Carta a los Reyes Magos

POR JUAN BERGA.-

Parece que a la ministra de Hacienda se le ha aparecido un rey, más Emérito que Mago, que ha dejado un pastón. Vamos, se ha hecho un Juan Carlos…Monedero. O sea que, según Iglesias, el Emérito es un tipo honesto. Cosa que daría para enjundioso análisis.

Pero es viernes y, como ustedes llevan con el cronista más viernes que con el Emérito, saben que los viernes no estamos, como mandata nuestro jefe en la Clicktertulia, Don Juan Ignacio Ocaña, para cosas sesudas. Incluso los CEO de la radio son partidarios y pagan la oportuna prima por divertirles (sí, si ya sé que la ironía, a veces, no se entiende). 

Aprovecharé la ocasión para escribir mi carta a los Reyes Magos, que la tengo pendiente.

Muy estimadas majestades de Oriente: espero que, al recibo de la presente, ustedes y sus camellos se encuentren bien. Últimamente, a la gente le preocupan mucho los camellos, no sé por qué.

Les escribo un poco decepcionado. Observo que el pasado año no recibí mis merecidas peticiones.

Yo pedí un antivirus, no un coronavirus. Tampoco solicité un lío en la corona, sino un poco de colonia. No; no dije Corina, sino cosas de cocina. No se inquieten majestades, pero la cosa de la comprensión lectora suele ser un síntoma de la edad.

Debo decirles, también, que parece haber decaído su sentido de la proporción. Es cierto; en todas las partes del globo, les habíamos pedido más tiempo para estar con la familia, pero creo que se les fue la mano.

Quizá debieran invitar a su palacio a un «coach» de esos que actualizan sus habilidades.

Hablando de palacios, tengo entendido que allí, en Oriente, tienen ustedes, los reyes, un club donde se pasan regalos y cordericos. Si, por una casualidad, en su caminar, se encuentran a nuestro rey Emérito, díganle que se venga, que nos apetece cruzar con él unas palabritas: todo cariño, naturalmente. 

No; no hace falta que le traigan en sus camellos. Él, ya saben, es más de elefantes. Como la palabra que más le gusta es gratis, podrían ustedes regalarle un billetito de avión o algo así.

Tampoco atendieron ustedes mis peticiones sobre el porvenir de la humanidad. 

Pueden presumir de habernos quitado a Trump, pero como productividad deja bastante que desear. 

Los populismos campan como si nada, por allí y por allá; los ingleses siguen queriendo irse de donde nunca estuvieron. Deben saber que Infinitas pateras siguen surcando mares de muerte y los sufrimientos de siempre han corrido, agrandados pero silenciados, bajo el manto horrible de la pandemia.

Dicho sea de paso, más de 70 mil de nuestros compatriotas ya no están, Espero que dejen toneladas de compasión a sus familias y de memoria para los demás.

El cronista afirma que ha sido bueno, rematadamente bueno. Ha mantenido todos los confinamientos, ha escuchado sin proferir blasfemia a Fernando Simón y apenas he insultado al gobierno en sus crónicas.

Bueno, quizá en algún momento, habré dicho algo inconveniente, pero llevado siempre por el cumplimiento del deber de cronista. No debieran tenérmelo en cuenta, al fin y al cabo este gobierno no celebra la epifanía sino el solsticio de invierno.

Mis peticiones son, como siempre, sencillitas. ¿Podrían Majestades traerme una izquierda de las de antes, así como «vintage»?

Mis nietecillos, familia y allegados, en los que incluyo a la buena gente con la que me junto los viernes en la tertulia, solo piden algo de felicidad y tranquilidad. Líbrennos de cólicos, de males hepáticos o de otra índole.

Cuiden a cómicos, bardos y trovadores, llénennos de buena música, libros, cine y cosas de esas, como el viajar, que alimentan el espíritu y el conocimiento.

Olviden lo de la economía, ustedes son algo antiguos. Ya tenemos el teléfono de la jefa de Bruselas y nos apañaremos con ella.

Ustedes saben que crecí con mi padre apilando en las repisas felicitaciones de Navidad, cosa que a mí también me agradaba. Pero ya no espero felicitaciones de Navidad, nadie las envía: de hecho, me he visto en la dura tesitura de mandarme una a mí mismo. La funcionaria de correos lloraba cuando la depositó en mi buzón.

Pero esta semana ha sido especialmente dura. He sido totalmente derrotado en mis propósitos.

Mi nieta mayor, seis años, me envía, por guasap, un cuadro como felicitación. Mi nieto, cinco años, me ha enviado, también por mensajería telefónica, una composición musical que se llama «el rap de los pavitos». La enanita y el recién nacido no tienen edad de perpetrar fechorías, pero sus madres, mis hijas, me envían videos y cosas por guasap. 

Estimadas Majestades, sé que mi última petición es, también, algo «vintage», pero les pido, más bien, les conmino a que envíen a todo menor de 35 años un manual, perdón ahora se dice tutorial, donde se explique lo que es que un «crismas», como muy correctamente pronunciaba el políglota de mi padre, que se compone con una máquina de escribir que se llama bolígrafo o pluma.

Querido Baltasar: o me lo concedes o me paso a la competencia lapona, que lo sepas.

Majestades, este año no podremos encontrarnos en la cabalgata, así que tendré que enviarles mi afecto por escrito, pidiéndoles un último presente: hagan felices a mis oyentes; ya tienen bastante con su máscara, su gobierno y su cronista.

Déjenme decirles «mele kalikimaka» que, como decía Bing Crosby, es la forma hawaiana de decir Feliz Navidad.

(Clicktertukia, 11 de diciembre. 2020)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *