El asalto a Canarias: os ofrecimos miel y no nos da para hidrogel

Cargad el cayuco hasta los topes. Surcad la mar a lomos de ínfimas pateras. Asaltad Canarias. Sea, mas no habrá premio. Nadie ha sacado pancartas para ofreceros casa. Nadie ha ofrecido palacios de arte para cobijaros, nadie ha encontrado partidas presupuestarias de urgencia. Entendedlo, no estando Salvini u otro fascista por medio, ya estamos a otra cosa. No elegisteis bien la fecha.

Europa, que sabe que deberá subvencionar a España por una década, tiene la tentación de cambiar fondos por fronteras. Si le salió bien con Atenas, Estambul o Rabat, por qué no intentarlo con Madrid.

No fue bien entendido, estimados y estimadas inmigrantes. La propaganda ofrecía leche y miel, pero no nos da para hidrogel.

Os acordaréis cuando aquel facha de Salvini confinó en Lampedusa a inmigrantes. Pablo Iglesias, cuando no mandaba, las mareas y excelsas autonomías compartidas con los socialistas declararon al unísono: en España estaréis mejor cuidados.

Pero Lampedusa no es Arguineguín. Sobre la vieja isla se puede hacer literatura, en Canarias hay que hacer política y gobernar. Claro que los que allí hacen lo de la cogobernanza no le caen bien a Pablo ni a Echenique, así que a fastidiarse un pelín.

Tranquilos andábamos con la cosa estadística de la inmigración, mientras nos ocupábamos de la cosa pandémica. El año pasado descendió casi un sesenta por ciento la entrada ilegal en Europa. Todo bien. Pero no se quiso ver las señales: en Canarias aumentó el doble.

Sin sitio en Moira y acabada Lampedusa como puerto, las mafias y la Unión Europea han coincidido: necesitaban otra frontera. Canarias estaba disponible, o sea una parte de España o quizá no. Que, a lo mejor, un día de estos no sea España, empeñados como estamos en hacer crecer su nacionalismo.

La inmigración se había contenido. Digamos la verdad: habíamos pagado a turcos y marroquíes para que contuvieran al personal. La pandemia también acabo la fiesta en Marruecos: sin tráfico en Ceuta y Melilla, sin turismo, no hay sitio para tanta gente.

O pagáis u os los mando, sostiene el monarca, que ya no tiene tío en la Zarzuela que le sonría. Y si no me dejáis enredar en el Sahara, también. Así nos vemos. Ya se sabe, España débil, tajada marroquí. Así nos lo aprendimos hace casi un par de siglos.

Pues eso, política va, política viene, ahí están, en Arguineguín, acampados en un puerto ya inútil, esperando que las mafias y grupos se organicen para repartirse el poco pescado que hay, como ocurrió en Moira o en todos los campos conocidos.

Hacinados y hacinadas, asistidos por generosos y generosas profesionales que no se han visto en otra, en hoteles vacíos de turistas que, como ocurrió en Lesbos o Lampedusa, ya no volverán.

Discretamente enviados a nuevos campos llenos de carpas por años o en guaguas hacia algún barco que discretamente les llevará, sin papeles ni test ni nada, a la península. Mientras. los ministros deciden que tienen que decidir decisiones que decidan y los franceses empiezan a mosquearse, que lo ven venir.

No solo apenas les henos dado algo de hidrogel ni garantizado la distancia, sino que hemos dejado a canarios y canarias invadidos. Europa necesitaba una playa de contención y mira para otro lado: Merkel quiere sirios formados, no subsaharianos sin empleo.

España le ha puesto a Europa el puerto, mientras la España solidaria no ha levantado al mano para poner un hueco a la gente que se agolpa en Canarias. No estamos para traslados.

Sabemos que hay que asistir, que hemos de repartir la carga, que hay que pagar para que Marruecos pare los desembarcos. Sabemos que debemos reclamar a Europa que asuma que se trata de un problema global. Sabemos que deberían juntarse cinco o seis ministerios. Sabemos que habría que trabajar en lugar de provocar a Marruecos, no sé si me entienden.

Sabemos que algo hay que hacer. Pero es más fácil hablar de Lampedusa, del fascista de Salvini, mientras ignoramos que Arguineguín también existe.

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