Illa y Ayuso: la era del ansiolítico

El Valor de la Experiencia

Illa y Ayuso: la era del ansiolítico

Por Juan Berga

Paleolítico, mesolítico y neolítico… Así se lo aprendieron ustedes en la escuela, a la que fueron con notable aprovechamiento como es sabido. Cierto es que ahora, las eras del hombre son muchas y abundantes, aunque desconocidas por su maestro o maestra, pero no se líen: viene a ser lo mismo.

El caso es que sus nietos, que los tendrán ya les aviso, hijos e hijas son muy traidorcetes, cuando lleguen en sus estudios al siglo XXI y a lo que ustedes creen que es el siglo de la pandemia, estudiarán «la era del ansiolítico».

A estas horas, usted no sabe si le cierran mañana, como desearía Illa, o cuando publique Ayuso, cosa que quizá le convenga si es que usted es de los que ha decidido huir definitivamente. Usted quizá sepa que no le cerrarán los parques, aunque no sabe si podrá cruzar el barrio para ir. 

Barrio rico o barrio pobre, resulta que sí, que era era cosa de pasta, al parecer y no lo que decían en marzo. Y, también, es cosa ideológica, que en marzo no era, pero ahora sí.

Anda usted buscando como loco las tasas de positivos de los PCR del día, que viene a ser como la quiniela de antaño, o esperando que saquen de la UCI a alguno de los que andan un poco chungillos.

También es posible que, siendo usted hombre o mujer práctica, ya se haya bajado al «super» a rellenar despensa. Y si es usted de planificación alemana, se estará leyendo la lista de jueces de guardia para calcular a quien le va a caer la denuncia de Ayuso.

Para qué engañarse: lo que el ilustre Illa y la no menos ilustre Ayuso están discutiendo es con quien nos vamos a cabrear el día que vayamos a votar. Porque lo cierto, así entre usted yo, es que lo de salir solo a currar o al colegio y no ir de bares es lo que la mayoría veníamos haciendo. Y los que se movían eran los que curraban.

Vale, ahora no podemos juntarnos más de seis, cifra algo enigmática por inexplicada, y no podremos hacer la cena de navidad: como sobreviviremos a la ausencia del cuñado y su sabidurá.

Si nos ponemos serios, ya parece chusco que un papel de un secretario de estado, sin firmar por ministro o Gobierno nos pueda privar de derechos fundamentales, antes los de izquierda éramos mas pejigueros. Pero, oiga, igual sí se puede, aunque como no nos lo han explicado, aquí está usted en un sin vivir, ignorando que será de su vida mañana: ansiolítico, se lo tengo dicho.

Ahora resulta que no éramos la mejor anidad del mundo, tampoco nuestros profesores y profesoras eran de los mejores, para que hablar de nuestros jueces y jurados, o de las líneas de telefonía cuya lentitud a medida que ustedes se encierran empieza a ser notable o de la función pública, incapaz de gestionar una crisis. Pero eso sí, los gobiernos de unos y otros, fetén, fetén, oigan

Fuimos los peores en pandemia y somos los peores en el rebrote. Al parecer es culpa de Ayuso, empeñada en contagiar no solo España sino todo el universo.

A trabajar, sí que se puede ir. Pero esto no ayuda mucho a la mayoría: el 30% de la población activa no curra y la población de la economía sumergida (que no está en las cifras) ya tampoco. Estupendo: en casita y sin cobrar, que Illa no ha tenido tiempo de ponerle la pasta a los de la economía sumergida ni a los del ingreso mínimo.

Podíamos haber hecho una leyecita de esas que la ministra Calvo hace en un par de días, de marzo hasta hoy, por la cosa de la seguridad jurídica, por saber a qué atenernos.

Ahora que en siete meses hemos conseguido cargarnos un estado autonómico que, hasta hace dos días era, según gran parecer,  de lo mejor del mundo mundial, podíamos haber ignorado lo del invento ese de la cogovernanza que ni está ni se le espera, ni existe.

Puesto que la pandemia nunca se fue podíamos en las Comunidades habernos ocupado de los centros de salud, antes que de los hospitales, pero estábamos distraídos con la cosa de abrir bares.

Pero hemos estado, unos, muy liados tocándole los mismísimos al jefe del Estado y, otros, resistiendo a un delegado del gobierno bocazas y trabajando en bajar impuestos que no se recauda, Es lo que hay: ansiolíticos, señores y señoras, ansiolíticos.

Si hablamos de Madrid, cabría recordar que un comunista, Manglada, y un socialista, Leguina, con acierto opina uno dicho sea de paso, establecieron cuatro cositas nada más que cambiaron Madrid: que pasaría a ser una economía de servicios, que los del sur irían a trabajar al norte, que seguiríamos haciendo viviendas en las ciudades del Sur y que haríamos un Plan General que permitiría todo ello.

Ya sé que lo de la herencia y la memoria política dura cuatro años. Pero convendría recordar la necesidad de ser coherente, sin caer en trampas. Dos trampitas nos han puesto delante: un falso debate entre economía y salud; otra, que la ley es la voluntad del que manda. Populismo en la derecha y en la izquierda.

Ansiolítico, ansiolítico, antes de que Usted se enerve.

Illa y Ayuso solo son los portavoces de la nueva era donde lo que importa es el huevo más que el fuero. Una hermosa política construida sobre la baja espalda de la ciudadanía que aquí estamos: esperando a saber si nos morimos de calor o de frío. Ayuso e Illa nos han traído una nueva era: la era del ansiolítico.

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