Clara Campoamor y “La revolución española vista por una republicana”, una obra que la derecha jalea y la izquierda quiere olvidar

POR MANUEL ÁNGEL MENÉNDEZ.-

Clara Campoamor Rodríguez (Madrid, 12.02.1888 – Lausana, Suiza, 30.04.1972), recientemente homenajeada por el PSOE y especialmente reivindicada por Carmen Calvo, vicepresidenta 1ª del Gobierno de coalición Pedro Sánchez, fue la campeona del feminismo español (creó la Unión Republicana Femenina) y consiguió, contra la opinión de su propio partido –el Partido Radical, de Alejandro Lerroux-, de los socialistas Indalecio Prieto y Margarita Nelken y de la radical-socialista Victoria Kent, que las Cortes Constituyentes de la Segunda República aprobaran el voto femenino.

Al comienzo de la guerra civil, Campoamor, temiendo por su vida, tuvo que huir de la zona republicana en el otoño de 1936, y se instaló en Suiza. ¿El motivo? Campoamor se definía como liberal y republicana: creía en las instituciones democráticas y en la ley, todo lo contrario a lo que ocurría en los campos republicano y rebelde.

La derecha franquista nunca absolvió a Clara Campoamor de ser republicana, pertenecer a la masonería, haber contribuido a asentar el divorcio o haber querido fiscalizar las fundaciones privadas. La izquierda socialista y comunista jamás le perdonó el haber traído el voto de la mujer a España ni el haber condenado las salvajadas en la zona republicana durante la Guerra Civil. Así las cosas, Campoamor representa la ‘tercera España’, ni roja ni azul, la que sufre, la que asesinan unos y otros.

La IIª República Española estuvo presidida desde el 11 de diciembre de 1931 al 7 de abril de 1936 por Niceto Alcalá-Zamora. Tras las elecciones de febrero de 1936, y a través del golpe propiciado por los socialistas -como cuenta con todo detalle Clara Campoamor- le sucedió interinamente Diego Martínez Barrio, hasta que se nombró a Manuel Azaña Díaz, que ejerció la Presidencia de la República desde el 11 de mayo de 1936 al 3 de marzo de 1939, durante toda la guerra civil.

Iniciaremos este serial sobre esa gran mujer que fue Clara Campoamor con una breve biografía, para seguir después con el resumen de diversos capítulos de su libro La revolución española vista por una republicana. Un libro que ahora la derecha jalea y que la izquierda radical pretende obviar. Ni una cosa ni la otra: se trata de un libro publicado en París en 1937 que hoy en día, ante la deriva que está tomando España, se ha convertido en una obra de obligada lectura.

Semblanza de Clara Campoamor

  • [Resumen de la Introducción de Luis Español Bocuhé, en “Clara Campoamor. La revolución española vista por una republicana”. Edición de Luis Español. Edición digital de Titivillus, págs. 6 y ss.].

Clara Campoamor, no habiendo podido concluir sus estudios de Bachillerato, tuvo que ponerse a trabajar a los trece años para vivir: de modistilla, primero, de dependienta en un comercio, de auxiliar de telégrafos, de profesora de adultos, de secretaria en un periódico, de traductora. Trabajó toda su vida y jamás gozó de las comodidades y de la libertad que proporciona la fortuna.

En 1909 ganó una plaza en el Cuerpo Auxiliar de Telégrafos para el que no era necesario ser bachiller. Tenía 21 años y salió de Madrid destinada a Zaragoza y luego a San Sebastián. En 1921, a los 33 años, tomó la decisión más importante de su vida: reiniciar sus abandonados estudios de bachillerato, que finalizó en 1923 y se matriculó en Derecho, que acabó en 1924 y abrió un despacho profesional.

Clara no colaboró con la Dictadura de Primo de Rivera y se decantó contra la monarquía. En 1929 se integró en el partido Acción Republicana, liderado por Manuel Azaña, de centro-izquierda. Era su primer paso en política. En Acción Republicana le niegan que encabece ninguna lista y, temiendo no resultar elegida, Clara se arriesgó e hizo una pirueta política: abandonó Acción Republicana y se integró en el Partido Radical de Alejandro Lerroux. El Emperador del Paralelo y otros muchos radicales eran masones, así que Clara ingresó también en la masonería.

El 28 de junio 1931 se celebraron elecciones por sufragio universal masculino, Campoamor fue elegida diputada por Madrid y el 28 de julio las Cortes Constituyentes la incluyeron en la Comisión Constitucional. Los radicales y parte de los socialistas se oponían al sufragio femenino: creían que las mujeres eran criaturas de la derecha controladas por sus confesores.

El voto de la mujer: contra Prieto, Victoria Kent y Margarita Nelken

Pero, el 29 de septiembre, Clara mantuvo su primer encontronazo dialéctico con la radical-socialista Victoria Kent sobre la redacción de un artículo. El 1º de octubre se llegó a un momento crucial: Victoria Kent, sacrificando sus convicciones a la disciplina de su partido -el Partido Republicano Radical Socialista, liderado por Marcelino Domingo-, pidió el aplazamiento del derecho al voto de la mujer. Le replicó con tanta contundencia Campoamor que por 161 votos contra 121 la mujer adquirió el derecho al voto en España.

El socialista Indalecio Prieto abandonó la Cámara afirmando que “era una puñalada trapera para la República”. La también socialista Margarita Nelken se manifestaría contraria al voto de la mujer.

La represión de la revolución asturiana

Cuando en 1933 se celebraron nuevas elecciones legislativas, las primeras en las que la mujer votaba en España, Campoamor perdió su escaño. Lerroux le ofrece entonces la Dirección General de Beneficencia y Asistencia Social. Pero en octubre de 1934, tras la Revolución de Asturias, Clara dimitió por aquella terrible represión y la situación de los huérfanos asturianos.

En febrero de 1935, Campoamor abandona el Partido Radical, reprochándole a Lerroux la represión gubernamental en Asturias. En julio le plantea a Casares Quiroga —también masón— ingresar en Izquierda Republicana, pero en octubre le comunican que su solicitud ha sido rechazada.

Sentenciada por el ‘Madrid milicianado’: las checas

Tras las elecciones de febrero de 1936 y el estallido de la guerra civil, entre julio y agosto Clara Campoamor permanece en el ‘Madrid milicianado’. Observa el terror, las checas, los fusilamientos. Lo escribirá todo meses más tarde. Deja Madrid, dicen algunos que el 6 de agosto pero ella afirma que en septiembre, rumbo a Alicante.

Campoamor consigue embarcarse en un barco de bandera alemana rumbo a Italia, con la intención de pasar a Suiza. Varios falangistas planean asesinarla durante el viaje. La denuncian a las autoridades fascistas y Clara es retenida unas horas en Génova. Luego puede proseguir su viaje. Se acomoda en Lausana, en la Avenida de Evian nº 2, donde comienza a escribir su trabajo más interesante: La revolución española vista por una republicana, donde recoge su impresión de los sucesos acaecidos en el Madrid miliciano entre julio y agosto de 1936.

Un exilio de por vida

En las Navidades de 1947, regresa a Madrid, vía Barajas, y se aloja en casa de Elisa Soriano. No la detienen, pero está fichada por el Tribunal de Represión de la Masonería. En febrero del año siguiente Clara deja Madrid y regresa a Buenos Aires.

Hacia 1951, Clara viaja de nuevo a Madrid. Obtiene de Concha Espina una carta de presentación para dirigirse a las autoridades del Tribunal de Represión de la Masonería, pero le comunican que puede optar entre 12 años de cárcel o bien proporcionar los nombres de antiguos hermanos en la masonería. Clara vuelve a su hotel y se dirige directamente al aeropuerto. Vuela a Argentina y no regresará nunca a su patria. Transcurrirán otros diecisiete años y el 30 de abril de 1972 Clara Campoamor fallecerá en Lausana.

El pecado mortal de Clara Campoamor

[Resumen de la Introducción de Luis Español Bouché, traductor de La Révolution espagnole vue par une républicaine (Clara Campoamor. La revolución española vista por una republicana. Edición de Luis Español Bouché. Edición digital de Titivillus)].

El libro libro La Révolution espagnole vue par une républicaine de Clara Campoamor es probablemente la más antigua fuente editada sobre los primeros meses de nuestra guerra en el bando republicano. En él se recoge la triple traición que se produjo en julio de 1936, entendiendo por tal la violación de la legalidad por parte de aquellos que asumieron el deber de defenderla:

  • A partir del 16-17 de julio unos oficiales, con el concurso de elementos tradicionalistas y de extrema derecha, intentan dar un golpe militar, y fracasan.
  • El 20 de julio los políticos socialistas, comunistas y anarquistas, que venían amparando el extremismo desde las elecciones de febrero, toman la decisión de entregar armas al pueblo, es decir, a sus propias milicias, y desencadenan una revolución.
  • Finalmente, al final del mes de julio, el presidente de la Generalidad de Cataluña aprovecha el caos para dar un golpe de Estado y se autoproclama Presidente de Cataluña.

Las divisiones del bando republicano

El trabajo de Clara Campoamor hace hincapié en las divisiones del bando republicano.

Clara, una mujer a la que con frecuencia —y ligereza— se califica de socialista, que perteneció a la masonería y a la Asociación de Amigos de la Unión Soviética, se despacha en esta obra con los socialistas y en particular con Indalecio Prieto, al que no podía soportar desde las discusiones de la Comisión Constitucional y el debate sobre el sufragio femenino; también se explaya sobre la evolución de la masonería y fustiga a comunistas y anarquistas. En un país de pesebres ideológicos, la independencia de Clara Campoamor seduce.

Una confesa anticlerical como doña Clara no dejó de protestar, sin embargo, por las bárbaras agresiones que sufrió la Iglesia Católica española desde que se proclamara la victoria electoral del Frente Popular.

Las páginas que dedica a los mineros asturianos son un alarde de autocontrol; se nota que le cuesta no calificar con severidad a los gerifaltes socialistas, comunistas y anarquistas que exigen de los mineros los mayores sacrificios para no dar, ellos, su brazo a torcer.

Las salvajadas de la guerra civil

Esta obra de Clara Campoamor viene a ser un testimonio de las salvajadas del bando republicano. Hacia el final de su obra, Clara se disculpa por no entrar a juzgar las atrocidades de los nacionales, ya que no tuvo un contacto directo con la zona en poder de los de Franco y tampoco se fiaba de lo que decían los periódicos de los gubernamentales.

Las páginas finales, escritas en noviembre de 1936, contienen un auténtico canto a la democracia y son un finísimo análisis de la triste realidad de las libertades políticas en España. A doña Clara le hubiese conmovido averiguar que cuarenta años más tarde sus sueños de libertad serena y democracia se convertirían en realidad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *