apocalipsis del expolio fiscal, inmigración subvencionada y quiere cerrar las autonomías: falsos tigres de la crisis, nunca demostrados pero que siempre vienen bien cuando no se tiene ni idea.

Sánchez y Rivera coinciden, en peores piedras se sostienen pactos, en una cosa: para resolver la desaceleración y llenar la España vaciada hay que tener hijos e hijas. Por favor, pónganse ustedes que tienen edad. Casado crea más empleo que nadie en el mundo mundial.

Solo una vez se rompió el eje derecha e izquierda: con la cuestión de Europa. Que Abascal e Iglesias propongan un tipo de proteccionismo que nos excluye del euro debería preocuparnos. No; España no puede poner aranceles. No; España no puede modificar la imposición sobre multinacionales en solitario. Los costes son los que son y deberían ser sinceros sus portavoces.

La furia del nacionalpopulismo, el ruido de los demás, alimentan nuestro escepticismo. Para la izquierda de verdad verdadera ni siquiera existe la esperanza del señor que estaba en el «var».

En fin, ustedes no se preocupen, por encima del ruido y la furia, nacidos para impedir un desbloqueo, siempre nos quedará Bruselas, nuestra eterna paciencia y el martini. Ahora, les propongo un trato que esto me cansa mucho: la próxima, el cronista se pide ser feliz, y ustedes me lo cuentan.

La insoportable belleza de las encuestas

Denunciemos toda clase de tortura. Ningún ser vivo o inanimado debe ser sometido a tal sufrimiento: los números, tampoco. Los números son retorcidos y torturados hasta perder su naturaleza, que no es otra que el valor y el orden. Esta es la infame esencia de la estadística y de la sociología de los números electorales.

Pero al tiempo, amigas y amigos lectores, que haríamos sin unas encuestas electorales. Días enteros sin opinar ni analizar sesudos escenarios. Pero, sobre todo, que haríamos sin recibir los amenazantes avisos del potencial triunfador sobre los adversarios que nos amenazan.

Aceptemos que los sondeos son necesarios. Desde que, a partir de finales de los setenta, los partidos de masas se volatilizaron, los medios de comunicación se alinearon con este o aquel y los finos sociólogos no supieron pasar de la muy comentada, pero poco eficaz, lucha de clases, solo hay un modo de conocer la opinión pública: preguntar.

Aunque las encuestas electorales atraen una gran atención por su capacidad de predecir el resultado de las elecciones, no van dirigidas a políticos, sino a periodistas y ciudadanía y, también, a agencias de comunicación.

Por ejemplo, no importa tanto saber quién va a ganar, sino en que periódico insertar anuncios. No importa tanto saber que parte del programa interesa sino la debilidad personal del candidato.

Es decir, las encuestas forman parte del ruido. Y como tal son tratadas por la ciudadanía. A veces, reconozcámoslo, somos algo mentirosillos: por ejemplo, hay quien dice a una entidad privada que votará a VOX, pero si viene un funcionario público, tipo CIS; igual no. El sesgo, que se llama.

Hoy era uno de esos días grandes. Le tocaba al compañero Tezanos. Nunca un activista político ha estado a cargo del CIS, y da mucha risa, acierte o no. El resultado es evidente y palmario: Sánchez se sale; barremos los nuestros. El que no es feliz es porque no quiere.

Algunos torturadores de números expertos opinan lo contrario. Los que ya no se gastan dinero en hacer encuestas, sino en hacer la media de las que se publican, decían cosas distintas. Pero entre la media y Tezanos, Tezanos siempre gana, ya les aviso.

La encuesta levantará el animo de los socialistas, algo mustios, alegrarán a Rivera, que pasa raspadito del diez por ciento y se mete en el pactómetro y pone de relieve que lo del traidorcete Iñigo, como que no da mayoría. ¡Vaya por Dios, qué disgusto! 

Por si acaso Tezanos tiene razón, ha sido filtrarse un par de datos – por supuesto Tezanos odia las filtraciones- y ponerse los candidatos de la izquierda a caer de un burro, por si acaso hay que negociar un día y eso, que haya bien rollo.

Sostiene el CIS, para intranquilidad de Rivera, que un tercio de los votantes de Ciudadanos duda con el PP y un 20% con el PSOE. Hay elecciones, Albert, que uno no está para nada. También, un 20% de los votantes de Podemos dudan si votar a Sánchez. Chungo, todo muy chungo.

En el mejor de los escenarios, estaríamos para una negociación, dicen los titulares, muy tranquilizador visto lo visto (con Rivera no y del otro no me fío, ustedes me entienden). Ni les cuento como estaríamos en el peor.

Esta es la insoportable belleza de las encuestas: mientras torturamos los números, no hablamos de otra cosa.


La normalidad esa de la que usted me habla

Normalidad. La ciudad de los prodigios ha sido devastada por vándalos; un presidente de Gobierno entra y sale con escolta de un hospital; un president de Govern cobra para no gobernar sino para manifestarse, Todo normal.

«Ez que erez de un mundo zin vizión de dayos», sostiene mi nieto con su lengua de trapo, mientras afirma combatir con, para mí, invisibles monstruos. Triper afirma que, en ese mundo, a la DANA le llamábamos gota fría. Ambas apreciaciones son excelentes parábolas: en el mundo de este peregrino cronista todo parecía menos sexy, pero también menos cínico.

Tras la crisis financiera, que alteró la estabilidad que generaba las rentas de la clase media y derrotó a las naciones balneario, la ira se ha convertido en el estado de normalidad.

Desde los «chalecos amarillos» a «indepes» cabreados, ya no se trata de convencer ni de siquiera de vencer democráticamente: ahora hay que humillar, destrozar, enviar al «basurero de la historia», como diría Trotski solo hace un siglo, a quien intente recorrer una senda socialmente pacificada.

El problema es cuando el poder, y a veces quien crea opinión, asume la ira como la golosina que debe ofrecerse a los enfurecidos vástagos de la clase media alta . Se recuerda, con demasiada tranquilidad, que París o Londres, Ecuador o Chile, Hong Kong, padecen la misma enfermedad que practican los hijos e hijas de las más altas rentas «barcelonines». Mal de muchos, ya se sabe.

La «nueva normalidad» ampara el populismo y, también, el pensamiento nimio. Para qué la reflexión, si lo normal es el ruido y el griterío.

La normalidad hispana alcanza, como no podía ser menos, sofisticados momentos históricos: president que corta carreteras que está obligado a mantener abiertas; «pacifistas» que queman contenedores; presidente que entra a hurtadillas en los hospitales, escoltado con subfusiles.

«Que no panda el cúnico». Un elegantísimo ministro de Interior, experto en estado de derecho, asegura que hay normalidad. Que la socialdemocracia realmente existente asuma el criterio de la «nueva normalidad populista» no deja de ser un problemilla para quienes nos reclamamos de la izquierda de siempre, y no de la de verdad verdadera que se lleva ahora, presa de la airada normalidad.

Más vale que las encuestas se equivoquen, y la normalidad no produzca un nuevo fiasco. A fecha de hoy, los que construyen relatos sustituyendo a la realidad y asumiendo la normalidad no van ganado: el camarada Redondo, asistente en La Moncloa, anda temblando, cuentan las malas lenguas,

Resulta que es normal, avisados estábamos de la fecha, que la mayor crisis de convivencia en décadas nos pille sin gobierno. Las cosas que a ustedes les preocupan no forman parte de la normalidad.

Ni gobierno, ni presupuestos, ni desaceleración, ni pensiones, ni empleo, ni…Por qué se empeñan en tontadicas, con lo divertido que es pasarse horas en la tele, viendo cosas que ustedes no creerían: arder contenedores de guerra más allá de Urquinaona.

Esa normalidad de la que usted me habla es lo moderno. Que el abajo firmante crea que, en tiempos de ira y globalización, lo revolucionario son las reglas democráticas, no el desorden, es, simplemente, de ese mundo donde no había «viszón de dayos», como dice el filósofo de mi nieto.. 

Desobedezcan ustedes…que a mí me quitan el salario

Torra se indignó tanto, tanto, que se indignó, dejo de respirar cinco segundos y convocó una rueda de prensa donde anunció que….,grave asunto, mandaba unas cartas. Afirma Torra que volverán a hacerlo, pero como ya subieron a la montaña y no había arca benefactora, será en otro momento.

La sentencia ha sido comunicada, Piqué ha hablado, las declaraciones, incluidas las necesarias del Barça, el Girona y el Espanyol, se han producido. Los constitucionalistas dicen, más o menos, que acatan; los halcones del populismo que vaya birria de sentencia y las palomas populistas, incluidas las sorprendentes huestes sindicales, dicen que vaya barbaridad.

Todo lo previsible, incluidas las manifestaciones, ha acontecido, también la radicalización de Puigdemont, que ha desbaratado la modesta indignación de la política catalana. El fugado echa de menos «el apreteu». Una Generalitat que, por cierto, enfrascada en la retórica, no ha dado instrucciones a los Mossos para que haga la vista gorda. Unos Mossos que tampoco están por la labor de ser desautorizados.

Es decir, el ruido se ha producido y la desobediencia se limita, por ahora, a estudiantes que abandonaron los campus a la caza de otro aprobado general, a los funcionarios que echaron un poco de mañana; de momento, lo único colapsado es el aeropuerto, y en las calles el ruido no alcanza, por ahora, cotas que escandalicen.

Entre ustedes y yo, pasar lo que se dice pasar, no está pasando casi nada hasta este momento. La filtración de la sentencia ya había amortizado la irritación y el cansancio se nota.

Mañana tocará teatro en el Parlament, pero tampoco parece que los líderes parezcan dispuestos a inhabilitaciones, penas y prisiones, que no estamos para héroes y heroínas. Que venga el fugado y se inmole, susurran al calor del fuego de campamento cubierto de esteladas en el mundo independentista.

La verdadera vía Quebec ha quedado abierta. Esto es, dejemos a los fundamentalistas que sigan en la suya, irredentos, mientras hacemos que las mayorías sociales cansadas bajen la guardia y les demos gobiernos transversales para que parezca que no han perdido.

Así se lo andan currando Iceta, Comunes y Republicanos de Esquerra, mientras van dejando al huido y su peña, Torra a la cabeza, a la espera de la quimera, en palabras del Supremo, que hasta hace literatura, oiga. 

En rebeldía total, temblará el capitalismo occidental y la sociedad de naciones, Torra hará uso de sus autonómicas, menores y baldías competencias. Ya no se debatirán leyes de desconexión, sino que con cabreo y recurso de fiscales, jueces y algunos penados y penadas, que no tienen la suerte de ser de la peña, llegará el régimen de semilibertad, para que los héroes condenados por delitos graves paseen de nuevo por las alamedas.

Correrán los días, y mientras llega el diez de noviembre, vean los costes de la tontadica de repetir elecciones en este escenario, se jugarán partidas políticas, como el liderazgo nacionalista y las necesidades de Sánchez, que requerirán polarización y tensión, única técnica, el relato es el relato, de mantener prietas las filas.

Los socialistas mantendrán la firmeza constitucionalista y los otros constitucionalistas dirán que no se fían. Los que no son constitucionalistas harán ojitos; unos a la caverna, otros al electorado «indepe», no sea cosa que pesquemos en rio revuelto.

Y sí, para el desbloqueo, necesitamos volver la mirada a la secesión, miraremos y volverán los enredos de indultos – propios de regímenes de concentración de poder y reyes a quienes se les reconocía imponer penas- y amnistía.

La sentencia aporta simplemente contenido emocional a discursos políticos que se habían quedado vacíos: Una sentencia, todo hay que decirlo, en el máximo de la sedición, o sea dura y marcando el paquete del estado de derecho

Si la emocionalidad es suficiente para recoser la fractura que hace días recorre la sangre estelada es cosa que el tiempo dirá, a golpe de elecciones generales y, también catalanas. La sentencia producirá renovaciones de liderazgo y perdida de poder del huido.

A lo mejor si nos damos un par de décadas de administración honrada, volvemos a mirar a la gente y sus necesidades, abandonamos los porcentajes que cosieron el independentismo y los recortes, quizá entonces…

Pero si, por si acaso, hay que desobedecer, que desobedezca el pueblo, piensa Torra, que a mí me quitan el salario… 

Desempleo, otro aviso pesimista

La creación de empleo se va frenando al igual que se frena la economía. Es el segundo aumento consecutivo del paro tras el del pasado mes de agosto. Cierto que el pasado septiembre hubo 3.224 cotizantes más que en el mes de agosto, pero es el más flojo desde 2013.

En total, la Seguridad Social contaba con 19,32 millones de afiliados con empleo. Hay que decir que solo el 9,5% de esos nuevos contratos son indefinidos. Hay 13.907 nuevos desempleados. Fundamentalmente, mujeres y jóvenes, lo que es un incremento menor pero hay que recordar que como tuvimos la crisis de empleo de agosto, había menos contratos que cancelar.

Así pues, si contabilizamos un año, la creación de empleo ha crecido un 2,44% más que el año anterior, por cierto muy temporal. Este porcentaje es alto, pero es el más bajo de los últimos cinco años. Como es habitual en septiembre, el aumento de afiliación estuvo liderado por la educación -vuelven los despedidos en junio, no son nuevos-.

En el lado contrario está la Hostelería, la rama que registró más bajas en la afiliación, a la que se sumaron como todos los fines de verano el comercio y la sanidad. La escasa cifra de nuevas afiliaciones puede estar indicando que nos aproximamos a la barrera del 2%, cifra por debajo de la cual a la economía española le cuesta crear empleo.

Es cierto que la economía española resiste, debido al bajo carácter exportación quizá, pero se ve arrastrada por los malos datos macroeconómicos globales, que quizá se notan más en la caída de la inversión inmobiliaria extranjera, y también por cierto coste de incertidumbre que afecta a la inversión en bienes de equipo, por ejemplo.

El problema es, como aquí se ha apuntado, que tenemos menos margen de maniobra para los programas de gasto que todas las instituciones europeas recomiendan. La respuesta, señoras y señores tertulianos, se la daré dentro de tres meses, pero ya hay una encima de la mesa. Necesitamos presionar a Alemania, un «Falcon» a Bonn, por favor, para que aligere sus programas de gasto, necesitamos impulsar el gasto de las familias, que es lo que ayuda a las pyme, y también inversiones públicas.

Todas las instituciones europeas e internacionales están alineadas en una dirección similar, incluida la reserva federal. Se enfrentan con algunos países con poco margen, como es nuestro caso, pero también con lo que ahora sabemos son riesgos del populismo.

El empecinamiento de Trump o Boris Johnson, junto a otras formaciones radicales en el este europeo, son un límite para el concertó internacional que esta preparando un bazooka por si acaso.

Pedro Sánchez ha reconocido ayer, finalmente, que crisis puede haberla, ya no es coyuntural, como era hace un mes, ni las previsiones son tan estables como decía el lunes la ministra en funciones. Ya sabemos que la falta de presupuesto, la incertidumbre y las «tontadicas» políticas nos están haciendo daño.

Crónica emitida en Click Radio TV.

Una cierta inquietud

Una «cierta inquietud» atenaza a los socialistas; lo dice el medio que conoce estas cosas y deberíamos creerle. ¿Inquietud por el tiempo que se pierde sin gobierno? ¿Por la rampante desaceleración?¿Por un gasto público sin presupuesto, que está generado un déficit un 17% más que el año pasado?

No; al parecer los barones socialistas están preocupados por las futuras elecciones: no se fían de los cálculos del experto en relato ni del cansancio social. 

Las elecciones, piensan, las carga el diablo. Eso de que se van a abstener dos millones sin que nada cambie ni afecte al PSOE no acaban de verlo claro.

La inquietud, como ustedes saben, es el desasosiego que acompaña a la ansiedad. Y nada produce más ansiedad que el poder que se aleja o la duda que atenaza a los responsables de una organización lanzada, sin resuello, a unas elecciones que Sánchez desea, animado por quien le jalea.

Una ansiedad que, también, produce el temor a una «portuguesa» low cost. Esto es, un ataque de seso de Iglesias que permita el gobierno de Sánchez, sin acuerdo, y con un gobierno en minoría, sometido a derrota tras derrota en el Congreso. Una perspectiva que dejaría la convocatoria electoral en manos de Iglesias y no en manos de los socialistas.

Una «cierta inquietud» produce el temor a que Sánchez se haga un Rajoy, y no acepte la candidatura a ser investido, a que le pida a la derecha que abandone el «no es no» y se abstenga. Cosa que recordarán ustedes era una barbaridad, que solo a unos ensoberbecidos barones, atrapados en sus sillones, se les podía ocurrir, frente a tanto corrupto.

Cosa que al centroderecha no le molesta mucho ya que, también, anda a sus cosas electorales, de la alianza de Casado, que parece tener escaso porvenir, a las maniobras de Rivera y la ausencia de Vox de cualquier cosa que huela a alianza con esos progres de la Cayetana, que en el fondo es una roja, cosa que ustedes y yo ignoramos por que no estamos en el secreto.

Las izquierdas siguen sin entenderse. Nadie ha conseguido que sus lideres acepten que, incluso en el jardín de los egos, discutir quién la tiene más grande (me refiero a la desconfianza, naturalmente) no es lo más moderno.

Los fosos abiertos por los autores de la batalla del relato, se han hecho imposibles de superar y las perlas que se dicen hacen inviables los encuentros y las confianzas personales imprescindibles. Dice Zapatero, y algunos de los barones, que se tomen un tiempo: o sea, una «portuguesa», con entrada en el gobierno a final de legislatura, lo que dicho así le parecerá una broma a Iglesias.

El juego consiste, desde hace días obviamente, en que el coste del no acuerdo lo pague el adversario. El coste de ciudadanía no se incluye en la ecuación ni en el precio.

Uno de los momentos más difíciles de Úrsula (Cien años de Soledad) es cuando cree descubrir que Aureliano Buendía no fue a la guerra por ideales sino por soberbia. Eso nos pasa a la ciudadanía, que más que una «cierta inquietud», lo que tenemos es un monumental cabreo.

Los productores de la peste del relato pretenden sumergirnos en aquella pérdida de memoria colectiva que asoló Macondo, empujada por la peste del insomnio. 

Se equivocan; no solo porque, como los Buendía, quien no tiene memoria se hace una de papel – periódicos, blogs, radios- sino porque, como en Macondo, encontraremos a un «gitano Melquíades» que nos sane, nos devuelva la memoria y con ella la realidad, y lo haremos en vísperas electorales no duden. 

Calvo sugiere algo impúdico

Hemos pasado de algo racional y democrático, la ocupación de cargos de gobierno por partidos políticos y coaliciones, a la ocupación de organismos reguladores o autónomos que, solo al parecer, habíamos convenido que debieran ser un ejercicio independiente y profesional.

La vicepresidenta Calvo, experta en liar lo desliado, ha alejado a Podemos de la televisión (RTVE) y los impuestos (Agencia Tributaria), viniendo en consecuencia a reconocer que estas son cuestiones supeditadas al Gobierno, cosa que, para escándalo de bienpensantes también creían Rajoy o Montoro, por un poner.

Para liar más la cosa, la Vicepresidenta ha sugerido que el Defensor del Pueblo, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) o el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sí son objeto de chalaneo.

Organismos reguladores del mismo nivel son la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) y organismos autónomos del mismo tipo son AENA, los puertos, alguna entidad de gestión energética y cosas parecidas para las que, sin duda, en Podemos encontrarán perfiles de gestión adecuados, como su portavoz adjunta o Irene Montero.

La cosa de la confusión institucional, alentada por la Vicepresidenta, ya la había empezado Sánchez. En la alegría discotequera, donde se presentó el programa máximo que debe valer para seducir a vascos, cántabros y podemitas o para presentarse a unas elecciones, Sánchez propuso una «triple garantía» para superar la desconfianza en la izquierda.

La triple garantía consiste en la inaudita propuesta de cargar al estado con el seguimiento de un acuerdo partidario, creando «una Oficina de Cumplimiento del Acuerdo», dependiente (sic) «de Hacienda», 

También las Cámaras perderían la correspondiente autonomía del legislativo, creando comisiones de seguimiento en su estructura. Por lo demás, una especie de asamblea popular, cargaría con el escrutinio del asunto, cerrando la tripleta de desatinos en plena fiesta electoral y discotequera.

Seamos serios, solo cabe rogar en este «desdios» en el que nos habéis metido, camaradas, que seamos democráticamente serios.

Queridos camaradas: tras dos oportunidades históricas para demostrar que la izquierda puede ser plural, competir y, luego, colaborar, ahora nos vemos en la tesitura de someter a humillación no ya al aliado preferente, menos mal que es preferente, sino al conjunto del aparato democrático del país.

Esta confusión entre partidos e instituciones, más allá del gobierno, para afectar a organismos de gestión que se suponen profesionales, reguladores que se suponen independientes y parlamentos que se suponen autónomos es una de las históricas demandas de regeneración institucional en España. 

Frente a las demandas regeneradoras de todo populismo y propuesta renovadora ante el bipartidismo, incluido Sánchez hasta que se ha puesto a practicar la alquimia del superviviente, se nos propone la más vieja de las prácticas del bipartidismo: el reparto. Si Podemos entra en esa vía, las risas embargaran nuestro ánimo.

De los mismos productores de la enésima batalla por el relato, nos llega ahora la impúdica sugerencia de la almoneda institucional. No hay enmienda, camaradas, no hay enmienda.


Climarianos

La abuela del cronista decía “vete al ultramarinos y sube lo que haya”.

Una vez que intenté algo parecido con mis hijas comimos pizza congelada y helados. En mi caso no había forma:

El tendero tomaba una hoja de periódico sabana atrasado (¡Viva el Heraldo de Aragón!), elaboraba un cono científicamente calibrado y, de una caja mágica, extraía lo que la huerta enviaba, según temporada.

El cronista ha pasado décadas odiando al tendero, pues de aquella caja nunca sacó, sorpréndanse, ni aguacates, ni quinoa, ni queso feta. Creía que pretendía nuestra muerte física y civil, pero resulta que mi abuela, el tendero y el cronista éramos climarianos y no lo sabíamos.

El lío empezó cuando el periódico de referencia de lo políticamente correcto anunció que lo último no es ser vegetariano, plasticariano, ni nada de eso: lo fetén es ser un “climatarian”.

Dos terremotos se desencadenaron, sucesivamente. Por un lado, los guardianes de la lengua afirmaron, con razón, que el anglicismo debía sustituirse por climariano, no en honor al primo de Rajoy, sino porque así funciona nuestra lengua.

Pero lo grave, grave, es que siendo un climariano aquel o aquella que se alimenta según las necesidades del planeta, debe seguir tres criterios: temporada, proximidad y sostenibilidad.

Esto es un mandato terrible, todos los hipster y miliéniales cayeron dramáticamente en la cuenta: no habían calculado la huella de carbono de la quinoa, el aguacate o el queso feta.

Tampoco la huella del llamado comercio justo, que trae café, pecado mortal, en aviones de transporte.

Entenderán, enseguida, lo serio del asunto: resulta que las producciones hispanas de esos productos, y de muchos otros de moda, no cubren nuestro consumo. Como los productos no se teletransportan, resulta que su huella de carbón los hace poco sostenibles.

Terrible: cuántas cartas de restaurantes deberán ser cambiadas por las judías con patatas o la borraja de la tierra.

No cabe duda, y eso es un asunto serio en el que no cabe ironía, que la alimentación es uno de los retos para la sostenibilidad en el sentido más amplio. Tanto por el impacto ambiental de sus producciones industriales como por la necesidad de mantener altos estándares de alimentación que alivien la pobreza.

El problema es que las manías del centro rico del mundo están dopando los mercados, produciendo dos efectos perversos: la sustitución de los proveedores locales (por ejemplo, la quinoa se extiende por el mundo, pero ya no la producen los pequeños productores bolivianos) y, por otro lado, la alta demanda eleva los precios de tal modo que los campesinos pobres que cultivaban la quinoa o el arroz asiático no pueden comprarlos.

Por eso, renunciar, por principio, a avances en tecnología de la alimentación o imaginar consumos de bienes exquisitos, pero escasos, no hace sino dañar lo que se dice proteger.

Greta, la joven noruega que salvará nuestra vida, ha llegado a Nueva York para participar en la cumbre del clima. Eso sí, ha viajado de forma sostenible: en un velero, aplicando dos semanas de tiempo. ¿Será el mundo de quienes tienen veleros y barquitos y los demás no saldremos de nuestra barriada?

La movilidad, constituyó uno de los avances democráticos más relevantes de la historia del ser humano, mejoró su conocimiento y su cultura.

El día que la distancia paso a medirse en tiempo y no en millas náuticas, los menos ricos pudieron conocer el planeta.

Ahora, ante la emergencia climática, corremos el riesgo de empequeñecer nuestros mundos: no viajaremos, no nos cruzaremos, defenderemos solo la producción local y, al defender el terruño, recelaremos de los extraños y emigrantes que quieren expoliar lo nuestro.

Los que niegan el cambio climático, los intereses corporativos que impiden la investigación y nos llenan de contaminantes, los que desconfían de la tecnología producen estos efectos y culturas desmedidas. Seamos, pues, climarianos, al fin y al cabo, hace cien años lo éramos todos, menos los ricos.

Quizá, si fuéramos más equilibrados, aceptando la amenaza del cambio climático en lugar de ridiculizarlo y aceptáramos también soluciones para combatirlo, salvaríamos el planeta y, sobre todo, a la gente.

(Crónica ClickradioTV)

El “Cholismo” abandona al pueblo: del populismo también se sale

«Ya no somos el equipo del pueblo». Se siente, camaradas, se acabó el ensueño. Sabíamos la verdad, pero uno de los «heraldo(s) de la virtud heroica» no ha podido por más tiempo ocultárnosla: era, como temíamos, el mismo mercadeo de los demás.

Ha sido Pablo…Simeone, pero podría haber sido el otro. Queremos un sitio al lado del poder, nos hemos hecho de la pura casta a golpe de milloncejos gastados e ingresados. Ya no podemos aguantar el cuento, ni contar cuentos con cuentas imposibles.

Lo de partido a partido, somos pobres y competimos con la casta, quién gana en la capital y todos los sorpasos anunciados, que los seguidores han repetido cual secta durante años ya son hueros lemas de la historia. En realidad, ahora podremos decir, sin engaño, conocidas las razones, que nunca fue verdad.

Lo de tener un gran estadio y comprar un jugador de 125 millones, que viene a ser como vivir en un casoplón en Galapagar y pedirse un ministerio, es suficiente razón. Ya no somos del pueblo y la sinceridad retumba en los diarios.

Confesión de populismo fenecido que sorprende a propios y extraños. No se cambia la mística, la ética y la estética sin costes: la decepción del fiel seguidor que creyó en la patraña y el retorno de la mayoría a la estética aristocrática.

Así son los populismos de toda clase. Una religión que empodera a los mejor pagados que hacen de la intensidad, la tensión, el frentismo y la energía testicular la filosofía que enfrenta a la razón lógica. Pablo, el Simeone, habla de fútbol o… quizá no.

Todos tienen estilo y convicciones menos quienes les ganan. Si Pablo, el Simeone, es derrotado, lo es por alguien que no tiene estilo definido; si Pablo, el Iglesias, es derrotado, lo es por un «loser» sin estilo. Ah, amigos y amigas, ellos eran del pueblo, pero han decidido que ya no; que quieren ser de la aristocracia.

Ellos que cuando abanderaban al pueblo no pudieron asaltar los cielos, derrotados por una impoluta y blanca lógica en las dos ocasiones que pudieron hacerlo, abandonan el campo de las alternativas, piden una silla entre la aristocracia: unos millones y unos sillones tienen la culpa.

Los populismos construyen su mística apelando a las viejas tradiciones. Sus líderes se hacen portavoces de los viejos valores, hasta que medran y se instalan en el correspondiente establecimiento.

Es justo entonces, cuando el trocito de pueblo que les sigue, siempre menor del ruido que hace, parece a punto de ganar la batalla, cuando el general hace una declaración solemne: «Ya no somos el equipo del pueblo» y las herrumbrosas lanzas desaparecen, mientras el general pide sitio entre la casta.

El «Cholismo» abandona al pueblo: del populismo también se sale. La declaración no pedida de Simeone, en el diario La Nación, es tremenda: una refundación en toda regla del pensamiento épico.

No es negativo, créanme. Cuando el cinismo histórico y la superioridad moral desaparecen, a los equipos del pueblo les va mejor porque el cambio es democrático: se basa en el juego, ustedes me entienden. 


El Cuentista  que imaginó el relato de Sánchez

«No hay nada más poderoso en el mundo que una buena historia», afirma Tyron, el más afamado de los asesores políticos de la última década, al decir de quienes han consumido más televisión que en todos los tiempos.

Ni huestes, ni oro, ni banderas…o sea, sin ideas. Y los más afamados asesores públicos se han aplicado a la tarea. En la época del breve tuit, lo que importa es la historia no el proyecto. El mejor pagado es el cuentista, no el ideólogo. El cuento vence a la razón.

Que Sánchez ha ganado el relato del no gobierno es un consenso general. Redondo ha vencido a Echenique, la sofisticada triquiñuela del mandamás de la oficina de Sánchez a la grosera trampa de Echenique, la ética del resistente a la ética de la soberbia. Sánchez es un estadista, Iglesias racanea cargos…es lo que hay.

Las historias han sido determinantes en nuestra educación durante siglos. «Cuéntame un cuento» es lo primero que aprendemos a pedir de niños: la diferencia es que el cuento nació para educarnos, para moralizarnos, para enseñarnos la historia. Hoy el cuento, el relato, es la trampa que nos oculta los hechos.

La literatura norteamericana de los sesenta, el llamado pensamiento narrativo, presumía de poder crear realidad, a partir de la escritura, y rivalizar con el pensamiento lógico. El relato se ha convertido en un peligroso sustituto de los hechos racionales, el mejor sustento populista, pero también de la razón y la mentira de estado.

Primero fue el marketing el que se contaminó de la idea, para enganchar inmediatamente en la gestión pública. Beneficiados por el más elemental y binario pensamiento, o se ama o se odia, la asesoría política ha creado una época donde las batallas simbólicas sustituyen al relato compartido.

La nación, la religión, el gobierno… se construyen sobre improbables cuentos, donde lo que importa es ganar en la división. El desenfocador es el comunicador del futuro, les dijeron a los más jóvenes y ambiciosos politólogos, devenidos en consultores y asesores que se pusieron a crear su propia realidad: la historia, la realidad, es el enemigo.

Puesto que lo que importa es desenfocar, dará lo mismo ser de izquierdas o derechas, el Cuentista que construyó el relato de Sanchez empezó en la derecha. Lo importante es ser eficaz para que las historias sustituyan a la narración de los hechos.

En estos días, la espantada ciudadanía ha observado la disputada pelea entre el asesor profesional y el asesor de sí mismo, como corresponde a la ética de la soberbia. Una dura batalla entre expertos en enturbiar las aguas para que parezcan más profundas.

El cuento nos ha impedido escuchar el verdadero «estruendo de la batalla»: una división de la izquierda tan eterna como la vieja idea de la justicia.

Una ruptura fundamentada entre, por un lado, programas máximos, rechazo a las mayorías  y desprecio a la política, y, por otro, posibilismo débil, estrategias centristas y alejamiento social.

La síntesis históricamente imposible que, desde el veintiuno del pasado siglo, ha lastrado las posibilidades de cambio, ha vuelto a repetirse en su forma más perversa: la que deja en las manos de la derecha la gestión del proyecto político.

Eso sí; el relato lo ha ganado Redondo. Quizá convenga recordarle al afamado cuentista que las victorias políticas, como han aprendido todos y todas las que alguna vez se han dedicado a la asesoría a líderes áureos, se producen por el error del contrario.

No; el relato del Cuentista de Sánchez no ha vencido por explicar lo lógico, sino porque Iglesias construyó un cuento sobre imposibles cuentas, erró en su estrategia.

Camaradas, la cagasteis de nuevo

Vuestra batalla por el relato se nos da una higa. Y esto es lo más elegante que voy a deciros.

Queridos camaradas: en cuatro años habéis tenido dos oportunidades históricas para demostrar que la izquierda puede ser plural, competir y, luego, colaborar. Cito de memoria, pero creo que fue Clara Campoamor la que dijo: «No cometas errores históricos, no tendrás tiempo de arrepentirte»

Practicáis, con energía, el principio de que el ganador se lo queda todo. Soñáis con sorpasos o con ser Felipe González. Despreciáis, personal y políticamente, a aquellos con los que debéis acordar. Llamáis perdedor a Sánchez o gritáis «con Rivera no», antes de pedirle ayuda.

Vais de vigilantes de la playa o de izquierdas posibles, amparados en factorías que solo muñen triquiñuelas, al modo Redondo, o soberbios desprecios, al modo Echenique.

Se torturan los números, en lugar de asumir con valentía el déficit. Se manipula el lenguaje, para no decirnos que justicia fiscal es subir impuestos.

Camarada Iglesias: no eres el primer «profeta de los bienaventurados» que entierran las arenas del mar, pero sí de los primeros que quiere enterrarnos con él. Camarada Sánchez, gran superviviente, primero en la historia en perder no ya una, sino dos investiduras, siempre más presto a la venganza que a preguntar por nuestros intereses.

Camarada Garzón que, en los momentos en los que la beneficencia parlamentaria le da un hueco, hace de casco azul. Tú, que prometiste ser influyente en una nueva formación, para pasar a ser mudo bien pagado, Ese Rufián devenido en hombre de estado que, en impresentable oximorón, se presenta como izquierda independentista y abertzale, exigiendo a la izquierda española, mientras se arrasa con toda política progresista y de diálogo en Catalunya.

Unos y otros, que todos son hombres por cierto, nos avisasteis de que votábamos un jardín de egos, pero no de vuestra incompatible soberbia. Todos y todas os reclamáis de la izquierda de verdad verdadera, mientras llamáis «caseta del perro» a las políticas públicas o soñáis con darle mochilas a Rivera. No podéis hablar de España o buscáis compartir mesa con imposibles independentistas. Negáis a los sindicatos, mientras aplazáis el cambio

El personal de izquierda lo perdona casi todo. Pelillos a la mar si se aplaza la revolución por falta de trompeteros o si se nos lleva a una alianza militar. Lo que no se perdona es que se haga daño a la gente. Y dejarnos sin gobierno nos hace daño. Y lo pagaréis, camaradas, en forma de abstención o de voto de castigo.

Camaradas que queréis naves que quemen el capitalismo, más allá de Orión naturalmente, que queréis que brille la socialdemocracia en la puerta de Tannhäuser, la cagasteis de nuevo, los dos y medio que sois.

Sabed camaradas, dicho sea en honor al perdido Rutger Hauer, que lo más probable es que os desvanezcáis «como lágrimas en la lluvia». Que el final del afamado monologo se cumpla no sé si será posible.

Sabed camaradas que el firmante es de izquierdas, pero no os votará ni una «puta» vez más. Os avisé: lo elegante estaba en el primer párrafo.

Cosas que no hemos votado

Es probable que mañana a estas horas (18,13) tengamos gobierno; o quizá lo hayan dejado para septiembre. La única diferencia, en todo caso, será nuestro grado de cabreo y la perplejidad que nos invade.

En el momento en el que haya gobierno sabremos que Sánchez abandonó eso de gobernar solo o con amiguetes, tan propio del socialismo hispano, y que Iglesias seguirá siendo «el sol resplandeciente de todas las musas», pero no será ni ministro ni bien de estado, con lo que él ha hecho por este país del que usted me habla.

Ochenta días después, a apenas un día de la segunda votación de investidura, no sabremos si habrá gobierno, pero sí que el futuro está lleno de incógnitas y de cosas para las que no hemos votado, precisamente.

Ustedes, como el que suscribe, habrán votado convenientemente a una u otra candidatura, pero en ningún caso han votado un cambio constitucional.

Que Sánchez diga ahora que hay que constitucionalizar el gobierno de la lista más votada tiene la poca gracia del mal cinismo y apunta a remate del pluralismo. Cambio de régimen es, igualmente, privarle al presidente del Gobierno de su capacidad de decidir quién integra su colegio ministerial y pasarle la decisión a la asamblea popular.

Diga lo que quiera el «segundo sol de la vida de los españoles» la ciudadanía no vota vicepresidentes, ni composiciones proporcionales de gobierno, ni vigilantes de los ministros: vota parlamentos.

La ciudadanía, además, como aquí se ha escrito ,votó una moderación por la que Sánchez no ha trabajado, esperando que el desestimiento de todo el mundo le haga inquilino de la Moncloa.

No hemos votado que Irene Montero sea la mandamás de la cosa «social», una vez que Iglesias se cayera del caballo de lo imposible. No queda estético el modelo Kitchneriano y nos gustarían vicepresidencias con alguna experiencia profesional, pero eso no importa: lo que no hemos votado es que un cargo de nuestro gobierno no pueda decir «España» o que se trocee un presupuesto público en ministerios incompatibles, en un escenario que apunta al retorno a la tutela de Bruselas, si se confirma el programa de gobierno desgranado por Sánchez.

No hemos votado que se exploren caminos fuera del constitucionalismo. Sánchez, que en algún momento de la investidura ha parecido desbordado, se ha vuelto a hacer un lio con los independentistas, agradeciendo abstenciones, que no eran tales, pero ofreciendo por aquí y por allá un confuso diálogo que, al parecer, acaba «en algún tipo de votación» del que siempre se habla, pero que no parece muy legitimado.

Vale, la ciudadanía sabe que el pluralismo es más caro que el bipartidismo. Algo habrá que pagar para contentar a más gente. Pero no hemos votado el clientelismo vasco, incluido su Estatuto; no hemos votado ni coser los rotos de Cantabria ni transiciones energéticas de esas que mantienen el carbón, suponemos que para almacenarlo.

Sabemos, desde luego, que nuestro voto regaba un impresionante jardín de egos y alimentaba soberbias universales. Pero no hemos votado el desprecio y la falta de respeto con la que el personal político se trata porque sabemos que eso es mala indicación para el futuro.

Sabemos que hemos votado a una pandilla de listos y listas; pero no hemos votado sorpasos futuros, ni en la izquierda ni en la derecha, sino compromisos de presente, cosa que los Rivera y compañía olvidan, y al olvidarlo, se embeberán más, pero tendrán menos futuro.

Hay cosas que no hemos votado. La forma es sustancial en democracia, porque representa tanto el respeto a la norma como la ética democrática. No hemos votado su desprecio.

No hemos votado que ambas se cancelen en arteras trampas parlamentarias: no se hacen públicas las negociaciones, no se desprecian las políticas públicas; tampoco se llama negociación a lo que es imposición, ni acuerdo a lo que es clientela: Iglesias, Sánchez, los vascos y un señor de Cantabria andan liados con cosas que no hemos votado.

No; hay que cosas que no hemos votado. Por ejemplo, no habíamos votado el retorno del bipartidismo, pero que sigan así un par de días…

Su ineficiente comportamiento en verano

El Banco de España informó el pasado lunes de que en España las familias deben un 4% menos que el año pasado, tienen medio punto más de caja y son un 3% más ricos. Con dineros y en verano, el cronista se teme lo peor.

Bastantes de ustedes habrán contratado con Airbnb o Boooking, que les cobran un 25% por encima del precio de mercado. Una vez acomodados, ustedes se pondrán a disparar con la tarjeta como si fuera un fusil. Van al primer cajero que encuentran y se gastan en comisiones el equivalente a tres cervezas diarias.

Usted, que solo va al Museo del Prado en invierno y cuando llueve a cántaros, para no hacer cola detrás de los chinos, llega el verano y se las hace todas.

En Port Aventura por su nieto; en la barca de los espetos por su tropa familia, en el chiringuito por su señora o señor de usted. En economía, las colas son sinónimo de escasez y mercado negro. !Hombre o mujer de Dios!, cruce la acera, vaya a su nevera, incluso lea, pero huya de las colas, sinónimo de precio manipulado.

Ya lo sé: practican el turismo de experiencia, Y como usted no es como los demás, ya no le vale con el refrescante vinito blanco de toda la vida. No; ahora, usted caballero, las señoras no suelen hacer estas tonterías, me toma Spritz, un desconocido, hasta ayer, aperitivo de la Italia pija. Aperol vende la botella a once euros y en el chiringuito se lo cobran a precio de coctel de James Bond, cuatro veces más de lo que le costaría a usted en el súper.

Pero no se rían las señoras, que ahora les recuerdo lo de ese pareo en modo manta salmantina, comprado a precio de seda china, a vendedores que utilizan una excelente estrategia de precio: «de cada uno según su capacidad», como si fueran marxistas. No hay dos pareos que cuesten lo mismo.

Mercado de experiencia llaman a esto; ah, ese momento en que la economía se convirtió en sensaciones que vivir e historias que contar… Ese magnífico momento, el mercado lo sabe, en que usted declara, aunque no lo crea, que esta dispuesto a pagar una barbaridad por cualquier cosa.

Como Usted insiste en permanecer siempre joven, como Dylan, contratará usted una nave de remos en un charquito, un velero cuando no hay viento, un curso de windsurfing, a pesar de su artrosis e, incluso, confiésenlo, van a comprar una paella al «take away», o sea el «pa llevar», que le pondrán en un cartoncillo de aluminio, cobrándole, eso sí, a precio de langosta.

Vale, Usted no sabe como cotiza el mercado de la paella, aquí le informamos: por encima de doce euros la ración, abusan; por encima de 18 le roban. Esfuerzo inútil el del cronista, ustedes irán a  pagarla a veinte euros en algún marco incomparable, nunca hollado por huella humana, eso sí, rodeados de doscientos ingleses practicando gastronomía de experiencia.

El cronista no exagera. Ustedes están en contra de toda privatización pero pagan, a precio de monopolista, la privatización de la sombra que perpetra el empresario de las sombrillas. Ustedes protestan por hacienda, pero se pasan el verano pagando impuestos sobre el pecado: el azúcar, la gasolina, la ecotasa, …

Sepa, señor y señora mía, que no: en la playa no hay wifi. Así que las fotos para epatar a su cuñado irán a la factura de datos excesivos, que puntual le remitirá el oligopolio telefónico.

En fin, sé que no me harán caso. Sean, entonces, felices. Buenas vacaciones a quienes les toque. Como el cronista no es envidioso, para nada, solo les deseo que la gota fría anegue sus mañanas y el viento azote sus noches, es para que ahorren, no porque les envidie.

( Crónica en ClickradioTV. Viernes,19 de julio de 2019

El Popular, mutis final

El Popular se merece una última crónica y este cronista quiere dársela. El Popular ha muerto; viva Botín. El Banco Popular ha dejado de existir; el Santander ha comunicado que ya ha sido totalmente absorbido. Más de tres millones y medio de clientes, 1.600 oficinas, más de 15 millones de contratos del banco desaparecido son ya completamente del único banco colorao que queda.

El Santander compró el Popular, el sexto banco del país, por un euro y resultó que no estaba mal de solvencia. El ERE de ambos bancos se financió con recursos del Popular. Y lo que parecía tóxico, una vez vendido, ha generado al Santander una plusvalía milmillonaria. Para los clientes no tan estupendo: en el cambio a la afamada cuenta 1,2,3, les redujeron la rentabilidad .

El Popular ha sido un éxito para el Santander que ha recibido algo de lo que el Popular podía presumir: una cartera de pequeñas y medianas empresas envidiable y una banca de cliente, una cultura bancaria desconocida por el Santander, una típica banca de producto.

Ron y Saracho, los últimos presidentes, lejos de la cultura bancaria de una saga de banqueros bastante notable, tienen mucha responsabilidad en lo ocurrido. Eso sí, no está tan claro que la experiencia piloto que el BCE inició con el Popular haya servido para mucho. Hay un soberano lío jurídico con este asunto, pero esa será otra historia.

En 1926, el ingeniero de minas y político del Partido Conservador Emilio González Llana fundó el Banco Popular de los Previsores del Porvenir, quien dijo que fundar un banco no era un ejercicio de poesía. Aunque no tan brillante como las creaciones de nuestro Jose Maria Triper, el nombrecito tenía su cosa.

La entidad pasó a ser el prosaico Popular Español, desde que en los años cuarenta cayera en manos catalanas, cosas que tiene la historia.

A principio de los años cuarenta un grupo liderado por el industrial catalán Félix Millet tomó el control de la entidad..

Millet, de profundas convicciones religiosas, tuvo como mano derecha al supernumerario del Opus Dei Juan Manuel Fanjul. Este facilitó el acceso a posiciones de poder a miembros de la obra que alcanzaron la cúpula con los Valls Taberner, presidentes del banco desde 1972 a 2006.

A pesar de este origen y de la conservadora cultura bancaria de la entidad, la democracia española tiene una deuda con el Popular. A partir de 1977, prestó a todas las formaciones políticas democráticas, incluido el Partido Comunista de España, que pudieron con ese dinero afrontar las primeras elecciones democráticas.

Una discreta oficina, apenas sin personal, en la madrileña calle del Marques de Casa Riera, a espaldas del Círculo de Bellas Artes, coordinaba la prestación de dineros a las formaciones políticas españolas, sin distinción ideológica.

Las cosas son como son. Por mucho que Sabina busque a su amada en una esquina del Hispano Americano, nadie echa de menos a un banco. Créanme: el día que permitimos que los bancos dejaran de regalarnos ollas para cocinar, nació una irremisible desconfianza.

Noventa y tres años después, el Popular ya no estará en las calles. La desconfianza y un euro tuvieron la culpa; los accionistas del Santander encantados.

Este cronista, ese día, sí tenía un euro, pero nadie quiso venderle el banco: quizá por eso soy feliz; ser banquero se está poniendo insoportable.

(crónica ClickradioTV, Martes 16 de julio de 2019)

La tasa GAFA

Vengo a hablarles de la tasa GAFA. No me refiero a sus anteojos, que por cierto pagan un excesivo 21% de IVA. El GAFA del que les hablo es un acrónimo. GAFA, escríbanlo con mayúsculas siempre, tiene menos de cinco letras, viene de Google, Apple, Facebook y Amazon.

Déjenme decirles que, salvo que ustedes sean de alguna de esas sectas políticas que piensan seguir a su líder a la inmolación o directivos de banco bajo sospecha que alguno hay, lo importante es que hoy es el «Amazon Prime Day». Durante 48 horas, un millón de productos con descuento serán vendidos por el gigante de internet.

Una gran fiesta para la Hacienda de… Luxemburgo, que es donde en Europa pagan impuestos los de Amazón. Cosa que no parece justa, especialmente esta semana donde pymes y autónomos  lo que celebran es el día del IVA.

Los GAFA son noticia porque, para cabreo del presidente Trump y ante la pasividad europea, Francia ha acordado gravar un 3% del negocio de estos grandes imperios digitales. Italia, Reino Unido y España seguirán el camino.

Hay que decir que Trump se ha enojado mucho, anunciado represalias, incluso corren rumores de que ha renunciado a beber el carísimo Saint Emilion en sus comidas.

Eso sí, mientras amenazaba a los europeos, multaba con cinco mil millones de dólares a Facebook, por el uso fraudulento de datos de usuarios. Lo que pasa en el mundo se queda en América, ya se sabe.

Desde hace un par de años, la Unión Europea viene sancionando a los gigantes tecnológicos con cifras récord porque que estas empresas incumplen el pago de sus impuestos en los países donde hacen negocio o, incluso, negociaron reglas especiales (tax rules) con algunos países, como Irlanda y Luxemburgo.

Trump alega que lo de Europa es una respuesta de pura incompetencia ya que nuestra industria tecnológica no ha alcanzado el mismo éxito que sus homólogos estadounidenses. Por cierto, Obama opinaba lo mismo.

Poner impuestos a quienes parecen estar beneficiándose del dumping fiscal y revisar el sistema tributario parece legítimo, aunque también podría tener efectos negativos para la UE: las represalias americanas o, también, retraso en negocios digitales alarmados por los nuevos impuestos.

Se estima que estos GAFA solo pagan el 25% de lo que deberían, Y se sabe que, por ejemplo, el impuesto sobre beneficios que pagan en España, está por debajo del 15% que pagan las pequeñas y medianas empresas, a pesar de sus beneficios gigantescos.

Por cierto, que este impuesto estaba en los presupuestos no nacidos de Pedro Sánchez. Aunque en nuestro caso había algo de postureo. En España, como en todas partes, si no hay Ley y Reglamento, que no lo había, no se puede cobrar impuesto.

Las plataformas digitales han estado aumentando sus ingresos en más de dos dígitos, es decir por encima del 10% ,durante muchos años, pero los ingresos de las haciendas no.

A los muchachos de internet, tan listos, tan blancos y tan de California, se lo tengo escrito, se les ha ido la mano y sus posiciones dominantes han determinado en muchos sectores – comunicación, telefonía, editorial, en primer lugar, pero también en el comercio o la distribución y otros- un deterioro general en el valor económico, inversiones, ingresos y la consiguiente, devaluación salarial, manejando una mercancía que no les pertenece: los datos de los usuarios, convertidos en su verdadero negocio.

En definitiva, algunas razones tenemos los europeos para sospechar que los GAFA nos toman el pelo. Así que hagamos que paguen, que tienen mucha pasta. Y ahora se vayan al ordenador a comprarse algún cachivache de esos que casi regala Amazon hoy y que tanto les gustan.

(Crónica ClickRadioTV en Lunes)

Iglesias prueba el “no es no”: la venganza del “looser”

Iglesias tuvo ese momento en el que uno está fantástico y en el que ya solo se puede empeorar, cosa que no suele advertirse si alguien, en lugar de pelotearte, no te lo cuenta.

Estaba a punto, faltaría más, del sorpaso. El sorpaso es algo que pone mucho al que se lo cree. Era, pues, el momento de pedirse una vicepresidencia, los espías, el ejército, para el que tenía un amiguete preparado, y lo que falta hiciere.

Eran aquellos días en los que Iglesias afirmo que Sánchez estaba «lost (perdido) en Nueva York» y era un «looser (perdedor) en España». Nada parecía muy humilde ni apropiado para asociarse, pero cuando uno está para asaltar los cielos no se para en tonterías.

Luego las cosas se enredaron. Siguió sin haber sorpaso, le lanzó una de cal viva a los socialistas, el «no es no» retiro temporalmente al potencial amiguete y empezaron los líos internos. Lo que empezó en un 20,7% se quedó en el 14,7% en las últimas generales y en sonoras derrotas locales y autonómicas. Del cielo a Galapagar, en un pispás, pero seguimos queriendo ser vicepresidentes. Y si no hablamos de eso, no hablamos de nada.

La negociación de los bloqueos institucionales españoles (algunas autonomías y el estado) no es precisamente ejemplar. Las debilidades orgánicas de los partidos, singularmente Podemos y Vox, obliga, para sobrevivir, a convertir las negociaciones en un propósito de ocupación de cargos. 

Tampoco la agenda que se propone parece ser una prioridad para el personal y, desde luego, el desprecio mutuo que se dedican los potenciales aliados no ayudan nada.

Mientras PP y PSOE observan, Ciudadanos navega en el marasmo ideológico y, se diga lo que se diga, se convierte en puro trilero político y mediático. No obstante, unas elecciones las carga el diablo: aún con previsibles caídas de Vox, Podemos y Ciudadanos – los que demandaron pluralismo son incapaces de acomodarse a la pluralidad-: el castigo de la ciudadanía en forma de abstención no garantiza resultados.

Como se dice ahora, las fuerzas mayoritarias andan construyendo el relato para que la pena caiga sobre los secundarios.

Los de Casado van de cascos azules y Sánchez, autor del enjundioso «no es no», propone ahora un cambio de la Constitución para que gobierne el más votado, que hoy es él, y nos libremos de la compleja pluralidad de la que hasta ayer presumíamos.

El chulito «no es no» ha contaminado el pluralismo de egolatría. El antiguo «looser» se ha sentido en la obligación de comunicar, eso sí por teléfono, a Iglesias, que un hombre de estado no puede ponerse en manos de radicales tamaños, faltaría más.

Felipe González, que desprecia a Sánchez por cierto, le ha concedido, empero, carné de estadista: lo de gobernar solo, con cesiones de estado de las derechas o con algún catalán serio, si es que de eso queda alguno, es lo que siempre le gustó a Felipe y lo que la factoría que rodea a Sánchez parece desear.

O sea, Pablo, sí, tu eres «el faro resplandeciente de las musas», pero parece que de esta tampoco asaltamos los cielos. Los que tenemos esa edad en la que la historia más que estudiarse se recuerda, te recomendaríamos que te dieras una vuelta por el 93.

La pérdida de mayoría absoluta de González, fue desaprovechada por IU a golpe de ventitantas condiciones bastante radicales. Ninguna de ellas incluía, hay que decirlo a favor de Anguita, el gobierno. González se marchó a la derecha, y en las siguientes elecciones Aznar le gano al PSOE. Yo recomendaría, plegarse al «looser», antes de que no quede nada que salvar.

Reconoceré que los comentaristas tenemos la vanidad del consejo. Espero no sobrepasar mi umbral de ineficacia si indico a Iglesias y Montero, a Monasterio y De los Monteros, a Rivera y Arrimadas que se lo miren rápido. Convendría mejor influir en la agenda política que arriesgarse a mayores dosis de irrelevancia, A la ciudadanía nos cabreará votar otra vez, y no saben ustedes cómo somos cuando nos ponemos en modo irritado.

Inés y la insuficiencia ética de Diverbo y las mamis supremacistas

Se llama Inés. Ha tenido que abandonar su campamento. Unas muy solidarias mamis y una modernísima empresa de enseñanza de idiomas lo han querido.

Hablamos de ética, del derecho a la diversidad, De la obligación que tiene todo educador de saber que solo lo diferente es imprescindible. Hablamos del derecho a formarse, a vivir y a disfrutar sin exclusiones.

Es probable que este país tenga muchos problemas, incluida nuestra dificultad con el inglés, pero hay uno que queremos superar, y poco a poco lo logramos, con la excepción de modernísimas empresas, mamis imbéciles y directoras ejecutivas muy emprendedoras: no tolerar al sectarismo casi nazi de quienes rechazan el derecho a crecer de las personas con  discapacidad.

Inés tiene especiales necesidades educativas que no le impiden relacionarse, mejorar, aprender y disfrutar. Necesidades que la empresa, por cierto, se había comprometido a cubrir al aceptar su matrícula. Inés cambió viaje a Londres por un «pueblo inglés» en Salamanca, y así le ha ido.

Dos mamis atentísimas a la educación de sus sanísimas e inteligentísimas hijas no podían permitir que Inés perturbara el descanso de sus ninfas, que siendo hijas de dos mamis tan aplicadas, aprenden ingles durmiendo, si falta hiciere.

La empresa organizadora del feliz e idílico campamento, siempre atenta a los deseos de los más fuertes ofreció a Inés dos alternativas: o dormir con una monitora; es decir, discriminar, o irse del campamento; es decir, discriminar.

Ignoro, y prefiero hacerlo, el nombre de las dos mamis responsables (los papis nunca se ocupan de estas cosas). Aunque me las imagino: tan bellas, tan sanas, tan pijitas, tan poliglotas, tan… supremacistas.

Si conozco el nombre de la empresa: «Diverbo- Iniciativas en idiomas S.L»., heredera de aquel «Pueblo Inglés» que llenaba de propaganda las vacaciones de nuestros hijos e hijas.

Dice su Web, que en un alarde de transparencia y atención a su clientela ha bloqueado los comentarios, en un texto firmado por su directora ejecutiva Sonia Palacios, que Diverbo viene del latín y significa diversidad y diversión. Genial: nada tan propio de la diversidad que una expulsión y nada tan divertido como echar a una niña de un campamento. Es que los mortales que no somos mamis fetén no tenemos sentido de la ironía.

Dice la misma web que ellos, faltaría más, no han expulsado a la niña. Que ha sido su malvado padre que no aceptó, fíjese usted, que la niña durmiera con una sacrificada monitora.

El problema de las modernísimas empresas, las emprendedoras ejecutivas y las mamis supremacistas es que son ellas, y no ustedes y sus derechos y los de sus criaturas, quienes definen lo que es normal.

Cuando supe la noticia jugaba con mi particular «mago de lengua de trapo», en verso de Jose María Triper. Ya les digo que si unas mamis impresentables y una empresa modernísima echa a mi nieto de un campamento, este servidor monta un tiberio.

Tiberio que no solo incluye el juzgado, como imagino que al padre de Inés hará, sino manifestación y algunas preguntas incómodas. Por ejemplo ¿Le gusta a la Universidad de Alcalá que una empresa que imparte un Master de título propio de esa universidad mantenga estas prácticas? Pregunta que haré por escrito hoy mismo.

Diverbo tiene un problema: su insuficiencia de ética corporativa. Llamen los expertos en comunicación de crisis que seguro hay un hueco. Las mamis tienen dos: carecer de humanidad y de ética. Si nos quejamos de la insuficiencia ética corporativa es porque las empresas cobran, una pasta oigan, una pasta, por portarse responsablemente con la igualdad.

Venga; vayan ustedes a los hermosos pueblos ingleses que les propone la empresa, saquen a sus hijos e hijas de esas espantosas academias que mezclarán a sus criaturas con gente con toda clase de síndromes. A ver si cualquiera de ellos y ellas quiere emigrar a Silicon Valley y quitarle el puesto a las ninfas de las mamis guais.

Sí; sabemos de qué van. Lo que pasa es que creíamos que ya no había señoras de esas. 

Cuestión de huevos

Todo riesgo supone una oportunidad; esto se lo habrá dicho su coach a menudo. Quizá le parezca una idea sobrevalorada, pero imagine que opinaron las langostas que viajaban en las peceras del restaurante del Titanic del asunto.

Con los huevos pasa lo mismo. La porosidad de su cascara es un riesgo que nos obliga a cuidar nuestros huevos. Pero no hay riesgo, como digo, que un buen emprendedor no aproveche.

Nuestro emprendedor se llama Cayetano y su empresa Koroko. El animoso empresario ha decidido vender huevos con sabor a trufa, queso y cualquier cosa que a usted se le ocurra.

Si debatiéramos sobre innovación y cocina, se me ocurriría apuntar que  si las gallinas hubieran querido que sus polluelos olieran y supieran a trufa, ellas picarían el afamado hongo y no los expertos cerdos que buscan entre robles y castaños.

Pero. aunque no siempre lo parezca, le hablo  de economía. Así que les pido que reflexionemos sobre la pijadita esta del huevo con sabores.

Empecemos por el precio. En economía se dice que el precio debe ser lo que cuesta producir la última unidad. Pero, también, se sabe, que la satisfacción es variable fundamental. Llegados aquí, les pregunto, Ustedes que, de natural, son caprichositos y caprichositas ¿obtendrían satisfacción de algo, si les costara un 800% más de lo que ustedes pagan habitualmente?

Pues vean el asunto: ayer un par de huevos camperos, de esos hermosos y procedentes de gallinas sin torturar, costaban 22 céntimos; un par de huevos con sabor trufa se venden a 1,70. Es que se venden a pares, saben ustedes: a ocho veces  su precio normal.

Ustedes me dirán que no los comprarán. Pero ,seguramente, en alguno de esos restaurante que venden, faltaría más, huevos a baja temperatura, – o sea, con la yema cruda – se los colocaran un día de estos: y ustedes se harán un selfi con el huevo para epatar a su «cuñao».

Pero más allá del precio de la pijada, debemos interesarnos por el mercado. Si usted fuera productor de huevos y los pusiera en el supermercado a 1,30 la docena, pudiendo cobrarla a diez euros. ¿Qué haría?:  pues destinar huevos a ser inyectados con sabores. Una polución que reduciría la oferta asequible y doparía el mercado.

La doctrina de la gastronomía moderna se ha llenado de teorías como el producto de proximidad, el respeto al entorno y la reducción de la distancia entre el mercado y el producto.

Un triple criterio compatible con la sostenibilidad y absolutamente imposible con estos mercados alimentarios de lujo excesivo, que no gourmet, cuyo efecto sobre los precios medios y las cantidades ofrecidas son ingobernables.

Por supuesto, mientras nos tomamos un par de huevos a diez euros la docena, y vigilamos un coche eléctrico de esos que valen como un piso, podemos criticar a esos pobres que polucionan la ciudad con sus viejos coches de gasoil.

El animoso empresario ha afirmado que está pensando en el mercado exterior y ya cree que puede lograr huevos con sabor a wasabi y, por qué no, a guacamole. Por ejemplo, cómo no vender en Guatemala una docena de huevos con sabor a chiles, que solo costarían el 5% del salario mínimo mensual de Guatemala.

En fin, que listos somos, cuando nos ponemos listos. Por cierto, si ustedes tienen algún amigo que les regale una trufa o se regalan un día una, a 800 euros la baratita, bastará con que pongan un huevo normal en un táper o un frasco al vacío, con un poco de arroz en la base y la trufa pegadita al huevo, y conseguirá lo mismo, pero eso si no podrá presumir ante su «cuñao».

No obstante, si usted es feliz con la comida baja en tonterías, un día les cuento como hacía Lucio sus huevos rotos con patatas. En fin, pasen buen fin de semana y cuiden sus huevos, hace calor.

(Cronica de viernes en CLikcRadioTV)
Manuel Valls

Valls no fue el error

De acuerdo; Valls representa casi todos los vicios de la «gauche divine». Como decía Keynes, hablando de sí mismo y su colaboración con los laboristas, se ponen siempre «en el lado de la burguesía educada».

Se trata de una socialdemocracia cortita, que por cierto abundaba en la fundacional nómina de Ciudadanos que hoy llena periódicos, cuyo amor por la humanidad, las artes y la bohemia es compatible con el amor a los banqueros (es que banqueras solo hay una) y a los cinturones apretados de los demás. De acuerdo ¿Pero eso le convierte en el error de Barcelona?

Valls ha convertido una decisión y un gesto en una lección política. Fue el primero en apuntar la estrategia ganadora y ha mostrado ser eficaz en detener al adversario, otros y otras no pudieron. Cuadraban los números y lo puso en valor. De eso trata la política.

Negarle el saludo a Torra sólo responde a los insultos que ha recibido de éste y no deja de ser lo mismo que el President de la cosa aplica a los representantes de las instituciones constitucionales españolas.

«En el lado de la burguesía educada», Valls se tomará tiempo para ser una referencia de la burguesía barcelonesa y catalana, expulsada de la nación – no hay más que ver la lista de donantes-.

Aprovechará, sin duda, el agujero del independentismo: ¿Conocen ustedes una nación sin burguesía, construida con «anticapis» y antisitema? Valls transitará el recorrido de progre compatible que puede llevarle, o no, a esas alianzas socioliberales, organizadas por despachos de abogados y urbanistas, que tanto gustan en Barcelona, desde que se tiene noticia democrática.

El error de Rivera fue sumergir a Ciudadanos en Cataluña, dejando a Iceta la recuperación del constitucionalismo. Y el error de ahora ha sido plegar Barcelona – y al ala socialdemócrata del partido- a la ya borrosa estrategia en Madrid.

Probablemente, el gallinero no aguanta tanto gallo, piensa Rivera. Aunque es cierto que el líder ciudadano es fiel al votante que se ha quedado. El error de Valls y de muchos otros que al olmo le piden peras es no entender que, fuera de Cataluña y quizá también allí, el electorado progre de su partido ha desaparecido y Ciudadanos es una derecha más.

Ada Colau

Colau no debiera ser el pretexto. Que la alcaldesa desprecia a quienes le apoyaron es un hecho. Que le gustaría ser la papisa de la inexistente república, también, para irritación de los federalistas y poca izquierda que queda en su partido. Que Colau traicionaría a sus aliados para hacer méritos, y que ERC le quite al Maragall sectario de en medio, estaba cantado .

También es cierto que ponérselo difícil a Collboni, Iceta y Sánchez, al PSC y PSOE, es un error de Colau que afectará a Iglesias y hará al populismo radical, tan divino como la gauche de Valls, más irrelevante.

Colau le irrita haber necesitado a Valls y la casta sociata. Puro «pijiprogresismo», muy alentado por sus mentores y asesores, que acabará dañando a su casi no nacido partido. Siéntense y esperen: Valls pudo ser innecesario, pero no fue el error.


Joan Canadell

Petróleo para “indepes”: llega el empresario gritón

¿Le gustaría llamar ladrón a quien le paga la mitad de su presupuesto?¿Usted gusta de empresarios que animen la inestabilidad?¿Prefiere anticapitalistas que animan a su burguesía y sus élites a apropiarse de los resortes del estado? En cualquiera de los casos tiene un paraíso: Cataluña.

El estado español, su presupuesto y el de sus organismos autónomos, AENA incluido, le ponen, en número redondos, siete millones y medio de euros a la Cámara de Comercio de Barcelona, la mitad del presupuesto, desde hoy dirigida por un lobista del independentismo.

El estado roba a Cataluña, naturalmente, como el nuevo presidente de la «Cambra» ha declarado esta mañana, pero le pone la mitad de un presupuesto, que las organizaciones nacionalistas quieren administrar para que el empresariado se convierta en grupo de presión por la autodeterminación.

Así que si usted va la Cámara de Comercio de Barcelona para cualificar su empleo e insertarse en el mundo laboral, con un proyecto emprendedor, pidiendo recursos para una formación dual, ese tipo de cosas deleznables que paga Madrid, deberá presionar al estado que le paga para que prevarique y apoye a los «indepes», sea usted de la causa o no.

Hoy tocaba ceremonia empresarial y la Cambra de Comerç de Barcelona, tomada electoralmente por asociaciones independentistas, ha sido el escenario donde Joan Canadell, anoten el nombre del próximo padre de la patria, ha oficiado de nuevo presidente.

Canadell, como corresponde a todo portavoz independentista, representa, a la vez, al pueblo y al empresariado y su Presidencia será, como imaginan, ecuménica y, sobre todo, muy profesional.

Por eso, en la línea de mejorar los servicios a las empresas ha animado a los empresarios a convertirse en grupo de presión contra el estado, para que este prevarique y reconozca el derecho de autodeterminación. Ha señalado que la inestabilidad merece la pena ante tan magno objetivo.

Toda una proclama en un órgano que no es representativo de empresa alguna. Data de finales del siglo XIX que las Cámaras de Comercio no tienen carácter de representación patronal.

El tiempo las ha convertido en cosa poco útil. Desde 2011, la pertenencia a las Cámaras de comercio ha dejado de ser obligatoria y las cámaras han pasado a vivir de gestionar subvenciones y de cobrar, sobre todo, a las grandes empresas.

Canadell ha dicho que quiere más recursos y en lo primero que parece pensar es en subir el precio a los asientos del consejo que, por valor de un millón cien mil euros, compran las grandes empresas. También espera meter mano a los millones de subvenciones citados.

Canadell que habla en nombre de todo el empresariado catalán y todo el pueblo, naturalmente, representa la candidatura vencedora en unas elecciones en las que de un censo de 423 mil empresas, votaron poco más de 17 mil, un 4% de participación, que utilizaron en 80% el voto remoto, de dudoso desarrollo. Las elecciones han sido impugnadas por otras candidaturas.

La candidatura no ha sido organizada por animosos empresarios preocupados por el fomento de la riqueza sino por la ANC, el Cercle Catala de Negocis (grupo de presión fundado por el mismo  Canadell) y organizaciones como Sobirania i Justicia (del actor Joel Joan).

Había un representante del tejido empresarial en la candidatura, Pere Barrios, que debió dimitir de la asociación de pequeños empresarios que presidía, porque sus miembros apoyaron otra candidatura.

Dice el señor Canadell que fundó una empresa independiente de petróleo. O sea, que es propietario de nueve gasolineras. Petróleo para «indepes» y empresario de los que aman el ruido. ¡Ah! Aquellos tiempos en los que al negocio le molestaba el ruido. 


Rivera, Casado, Abascal

El día de los bastones: el electorado de la derecha pacta consigo mismo

Ya tienen ustedes alcalde o alcaldesa. Se siente. Se acabaron las vacaciones cuatrianuales que la ciudadanía se da para demostrar que la ciudad funciona sin que nadie mande. Ha pasado el camión de la basura y el recaudador de impuestos, el poli municipal y el, casi siempre, menos diligente jardinero, pero nada es para siempre: quien manda ha vuelto.

Ayer sábado era el día de los bastones y todo se resolvió como suele suceder desde 1979. La derecha voto a la derecha, la izquierda a sí misma. Y, más o menos, en población se sale empatado. Todo el ruido previo, también como siempre, era mera literatura.

Eso de que la nueva política acababa con el juego a dos, que la pluralidad traería trasversalidad y todas esas cosas modernas se han mostrado tan falsas como inútiles.

El día de los bastones lo ha ganado Casado porque el electorado de la derecha ha pactado consigo mismo. En casi todos los sitios donde gobernarán, son los que siempre habían sido, y casi siempre habían sido más.

Hay dos razones por la que Ciudadanos ha pactado con el PP, frente a las fantasías progresistas, casi siempre empeñadas en creer que entre fascismo e izquierda no hay nada.

En primer lugar, Ciudadanos ha pactado con el PP porque allí donde era decisivo, sus votantes procedían de los populares, y no de los socialistas – esa es la razón de los acuerdos manchegos con el PSOE-, y no está uno para suicidios políticos, tipo Burgos o Huesca. La segunda razón es que cuando se va de balconada en día de feria y grita «con Rivera no», y nadie pone concierto, las cosas se enredan como se enredan y acrecientan el sectarismo.

Ciudadanos se lleva de esta un lío estratégico de bigotes, una crisis en Barcelona, algunos expulsados, una imagen de cinismo notable y la evidencia de que no la pinta y el proyecto parece algo agotadito. También, un par de alcaldías que le durarán menos que una constitución en el siglo XIX.

La elección de alcaldes y alcaldesas ha puesto de relieve lo que las noches electorales tardan en poner de manifiesto: quién ganó, quién no ganó. Por más que no guste, Casado no perdió: la invisibilidad de Vox y la irrelevancia de Iglesias han sido más decisivos.

Vox , por más que toquen las narices, y que las tocarán en el futuro más próximo, para marcar paquete legionario, ha decidido la invisibilidad a cambio de influencia, sabiendo que la fiesta no da para más.

Porque, créanme, lo que este sábado pone de relieve es cierta tendencia al retorno del bipartidismo. PSOE y PP, ahora líderes de bloque, han mostrado firmeza y capacidad de liderazgo, en un mapa político radicalmente fragmentado, en el que la pluralidad realmente existente ha sido pura cosmética que animaba las semanas de espera.

Quizá nos costaba creer lo que aquí se ha escrito alguna vez: en un mes, españoles y españolas, han votado dos veces moderación. Esa moderación la han capitalizado socialistas y populares, y ha debilitado a los demás.

En este viaje, el electorado de derechas ha pactado consigo mismo, el electorado de izquierda volverá a las viejas andadas y hará lo mismo, por aquello de aprender. Quizá entiendan las prisas por cazar ministerios de algunos, antes de que vuelva las vacas más flacas.


Sostiene Triper la razón por la que los abuelos le ganamos al mercado

Sostiene Triper, amigo, periodista y poeta, de los de firma en feria, que son los nietos y nietas, «arroyo y miel». Y así son. La globalización nos ha igualado y disfrutamos de nuestros bichejos y bichejas con los mismos peluches y extraños superhéroes de mundos remotos, de esos que exigen a las abuelos y abuelas un master acelerado: proteger a Spiderman o a Hulk, por un poner, es cosa peliaguda.  

Master que necesitaríamos para entendernos con estos niños y niñas, pasados por las malas traducciones de Disney y unas escuelas no siempre atentas .

Ni siquiera las canciones de antaño nos valen. Las familias ya no se dividen según la canción de la abuela. No; ahora deben ustedes aprender Let it go, de Frozen, si desean ser escuchados.

Triper y yo, que escribimos algo de economía, sabemos que esa canción de Frozen habla de lo que se llaman «costes hundidos»; es decir, a la hora de tomar decisiones económicas deben ignorarse aquellos costes del pasado que no se pueden recuperar. Que es lo que viene a decir la princesa helada, un tanto enojada.

No es de ahora que las cancioncillas oculten mensajes económicos. «Al pasar la barca, me dijo el barquero: las niñas bonitas no pagan dinero«. Entrañable canción que cantaban las abuelas, acompañadas de camisas, canesú, patatas y corros, pero que, en realidad, escondía una terrible discriminación de precio, de esas que en economía llamamos de tercer grado, en las que el vendedor tiene todo el poder.

Porque, piénsenlo fríamente: podrán ustedes ser atractivas o atractivos, sin duda elegantísimos, como es su caso y el mío, pero si el barquero tiene otros gustos, dense ustedes por perdidos.

Pero no tenemos tiempo de sesudas reflexiones; llega el sábado: toca nieterío. El Instituto Nacional de Estadística nos ha contado la pasada semana cómo las familias organizan los cuidados de los criaturas.

De las casi nueve millones de personas que cuidaron de hijos menores de 15 años, el 17% del total utilizaron servicios profesionales. Por el contrario, alrededor de siete millones no lo hicieron.

Los principales motivos para no hacerlo fueron que organizaron el cuidado de su hijos solos o con su pareja en la mitad de los casos y que lo organizaron con la ayuda de abuelos un 19%. Saquen pecho, pues, si el el Sintrol se lo permite, queridas abuelas y abuelos, le ganamos al mercado por dos puntos, que se sepa.

Cierto es, y debe decirse, que en esto de los cuidados, las mujeres son las que salen perdiendo. El porcentaje de mujeres que cuidó de familiares dependientes fue del 6,55%, el doble que los hombres. El porcentaje de mujeres que cuidó únicamente de hijos menores también fue mayor que el de los hombres en casi tres puntos.

De las personas que tienen hijos menores, el 28,13% abandonaron su trabajo en algún momento para cuidarlos, pero el 87% de los hombres solo hicieron seis meses mientras la mitad de las mujeres debieron hacerlo por más tiempo. El porcentaje de mujeres que lo interrumpieron más de dos años fue del 17,70%, frente a tan solo el tres de los hombres.

Los abuelos y abuelas, en fin, cuidan al 19% de los nietos y nietas españoles. Si eso contabilizara en el PIB sería un fascal, dicho sea de paso, pero no es la pasta la que nos lleva al nieterío.

Sostiene Triper la razón por la que los abuelos le ganamos al mercado: magos y magas «con lengua de trapo y de papel, inquieto(s) y avispado(s) colibrí(s), vuela(n) sin miedo»… y nos hacen, de paso, felices. No hay oferta de mercado que lo mejore. 

(Crónica de viernes en CLickradioTV)


La playa, ese mercado salvaje

Les develaré una terrible verdad: su idílica playa es un territorio de cruel competencia económica

La economía trata de la escasez. Ni siquiera los modernos manuales para indignados economistas postcrisis han podido ignorar el principio del libro de Samuelson en el que aprendió la casta. Y la playa, créanme, es un mundo de escasez.

Abundan, claro, los cuerpos hermosos, las relaciones potenciales, las conversaciones livianas y las lecturas frívolas. Por supuesto, los peligrosos rayos uva, los niños y niñas escandalosos y el infame plástico.

Pero escasea lo vital: el agua, la bebidas hidratantes, el alimento, la sombra y el espacio en primera línea. Y, como usted imagina, el poder pertenece a quién administra la escasez. Naturalmente, ese monopólico y abusivo administrador tiene nombre y apellido: el chiringuito.

El chiringuito contradice todas las estrategias económicas desreguladoras. Mediante métodos poco ajustados a derecho, según el Tribunal Supremo, los chiringuitos administran precios de bebidas y viandas, incluso privatizan el derecho humano y universal a la sombra, mediante el alquiler de hamacas y parasoles. Un monopolio que produce notables escándalos de precios y estrategias de resistencia por parte del mercado excluido.

Ante la ausencia de competencia, se extiende la cultura de la economía irregular, desde quienes, a modo de colas en economías de estraperlo, ocupan la primera línea de playa a hora improbable, a quienes, tirando los precios y en negro, venden bebidas, anuncian esotéricos masajes o, más aún, llevan la venta de pareos a línea de playa.

Naturalmente, el poder del administrador de la escasez no es ilimitado: Uno puede evadirlo negándose a consumir. No obstante, deberá ser capaz de evitar muchas de las estrategias de fijación de precios y marketing que, sutil pero dramáticamente, se producen en la aparentemente pacífica arena.

Al dueño del chiringuito le gustaría ser como esas magníficas instituciones que regalan precios a jóvenes y jubilados. Es decir, cobran a las rentas bajas el coste medio variable del producto y quienes tienen renta pagan el pato. Pero esto estaría mal visto en un espacio donde la desnudez nos iguala.

Así que los competidores usan perversas estrategias para erosionar el mercado del administrador de escasez.

Una, bien analizada por vendedoras y vendedores de ropas, pareos o mantas de arena, de esas que usted ignoraba que necesitaba, responde a una estrategia grupal: cobrar un precio distinto según público objetivo. Así, sorprendentemente, un pareo adquirido por una finlandesa será más caro que el comprado por una señora de Albacete, por un poner.

Otra, bien conocida por los vendedores irregulares de bebidas y helados, es cobrar según renta, cosa que en una economía regular exige mucha y costosa información pero que los hábiles vendedores resuelven con su experiencia de mercado playero.

El chiringuito se defiende en este desigual combate; dispone de un producto diferenciado: la sombra. Y, por otra parte, un argumento de marketing que podría persuadir a un carabinero de posarse en un arroz: cuando uno va a la playa, se apunta al lujo, no quiere parecer pobre y, por lo tanto, no es sensible a los precios.

Doscientos metros más allá de su chiringuito favorito, los precios son un 30% más bajos. Si usted está en el supermercado de la esquina, necesitado de una barra de pan y un vinito para alimentar a su prole, ambos son bienes necesarios y su precio acorde con este mercado. Por el contrario, en el chiringuito, usted y su renta expresan, económicamente, una elasticidad mayor respecto al precio: la que corresponde a un bien superior.

Acercándose al quiosco, uno declara que está ahí para gozar y no para cubrir sus necesidades. ¡Ah, el mercado lo sabe y usted persiste en ignorar sus reglas! Usted consume distinto, en un lugar u otro, muy señor y señora mía.

A esa diferencia de consumo le llaman comprar experiencia; las rentas de necesidad no acceden a experiencia. No será extraño que la propiedad del chiringuito, o su competencia, le ofrezca alguna navegación extrema, un buceo irrepetible, un surf alucinante, una canoa de última generación, todo ello en aguas de charca y viento ausente, como mostrará en el futuro el impertinente selfie que Usted, inevitablemente, se hará.

Si tras días de ahorro, usted acude al chiringuito a tomar espeto y vino de la tierra y ve que una horda adolescente se acerca rauda al quiosco, no se asuste: la propiedad, siguiendo el modelo de McDonald´s, habrá pagado a Nintendo para que el chiringuito sea una parada Pokemon. Éramos pocos y llegó Pikachu.

La playa es un mercado salvaje, pero como dice Íñigo Errejón, ustedes han sido seducidos por el neoliberalismo, disfrútenla. 


La disculpa del salario mínimo

Los datos del empleo de mayo han puesto chulitos a los portavoces del gobierno. Y «pa» chula, chula, la secretaria de Estado de la cosa, que ha solicitado al Banco de España, ni más ni menos, que pida perdón, por su alarmismo en relación con los efectos del salario mínimo.

Seguramente, el gobierno se vengaba de quienes el pasado enero, ante una destrucción de empleo muy acusada, señalaron al salario mínimo como causante.

Es cierto que cada vez que habla el regulador sube el pan; y no lo es menos que al Banco de España no le gusta que se suban los salarios de los mortales, con la excepción de los gobernadores del Banco de España, que cobran un fascal, porque ellos (siempre son ellos) lo valen.

Dicho esto, deberemos recordarle a la secretaria de Estado algunas cosas sobre las cifras de empleo: cierto que el nivel de afiliación se aproxima a los de antes de la crisis, pero entonces la tasa de paro era del 8% y ahora es del 14.

Es verdad que la ocupación crece notablemente, pero en cifras similares a las del mes de mayo del año pasado. Olvida la ministra que la población activa se ha reducido, quitando medio millón de empleos de las cuentas y, también, que el 91% de los contratos firmados son temporales.  Es decir, nos felicitamos por un mercado de trabajo más estrecho y más precario.

El Banco de España había afirmado en el informe que, según la secretaria de Estado, creó alarma social dos cosas: una, que mejor no se tocara la reforma laboral, cosa que la ministra de economía acepto con agrado; la segunda, que era prematuro afirmar que el salario mínimo no estaba teniendo efecto.

Aquí esta el quid de la cuestión que ha animado a la ministra a exigir las disculpas del regulador. ¿Puede afirmarse que tiene efecto o puede afirmarse lo contrario?

Uno viene a sugerir que tengamos paciencia, pues los datos son aún contradictorios.

Fíjense, por ejemplo, que en el sector donde más empleo se crea en Mayo, la Hostelería, la incidencia del salario mínimo, es muy baja: tan solo alrededor de un siete por ciento del empleo. O fíjense, también, que donde la cobertura sería importante, por encima del 15%, en el paro de larga duración, no se están produciendo cambios importantes.

Hace tiempo que la literatura económica aquella en la que el salario mínimo era el culpable de todos los males esta caducada. Los especialistas del asunto vienen señalando hace tiempo que son muchos los datos que pueden y deben analizarse.

Todavía no sabemos si el mercado esta ofreciendo alternativas; esto es, si las empresas compensan los aumentos salariales rebajando otras condiciones laborales, si están reduciendo, por ejemplo, los gastos en formación o seguridad laboral, o si se producen variaciones en las horas trabajadas.

Tampoco sabemos aún, si las empresas pueden estar compensando el aumento de costes con otras formas de empleo, como la del trabajador autónomo

En fin, parece que es tan pronto para condenar el salario como para exigir disculpas. Y sobre todo, mientras andemos con un 14% de parados y paradas, es tiempo de mucha prudencia. Pero lo bonito que queda pedirle a alguien que se disculpe, pensará la secretaria de Estado.


La moderación resucita al Régimen del 79

Él a París; el personal se queda en la semana de los enredadores. Primero y rápido, Sánchez se va con Macrón; ni un minuto se concede a la tentación de los exultantes verdes, no sea que se confundan. Ahora que la socialdemocracia realmente existente ha vuelto, nada mejor que hacérselo saber rápido al personal.

Que los conservadores y el resto sepan por dónde van los tiros, una vez que Sánchez se ha investido como líder de la socialdemocracia universal, ante el hundimiento de sus colegas. La alternativa a la mayoría conservadora europea será socioliberal. Y de paso, le metemos más presión a Rivera. ¿Por Iglesias, pregunta Usted? Ese es territorio Ábalos y pertenece a la semana del enredo.

En un mes, la ciudadanía, siempre sabia, nos ha dado cuatro años de muchos moderados y pocos radicales. Con Vox en el 6% y Podemos en el 10%, entre los dos suman lo mismo que IU en sus mejores tiempos, habrá ruido y enredos de palacio, pero no muchos sustos.

Las fuerzas del constitucionalismo respiran tras años de susto. Salvo la ensimismada ínsula catalana, todo se sujetará a las reglas convenidas, pudiendo incluso, como dice Iceta, impedir que en Barcelona pastoree el independentismo.

Sánchez se le ha puesto cara de única izquierda. No le falta razón, tras la huida del espacio de Podemos de una notable mayoría, por no decir de casi todo el mundo. Cuando se pasa de asaltar los cielos a pretender influir en La Rioja, sin ánimo de faltar a la gente riojana, es que la devaluación de la función histórica es bastante notable.

Iglesias, el bocazas de MonederoGarzón y, sí, también Errejón han quedado inhabilitados para cualquier proceso de reconstrucción si es que este se produce. Cuando Puente Vallecas o Nous Barris pasan del asunto; o el Eixample y el Centro también, es que el personal del cambio no se siente representado.

Hay que decir, también, que allí dónde se ha impedido la contaminación del populismo ególatra y el elitismo progre de Iglesias Errejón, y sus respectivas pandillas, o se han dedicado a escuchar a la sociedad en lugar de inventarse la que no existe (Cadiz o Valencia), el cambio ha resistido.

Sólo el histórico desconocimiento por parte del PSOE de lo que es Madrid y su Comunidad ha impedido a los socialistas poner a Bono, es un decir, en el gobierno o en las fotos.

El conjunto del mapa político se ha moderado y el contrapeso de la izquierda que representaba Izquierda Unida, barrida por oportunismos de toda laya, no se expresa salvo para solicitar algún ministerio de los que no molesten a los socialistas, incluso ya Garzón, preparándose para volar a otro sitio, ya dice que de lo del ministerio se puede pasar, al fin y al cabo no era para él. 

No; las elecciones no han cancelado los problemas, al contrario, pero sí las fórmula de enfrentarlos. Mientras los pensionistas vascos recorren Bilbao, el gobierno pide a la OCDE que evalúe la mochila austriaca, una especie de privatización de las pensiones.

Lo de la reforma laboral va a ritmo de poca derogación. Los sindicatos, tocados por la debilidad de las izquierdas políticas alternativas antes hermanas, añorarán los viernes proletarios de Sánchez, los más jóvenes pedirán cambio climático mientras se retrasan los plazos de la transición energética…y cosas parecidas.

La ciudadanía habló dos veces. Y las dos votó calma, moderación y reglas. Quizá la España social que tanto se grita en los fuegos de campamento que se organizan los señores y señoras diputados en las inauguraciones de las sesiones del Congreso, requerían fórmulas, discursos y propuestas que los muy ególatras cascarrabias del cambio se negaron a escuchar. A cambio, el régimen del 79 vuelve. Y no todo, créanme, son sombras.


Soy un espía chino y ustedes sin saberlo

Debo confesarlo. Mi teléfono es un Huawei. Es decir, sépanlo, este cronista es un espía chino y mi aparentemente discreto teléfono es una amenaza para la seguridad del total mundo occidental.

Sostienen los norteamericanos que mi teléfono tiene una puerta de atrás (backdoor, en la jerga) en la que un chino, como son muchos puede haber un chino por teléfono al parecer, se entera de todo. Para que vean lo importante que es uno: a mi edad, soy un espía chino

El caso es que Google, siguiendo la contraseña de Trump, ha suspendido una parte sustancial de sus acuerdos con Huawei, después de que el presidente norteamericano incluyera a la empresa china en su lista negra.

Al hacerlo, Huawei Technologies perderá de inmediato el acceso a las actualizaciones del sistema operativo Android y perderá el acceso a aplicaciones y servicios populares, como Play Store y la aplicación Gmail.

Y ya me dirán Ustedes que hacemos con un teléfono que solo sirve para hablar, como si fuéramos gente de los noventa: escuchar música en CD o hasta comprar un libro de esos de papel, dónde va a parar.

Google acepta en silencio que la compañía china es un riesgo inaceptable para la seguridad nacional; un discurso impulsado por Trump que expulsaba inicialmente de las próximas redes de voz y datos 5G a los chinos.

Situación que, parcial o totalmente, sigue la comunidad de espías que lidera la CIA: los británicos, los australianos y Nueva Zelanda. También están en ello los holandeses y japoneses. El presidente Emmanuel Macron dijo el jueves que Francia no bloquearía a Huawei y, también, sostienen esa opinión en Alemania y en Bélgica.

El asunto, en fin, no es de espionaje sino de una abrupta guerra comercial en la que Trump quiere imponer tecnologías más atrasadas y más caras. Huawei tiene un papel protagonista en el desarrollo del 5G, la tecnología imprescindible para mejorar la productividad, acompañar la inteligencia artificial y anticipar la robotización

Una carrera en la que EEUU no ha podido colocar a sus grandes grupos tecnológicos. Cinco empresas lideran el despliegue global de redes: la sueca Ericsson, la finlandesa Nokia, la surcoreana Samsung y las dos chinas ZTE y Huawei.

Los consumidores nos quedaremos sin las utilidades más necesarias de nuestros teléfonos chinos. Huawei se ha impuesto en el mercado español de telefonía móvil, convirtiéndose en el número uno del sector en ventas de smartphones por unidades.

La decisión de Google de retirar la licencia para usar el sistema operativo Android en los productos de Huawei, que también perdería el acceso a Google Play Store y a todas las aplicaciones de Google, corre el riesgo de dañar seriamente a los consumidores.

En España, Huawei ya es el primer vendedor de teléfonos inteligentes. El grupo chino logró en 2018 una cuota por unidades del 28,3%, superando así a la coreana Samsung, el líder tradicional, que se quedó en un 27,2%.

Las notables diferencias entre Huawei, Samsung y Apple se explican por los precios medios de sus productos. Las acusaciones no probadas sobre los chinos nos condenan a ponernos en manos de las compañías más caras.

Lo que demandábamos a Google era que protegiera nuestros datos, que no monopolizara los mercados y lo que recibimos es más exclusión digital.

Los simpáticos muchachos norteamericanos de internet (todos chicos y muy blancos) , para ocultar sus no pocas vergüenzas y no reconocer  las ventajas que obtuvieron en el 4G (de las que nacieron Uber, Airbnb, Amazon, Facebook,…), se han plegado a Trump, a ver si ganan alguna ventaja en el camino a las nuevas redes.

La guerra comercial ya ha provocado un efecto dominó. Después de Google, las principales empresas de chips y microchips de EE. UU., desde Intel hasta Qualcomm, desde Xilinx hasta Broadcom, han bloqueado los suministros a Huawei anulando la operatividad de la compañía.

Impedir la posibilidad de actualizar el sistema operativo y, en consecuencia, el uso de aplicaciones, por ejemplo, Gmail, Youtube y Play Store, constituye un daño enorme para los consumidores, tanto en términos de seguridad del sistema y de privacidad, más vulnerable a ataques externos en ausencia de actualizaciones, como en términos de funcionalidad del producto: es probable que los propietarios actuales de los productos de Huawei se encuentren, dentro de poco tiempo, con un dispositivo que no sea utilizable. En fin, sepan Ustedes que si reciben una llamada de este cronista, serán espiados, sostiene Trump; qué cuento chino más hermoso en tiempos que llaman de guerra híbrida. En fin, sean felices, miren a sus espaldas y pongan cara de espías, es lo que se lleva.


El cigarrito

Traperos de tiempo; eso es lo que son Ustedes, curritos y curritas: ese cigarrito con el que llenan los quicios de las puertas, ese lánguido arrastrarse mañanero a la máquina del café, incluso esas gestiones personales por internet…el gobierno lo sabe y esta dispuesto a ponerle coto.

El gobierno, que ya dictaminó la culpabilidad de todas las empresas en las horas extras, está dispuesto a dictaminar ahora que todas y todos Ustedes reducen arteramente el tiempo efectivo de trabajo.

En esas estamos. Satisfechos estaban los sindicatos con el viernes proletario que prometió acabar con las horas extras impagadas, e incluso las pagadas, y no se han fijado en que la secretaria de Estado de Empleo chismorreaba, a sus espaldas, con la patronal, para corregir esas anomalías que reducen el tiempo efectivo de trabajo.

Hora extra que te pago, salario que te quito y salimos empatados de esta. Por si no era sencillo negociar, empresa a empresa, las condiciones de trabajo en un mundo de pequeñas empresas, el gobierno ya nos envía otro cometido: negociar el redondeo de la jornada de trabajo efectiva para suprimir, ni pagar ni cotizar, esos minutos robados a la jornada laboral.

La izquierda reciente se ha convertido en maestra en diagnosticar como nadie y gestionar como si fuera el enemigo. Ahora que las empresas fetén hacen teletrabajo o funcionan por producto, o ahora que las empresas amigables establecen verdaderas zonas de ocio para trabajadores y trabajadoras, aquí implantamos relojes y suprimimos el cafecito. Es lo que hay.

Es evidente que las horas extras – pagadas y no pagadas – son un pequeño escándalo en nuestro mercado de trabajo.

Más de cinco millones seiscientas mil a la semana, en el primer trimestre de este año, el 46% de ellas no pagadas. Que los hombres hagan prácticamente el doble de horas extras que las mujeres no les sorprenderá. Que quienes las hacen sin cobrar no sean esos sectores en los que Ustedes piensan (hostelería o vendedores comerciales), sino que el 50% se concentre en profesionales, científicos y técnicos de apoyo quizá sí: saquen lecciones, menos sindicación y rentas más altas.

Aunque el primer trimestre del año es en el que menos horas extras se hacen, este año las horas extras pagadas se han reducido en un 15% respecto al año pasado, pero las no pagadas solo el 7%. Aún así, en jornadas laborales, las horas extras no pagadas serían unas 70 mil.  

¿Resolverá el reloj este agujero laboral? El tiempo lo dirá, pero que hasta el día de la aplicación de la norma no se haya emitido guía de aplicación no ayuda, como no ayuda que los sectores en los que se concentran las horas extras no pagadas sean de bajo nivel de negociación sindical.

Lo mismo ocurrirá con el tiempo de trabajo. Se condena a las empresas sindicalizadas a negociar la reducción de jornada pagada, reducida a golpe de cigarrito, café y gestiones personales, mientras allí donde no haya negociación se permitiría a las empresas redondear un tiempo no trabajado.

En el chismorreo de la secretaria de Estado se llegó a hablar de dos horas semanales de tiempo efectivo no trabajado: o sea, reducir un cinco por ciento la jornada mensual (149,4 horas) y el salario. De los mismos productores de «el reloj», llega «el cigarrito». Es que fumar es malo para la salud…de su bolsillo.