Madrid, España. Edita: The Experience Club. Producción: Carlos Matías
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Carlos Matías

El Valor de la Experiencia

Espeleología dominguera

Una de las tres “espeleólogas” perdidas y luego encontradas el pasado fin de semana en Coventosa acusa a los medios de comunicación que hicieron cobertura informativa del suceso de haber montado un “espectáculo de mierda”.

Llama a los periodistas “sensacionalistas” y poco menos de carroñeros, que estuvieron “buscando la desgracia… buscando el tomate…buscando la exclusiva… la audiencia…” y los llama “patéticos”.

Ignora la “espeleóloga” dominguera que el espectáculo lo dieron ella y sus dos compañeras “de aventura”; que el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, ha declarado que «no podemos estar todo el día gastando en aventureros»; que el presidente de la Federación Cántabra de Espeleología, Manuel González Morales, ha dicho que «un aventurero de fin de semana no baja por esos pozos»; que ha añadido que “en espeleología no ha habido ni un solo rescate el año pasado. Hace mucho, por lo menos un par de décadas, que no hay ningún accidente mortal en cuevas, y hace años que no se desplegaba un operativo así” y que de las tres sólo “una de ellas” está en la federación catalana” y “de las otras dos mujeres, no tenemos información al respecto de otras federaciones”. Este es el motivo por el que al escribir “espeleóloga” lo hago entre comillas. Porque vaya usted a saber si dos de ellas lo son de verdad.

Sospecho que tanta rabia y tanto “asquito” a los periodistas que cubrieron este suceso no le viene a esta “espeleóloga” dominguera de su rechazo a un hipotético “morbo” (del que ningún periodista ha dado muestras hasta el momento), ni mucho menos por el supuesto “afán de desgracia” que tan alegremente les atribuye. No. Más bien parece que su rechazo nace de un sentimiento de vergüenza porque toda España haya contemplado su ineptitud y estulticia.

Estas tres “espeleólogas” metidas a aventureras en rincones donde nadie en su sano juicio se mete (si atendemos a las palabras del presidente de la Federación Cántabra de Espeleología, Manuel González) han quedado en evidencia. Lo que peor les ha sentado es comprobar que toda España ha sido testigo de su ridículo porque allí estaban los medios de comunicación para dar fe de ello.

Estoy en contra del morbo y la telebasura en cualquiera de sus formas. Es más; renunciar a un periodismo así me ha supuesto dejar de ganar dinero y algún que otro puesto de trabajo. Pero ni los equipos de rescate ni los periodistas estuvieron por capricho al pie de la cueva donde estas tres inconscientes se metieron sin saber.

Estoy convencido de que las tres “espeleólogas” permanecen atentas al televisor, escuchan la radio y leen los periódicos para informarse de conflictos, atentados, crímenes de violencia de género o de las tareas de rescate para salvar a un niño caído a un pozo, y no creo que hayan pensado que los periodistas que se pasan noches en vela, en guardia por si se producen novedades a altas horas de la madrugada, o los que se juegan la vida como corresponsales de guerra, son periodistas en busca de “morbo”.

¿Qué existe el morbo? Desde luego que sí. Pero no todo es morbo. ¿Qué existe la telebasura? Desde luego que sí. Pero no todo es telebasura. De igual modo, existen espeleólogos de verdad, bien preparados, que pueden sufrir un accidente en las entrañas de la tierra, de igual manera que hay otras personas que se pierden en una cueva porque su estupidez es temeraria. Estas últimas son las responsables exclusivas de la angustia que hacen pasar a sus familias, y no los periodistas que cubren los hechos (que pudieron ser trágicos) provocados por su memez.

¡A la calle!

Cuando un empleado es poco diligente y nada predispuesto a realizar el trabajo para el que ha sido contratado se le pone de patitas en la calle. Cuando un político es poco dialogante y nada predispuesto a llegar acuerdos de gobernabilidad en el país en que ha sido votado se le pone en la candidatura de su partido para repetir elecciones. No hay simetría.

Llevamos algo más de dos meses esperando a que el candidato más votado, Pedro Sánchez (PSOE), consiga los apoyos necesarios para ser investido presidente. Cuando en su día Rajoy (PP) ganó los comicios sin respaldo parlamentario suficiente, declinó presentarse a investidura para no perder el tiempo y le pusieron literalmente a caldo. No hace tanto hizo igual Inés Arrimadas (Cs) en Cataluña y también la criticaron.

Dos meses sin presidente, sin Gobierno y sin gobernabilidad. Dos meses sin iniciativas legislativas ni propuestas de solución para los problemas de este país, que no son pocos. Dos meses pagando nóminas, gastos de representación y prebendas a 350 zánganos en el Congreso y 266 en el Senado. Para nada.

Si miramos el panorama autonómico, teóricamente renovado en las elecciones de hace poco más de un mes, ocurre otro tanto. Las disputas y rencillas entre PSOE, PP, Ciudadanos, Podemos, Vox y algún otro partido con menos peso específico están impidiendo que se formen gobiernos en las Comunidades de Madrid o Murcia, por ejemplo, donde se dan las paradojas de que la ultraderecha que representa Vox se alinee, por activa o por pasiva, con la ultraizquierda que representa Podemos y la izquierda del PSOE para impedir que salga un presidente del PP. O que Ciudadanos se junte con el PSOE aquí, con el PP allá y se enfrente a ambos acullá, en un “comportamiento veleta” propio de rencillas atávicas difíciles de explicar ante propios y extraños.

Y allí siguen todos. Nadie se marcha. Nadie dimite. Nadie los echa.

Si la política es en cualquier parte “el arte de lo posible” (dijeron Aristóteles y Maquiavelo), en España es el “hartazgo de lo imposible”. Imposible ponerse de acuerdo en nada con unos políticos incapaces de mirar más allá de su propio ombligo, ni más alto que por encima del hombro del adversario.

Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera, Pablo Iglesias, Santiago Abascal y sus “escuderos” locales y autonómicos (Monasterio, Aguado, Villacís, etc…) están dando un espectáculo bochornoso de ineptitud absoluta.

Nos vemos abocados a repetir elecciones nacionales y autonómicas porque las personas a las que hemos votado (”contratado”) no saben, o no quieren, hacer su trabajo; no saben gobernar, ni negociar, ni quieren que otros gobiernen bajo la lupa de su oposición.

Estamos viendo cómo comercian con nuestros votos sin pudor alguno, utilizándolos a su antojo y conveniencia y, en el menos malo de los casos, intercambiándolos como si fueran cromos para ir rellenando huecos en un “álbum del poder”, álbum que no es el suyo, pero que conciben como de su exclusiva propiedad.

Nos vemos abocados a repetir elecciones nacionales y autonómicas, sí, pero repitiendo candidatos. ¡Qué poco inteligente!

Nunca como ahora es procedente su despido, un ERE político general y hasta el “cierre” patronal de algún partido que no ha aportado nada en años y no ha dejado de incordiar.

¡A la calle! ¡A la calle todos ellos! Que vengan otros completamente nuevos, a ser posible con un mínimo de estudios que avalen su capacidad para pensar y una mínima cultura que evidencie una mentalidad abierta con capacidad de negociación. Políticos nuevos que defiendan sus principios, respeten los de los demás y, sobre todo, respeten al electorado que los ha elegido, sin manosear hasta el magreo los votos recibidos.

Decía Einstein que si no quieres repetir resultados no te empeñes en hacer otra vez lo mismo. Pero claro, era Einstein. En nuestras manos y en nuestros votos está buscar esa eficacia política de la que tan necesitados estamos.