El «colegueo» en las ruedas de prensa predice la ausencia de la verdad

El Valor de la Experiencia

El «colegueo» en las ruedas de prensa predice la ausencia de la verdad

Artículo de Juan Berga

«¡Hola, ministros! Buenos días. Saluda el educadísimo periodista que, menos mal, está en pantalla y no puede dar una palmadita en la espalda a los «ministros».

«Gracias, David», contesta la Señora ministra Portavoz que, si hubiera sido alguien de la oposición o alguno de ustedes le hubiera afeado el masculino, pero como es de la cuadrilla seleccionada, tiene que mostrar buen rollito.

No es de ahora que el tuteo se haya apropiado de las ruedas de prensa. Pero la abundancia de veces a la semana en que el Gobierno rompe su silencio, solo superada por el número de becarios y becarias en las ruedas de prensa, convierte en excesiva la ruptura de la barrera entre quien inquiere y quien debe dar cuenta.

¿En qué momento nos pasamos al compadreo? El compadreo de las ruedas de prensa ya venía de antes del virus, pero el populismo cultural lo ha llevado a niveles insospechados. En el escenario del «buenrollismo», quienes deben dar cuenta no temen las preguntas, las agradecen, luego dirán que no hay voluntad de transparencia. Gracias por llamarme mentiroso le dijo, más o menos, Sánchez a la redactora de la CNN y no hizo falta respuesta.

Igual que hemos hecho historia equiparando la libertad a ponerse un chándal de «runner», la haremos equiparando la libertad de expresión al saludo al modo grupito de guasap de colegas de los «afterworks».

Camaradas periodistas, habéis caído en la trampa: el tuteo no es empatía, la distancia léxica ayuda a la pregunta inconveniente y el compadreo simula el «buenrollismo». Uno a cero para «El Ministerio de la Verdad».

Ese ¡Hola, ministros! (lo de ministra solo es necesario si no es usted un compadre seleccionado por el secretario de Estado), pronunciado por un redactor que, seguramente, nunca soñó preguntar a ninguno, cambia nuestro mundo.

Vuelvo con ustedes. No es que no les tenga confianza o empatía. Es una vieja fórmula de respeto que, a diferencia de otros idiomas, se incluye en el español. Una fórmula que, por cierto, requiere de aceptación del otro para ser arrumbada. Pero si ustedes lo prefieren, dense por tuteados o tuteadas.

De paso, les diré que sí: hoy hemos tenido, de nuevo, rueda de prensa. No; en realidad no sabemos nada que no supiéramos ayer, seguimos bien, siendo los primeros de los primeros y esas cosas que ya saben. Pero qué sería un domingo sin Illa, un sábado sin Sánchez. Un sinvivir.

Si hemos de creer a IIla o Montero ni siquiera hay comunidades autónomas cabreadas, tipo Valencia o Castilla La Mancha. La cogovernanza avanza, en el País Vasco siguen haciendo lo que quieren, todo fetén.

Mi señor padre que era de izquierdas, pero muy suyo, el señor fue educado muy barceloní de los de antes de la colla Torra, me dijo un día: me gusta Suarez porque me habla de usted, no como aquellos fascistones. Mi padre era, también, muy suyo con los fascistones.

La ausencia de complicidad entre representante, gobernante y periodista debe verbalizarse, no es teatro, es técnica. Por el contrario, el «colegueo» nos introduce directamente en el fabuloso mundo de Évole donde la complicidad es un medio de extraer un beneficio mediático: uno, obtiene relevancia; el otro u otra queda blanqueado.

¡Hola, Papa, como estás! diría Jordi. Me alegro de verte Jordi, diría Francisco. Y todo va bien, muy populista, muy argentino, muy de qué majo eres, como voy a mentirte. Hasta Dios sonríe en el cielo.

Recuerdo una campaña electoral en que Rubalcaba afeó a un periodista el tuteo y se montó un escándalo que, incluso, requirió nota de prensa del candidato socialista. Alfredo Rubalcaba no se apeo de la burra e insistió en la necesidad de las formas.

Porque las formas, señoras y señores míos, tienen que ver con el contenido. No es casualidad que el compadreo se radicalice en el momento más débil para la transparencia y la libertad de prensa. Se aparenta empatía y cercanía, cuando aumenta el desprecio entre periodistas y políticos. Hay más tuteo cuando hay más selección de periodistas y más «plasma». 

El «colegueo» en las ruedas de prensa predice la ausencia de la verdad

Decía Umberto Eco, semiólogo, que «con el Tú, se pierde la memoria y se produce una falsa familiaridad con el riesgo de que se transforme en insulto». No le demos vueltas, sin embargo, el tuteo populista ha vencido porque la búsqueda de la verdad ya no pertenece al periodismo, me temo. Dense por tuteados y tuteadas.

Ustedes sí pueden tutear a su vecindad en los balcones, ya son amistades próximas para siempre; usen con prudencia la libertad que han ganado y tengan confianza. Mi nieto y mis nietas dicen que todo saldrá bien y yo les creo.

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