Iglesias prueba el “no es no”: la venganza del “looser”

El Valor de la Experiencia

Iglesias prueba el “no es no”: la venganza del “looser”

Artículo de Juan Berga sobre los encuentros y desencuentros del dirigente de Podemos con el presidente en funciones, Pedro Sánchez

Iglesias tuvo ese momento en el que uno está fantástico y en el que ya solo se puede empeorar, cosa que no suele advertirse si alguien, en lugar de pelotearte, no te lo cuenta.

Estaba a punto, faltaría más, del sorpaso. El sorpaso es algo que pone mucho al que se lo cree. Era, pues, el momento de pedirse una vicepresidencia, los espías, el ejército, para el que tenía un amiguete preparado, y lo que falta hiciere.

Eran aquellos días en los que Iglesias afirmo que Sánchez estaba «lost (perdido) en Nueva York» y era un «looser (perdedor) en España». Nada parecía muy humilde ni apropiado para asociarse, pero cuando uno está para asaltar los cielos no se para en tonterías.

Luego las cosas se enredaron. Siguió sin haber sorpaso, le lanzó una de cal viva a los socialistas, el «no es no» retiro temporalmente al potencial amiguete y empezaron los líos internos. Lo que empezó en un 20,7% se quedó en el 14,7% en las últimas generales y en sonoras derrotas locales y autonómicas. Del cielo a Galapagar, en un pispás, pero seguimos queriendo ser vicepresidentes. Y si no hablamos de eso, no hablamos de nada.

La negociación de los bloqueos institucionales españoles (algunas autonomías y el estado) no es precisamente ejemplar. Las debilidades orgánicas de los partidos, singularmente Podemos y Vox, obliga, para sobrevivir, a convertir las negociaciones en un propósito de ocupación de cargos. 

Tampoco la agenda que se propone parece ser una prioridad para el personal y, desde luego, el desprecio mutuo que se dedican los potenciales aliados no ayudan nada.

Mientras PP y PSOE observan, Ciudadanos navega en el marasmo ideológico y, se diga lo que se diga, se convierte en puro trilero político y mediático. No obstante, unas elecciones las carga el diablo: aún con previsibles caídas de Vox, Podemos y Ciudadanos – los que demandaron pluralismo son incapaces de acomodarse a la pluralidad-: el castigo de la ciudadanía en forma de abstención no garantiza resultados.

Como se dice ahora, las fuerzas mayoritarias andan construyendo el relato para que la pena caiga sobre los secundarios.

Los de Casado van de cascos azules y Sánchez, autor del enjundioso «no es no», propone ahora un cambio de la Constitución para que gobierne el más votado, que hoy es él, y nos libremos de la compleja pluralidad de la que hasta ayer presumíamos.

El chulito «no es no» ha contaminado el pluralismo de egolatría. El antiguo «looser» se ha sentido en la obligación de comunicar, eso sí por teléfono, a Iglesias, que un hombre de estado no puede ponerse en manos de radicales tamaños, faltaría más.

Felipe González, que desprecia a Sánchez por cierto, le ha concedido, empero, carné de estadista: lo de gobernar solo, con cesiones de estado de las derechas o con algún catalán serio, si es que de eso queda alguno, es lo que siempre le gustó a Felipe y lo que la factoría que rodea a Sánchez parece desear.

O sea, Pablo, sí, tu eres «el faro resplandeciente de las musas», pero parece que de esta tampoco asaltamos los cielos. Los que tenemos esa edad en la que la historia más que estudiarse se recuerda, te recomendaríamos que te dieras una vuelta por el 93.

La pérdida de mayoría absoluta de González, fue desaprovechada por IU a golpe de ventitantas condiciones bastante radicales. Ninguna de ellas incluía, hay que decirlo a favor de Anguita, el gobierno. González se marchó a la derecha, y en las siguientes elecciones Aznar le gano al PSOE. Yo recomendaría, plegarse al «looser», antes de que no quede nada que salvar.

Reconoceré que los comentaristas tenemos la vanidad del consejo. Espero no sobrepasar mi umbral de ineficacia si indico a Iglesias y Montero, a Monasterio y De los Monteros, a Rivera y Arrimadas que se lo miren rápido. Convendría mejor influir en la agenda política que arriesgarse a mayores dosis de irrelevancia, A la ciudadanía nos cabreará votar otra vez, y no saben ustedes cómo somos cuando nos ponemos en modo irritado.

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