Carta, o lo que sea, al Gobernador del Banco de España

El Valor de la Experiencia

Carta, o lo que sea, al Gobernador del Banco de España

Estimado Sr. Hernández:

Perdone que, a pesar de lo que se estila ahora, no le tutee. Soy de un tiempo antiguo donde cronistas, periodistas o políticos no nos tuteábamos en público. La verdad exige algo de distancia que el «colegueo» no permite.

Otra cosa es la amistad de la que no tengo el privilegio de gozar con su Excelencia. No se preocupe, me pasa como a usted: no es algo que me inquiete. Eso sí, espero que, al recibo de la presente, Usted y su familia se encuentren estupendamente.

Además, como es notorio, nunca he sido Gobernador de un banco central como para tutearnos, aunque lo hubiera hecho notablemente, visto lo visto.

Como saben mis lectores, soy de la banda de Supermario Dragui, hasta la Señora Lagarde me va cayendo bien. Uno es de los del «whatever it takes», lo que haga falta, hasta la muerte.

Ya les decía yo a sus colegas que se pasaban de ortodoxos. Quizá no lo sepa, pero después del Papa, soy el último socialdemócrata; bueno, quizá ahora, se apunten los del PP, pero no está claro. Los socialistas volverán a serlo un día de estos, parece.

No obstante, sepa que este cronista le estima: con la colección de gobernadores de la cosa que hemos tenido, que haya uno que no parezca pretencioso es de valorar, créame.

Debo reconocerle que no era yo muy partidario de la cosa de la independencia de los reguladores monetarios, pero me imagino algún vicepresidente o ministro de Interior metiendo mano y me entra cierto pánico. Tampoco, y aquí sí me tendrá usted que dar la razón, entendía su obsesión por la cosa de los precios. Llevamos un par de décadas que la cuestión es la contraria.

Quiero decir con ambos reconocimientos que voy a ser osado: le recomiendo cierta prudencia en sus asertos e informes, que los carga le diablo, se lo digo yo.

Debo advertirle, con el aprecio que le tengo, que el cargo acaba haciendo hábito, monjes o cómo se diga. El caso es que ustedes en cuanto les hacen gobernadores se vuelven tan predecibles como persistentes, un poco pesaditos, diría yo.

Aún recuerdo a todos sus predecesores que insistían en bajar los salarios de todo el mundo, excepto el del Gobernador del Banco de España naturalmente, que ha ido subiendo por encima de los ciento doce mil euritos, que no está mal, reconózcalo.

Lo digo, estimado Pablo, ya es casualidad el nombrecito, por esa obsesión que le ha entrado a usted por subir impuestos, que tal parece el otro Pablo. Encima el IVA, cosa indirecta y regresiva. Una cosa, estimado, es no castigar a los ricos, pero castigar a los pobres Sr.Hernández es poco elegante para un cargo como el que usted ostenta.

Usted debe saber que, a diferencia de casi todos los mortales de este país, me he hecho europeo de la muerte, más de lo que ya era. Que manden dos señoras alemanas y una francesa, me parece una excelente noticia. Las tres coinciden en lo mismo: gasten lo que puedan y no suban impuestos.

Sánchez solo ha leído la primera parte, e incluso lo de «lo que puedan» no parece tenerlo claro. A Calviño no le ha dado tiempo a explicárselo.

Estimado Sr. Hernández, igual no es el momento de ponerse exquisito. Los mortales ya sabemos cómo son los Gobernadores, hoy hay que subir impuestos, mañana hay que recortar de casi todo, pasado recortar las pensiones. Se ponen ustedes insaciables.

Sabe que le escribo desde Madrid. Ya sabe usted que aquí, como escribió el gran García Calvo, somos «funcionarios, proletarios y números». Y Usted ha conseguido enfadar a los tres.

A los funcionarios, porque sospechan que tanto rechazo al gasto público acabará diciendo que sobran servidores públicos, me lo veo venir. A curritos y curritas que no ven claro lo de su pensión. A los números, porque parece contradictorio que estemos a favor de una renta mínima, para luego quitarles un «ivita» del veintiuno por ciento.

O sea, que ya sé que usted no está para ser popular, pero debe reconocerme que en algunas partecitas de su informe anual no ha estado fino para los momentos que corren, reconózcalo usted.

Aunque es cierto: España está gastando lo que no tiene. Sospecho, sin embargo, que lo recomendable, hasta la Señora Merkel lo reconoce una vez que el antipático Herr Schäuble no está, son las políticas de rentas extendidas en pandemia..

Estimado Pablo, no se ponga usted histérico con los impuestos, como si fuera el otro. No nos dé la matraca con los gastos. Usted, yo, la Academia de Magia Hogwarts y la Filarmónica de Viena, entre otros, sabemos que entre Merkel, Von der Leyen y Madame Lagarde nos tendrán a españoles e italianos de deudores perpetuos.

Y no pasa nada, el dinero no vale nada: es Usted banquero central, debería saberlo. No nos dé el día, todos los días, camarada Pablo, déjenos ser felices, que es lo que nos gusta.

Le reitero mi aprecio y quedo a la espera de sus noticias. Esto de escribir cartas es tan antiguo, que le pega a uno ponerse decimonónico. Vamos, como si fuera un banquero central.

Como diría Bretch, en un día bueno: qué es meterse con un banco en comparación con fundar uno. En un día malo no se imagina usted lo que diría, no era el «Shakespeare» de los sindicatos por cualquier cosilla de nada.

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